lunes, 27 de octubre de 2014

He ahí por qué me entristezco por lo que queda por enmendar, pero me consuelo por las numerosas bellezas que me rodean #SanAgustin (Carta 78,9)

He ahí por qué me entristezco por lo que queda por enmendar, pero me consuelo por las numerosas bellezas que me rodean #SanAgustin (Carta 78,9)

La Gracia es necesaria para que la acción del ser humano sea buena. ¿Cuántas cosas tenemos que enmendar? Tantas como hayamos hecho sin contar con el Señor. Tantas como hayamos emprendido sin someternos a la Voluntad de Dios.

Pero ¿Es lógico quedarnos en un estado de tristeza y pesar? Es evidente que no, ya que todo lo bello que nos rodea es un regalo de Dios. Un reflejo de su divinidad y una pista que nos recuerda que sin El nada podemos.

Encontremos consuelo en el Señor y todo lo que refleja su divina misericordia y justicia.


domingo, 26 de octubre de 2014

Renunciar a la Verdad es letal para la Fe. Benedicto XVI


Tras una semana de la finalización del Sínodo de Familia es interesante volver la vista atrás, para hacer balance y sacar conclusiones. El Papa Francisco ha señalado las tentaciones que ha detectado durante el proceso:

La tentación del endurecimiento hostil, esto es el querer cerrarse dentro de lo escrito (la letra) y no dejarse sorprender por Dios, por el Dios de las sorpresas (el espíritu); dentro de la ley, dentro de la certeza de lo que conocemos y no de lo que debemos todavía aprender y alcanzar. Es la tentación de los celosos, de los escrupulosos, de los apresurados, de los así llamados "tradicionalistas" y también de los intelectualistas.

La tentación del “buenismo” destructivo, que en nombre de una misericordia engañosa venda las heridas sin primero curarlas y medicarlas; que trata los síntomas y no las causa ni las raíces. Es la tentación de los "buenistas", de los temerosos y también de los así llamados “progresistas y liberalistas”.

La tentación de transformar la piedra en pan para terminar el largo ayuno, pesado y doloroso (Cf. Lc 4, 1-4) y también de transformar el pan en piedra, y tirarla contra los pecadores, los débiles y los enfermos (Cf. Jn 8,7) de transformarla en “fardos insoportables” (Lc 10,27).

La tentación de descender de la cruz para contentar a la gente, y no permanecer, para cumplir la voluntad del Padre; de ceder al espíritu mundano en vez de purificarlo e inclinarlo al Espíritu de Dios.

La tentación de descuidar el “depositum fidei”, considerándose no custodios, sino propietarios y patrones, o por otra parte, la tentación de descuidar la realidad utilizando ¡una lengua minuciosa y un lenguaje pomposo para decir tantas cosas y no decir nada!

En estos días he leído multitud de análisis que se centran en uno o dos, de estas tentaciones, olvidando las demás. Podemos resumir las tentaciones en la tentación de ajustar la praxis eclesial, a las diferentes sensibilidades y carismas que poseemos. Es decir, la tentación de convertir la Iglesia en la iglesita de mis deseos. Desde quienes se cierran en la letra vacía de vida, hasta quienes desechan la santidad como única solución a nuestros sufrimientos.


El fin de la Iglesia es misionar y proclamar el Evangelio, dentro y fuera de sí misma. Todos necesitamos conversión, tanto si estamos integrados en la Iglesia, como si estamos alejados o fuera de ella. El fin último de cada uno de nosotros, es que el Señor nos haga santos a través de su Gracia. Por ello la misión es esencial como Iglesia y la Verdad es la luz que nos guía en el camino. (Seguir leyendo)

sábado, 25 de octubre de 2014

El amor distingue del mundo a los santos y hace que vivan juntos con una sola alma en la casa ‪#‎SanAgustin‬ (Tratado sobre el Evangelio de San Juan 76,2)

El amor distingue del mundo a los santos y hace que vivan juntos con una sola alma en la casa ‪#‎SanAgustin‬ (Tratado sobre el Evangelio de San Juan 76,2)

La santidad es la única respuesta al sufrimiento y por lo tanto, la única respuesta para poder vivir unos junto a otros. Negarnos a nosotros mismos y así afirmar a Cristo, es el camino para ser uno en Quien únicamente es.

Nuestros egoísmos, vanidades, soberbias, envidias, se reducen a cero cuando el Señor es Quien es y nosotros aceptamos que no somos por nosotros mismos.

¿Cómo vivir en comunidad cuando tenemos tantos carismas y sensibilidades diferentes? Aportando los dones del Señor a la comunidad y dejando nuestros pecados fuera de la casa.



viernes, 24 de octubre de 2014

La hermosa integridad de andar unidos. San Agustín

Cuando los últimos se armonizan con los primeros, se mantiene la más hermosa integridad ‪#‎SanAgustin‬ (Sermón 299C,1)

¿Qué nos une a todos los seres humanos? Aquello que nos hace humanos, nuestra naturaleza. No podemos decir que nada del prójimo nos es ajeno, porque hemos sido creados de la misma arcilla, por la mismas Manos.

Entonces ¿Por qué nos gusta tanto sentirnos superiores unos a otros? En la unidad está el Señor, ya que cuando nos unimos en Su Nombre, El está entre nosotros.

