domingo, 17 de marzo de 2013

Misericordia Señor...


Dios decía a Santa Catalina: El pecado imperdonable, en este mundo y en el otro, es aquel que despreciando mi misericordia no quiere ser perdonado. Por esto lo tengo por el más grave, porque el desespero de Judas me entristeció más a mí mismo y fue más doloroso para mi hijo que su misma traición. Los hombres serán condenados por este falso juicio que les hace creer que su pecado es más grande que mi misericordia. Serán condenados por su injusticia cuando se lamentan de su suerte más que de la ofensa que me hacen a mí.

Porque esta es su injusticia: no me devuelven lo que me pertenece ni se conceden a ellos mismos lo que les pertenece. A mí me deben amor, el arrepentimiento de su falta y la contrición; me los han de ofrecer a causa de sus faltas, pero hacen justo lo contrario. No tiene amor y compasión más que por ellos mismos ya que no saben más que lamentarse sobre los castigos que los esperan. Ya ves, cometen una injusticia y por esto se descubren doblemente castigados por haber menospreciado mi misericordia. (Santa Catalina de Siena, Diálogo 37)

Este pasaje de los diálogos de Santa Catalina de Siena me lleva a recordar la parábola del publicano y el fariseo. Quien no reconoce que comete errores, no se deja perdonar por el Señor. Es fuerte el desprecio de la misericordia divina que tan frecuente vemos en nuestra sociedad actual.

Reconocer las debilidades propias puede resultar extraño en el mundo actual, pero es algo resulta ser maravilloso. Comunicar a nuestros hermanos que nos sabemos falibles, que nos equivocamos y que además lo hacemos muchas veces, nos sirve para establecer un vínculo de empatía que es imposible desde la presunción de perfección a la que estamos acostumbrados a ver. No podemos sentirnos cercanos a los demás si nuestras relaciones parten de la prepotencia de quien se siente perfecto. Dos personas se presenten como “seres perfectos” nunca llegarán a amararse y aceptarse.

Hoy en día es impensable ir a una entrevista de trabajo y decir que uno es tan falible como todos los demás seres humanos. ¿Quién nos querría contratar si empezamos diciendo que somos humanos llenos de errores? Vivimos en una sociedad repleta de apariencias y engaños ocultos. Una sociedad que se vende como perfecta, pero que está llena de problemas que no queremos aceptar.

Acercarse al Señor aceptando ser lo que uno es, nos permite abrir las puertas del corazón para que la Gracia del Señor nos transforme. ¿Qué sentido tiene acercamos al Señor despreciando su misericordia? Recordemos la parábola de los invitados al banquete. Los invitados rechazar la comida y esta se ofrece a quienes vagan por los caminos. Pero el Señor sabe que quien llega sin estar preparado para recibir su Gracia, no es mejor que quienes rechazan acercarse al banquete de forma directa.

A veces rechazamos la misericordia de Dios porque vemos que no nos satisface ni nos da beneficios terrenales. Es como el tarro cerrado que rechaza en agua, porque tendría que abrir el tapón y dejarse llenar. Lo que el tarro desconoce es que su dueño lo tirará a la basura por ser inservible.

El momento actual de la Iglesia es extraordinario. La elección del Papa Francisco nos ha llenado gozo, también de sorpresa. Algunas personas todavía no han salido de su asombro y se sienten incapaces de acercarse al banquete que el Señor nos está ofreciendo. Nos hace falta abrir el corazón y confiar en que el Espíritu sabe lo que hace, aunque nosotros no encontremos, a veces, coherencia.

Cuando los planes de Dios se alejan de nuestros planes personales, es fácil que nos demos cuenta que hay cosas que no cuadran dentro de nosotros. En ese momento de incertidumbre sólo podemos abrir el corazón y suplicar al Señor misericordia.

Dice Santa Catalina de Siena que a Dios le debemos “amor, el arrepentimiento de su falta y la contrición”. ¿Qué hacer si nuestro interior está vacío de estos tres elementos? ¿Qué hacer cuando sentimos la sequedad espiritual en nuestro interior? Suplicar misericordia a Dios.

jueves, 14 de marzo de 2013

Unidos a Su Santidad Francisco


El Espíritu Santo sabe lo que la Iglesia necesita, aunque para nosotros sean un misterio sus razones. Esta misma tarde ha dejado a todos los profetas con la boca abierta sin saber qué decir. Incluso a los más valientes se les pasó incluir la candidatura de Mons. Jorge Berglogio como “papable”. Pues lo que nadie se esperaba es lo que tenemos y no podemos dejar de meditar sobre lo que el Espíritu Santo nos está diciendo. 

