Mostrando entradas con la etiqueta San Agustín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta San Agustín. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Necesitamos Paz interior. ¿Dónde encontrarla?





Los católicos necesitamos paz interior. Sólo quien tiene paz en su corazón, puede compartirla con los demás. No es nada sencillo disponer de este don y además, encontrar a alguna persona dispuesta a que le comunique. Los seres humanos solemos sentirnos motivados por las polémicas, los enfrentamientos y los antagonismos. Hablar de paz interior, suele conllevar el desprecio y ser señalado como "tibio". La tibieza anida en quien no tiene su existencia dirigida hacia Cristo.
Felices los hacedores de paz, porque se llamarán los hijos de Dios. La perfección está en la paz, donde no hay oposición alguna; y, por tanto, son hijos de Dios los pacíficos, porque nada en ellos resiste a Dios; pues, en verdad, los hijos deben tener la semejanza del Padre. Son hacedores de paz en ellos mismos los que, ordenando y sometiendo toda la actividad del alma a la razón, es decir a la mente y a la conciencia, y dominando todos los impulsos sensuales, llegan a ser Reino de Dios, en el cual de tal forma están todas las cosas ordenadas, que aquello que es más principal y excelso en el hombre, mande sobre cualquier otro impulso común a hombres y animales, y lo que sobresale en el hombre, es decir la razón y la mente, se someta a lo mejor, que es la misma verdad, el Unigénito del Hijo de Dios. Pues nadie puede mandar a lo inferior, si él mismo no se somete a lo que es superior a él. Esta es la paz que se da en la tierra a los hombres de buena voluntad, es la vida dada al sabio en el culmen de su perfección. De este mismo Reino tranquilo y ordenado ha sido echado fuera el príncipe de este mundo, que es quien domina a los perversos y desordenados. Establecida y afianzada esta paz interior, sea cual fuere el tipo de persecución que promueva quien ha sido echado fuera, crece la gloria que es según Dios; y no podrá derribar parte alguna de aquel edificio y con la ineficacia o impotencia de las propias máquinas de la guerra, significa la gran solidez con que está estructurada desde el interior. Por esto continúa: Felices aquellos que sufren persecución por ser honestos, porque de ellos es el Reino de los cielos (San Agustín. El Sermón de la Montaña II, 9)

Amar la paz conlleva unirse al orden que Dios ha determinado dentro de lo natural y lo sobrenatural. Actualmente, quien encuentra la paz dentro del templo de su corazón, será piedra de discordia dentro de una sociedad y una Iglesia postmoderna. ¿Quién se atreve a no dejarse llevar por las modas, los segundos salvadores, las tendencias bien vistas? ¿Quién se atreve a señalar la desnudez del rey desde la sinceridad que conlleva entender lo que sucede? Bienaventurados quienes sufren persecución por causa de la justicia, la honestidad, la sinceridad, que nace de sus corazones. Triste de aquellos que se ven aclamados por las multitudes. Multitudes que le utilizan como excusa y complicidad en sus perversiones y profanaciones.

¿Dónde encontrar esa paz interior que tanto deberíamos ansiar? El corazón de Cristo nos tiene su protección y el Espíritu Santo nos ofrece el sabio entendimiento de lo que acontece. ¿Queremos abrir la puerta cuando llama a ella el Señor? ¿Preferimos quedarnos dentro? Ese es el drama que vivimos actualmente.

jueves, 27 de abril de 2017

La soledad del creyente fiel. San Agustín

Sobre cada miembro del "resto fiel" pesa la soledad de verse rechazado o ser considerado como sospechoso por sus hermanos de fe. Cuando nuestra vida de fe no está basada en estrategias, ni se confía en las estructuras humanas, nos convertimos en sospechosos. Pero no veamos sólo el dolor que llevamos dentro, miremos en la oportunidad que nos ofrece el Señor. La soledad es una oportunidad de crecer en Esperanza y darse cuenta del maravilloso don que es la Comunión de los Santos. No estamos solos aunque nos obliguen a vivir la fe de forma silenciosa y guardar las distancias para no molestar. ¿Qué debemos temer? Tan sólo el tenemos que temer el miedo y la desesperanza. 

