domingo, 15 de diciembre de 2013

Nos parece increíble lo prometido por Dios. San Agustín

Sin embargo, hermanos, como a los hombres les parecía increíble lo prometido por Dios –a saber, que los hombres habían de igualarse a los ángeles de Dios, saliendo de esta mortalidad, corrupción, bajeza, debilidad, polvo y ceniza-, no sólo entregó la escritura a los hombres para que creyesen, sino que también puso un mediador de su fidelidad. Y no a cualquier príncipe, o a un ángel o arcángel, sino a su Hijo único. Por medio de éste había de mostrarnos y ofrecernos el camino por donde nos llevaría al fin prometido. Poco hubiera sido para Dios haber hecho a su Hijo manifestador del camino. Por eso, le hizo camino, para que, bajo su guía, pudieras caminar por Él.

¡Qué lejos estábamos de él! ¡Él muy alto y nosotros aquí abajo! Estábamos enfermos, sin posibilidad de curación. Un médico fue enviado, pero el enfermo no le reconoció, "porque si le hubieran conocido, jamás habrían crucificado al Señor de gloria" (1Co 2,8). Pero la muerte del médico fue el remedio del enfermo; el médico había venido a visitarlo y murió para curarle. Dio a entender a los que creyeron en Él que era Dios y hombre: Dios que nos creó, hombre que nos recreó. Una cosa se veía en Él, otra estaba escondida; y lo que estaba escondido llevaba a muchos hacia lo que se veía… El enfermo fue curado por lo que era visible, para llegar a ser capaz de ver plenamente más tarde. Esta última visión, Dios la difería escondiéndola, no la negaba. (San Agustín. Comentario a los Salmos, Sal. 109 “No sabemos nada”)

Seguimos andando hacia la Navidad. Quizás este tercer domingo de Adviento nos resulta un poco extraño porque el protagonismo de la lectura del Evangelio se desplaza a Juan el Bautista. La misión de evangelizar nunca es un misión secundaria o superflua. La misión del cristiano consiste en llevar la Buena Noticia a quienes más la necesitan.

San Agustín señala que Cristo es el Medico que Dios envió para curar nuestra enfermedad. Pero ¿De qué sirve un Médico formidable, si el enfermo nunca sabe de Él? ¿De qué sirve este médico si el enemigo se ha dedicado a crear prejuicios en torno suyo? 

Cristo dijo de Juan el Bautista: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino” de igual forma que Cristo nos envía a nosotros a preparar el camino para que el gran Médico pueda atender a quienes más le necesitan. Pero los enfermos no están muy dispuestos a ser atendidos por el Médico, le tienen miedo, desconfían de Él. Les han convencido  de que su enfermedad es parte de si mismos y que si son curados, sería como dejaran de ser ellos. Estos enfermos se sienten amenazados y luchan contra el Médico. Hace 2000 años, le crucificaron y ahora intentan callar a quienes seguimos proclamando que la Medicina existe y que está disposición de todos.

Dentro de una diez días celebraremos que Cristo nació entre nosotros y que su mensaje sigue tan vivo como siempre. ¿Qué nos encontramos por las calles, los medios de comunicación, los grandes almacenes? ¿Qué medicinas se ofrecen? Las falsas medicinas del consumo, que buscan ser evidencia de que el “sistema social” en que vivimos, es un éxito. Buscan deslumbrarnos con luces cegadoras y música pegadiza. Nos ofrecen una “alegría” basada en comprar, beber y comer, siempre que gastes dinero. Más que la celebración de quien nació en un pobre pesebre, vivimos la celebración del gran dios del consumo. Opulento, derrochador, capaz de sonreír a quien llena sus bolsillos con el dinero que tanto le ha constado ganar. Ya en la antigüedad le llamaron Baal y lo representaban como un todo o un becerro. Un becerro de oro, que se nos ofrece como el remedio a nuestros sufrimientos. ¿Celebrar la opulencia del becerro de oro o la humildad de Dios que nace en un establo? ¿Qué nos resulta más atractivo?

