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domingo, 15 de abril de 2012

La luz verdadera ha venido al mundo.

Yo, que soy la luz, he venido al mundo para que todo el que cree en mí no permanezca en las tinieblas” (Jn 12,46).     

Todos nosotros que honramos y veneramos el misterio de Cristo con fervor, salgamos a su  encuentro, avancemos hacia él con todo nuestro corazón. Que todos sin excepción, participen en este encuentro, que todos lleven sus candelas encendidas. Si nuestros cirios dan tal esplendor es, primeramente, para mostrarnos el resplandor divino de aquel que viene, de aquel que hace brillar el universo y lo inunda con una luz eterna que ahuyenta las tinieblas del mal. Es así sobre todo para manifestar que es también  con el esplendor de nuestra alma que debemos salir al encuentro de Cristo. En efecto, de la misma manera que la Madre de Dios, la purísima Virgen, es llevando en sus brazos a la luz verdadera que va al encuentro de “los que yacen en las tinieblas” (Is 9,1; Lc 1,79), así también nosotros, iluminados por sus rayos y teniendo en nuestras manos una luz visible a todos, apresurémonos a salir al encuentro de Cristo.

Es evidente: puesto que “la luz verdadera ha venido al mundo” (Jn 1,9) y lo ha iluminado cuando estaba en tinieblas, porque que “nos ha visitado el Sol que nace de lo alto” (Lc 1, 78), este misterio es nuestro… Corramos, pues, todos juntos, salgamos todos al encuentro de Dios… Seamos todos iluminados por él, hermanos, que él nos haga resplandecientes a todos. Que ninguno de entre nosotros no quede fuera de esta luz, como si fuera un extranjero; que nadie se obstine en permanecer en la noche. Avancemos hacia la claridad; caminemos, iluminados, hacia su encuentro y junto con el viejo Simeón, recibamos esta luz gloriosa y eterna. Junto con él exultemos con todo nuestro corazón y cantemos un himno de acción de gracias a Dios, Padre de las luces (Jm 1,17), que nos ha enviado la visible claridad para sacarnos de las tinieblas y con ella, hacernos resplandecientes. (San Sofronio, Homilía para la fiesta de las luces)


Este texto de San Sofronio se complementa bastante bien con el evangelio de hoy domingo. “Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes". Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.” (Jn 20,21-22)

Tras la Pascua la Luz verdadera ha venido al mundo y resplandece como un sol que nace de lo alto. Ilumina nuestra Fe llenándonos de esperanza. ¿Qué podemos hacer? ¿Quedarnos quietos mirando la Luz? San Sofronio nos invita a que cojamos nuestros cirios y que caminemos juntos hacia la fuente de la Luz. Unidos la Luz de nuestra Fe atraerá a más personas con su resplandor. Si nuestros cirios dan tal esplendor es, primeramente, para mostrarnos el resplandor divino de aquel que viene, de aquel que hace brillar el universo y lo inunda con una luz eterna que ahuyenta las tinieblas del mal.

Aunque deberíamos de  correr hacia Cristo para que nos haga resplandecientes. ¿Por qué no lo hacemos? ¿Qué nos falta? Nos falta el Espíritu de Dios, al igual que les sucedió a los Apóstoles tras la resurrección. Nos escondemos cada uno por nuestra parte, esperando que suceda algo que nos mueva. Por eso Cristo sopló a sus discípulos para que recibieran el soplo del Espíritu. Cuando llegue Pentecostés nos daremos cuenta del resultado que produce que el Espíritu viva en nosotros. Mientras unamos los  cirios de nuestra Fe e imploremos al Señor que el soplo llegue también a nosotros y nos libere de nuestros temores y vergüenzas.

Todos nosotros que honramos y veneramos el Misterio de Cristo con fervor, salgamos a su  encuentro, avancemos hacia él con todo nuestro corazón.” Avanzar hacia el Señor con todo nuestro corazón conlleva poner nuestro ser al servicio de Dios. Nos dice San Agustín que “La condición para que Dios quiera dar, es que tú dispongas la voluntad para recibir” (Sermón 165,2). Quizás deberíamos preguntarnos si realmente estamos dispuestos a recibir los dones que Dios no ofrece. Quien llama a la puerta es el Señor, pero  espera que abramos la puerta para entrar. ¿No es maravillosa su misericordia?

[Señor] de tal modo otorgaste la misericordia, que mantuviste la verdad (San Agustín. Comentario al Salmo 50,11)

martes, 11 de mayo de 2010

Sin mi no podéis hacer nada (Jn 15, 5)

Los apóstoles vieron al Señor en su gloria cuando fue transfigurado en el Monte Tabor; pero más tarde, en la hora de su Pasión, huyeron temerosos. Así es la fragilidad humana. En verdad, somos ciertamente de esta tierra; más aún: de esta tierra pecadora. Por eso el Señor ha dicho: Sin mi no podéis hacer nada (Jn 15, 5).

Cuando la Gracia está en nosotros, somos verdaderamente humildes; entonces nuestra inteligencia está más viva, y somos obedientes, dulces, agradables a Dios y a los hombres. Pero cuando perdemos la Gracia, nos secamos como un sarmiento cortado de la vid. Si alguno no ama a su hermano por el cual el Señor ha muerto entre grandes sufrimientos, es señal de que él mismo se ha separado de la Vid. Pero el que lucha contra el pecado, estará con el Señor al igual que la vid es llevada por el sarmiento (San Silvano)

Solo el Señor da sentido a lo que somos y hacemos. Sin El no somos nada más que hojas secas al viento, que no saben de donde vienen ni adonde van. Hay quien llama libertad, a la ignorancia de la Verdad… pero la Verdad es la que verdaderamente nos hace libres.

San Silvano nos indica claramente en qué lugar entre el pelagianismo y el quietismo, está el verdadero cristianismo.

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Señor derrama tu gracia sobre nosotros y ayúdanos a ser herramientas útiles a tus designios. Amén

miércoles, 28 de abril de 2010

¿Crisis?... El buen Pastor es la solución.

