domingo, 9 de junio de 2013

¿Que sentido tiene el Sagrado Corazón en el siglo XXI?

Si bien, como hemos dicho ya y como se verá más adelante, la doctrina del Sagrado Corazón hunde sus raíces en los propios orígenes del cristianismo, su formulación expresa fue ante todo objeto de revelaciones privadas. Lo cual se explica por el hecho mismo de su importancia, debida a su carácter totalmente «interior», como señala justamente H. Montaigu en su excelente libro sobre Paray. El cristianismo tiene por dogmas oficiales los misterios, que, por otra parte, son también los arcanos de la vida contemplativa; Cristo desveló algunos desde el comienzo; los demás, poco a poco, en el transcurso de la historia de la salvación. Este es el caso del «misterio del Corazón». Y así se explica su carácter escatológico: la revelación de este misterio, que es el centro más interior de todo el misterio de Cristo, estaba reservada al período del «Fin de los tiempos», o dicho de otro modo, al fin del ciclo de nuestra humanidad. Eso es lo que se desprende de una revelación recibida del apóstol San Juan por Santa Gertrudis (siglo XIII). La santa le preguntó por qué no había escrito nada sobre el corazón de Cristo; San Juan le respondió: «Mi misión era anunciar a la Iglesia naciente la doctrina del Verbo increado de Dios Padre; pero, por lo que se refiere a este Corazón sagrado, Dios se reservó hacerlo conocer en los últimos tiempos, cuando el mundo comenzase a caer en la decrepitud, para reavivar la llama de la caridad ya enfriada.

Por eso, muy al contrario de no ser más que una devoción entre otras, el culto al Sagrado Corazón, que viene de lo más profundo del cristianismo, aparece como la tentativa, por parte del Cielo de enderezar y renovar toda la tradición cristiana, en el campo de la espiritualidad individual, por supuesto, pero también, cosa que suele olvidarse o incluso ignorarse, en el campo intelectual y en el campo social. 
(Jean Hani, El Culto al Sagrado Corazón. Mitos Ritos y Símbolos) 

Confieso que no tengo muchas devociones, pero una de estas pocas es el Sagrado Corazón de Jesús, por lo que he ido recogiendo documentación, libros e información diversa sobre Él. Hablar del Sagrado Corazón de Jesús es hablar de Cristo mismo como centro y sentido de todo lo que existe y por lo tanto, centro de nuestra vida. 

Seguramente a muchas personas les parezca que este tipo de devociones están pasadas de moda y que son entretenimiento de personas mayores sin gran cultura. Nada más lejos de la realidad. Las devociones son caminos actualizados de acceso a los misterios que nuestra fe nos señala. 

Santa Gertrudis la Grande (1256-1301) fue una religiosa benedictina alemana de gran cultura filosófica y literaria. Fue una de las primeras personas a las que se reveló el Sagrado Corazón, varios siglos antes de que  Santa Margarita de Alacoque (1647-1690) difundiera la devoción de forma definitiva. 

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jueves, 6 de junio de 2013

Dios nos dió la tarea de cultivar y custodiar la creación. Papa Francisco

El Papa Francisco ha realizado un fuerte llamado en contra de la “cultura del desperdicio”, del “usa y tira”, del consumo veloz y sin frenos que lleva a la idolatría del dinero. En ocasión de la Jornada Mundial del Ambiente, el Papa Francisco aprovechó para lanzar “un fuerte llamado a la necesidad de eliminar los desperdicios y la destrucción de los alimentos”.