Juan el Bautista anunció el Médico de forma austera y sencilla. No necesitó los grandes medios de comunicación de la época. Su espacio público fue el desierto. Su voz resonaba donde nadie vivía, que paradoja. Ofrecía lo único que tenía: Esperanza y un sentido para la vida. Pero, las palabras que se pronunciaban en el desierto llegaron a toda Judea y Galilea. Llegaron hasta el rey Herodes sin que mediara acto de poder alguno. Tal vez la Navidad sea un momento propicio para dejar de intentar dar gritos por encima del ruido social imperante. Es evidente que gritando más fuerte no conseguimos demasiado. El mundo no necesita más gritos y más ceremonias de grandeza. 

Cada día más, necesitamos el silencio expectante y lleno de Esperanza que sólo se puede encontrar en el desierto y en un humilde establo de un pueblo perdido del Imperio Romano Tal vez la Navidad sea un momento propicio para dejar de intentar dar gritos por encima del ruido social imperante. Es evidente que gritando más fuerte no conseguimos demasiado. El mundo no necesita más gritos y más ceremonias de grandeza. Cada día más, necesitamos el silencio expectante y lleno de Esperanza que sólo se puede encontrar en el desierto y en un humilde establo de un pueblo perdido del Imperio Romano.

jueves, 12 de diciembre de 2013

El ABC, DEF y G de la Evangelización

“El ABC de la evangelización consta de: Afecto, Bondad y Cercanía. Habría que añadir, además, D y E: Diálogo y Ejemplo, sin olvidar la F: Formación. Pero para que todo fructifique es necesaria la G: Gracia de Dios”

Evangelizar es una palabra polisémicas que suele ser entendida como la principal acción que realizamos todos y cada uno de los bautizados: difundir la Nueva Noticia, el Evangelio.

Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! Si yo realizara esta tarea por iniciativa propia, merecería ser recompensado, pero si lo hago por necesidad, quiere decir que se me ha confiado una misión. ¿Cuál es, entonces, mi recompensa? Predicar gratuitamente el Evangelio, renunciando al derecho que esa Buena Noticia me confiere. (1Co 9, 16-19)

Evangelizar es una misión que no está limitada a determinados momentos o a determinadas personas. Todos evangelizamos y lo hacemos sobre toda aquella persona que se acerque a de nosotros. Se evangeliza tanto dentro y fuera de la Iglesia, ya que el Evangelio se transmite con la palabra, las actitudes y las actividades que realicemos.

El ABC del evangelio comienza por Afecto, Bondad y Cercanía, ya que sin estas tres avanzadillas, no hay comunicación ni empatía posible.

Para que el ABC llegue a los demás son necesarios DEF, es decir Diálogo,  Ejemplo y Formación. El diálogo es una característica propia del ser humano, a través de la cual aprendemos y nos relacionamos. También es necesario el ejemplo. Si lo que decimos queda sólo en palabras, nuestro testimonio es nulo. Nadie nos creerá ni querrá acercarse a nosotros para conocer más.

No tenemos que olvidarnos de una necesidad imperiosa: la Formación. Si no tenemos la formación suficiente, es muy posible que nos encontremos con dificultades considerables. Hoy en día, los prejuicios son eficaces anticuerpos que bloquean la difusión del Evangelios. Actúan poniendo en duda todo lo que podamos decir y a nosotros mismos. Saber desmantelar los prejuicios necesita de vitamina C3: Conocimiento, Constancia y Compromiso. Esta vitamina se adquiere mediante la formación continua. Tenemos que ser conscientes que los prejuicios son capaces de mutar con rapidez, por lo que tenemos que estar siempre al día y preparados.

Por último tenemos el elemento más importante: la Gracia de Dios. Nada podemos hacer sin Cristo. “El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada”. (Jn 15,5) La conversión parte de un diálogo en el que no podemos participar, ya que es un diálogo íntimo entre cada persona y el Señor. Dios respeta escrupulosamente nuestra libertad. “Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3,20)

¿Qué podemos hacer nosotros? Como estamos en Adviento, no podemos olvidar las palabras de Lucas, que a su vez, toma del profeta Isaías:

Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; Enderezad sus sendas. Todo valle se rellenará, Y se bajará todo monte y collado; Los caminos torcidos serán enderezados, Y los caminos ásperos allanados; Y verá toda carne la salvación de Dios.” (Lc 3, 4-6).

Isaías nos llama a allanar el camino al Señor para que todo ser humano tenga la oportunidad de encontrarse con Cristo, de forma similar a como se encontró con los discípulos de Emaús.


