sábado, 26 de junio de 2010

La Tradición

Muchas veces hablamos de la Tradición, entendiéndola como una serie de costumbres, sin más sentido que ser repetidas. La entendemos como algo muerto, algo que pervive por la tozudez de unos cuantos apegados a las formas.

Pero la Tradición es algo vivo que nos une con nuestros hermanos de pasado, del futuro y nos hace Iglesia universal. La aparente falta de sentido no es más que ignorancia y desdén por conocer y entender.

Es fácil aceptar lo que el mundo nos indica : nada es eterno, todo cambia y solo puede ser considerado como relativo. Nos han acostumbrado a rechazar que desde el comienzo de los tiempos, el plan de Dios actúa con un sentido definido y evidente. Pero quien busque y le sea dado el don del entendimiento, podrá ver que Dios es Amor y este Amor va más allá de nuestros cómodos y plácidos relativismos.

Os traigo un fragmento de la catequesis de Benedicto XVI: "La Tradición permite la comunión entre los cristianos de todos los tiempos". Espero que os guste:

La Tradición es la comunión de los fieles alrededor de los legítimos pastores en el transcurso de la historia, una comunión que el Espíritu Santo alimenta asegurando el nexo entre la experiencia de la fe apostólica, vivida en la comunidad originaria de los discípulos, y la experiencia actual de Cristo en su Iglesia. En otras palabras, la Tradición es la continuidad orgánica de la Iglesia, Templo santo de Dios Padre, edificado sobre el fundamento del Espíritu: «Así pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios, edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular, Cristo mismo, en quien toda edificación bien trabada se eleva hasta formar un templo santo en el Señor, en quien también vosotros estáis siendo juntamente edificados, hasta ser morada de Dios en el Espíritu» (Efesios 2,19-22). Gracias a la Tradición, garantizada por el ministerio de los apóstoles y de sus sucesores, el agua de la vida surgida del costado de Cristo y su sangre salvadora llega a las mujeres y a los hombres de todos los tiempos. De este modo, la Tradición es la presencia permanente del Salvador que nos sale al encuentro, nos redime y santifica en el Espíritu a través del ministerio de su Iglesia para gloria del Padre.

Concluyendo y resumiendo, podemos por tanto decir que la Tradición no es la transmisión de cosas o de palabras, una colección de cosas muertas. La Tradición es el río vivo que nos une a los orígenes, el río vivo en el que los orígenes siempre están presentes. El gran río que nos lleva al puerto de la eternidad. En este río vivo se realiza siempre de nuevo la palabra del Señor, que hemos escuchado al inicio de los labios del lector: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mateo 28, 20). (Benedicto XVI)

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Señor alabado seas por darnos sentido como cristianos por medio de la Tradición. gracias por no dejarnos sin guía ni sentido. Solo tu tienes palabras de vida eterna.
Amén

domingo, 20 de junio de 2010

Rendir a Dios nuestro Ser (II)

Cuando se dialoga es importante no creerse en posesión de la Verdad, sino escuchar y aprender de lo que cada persona entiende. Por eso es tan importante definir y sustentar el pensamiento propio, a fin que los demás puedan aprender o mostrar los puntos de discrepancia. Por eso sigo desarrollando el tema de la necesidad de rendirse totalmente a Dios y hacerlo en todo lo que somos y en todo momento.

Cristo dejó claro que no se puede servir a dos Señores (Mt 6,24). No se puede tener una doble escala de valores con las que atender las circunstancias según estemos en tal o cual situación. También dejó claro que a Dios es necesario ofrecerle lo que es suyo y al Cesar (el mundo) lo que le es propio (Mt 22,21). Es cierto que el pasaje de los impuestos se interpreta, a menudo, de manera que la fractura entre Dios y el mundo se localiza en nuestro interior. Respeto ese entendimiento aunque no lo comparto. Si leemos el pasaje evangélico con detenimiento, veremos que el lugar de fractura, son los impuestos que se pagan con monedas simbólicamente pertenecientes al Cesar. Queda claro que las monedas están marcadas con el símbolo del mundo y que son, por lo tanto, del mundo. Al Cesar lo que es del Cesar. ¿Somos nosotros parcial o totalmente del Cesar? Tras el bautismo, estamos marcados por la gracia de Dios y la marca del Cesar ha quedado borrada. No somos el mundo. Por eso el mundo nos odia.

Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí. Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia.

Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes.

Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió. (Jn 15-18-21)

Esta comprensión del punto de ruptura vuelve a quedar clara en la carta a Diogneto, donde se muestra cómo se relaciona el cristiano con el mundo:

Los cristianos no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su lengua, ni por sus costumbres. En efecto, en lugar alguno establecen ciudades exclusivas suyas, ni usan lengua alguna extraña, ni viven un género de vida singular. La doctrina que les es propia no ha sido hallada gracias a la inteligencia y especulación de hombres curiosos, ni hacen profesión, como algunos hacen, de seguir una determinada opinión humana, sino que habitando en las ciudades griegas o bárbaras, según a cada uno le cupo en suerte, y siguiendo los usos de cada región en lo que se refiere al vestido y a la comida y a las demás cosas de la vida, se muestran viviendo un tenor de vida admirable y, por confesión de todos, extraordinario. Habitan en sus propias patrias, pero como extranjeros; participan en todo como los ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña les es patria, y toda patria les es extraña.

Se casan como todos y engendran hijos, pero no abandonan a los nacidos. Ponen mesa común, pero no lecho. Viven en la carne, pero no viven según la carne. Están sobre la tierra, pero su ciudadanía es la del cielo. Se someten a las leyes establecidas, pero con su propia vida superan las leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los desconoce, y con todo se los condena. Son llevados a la muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos. Les falta todo, pero les sobra todo. Son deshonrados, pero se glorían en la misma deshonra. Son calumniados, y en ello son justificados. «Se los insulta, y ellos bendicen». Se los injuria, y ellos dan honor. Hacen el bien, y son castigados como malvados. Ante la pena de muerte, se alegran como si se les diera la vida. Los judíos les declaran guerra como a extranjeros y los griegos les persiguen, pero los mismos que les odian no pueden decir los motivos de su odio. (carta a Diogneto)

Disponemos de otro pasaje evangélico en donde se vuelve a mostrar que el lugar de la fractura no puede ser interior… ya que de esa forma nuestro bautismo carecería de sentido: las negaciones de Pedro (Mt 26,69-75).

Pedro negó tres veces que conociera a Cristo y lo hizo ante el mundo, de forma pública. En su interior cada negación no era más que una forma de vivir sin padecer el odio del mundo. Cada negación fue una ausencia de proclamación de la Fe, ante quienes la ponen en entredicho. Tras cantar el gallo, se dio cuenta de la grieta que se había producido en si mismo y de la necesidad de la Gracia de Dios para superarla. Esto es más evidente, si pensamos que fue Pedro el que respondió que Jesús era el Hijo de Dios, frente a lo que el mundo decía de El. (Mt 16,13-20)

¿Qué sucede cuando nuestra profesión de Fe se hace de forma pública y esto “molesta” a quienes no profesan nuestra Fe? Se puede indicar con toda legitimidad que a los cristianos no nos gustaría ver cómo se profesa, equivalentemente, por parte de otras religiones y/o ideologías. Sobre todo si quien profesa lo hace desde una posición de poder civil.

Se podría decir que no deseamos hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros. Pero hay algo que no encaja, ya que Cristo nos dijo que no solo debíamos soportar a nuestros enemigos… les teníamos que amar. ¿Les amamos resguardándolos de oír y presenciar nuestra Fe?

Reformulemos la pregunta: ¿Es contrario al cristianismo expresar la Fe ante quien le repugna o es contrario a ella? Evidentemente no lo es, ya que esto es precisamente evangelizar. (Mc 16, 15)(Mt 28, 19)(Lc 24, 47) Los mártires han sido testimonio vivo de esta manera de comprender el Compromiso cristiano.

Si pensamos que debemos ser levadura que al morir transforma la harina en pan, … no es difícil darse cuenta de la insensata sensatez de la carta a Digneto. Nuestra Fe busca transformar el mundo… no hacerse afable cómplice de el. Pero no debemos pensar en una transformación cruenta, violenta o impuesta. Nada de eso. Es simplemente la fermentación del mundo, que se transforma al morir la levadura contenida en el.

Si el estado estima que ser cristiano y profesar de forma publica la Fe, es incompatible con sus principios e incapacita para ejercer puestos o cargos… solo se evidencia lo que el carta a Diogneto nos relataba entre el siglo I y II:

No somos de este mundo y por eso el mundo nos odia.

