martes, 29 de julio de 2014

El Símbolo como herramienta de comunicación


¿Para qué necesitamos los símbolos en un siglo donde la comunicación es tan inmediata y rápida que podría se utilizada para explicar en vivo cualquier cosa? Los símbolos parecen algo del pasado. Parecen algo que no terminamos de comprender. Muchas personas se preguntan ¿Por qué no decir las cosas claras y dejarnos de “tapujos” y “misterios”. ¿Para qué necesitamos los símbolos en pleno siglo XXI? 

El ser humano es un ser simbólico que utiliza una diversidad de herramientas y métodos para comunicarse con otras personas. Entre estos métodos-medios de comunicación están los símbolos. En el cristianismo, los símbolos se utilizan para comunicar Misterios. Es decir, aquello que supera la capacidad de comunicación verbal inmediata y para penetrar en ello, necesitan símiles, acercamientos, pistas, que tendremos que reflexionar durante toda la vida. Los símbolos no son elementos estáticos, muertos o cotidianos. 

El símbolo comunica al hombre su contenido que, precisamente porque es vivo y ligado a la vida, se presenta al principio como un fluido, como algo dinámico, palpitante pero acategorial. Sólo en un segundo tiempo empieza a interpelar a todo hombre y le pide una colaboración, pidiendo ser descifrado, descodificado, pensado, reflexionado, precisado, también racionalmente. El símbolo exige, por lo tanto, una participación activa a quien se deja implicar en el proceso que pone en acto. (M. I. Rupnik. Teología de la Evangelización desde la Belleza, Consecuencias para la Teologíala Acción Pastoral, 3) 

La Nueva Evangelización debería incluir una fuerte alfabetización simbólica, empezando por las personas participamos...    Seguir leyendo

domingo, 27 de julio de 2014

El ocaso del simbolismo cristiano. Clemente de Alejandría

Vivimos tiempos complejos. Tanto en nuestra vida personal como social, hemos perdido el sentido del orden, armonía, proporción y belleza. La sociedad nos dice que todo lo que nos rodea es casual y por ello no es necesario que entendamos las razones que hay detrás de lo que existe. Con vivir la vida es suficiente.

Si no tenemos en cuenta el sentido de la vida que vivimos ¿Cómo plantearse la existencia de otra vida después de esta? Si todo lo que vivimos lo entendemos como casualidad ¿Cómo entender una vida que no se ajuste a la inmediatez y lo placentero?

Cuando leemos el texto del evangelio de hoy domingo nos encontramos con varias parábolas breves que hablan del Reino de Dios. ¿Cómo podríamos entenderlas si despreciamos toda sugerencia de orden dentro de nuestra vida. Encima, estas parábolas terminan con una seria advertencia de Cristo: “…vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto?" ¿Comprendemos esto?

El Cristo de nos advierte de una manera que es inadmisible en la postmodernidad que vivimos. Incluso el cristianismo ha asumido el mismo discurso buenista de la sociedad que nos rodea ¿Cómo un Dios misericordioso puede decirnos que podemos ser arrojados al horno ardiente? ¿Cómo se atreven la Sagradas Escrituras a señalarnos que existe un final y que puede ser desagradable? ¿No nos dicen nuestros pastores que lo que tenemos que buscar es ser buena gente sin más? ¿El demonio, el pecado y el infierno no fueron ya abolidos por aclamación popular?

domingo, 6 de julio de 2014

Os colocaré en una completa paz. San Juan Crisóstomo

El Evangelio de hoy da pié a una reflexión personal sobre la misión evangelizadora de la Iglesia, que hoy en día se está concretando a través del paradigma de la Nueva Evangelización.

Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana. (Mateo 11,25-30)

La Nueva Evangelización es un llamado a volver a comunicar el Evangelio a una sociedad, que lo ha olvidado o lo utiliza de forma sesgada. Me da la impresión de que a veces se nos olvida qué es el Evangelio, lo que no ayuda a comunicarlo a otras personas.