Cristo se hace el encontradizo y escucha las dudas, problemas, dolores y necesidades de quienes le dejan acercarse y acompañarles. Después habla a nuestro corazón llenándolo de Esperanza, ya que sólo El tiene Palabras de vida eterna, pero el encuentro espera nuestro permiso. Si no aceptamos que necesitamos de El, la puerta queda cerrada y El no partirá el Pan con nosotros.

martes, 10 de diciembre de 2013

Seguimos la Estrella en el desierto. San León Magno

Seguimos andando el Adviento. Ya estamos casi en el ecuador de este tiempo litúrgico, que tiene bastante de peregrinación, caminando hacia el momento en que el Señor nace y se manifiesta al mundo. ¿A quien se manifiesta el Señor? Primero a sus padres, después a los pastores, convocados por un Ángel. Por último llegaron los fueron los primeros convocados: los Magos de Oriente. Los que tuvieron que recorrer un camino más largo y peligroso.

A la manifestación de Dios, los primeros convocados fueron los últimos y los últimos convocados, los primeros. Los Magos fueron convocados a través de su ciencia. No necesitaron de grandes prodigios para emprender un largo viaje hacia algo que no terminaban de comprender. Seguramente dudaron de los signos que aparecían escritos en el cielo, pero no por ello dejaron atrás la Esperanza escrita en sus corazones.

No sin razón, cuando los tres Magos fueron conducidos por el resplandor de una nueva estrella para venir a adorar a Jesús, ellos no lo vieron expulsando a los demonios, resucitando a los muertos, dando vista a los ciegos, curando a los cojos, dando la facultad de hablar a los mudos, o en cualquier otro acto que revelaba su poder divino; sino que vieron a un Niño que guardaba silencio, tranquilo, confiado a los cuidados de su Madre. No aparecía en Él ningún signo de su poder; mas les ofreció la vista de un gran espectáculo: su humildad. Por eso, el espectáculo de este santo Niño, el Hijo de Dios, presentaba a sus miradas una enseñanza que más tarde debía ser proclamada; y lo que no profería aún el sonido de su voz, el simple hecho de verle hacía ya que Él lo enseñara. (San León Magno, Homilía Nº 7)

Los Magos llegaron donde su ciencia les indicó y se encontraron con una familia en apuros y unos cuantos pastores. Un Niño recién nacido les esperaba y no podemos decir que ese Niño mostrara el poder de Dios. Más bien todo lo contrario, mostraba el abajamiento de Dios. Como dice San León Magno, el que no hablaba, sólo con mirarle enseñaba y proclamaba la gloria de Dios. ¿Somos capaces de oír y ver esta enseñanza en nosotros?

Pensemos en nuestro Adviento. Como los Magos de Oriente, hemos recibido signos que nos indican qué va a suceder. ¿Qué signos hemos recibido? Muchos: nuestro bautismo, la Palabra de Dios, el testimonio de nuestros padres y familiares, el testimonio de los santos y sobre todo, el la marca de Dios en nuestros corazones.

En el camino, lo que nos rodea es similar al desierto que debieron atravesar los Magos. Nuestro desierto no es un desierto de arena y sequedad, sino de consumo y ausencia de Dios. Como los Magos, no debemos de perder la Esperanza  seguir los signos que hemos recibido.

¿Por qué el mundo no grita la Buena Noticia? ¿Qué hace que las Naciones no parezcan conmoverse por lo que va a acontecer?

La práctica de la sabiduría cristiana no consiste ni en la abundancia de palabras, ni en la habilidad para discutir, ni en el apetito de alabanza y de gloria, sino en la sincera y voluntaria humildad, que el Señor Jesucristo ha escogido y enseñado como verdadera fuerza desde el seno de su Madre hasta el suplicio de la Cruz. (San León Magno, Homilía Nº 7)

Seguramente nos encontremos por el camino con personajes importantes que buscan beneficios personales y que temen que encontremos el verdadero Salvador. Igual que Herodes, nos ofrecerán premios si desviamos el camino de vuelta. El camino de la humildad.

Por lo tanto, no podemos esperar el mundo se haga eco verdadero del Nacimiento de Cristo. Tampoco podemos esperar signos milagrosos que nos transporten, sin darnos cuenta, hacia el Portal de Belén. Nos toca andar por el desierto del sinsentido y de las ofertas comerciales, sin que ello haga mella en nuestra Esperanza.