La cultura del desperdicio, que tiende a convertirse en mentalidad común que contagia a todos, pone en peligro, en primer lugar, a la persona humana. Dios, de hecho, dio al hombre la tarea de cultivar y custodia la creación, pero los hombres olvidan demasiado a menudo esta tarea, distraídos porque persiguen obsesivamente el dinero. Y lo hacen hasta el punto de no sentir a la persona ni a la vida humanas como valor primario que hay que respetar y tutelar, sobre todo si es pobre o discapacitada, si todavía no sirve, como el que está por nacer, o si no sirve más, como el anciano” 


La pregunta que se nos viene a la cabeza es ¿Por qué somos tan reacios a buscar el bien común, que es bien para nosotros mismo y los que nos rodean. Parecería que el consumo desmedido no tiene incidencia en nuestro entorno humano y ambiental, pero esto es una mentira tremenda. Una mentira que se esconde detrás del marketing que nos acucia a comprar para sentirnos vivos. Comprar para llenar el vacío de sentido que cargamos en nuestro interior. Comprar para llenar el vacío que el egoismo crea en nosotros.

¿Por qué tanta ceguera al bien común? San Agustín nos ayuda indicando un elemento muy interesante...

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martes, 4 de junio de 2013

BXVI nos habla de Parroquia, Eucaristía y Corpus Christi

El domingo pasado celebramos la solemnidad del Corpus Christi, recordando la importancia que la Eucaristía tiene para todos nosotros. Quizás en esta solemnidad pueda quedar desdibujada la relación entre Eucaristía y comunidad de fieles, por eso traigo aquí un fragmento de una obra pequeña en tamaño, pero inmensa en su profundidad “La Fraternidad Cristiana” escrita por el entonces profesor Ratzinger, hoy Papa Emérito, Benedicto XVI:

¿Cómo puede realizarse en concreto la fraternidad de los miembros de una parroquia? A este respecto puede ayudarnos, adicionalmente, la consideración de la antigua significación verbal de eclessia, pues esta palabra no solo significa “Iglesia” y “comunidad local”, sino también “reunión de culto”. Estos tres significados no se encuentran simplemente yuxtapuestos uno junto al otro, sin ningún tipo de relación, sino que son en realidad tres escalones de un mismo significado y por consiguiente, se solapan unos con otros. Están tan unidos unos con otros que podría decirse que la única Iglesia está representada concretamente por la comunidad local. Y la comunidad local se realiza, a su vez, como Iglesia en la reunión de culto, es decir, principalmente en la celebración de la Eucaristía. Por lo tanto, la fraternidad cristiana exige, concretamente, la fraternidad de las distintas comunidades parroquiales. Y esta fraternidad tendrá de nuevo su fundamento decisivo y su fuente primera en la celebración de los misterios sagrados. De hecho, la teología clásica de la Iglesia ha entendido la Eucaristía no tanto como “encuentro del alma con Cristo” sino como la “concorporatio cum Christo”, la unión de los cristianos en el único cuerpo de Cristo. (Joseph Ratzinger. La Fraternidad Cristiana, 5)

El entendimiento de los sacramentos es fundamental, ya que a veces perdemos el norte y tendemos a recluirlos en el espacio personal de cada uno de nosotros. 

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domingo, 2 de junio de 2013

Corpus Christi: la Verdad supera cualquier ficción

Hoy domingo 2 de junio, celebramos la Solemnidad del Corpus Christi, el Cuerpo de Cristo. Hace unos años, en una catequesis de padres de niños que iban a recibir su primera comunión, un valiente padre preguntó si la Iglesia se seguía afirmando que el pan y el vino eran cuerpo y sangre de Cristo. Indudablemente el catequista dejó claro que esto forma parte de nuestra fe. ¿Nuestra fe? ¿Es necesario creer esto para ser católico? Vemos que nos dicen San Agustín y San Ambrosio de Milán:

Tal vez surja en alguno esta idea: ¿cómo puede ser que este pan sea su cuerpo y este vino su sangre? Estas cosas, hermanos míos, llámanse sacramentos, porque una cosa dicen a los ojos y otra a la inteligencia. Lo que ven los ojos tiene apariencias corporales, pero encierra una gracia espiritual. Si queréis entender lo que es el cuerpo de Cristo, escuchad al apóstol. Ved lo que les dice a los fieles: vosotros sois el cuerpo de Cristo y sus miembros (1 Co 12,27). (San Agustín. Sermón 272, II)