Guíame, Señor, en tu camino, y caminaré en tu Verdad. Cristo es tu camino, tu Verdad y tu Vida. Luego el cuerpo va hacia él, y el cuerpo viene de él. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Guíame, Señor, en tu Camino. ¿En qué Camino? Y caminaré en tu Verdad. Una cosa es guiar hacia el Camino, y otra guiar en el Camino. Ves a un hombre en total pobreza, que necesita urgente ayuda. Los que están fuera del Camino no son cristianos, o todavía no son católicos; que sean conducidos al Camino; pero tan pronto como fueren llevados a él, y se hayan hecho católicos en Cristo, sean guiados por él en ese mismo Camino, para que no caigan. Cierto que ya andan por el Camino. Guíame, Señor, en tu camino: ya estoy realmente en tu camino, guíame en él. Y andaré en tu verdad. Siendo tú quien me conduces, no erraré; si me abandonas, me equivocaré. Ruega, pues, para que no te abandone, sino que te guíe hasta el fin. ¿Cómo guía? Aconsejándote continuamente, dándote siempre la mano. Y el brazo del Señor ¿a quién ha sido revelado? Al darte a su Cristo, te da su mano; y al darte su mano te da a su Cristo. Guía hacia el camino llevando hacia su Cristo. Guía en el camino llevando en su Cristo, y Cristo es la verdad. Luego guíame, Señor, en tu camino, y andaré en tu verdad. En aquel, por cierto, que dice: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Si guías en el Camino y en la Verdad, ¿adónde llevarás, sino a la Vida? Luego en él guías hacia él. Guíame, Señor, en tu Camino, y andaré en tu Verdad. (San Agustín. Comentario al salmo 85, 15)

El desamparo y soledad del creyente fiel hace que nos adentremos en las periferias. Periferias eclesiales donde podremos vivir alejados del ruido que el mundo produce dentro de la Iglesia. Podremos concentrarnos en el silencio, donde se oye la voz de Dios. En el Silencio nos encontramos con Dios. El Silencio es la forma en que nos habla Dios. El Cardenal Sarah nos dice en su reciente libro, La fuerza del Silencio: «El primer lenguaje de Dios es el silencio», «Todo lo demás es una pobre traducción. Para entender este lenguaje, debemos aprender a ser silenciosos y a descansar en Dios». No cabe duda que Dios nos pide silencio y con ello nos somete a la gran prueba de hablar con nuestra vida en vez de con la boca y las acciones socio-culturales. La sabia prudencia anida en el silencio de quien dice todo, sin abrir su boca.

Una iglesia ruidosa evidencia que hay mucho vacío y en el vacío todo resuena y reverbera haciendo imposible comunicarse. El ruido es es utilizado por el maligno utiliza para desorientarnos y entretenernos con lo superficial. No lo decimos nosotros. Tal como dice Pablo VI, “algo preternatural venido al mundo precisamente para perturbar” y a “excavar abismos en vez de colmarlos”. Decía San Agustín que lo importante es que Cristo sea Quien nos conduzca. Si es así, no tenemos nada que temer.

 ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿Tribulación o angustia o persecución o hambre o desnudez o peligro o cuchillo? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo: Somos estimados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Rm 8, 35-39)

Podemos fijarnos en las profecías y mensajes que hemos recibido de la Virgen y del Señor en los últimos siglos. En ellas, curiosamente, se señala el mal del activismo social-cultural y en cambio se pone primacía la piedad y los actos simbólicos. Hoy en día damos muy poco valor al simbolismo de nuestras acciones. ¿La razón? Asimilamos simbólico a falso o aparente, debido a que pensamos que cualquier acto que no sea físico y cuantizable, es falso, un simulacro. Pablo VI habla precisamente de esto y señala el problema del mal que ha inundado la Iglesia: “Ha entrado la duda en nuestras conciencias y ha entrado a través de ventanas que debían estar abiertas a la luz: la ciencia”. Es cierto. La duda, la incertidumbre de lo simbólico ha entrado por medio del empirismo científico. La verdadera ciencia se basa fundamentalmente en modelos simbólicos que explican los fenómenos. Por lo tanto, lo que nos han vendido como ciencia no es tal, sino una pseudo ciencia qué sólo es un empirismo desnudo que nos deshumaniza.

Para colmo, la postmodernidad lo empeora todo, llevándonos a despreciar el entendimiento, la comprensión y la trascendencia. La postmodernidad señala que el entendimiento es falsedad, mientras que se eleva a certeza, la emotividad. Nos dice que somos lo que sentimos ser. Si objetamos con razones evidentes, nos encontramos como respuesta el emotivismo llevado a prueba absoluta del ser. Hoy en día hablar de lo que “yo siento” es dogma de fe personal. Contradecir lo que una persona“siente”, es un terrible pecado social contra la tolerancia. Si damos tanto valor a lo que sentimos, es fácil comprender que el sentimiento de pertenencia a un grupo social sea un objetivo primordial en nuestra vida. Actualmente las comunidades cristianas se cimientan en el emotivismo que genera un sentimiento de exclusividad ligado al segundo salvador de cada grupo. Si se te ocurre nombrar en una reunión a alguien que no sea el fundador del grupo/movimiento/sensibilidad, serás rápidamente llamado al orden. La pertenencia conlleva ajustarse del modelo del segundo salvador y dejar al verdadero Camino, que es Cristo, en segundo plano.