Muchas veces quisiéramos convocar al mundo con grandes fuegos de artificio, mega eventos y hasta con planes organizados de evangelización. Lo que solemos olvidar es que Cristo nació en un pobre pesebre, rodeado únicamente de unos pocos que fueron capaces de abrir su corazón a los signos de Dios

domingo, 8 de diciembre de 2013

En Adviento, oremos como la Virgen

Este domingo celebramos la Solemnidad de la Inmaculada Concepción y es, además, el II Domingo de Adviento. Para reflexionar un poco estas dos fechas tan señalas, traigo un texto que creo adecuado:

Aceptar la doctrina bíblica de la creación significa profesar que el principio último de mundo es un Dios libre, por tanto persona, un Padre. Este Dios creó el mundo pronunciando una palabra. “Considera la Palabra  de Dios que recorre la creación y que seguirá avanzando hasta el fin del mundo”. Ella constituye la ley del universo, pero sigue siendo palabra. La palabra se dirige a alguien y en este caso, se le dice al hombre. Para el y sólo para el, la ley del mundo se convierte en una palabra en sentido estricto, pronunciada por el Padre en los cielos a su imagen, el hombre. Entonces, el mundo ya no es un enorme mecanismo opresor, sino un lugar de diálogo entre Dios Padre y la persona humana. (Card. Tomas Spidlik. Teología de la evangelización desde la belleza. El diálogo Divino-humano)

Recordemos que las palabras que fueron pronunciadas a María y la trascendencia de esas palabras en la historia del ser humano. Todavía son palabras que resuenan y nos dan sentido de muy diversas formas. Como dice el Card Spidlik, utilizando una frase de San Basilio: “Considera la Palabra  de Dios que recorre la creación y que seguirá avanzando hasta el fin del mundo”  La Palabra de Dios que se encarnó a través de María, dando lugar a prodigios hasta ese momento desconocidos en este mundo.

El Ángel Gabriel dice a María “Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo” Las Palabra de Dios se dirige hacia alguien, que es en este caso en María, pero que también podemos ser cada uno de nosotros en el momento en que nos acercamos suplicando la misericordia de Dios, como hizo la mujer Cananea. “¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí!” (Mt 15, 22).

No es fácil arrodillarse ante el Señor y solicitar su misericordia. En el corazón de las personas del siglo XXI anida la incredulidad y el desafecto. Parece que solicitando la misericordia de Dios, estuviéramos perdiendo nuestra dignidad y esto nos da vergüenza y miedo. Vergüenza porque nadie parece tener necesidad de arrodillarse ante nadie y miedo, porque solicitar la misericordia de Dios, para por abrir nuestro corazón y evidenciar que nos somos autosuficientes e independientes.

Nos dice San Agustín: “Nadie se aparta con el corazón de este mundo si no es ayudado con el don de la misericordia divina” (San Agustín. Comentario al Salmo S 113,3). La misericordia de Dios se manifiesta en la Inmaculada Virgen que da a luz a la Palabra hecha carne. La misma Palabra llegó a María y le lleno de Gracia y sentido. Pero María, como cualquiera de nosotros, sólo puede actuar según la Volunta de Dios, cuando acepta que la misericordia de Dios es la que mueve el mundo. Cuando lo aceptamos el mundo ya no es un enorme mecanismo opresor, sino un lugar de diálogo entre Dios Padre y la persona humana.

Es interesante pensar en la anunciación de María y en que el milagro de la Encarnación se produjo a partir de un diálogo entre el Ángel, mensajero de la Palabra de Dios y María. Si pensamos en ello nos daremos cuenta la maravilla que María pronuncia para aceptar libremente la Voluntad de Dios “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu Palabra”. Esta frase tiene varios antecedentes. El ofrecimiento de María, que lleva el ofrecimiento de Samuel "Habla Señor, que tu siervo escucha". También nos recuerdan las palabras de Cristo esperando la pasión "Padre haz que pase de mi este cáliz, pero no sea mi voluntad, sino la Tuya".

Nosotros podemos decir al Señor diciendo: “Señor, Hijo de David, ten misericordia de mi. He aquí un simple siervo de mi Señor, sea en mi tú voluntad, no la mía. Señor no soy digno de que entres en mi casa, pero una Palabra tuya será mi salvación”.