Es evidente que vivimos una época de crisis a todos los niveles: económico, emocional, intelectual, político, humano, religioso, etc… Nada parece permanecer estable. Todo lo que se propone, nace con fecha de caducidad.

¿Dónde radica el problema? Cada cual señala al de enfrente como causante de todo… pero me temo que el mal no es externo. Es un mal que llevamos dentro cada uno de nosotros. 

El principal detonante de la crisis multinivel que padecemos es la tendencia a la fragmentación de nuestro entendimiento. Todo lo vemos troceado, distante de lo demás, desafectado de lo que tiene enfrente. Oyendo la radio o leyendo las noticias (ya que la Tv ni la enciendo), me doy cuenta que entendemos lo que somos y la sociedad donde vivimos como una suma de elementos inconexos que les toca convivir a la fuerza. Nos entendemos a nosotros mismo como seres rotos en pedazos que se limitan unos a otros. Anhelamos una libertad basada en la fractura que además de ilógica es imposible. ¿Cómo queremos tener una sociedad que funcione si nosotros no funcionamos?

Dando un paso algunos siglos atrás… el renacimiento suele llamar la atención por el modelo de ser humano que nos presenta. Allí, en el pasado, tenemos el modelo de hombre sabio capaz de dominar todas las ciencias y las artes de manera prodigiosa. Parece como si esos sabios hubieran sido solo una casualidad del momento que les tocó vivir y que no es posible volverlos a encontrar hoy en día. Ahora los sabios son entendidos en trozos cada vez más pequeños de la ciencia y los artistas se nos presenta como artesanos del minimalismo inconexo. Leonardo, Miguel Ángel, Lucca Pacioli, Paracelso, Nicolás de Cusa,  entre muchos otros… parecen gigantes míticos e inalcanzables. Pero ¿Qué hizo a estos hombres seres tan excepcionales?

La respuesta es simple: el modelo de ser humano y de cosmos que poseían. No es que fuesen capaces de dominar ciencias y artes diferentes y distante… se trata simplemente que ellos entendían que artes y ciencias partían de un mismo modelo… que ellos lucharon por encarnar en si mismos. El conocimiento era válido en toda ciencia y arte de manera simultanea. Todo era un cosmos conexo, afectado e interrelacionado por medio de las mismas leyes… que provenía y revelaban a Dios en todo y todos.

El modelo de cosmos les indicaba cómo debían de entenderse a si mismos y al entenderse a si mismos… entendían el cosmos. Entendiéndose a si mismo y al cosmos, deducían cómo debía ser la sociedad ideal donde vivir. Pero, la sociedad renacentista padecía de los mismos problemas de la sociedad actual. ¿Por qué estos sabios hombre no pudieron llevar sus modelos a su sociedad?

Alguno lo intentó… pero por desgracia, el ámbito político siempre ha sido un entorno que repele todo intento establecer coherencias. Los partidos, facciones, tendencias e ideologías, necesitan romper la Verdad para adueñarse de los trocitos, que les convienen para conseguir sus intereses. 

Hoy en día, igual que siempre, los partidos luchan por imponer su modelo particular a la sociedad. Luchan por ser ellos (y no los “otros”) los que modelen aspectos tan humanos como la convivencia, la forma de entender la sociedad o el propio ser humano. Por esto la política siempre termina chocando con la religión… ya las religiones ocupan un espacio que los partidos creen estratégico para sus objetivos. En los siglos pasados, los gobernantes frecuentemente infiltraban a sus familiares y amigos de confianza, en la jerarquía religiosa. Por medio de estos elementos infiltrados, utilizaban la religión para sus fines. Hoy en día, afortunadamente, la religión se ha dotado de mecanismos que dificultan que esto ocurra. Estas trabas hay determinado que el poder prefiera desprestigiar la Fe antes que utilizarla en su provecho.

Volviendo a la crisis… ¿Qué hacer? Creo que lo único que nos puede sacar de este pozo negro es luchar por ser, vivir y convivir en coherencia con cielo y tierra. Aceptar que la Verdad se nos ha dado revelada y que es patrón de todo lo que existe. El Reino de Dios no es de este mundo… pero pedimos a Dios que nos ayude a acercarnos al modelo que tiene para nosotros. Lo hacemos por medio de la oración que Cristo nos enseñó… el Padre Nuestro. 


Cristo integra y da sentido a todo lo que existe. La Piedra-Cristo nos permite construir de forma imperecedera. La Puerta que nos abre es Puerta de salvación:

Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar y, bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos.” (Hch 4,12)

Yo soy el camino, la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por Mí.” (Jn 14, 6)

Donde dos o tres se reúnen en mi nombre,  allí estoy yo en medio de ellos”(Mt. 18,20)

¿De qué nos salva Cristo? Se pregunta más de una persona hoy en día… cuando el estado y las ideologías buscan ser nuestras salvadoras. Cristo nos salva de vivir sin sentido más allá de toda razón. Nos salva de dispersarnos y de despreciar la Verdad que hay delante de nosotros. Nos salva de los ladrones que quieren hacernos creer que ellos son nuestra salvación.

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:

- Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido;  pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas.  A éste le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera.  Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba.  Por eso añadió Jesús:

- Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

 Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

 El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante. (Jn 10, 1-10)


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Señor enseñanos que Tú eres puerta y que conduces a la vida. 
No nos permitas desviar nuestros pasos hacia falsos profetas  
o hacia falsos salvadores. 
Solo tu eres Piedra angular con la que construir el Reino de Dios
Amén.

sábado, 20 de marzo de 2010

¿Qué te importa? Tú, sígueme.

Cercanos al día de las vocaciones, comparto un fragmento del evangelio de San Juan y un fragmento de la catequesis de Benedicto XVI hizó sobre el primero de ellos. Lo traigo como homenaje a todos los sacerdotes y consagrados del mundo. Dios los llamó y les dijo:


“¿Qué te importa? Tú, sígueme."




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Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: "Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?" Le dice él: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Le dice Jesús: "Apacienta mis corderos." Vuelve a decirle por segunda vez: "Simón de Juan, ¿me amas?" Le dice él: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Le dice Jesús: "Apacienta mis ovejas." Le dice por tercera vez: "Simón de Juan, ¿me quieres?" Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: "¿Me quieres?" y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero." Le dice Jesús: "Apacienta mis ovejas.