El humo del maligno nos ciega y nos impide ver más allá de la pertenencia social. La luz sólo parece llegar a través del segundo salvador, por lo que cualquiera de señale otro punto de referencia, es reprendido. 


jueves, 30 de marzo de 2017

Una especie de Luz. San Agustín

¿Qué es lo que amo, cuando amo a Dios?

No una belleza corpórea, ni una armonía temporal, ni el brillo de la luz, tan apreciada por estos ojos míos; ni las dulces melodías y variaciones tonales del canto ni la fragancia de las flores, de los ungüentos y de los aromas, ni el maná ni la miel, ni los miembros atrayentes a los abrazos de la carne.

Nada de esto amo cuando amo a mi Dios.

Y, sin embargo, amo una especie de luz y una especie de voz, y una especie de olor, y una especie de comida, y una especie de abrazo cuando amo a mi Dios, que es luz, voz, fragancia, comida y abrazo de mi hombre interior. Aquí resplandece ante mi alma una luz que no está circunscrita por el espacio; resuena lo que no arrastra consigo el tiempo; exhala sus perfumes lo que no se lleva el viento; se saborea lo que la voracidad no desgasta; queda profundamente inserto lo que la saciedad no puede extirpar. (San Agustín, las Confesiones)

Amar a Dios es amar eso que está, pero no se ve con los ojos del cuerpo. Es amar eso que se siente más allá de los sentidos humanos. Es amar aquello que actúa en todos y todo, pero que estás más allá de la voluntad humana. Amar a Dios es amar el sentido, la Verdad, el Camino y la Vida. Amar a Dios es dejarse encontrar por el Señor en cada instante de nuestra vida. Amar a Dios es buscar las pisadas de Cristo, para que nuestro siguiente paso coincida justamente con su huella. Amar a Dios es olvidarnos de nosotros mismos, para donarse totalmente a Quien es sentido de todo nuestro ser. Amar a Dios es dejarse morir en Él y así vivir verdaderamente esta vida.

jueves, 19 de enero de 2017

¡Unidad! Pero que sea verdadera, no sólo apariencias vacías. San Agustín

Podemos poner el símil de un cristal de una ventana que estaba perfectamente, pero la acción egoísta del ser humano ha ido partiendo de pedazos cada vez más pequeños y separados en sí. Cuando más separación exista, es más difícil ver el paisaje que ha detrás. Paisaje que en el símil sería Cristo que quiere transparentarse en el mundo a través de nosotros y de la Iglesia. ¿Qué sentido tiene decidir que lo importante es que los trozos estén aparentemente unidos cuando las roturas hacen inviable que la ventana muestre el exterior? Hasta podemos engañarnos diciendo que lo importante es que entre luz y que cada cual se imagine el exterior como quiera. De hecho esto es lo que estamos haciendo desde hace décadas.

Empezamos la semana de oración para la unidad de los cristianos y como siempre, nos centramos más en la unidad aparente que en la unidad real. El objetivo es sacarnos algunas fotos juntos y decir que todos estamos muy interesados en la unidad. Decimos que “es más lo que nos une que lo que nos divide”, pero no valoramos el peso o profundidad de lo que nos separa. En la Iglesia Católica se hacen actos y grandes discursos para los medios, mientras internamente somos incapaces de vivir cerca unos de otros. Esto tiene un nombre claro: hipocresía.

Llamamos a la "unidad externa" mientras somos incapaces de establecer un diálogo interno que aclare qué nos pasa y qué es lo que queremos como Iglesia. Sin diálogo no se anda el camino en la unidad y dentro de la Iglesia el “silencio que desprecia”, se ha convertido en un arma. Cuando no hay respuesta al diálogo ofrecido, el Espíritu Santo no puede actuar. Nos lo explica San Agustín con claridad:

El que no está dentro de esa Iglesia, ni ahora siquiera recibe el Espíritu Santo. Cortado, pues, y separado de la unidad de los miembros, unidad que es la que habla las lenguas de todos, tiene que renunciar al Espíritu, no tiene el Espíritu Santo. Porque, si lo tiene, que muestre los signos que entonces se mostraban. ¿Qué significa que muestre las señales que entonces se mostraban? Que hable en las lenguas de todos. Me responde él: ¿Por qué? ¿Hablas tú las lenguas de todos? Las hablo, en efecto, porque toda lengua es mía, es decir, de aquel cuerpo del que soy miembro yo. La Iglesia, difundida por las naciones, habla todas las lenguas. La Iglesia es el cuerpo de Cristo, y de ese cuerpo eres miembro tú; luego, como eres miembro de este cuerpo que habla todas las lenguas debes creer que tú las hablas también todas. La unidad de los miembros mantiene su concordia perfecta por la caridad, y la unidad habla las mismas lenguas que hablaba entonces un solo hombre. (San Agustín. Tratado sobre el Evangelio de San Juan. 32, 7)