¿Hay mejor forma de preparar el nacimiento de Cristo que aceptar que sólo la misericordia de Dios puede salvarnos?



jueves, 5 de diciembre de 2013

Navidad con fe, el Amor, la Verdad BXVI y Papa Francisco

Seguimos andando por el Adviento, camino de la Navidad. Navidad que es el objetivo más directo, pero que contiene otros objetivos no tan visibles a primera vista.

Celebrar el nacimiento de Cristo es celebrar la manifestación de Dios entre nosotros, es decir algo muy cercano a un sacramento. Los sacramentos son signos que nos unen con Cristo y nos permiten acceder a la Gracia de Dios. Este pre-sacramento fue muy especial, ya que el signo fue la encarnación de Dios y el efecto, la Luz que habitó y habita entre nosotros.

La luz del amor, propia de la fe, puede iluminar los interrogantes de nuestro tiempo en cuanto a la verdad. A menudo la verdad queda hoy reducida a la autenticidad subjetiva del individuo, válida sólo para la vida de cada uno. Una verdad común nos da miedo, porque la identificamos con la imposición intransigente de los totalitarismos. Sin embargo, si es la verdad del amor, si es la verdad que se desvela en el encuentro personal con el Otro y con los otros, entonces se libera de su clausura en el ámbito privado para formar parte del bien común. La verdad de un amor no se impone con la violencia, no aplasta a la persona. Naciendo del amor puede llegar al corazón, al centro personal de cada hombre. Se ve claro así que la fe no es intransigente, sino que crece en la convivencia que respeta al otro. El creyente no es arrogante; al contrario, la verdad le hace humilde, sabiendo que, más que poseerla él, es ella la que le abraza y le posee. En lugar de hacernos intolerantes, la seguridad de la fe nos pone en camino y hace posible el testimonio y el diálogo con todos. (Benedicto XVI - Papa Francisco. Encíclica “Lumen fidei)

¿Qué nos puede impedir acercarnos al Belén y adorar al niño?

  • Podemos no creer en los signos. La Estrella estuvo visible para muchos, pero sólo los Magos de Oriente la siguieron con Esperanza.
  • Podemos encontrarnos con murallas o accidentes infranqueables. Nuestros prejuicios actúan como murallas que nos impiden salir de nosotros mismos y ver más allá de su fría protección.
  • Podemos temer que la Manifestación de Dios nos “esclavice”, pero sabemos que los Magos volvieron a sus tierras con más libertad de la que tenían antes. En el camino de ida, tuvieron que apoyarse en Herodes, en el de vuelta, decidieron no seguir sus indicaciones.
  • Podemos temer que Dios actúe con violencia en nosotros. Quizás la conversión pueda parecer un tipo de violencia psicológica sutil. Pero la alegría de todos los que vieron al Niño Dios, no deja espacio para pensar en violencias

Como dice la encíclica escrita a cuatro manos, que a quien encuentra la Verdad le hace humilde, sabiendo que, más que poseerla él, es ella la que le abraza y le posee. Parece un contrasentido que la Verdad pueda poseernos sin violencia y que nosotros la abrazamos con plena libertad. Este contrasentido es tan sólo una manifestación de nuestros prejuicios y limitaciones. Como seres humanos, que somos, sólo pensamos que es posible poseer y dominar a una persona actuando de forma violenta con ella.

Por esto, este camino de Adviento debería prepararnos para acercarnos al Portal de Belén con humildad, Esperanza y sobre todo, con toda libertad. Dios no nos obliga a seguirle, es nuestra libertad la que nos señala que el único camino es dejar que la Verdad nos posea.