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Señor, la danos capacidad de ser sinceros ante el mundo y ante nuestros hermanos. Danos la Fe necesaria para padecer por tu Nombre. Danos fortaleza, sabiduría y templaza, para no dejarnos llevar por el mundo.

Tú no viniste para traer la paz al mundo… sino a traer el fuego que hace arder al mundo. Pero no se trata de un fuego violento o impuesto…
es el fuego de la conversión.
Amén

viernes, 18 de junio de 2010

Rendir a Dios nuestro Ser

Dijo Cristo a Pilatos: «No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubieran dado de arriba» (Jn 19,11)

Aunque no suelo entrar en la actualidad diaria, de vez en cuando, la actualidad muestra facetas que pueden ser entendidas desde el punto de vista sagrado.

Hace unas semanas se producía en España un hecho singular. El ministerio de defensa prohibió la tradicional presencia y participación de militares en la procesión del Corpus Christi de Toledo. La ministra de defensa explicó esta decisión diciendo que rendir honores militares a símbolos religiosos «no va con los tiempos constitucionales. Si ustedes no entienden eso, quienes no están con los tiempos son simplemente ustedes».

Lo primero que me planteo es la razón para prohibir que un militar rinda honores a Dios de forma pública. ¿Por qué una persona, en su integridad de ser y si así lo desea, no puede honrar a Dios de forma pública? ¿Qué hay detrás de la prohibición? ¿Está realmente fuera de nuestro tiempo hacerlo?

La actitud de la ministra evidencia el modelo de ser humano que nos desean imponer. Un modelo de ser humano que nos interpreta como seres rotos o divididos internamente. Dice el modelo que... mientras actúes como militar, Dios no entra en tu esfera vital... pero cuando te quites el uniforme… haz lo que quieras. Eres un ser divido según la ropa que vistes y el momento en donde actúas. No tienes continuidad en tu ser.

Dice el refrán “divide y vencerás”. Predicar que un trozo “de lo que somos” puede hacer esto, pero “otro trozo” no lo puede hacer… es demencial. Separar, romper, desunir es siempre algo diabólico… ya que ésta es precisamente la etimología de la palabra (dia-bolos es lo que separa o rompe la integridad).

¿En qué tiempos vivimos? El tiempo de la ruptura interna y externa. Un tiempo en donde un jarrón roto e incomprensible, se considera más valioso que un jarrón completo y lleno de significado. Aunque, curiosamente, el jarrón roto termine siendo despreciado, cuando deja de ser útil a la sociedad o pierda su valor monetario. Un tiempo en donde las leyes son las herramientas para recrearnos a imagen de los intereses del poderoso de turno.

Hay quien, desde su cristianismo particular, acepta, promociona y aplaude esta rotura interna del ser humano. Dicen que Dios no puede querer ser honrado en nuestra totalidad del ser. Aunque esta postura sea respetable, es necesario mostrar qué sí tiene sentido que un militar cristiano honre a Dios de forma pública. Como cristiano, que sabe que Cristo es el camino, la Verdad y la Vida, no puedo menos que desear que todo poder terrenal se abaje y se incline ante la Verdad.

Dicho esto, respeto completamente a las personas que no desean hacerlo. Nadie debe obligar a un militar a postrarse y ponerse debajo del poder de Dios.

Adicionalmente, hay quien se pregunta por el sentido de tocar el himno nacional o de presentar las armas ante Dios. Desde mi punto de vista vuelven a romper la realidad, proscribiendo lo sobrenatural a nuestro interior. Me pregunto, qué otro sentido puede tener rendir todo poder terrenal a la voluntad suprema, que mostrar que Dios está por encima de todas la voluntades particulares y realidades temporales.

También hay quien no entiende que las autoridades estén presentes en las procesiones. Evidentemente, esto que no tiene sentido si las autoridades no creen en Dios.. Pero si creen y entienden que todo poder terrenal es reflejo del poder de Dios y que es Dios quien concede este poder… ¿Dónde se puede demostrar mejor que de forma pública?

En este tipo de posicionamientos nos damos cuenta de cuantas maneras existen de entender el mensaje cristiano y lo contradictorias que pueden ser. Entonces ¿Cuál es el verdadero mensaje de Cristo? Decididamente creo que es aquel que nos conduce a la unidad en nuestro interior y exterior. Es el que nos pide testimonio por encima de las leyes humanas que se puedan dictar.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. (Mt 5,1-12)

Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre (Lc 6,20-23)

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Señor no busco sufrir, pero no me importa afrontar el sufrimiento si mi vida es testimonio de Ti.
Amén

jueves, 17 de junio de 2010

La naturaleza de Dios no es visible.