Las lenguas, que son las formas de comunicar, no son importantes para el Espíritu, porque su acción nos permite superar las murallas comunicativas. Lo que realmente nos separa o nos une, no son las apariencias del lenguaje, sino lo que sustancialmente se comunica cuando dialogamos. La Iglesia tiene un símbolo de unidad de gran valor y profundidad: el Papa. El Papa debe ser signo de unidad entre todos nosotros. Pedro es quien debe apacentar las ovejas y reunirlas en un solo rebaño. Da igual que sean de razas, colores y costumbres diferentes. Da igual que su forma de comunicarse sea diferente. Lo esencial es apacentar al rebaño y confirmarlo en la fe que nos une entre nosotros y nos une con la Iglesia desde el siglo I. De ahí la importancia del Papa como defensor de la Tradición Apostólica, que es sustancial para que las apariencias sean lo que más nos importe.

La caridad es fundamental. Es la sangre que nos debería unir. La caridad no puede detenerse por razones de política de grupo o de tendencia ideológica. Es cierto que la postmodernidad nos ofrece diversas falsas panaceas, como la armonía del silencio o la paz de la lejanía. Es cierto que la Iglesia lleva tiempo utilizando estas panaceas como forma de convivir internamente. Pero también es cierto que el silencio y la lejanía destrozan la unidad, por mucho que se ofrezcan como logros ecuménicos.

¿Qué es lo que vemos actualmente? Vemos que dentro de la Iglesia se van creando roturas en forma de guetos internos que viven “su” fe de diferente forma que los demás. Vemos que cada parroquia o grupo, personaliza la Liturgia para adaptarla a su estética y emotividad. Vemos que en algunos de estos guetos se habla más de sus segundos salvadores que del Evangelio y de Cristo. Vemos que la santidad deja de ser el objetivo, dejando paso a conceptos psico-sociales, como el liderazgo y la eficiencia misionera. Vemos que la evangelización se está centrando en elaborar atractivas estrategias de marketing que consigan discípulos que se unan a una especie de estrategia piramidal.

No podemos descartar ver en el futuro a tradicionalistas católicos, valdenses y luteranos aparentemente futuro. Unidos por “todo lo que nos une” que básicamente una etiqueta, pero incapaces de vivir la misma fe en verdadera comunión. Eso sí, a quienes señalan que esto es un macabro juego del maligno, se les margina sin misericordia alguna. La misericordia se reserva para quienes juegan al juego de la unidad aparente, vistiéndose con las modas eclesiales de cada momento.

domingo, 26 de julio de 2015

Los milagros de Cristo no fueron magia. San Agustín


Hoy en día muchas personas no creen en la divinidad de Cristo ni en ninguna divinidad. Ellos creen que no existe nada más que la realidad física y humana que les rodea cotidianamente. Los milagros, por lo tanto, les parecen cuentos o exageraciones que los Apóstoles compusieron para embaucar a la gente. Si pensamos que todos dejaron todo lo que tenían detrás, para seguir a Cristo. La mayoría murieron martirizados. ¿Qué razón tenían para querer engañar a los demás? Ninguna, por lo sólo queda una hipótesis cuando no queremos aceptar los milagros: sufrieron alucinaciones además de padecer problemas mentales.

Los cristianos creemos firmemente las palabras que los Apóstoles dejaron escritas en los Evangelios, ya que son Palabra de Dios. Creemos que el Espíritu Santo iluminó su mente y sus recuerdos, para conformar la Tradición, que se volcó en los Evangelios parcialmente. Quien no cree en los milagros de Cristo, no cree en su divinidad y por lo tanto, intenta humanizar a Dios para poderlo utilizar a su conveniencia.

Los milagros que ha obrado nuestro Señor Jesucristo son, verdaderamente, obras divinas. Disponen a la inteligencia humana para que conozca a Dios a partir de lo que es visible, puesto que nuestros ojos, en razón de su misma naturaleza, son incapaces de verle. (Seguir Leyendo

domingo, 26 de abril de 2015

Los tiempos han cambiado, la fe es la misma. San Agustín

¿Creemos todos lo mismo? Cuantas veces nos damos cuenta que, aunque vayamos a la misma misa y digamos las mismas oraciones, creemos de forma diferente. La pregunta más interesante es ¿Podemos trabajar unidos creyendo de forma diferente? La respuesta es evidente, no es posible. 

