domingo, 21 de junio de 2015

¿Por qué tenemos miedo? ¿No tenemos confianza en Dios?




El ser humano teme lo que desconoce y cuando ve presentarse lo desconocido, actúa con violencia para apartarlo de su lado. Cuando nos fijamos en la maravillosa sociedad tecnológica y postmoderna que hemos creado, parece increíble que la ignorancia y los prejuicios sean uno de sus fundamentos. Como decía en mi anterior post, es interesante fijarnos en las reacciones que se han dado y se dan, ante la última Encíclica del Papa: “Laudato Si”. Esta Encíclica profundiza una de las preocupaciones más difundidas hoy en días: la sostenibilidad del desarrollo humano y se sitúa de forma clara ante algunos de los desafíos más importantes de nuestra sociedad: el aborto, la eutanasia y el control de natalidad

Ante la Encíclica se ven comportamientos reverenciales que a veces llegan a ser ridículos, atribuyendo al Papa indicaciones que llevan décadas dando vueltas por el mundo. Como curiosidad, he leído a una persona que decía que a partir de ahora, toda parroquia tendría que crear una política medioambiental y normas de estricto cumplimiento para los fieles. Es decir, normas estrictas para el comportamiento social que contrastan con una indiferente laxitud en el campo Litúrgico. ¡Cuanta desorientación! Otros, por el contrario, se afanan en encontrar todo resquicio de duda y mala interpretación, con el objeto de desacreditar al Santo Padre. Si somos sinceros, es necesario reconocer que la inmensa mayoría de los católicos nunca leerá la Encíclica ni tendrá más noticias que los titulares de los grandes medios de comunicación. El “revuelo” mediático terminará en un dos o tres de semanas y volveremos a la aparente aburrida “realidad” de nuestra vida cotidiana de fe. Esa vida que necesita del Señor como pilar fundamental para que el miedo y la ignorancia, desaparezcan. (Seguir leyendo)

domingo, 14 de junio de 2015

¿Qué es el Sagrado Corazón de Jesús hoy en día?


El pasado viernes 12 celebramos la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Es una fecha de importancia que suele pasar sin pena ni gloria dentro de los tiempos litúrgicos. Para mi generación, hablar del Sagrado Corazón es hablar de una lejana devoción de nuestros abuelos. Tengo que confesar que lo que recogí del culto al Sagrado Corazón, de pequeño y joven, fue un barullo devocional sin pies ni cabeza. De joven me preguntaba qué razón hay para celebrar una parte de Cristo si ya celebramos su resurrección todos los domingos. Como es lógico, nunca recibí contestación alguna a mis dudas por parte de mi entorno eclesial y familiar.  Pero, con el tiempo encontré una lectura que me hizo reconsiderar mi opinión y mi desinformación sobre el tema. Aquí les traigo algunos fragmentos:

La historia del culto al Sagrado Corazón presenta un desarrollo de lo más paradójico. Por una parte, es una devoción que hunde sus raíces en el origen mismo de la dogmática cristiana, que gozó de la estima de numerosos santos, que fue objeto de una extraordinaria intervención celestial en Paray-le-Monial en el siglo XVII, y que siempre ha sido autentificada y favorecida por el magisterio supremo de la Iglesia; pero, en contrapartida, parece haberle estado reservado un extraño destino que la condenaba a cierta incomprensión por parte del pueblo cristiano y, en la actualidad, a decir verdad, a un verdadero desafecto.