La naturaleza de Dios no es, como algunos creen, visible para unos e invisible para otros, pues no dice el apóstol "la imagen de Dios invisible" para los hombres o invisible para los pecadores, sino que con gran firmeza hace una declaración sobre la misma naturaleza de Dios diciendo: "imagen del Dios invisible".

Asimismo, Juan en su Evangelio, al decir que "a Dios nadie le vio jamás" (Jn. 1,18), declara manifiestamente a todos los que son capaces de entender, que no hay ninguna naturaleza para la cual Dios sea visible; y no porque, siendo visible por naturaleza escape y exceda a la visión de la criatura demasiado frágil, sino porque es naturalmente imposible que sea visto. Y si me preguntaras cuál es mi opinión del mismo Unigénito y dijere que tampoco para Él es visible la naturaleza de Dios, que es naturalmente invisible, no te apresures a juzgar esta respuesta impía o absurda. En seguida te diré la razón.

Una cosa es ver y otra conocer; ser visto y ver son cosas propias de los cuerpos; ser conocido y conocer es propio de la naturaleza intelectual. Por consiguiente, lo que es propio de los cuerpos no se ha de pensar del Padre ni del Hijo. En cambio, lo que pertenece a la naturaleza de la deidad es común al Padre y al Hijo (constat ínter Patrem et Filium). Finalmente, tampoco Él mismo dijo en el Evangelio que nadie vio al Padre, sino el Hijo, ni al Hijo sino el Padre, sino que dice: "Nadie conoce al Hijo, sino el Padre, y nadie conoce al Padre, sino el Hijo" (Mt 11,27). Con esto se indica claramente que lo que entre naturalezas corpóreas se llama ser visto y ver, entre el Padre y el Hijo se llama conocer y ser conocido, por la facultad del conocimiento, y no por la fragilidad de la visualidad. Por consiguiente, como de la naturaleza incorpórea e invisible no se dice propiamente que ve ni que es vista, por eso no se dice en el Evangelio que el Padre es visto por el Hijo, ni el Hijo por el Padre, sino que son conocidos.

Y si alguien nos pregunta por qué está dicho: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt 5,8), nuestra posición, a mi juicio, se afirmará mucho más con esto, pues ¿qué otra cosa es ver a Dios con el corazón, sino entenderle y conocerle con la mente, según lo que antes hemos expuesto? En efecto, muchas veces los nombres de los miembros sensibles se refieren al alma, de modo que se dice que ve con los ojos del corazón esto es, que comprende algo intelectual con la facultad de la inteligencia. Así se dice también que oye con los oídos cuando advierte el sentido de la inteligencia más profunda. Así decimos que el alma se sirve de dientes cuando come, y que come el pan de vida que descendió del cielo.(Orígenes de Alejandría. Los Principios)

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Es imposible ver a Dios de forma física, medirlo o analizarlo en una probeta. Orígenes lo tenía absolutamente claro.

Cabría preguntarse si es posible conocer algo sin verlo. La ciencia nos demuestra que esto es totalmente posible. Por ejemplo, se conocen la estructura interna del átomo o que las partículas elementales poseen una doble naturaleza (onda y corpúsculo) sin que podamos llegar a verlas.

¿Cómo conocer a Dios entonces? Veni Creatur Spiritus... Tenemos que rogar para que el Espíritu Santo haga aparecer en nosotros los Dones necesarios. Sin el Espíritu Santo, no podemos ir más allá de crear hipótesis, más o menos aceptables, que nunca podrán ser comprobadas. Dios se refleja en las analogías y en los paradigmas de la naturaleza. Dios se revela por medio de nuestra naturaleza y por medio de la sacralidad. Dios aparece en nosotros mismos evidenciamos que somos imagen suya.

Pero no podemos partir de que nosotros mismos nos bastamos para conocerle. Tenemos que buscar la limpieza de corazón necesaria para "ver a Dios" en todo lo que nos rodea y en nuestros hermanos. Esta pureza tampoco es algo que podamos conseguir por nosotros mismos. Sin el Don de Dios, trabajaremos años sin llegar más allá de los primeros pasos.