El Evangelio es la Buena Noticia que Cristo comunica y a través de la cual nos invita a que, una vez la hayamos recibido en nosotros, la comuniquemos a los demás. Pero ¿Es para nosotros una buena noticia? En pleno siglo XXI ¿Qué nos aporta de bueno y de novedoso? Tal vez si entendemos las razones por las que el mensaje de Cristo no nos mueve ni nos conmueve, entendamos la razón de nuestra incapacidad para comunicarlo y recibirlo. (seguir leyendo)

domingo, 29 de junio de 2014

El misterio del Sagrado Corazón de Jesús. San Buenaventura

El pasado viernes celebramos la festividad del Sagrado Corazón de Jesús. La revelación personal que Santa Margarita de Alacoque recibió, nos lleva al Corazón de Jesús, un símbolo que hasta ese momento había pasado bastante desapercibido.

Los símbolos son de gran importancia en el cristianismo, ya que a través de ellos podemos acercarnos a los misterios que Dios nos ha revelado. San Buenaventura, un visionario santo franciscano, ya se acercó a este símbolo cuatro siglos antes de Santa Margarita y nos dejó este maravilloso texto:

Tu corazón, ¡oh buen Jesús!, es un verdadero tesoro, una perla preciosa, que hemos encontrado profundizando en el conocimiento de tu cuerpo (Mt 13,44-45). ¿Quién la rechazaría? Más bien, lo daría todo; a cambio, entregaré todos mis pensamientos y todos mis deseos para obtenerla, depositando todas mis preocupaciones en el corazón del Señor Jesús, y sin duda este corazón me alimentará.

En este templo, en este «santa santorum», ante esta arca de la alianza (1R 6,19), adoraré y alabaré el nombre del Señor, diciendo con David: "He encontrado mi corazón para pedir al Señor» (2S 7,27). Y yo, he encontrado el corazón de Jesús, mi Rey, mi hermano y mi tierno amigo. Y yo ¿no rezaré? Ciertamente rezaré. Porque Su Corazón está conmigo, le diré con audacia, e incluso más: porque Cristo está verdaderamente a mi lado, como mi jefe, mi cabeza (Col 1,18), ¿no estará conmigo?... Este corazón divino es mi corazón; está verdaderamente en mí. Realmente, con Jesús dispongo mi corazón. ¿Qué tiene de extraño esto? La «multitud de creyentes" formaban «un solo corazón" (Hch. 4,32).

Habiendo encontrado, muy dulce Jesús, este corazón, que es el tuyo y el mío, te rezaré a ti que eres mi Dios. Recibe mis oraciones en este santuario donde te nos escuchas, o más bien, atráeme enteramente hacia tu corazón... Tú puedes hacerme pasar por el agujero de una aguja, después de haberme hecho depositar el peso de esta carga que llevo sobre los hombros (Mt 19,24; 11,28). Jesús, el más hermoso de toda la belleza humana, lávame aún más de mi inequidad y purifícame de mis pecados (Sal 44,3; 50,4) para que, purificado por ti, me pueda me acercar a ti que eres más puro, que merezca «habitar todos los días de mi vida» en tu corazón y pueda siempre ver y realizar tu voluntad (Sal. 26,4 ss). (San Buenaventura La Viña mística, 8-9)

El texto de San Buenaventura se adentra en la mística del Corazón de Cristo de forma certera y profunda. Intentaré resumir y traducir este párrafo, dentro de lo posible, a un leguaje más actual: El Corazón de Jesús se encuentra ahondando el conocimiento de Cristo. Es la Perla que merece que entreguemos, confiadamente, nuestros pensamientos y deseos para obtenerla... (seguir leyendo)

martes, 24 de junio de 2014

Política: la moneda del Cesar siempre es de oro. San Hilario


Hoy día 22 de junio celebramos a Santo Tomás Moro, insigne hombre de leyes, político y mártir. Tenemos mucho que aprender de su vida y de su obra:

Pienso que no andamos equivocados al sospechar que se avecina de nuevo un tiempo en que el Hijo del hombre, Cristo, será entregado en manos de los pecadores, cuando observamos un peligro inminente de que el Cuerpo místico de Cristo, la Iglesia de Cristo, esto es, el pueblo cristiano, es arrastrado a la ruina a manos de hombres perversos e impíos” (Santo Tomás Moro)
 

No me gusta hablar de política, ya que termino siempre con la misma sensación que nos induce la anterior frase de Santo Tomás Moro: tiempo de prueba, en el que la paja será separada del grano. Además les tengo que confesar que tengo una fuerte saturación política desde hace ya algunas semanas. Así que mi escrito es bastante más largo de lo habitual, perdón por hacerles leer más. 

Vivimos un tiempo en que la política se ha convertido en el mejor instrumento para arrinconar a la Iglesia. Si echo una mirada a la actualidad española me encuentro con estos asuntos: 

Desde uno de los partidos hegemónicos se reivindica que el gobierno rompa los acuerdos y la colaboración con la Iglesia. Los partidos políticos, sindicatos, fundaciones y hasta las asociaciones que se estimen “de interés público” tendrán privilegios que tendremos vetados los católicos. Si somos Iglesia quedaremos relegados a la marginalidad social. Si queremos ser Iglesia, nos tocará pagar doble: una vez por ser ciudadanos y otra por reunirnos como creyentes. 

En la reciente toma de posesión del nuevo jefe de estado se excluye a Dios del discurso y los actos oficiales. Dado que estamos dentro de la esfera política, esta decisión es respetable, aunque a muchos nos resulte inadecuada. Para terminar de estropear el asunto se ha sabido que el pasado domingo la jefatura de estado organizó una “misa privada” concelebrada por los arzobispos de Madrid y Castrense. Queda claro que desde las altas instancias del estado se nos indica que la fe se tolera si se vive oculta en la privacidad. 

Desde los partidos que se ofrecen como alternativa hay quien defiende que la reclusión de Dios en los rincones de la intimidad, debe ser vigilada para nuestros hijos no se vean influidos por las convicciones de sus padres. 

En la región española donde vivo, se plantean cerrar las capillas que tienen los hospitales estatales. Dicen que vulneran la “aconfesionalidad del estado”. Esto conllevará que los católicos no podamos acceder a la sanidad que pagamos obligatoriamente, si queremos recibir un acompañamiento espiritual. Nos obligarán a pagar una segunda sanidad para que se respete nuestra fe. 

Todo esto resulta normal y hasta bien visto, por los que reclaman que el Cesar merece todo honor y gloria, pero Dios debe esconderse de la vista para no “molestar”. A los católicos se nos ofrece una tolerancia restringida y vigilada, que se contempla como un privilegio magnánimo por parte de los poderes del estado. 
No puedo menos que recordar el episodio evangélico en que los fariseos le preguntan a Cristo por el pago de impuestos. Repasemos lo que nos dice sobre el tema San Hilario de Poitiers: 

Conviene, por lo tanto, que nosotros le paguemos [al Señor] lo que le debemos, esto es, el cuerpo, el alma y la voluntad. La moneda del César está hecha en el oro, en donde se encuentra grabada su imagen; la moneda de Dios es el hombre, en quien se encuentra figurada la imagen de Dios; por lo tanto dad vuestras riquezas al César y guardad la conciencia de vuestra inocencia para Dios. (San Hilario, Comentarios sobre el Evangelio de San Mateo, 23) 

Dios valora al ser humano, mientras que el Cesar valora los bienes materiales que puede utilizar para sus planes. El Reino de Dios no es de este mundo y por eso el mundo (la sociedad) odia a Cristo y nos odia a nosotros. “Si el mundo los odia, sepan que Me ha odiado a Mí antes que a ustedes” (Jn 15, 19) 