Más allá de nuestras mezquindades, exclusivismos y relativismos, Cristo se nos ofrece como símbolo de unidad. Él es la Puerta que permite que nos unamos en una única dirección. Si queremos entrar por la Puerta, nuestras visiones personales quedan relegadas a estéticas secundarias. Pasar por la Puerta implica negarnos a nosotros mismos y aceptar caminar juntos. 


«En verdad os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.» Jesús acaba de abrir la puerta que antes estaba cerrada. Él mismo es esta puerta. Reconozcámosle, entremos, y alegrémonos de haber entrado. 

«Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos»...; hay que comprender: «Esos que han venido aparte de mí.» Los profetas llegaron antes de su venida; ¿eran acaso ladrones y bandidos? De ninguna manera, pues ellos no vinieron aparte de Cristo; estaban con él. Él mismo les había enviado como mensajeros, guardando en sus manos el corazón de sus enviados... «Yo soy el camino, la verdad y la vida» dice Jesús (Jn 14, 6). Si “Él es la verdad”, esos que estaban en la verdad, estaban con Él. Por el contrario, esos que vinieron aparte de él son unos ladrones y unos bandidos, porque no vinieron más que para saquear y hacer morir. «A esos tales, las ovejas no los han escuchado» dice Jesús... (Seguir leyendo)

domingo, 8 de febrero de 2015

La Iglesia es un hospital, pero ¿Sólo eso? San Agustín



La Iglesia es muchas cosas y tiene multitud de funciones. No podemos pensar en que el cuerpo de una persona sólo sirva para una cosa, pues el Cuerpo de Cristo, la Iglesia, con más razón es más que un hospital donde se sanan los heridos por el pecado.

Que sea más que un hospital, no quiere decir que no sea un hospital. El enemigo frecuentemente nos tienta haciéndonos creer que algo es “lo mejor” y después, nos señala que nos quedemos ahí, olvidando todo lo bueno. Pensemos en la Transfiguración del Señor cuando Pedro dijo “Que bien estamos aquí, hagamos tres chozas…” La experiencia mística terminó en ese instante. Terminó en el momento que la propia Gloria de Dios de Dios se convierte en una tentación para olvidarnos de todo lo demás.


La Iglesia da culto a Dios y acerca su Gracia a las personas, ayuda a los necesitados, enseña a nuestros hijos y a nosotros, aconseja en aspectos muy diversos de nuestra vida, etc. Sin olvidar todo lo bueno que hace la Iglesia, miremos lo bueno que hace como hospital donde sanar las heridas del pecado (Seguir leyendo)

domingo, 14 de diciembre de 2014

Adviento: Juan dio a conocer a Aquel que ilumina. S. Agustín



¿Quién era, precisamente el que debía dar testimonio de la Luz? Éste Juan era un ser remarcable, un hombre de un gran mérito, de una gracia eminente, de una gran elevación. Admírale, pero como se admira un monte: el monte queda en tinieblas mientras no viene la luz a envolverle: «Este hombre no era la Luz». No confundas el monte con la luz; no choques contra él en lugar de encontrar en él una ayuda.

¿Pues qué es lo que hay que admirar? El monte, pero como monte. Elévate hasta aquel que ilumina este monte que se levanta para ser el primero en recibir los rayos del sol y así podértelos mandar a tus ojos... También de nuestros ojos se dice que son unas luces, y sin embargo si no se enciende una lámpara por la noche o si no se levanta el sol durante el día, en vano se abren nuestros ojos. El mismo Juan estaba en tinieblas antes de ser iluminado; sólo llegó a ser luz a través de esta iluminación. Si no hubiera recibido los rayos de la Luz hubiera quedado en tinieblas igual que los demás...

Y la misma Luz, ¿dónde está? ¿«la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo»? (Jn 1,9). Si ilumina a todo hombre, ilumina también a Juan a través de quien quería ser manifestado... Venía para las inteligencias enfermas, para los corazones heridos, para las almas de ojos enfermos..., gentes incapaces de verle directamente. Cubrió a Juan con sus rayos. Proclamando que él mismo había sido iluminado, Juan hizo conocer a Aquel que ilumina, a Aquel que alumbra, a Aquel que es la fuente de todo don. (San Agustín. Sermones sobre el evangelio de san Juan, nº 2, 5-7)

Hace pocos días leí un interesante artículo sobre la necesidad que tenemos de segundas redenciones. Parece que la redención se nos queda corta o no nos resulta cómoda de aceptar. Los santos son montes que nos invitan a subir por ellos, no a quedarnos mirando su magnificencia desde el valle. El objetivo nunca es la persona santa, sino llegar también a la santidad. Para acercarnos más fácilmente a Dios, necesitamos los “montes” que el mismo Dios nos ha dado.