Para ello es necesario que los últimos y los primeros sean una misma carne y se ayuden unos a otros. Los primeros ayudan a los más lentos a llegar más lejos. Los últimos ayudan a los primeros a no sentirse solos y diferentes.



domingo, 19 de octubre de 2014

Sínodo de la Familia: la Iglesia no excluye. San Hilario de Poitiers

Ha terminado el Sínodo extraordinario de la Familia y durante un año podremos reflexionar sobre las consecuencias de cualquier cambio en la praxis pastoral. Este año, nos permitirá reflexionar sobre lo que se ha dicho y sobre los que no se ha dicho en el Sínodo. Sobre lo que se ha hecho y lo que no se ha hecho.

Para empezar la reflexión traigo unas palabras del cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Mónaco de Baviera, presidente de los obispos alemanes y miembro del grupo de cardenales consejeros del Papa. El Cardenal Marx comenta un punto clave que propicia el nuevo enfoque pastoral, que propone: La exclusión. Ha terminado el Sínodo extraordinario de la Familia y durante un año podremos reflexionar sobre las consecuencias de cualquier cambio en la praxis pastoral. Este año nos permitirá reflexionar sobre lo que se ha dicho y sobre los que no se ha dicho en el Sínodo. Sobre lo que se ha hecho y lo que no se ha hecho. 

Para empezar la reflexión traigo unas palabras del cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Mónaco de Baviera, presidente de los obispos alemanes y miembro del grupo de cardenales consejeros del Papa. El Cardenal Marx comenta un punto clave que propicia el nuevo enfoque pastoral, que propone: La exclusión.


«La exclusión no es el lenguaje de la Iglesia»; no es posible decir a las personas que viven en situaciones familiares “irregulares”: «Tú eres un cristiano de segunda». Aunque el Sínodo no acoja el término de “gradualidad”, porque se requiere una profundización teológica, lo importante es que «se tomen en serio las situaciones de las personas, hay que reconocer lo que hay de evangélicamente bueno en las situaciones, incluso cuando no hay sacramentalidad en la relación». (Seguir leyendo)


domingo, 28 de septiembre de 2014

¿Por qué hay iniquidad en la Iglesia? Responde San Agustín


Muchos de nosotros nos preguntamos la razón que lleva al Señor a permitir la iniquidad dentro de la Iglesia. ¿No debería el Señor ocuparse que todo funcionara al 100%? La Iglesia tendría que estar compuesta por seres angélicos, perfectos y fieles, para que no existieran infidelidades y errores. La realidad nos demuestra que todos somos incoherentes, igual que los dos hermanos que aparecen en el Evangelio de hoy domingo (Mt 21,28-32).

No cabe duda que la Iglesia sufre constantemente por nuestros errores. Pero el mal tiene una función que solemos olvidar: evidenciar aquello que está caduco y necesita ser podado.

Tenemos nuestra incoherencia representada en los dos hermanos del Evangelio. Uno que le dice no al Padre, pero que termina haciendo su voluntad. El otro, que le dice que sí pero no hace lo que el Padre le ha indicado. Realmente nos quedan otras dos posibilidades que no se tratan en el Evangelio: el que dice que sí y hace lo que el Padre indica. La otra sería el que dice que no y no hace la voluntad del Padre.

Cristo no habla de las dos posturas incoherentes. Las dos que son coherentes no necesitan de demasiadas explicaciones. Ojala todos fuésemos capaces de decir sí y hacer lo que Dios desea de nosotros. Nos encontraríamos viviendo ya en el Reino de Dios. Pero, el Reino de Dios no es de este mundo. (seguir leyendo)

domingo, 21 de septiembre de 2014

Dios nos devuelve la imagen perdida. San Efrén de Siria

La parábola de los obreros de la hora undécima no es sencilla de comprender. Hace unos días, escuché en Radio María a varias personas que llamaron quejándose de lo poco justo que parece Dios con los obreros. Medimos la justicia y la misericordia de Dios con nuestros erróneos juicios y humanas medidas. En nosotros anida la envidia nos impide comprender la justicia y la misericordia que Dios nos ofrece.

Estos hombres querían trabajar pero «nadie les había contratado»; eran trabajadores, pero sin hacer nada por falta de trabajo y de amo. Seguidamente, una voz les ha contratado, una palabra los ha puesto en camino y, en su celo, no ajustaron el precio de su trabajo como lo habían hecho los primeros. El amo ha evaluado su trabajo con prudencia y les ha pagado tanto como a los demás. Nuestro Señor pronunció esta parábola para que nadie diga: «Puesto que no fui llamado cuando era joven, no puedo ser recibido». Enseñó que, sea cual sea el momento de su conversión, todo hombre es acogido. [...]


Lo que damos a Dios es muy poco digno de él y lo que nos da es muy superior a nosotros. Se nos contrata para un trabajo proporcionado a nuestras fuerzas, pero se nos propone un salario mucho mayor que el que merece nuestro trabajo. [...] Se trata de la misma manera a los primeros que a los últimos; «recibieron un denario cada uno» que llevaba la imagen del Rey. Todo esto significa el pan de vida (Jn 6, 35) que es el mismo para todos; es único el remedio de vida para los que lo comen. (Seguir leyendo)
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