"En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras." Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: "Sígueme."

Pedro se vuelve y ve siguiéndoles detrás, al discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: "Señor, ¿quién es el que te va a entregar?" Viéndole Pedro, dice a Jesús: "Señor, y éste, ¿qué?" Jesús le respondió: "Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme."
(Jn 20,15-22)



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De la siguiente catequesis, creo que lo más espectacular es el jugo que el Papa saca del texto original griego por medio de la riqueza de significados que encierran los verbos que utiliza Cristo. Pero lo más importante es el final…
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El evangelista Juan nos narra el diálogo que en aquella circunstancia tuvo lugar entre Jesús y Pedro. Se puede constatar un juego de verbos muy significativo. En griego, el verbo filéo expresa el amor de amistad, eterno pero no total, mientras que el verbo agapáo significa el amor sin reservas, total e incondicional. La primera vez, Jesús le pregunta a Pedro: «Simón…, ¿me amas más que éstos (agapâs-me)?», ¿con ese amor total e incondicional? (Cf. Juan 21, 15). Antes de la experiencia de la traición, el apóstol ciertamente habría dicho: «Te amo (agapô-se) incondicionalmente».

Ahora que ha experimentado la amarga tristeza de la infidelidad, el drama de su propia debilidad, dice con humildad: «Señor, te quiero (filô-se)», es decir, «te amo con mi pobre amor humano». Cristo insiste: «Simón, ¿me amas con este amor total que yo quiero?». Y Pedro repite la respuesta de su humilde amor humano: «Kyrie, filô-se», «Señor, te quiero como sé querer». A la tercera vez, Jesús sólo le dice a Simón: «Fileîs-me?», «¿me quieres?». Simón comprende que a Jesús le es suficiente su amor pobre, el único del que es capaz, y sin embargo está triste por el hecho de que el Señor se lo haya tenido que decir de ese modo. Por eso le responde: «Señor, tú lo sabes todo, tu sabes que te quiero (filô-se)». ¡Parecería que Jesús se ha adaptado a Pedro, en vez de que Pedro se adaptará a Jesús!

Precisamente esta adaptación divina da esperanza al discípulo, que ha experimentado el sufrimiento de la infidelidad. De aquí nace la confianza, que le hace ser capaz de seguirle hasta el final: «Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: "Sígueme"» (Juan 21, 19). (Intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general de este miércoles, 24 mayo 2006, dedicada al tema «Pedro, el apóstol».)

Este fragmento de la catequesis de Benedicto XVI nos muestra toda la profundidad del Misterio legado por Cristo a sus Apóstoles. En concreto a Pedro, en quien podemos ver a todos quienes han recibido el sacramento del orden.

Por otra parte Benedicto XVI nos muestra la necesidad de conocer para comprender. Hay quienes desprecian el conocimiento como herramienta para acceder a la comprensión del Mensaje y el Misterio Cristiano. Pero el conocimiento es una herramienta imprescindible para abrir y escudriñar más allá de lo aparente. En el actual sucesor del ministerio petrino se hace evidente que el Espíritu de Dios sigue guiando a nuestra Iglesia.

 Este domingo celebramos el día de las vocaciones. Vocaciones según el sacerdocio sacramental: sacerdotales y diaconales… y vocaciones según el sacerdocio común: los laicos comprometidos son más necesarios que nunca.

Roguemos a Dios para que su voz llegue a todos nosotros y nos ayude aceptar la unción interior que nos permite ser Iglesia, universal, unida, santa y apostólica. 
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Señor Dios, Padre Celestial, Tu Hijo Jesucristo nos dijo: "La mies es abundante, pero los obreros pocos.
Pedid al dueño de la mies que envíe obreros a su mies". 

Te pedimos que envíes a tú Iglesia, numerosas y santas vocaciones para el sacerdocio, a la vida religiosa y al apostolado laical. 

Consérvales fieles en su ministerio hasta el fin; y concédeles, por tu Espíritu Santo, un gran amor a Dios y a los hermanos,
 para que en su ministerio y en su vida busquen solamente tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo. 

Amén

sábado, 13 de marzo de 2010

La Unción Interior


En estos días de cuaresma, camino hacia la Pascua… es interesante recordar este pasaje del Evangelio de San Juan:

Señor, dijo Tomás, no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino? Jesús dijo entonces: Yo soy el camino, la verdad y la vida: nadie puede ir al Padre, si no es por mí. Si supierais quién soy yo, sabríais también quién es mi Padre, al que desde ahora conocéis y habéis visto. (Jn 14,5-7)

Al hilo de este pasaje… Hace unos días escuchando el estupendo programa sobre el Compendio del Catecismo, realizado por el P. José Miguel Marqués (Radio María), me encontré con un concepto que me llamó poderosamente la atención: la unción interior.

¿Qué es la unción interior? Simplemente huella indeleble que deja el Espíritu Santo en todo aquel que busca y obtiene la Fe en Dios. Esta unción se realiza con un Óleo que solo puede ser el mismo Espíritu Santo actuando en nuestro interior.


Buscando información sobre el tema, dí con un párrafo de Clemente de Alejandría, en el que se reproducen unas palabras de Cristo que no han llegado hasta nosotros por medio de los Evangelios:

A vosotros, desde antiguo imágenes, pero no siempre semejantes, os quiero conformar con el arquetipo, de manera que os hagáis también semejantes a mi. Os ungiré con el óleo de la Fe, por medio del cual arrojaréis la corrupción.” (Protéptico XII, Clemente de Alejandría)

En este párrafo, Cristo claramente aparece como el Logos (palabra, sentido y razón de todo) por el que somos ungidos de forma especial. Cristo, como camino hacia Dios, nos ofrece la unción que nos permite arrojar fuera de nosotros la corrupción… es decir, la muerte.