Hay quienes señalan que la participación política como algo natural en todas las personas eincluso se atreve a señalar, que el cristianismo sólo puede aceptar un modelo gobierno predeterminado. Ciertamente no he encontrado en los Evangelios ningún pasaje que defina cómo debe ser el gobierno de la sociedad, pero en las tentaciones del Señor, el diablo se arroja del derecho de señalar quien gobierna sobre las naciones: 

…le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorases. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a Él sólo servirás. (Mt 4, 8-10) 

En el Apocalipsis se señala que los reyes del mundo “tienen un mismo propósito, yentregarán su poder y su autoridad a la bestia. Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque Él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con Él son llamados, elegidos y fieles” (Ap 13-14) 
No se trata de ser mileniarista ni apocalíptico, sino de entender que el poder sobre las gentes siempre conlleva la tentación que creerse como Dios. Es la tentación de todo ángel caído, que en vez de buscar la Luz, es “él mismo” quien se presenta como la luz. 
¿Puede haber un gobernante íntegro, justo y misericordioso? Cierto que sí, pero siempre es la excepción que nos permite darnos cuenta que el poder rara vez se ejerce desde el bien y la piedad. En la Carta a Diogneto (s. II) se nos recuerda que los cristianos: 
Habitan en sus propias patrias, pero como extranjeros; participan en todo como los ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña les es patria, y toda patria les es extraña. Se casan como todos y engendran hijos, pero no abandonan a los nacidos. Ponen mesa común, pero no lecho. Viven en la carne, pero no viven según la carne.Están sobre la tierra, pero su ciudadania es la del cieloSe someten a las leyes establecidas, pero con su propia vida superan las leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los desconoce, y con todo se los condena. Son llevados a la muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos (/2Co/06/10). Les falta todo, pero les sobra todo. Son deshonrados, pero se glorían en la misma deshonra. Son calumniados, y en ello son justificados. «Se los insulta, y ellos bendicen» (1 Cor 4, 22). 

Hoy en día la política está directamente ligada a los partidos políticos. Hablar de partidos políticos es hablar de ruptura social. El mismo nombre de “partido” es equivalente a sesgado-separado. Quien está en un partido no puede estar en otro. Los partidos nunca pueden estar de acuerdo entre ellos porque parten de ideologías diferentes. Quien se compromete en política tiene que rendir vasallaje a quienes dirigen el partido o nunca pasará de socio raso que paga las cuotas. 

 Las ideologías son generadoras de sufrimiento, violencia y deshumanización, ya que nos imponen, más o menos violentamente, los modelos ideales de sociedad y ser humano que defienden. Si el socialismo o el liberalismo o el capitalismo o el comunismo, no son soluciones reales. De ser así ya tendríamos muestras de sociedades “perfectas” y lo único que tenemos son evidencias de todo lo contrario. 

Todas las ideologías señalan a la Iglesia como su mayor enemiga, ya que las desenmascara. Mientras atacan a la Iglesia, luchan ocultamente para apropiarse de los púlpitos eclesiales, con el objetivo de convencer que el Evangelio las señala como “la elegida por Dios”. Nos piden “poco” a cambio: postrarnos ante ella y adorarla.  Sólo Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida. 

Monarquía, república o dictadura no son la solución a los problemas de la sociedad. La solución no es la forma de gobierno, sino Cristo mismo. Dios no es de izquierdas, de derechas o de centro. Quien utiliza a Cristo ideológicamente nos induce a adorar una de las diversas bestias, ante la cual podemos postrarnos. 
La acción de Cristo fue siempre apolítica. Criticó a todos en aquello que actuaban como hipócritas. No impuso ninguna ideología a nadie, ya que El era la misma Verdad, completa, profunda y liberadora. Sin duda Cristo aportó algo esencial para comprender la postura del cristiano ante la política: el desafecto a todo poder o potestad que nos impida ser libres.Cualquier poder que imponga condiciones a la fe y se ofrezca como salvador, es un reflejo del tentador. 