Después de un Papa mediático y activo, como Juan Pablo II, el Espíritu nos envió a un Papa profundo y sabio, como Benedicto XVI. Ahora nos envía un Papa sencillo, cercano a los pobres y espontáneo. No podemos dudar de lo que significa que Su Santidad haya tomado como nombre, el nombre del Poverello de Assisi: Francisco. Un nombre que habla de cercanía, sencillez, compromiso fraterno y capacidad misionera. 

Sería sencillo terminar aquí esta reflexión, ya que esto es lo que el Espíritu nos señala en este momento y es lo que tenemos que hacer nuestro, pero hay más elementos sobre los que reflexionar. 

Quizás nos parezca que la labor del Papa se simplifica cuando se parte de un perfil personal y pastoral tan claro, pero no es así. Los Papas de la era de las comunicaciones y de la sociedad postmoderna se enfrentan a muchos desafíos. Algunos de ellos de gran complejidad, como pueden ser el ecumenismo y la reintegración a la unidad de la Iglesia de diferentes grupos alejados. También es complejo el objetivo de la nueva evangelización, ya que es necesario cambiar el entendimiento y la voluntad de todos los católicos. Aparte, tenemos la necesaria reestructuración de la curia, problema que los cardenales han señalado como uno de los más prioritarios. 

Viajes, conferencias, encuentros diplomáticos y la gestión interna del estado del Vaticano, no se pueden dejar como trabajos secundarios, ya que conllevan un esfuerzo colosal. Todo esto tiene que llevarlo adelante el nuevo Papa sin descuidar el cuidado pastoral de todo el orbe católico y su diócesis romana. 
Quizás comprendamos la razón que ha llevado a Su Santidad Francisco a solicitar que oremos por él desde el primer momento. Es importante orar por él y por la Iglesia, ya que el momento eclesial requiere un plus de unidad y de compromiso personal. No pensemos que el Papa va a hacerlo todo por si solo. Nos necesita orando y actuando en donde sea necesario. Nos necesita cercanos a él sin crear fisuras ni engendrar dudas. 

Esto es complicado de entender para quienes siguen a los líderes sociales o políticos de turno, ya que su compromiso siempre es temporal y condicionado a que los intereses de cada uno se vean atendidos. 

El compromiso de todos y cada uno de los católicos es trabajar en unidad con el Papa para bien de todos. Oremos por el Papa y por la Iglesia. ¡Viva el Papa Francisco!

domingo, 10 de marzo de 2013


Así, pues, el Apóstol (Pablo) dice que conoció por la revelación el misterio del que ha hablado hace poco; por ella podéis conocer mi inteligencia en el misterios de Cristo (Ef 3, 3s). Dijo “en el grado que es posible”, porque sabía que algunos habían tomado únicamente leche, y no alimento sólido todavía, ni siquiera del todo leche. De cuatro maneras podemos también conocer la Voluntad de Dios: bien presenta un modelo, bien manifiesta un signo, bien nos manifiesta un mandato útil para la recta conducta, bien vaticina una profecía. Se bien que discernir y decir [todo] eso es propio de adultos. En efecto, comprender la Escritura en toda su extensión no es “una Mykonos”, como dicen los aficionados a los proverbios. Sin embargo, es necesario aprovecharse mucho de la dialéctica, cuanto más se pueda, si se desea alcanzar el don que permite acceder a la enseñanza divina. (Clemente de Alejandría. Stromata, I, 179, 1)

Clemente de Alejandría es uno de los Primeros Padres de la Iglesia. Nació a mediados del siglo II y se estima que murió entre los años 211 y 216.

De este breve texto lo más interesante es la sugerencia que nos hace para entender cual es la Voluntad de Dios expresada en las Escrituras. Nos dice que penetrar en el misterio del plan de Dios no es sencillo. En todo caso dependerá que los propios dones que el Señor nos haya regalado. Pero la Voluntad de Dios no debería ser algo tan difícil de entender para nosotros.

Hace tiempo conversaba con una persona que se sentía abatida porque no llegaba a entender cual era la Voluntad de Dios respecto de él. ¿Qué quiere Dios de mí y de los demás? es una pregunta que nos hacemos muchas veces. Tantas que a veces hasta terminamos por pensar en otras cosas al no se capaces de desentrañar que nos quiere indicar el Señor.