Quizá digas: «Yo veo otra cosa: ¿cómo afirmas que recibo el Cuerpo de Cristo?». Esto es lo que nos falta aún por probar. ¡Cuántos, en verdad, son los ejemplos que utilizamos para probar que esto no es lo que la naturaleza ha producido, sino lo que la bendición ha consagrado; y que mayor es la fuerza de la bendición que la de la naturaleza, pues por la bendición se cambia la misma naturaleza! (San Ambrosio. Tratado sobre los Misterios 50)

No es fácil que en pleno siglo XXI creamos algo que es indemostrable experimentalmente. 

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jueves, 30 de mayo de 2013

Dios actúa a “su manera divina”. Papa Francisco

Debemos empezar, pues, una vez más como sigue: entender a Dios es difícil, pero expresarlo es imposible, como enseñó, no sin habilidad –creo yo–, uno de los "teólogos" griegos. Parecía haber entendido lo difícil que es hablar de Dios y evitaba al mismo tiempo toda refutación para con lo que había definido previamente como inexpresable. Yo pienso que hablar de Dios es imposible, y entenderlo, más imposible todavía. Porque lo que se ha entendido, tal vez podría ser explicado por la palabra, si no suficientemente, sí al menos de una manera oscura, al que no ha viciado totalmente sus oídos ni ha vuelto indolente su inteligencia. (San Gregorio Nazianceno, Los cinco discursos teológicos, 28,4)

¿Cuántas veces nos hemos preguntado las razones de que nuestra vida sea tal como es? Muchas veces nos preguntamos por qué los problemas y las pruebas nos acucian y otras por qué no podemos ser iguales a otras personas. Nadie tiene respuesta para estas preguntas y es vano que hagamos consideraciones que intenten “medir” a Dios y sus planes.

Es interesante lo que San Gregorio nos indica: “entender a Dios es difícil, pero expresarlo es imposible” ¿Cómo podemos hablar de Dios? ¿Qué podemos decir de Él? ¿Podemos conocer su Voluntad completamente?

El Papa Francisco, en una de sus homilías en la residencia de Santa Marta, contó lo que le sucedió después de confesar a una religiosa ya anciana:

Al final de la confesión viendo que era una verdadera mujer de Dios, le dije:'oiga, como penitencia, rece por mí, porque necesito una gracia, ¿eh? Si usted se la pide al Señor, seguro que me la dará'. Se detuvo un momento, como si rezara, y luego me dijo:"Claro que el Señor le dará la gracia, pero no se engañe: se la dará a su manera divina”. Esto me hizo muy bien. Sentir que el Señor siempre nos da lo que pedimos, pero a su manera divina. Y el modo divino es esto hasta el final. La forma divina consiste en la Cruz, no por masoquismo: no, no! Por amor. Por amor hasta el extremo

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martes, 28 de mayo de 2013

Cuidado con la riquezas. Papa Francisco

Para seguir a Jesús debemos despojarnos de la cultura del bienestar y de la fascinación de lo provisional”. Lo afirmó el Papa Francisco la mañana de este lunes 27 de mayo en la Misa en la Casa de Santa Marta.

El Santo Padre indicó que “las riquezas son un obstáculo” que “no hace fácil el camino hacia el Reino de Dios”. “Cada uno de nosotros tiene sus ‘riquezas’, cada uno”. Siempre existe una riqueza que nos “impide acercarnos a Jesús”. Todos “tenemos que hacer un examen de consciencia sobre cuáles son nuestras riquezas, porque nos impiden acercarnos Jesús en el camino de la vida”. El Papa Francisco se refirió a dos “riquezas culturales

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domingo, 26 de mayo de 2013

Comunicar la Santísima Trinidad


Ensayan unos aplicar a las substancias incorpóreas y espirituales las nociones de las cosas materiales adquiridas mediante la experiencia de los sentidos corpóreos, o bien con la ayuda de la penetración natural del humano ingenio, de la vivacidad del espíritu, o con el auxilio de una disciplina cualquiera, y pretenden sopesar y medir aquéllas por éstas.

