
"Así pues, cuando el Espíritu se movía, la creación no tenía gracia alguna. Pero después que también la creación de este mundo recibió la actividad del Espíritu, mereció toda esta belleza de gracia con la que el mundo resplandeció. Y que sin el Espíritu Santo no puede permanecer la gracia del universo, lo declara el profeta diciendo: 'Les quitas su Espíritu y expiran y se convierten en el polvo que eran. Envías tu Espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra' (Salm 103,20-30). No sólo, pues. Enseñó que sin el Espíritu no puede mantenerse en pie la creación, sino también (enseñó) que el Espíritu es creador de toda la creación.... Por tanto, el parto de la Virgen es obra del Espíritu, el fruto del vientre es obra del Espíritu, según lo que está escrito: 'Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre (Lc 1,42).
La flor de la raíz es obra del Espíritu. Me refiero a aquella flor de la que bien se profetizó: 'Brotará un retoño de la raíz de Jesé y una flor surgirá de su raíz' (Is 11,1). La raíz de Jesé son los patriarcas de los judíos, el retoño María, la flor de María Cristo que habiendo de esparcir por todo el mundo el buen olor de la fe germinó del seno virginal,... la flor aun cortada conserva su olor, y machacada lo aumenta y ni arrancada lo pierde. Así también el Señor Jesús en aquel patíbulo de la cruz ni estando contrito se marchitó, ni arrancado se perdió (su perfume), y herido con aquella punción de la lanza refloreció más hermoso con el color sagrado de su sangre derramada, sin saber en qué consiste el morir y exhalando para los muertos el don de la vida eterna. En esta flor de retoño descansó el Espíritu Santo". (S. Ambrosio de Milán, Tratado sobre el Espíritu Santo II,33.38-39)
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De pequeño viví los inicios del movimiento carismático dentro de la Iglesia Católica. Allá por 1972-73, una vecina (evangélica) nos invitó a sus oficios y a un grupo de oración pentecostal. Dentro de esa comunidad tuvimos el primer contacto con las manifestaciones del Espíritu Santo. Mi madre, que era una católica convencida, le pareció interesante todo lo que esas gentes vivían y se informó sobre la existencia de ese movimiento dentro de la Iglesia.
En una iglesia cercana a nuestro domicilio, concretamente en San Francisco de Dos Ríos (Costa Rica) asistimos durante un tiempo a las reuniones del grupo carismático, recién formado. El movimiento carismático católico nació en el Estados unidos tan solo 5 años antes. Recuerdo como yo asistía, con sorpresa, a las reuniones. Con 7 años, eso de hablar en lenguas, trances, curaciones y otras manifestaciones, me parecían algo mágico y alejado de la normalidad eclesial. El tiempo pasó y con diez años cumplidos, vine a vivir a España y dejamos de tener contacto con la renovación carismática.
Los años han pasado y de vez en cuando retomo mis recuerdos de lo vivido en aquellos años. Me pregunto principalmente por qué la maravillosa renovación carismática no ha llegado a integrarse de la vida de la Iglesia. Si el Espíritu Santo actúa en ella, ¿qué sucede?
Según lo que he ido preguntando e indagando por los mundos virtuales… la renovación carismática está presente en muchas parroquias, pero es minoritaria con frecuencia. Por ejemplo, en ninguna de las parroquias en las que he vivido (3) he encontrado a estos grupos.
Me pregunto por qué se esconde el Espíritu Santo en determinados reductos.
Retomando el texto de San Ambrosio, podemos hacer una breve descripción de cómo actúa el Espíritu. El Espíritu Santo es creador y vivificador. No se detiene ante las murallas ni se deja recluir en espacios cerrados. La creación es bella por naturaleza y capaz de conmover profundamente. El Espíritu es “flor que surge de la raíz”… es decir, toma como base la Tradición para dar vigor hasta a la rama más seca. Los frutos del Espíritu no se marchitan y se difunden a través de sus obras.
¿Entonces? Me parece que algo falla. No logro entender qué sucede.
Buscando sobre el tema, localicé una página web de una comunidad de oración en Argentina, que me pareció especialmente interesante, ya que trataban este tema y daban la posibilidad de descargar un libro que analiza qué sucede dentro de la renovación carismática. La comunidad es la "Escuela de Oración y Crecimiento Espiritual Contempladores del Sagrado Corazón de Jesús" y el libro se titula “Renovar la renovación carismática católica” de Juan Franco Benedetto.
Allí encontré la siguiente reflexión:
Por lo tanto resulta muy evidente que la dificultad que hoy subsiste en la Renovación Carismática para avanzar más en la búsqueda de la santidad tiene su raíz en el divorcio que existe entra la “nueva” experiencia carismática y el gran tesoro tradicional de la Iglesia, en cuanto a la “vieja” teología mística y todo lo que ella enseña respecto al camino de la perfección cristiana.
Sin embargo, este alejamiento de la R.C.C. de considerar el “viejo” camino tradicional de la vida espiritual, básicamente por un desconocimiento y falta de interés en el mismo, no es privativo de la Renovación, sino que es algo inherente a gran parte de los diversos estamentos y realidades que conforman nuestra Iglesia Católica contemporánea. (J.F. Bendetto, Renovar la renovación carismática católica)
En resumidas cuentas, la experiencia de la Renovación carismática católica y de otros grupos y corrientes, demuestra que el Espíritu Santo está dispuesto a manifestarse en quienes con Fe y sinceridad le llaman. Pero no logramos llamarlo más allá de el plano vivencia y emotivo. Las dimensiones cognitivas y de compromiso también necesitan de la labor de Espíritu y no nos sentimos capaces de llamarlo y aceptarlo. Encima no nos desarrollamos como cristianos plenos y nuestra Fe se queda enquistada en dimensiones determinadas.
¿Se puede llamar al Espíritu cantando gregoriano? ¿Se puede llamar al Espíritu para escribir sobre la Tradición? ¿Se puede llamar al Espíritu para ayudar comprometidamente a quienes sufren? ¿Podremos alabar a Dios en todo lo que hacemos y en todo momento? ¿Qué nos impide colaborar con esta nueva renovación? ¿A qué esperamos?
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Veni, Sancte Spiritus,
Veni, nostri cordium,
Et emitte caelitus
Lucis tuae radium.
Veni, pater pauperum,
Veni, dator munerum,
Veni, lumen cordium.
Consolator optime,
Dulcis hospes animae,
Dulce refrigerium.
In labore requies,
In aestu temperies,
In fletu solatium.
O lux beatissima,
Reple cordis intima
Tuorum fidelium.
Sine tuo numine
Nihil est in homine,
Nihil est innoxium.
Lava quod est sordidum,
Riga quod est aridum,
Sana quod est saucium.
Flecte quod est rigidum,
Fove quod est frigidum,
Rege quod est devium.
Da tuis fidelibus
In te confidentibus
Sacrum septenarium.
Da virtutis meritum,
Da salutis exitum,
Da perenne gaudium.
Amen. Alleluia.