Cristo, a través de Clemente, parece decirnos que el pecado original rompió la semejanza perfecta de entre la naturaleza divina y la humana. Además deja clara su misión de reestablecer la semejanza que se rompió y que corrompió nuestra naturaleza. Cristo desea hacernos semejantes a El y para ello nos unge con el Óleo de la Fe. La Fe aparece como don que Dios da a todo el que la busca con honestidad ... y que además marca de forma indeleble una vez recibida.

Podríamos pensar en que la plenitud de las unciones del bautismo y de la conformación se encuentra en esta unción interior… que es la que realmente nos permite cambiar nuestra naturaleza dañada.



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S
eñor ayúdanos a entender que eres Camino, Verdad y Vida. Permítenos dar el gran paso de andar en Ti hacia la Verdad, para obtener la verdadera Vida. Aquella Vida que sobrepasa el inmenso don de vida humana.


Amén

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He pensado interesante dejar algunas referencias bibliográficas accesibles desde internet:

3.- Sobre la unción en general, tenemos este breve artículo proveniente de la página Kerigmachile : AQUÍ. Al final aparece tratada la unción interior.

sábado, 6 de marzo de 2010

... Y vosotros ¿Quién decís que soy?

"Y vino Jesús a las partes de Cesárea de Filipo: y preguntaba a sus discípulos, diciendo: "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?" Y ellos respondieron: "Los unos, que Juan el Bautista; los otros, que Elías; y los otros, que Jeremías, o uno de los Profetas". Y Jesús les dice: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Respondió Simón Pedro y dijo: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Y respondiendo Jesús, le dijo: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan: porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos."(Mt 16,13-17)

Leyendo el libro de José Antonio Pagola: “Jesús, aproximación histórica”, me encontré con una interpretación de este pasaje evangélico, que resume perfectamente las razones que han llevado a muchas personas a rechazar esta obra:

Transcurridos veinte siglos, cualquier persona que se acerca con interés y honestidad a la figura de Jesús, se encuentra enfrentado a esta pregunta: «¿Quién es Jesús?». La respuesta solo puede ser personal. Soy yo quien tengo que responder. Se me pregunta qué digo yo, no qué dicen los concilios que han formulado los grandes dogmas cristológicos, no qué explican los teólogos ni a qué conclusiones llegan hoy los exegetas e investigadores de Jesús.”

No se si se han parado a pensar que en los evangelios no se describe físicamente a Jesús y es el personaje principal de todos ellos. Tampoco se describen directamente sus costumbres, vestimentas o su personalidad. Se sabe poco de su niñez y nada de su juventud. Se conoce poco de las circunstancias que vivió en su pueblo y con su familia. Solo disponemos de retazos aislados que nos hablan del Jesús histórico y humano que Pagola intenta reconstruir.

Podríamos preguntarnos la razón de que el mismo Cristo no se presentó, ni colocó su humanidad, como elemento central. Podríamos hasta preguntarnos por qué no escribió un libro con toda su doctrina, a fin de que pudiera llegar a nosotros sin intermediarios. ¿Por qué?

La razón de ello la da Pedro en el pasaje que providencialmente recoge San Mateo. Lo que digan unos u otros de quien es Jesús es lo de menos. La revelación del Padre es que El está por encima de la naturaleza humana que empleó para manifestarse. Precisamente nos legó los sacramentos como el Camino que nos lleva a la Verdad, que está más allá del aparente vacío de información existente.

A poco que se razone, podemos darnos cuenta de que con los retazos de Jesús, que encontramos en los evangelios, es posible confeccionar millones de humanidades creíbles de Jesús. Con estos retazos, siempre podremos recrear la imagen que más nos interese personalmente. Pero me temo que este no es el camino.

Parece que se nos olvida que Jesús dejó claro cual era su objetivo: la salvación de cada uno de nosotros. “He venido para que tengáis vida y la tengáis en abundancia” (Jn 10, 10). San Juan, en su prólogo es categórico al decir que Cristo es la Luz que ilumina las tinieblas. Es la Palabra de Dios revelada a los hombres.

Por lo tanto, no se trata de que nosotros busquemos una respuesta personal a la pregunta de quién es Cristo. Se trata de pedir y aceptar la revelación de Dios, que tan claramente ofrece San Pedro. De otra manera no podremos tener nunca un Cristo único, que nos una a todos los cristianos. Solo tendremos sombras humanas, subjetivas y personales que, a lo sumo, justifican nuestro particular egoísmo.

También es necesario darnos cuenta que las lagunas que Cristo dejó sobre si mismo, son importantísimas. Gracias a ellas podemos admirar el Mensaje Cristiano y el Misterio subyacente con toda claridad. En la revelación de Dios nada queda al azar o a la interpretación personal. La Luz revelada es el centro del Cristianismo. Deberíamos tratar de poner como centro la Palabra y la Revelación de Dios mismo y dejarnos de reconstrucciones que impiden ver el Camino, la Verdad y la Vida.

Cuanta confusión y desunión existe dentro de la Iglesia. Cuantos cristos personales y hasta sincréticos pululan por nuestras comunidades.

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Padre Nuestro que enviaste a Tu Hijo a derribar los muros y a darse a todos, sin distinción, como Camino, Verdad y Vida.

Te suplico, en unión de todos los hermanos y hermanas
de toda denominación, Iglesia y comunidad,
que nos muestres la Verdad más allá de nuestros egoísmos personales,
tal como hiciste con Pedro.

Solo así podremos vivir en unidad y podremos
traer Tu Reino a este mundo lleno de discordias.

Amén

sábado, 27 de febrero de 2010

Agua de vida eterna



Llega una mujer de Samaria a sacar agua.

Jesús le dice: «Dame de beber.» Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice a la mujer samaritana: « ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana? » (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.)

Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.» Le dice la mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»

Jesús le respondió: "Todo aquél que bebe de esta agua volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, nunca jamás tendrá sed; pero el agua que yo le daré se hará en él una fuente de agua que saltará hasta la vida eterna". La mujer le dijo: "Señor, dame esa agua, para que no tenga sed ni venga aquí a sacarla".

Jesús le dijo: "Ve, llama a tu marido y ven aquí". La mujer respondió, y dijo: "No tengo marido".