Las causas de este desafecto actual son evidentes; fueron muy bien analizadas en una encuesta realizada en la década de los 50 pero cuyos resultados siguen siendo válidos todavía. De ella se desprendía que lo que aleja de esta devoción es el estrecho pietismo y el sentimentalismo en el que pronto se sumió y cuyo origen debe buscarse en un desconocimiento de la mística de tipo afectivo de los santos que han tenido revelaciones al respecto; mística que en realidad ocultaba una doctrina y una experiencia de orden totalmente teologal e intelectual en el verdadero sentido de la palabra. La deformación de esta mística y su «estereotipado», por decirlo así, originó manifestaciones devocionales privadas, de naturaleza totalmente superficial, libros piadosos que se aplicaban ante todo, o únicamente, a aspectos secundarios del culto en cuestión, además de una confusión fundamental que hacía que no se viese en el «corazón» otra cosa que un símbolo afectivo; y por último, y tal vez sobre todo, originó toda aquella masa de cantos amanerados, dulzarrones o ñoños, aquella proliferación de imágenes y estatuas pintarrajeadas del peor gusto, y la representación del Corazón Divino en la forma extremadamente realista de víscera sanguinolenta, cosa que únicamente podía provocar repulsión y desacreditar indirectamente a un culto que naturalmente no tiene nada que ver con ese pietismo repulsivo.(Jean Hanni, Mitos, Ritos y Símbolos, Vías Espirituales, Culto al Sagrado Corazón)

Hoy en día la Liturgia se ha convertido en una escusa para que la comunidad cristiana y la familia cercana, se reúna en ocasiones especiales: bodas, bautizos, comuniones, funerales, etc. En el mejor caso, nos esforzamos por reunirnos semanalmente poniendo de escusa que tenemos que “ir a misa” como obligación. Pocas personas ven en los sacramentos algo más que excusas para verse y celebrar la comunidad, por encima de todo. (seguir leyendo...)

domingo, 7 de junio de 2015

Corpus Christi: hacer presente a Cristo en el mundo



Hace un par de días escuchaba una estupenda reflexión del mi Obispo, D. Rafael Zornoza, en la que señalaba que en la Fiesta del Corpus paseamos a Jesús Sacramento por las calles y esto es bueno y bello. Nada que objetar ni que criticar, porque la presencia de Cristo Sacramento en las calles es un testimonio de su presencia entre nosotros. Decía D. Rafael, que aparte de todas las procesiones y actos de tan señalado día, no nos vendría mal pensar en que nosotros mismos podemos ser custodia de Cristo. Una custodia que haga presente a Cristo en las calles todos y cada uno de los días del año. 

Seguro que alguna persona tuvo que pensar que esto sería llevar las cosas muy lejos. Seguro que para estas personas un día de fiesta socio-cultural al año es más que suficiente. Pero el Mensaje y el Misterio son mucho más que actos sociales e institucionales. ¿No somos templos del Espíritu Santo? ¿A qué esperamos para intentar llevar a Cristo todos los días en nosotros? 

Sin duda cualquiera de las custodias que empleamos para transportar a Jesús Sacramento es digna e incluso muchas de ellas son joyas y obras de arte. Sin duda la Sagrada Forma es presencia real de Dios entre nosotros. Pero tenemos que se conscientes que para Dios, cualquiera de nosotros somos más valiosos que la más maravillosa custodia. Cuando nosotros llevamos en nosotros la presencia de Cristo, podemos mostrar que es una verdad viva que respira y siente. (Seguir leyendo)

domingo, 31 de mayo de 2015

Ser dulce fruto de la voluntad de Dios. Juan Taulero #Marref





¿Quién, hoy en día, quiere ser fruto de la Voluntad de Dios? Pocos en estos momentos, ya que pensamos que debemos ser frutos de nosotros mismos. Queremos que los demás crean que somos consecuencia de lo que queremos ser y de nuestra voluntad. Nos encanta dar la apariencia de ser personas que se han construido a sí mismas, pero tenemos un miedo terrible a que se profundice en lo que realmente somos. Por desgracia, la postmodernidad nos está llevando a ser productos de marketing, todo apariencia y campaña de publicidad, pero vacíos por dentro. Seres incapaces de juzgar, discernir, pero con gran capacidad de aparentar.

Esto se puede generalizar y darnos cuenta que toda la sociedad se mueve por apariencias, por simulacros que aceptamos, aunque sabemos que son falsos. La política es una de esas apariencias que todos sabemos que está vacía, pero nos aferramos a ella como si fuera la salvación personal y colectiva. Nos aferramos al activismo que busca aparentar y crear opinión, pero olvidamos que en la guerra de apariencias el cristianismo tiene todas la de perder. 