Sin humildad no hay conocimiento de Dios. Sin paciencia y confianza, el camino será imposible de seguir. Sin valentía y tesón, nunca nos pondremos en camino.

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Señor envíanos la Luz de tu Espíritu. Amén

jueves, 3 de junio de 2010

El mandamiento principal

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?" Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas". (Mt 22, 34-40)

Perdonen por volver al tema y al mismo texto evangélico que hace un año,… pero creo que no se agota en una, dos o diez mil pasadas.

El principal mandamiento es amar a Dios con toda nuestro corazón, alma y espíritu. Pero solo podemos amar lo que conocemos.

Una vez conocemos a Dios, en la medida que Dios mismo se nos revela de forma pública y particular, entendemos el texto del Génesis:

Y dijo Dios: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra. Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, varón y mujer los creó (Gn 1, 26-27)

Conociendo a Dios podemos encontrarlo en nosotros mismo y darnos valor, en todo lo que seamos imagen de Dios. Viendo la imagen de Dios en nosotros, entendemos a Cristo cuando nos dice que el segundo mandamiento es semejante al primero: Amar al prójimo como a nosotros mismos… ya que al hacerlo, encontramos y amamos a Dios.

Pero… ¿Cómo conocemos a Dios para poderlo amar?

La respuesta más completa que conozco es mediante el entendimiento, la emotividad y la acción. Todas en igualdad y armonía. Es cierto que cada persona tiene una proporción interior que le predispone a caminar cada una o varias de estas dimensiones. Pero aún así debemos rogar a Dios para que nos permita recibir los dones del Espíritu y mediante ellos, poder llegar a entender más allá de nuestras limitaciones.

El Dios no es algo etéreo, inconsistente e informe. Haciendo un símil geométrico, Dios tiene forma y esa forma es absoluta e indiscutible. La forma se nos revela en todo lo que nos rodea... por mucho que nos parezca que “todo cambia” y que nada tiene consistencia.

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Señor ayúdanos a entender que eres el Camino que lleva a Dios.
Señor aýudanos a entender que eres la Verdad que está más allá de toda duda.
Señor, ayúdanos a entenderte en todo lo que es Vida entro y fuera nuestra.
Amén.

domingo, 30 de mayo de 2010

De Trinitate

El que no confiesa la comunidad de la esencia en la Divinidad cae en el politeísmo; la naturaleza del Padre, la del Hijo y la del Espíritu Santo es una e idéntica. Sin embargo, en la Divinidad una, la identidad de la naturaleza está diversificada en tres Hipóstasis, de tal manera que la individualidad de las Personas se encuentra en una esencia, y la única Divinidad se reconoce en tres Hipóstasis perfectas. (Epístola II, 10, San Basilio)

El Padre existe y posee el ser perfecto, raíz y fuente del Hijo y del Espíritu Santo. El Hijo existe, en plenitud de divinidad, Verbo viviente e Hijo sin defecto del Padre. El Espíritu es también pleno, perfecto y completo, considerado en Sí mismo. (Homilía 24, Contra los Sabelianos, 4, San Basilio)

Es imposible ver la Imagen del Dios invisible, salvo en la iluminación del Espíritu. Quien fija los ojos en la Imagen no puede separar de ella la luz, pues lo que causa la visión es visto necesariamente con lo que se ve. Así, propiamente hablando, por la iluminación del Espíritu, discernimos el esplendor de la gloria de Dios (el Hijo: Hb 1:3), y por la Impronta (el Hijo) somos conducidos a la gloria de Aquél (el Padre) a quien pertenecen la Impronta y el sello de la misma forma (el Espíritu Santo) (Sobre el Espíritu Santo, 26, San Basilio)

San Basilio de Cesarea (ca. 330 -1 de enero, 379), llamado Basilio el Magno, fue obispo de Cesarea, y preeminente clérigo del siglo IV. Es santo de la Iglesia Ortodoxa y uno de los cuatro Padres de la Iglesia Griega, junto con San Atanasio, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo. Basilio, Gregorio Nacianceno, y Gregorio de Nisa (hermano de Basilio) son denominados Padres Capadocios. Es santo y doctor de la Iglesia Católica.