Clemente de Alejandría nos dice que hay tres elementos a través de los que Dios nos habla:

  1. Modelos
  2. Signos
  3. Mandamientos
  4. Profecías

Este planteamiento no es algo descabellado para quien tenga algunos conocimientos de ciencia, ya que a los seres humanos comprendemos lo que nos rodea precisamente a través de modelos, signos, leyes e hipótesis. Clemente tenía las cosas muy claras cientos de años antes de que el método científico hiciera su aparición.

Pero, vamos a lo interesante, ¿qué podemos sacar en claro de esto? Si nos fijamos en las parábolas, Cristo nos propone modelos que nos acercan a la manera en que Dios entiende el mundo y desea que el ser humano esté en sintonía con Su Voluntad. Mediante los milagros y hechos prodigiosos, nos muestra signos que señalan direcciones y entendimiento de los que somos. Dios sabe que no siempre somos capaces de entender las razones profundas de su Voluntad, por ello nos da mandamientos que señalan aquello que hemos o no hemos de hacer. Por último, en el caso de que nos hable de lo que sucederá o tenga que suceder, nos hablará mediante profecías que nos prepararán para aquello que tenemos que esperar y para lo que tenemos que estar preparados.

El Evangelio de hoy, domingo IV de Cuaresma, es la maravillosa parábola del Hijo Prodigo. ¿Qué nos quiere comunicar el Señor mediante esta parábola? Muchas cosas y seguramente podamos entender mejor todo esto si diferenciamos los modelos, signos, mandamientos y profecías contenidos en ella.

Mirando a la actualidad, con el cónclave programado para empezar este martes, tal vez debamos prepararnos para acercarnos al Señor, solicitando perdón por nuestras dudas y temores ante la elección de un nuevo Obispo de Roma. Quizás tengamos que pensar en volver a Roma, que es signo de la Iglesia universal que nos acoge tras nuestras aventuras eclesiales personales. Quizás debamos de estar preparados para esperar a hermanos que vuelvan y estar listos a recibirlos con el corazón abierto. Pero ¿Qué podemos decir de la esperanza que hizo que el padre esperara todos los días ver a su hijo díscolo, volver el mismo camino que lo alejó?

Dios nos habla de formas diferentes, pero siempre guarda el mismo estilo que está presente en las Sagradas Escrituras. Este martes se inicia el cónclave que llevará a la elección de un nuevo Pontífice. Estemos atentos a lo que Dios nos comunicará a través de la elección y el pontificado del nuevo Papa.

domingo, 3 de marzo de 2013

Ante la espera, imitar la paciencia de Dios


Si queréis pareceros a Dios, vosotros que habéis sido creados a su imagen y semejanza, imitad vuestro modelo. Sois cristianos y este nombre significa 'amigos de los hombres': Imitad el amor de Cristo. Considerad los tesoros de su bondad. ¿Cómo acogía a los que se acercaron a él? Les concedía fácilmente el perdón de sus pecados, los libraba al instante, inmediatamente, de sus sufrimientos. Imitemos la actitud pastoral del Maestro.

Contemplo en las parábolas el pastor de las cien ovejas (Lc 15,4ss) Una de entre ella se ha descarriado y separado del rebaño. El pastor no se quedó con aquellas que estaban en el buen camino. Se fue a la busca de la descarriada, bajando a los barrancos y precipicios, escalando las cimas rocosas, afrontando intrépido los desiertos hasta que la encontró. Y habiéndola encontrado, sin golpearla ni empujarla violentamente hacia el rebaño, se la echa a los hombros lleno de alegría y la conduce entre sus compañeras, más contenta por ella que por todas las demás.

Esta oveja no significa en rigor una oveja cualquiera, ni este pastor un pastor como los demás. En estos ejemplos se contienen realidades sobrenaturales. Nos dan a entender que jamás desesperemos de los hombres ni los demos por perdidos, que no los despreciemos cuando se hallan en peligro, ni seamos remisos en ayudarles, sino que cuando se desvían de la rectitud y yerran, tratemos de hacerles volver al camino, nos congratulemos de su regreso y los reunamos con la muchedumbre de los que siguen viviendo justa y piadosamente.  (San Asterio de Amasía. Homilía nº 13, sobre la conversión)

Estamos cerca de la mitad de la Cuaresma y no podemos decir que esté siendo un tiempo sencillo. Queramos o no, las noticias eclesiales nos llevan y nos traen, de un lado hacia el otro sin dejarnos ánimo para profundizar en el tiempo litúrgico que nos toca vivir.