Aunque subir a un monte es más fácil que volar al cielo, no deja de ser duro. Requiere preparación y disciplina. Cuanto más alto sea el monte más preparación y esfuerzo nos costará. La pregunta es si estamos dispuestos hacer ese esfuerzo. La sociedad nos ha acostumbrado a esperar a otras personas para que no tener que hacer grandes esfuerzos personales. Nos ha convencido de que merecemos todo sin esforzarnos. La tecnología reduce los problemas antiguos, pero nos trae nuevos problemas. De igual forma la gestión política y social, nos solventa los problemas previos, pero al mismo tiempo, nos plantea nuevos problemas. No somos seres perfectos, sino seres limitados y con tendencia a dejarnos llevar por los demás. (Seguir leyendo)

martes, 18 de noviembre de 2014

Es maravilloso, pero auténtico, lo que me sucede: me duele el no verte, y ese dolor me consuela #SanAgustin (Carta 27,1)

Es maravilloso, pero auténtico, lo que me sucede: me duele el no verte, y ese dolor me consuela #SanAgustin (Carta 27,1)

¿Quien cultiva la amistad hoy en día? Es complicado tener tiempo para unirse y disfrutar de la compañía de otras personas, cuando la vida te lleva de un lado a otro constantemente. Las redes sociales palían algo ese vacío, pero a cambio de la superficialidad del vínculo amistoso.

Hemos perdido la virtud de la amistad a cambio de un tipo de complicidad virtual, que todavía no somos capaces de definir claramente.

San Agustín nos habla del dolor que una personas tiene cuando no puede ver a su amigo. Dolor que no sufrimiento. El dolor de no ver a un amigo nos consuela, porque evidencia que el vínculo de amor no se ha roto y seguimos añorando su presencia. Si no doliera, la amistad habría desaparecido. 


lunes, 17 de noviembre de 2014

Así sucede que cuando no hay acuerdo en las cosas divinas entre los amigos, tampoco puede haberlo pleno y verdadero en las humanas #SanAgustin (Carta 258,2)

Así sucede que cuando no hay acuerdo en las cosas divinas entre los amigos, tampoco puede haberlo pleno y verdadero en las humanas #SanAgustin (Carta 258,2)

Cuando dos amigos piensan, siente y viven la fe de formas diferentes, es complicado que puedan trabajar juntos en cuestiones terrenas. Tarde o temprano aparecen desavenencias y el alejamiento se convierte en la única solución. Lo triste es que el alejamiento impide que la caridad corrija las diferencias y la amista se enfría lentamente.

Únicamente hay que esperar el tiempo adecuado para que la amistad termine por convertirse en aprecio personal y respeto humano. Dios desaparece como vínculo entre ambos y sin la Gracia de Dios, la amistad no es más que un recipiente vacío de sustancia y trascendencia.


sábado, 15 de noviembre de 2014

Por muy fuerte que sea la amistad, es siempre incierta la perseverancia en mantenerla con mutua caridad #SanAgustin (Carta 82,1)

Por muy fuerte que sea la amistad, es siempre incierta la perseverancia en mantenerla con mutua caridad #SanAgustin (Carta 82,1)

¿Quién es capaz de ser caritativo con su hermano siempre? Sin Cristo nada podemos y la amistad necesita también la Gracia de Dios para que sea perseverante en la caridad.

Una amistad que no se cimiente en Cristo, tenderá a reducirse al beneficio mutuo. Tenderá a convertirse en complicidad, a no ser que la Gracia de Dios esté presente.

Los cómplices se ayudan por intereses mutuos. Los amigos se ayudan sin esperar nada a cambio. La amista no oculta los errores del amigo, sino que los evidencia a través de la corrección fraterna. La amistad acepta la corrección como un don que Dios le ofrece a través de su amigo. 

viernes, 14 de noviembre de 2014

La medicina para todas las llagas del alma y el solo medio de propiciación dado a los hombres para sus pecados es creer en Cristo #SanAgustin (Sermón 143,1)

La medicina para todas las llagas del alma y el solo medio de propiciación dado a los hombres para sus pecados es creer en Cristo #SanAgustin (Sermón 143,1)

La primera de la medicinas, que llena el alma y que nos permite entendernos como hijos de Dios, es creer en Cristo. Quien no cree en Cristo, desconfía de El cuando llama a su puerta. Se esconde porque cree que quien llama es un ladrón.