¿Por qué hemos de temer? La Verdad, naciendo del amor puede llegar al corazón, al centro personal de cada hombre. Se ve claro así que la fe no es intransigente, sino que crece en la convivencia que respeta al otro. ¿Dejaremos que la Verdad nos llene y se desborde en nosotros? Si no lo hacemos, las Navidades no pasarán de ser unas bonitas, quizás familiares y consumistas vacaciones. Tenemos un reto por delante.

martes, 3 de diciembre de 2013

En verdad, yo brillo, pero tú, no me miras. Simeón el Nuevo Teólogo

Adviento es un momento prepararse a recibir al Señor en la Navidad. Para recibir al Señor, hay que verlo y en la sociedad que vivimos, esto es cada vez es más difícil. Quisiera reflexionar sobre la pregunta que le hicieron a Cristo, sobre el mandamiento principal:

Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mt 22, 36-40)

En estos tiempos que corren, se nos está olvidando el mandamiento mayor y el segundo más grande, tampoco lo llegamos a tener muy claro. De hecho, en las catequesis, homilías, libros diversos, conferencias, se suele hablar del segundo mandamiento porque nos resulta más cercano y accesible. El primer mandamiento nos resulta complicado de comprender y de hacerlo realidad. Si ya nos cuesta amar al prójimo que vemos, ¿Cómo vamos a amar a Dios si no lo vemos?, pero ¿Realmente no lo vemos?

Para clarificar la cuestión traigo un texto de Simeón el nuevo teólogo, monje ortodoxo que vivió entre el siglo X y el XI. El texto nos habla con una especial clarividencia de este tema:

Cuando cree a Adán, le di el don de poderme ver y por ese don establecerse en la dignidad de los ángeles. Con sus ojos corporales veía todo lo que yo había creado pero también con los ojos de la inteligencia, veía mi rostro, me veía a mí, que soy su Creador. Contemplaba mi gloria y conversaba conmigo en todo momento. Pero, cuando transgrediendo mi mandamiento, saboreó el árbol, se volvió ciego y cayó en la oscuridad de la muerte.

Pero me apiadé de él y vine de lo alto. Yo, el absolutamente invisible, compartí con él la opacidad de la carne. Recibiendo de la carne un principio, llegué a ser hombre y fui visto por todos. ¿Por qué, pues, acepté hacer todo esto? Porque la verdadera razón de haber creado yo a Adán es esta: que me pudiera ver. Cuando se volvió ciego, y, detrás de él todos sus descendientes al mismo tiempo, yo no podía soportar estar en la gloria divina y abandonar a los que había creado con mis manos; pero me hice en todo semejante a los hombres, corpóreo con los corpóreos, y me uní voluntariamente a ellos. Ves tú cuál es mi deseo de ser visto por los hombres. ¿Cómo, pues, puedes decir que me escondo de ti, que no me dejo ver? En verdad, yo brillo, pero tú, no me miras. (Simeón el Nuevo Teólogo.  Himno 53)

Realmente no vemos a Dios con los ojos físicos pero Dios brilla a nuestro alrededor. ¿Dónde podemos ver a Dios? En muchas partes, por ejemplo a través de los trascendentales: Unidad, Bondad, Belleza y Verdad. No creo descubrir ningún misterio si digo que estos cuatro trascendentales han sido demolidos y olvidados por la sociedad en que vivimos. ¿Cómo ver a Dios si olvidamos la Belleza o la Bondad? Simplemente, Dios desaparece de delante de nosotros cuando su manifestación se desprecia o se ignora.

Hemos sustituido la Unidad por la desafectada y lejana tolerancia. La belleza se ha convertido en estética e incluso nos admiramos ante el feismo, llamándolo arte. La bondad se ha convertido en una aséptica, desconfiada y organizada solidaridad. ¿La Verdad? ¿Qué es la Verdad? Preguntó Pilatos. La Verdad se ha sustituido por la realidad subjetiva de cada cual.

Si no somos capaces de amar a Dios. ¿Cómo seremos capaces de ver Su imagen en las personas con las que convivimos? Al ser incapaces de ver a Dios, sólo lo intuimos como un ser lejano e indiferente con nosotros. ¿Cómo, pues, puedes decir que me escondo de ti, que no me dejo ver? En verdad, yo brillo, pero tú, no me miras. Si Dios no está en nuestros hermanos, ¿cómo podremos amarlos?  No cabe duda que no tenemos nada claro en qué consiste amar a Dios sobre todas las cosas, lo que repercute en que amemos a nuestro prójimo de forma sesgada y a veces, equivocada.

Si no sabemos dónde mirar para ver a Dios, ¿Cómo veremos nacer el Niño Dios delante de nosotros en Navidad? Es lógico que la Navidad se haya convertido en una fiesta consumista y mundana. Si Dios no está presente ¿Qué celebra el mundo? Se celebra a sí mismo y se vanagloria de lo que el mismo se ha dado: consumo, fatuidad, tolerancia desafectada, estética feísta, solidaridad aséptica y la total ruptura de la unidad entre nosotros y en nosotros.