Miramos hacia el futuro y palpamos la incertidumbre que nos rodea. Parece que todo se haya quedado parado hasta que haya un nuevo Papa y marque las líneas a seguir. ¿Dónde podremos encontrar paciencia y confianza, cuando las hemos extraviado entre las noticias cotidianas?

El texto de San Asterio nos señala algo más que la paciencia genérica. La paciencia con nuestros hermanos. A veces nuestra relación con ellos se hace complicada, sobre todo con quienes no tenemos una afinidad clara. Es fácil desesperar y sentirnos abatidos con su traro. Pero en el fondo todos somos igual de “imposibles” e “indomables” y terminamos siempre ofendidos por lo mismo que produce que nosotros ofendamos a otras personas: la falta de paciencia y el tacto fraterno que nos debemos unos a otros.

Sin duda Cristo amaba a la oveja perdida y la encontró sin escatimar en esfuerzo. ¿Hacemos nosotros eso mismo con nuestros hermanos? A veces sí, a veces no. Nos cuesta dejar lo que tenemos entre manos y salir en su búsqueda y si lo hacemos, no es que demostremos demasiada alegría cuando los encontramos.

Quizás en estos días llenos de incertidumbres debamos ser un poco más pacientes con nosotros mismos y con nuestros hermanos. Se nota cierta tensión ambiental que terminará por desaparecer en su momento. Paciencia y amor fraternal son condimentos para incluir en el menú de virtudes de nuestra Cuaresma.

Mientras esperamos el cónclave y el “Habemus Papam”, podemos dedicarnos a mil cosas más útiles que hacer apuestas papales o querer cambiar la Iglesia desde nuestros gustos. ¿Qué tal leer algo de patrística? No es mala ocupación para estos días.

miércoles, 27 de febrero de 2013

¿Cómo relacionamos el Cónclave y la oración?


El pasado domingo, Benedicto XVI nos ofreció su último Ángelus como Pontífice y nos lo hizo con una acertada reflexión sobre la oración:

Meditando este pasaje del Evangelio, podemos aprender una enseñanza muy importante. Ante todo, la primacía de la oración, sin la cual todo el empeño del apostolado y de la caridad se reduce a activismo. En la Cuaresma aprendemos a dar el justo tiempo a la oración, personal y comunitaria, que da trascendencia a nuestra vida espiritual. Además, la oración no es aislarse del mundo y de sus contradicciones, como en el Tabor habría querido hacer Pedro, sino que la oración reconduce al camino, a la acción. “La existencia cristiana – he escrito en el Mensaje para esta Cuaresma – consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios”
 