Nuestra vida debe ser fruto de la Voluntad de Dios y no apariencias que vender a los demás. Todos conocemos esas manzanas rojas, espléndidas,  apetitosas, que cuando se muerden están amargas y secas por dentro. Dios no quiere que quedemos en simples apariencias, quiere que nuestro ser sea un fruto dulce y lleno de beneficios para los demás. 
Los pies de la vid se ligan, se escalonan, se doblan los sarmientos de arriba abajo, se les ata a algo sólido para sostenerlos. Por ahí se puede comprender la dulce y santa vida y la pasión de Nuestro Señor Jesucristo que, en todo, debe ser el sostén del hombre de bien. El hombre debe ser curvado, lo que en él hay de más alto debe ser abajado, y debe abismarse en una verdadera y humilde sumisión, desde lo profundo de su alma. Todas nuestras facultades, interiores y exteriores, tanto las de la sensibilidad y de la avidez como nuestras facultades racionales, deben ser ligadas, cada una en su lugar, en una verdadera sumisión a la voluntad de Dios. (seguir leyendo)

domingo, 24 de mayo de 2015

Espíritu Santo, sálvanos como Iglesia y sociedad.J Ratzinger S. Juan Crisóstomo


¿Qué fue Pentecostés? Al igual que la resurrección de Cristo venció la caída de Adán y Eva, Pentecostés fue la superación de la Torre de Babel. Las construcciones humanas no pueden nunca llegar a Dios, ni a la Verdad. Cuando creemos en nuestra autonomía de Dios, perdemos el contacto con Él y pasamos sufrir las consecuencias.


Hoy en día vivimos la construcción de muchas Torres de Babel. Algunas dentro de la Iglesia, pero la mayoría son construcciones ideológicas de la sociedad con el objeto de dominarnos y hacernos sufrir. El lenguaje es el campo de batalla. Ya no podemos comunicarnos de forma clara, porque las palabras han ido cambiando de significado, lenta e inexorablemente. Hablar de matrimonio es hablar de un contrato civil con capacidad de revocarse en cualquier momento. Esto hace que cada vez menos personas deseen casarse, ya que el matrimonio se ha convertido en un simulacro oficial, que esconde una relación temporal. Para eso mejor convivir y que el estado no te tenga vigilado. Tampoco hay una relación directa entre matrimonio y familia. Tampoco los niños tienen razón de tener un padre y una madre. Como me decía hace unas horas una chica en Twitter, todo depende de “cómo definamos padre y madre”.

Dialogar no compromete a quienes lo hacen al respeto mutuo, sino al respeto de lo que estima es “políticamente correcto” y está bien visto por los grupos de presión progresistas. Es posible invocar los derechos humanos para denigrarte mientras se les llena la boca de legalidad y derechos de unos sobre otros. Por desgracia, todo derecho no natural, termina siendo un privilegio de un grupo de personas sobre otro. Hoy en día ya sabemos quienes ganan derechos en contra de nosotros.

Pentecostés: viento  y  fuego  del  Espíritu  Santo  fundan  la  Iglesia.  Esta  no  nace  de  una  decisión autónoma, ni es producto de una voluntad humana, sino creación del Espíritu Santo. Este  Espíritu  es  la  superación  del  espíritu  babilónico  del  mundo.  La  voluntad humana de poder como se expresa en Babilonia tiende a la uniformidad, pues se trata de dominar y de someter, y por eso precisamente suscita odio y división. En cambio, el Espíritu de Dios es Amor, y por ello suscita reconocimiento y crea unidad, en la aceptación  de  la  diversidad  y  la  multiplicidad  de  lenguas  se  comprenden recíprocamente. (J. Ratzinger. La Iglesia, 3)

Hoy en día se entiende que la diversidad es un valor. Por desgracia esto ocurre hasta dentro de la Iglesia. Un aparente valor que se utiliza para separarnos y discriminar. La diversidad es una realidad que debe ser iluminada por el Espíritu Santo. Si el Espíritu Santo no une en fraternidad a la diversidad, los dones del Espíritu no pueden fructificar. Los carismas son regalos de Dios para que los utilicemos en beneficio de la comunidad.