En Navidad nace quien viene a salvarnos de todos estos sinsentidos. Nace quien es sentido de todo lo que existe, la Palabra que es Camino, Verdad y Vida. Intentemos ser capaces de ver a Dios y enseñar a las demás personas a verlo.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Arte, vida cotidiana y Adviento.

Para iniciar el Adviento, traigo un breve texto de la obra: Belleza y vida de Fe, del P. Jesús Casás Otero.

Por lo tanto, el equívoco o malentendido, según el cual “la obra de arte sería únicamente obra humana, debe ser eliminado. Dios actúa en el hombre de una forma más de acuerdo con la Verdad que en el terreno de la naturalidad pura y simple” (pseudo Dionisio, Epístola X). Porque en las creaciones del espíritu, lo divino se manifiesta en y a través de la conciencia y al ser la conciencia superior a la naturaleza, será también un medio más adecuado para expresar lo divino en las creaciones artísticas.

[Al hombre] No le satisface ser un individuo separado; parte del carácter fragmentario de su vida individual, para elevarse a una “plenitud” que siente y exige, hacia una plenitud de vida que no puede conoce por las limitaciones de su individualidad, hacia el mundo comprensible y más justo, hacia un mundo con sentido.

Esto nos lleva a la conclusión de que la belleza y el arte, por principio, además de estar perfectamente relacionados, llevan en sí el germen religioso de la estética cristiana. Esta idea coincide con el pensamiento de la patrística que, desde el siglo II, habla de “la semilla del logos inmersa en la naturaleza”. (P. Jesús Casás Otero. El arte y la fe. Capítulo IV)

Pensemos que toda obra del ser humano puede ser una obra de arte o una simple respuesta a una necesidad funcional. Nuestra labor profesional, espiritual o evangelizadora, puede ser realizarse con un sentido que trascienda lo necesario o simplemente ajustarse a las necesidades de cada momento.

Hay que tener mucho cuidado con todo discurso que comienza por “lo mejor”, “lo principal”, “lo que prefiero”, porque nuestra psicología y naturaleza, tienden a quedarse con lo se destaca, olvidando todo lo que desde ese momento parece secundario. Si decimos que lo principal de una casa es que tenga techo, no implica que despreciemos los muros, ventanas, puertas, etc. ¿Qué sentido tiene un techo plantado en la nada? Por ejemplo, ¿Qué sentido tiene evangelizar sin una comunidad que recoja y de sentido a las personas que se acerquen al mensaje de Cristo?

Nos han educado para que aceptemos el funcionalismo minimalista como estándar de nuestra vida, lo que contradice las palabras de Cristo. En la parábola de los talentos, el Señor no se conforma con que se le devuelva lo mismo que nos ha prestado. Espera de nosotros más que el mal menor que preferimos y que está bien visto por la sociedad. Aumentar los talentos supone colaborar con Dios y aceptar que la Gracia actúe en nosotros. Igual que el grano de mostaza, “la semilla del logos inmersa en la naturaleza” necesita cuidados para crecer y dar frutos. ¿Podemos devolver la semilla, tal cual, diciendo que salimos a sembrar con buena voluntad, pero que se nos olvidó el sentido de nuestra evangelización?

Pensemos que “en las creaciones del espíritu, lo divino se manifiesta en y a través de la conciencia”. Quien no tiene conciencia de lo que hace, difícilmente puede ser una herramienta de Dios.


Estamos ya en Adviento. Es el tiempo litúrgico del despertar de lo cotidiano, para empezar a prepararnos para la cercana Navidad. La preparación conlleva hacer examen de conciencia de aquellos talentos que no dan todos los frutos que sería deseable. Como los Magos de Oriente, tenemos que trabajar, observar el cielo y trazar el camino que hemos de seguir detrás de la Estrella. Tenemos que tener confianza en la Estrella y no desesperar en el camino. Tampoco podemos dejarnos arrastrar por las tendencias o modas que se dan, tanto dentro como fuera de la Iglesia. La Estrella nos guía y nos llevará hasta el Niño Dios, en la noche de Navidad.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...