En nuestra sociedad actual, llena de ruidos, prisas, responsabilidades y horarios, la oración queda relegada a los momentos de liturgia semanal del domingo. Eso, si no nos ocurre que tengamos la mente llena de cotidianidad incluso en al misa dominical. ¿Dónde encontrarnos con la oración? 
La oración parte de un alma que siente necesidad de Dios. Un alma que se reconoce como incapaz, por si misma, para seguir adelante y busca dónde agarrarse. 
En estas tinieblas de la vida presente, en las que "peregrinamos lejos del Señor" mientras "caminamos por la fe y no por la visión", debe el alma cristiana considerarse desolada, para no cesar de orar (San Agustin, Carta 130, 2) 
No es frecuente que evidenciemos la desolación que nos señala San Agustín. ¿Quién en nuestra sociedad se atrevería evidenciar que necesita de Dios? Por ello, ocultamos esta desolación y preferimos no orar. Tal vez podamos hacer más orando que con todos los activismos que reunamos en torno nuestra. Los activismos nos llevan a crear Torres de Bable, con las que queremos llegar a Dios por nuestros medios. La oración nos permite llegar a Dios de una manera humilde, sentida y profunda. Una vez estemos delante Dios, El no señalará el camino a tomar. 
Tal como nos indica Benedicto XVI, se trata de subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios. No tenemos que quedarnos en lo alto del monte construyendo las cabañas para Moises y Elias. La oración nos lleva ante Dios, pero después tenemos de volver a bajar y seguir lo que Dios nos ha indicado para servir a nuestros hermanos con el mismo amor que Dios nos ha legado. 
Pero ¿Necesitamos orar? Diría que cuanto menos confiemos en Dios y más desconfianza tengamos de nuestros hermanos, más oración necesitamos. Estos días de preconclave es posible detectar en nosotros, en comentaristas, amigos y/o conocidos, si nos falta oración. Si pensamos que todo depende de los cardenales, reuniones secretas, maniobras de “poderes” internos o sentimos desesperanza por la misma Iglesia es evidente que no confiamos en Dios. La desconfianza en el Señor señala que necesitamos mucha más oración. 
Pero, no se trata de quedarnos en la oración. Ahora mismo y cuando tengamos un nuevo Santo Padre, todos y cada uno debemos trabajar en línea con el Ministerio Petrino. Incluso si el Espíritu Santo elige a una persona que nos parezca inadecuada, veremos que el Señor actúa sobre el, transformando sus desventajas en oportunidades para la Iglesia. 
Muchos vieron a Juan Pablo II o a Benedicto XVI como personas equivocadas que traerían sufrimiento a la Iglesia y ya hemos visto todo lo que nos han legado. Si con la evidencia de estos Papas maravillosos, seguimos viendo todo negro, es que nos ciega el deseo de que la Iglesia ajuste a nuestros deseos personales. Si encima somos profetas de la destrucción y hablamos del fin catastrófico de la Iglesia, estamos haciendo el juego al enemigo. 
Estemos esperanzados y alegres. Dios no nos ha dejado y sostiene el timón de la Barca con mano firme y certera. Aunque las tempestades arrecien, el rumbo seguirá siendo el mismo.

domingo, 17 de febrero de 2013

La oración nos une con Dios


La fuerza de la oración se encuentra en el sentimiento del alma y las obras virtuosas de toda nuestra vida. San Pablo habla: "En resumen, sea que ustedes coman, sea que beban, o cualquier cosa que hagan, háganlo todo para la gloria de Dios" (1 Co. 10:31). Entonces cuando te sientas a la mesa, reza, cuando tomas el pan, agradece al Dador. Cuando refuerzas tu débil cuerpo con vino, entonces piensa en Aquel, que te concede estos dones para alegrarte y reforzarte en las debilidades. Y a pesar de tu poco tiempo para alimento, siempre recuerda al Bienhechor, jamás te olvides. Cuando te vistes agradece a Aquel que te dio el vestido. Si paso el día, agradece al Señor que nos dio el Sol para trabajar; y en la noche ala luna para iluminar. La noche también tiene su motivo de oración. Cuando contemplas el cielo y admiras su hermosura, entonces ora al Señor de todo el mundo visible; reza al gran Creador de todo el mundo visible; reza al gran Creador de todo el mundo…

Y que puede dar mas suerte, sino en la tierra, imitar los coros de los ángeles! Cuando a cada ocupación precede la oración, cuando con cantos, como sal condimentamos las ocupaciones, los cantos hermosos y espirituales dan al alma alegría y esperanzada tranquilidad. Ir a la madrugada a la oración, con cantos e himnos, alabando al Creador y luego, cuando el Sol más claramente, volver al trabajo. Los salmos son tranquilidad para el alma, principio de paz, que tranquiliza los atormentados e inquietos pensamientos, que no solamente dominan la turbulenta ira, la despertada cólera espiritual, sino que la conduce a la misericordia. Los salmos fortifican a los consagrados, reconcilian a los ofendidos, y entre amigos, inducen al amor. (San Basilio el Grande, El tesoro Espiritual, fragmento)

La oración, junto con el ayuno y la caridad, es parte sustancial de la Cuaresma en la que ya hemos entrado. ¿Oración? ¿Para qué tenemos que orar? ¿Se gana algo orando?

Dice San Basilio que oremos siempre y en todo lo que hacemos. Orar al Señor da alegría, esperanza y tranquilidad. La oración trae paz a los atormentados y conduce a la misericordia a los iracundos. La oración fortifica a los consagrados, reconcilia a los ofendidos e induce al amor. Pero qué tiene la oración para generar tantos bienes.

La oración es una visita que hacemos al Señor y un momento de conversación intima entre nosotros y Dios. A través de la oración penetramos en nosotros mismos para ofrecer a Dios nuestras infidelidades y limitaciones. En este diálogo, se encuentra la oportunidad de darnos cuenta que compartimos la misma naturaleza con nuestros hermanos, al mismo tiempo que somos imagen de Dios.