Tristemente, desconoce que Quien llama es la única persona que puede ayudarle a poner en orden su casa y a vivir con felicidad a partir de ese momento. No se trata de una medicina dulce, porque abrir la puerta a Cristo conlleva un acto de valentía tremendo. Abrir la puerta y dejarle entrar necesita de confianza y humildad. Necesita de la primera negación de nosotros mismos: sabernos incapaces de darnos la felicidad a nosotros mismos.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Si el alma se aparta de Dios, no es que quede reducida a la nada, sino que queda disminuida, originándose de aquí su desgracia #SanAgustin (La Ciudad de Dios 12,6)

Si el alma se aparta de Dios, no es que quede reducida a la nada, sino que queda disminuida, originándose de aquí su desgracia #SanAgustin (La Ciudad de Dios 12,6)

Apartarse de Dios es negarnos a ser herramientas en sus manos. Es evidente que una herramienta que no se deja utilizar por su dueño, no deja de existir, pero deja de tener utilidad. Su dueño la dejará a un lado, perdiendo todo sentido y utilidad en su existencia. Se oxidará e incluso podrá quedar totalmente inservible.

Para que Dios pueda volver a tomarnos en Sus Manos, tendremos que dejarnos tomar con docilidad y humildad. Entonces, Dios nos limpiará, nos afilará, nos ajustará y por último, nos utilizará en su obra maestra.

Apartarnos de Dios es aceptar la más terrible de las desgracia: quedarnos sin sentido.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Quien quiere gozarse en sí mismo y de sí mismo, siempre estará triste; en cambio, quien quiere gozarse en Dios y de Dios, estará alegre eternamente #SanAgustin (Tratado sobre le Evangelio de San Juan 14,2)

Quien quiere gozarse en sí mismo y de sí mismo, siempre estará triste; en cambio, quien quiere gozarse en Dios y de Dios, estará alegre eternamente #SanAgustin (Tratado sobre le Evangelio de San Juan 14,2)

¿Qué puede hacernos gozarnos de nosotros mismos? ¿Qué podemos encontrar en nosotros que no sea reflejo de Dios o de su ausencia? Gozarse de lo que en nosotros es reflejo de Dios, es gozarnos de llevar con nosotros la Verdad. Gozarnos de lo que es ausencia de Dios, es olvidar que todo lo que existe es obra de Dios.

No podemos dejar de alabar a Dios por darnos la oportunidad de ser herramientas de su Voluntad. Si dejamos que Dios nos tome y nos utilice para su obra, podremos gozarnos de ser útiles servidores en sus manos.


martes, 11 de noviembre de 2014

Gozaos en la verdad, no en la maldad; gozad con la esperanza de la eternidad, no en la flor de la vanidad #SanAgustin (Sermón 171,5)

Gozaos en la Verdad, no en la maldad; gozad con la esperanza de la eternidad, no en la flor de la vanidad #SanAgustin (Sermón 171,5)

La Verdad es Cristo, mientras que la mentira es su ausencia. La maldad siempre parte de la ausencia de verdad en nuestros actos, pensamiento o sentimientos. Odiar conlleva olvidar que nuestros hermanos son imagen de Dios, como nosotros.

Quien aleja a Cristo de su vida, pierde la esperanza de la eternidad. Para ellos la eternidad no tiene sentido ya que sería prolongar la ausencia de sentido y el sufrimiento de esta vida. ¿Quien desea seguir sufriendo toda la eternidad? Nadie, por eso prefieren pensar en la muerte como el final de la gran sinrazón que es vivir. La única razón que pueden encontrar es la vanidad y la soberbia. La necesidad de sentirse superiores a las demás personas y conseguir con ello, cierta satisfacción.

Quien espera la eternidad, no necesita de glorias mundanas ni de éxitos aparentes que no llenan. La eternidad se abre a quienes humildemente saben que son hijos amados de Dios.




lunes, 10 de noviembre de 2014

Cuando el espíritu del hombre coopera con el Espíritu operante de Dios, entonces se cumple lo que ordena el Señor; pero esto no acontece sino creyendo en aquel que justifica al impío #SanAgustin (Comentario al Salmo 77,8)

Cuando el espíritu del hombre coopera con el Espíritu operante de Dios, entonces se cumple lo que ordena el Señor; pero esto no acontece sino creyendo en aquel que justifica al impío #SanAgustin (Comentario al Salmo 77,8).