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Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador de cielo y tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

jueves, 20 de mayo de 2010

Veni Creator Spiritus


De la catequesis XV de San Cirilo de Jerusalén, tomo estos párrafos que hablan del Espíritu Santo:

Diversos sentidos de la palabra «espíritu»

13. Pero puesto que acerca del Espíritu Santo, con un nombre único y común, se han dicho muchas cosas diversas en la Sagrada Escritura y puede temerse que alguien las confunda por ignorancia por no saber a qué espíritu se refiere lo que allí está escrito, es preciso señalar ciertas características seguras del Espíritu al que la Escritura llama Santo. Pues así como Aarón es llamado «cristo» y también David, Saúl y otros son llamados «cristos», y sin embargo es único el verdadero Cristo, así también, una vez que se atribuye la denominación de «espíritu» a diversas realidades, es estupendo ver a quién se llama, por algún motivo peculiar, Espíritu Santo. Pues son muchas las cosas que se llaman «espíritu», pues un ángel es llamado «espíritu», se llama «espíritu» a nuestra alma y al viento que sopla se le llama «espíritu». También una gran virtud es llamada «espíritu» y es denominada «espíritu» una acción impura. Incluso el Demonio, el Adversario, es llamado «espíritu». Cuídate, pues, cuando oigas estas cosas, de que, por la semejanza de la denominación, no confundas una cosa con otra. Pues de nuestra alma dice la Escritura: «Su soplo exhala, a su barro retorna», y del alma dice a su vez: «Que modela el espíritu del hombre en su interior» (Zac 12, 1). Y de los ángeles dice en los Salmos: «Que hace a sus ángeles espíritus y llama de fuego a sus servidores». Y del viento dice: «Tal el viento del Este que destroza los navíos de Tarsis» (Sal 48, 8). Y además: «Como el árbol es agitado por el viento en el bosque». Y: «Fuego y granizo, nieve y bruma, viento tempestuoso, ejecutor de su palabra» (Sal 148, 8). Y de la buena doctrina dice el Señor mismo: «Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida» Un 6, 63), es decir, son espirituales. Pero el Espíritu Santo no es algo que se exhala hablando con la lengua, sino alguien vivo, que nos concede hablar con sabiduría, siendo él mismo el que se expresa y habla.

El Espíritu Santo sugiere, habla y enseña

14. ¿Quieres darte cuenta de cómo crea palabras y habla? Felipe, por revelación de un ángel, bajó por el camino que llevaba hasta Gaza, cuando llegaba el eunuco. Y dijo el Espíritu a Felipe: «Acércate y ponte junto a ese carro» (Hech 8, 29). ¿Ves cómo el Espíritu habla al que le oye? Y Ezequiel dice así: «El espíritu de Yahvé irrumpió en mí y me dijo: "Di: Así dice Yahvé"» (Ez 11, 5). Por otra parte, «dijo el Espíritu Santo» a los apóstoles, que estaban en Antioquía: «Separadme ya a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado» (Hech 13, 2). Ves al Espíritu que está vivo, que segrega y que llama, y que envía con poder. Y Pablo dice: «Solamente sé que en cada ciudad el Espíritu Santo me testifica que me aguardan prisiones y tribulaciones» (20, 23). El es el que santifica a la Iglesia, su auxiliador y su maestro, el Espíritu Santo maestro, del que dijo el Salvador: «Os lo enseñará todo», y no dijo sólo «os lo enseñará», sino también «os recordará todo lo que yo os he dicho» (Jn 14, 26). Pues no son unas las enseñanzas de Cristo y otras las del Espíritu Santo, sino claramente las mismas. De las cosas que habían de suceder dio Pablo testimonio con anterioridad, para que, mediante un conocimiento previo, el ánimo se sintiese más firme. Y estas cosas se os han dicho por aquella sentencia: «Las palabras que os he dicho son espíritu» (Jn 6, 63), de modo que no pienses que éste (el Espíritu) es sólo algo que nosotros decimos, sino doctrina sólida.

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La doctrina es la manera recta y ajustada de entender las verdades de nuestra Fe. Sin esta doctrina, estaríamos a merced de la subjetividad de cada uno de nosotros. Las enseñanzas de Cristo no pueden contradecirse con las del Espíritu Santo. Nunca podremos encontrar revelaciones particulares que pongan en cuestión la Palabra de Cristo y la Doctrina que le da consistencia.

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Veni, creator Spiritus
mentes tuorum visita,
imple superna gratia,
quae tu creasti pectora.

Qui diceris Paraclitus,
altissimi donum Dei,
fons vivus, ignis, caritas
et spiritalis unctio.

Amén


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