Hay quienes razonan de Dios—si esto es razonar—al tenor de la naturaleza del alma humana o afectos, y este error los arrastra, cuando de Dios discurren, a sentar atormentados e ilusorios principios. Existe además una tercera raza de hombres que se esfuerzan, es cierto, por elevarse sobre todas las criaturas mudables con la intención de fijar su pupila en la inconmutable substancia, que es Dios; pero, sobrecargados con el fardo de su mortalidad, aparentan conocer lo que ignoran, y no son capaces de conocer lo que anhelan. Afirmando con audacia presuntuosa sus opiniones, pues se cierran caminos a la inteligencia y prefieren no corregir su doctrina perversa antes que mudar de sentencia” (San Agustín, Tratado de la Trinidad 1,1)

Hablar sobre la Santísima Trinidad es hablar de Dios, tal como Él mismo se ha revelado a nosotros. San Agustín nos habla de tres errores que solemos cometer al intentar acercarse al misterio de todos los misterios:

  1. Quienes quieren entender a Dios a través de las experiencias humanas.
  2. Quienes quieren entender a Dios a través de nuestra naturaleza humana.
  3. Quienes, al verse impotentes para explicar lo inexplicable, dicen saber lo que, evidentemente, es imposible conocer.

Pero ¿Qué sentido tiene hablar de la Trinidad en pleno siglo XXI? Parece que es un tema superado que a nadie interesa y que en todo caso, crea más dudas de las que resuelve. No dudo que en la era de las comunicaciones parezca innecesario reflexionar sobre la forma en que Dios se ha revelado a nosotros. ¿Cómo es que Dios no nos envía un Twitter dejando claro todo este asunto? Seguro que Dios mismo tiene formas más eficientes de comunicarse con nosotros.

Pero ¿Qué podemos decir de la Santísima Trinidad en el año 2013, que no hay sido dicho ya? Poco o nada. La Trinidad es equilibrio, armonía, plenitud, solidez, fortaleza y sobre todo Amor. Ya lo dijo San Juan “Dios es Amor” ¿Cuánto de esto hay en nuestra vida?

Posiblemente en pleno siglo XXI sea cuando menos tenemos de cada uno de estos dones y cuando más difícil es comunicarlos a los demás. En nuestras sociedades se ha instalado el desafecto, la lejanía y el desarraigo. Las heridas que nuestra naturaleza humana lleva consigo, se han ampliado según hemos ido primando la autosuficiencia, la independencia, la soberbia y el egoísmo.

No cabe duda que la Santísima Trinidad nos comunica mucho más de lo que cada uno de nosotros puede comunicar. Nuestro lenguaje es limitado y ambiguo. Cuando intentamos llegar a Dios a través de nuestros medios, estamos creando nuevas Torres de Babel, que son derrumbadas por la confusión del lenguaje. Ese no es camino. Pero no perdamos la esperanza. Nuestra incapacidad de comunicar a Dios quedó superada en Pentecostés. El Espíritu consigue que nuestras palabras se llenen de significado para quienes nos escuchan. Nos somos nosotros quienes comunicamos, es el Espíritu a través nuestra, quien hace el milagro de la verdadera comunicación.

No intentemos que nuestras palabras expliquen lo inexplicable. En todo caso y con inmensa humildad, podemos intentar llevar a los demás aquello que difícilmente entendemos nosotros mismos. Será el Espíritu quien llene estas palabras de sentido. Comuniquemos que la Santísima Trinidad debe habitar en nosotros y roguemos al Espíritu Santo para que lleve nuestras palabras hasta el corazón de quien nos escuche o lea, que las haga entendibles, capaces de hacer sentir y capaces de mover la voluntad.
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