Hemos dicho religiosamente que nuestra jerarquía tiene como objeto hacer que logremos la mayor semejanza y unión con Dios, Pero la Sagrada Escritura nos enseña que lo conseguiremos sólo mediante la fiel observancia de los mandamientos divinos y las prácticas piadosas.
“Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará y vendremos a él en él haremos morada”(Jn 14,23) ¿Cual es, pues, el punto de partida para la práctica devota de los mandamientos divinos? Es este: Preparar nuestras almas para oír la palabra sagrada, acogiéndola con la mejor disposición posible; estar abierto a la actuación de Dios; desear el camino que nos lleva hasta la herencia que nos aguarda en el Cielo y recibir nuestra divinísima regeneración sagrada.
Como ha dicho nuestro ilustre maestro, en plano intelectual es ante todo el amor de Dios lo que nos mueve hacia lo divino. Realmente, el primer impulso de este amor es poner en práctica los mandamientos divinos manifiesta de manera inefable nuestra existencia divina. Divinizarse es nacer Dios en nosotros. Nadie podría entender y menos practicar las virtudes recibidas de Dios si no hubiese ya comenzado a estar en Dios. En el plano humano, ¿no necesitamos existir antes que actúen las potencias? Lo que no existe, ni se mueve ni siquiera comienza a existir. Sólo lo que de alguna manera tiene existencia produce o recibe la acción conforme a su modo de ser. Me parece que esto es evidente. (Pseudo Dionisio Areopagita. La Jerarquía Eclesiástica. Cap II)
--oOo--
Quizás lo que sorprenda de este texto sea la referencia a la jerarquía y su objetivo de unirnos a Dios. Sobre todo en estos tiempos en que todo lo que nos suene a obediencia se relaciona con esclavitud. Pero la jerarquía no busca esclavos sino crear cristianos libres que decidan unirse a Dios por propia voluntad. Además, jerarquía nos une entre nosotros y nos cohesiona. No es ninguna referencia inoportuna, ni mucho menos. La labor de la jerarquía es imbricar, conducir y potenciar lo que por nosotros mismos sería imposible.
Estamos en tiempo de Adviento y esto nos predispone a prepararnos a recibir a Cristo de manera personal y colectiva. Dionisio nos habla del nacimiento de Dios en nosotros y de lo que necesitamos para ello: Observancia de los mandamientos y práctica piadosa.
¿Por dónde empezamos? Pues por preparar nuestra alma para oír la palabra sagrada, estar abiertos a la voluntad de Dios y desear andar el camino hacia nuestra Navidad del Corazón. Para avanzar en el plano intelectual, necesitamos de amor a Dios, ya que sin este amor, no tendremos motivación alguna para profundizar en el entendimiento de las Sagradas Escrituras y la Liturgia.
Leer este texto en Adviento nos llena de esperanza, ya que afirma que si buscamos entender y practicar las virtudes de Dios,... Dios ya está presente en nosotros. La semilla ha comenzado a germinar. Gracias Señor. Marana-thá
--oOo--
Señor, líbranos de todo mal en el camino hasta la Navidad
Deseamos recibir a Cristo en nosotros
y poder compartirlo con todos lo que lo necesiten
Gracias por la semilla que germina en nuestro corazón.
Corazón que centralidad de nuestro ser en Ti.
Amén