Sólo cuando la voluntad del ser humano, se une a la Voluntad de Dios, es posible que seamos capaces de actuar con verdadero amor. Para ello, tendríamos que empezar por tener Fe en el Señor y ser capaces de abrir el corazón a su Gracia.

En estos tiempos, la actitud más usual es el desdén o la indiferencia. Nuestra voluntad está atada por nuestra incapacidad de amar a Dios. Sólo cuando se ama a Dos, el impío (nosotros) accede a la justicia (es justificado) y consigue se que la Misericordia de Dios actúe en él.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Cuando el Espíritu habita, llena, rige, obra, frena para el mal, excita para el bien, hace suave la justicia, para que el hombre obre el bien por amor a la rectitud, no por el temor del suplicio #SanAgustin (Sermón 72A,2)

Cuando el Espíritu habita, llena, rige, obra, frena para el mal, excita para el bien, hace suave la justicia, para que el hombre obre el bien por amor a la rectitud, no por el temor del suplicio #SanAgustin (Sermón 72A,2).

El Espíritu Santo obra un milagro que parece que hemos olvidado hoy en día. Consigue que obremos justamente por amor a Dios, no por temor a las consecuencias.

Hoy en día parece que obrar justamente es algo imposible, ya que olvidamos que Dios es quien nos regala el donde llevarlo adelante. El Espíritu excita el bien, haciendo que el mal desaparezca. Entonces, una vez el mal desaparece, es sencillo obrar bien, aunque nos cueste y a veces nos duela.

Dios hace posible lo que para nuestras fuerzas parece imposible.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Temed su poder, amad su misericordia. No presumáis de tal modo de su misericordia, que despreciéis su poder; ni temáis de tal suerte su poder, que desconfiéis de su misericordia. En El se halla el poder, en El la misericordia... #SanAgustin (Comentario al Salmo 61,20)

Temed su poder, amad su misericordia. No presumáis de tal modo de su misericordia, que despreciéis su poder; ni temáis de tal suerte su poder, que desconfiéis de su misericordia. En El se halla el poder, en El la misericordia... #SanAgustin (Comentario al Salmo 61,20).

El poder del Señor se mueve por su perfecta e insondable justicia. La misericordia del Señor se mueve por su perfecta e insondable caridad. Si despreciamos el poder de Dios, despreciamos su perfecta justicia. Si despreciamos su misericordia, despreciamos su magnánima caridad.

No podemos pensar que Dios es sólo misericordia, porque habríamos creado un ídolo a nuestro gusto, según nuestros deseos. Adorar a un ídolo es adorar el mal que hay dentro de nosotros, por lo que hemos de tener mucho cuidado.

Dios es todo misericordia y justicia, amabas perfectas y plenas.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Permitir que seas tentado, es propio de Su poder, y no permitir que lo seas más allá de tus fuerzas, es propio de Su misericordia #SanAgustin (Comentario al Salmo 61,22).

Permitir que seas tentado, es propio de Su poder, y no permitir que lo seas más allá de tus fuerzas, es propio de Su misericordia #SanAgustin (Comentario al Salmo 61,22).

Dios es Justo, por lo que permite que la tentaciones nos hagan mejorar. Dios es Misericordioso, porque no permite que las tentaciones sean más fuertes que nuestras fuerzas. En todo caso, la Gracia de Dios se une a nuestras fuerzas, para hacernos seguir adelante en el camino de la vida.

Cuando la tentación parece insoportable, es que no hemos orado lo suficiente y con suficiente fuerza. Entonces la Esperanza desaparece, la Fe se nubla y la Caridad desaparece.

La oración es la mejor forma de acercarse al misterio de la Voluntad de Dios. Sin ella, estamos desconectados de quien nos da las fortaleza y la templanza.




miércoles, 5 de noviembre de 2014

¡Oh hombre!, eres obrero de Dios; más tarde es el tiempo de recibir la paga. ¿Por qué exiges el salario antes del trabajo? #SanAgustin (Comentario al Salmo 35,13)

¡Oh hombre!, eres obrero de Dios; más tarde es el tiempo de recibir la paga. ¿Por qué exiges el salario antes del trabajo? #SanAgustin (Comentario al Salmo 35,13).

¿Queremos vivir como si lo mereciéramos todo? A veces nos cuesta aceptar que sólo crecemos cuando ponemos nuestra voluntad junto con la Voluntad de Señor.

La recompensa nunca llega a mitad del trabajo, sino cuando hemos terminado de andar nuestra vida. Entonces el Señor nos dará el salario convenido, siempre que hayamos sido diligentes y no hayamos tenido envidia de quienes llegaron a trabajar después de nosotros.

Mientras la paga llega, la Esperanza nos llena, la Fe nos guía y la Caridad nos mantiene.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...