Jesús le dijo: "Bien has dicho no tengo marido: porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido: esto has dicho con verdad". La mujer le dijo: "Señor, veo que tú eres profeta: nuestros padres, en este monte adoraron, y vosotros decís que en Jerusalén está el lugar en donde se debe adorar".

Jesús le dijo: "Mujer, créeme que viene la hora en que ni en este monte, ni en Jerusalén, adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis: nosotros adoramos lo que sabemos, porque la salud viene de los judíos. Mas viene la hora, y ahora es cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque el Padre también busca tales que le adoren. Dios es espíritu, y es menester que aquéllos que le adoran le adoren en espíritu y verdad". (Jn 4, 7-24)

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Podremos ir analizando el diálogo de Jesús con la samaritana a través de diferentes niveles y entender cómo la samaritana representa a diversas figuras. ¿Quién es la samaritana? Podemos ver a la Iglesia imperfecta que existía antes de su institución, como sugiere San Agustín en su tratado sobre el Evangelio de San Juan. Pero también podemos vernos a nosotros mismos en el encuentro con Cristo.

Cristo se presenta ante nosotros en cada situación cotidiana. Nos mira y nos pide que le ayudemos. Se presenta a través de nuestros hermanos y nos pide agua, porque tiene sed u otra necesidad en su vida. (Mt 25:35) Hemos de dar a nuestro hermano lo que necesita, ya que es el mismo Cristo quien se transparenta por medio de él.

Pero más allá de la necesidad de agua física que expone Jesús, la samaritana se sorprende por el ofrecimiento que le hace Cristo y que excede la petición que le ha hecho en primer lugar. Volviendo a nosotros, si supiéramos quien pide detrás del que necesita de nosotros, seríamos nosotros quien le pidiéramos agua… pero un agua diferente a la física, diferente de la sacia las necesidades físicas.

Nosotros, al igual que la samaritana, mostramos incredulidad y soberbia ante tal ofrecimiento… ¿De donde sacarás esa agua? No tienes ni utensilios ni pozo para llegar a ella. En la actualidad, esta incredulidad es evidente dentro y fuera de la Iglesia. No creemos que haya nada más allá de la caridad a nuestros hermanos. Incluso le preguntamos a Dios mismo, con sorna,... si El es más que las ONGs y los gobiernos… simbolizados en este pasaje evangélico por Jacob, constructor del pozo. Con soberbia proclamaríamos que para la caridad no nos hace falta Dios. Con nosotros mismos nos bastamos y sobramos para dar caridad a quien la necesite.

Jesús nos dice que el no habla de devolver de agua física por agua física, ni de devolver una acción caritativa a cambio de otra del mismo tipo… habla de otro agua, habla desde un orden del ser diferente al que la samaritana entiende. Un agua que sacia de otra manera. Agua que nos plenifica y nos llena de sentido. Nunca volveremos a tener sed si bebemos del ella. Nunca más sentiremos que nada tiene sentido, ya que podremos comprender que somos parte del plan de Dios. Al beber del agua ofrecida por Cristo, nosotros seremos a su vez fuentes de ese agua para los demás.

Nosotros, al igual que la samaritana, con incredulidad creciente le decimos que si, que vale, que nos la dé, para ver de donde saca tal maravilla.

Pero Cristo pide a la samaritana que traiga a su marido. ¿Marido? Vaya, con lo bien que íbamos y Cristo nombra aquello que nos evidencia nuestra incoherencia ¿Por qué pide Cristo la presencia de su marido si se trataba de darle el agua a ella? ¿Por qué relaciona el agua de vida eterna a la realidad cotidiana de la mujer? ¿Qué hay detrás de esta petición, aparentemente fuera de lugar?

La mujer se siente descubierta y confiesa que no tiene marido. Vive en desorden vital evidente y no le da mayor importancia. Pero Cristo no puede darle el agua si no ella no es un vaso capaz de contenerla. El agua se derramaría y caería al suelo. Entonces ella le reconoce como un profeta y empieza a tomarse en serio el diálogo. El extranjero judío es más que un loco que ofrece cosas imposibles. Se turba, se preocupa y se escusa diciendo que sus antepasados pensaban que Dios era otra cosa y que lo adoraban de diferente forma que los judíos. Es decir, echa la culpa de sus desordenes a los demás. Su desorden es culpa de la sociedad que le rodea.

Cristo le dice que el tiempo de entender a Dios como se hacía hasta ese momento, ha pasado. No se trata de ser judío o samaritano. A partir de ahora Dios se manifestará más allá de la comprensión de cada pueblo…. lo hará en Espíritu y Verdad. Quienes Le entiendan, amen y adoren deberán hacerlo de esa forma. Cristo zanja la cuestión de la correcta revelación indicando que el conocimiento de Dios viene de los judíos, ya que a través de ellos, Dios se reveló a los seres humanos. Con ello nos muestra que la revelación del antiguo testamento es primordial y necesaria para entender la nueva revelación… que es Cristo mismo.

El agua que Cristo nos ofrece está delante de nosotros. Está detrás de todo aquel he nos pide por necesidad. Pero sólo si conocemos la existencia de ese agua, podemos contenerla y entender a Dios más allá de los estereotipos antiguos, la podremos obtener de Cristo mismo.

Dios es Espíritu y Verdad… y al beber el agua de vida eterna, nos convertimos en fuentes de esa agua.

La cuaresma es una época especialmente propicia para confesarnos, convertirnos y pedir la gracia de ser recipientes merecedores del mismo Dios

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Señor,
Ayúdanos a reconocerte en los demás.
Ayúdanos a aceptar el agua que sacia para siempre.
Ayúdanos a ser recipientes dignos de tu revelación y ser símbolos de ella.
Ayúdanos a limpiar nuestro corazón y
poder ver a Dios en Espíritu y Verdad.
Señor, solo tu nos das la gracia necesaria para
dar sentido a la cuaresma y a todo lo que has creado.
Alabado y glorificado seas.
Amén

sábado, 21 de noviembre de 2009

Cristo, Sol, Luz y Rey.

Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? (Juan 18, 33-38)

Nos comenta San Agustín:

Creyendo, venid al reino que no es de este mundo. ¿Cuál es, pues, su reino sino el de los que creen en El, a quienes dice no sois de este mundo, aunque quiera que estéis en este mundo? Por lo que no dice: Mi reino no está en este mundo, sino "no es de este mundo" (Jn 8,23) Es, pues, de este mundo todo lo que en la humanidad, si bien creado por Dios, fue generado de la raza viciada de Adán. Fue, pues, hecho un reino, no ya de este mundo, de todo aquello que fue regenerado en Cristo. Así, pues, Dios nos sacó del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de su amor. (San Agustín, Tratado sobre el evangelio de San Juan)

Pilatos, como muchas otras personas, duda hasta de la existencia de la verdad. Frente a esta duda podemos citar el siguiente texto de Clemente de Alejandría:

Pongamos, pues, fin, pongamos fin al olvido de la verdad; despojémonos de la ignorancia y de la oscuridad que, cual nube, ofuscan nuestros ojos, y contemplemos al que es realmente Dios, después de haber previamente hecho subir hasta él esta exclamación: «Salve, oh luz». Una luz del cielo ha brillado ante nosotros, que antes vivíamos como encerrados y sepultados en la tiniebla y sombra de muerte; una luz más clara que el sol y más agradable que la misma vida. Esta luz es la vida eterna y los que de ella participan tienen vida abundante. La noche huye ante esta luz y, como escondiéndose medrosa, cede ante el día del Señor. Esta luz ilumina el universo entero y nada ni nadie puede apagarla; el occidente tenebroso cree en esta luz que llega de oriente.

Es esto lo que nos trae y revela la nueva creación: el Sol de justicia se levanta ahora sobre el universo entero, ilumina por igual a todo el género humano, haciendo que el rocío de la verdad descienda sobre todos, imitando con ello a su Padre, que hace salir el sol sobre todos los hombres. (Clemente de Alejandría. Exhortación a los paganos, cap. 11)

Tras el evangelio, el comentario de San Agustín y la apostilla de Clemente de Alejandría… solo podemos gritar:

¡Salve, Cristo. Sol de justicia universal, Luz de vida eterna, Rey del mundo y del universo!

¡Marana-thá!

viernes, 20 de noviembre de 2009

Visitación y aborto

En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor. (Lucas 1, 39-45)

En España y en el mundo llevamos un largo y tenso debate sobre el aborto, sus razones y consecuencias. No creo ser capaz de portar nada adicional a todas las razones que desde cada posición se han expuesto en los medios de comunicación. Únicamente me atrevo a reflexionar sobre este breve pasaje del evangelio de San Lucas.

En vientre de Isabel había un ser humano que saltó de gozo al percibir la Visita de María y de Cristo encarnado en su vientre. Dos nonatos se sienten y se reconocen. Isabel reconoce a María como madre antes de nacer el Señor. María es bendita por el milagro de la vida que lleva en su vientre desde la anunciación.

Si damos un sentido trascendente y sagrado a las escrituras, podemos constatar que nos revelan que el milagro de la vida aparece desde el mismo momento de la concepción. Pero hay mucho más detrás de esta revelación.

Volviendo al mundo profano ¿Podemos dar razones para asesinar a un ser indefenso? Claro,… siempre se ha hecho y no dejará de hacerse. El problema se plantea al tener que decidir qué hacer con los hijos no deseados. Vaya locura tenemos dentro nuestra… decir hijo y decir después “no deseado” y quedarnos tan tranquilos. Esquizofrenia social que no por real y constatable deja de se esquizofrenia. ¿Qué razón puede haber en esta sociedad para no desear-querer-amar a un hijo? Si leemos este breve texto de la primera carta de San Juan, podremos encontrar alguna clave:

Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él. La señal de que el amor ha llegado a su plenitud en nosotros, está en que tenemos plena confianza ante el día del Juicio, porque ya en este mundo somos semejantes a él. En el amor no hay lugar para el temor: al contrario, el amor perfecto elimina el temor, porque el temor supone un castigo, y el que teme no ha llegado a la plenitud del amor. Nosotros amamos porque Dios nos amó primero. (1 Juan 4, 16-19)

La respuesta es evidente: Hay miedo, temor. El temor aparece cuando nos falta plenitud del amor. Como Dios es Amor… nos falta sabernos amados incondicionalmente por Dios. ¿Por qué tememos? Porque nos falta Dios.

jueves, 8 de octubre de 2009

Verdadera comida y verdadera bebida


"Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí mora, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, así también el que me come, él mismo vivirá en mí. Este es el pan que descendió del cielo. No como el maná que comieron vuestros padres, y murieron. Quien come este pan, vivirá eternamente". Esto dijo en la Sinagoga, enseñando en Cafarnaúm. (Juan 6,55-59)


Verdadera comida y verdadera bebida. Las demás comidas y bebidas no alimentan lo que hay de verdadero y eterno en nosotros. La eucaristía no es un simple acto social comunitario, aunque se celebre comunitariamente y nos conforme como comunidad. En la eucaristía hay sacralidad, hay unión de cada persona con Dios. La eucaristía es un sacramento… aunque hoy en día nos hayamos olvidado de lo que significa todo esto.

jueves, 3 de septiembre de 2009

La copa se rompió...


Cuando la copa se rompe, el vino se pierde. Al cogerla, podemos cortarnos y el vino residual quedará lleno de pequeños y peligrosos cristales. No tenemos copa, ni vino… pero aún así algunos gritarán alegremente ¡Somos libres!

Nos dicen que el mundo se mueve y que no hay nada estable donde agarrarse o apoyarse. La religión pierde su significado, ya que no existe ese absoluto que llamamos Dios y por lo tanto no hay modo de unirnos a El. El culto se vuelve un trámite ininteligible y las razones de congregarse son principalmente sociales.

En el mejor caso, creer en Dios se considera como un recurso psicológico de personas débiles. Este es un dios personal, que se adapta a las necesidades según convenga a cada uno. Incluso Dios se interpreta como relativo y subjetivo, ya que depende de cada persona.