Bueno, y si tantos beneficios trae la oración, ¿Por qué no estamos orando todos a todas horas? La respuesta es sencilla: no lo impide nuestra soberbia y la envidia. Soberbia que nos predispone a creer que Dios no es necesario. Envidia, que nos hace sentir celos y rencor de nuestros hermanos. La mezcla de soberbia y envidia genera rencor y odio. ¿Quién puede acercarse a Dios con esos sentimientos? Nadie que no sea consciente de ello y no decida andar el camino de la conversión.

Y en nuestro vida moderna ¿Dónde y cuando orar? Tendríamos que pensar en qué momentos tenemos de recogimiento. Los más sencillos serían los que preceden a acostarnos, pero no despreciemos otros como la sobremesa o por la mañana temprano. Radio María tiene en programación varios momentos de oración por la mañana, por lo que es posible unirse a las oraciones que miles de personas realizan al mismo tiempo.

Antes de acostarnos es un buen momento para revisar lo hecho durante el día, dar gracias a Dios y hacer propósito de mejora en aquello que podríamos haber actuado de mejor forma. Otra oportunidad nos lo dan los lectores de mp3 y móviles que todos tenemos. Estos dispositivos no sólo pueden contener música, también pueden almacenar audio de oraciones diversas. En Internet podemos encontrar muchos audios del rosario y otras oraciones diversas. Si viajamos en metro o en autobús, no es complicado orar mientras realizamos el trayecto. Si lo hacemos en automóvil, podemos grabar las oraciones en CD u otro soporte de audio.  

Lo que no podemos olvidar es que acercarnos a un tempo y orar allí de rodillas es también muy recomendable. Buscar un momento adecuado y un templo cercano puede ser complicado, pero a veces podemos encontrarnos con que es más fácil de lo que nos parece.

De todas formas, no olvidemos que: " Añadamos  a  nuestras  oraciones  la  limosna  y  el  ayuno, cual  alas  de  la piedad  con las que  puedan  llegar  más  fácilmente hasta  Dios. " (San Agustín, Sermón 206,2). 

martes, 12 de febrero de 2013

¿Por qué ha renunciado Benedicto XVI?


¿Por qué el Santo Padre ha decidido renunciar al Ministerio Petrino? Creo que sus propias palabras lo dejan claro: 

Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo rezando

Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe,para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado. 

No es ningún secreto, que el mundo actual necesita de un Papa capaz de enfrentarse al proceso de cambio social y los continuos desafíos que sociedad, ciencia y cultura, nos plantean. Si la salud del Santo Padre flaquea, su responsabilidad le hace decidir anteponiendo a la Iglesia. Hay que ser muy valiente para dar el paso que Benedicto ha dado hoy. Valiente y humilde, ya que legar el timón de la Iglesia contiene un mensaje maravilloso: Nadie es imprescindible, ya que la Voluntad de Dios es la fuerza que mueve el mundo. 

Confieso que la renuncia del Papa al Obispado de Roma y al Ministerio Petrino me ha cogido por sorpresa. Con Benedicto XVI me siento especialmente sintonizado, ya que el pensamiento agustiniano corre por sus venas y esto se nota en sus homilías, catequesis y escritos varios. Pero no puedo dejar de agradecer al Señor estos años de sintonía y comunión que he vivido con el Santo Padre. Esta mañana, una llamada de un amigo sacerdote me puso en aviso e hizo que comenzara a pensar en lo que esta renuncia conlleva. Gracias D. Joan. 

No es necesario ponerse catastrofista, ni pensar en que esta renuncia es una tragedia. Gracias a Dios, Su Santidad podrá dedicarse a su labor de teólogo para beneficio de la Iglesia y podrá vivir de forma reposada, los años que le tenga reservado el Señor. No puedo más que alegrarme por la persona, el ser humano, que hay detrás de Su Santidad Benedicto XVI. Esta renovación del papado será diferente, ya que no tendremos que compaginar la tristeza por la muerte del Papa y la alegría por la nueva esperanza que nace de la elección de nuevo Pontífice. El proceso de elección será mucho menos emotivo, pero no por ello dejará de ser de una tremenda importancia para todos nosotros. 

¿Qué conlleva la renuncia? Seguir leyendo en Religión en Libertad: Aquí
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