Ningún poder nos salvará. Nuestra única esperanza es Cristo que nos permite vivir con un sentido que supera los sesgos, partidismos e ideologías. La única salvación proviene de la Gracia de Dios, que nos permite cumplir la Voluntad de Dios sin estar sometidos a leyes humanas. 

Mientras que no ocurra la segunda venida de Cristo, tendremos que estar dispuestos a sufrir y padecer por la fe. Las sucesivas bestias siempre encontrarán en nosotros el límite a su poder deshumanizador y embestirán con fuerza.

domingo, 22 de junio de 2014

¿Quién es pobre? ¿Quien es rico? San León Magno

¿Quién es pobre? ¿Quien es rico? Es curioso que todavía pensamos que es rico quien tiene dinero o bienes valiosos. Hace un par de semanas estuve en la presentación de un plan social de un ayuntamiento y la consejala de bienestar social nos decía que cada vez se detectan más pobres rodeados de muebles de caoba y objetos de plata. ¿Cómo es posible esto? Parece una contradicción pensar en que quien vive rodeado de bienes de cierto valor, no tenga qué comer y viva en la más terrible soledad.

Conozco a personas con propiedades, que viven peor que sus inquilinos. Nadie quiere comprarles las propiedades y los inquilinos le pagan una miseria. ¿Quién es rico y quién es pobre?

La riqueza no se mide en el valor de lo que cada cual posee, sino en la capacidad de acceder a los bienes más fundamentales: comida, sanidad, compañía, atención, etc.

… el apóstol Pedro, cuando, al subir al templo, se encontró con aquel cojo que le pedía limosna, le dijo «no tengo plata ni oro, te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo, echa a andar» (Hch 3, 6)... La palabra de Pedro lo hace sano; y el que no pudo dar la imagen del César grabada en una moneda a aquel hombre que le pedía limosna, le dio, en cambio, la imagen de Cristo al devolverle la salud.

Y este tesoro enriqueció no sólo al que recobró la facultad de andar, sino también a aquellos cinco mil hombres  que ante esta curación milagrosa, creyeron en la predicación de Pedro (Hch 4,4). Este pobre que no tenía nada que dar al que le pedía limosna, distribuyó tan abundantemente la gracia de Dios, que dio no solo vigor a las piernas del cojo, sino también la salud del alma  y su fe a aquella ingente multitud de creyentes. (San León Magno. Sermón 95.2-3)

La riqueza es la capacidad de dar a los demás y en la medida que retenemos nuestras capacidades, para nosotros mismos, nos convertimos en avaros y soberbios. Pedro dio al cojo aquello que poseía y mal hubiera hecho si se hubiera guardado su capacidad de ayudar.

En nuestra sociedad el individualismo nos va separando de los demás y haciendo más improbable encontrarnos con la oportunidad de colaborar, ayudar, compartir o establecer vínculos humanos. La soledad nos destruye por dentro y por fuera. Rechazamos el compromiso duradero, porque creemos que eso nos hace perder la libertad. ¿Qué futuro tiene una sociedad de individuos aislados, que sólo se relacionan entre ellos de forma indirecta, a través de las máquinas? El diablo puede estar contento, ya que su plan se va cumpliendo bastante bien, ya que si no “sufrimos” a nuestros prójimos no encontraremos la imagen de Dios que todos llevamos dentro nuestra.

Si Pedro hubiera destinado un centavo diario para que una ONG lo repartiera entre los pobre, no se hubiera cruzado con el cojo. Al no cruzarse, no le hubiera podido hablar de Cristo y regalarle la curación de su dolencia.

Sin duda hay que aprender a dar, pero también hay que saber recibir. Si el cojo hubiera rechazado el don que Pedro le ofreció, seguiría siendo un cojo que espera una limosna de su gusto. Muchas veces no nos cuesta dar lo que nos sobra, pero nos cuesta recibir lo que nos falta.