Si Dios no existe, el arte deja de considerarse su reflejo y la estética pasa a campar a sus anchas sin limitaciones. La obra de arte no tiene razón de significar nada… con que sea innovadora y rompa con la moda estética previa, es suficiente. Los significados se trastocan a nuestro antojo, con lo cual, no somos capaces de comunicar el orden y la belleza a los demás. Sin comunicación, nos perdemos los unos a los otros.

Nos dicen que la ciencia tiene como objetivo enseñarnos que nada es estable. Incluso ella misma se la considera relativa e interpretable según quien la utilice. Las dimensiones y el tiempo ahora son relativos. No existe marco de referencia estable a partir del cual definir, comparar y deducir de forma concluyente nada. Todo se separa, se cuantiza, se analiza rompiéndolo que múltiples partes, que a su vez se analizan rompiéndose de nuevo… con lo cual todo carece de significado por si mismo.

Si Dios, arte y universo dejan de tener significado, nosotros mismos dejamos de tener sentido, objetivo y trascendencia. Se dice que el ser humano se tiene a si mismo como origen y destino. Somos dueños de todo, lo tenemos todo en nuestras manos. Somos inmensamente ricos y poderosos, ya que podemos definir y entender todo como queramos. Por fin hemos roto la copa y el vino se ha desparramado en el suelo. Nos dicen que por todo esto, por fin somos libres.

Pero esto no es un mal contemporáneo, es parte de nuestra esencia humana. Conforma lo que se denomina pecado original: querer ser como Dios para dejar de necesitarlo. En todo tiempo se ha dado este sinsentido vital y se seguirá dando en el futuro. Es cierto que hubo épocas donde era más evidente y otras donde lo fue menos. En este momento me acuerdo del joven rico que se acercó a Jesús y le pidió seguirle… pero no fue capaz de dejar atrás su riqueza.

"Y Jesús le dijo cuando le vio triste: "¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios los que tienen dinero! Porque más fácil cosa es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios". Y dijeron los que le oían: "¿Pues quién puede salvarse?" Les dijo: "Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios". Y dijo Pedro: "Bien ves que nosotros hemos dejado todas las cosas y te hemos seguido". El les dijo: "En verdad os digo, que ninguno hay que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna". (Lc 18, 24-30)

Comenta San agustín:

"Llama rico al que ambiciona las cosas temporales y se enorgullece de ellas. Los pobres de espíritu, de quien es el reino de los cielos, son contrarios a esta riqueza. En sentido espiritual es más fácil que Jesucristo padezca por los amantes del siglo, que éstos puedan convertirse a Jesucristo. Da a entenderse a sí mismo con el nombre de camello, porque espontáneamente sostuvo humillado la carga de nuestra debilidad. La aguja significa las punzadas. Por las punzadas debe entenderse los dolores que sufrió en su pasión, y la angustia de ella (está simbolizada) por el ojo de la aguja." (San Agustín, De quaest. Evang. 2,47.)

Solo quien elije no darse sentido a si mismo, puede encontrar a Dios. Y solo quien encuentra a Dios y no lo olvida ni por un instante, encuentra el sentido de su vida y de todo el universo.

Por eso, desde que el mundo es mundo, la perla preciosa y el tesoro escondido (Mt 13, 44-46), están disponibles para que quien los descubra pueda vender todo lo que tiene y poder comprarlos. Por desgracia, aunque la perla esté expuesta a la vista de todos… hay que reconocerla como tal y además, solo quien esté dispuesto a dejar todo puede acceder a ella. El velo del templo se rasgó (Mt 27:51), pero aún así, es necesario saber donde está el templo, entrar y comprenderlo, para poder disfrutar de la sacralidad contenida en el.

Pero seamos realistas, pocos encuentran la perla, de esos, pocos deciden entregar su soberbia para comprarla. Las diez vírgenes (Mt 25:1-13) están dispuestas a encontrarse con el novio, pero necesitan de luz para verlo y que el las reconozca. Cinco se prepararon convenientemente, pero las otras cinco no trajeron aceite suficiente. Las cinco necias llegaron sin aceite y tarde. El novio no les abrió la puerta ya que no las reconoció.

Se suele tachar de elitista y segregadora la frase evangélica “muchos son los llamados, pero pocos los elegidos” (Mt 22, 14), pero nada más lejos de la realidad. Cuando se lee la parábola de los invitados a las bodas (Mt 22:1-14), vemos que no se trata de una decisión caprichosa de Dios. Dios no dice tu si y tu no… somos nosotros quienes decidimos ir al banquete o no. Nosotros aceptamos o rechazamos la perla, el tesoro o la cena nupcial ofrecida por el novio.

¿Y los elegidos? ¿Qué podemos decir de ellos? Serán semilla de mostaza (Mt. 13:31-32), que al morir dará lugar un gran árbol. Serán levadura (Mt. 13:33-35) que deberá gastarse para hacer fermentar el pan.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna. El que quiera servirme que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre(Jn 12, 24-26)

Por lo tanto les toca gastarse solos y sin reconocimiento público. Dios les dará tras completar su misión lo que merecen. Pero esto forma parte del trato de la compra de la perla, hay que vender todo para comprarla. No queda nada para uno mismo.


viernes, 28 de agosto de 2009

La vid y los sarmientos

En el encuentro con la samaritana en el pozo de Jacob, Cristo nos habla del agua viva y de cómo debemos acercarnos a Dios. Cómo debe ser nuestra Fe.

“Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad". (Jn 4,23-24)

En el siguiente pasaje evangélico Jesús nos habla de la secuencia creer-conocer-libertad como base de nuestra Fe:

Al hablar así, muchos creyeron en él. Decía, pues, Jesús a los judíos que habían creído en él: "Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres." (Jn 8,30-32)

Es evidente que cada creyente es un mundo y que el conjunto de mundos personales, conforma la Iglesia como comunidad de creyentes.

Desde hace décadas estamos inmersos en un proceso de perdida o cuestionamiento de Fe por parte de muchas personas. Se suelen buscar razones para esta descristianización de la sociedad a nivel eclesial, olvidando que parte de los efectos tendrán su causa en el tipo de Fe de cada persona.

