domingo, 5 de abril de 2015

¡Feliz Pascua 2015!


Todos los años llega la Pascua y nos encontramos con que nuestra fe se contrapone a nuestra realidad personal. Creemos que Cristo resucitó, pero todavía no lo ha hecho en nosotros. La verdadera alegría de la Pascua proviene  de Cristo, que resucita en nuestro corazón y vive en el Templo del Espíritu Santo, que somos cada uno de nosotros. Pero para que el Señor resucite en nosotros nos hace falta creer y vivir la fe de la resurrección. Esto hoy en día no es sencillo, porque dos mil años nos parece tanto tiempo, que todo lo que nos cuentan los evangelios parecen mitos: 
«Necio, dices que creerías si resucitara tu padre; ha resucitado el Señor, ¿y no crees?¿Por qué quiso morir y resucitar sino para que todos creyéramos a uno solo y no fuéramos engañados por una muchedumbre? ¿Y qué iba a hacer tu padre, en el caso de que resucitara y te hablara, volviendo de nuevo a la muerte? Considera con cuánto poder resucitó Cristo, pues ya no muere y la muerte ya no tiene dominio sobre él. Se mostró a sus discípulos y a los que le habían permanecido fieles; tocaron la solidez de su cuerpo, puesto que a algunos les pareció poco el ver lo que recordaban si no tocaban también lo que estaban viendo. Fue confirmada la fe no sólo en los corazones, sino también en los ojos de los hombres.Quien nos mostró todo esto subió al cielo, envió el Espíritu Santo sobre sus discípulos y se predicó el Evangelio. Si miento diciendo esto, interroga al orbe de la tierra. Muchas promesas se han cumplido; muchas cosas esperadas son ya realidad; el orbe entero florece en la fe de Cristo. (San Agustín. Sermón 361, 8) 

En pleno siglo XXI, aceptar y comprender la resurrección de Cristo es casi imposible. Sólo es posible por la Gracia de Dios, que nos lleva lejos de la “muchedumbre” de la que habla San Agustín. (seguir leyendo)

domingo, 29 de marzo de 2015

Dio a la Cruz el nombre de Gloria. Proclo de Constantinopla


Empieza la Semana Santa y convendría pensar si realmente queremos ver a Cristo. ¿Cómo lo hacemos? ¿Lo hacemos como Zaqueo subidos a un sicomoro? ¿Lo hacemos como los griegos que pidieron a los Apóstoles, ver a Jesús? ¿Lo hacemos como el pueblo que prefirió a Barrabás? 

La Semana Santa es el camino a la Pascua, a la resurrección, a la gloria de Dios hecha realidad sobre la Tierra. ¿Nos conformamos con vivirla a nivel socio-cultural? Dicho sea que no es que sea malo hacerlos así, pero nos quedamos en la capa más superficial del conocimiento de la Verdad: 

Por eso, aquel día, algunos griegos, empujados por esta magnífica aclamación que honra a Dios con fervor, se acercaron a un apóstol llamado Felipe y le dijeron: "Queremos ver a Jesús". Mira: es toda la muchedumbre quien ocupa el lugar del Heraldo e incita a estos griegos a que se conviertan. En seguida, éstos se dirigen a los discípulos de Cristo: "Queremos ver a Jesús". (Seguir Leyendo)

domingo, 22 de marzo de 2015

Ser grano de trigo y entregarse. Card. J. Ratzinger


Vivimos en una sociedad que valora al individuo por encima de otras estructuras sociales y espirituales. El individuo, aislado, es como una rueda que nunca ha sido utilizada en un carro o un cincel que nunca ha sido utilizado para esculpir. ¿Qué somos por nosotros mismos, alejados de los demás? A veces el enemigo nos invita a vivir lejos de todo y todos. Nos invita a buscar esa zona de confort donde nada nos necesita y nada necesitamos de los demás. Una vida replegada sobre sí misma no tiene sentido. 
Ser cristiano significa, en primer lugar, separarse del egoísmo que no vive más que para sí mismo, para entrar en una orientación profunda de la vida hacia los demás. En el fondo, todas las grandes imágenes de la Escritura traducen esta realidad. La imagen de Pascua (...), la imagen del Éxodo (....), que empieza con Abrahán y que permanece como ley fundamental a lo largo de la historia sagrada. Todo ello es expresión de este mismo movimiento fundamental que consiste en desprenderse de una existencia replegada sobre sí misma. (Seguir leyendo)

domingo, 15 de marzo de 2015

…el que no cree, ya ha sido juzgado. San Gregorio Magno


Necesitamos convertirnos. Todavía nos falta mucho camino, pero lo importante es no despreciar e ignorar la Luz. Pueden parecen duras las palabras de Cristo que podemos leer en el pasaje evangélico de este domingo. Lo curioso es que de todo lo que se dice en el Evangelio, nos solemos queda con una frase: “Porque no envió Dios su Hijo al mundo para juzgarle, sino para que el mundo se salve por El” (Jn 3, 17). Curiosamente nos acogemos a esta frase para pensar que ya tenemos todo ganado y podemos hacer lo que nos plazca. ¿No creemos en Cristo? Pues ya está. Como somos buena gente, da igual si defendemos el aborto, promocionamos una vida intrascendente o nos pasamos todo el día buscando nuestro propio provecho. Es conveniente leer todo el Evangelio y no sólo los trocitos que nos tratan bien. Vemos lo que nos dice San Gregorio sobre este pasaje evangélico:


En el último juicio algunos no serán juzgados y perecerán. De éstos se dice aquí: "El que no cree ya está juzgado", pues entonces no será discutida su causa, porque ya se presentarán delante del severo juez con la condenación de su infidelidad. Y los que conservan su profesión de fe, pero carecen de obras, serán mandados a padecer. Mas los que no conservaron los misterios de la fe no oirán la increpación del juez en su último examen, porque prejuzgados ya en las tinieblas de su infidelidad, no merecerán oír la reconvención de Aquél a quien despreciaron. Y sucede también que un rey de la tierra, o el que rige una república, castiga de diferente modo al ciudadano que delinque en el interior que al enemigo que se rebela en el exterior. (San Gregorio, Moralium 26, 24)

Sin duda Cristo no vino a juzgar al mundo, ya que no necesitamos juicio alguno. Dios puede ver directamente dentro de nosotros ¿Qué juicio necesita cuando El puede ver lo que albergamos en nuestro interior? (seguir leyendo)

domingo, 8 de marzo de 2015

La Iglesia se reforma continuamente. Orígenes de Alejandría


Estoy empezando a leer el libro del P. Nicola Bux: “Cómo ir a misa y no perder la fe”. Me está resultado muy interesante, no tanto por descubrir nuevos aspectos que no conociera, sino por una serie pistas espirituales que son realmente interesantes. Una de ellas nos habla de la reforma que la Iglesia siempre está llevando a cabo: 
Por aquí empieza la reforma. El propio Messori recuerda que la más potente arma cristiana es la reforma continua, aquella que cada uno empieza desde sí mismo, desde el deseo y la búsqueda de la santidad personal. Frente a la tendencia extendida de la “autodeterminación” de la cultura laicista y la “sumisión” predicada por los musulmanes, la fe católica nos muestra, con su Liturgia perenne, el camino de la participación en la obediencia. Si queremos contribuir debemos preguntarnos si estamos disponibles. (P. Nicola Bux, Cómo ir a misa y no perder la fe) 

El vienes me hablaba con un amigo laico, que está encargado de una de las pastorales del archiprestazgo al que pertenezco. Me comentaba que llevaba intentado mover y darle vida a esa pastoral hace años, pero las “estructuras” no se mueven lo más mínimo... (Seguir leyendo)

domingo, 1 de marzo de 2015

Manifestar la fuerza nos habita. San Ignacio de Antioquia


Hace unos días leía a una persona que reclamaba que se declarara a Cristo como un extremista peligroso. Daba razones, evidentes, basadas en la intolerancia que mostró ante la hipocresía de la sociedad en que vivió. En esta sociedad postmoderna cada vez es más difícil defender que tenemos unos principios sólidos que fundamentan nuestra vida. El relativismo ha invadido hasta a la misma Iglesia, en donde muchos reclaman la paz que proviene del mundo. La paz que proviene del pensamiento débil y la tolerancia desafectada. Hoy en día, se lapidaría al mismo Cristo, que sabía señalar la hipocresía que se esconde detrás de la paz postmoderna:

No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. ” (Mt 10, 34-37)


Entonces ¿Cómo puede ser el cristianismo una religión de paz? Esa pregunta se responde cuando nos damos cuenta de dónde está la verdadera paz y dónde está la paz aparente que nos ofrecen. La verdadera paz está en el enfrentamiento entre arrogancia y humildad, cólera y dulzura, blasfemias y oración. ¿Cómo es posible? Leamos lo que nos dice San Ignacio de Antioquía:(Seguir leyendo)

domingo, 22 de febrero de 2015

La tentación es creerse inmune a las tentaciones


El ser humano del siglo XXI se cree inmune a la acción de mal sobre él. Somos como locos que vivimos ignorando que somos herramientas de Dios o del diablo. Las tentaciones de Cristo son un texto maravilloso, ya que nos hace ver tres cosas: el diablo existe, todos somos tentados, cualquier oferta de un sustituto de Dios es un engaño del maligno. En cada una de las tentaciones de Cristo, se resumen nuestras tentaciones:

  • Desconfiar de la Divina Providencia y creernos capaces de solucionar nuestras necesidades por nosotros mismos. Es la tentación del pelagianismo, que olvida la Gracia de Dios.
  • Desconfiar de nuestra voluntad y dejarlo todo en manos de Dios. Es la tentación del quietismo. Saltar al vacío para que Dios mande a sus ángeles. ¿No sería mejor no tentar a Dios?
  • Querer ser más grande que Dios y dominar a todos y a todo. Es la tentación del agnosticismo. Dios está demasiado lejos y puede ser suplantado por el más fuerte o el más listo entre nosotros.

Estas tres tentaciones se resumen en la tentación de Adán y Eva: querer ser como Dios: actuando sin tener en cuenta Su Voluntad, utilizándolo o suplantándolo.

Habiendo, pues, ayunado cuarenta días y cuarenta noches, luego tuvo hambre. Así da el Señor ocasión al enemigo para que se le acerque, a fin de trabar con él combate y mostrarnos cómo hemos también nosotros de dominarle y vencerle (Seguir leyendo...)
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