Vosotros, los que os gloriáis de vuestra pobreza, evitad la soberbia, no sea que os superen los ricos humildes (San Agustín. Sermón 85,2)

domingo, 15 de junio de 2014

A Cristo sólo podemos recibirlo en la unidad. Benedicto XVI

La unidad es un gran misterio. Misterio que nos encontramos en nosotros mismos, en nuestra comunidad cristiana, en la Iglesia, entre los cristianos y entre todas las personas que vivimos en este mundo. Entre nosotros, la unidad es siempre una utopía, ya que si cada uno de nosotros no consigue ser uno, en su persona ¿Cómo vamos a ser uno con otras personas?

El Cristo que encontramos en el Sacramento es el mismo aquí,… en Europa y en América, en África, en Asia y en Oceanía. El único y el mismo Cristo, está presente en el pan eucarístico de  todos los lugares de la tierra. Esto significa que sólo podemos encontrarlo junto con todos los demás. Sólo podemos recibirlo en la unidad. ¿No es esto lo que nos ha dicho el apóstol san Pablo…? "El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan" (1 Co 10, 17). La consecuencia es clara: no podemos comulgar con el Señor, si no comulgamos entre nosotros. Si queremos presentaros ante él, también debemos ponernos en camino para ir al encuentro unos de otros. Por eso, es necesario aprender la gran lección del perdón: no dejar que se insinúe en el corazón la polilla del resentimiento, sino abrir el corazón a la magnanimidad de la escucha del otro, abrir el corazón a la comprensión, a la posible aceptación de sus disculpas y al generoso ofrecimiento de las propias. La Eucaristía -repitámoslo- es sacramento de la unidad. Pero, por desgracia, los cristianos están divididos, precisamente en el sacramento de la unidad. (Benedicto XVI, Homilía del 29/05/05)

La comunión es el sacramento de la unidad, ya que nos une con Dios, con nuestros hermanos e incluso, internamente. Dios llama a la puerta cada vez que nos acercamos al altar y espera que le abramos la puerta: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye Mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él Conmigo” (Ap 3, 19-20)

También nos dice Cristo en el Apocalipsis: “Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.” (Ap 3, 8)

La puerta que Dios ha puesto delante de nosotros no puede ser cerrada, ya que hemos guardado Su Palabra y no hemos negado Su Nombre. Cristo llama y espera que con nuestras pocas fuerzas, abramos la puerta para que El pueda entrar y la cena sea de unidad.

Si cada uno de nosotros se une a Cristo, la unidad es posible por medio de la Gracia de Dios. No podemos confiar en nuestras fuerzas ni en nuestras estrategias humanas. La unidad no parte de actos externos que quedan en bonitas apariencias que maravillan al mundo. La unidad empieza dentro de cada uno de nosotros en el mismo momento que recibimos a Cristo en la Eucaristía.

El misterio de la inhabitación de Padre, Hijo y Espíritu Santo, nos permite ver que es posible que la unidad es posible y deseable. Además, al rezar el Padre Nuestro, pedimos que la Voluntad de Dios sea en la Tierra igual que en le Cielo.

Vivimos en una sociedad postmoderna, en la que se da gran valor a las diferencias que nos alejan unos de otros. Se no enseña que la libertad consiste en ser diferentes y reclamar que se reconozca nuestra diferencia como un valor social. La necesidad de la unidad se esconde debajo de capas y capas de circunstancias que nos desunen y nos alejan. La soledad que proviene de la incapacidad de aceptar compromisos, se considera como un valor a conservar todo el tiempo posible. Cada vez más personas viven solas y sin compromisos afectivos.

¿Cómo podremos defender la unidad entre los cristianos o entre las personas que vivimos en una misma comunidad, si vemos que esta unidad es un contravalor que se desprecia socialmente?


Como en otros muchos aspectos, nos toda ir contracorriente y hacer nuestro el compromiso de unidad que tanto necesitamos. ¿Cómo hacerlo? Empezando por dar sentido y valor a la Eucaristía. Si este sacramento termina por considerarse una herramienta de integración social, olvidaremos la existencia de esa puerta que siempre está abierta y a la que llama Cristo para cenar con nosotros.
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