Clemente de Alejandría y Evagrio Póntico, ya caracterizaban entre los siglos III y VI, los fieles en dos grupos según el enfoque de su Fe. Decían que existían creyentes que basaban su Fe en aspectos emotivos y aparentes… a los que llamaban pistikos. Había creyentes que basan su fe en el conocimiento y la razón… a estos llamaban gnostikos. Ojo, es importante no confundir esta clasificación con los seguidores de las herejías gnosticistas.

Indudablemente, un creyente que conozca su Fe, que la relacione con la ciencia y con la actualidad, poseerá una robustez considerable en sus creencias. Un creyente por costumbre familiar o por emotividad, será un creyente con dificultades para defenderse de los ataques del mundo contemporáneo

Actualmente se han desarrollado estudios sobre la Fe y el tipo de creyentes, que nos permiten ahondar de forma psicológica en esta problemática:

El psicólogo James Fowler, clasifica a los creyentes en los siguientes grupos:

  • Fe primaria o indiferenciada (de 0 a 2 años aprox.): Se caracteriza por el aprendizaje acerca del bienestar en el entorno inmediato. Se desarrolla la confianza.
  • Fe intuitiva proyectiva (de 3 a 7 años aprox.): Se caracteriza por una exposición desprotegida de la psiquis al inconciente. Se es principalmente fantasioso.
  • Fe mítica literal (8 a 12 años aprox.): Las personas en este estadio se caracterizan por una fuerte creencia en la justicia y la reciprocidad del universo. Sus deidades son antropomórficas. Son dogmáticos, literales e ingenuos.
  • Fe sintética convencional (desde la adolescencia aprox.): Se ajusta a las redes sociales de forma conformista.
  • Fe individual y reflexiva (desde los 20' aprox.): La fe es crítica, subjetiva y personal, se producen pugnas entre lo relativo y lo absoluto, y se toma responsabilidad de las creencias personales.
  • Fe conjuntiva: Se superan paradojas y relativismos, se trascienden los símbolos heredados de la cultura de origen.
  • Fe Universal: Trascendentes de culturas y credos. Socialmente proactivo y propositivo de ideas que rompen con lo establecido. Iluminados.

Otro psicólogo, John Westerhoff ha elaborado un modelo teórico para entender el proceso del desarrollo de la Fe como un proceso formativo. Realiza la siguiente clasificación:

  • Fe Experiencial.. Los niños/as comienzan a desarrollar este tipo de Fe durante edades tempranas en el período preescolar. Un niño/a aprende primero de materias de fe, no como afirmaciones teológicas, sino como una experiencia afectiva. Para los niños/as (y adultos), no son las palabras que oímos las que dan valor a la materia religiosa, sino las experiencias que tenemos con quienes pronuncian esas palabras.
  • Fe Afiliativa. Si las necesidades de la Fe experiencial han sido atendidas adecuadamente durante la niñez, en las etapas juveniles tempranas, la persona comenzará a adoptar una fe afiliativa. Este es un período marcado por el interés de las personas en adquirir un sentido claro de identidad. De ahí que la persona busque establecer relaciones de aceptación en comunidad. Todos necesitamos pertenecer a una comunidad y todos necesitamos tener la oportunidad de actuar como alguien que verdaderamente tiene un sentido de pertenencia.
  • Fe Investigativa. Si las necesidades de la fe afiliativa ha sido satisfechas durante la adolescencia, las personas continuarán su desarrollo hacia una Fe investigativa. Tres características básicas distinguen este período de Fe: Primero, duda y/o el juicio crítico. Durante este período, la tendencia natural en la gente es la de poner a prueba su propia tradición de fe a medida que aprende e interactúa con la fe de otros. Tercero, la necesidad de compromiso. Como detalle importante, Westerhoff señala que durante este período, dado a la actitud crítica de la fe aprendida, muchas personas son forzadas fuera de su tradición de Fe. Algunos nunca retornan. Otros permanecen al nivel de la Fe investigativa por el resto de sus vidas.
  • Fe Propia. Una vez la persona ha obtenido las respuestas necesarias durante la etapa investigativa, la persona podría proseguir su desarrollo de fe hacia una fe propia.

No se trata de hacer dogma de Fe estas clasificaciones, valga la redundancia… pero si podemos utilizarlas como herramientas que nos permitan acercarnos a la realidad de tantas personas que se alejan de la Iglesia en momentos vitales definidos.

Es reseñable que en estas clasificaciones, el tipo de Fe se relaciona con la edad de individuo, por lo que estos modelos permiten sacar conclusiones sobre las razones que llevan a muchos jóvenes a dejar la Iglesia y convertirse en adultos alejados. Por otra parte, también es oportuno indicar que las etapas no tienen límites definidos ni son autoexcluyentes. Por lo que cada etapa se desarrolla con participación de elementos de la anterior y posterior.

También permiten pensar en las razones que llevan a algunos de estos alejados a volver tras años o décadas de “vagar” fuera de la Iglesia. También nos hablan de las razones que nos llevan a sentirnos fuera de sitio dentro de nuestra propia comunidad.

Cabría entonces preguntarse si la Iglesia, como comunidad de creyentes, sabemos hacer frente a las necesidades de cada etapa vital de nuestros hermanos. Normalmente discutimos sobre la manera de atacar los síntomas que vemos: ausencia de jóvenes, falta de vocaciones, pérdida de la Fe, tradicionalismos, progresismos… mediante recetas homogéneas… y no nos paramos a pensar que la Fe no es algo estático en nuestra vida. La Fe es un proceso dinámico que se cuida o se termina por perder.

Dentro de una misma comunidad cristiana existen multitud de enfoques y vivencias que, o son canalizadas para el bien de todos o se pierden dentro de cada uno de nosotros.

Cristo dijo:

“Yo soy la vid, vosotros las ramas,
y Mi Padre es el Viñador; si permanecéis a Mí unidos,
buen fruto daréis y Me glorificaréis.”
(Jn. 15, 1-5; y 8)

“Que todos vosotros seáis uno, como los somos Mi Padre y Yo:
como el Padre en Mí y Yo en El, vosotros también,
uno en Nosotros seréis.”
(Jn. 14, 20; 17, 21)

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