Oye cómo habla  Pablo  y  cómo  pone  la  virtud  por  encima  de  los  milagros: Emulad —dice— los carismas del espíritu. Y aún os quiero mostrar un camino de todo punto excelente (1 Cor 12,31). Y cuando viene a describirnos ese camino, no nos habla ni de resurrección de muertos, ni de curación de leprosos, ni de cosa semejante. En lugar de todo eso, pone el Apóstol la caridad. (San Juan Crisóstomo. Homilía 32 sobre el Evangelio de San Mateo)

domingo, 17 de mayo de 2015

Los frutos de la oración. San Bernardo


 En nuestra sociedad actual, la oración resulta algo incomprensible. Pararse a realizar monólogo parece una perdida de tiempo colosal. En todo caso, lo que se nos dice es que tenemos que ser activistas que tomen las calles o llenen las redes de hashtags. Hoy domingo se celebra la Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales, en las que la Iglesia tiene mucho que aportar. 

La comunicación social está íntimamente relacionada con la evangelización y también con la oración. La oración es más fuerte que la mejor campaña de marketing eclesial que podamos planear y financiar. La oración nos acerca a la Voluntad de Dios, de manera que nuestras acciones estén en línea con lo que Él quiere de nosotros.
 
Cada vez que hablo de la oración, me parece escuchar dentro de vuestro corazón ciertas reflexiones humanas que he escuchado a menudo, incluso en mi propio corazón. Siendo así que nunca cesamos de orar ¿cómo es que tan raramente nos parece experimentar el fruto de la oración? Tenemos la impresión de que salimos de la oración igual que hemos entrado, nadie nos responde una palabra, ni nos da lo que sea, tenemos la sensación de haber trabajado en vano. (seguir leyendo)

domingo, 10 de mayo de 2015

Política, Verdad y ser humano. Benedicto XVI


La sociedad es como un jarrón al que una pelota de golf hizo estallar en pedazos (trozos, partidos). Cada trozo lucha por ser el que mande y reconstituya la sociedad a su imagen. Sin gana el trozo del cuello del jarrón, nos quedamos sin fondo. Si gana un asa, todo lo demás parece sobrar. Lo cierto es que el jarrón sólo es útil cuando está completo y no se excluye ninguna parte. La naturaleza herida por el pecado (la pelota) del ser humano sólo puede ser restaurada por la Gracia de Dios. 

Nuestro mundo tiene gran necesidad de justicia (unidad, coherencia, sentido), las ideologías ofrecen reducir o hacer desaparecer, el sufrimiento obligando a que la sociedad se ajuste a sus ideales y al ser humano, a que se ajuste al modelo que propugnan. Pero la necesidad de justicia nunca se llega a abordar de verdad. En los países con mayor riqueza no hay problemas de alimentación, pero la depresión, la violencia y el desprecio a los semejantes, evidencian que el ser humano no encuentra la felicidad desde la riqueza. Cuanto más avanzada y rica es una sociedad, las familias son menos estables y las personas padecen más la soledad. Dejamos de necesitarnos unos a otros y eso nos hace ser menos humanos. Donde hay riqueza, el amor, la caridad, se sustituye por servicios sociales, derechos vacíos y capacidad de compra. No hay amor sin verdad. 

La caridad en la Verdad pone al hombre ante la sorprendente experiencia del don. La gratuidad está en su vida de muchas maneras, aunque frecuentemente pasa desapercibida debido a una visión de la existencia que antepone ante todo, la productividad y la utilidad. El ser humano está hecho para el don, el cual manifiesta y desarrolla su dimensión trascendente. A veces, el hombre moderno tiene la errónea convicción de ser el único autor de sí mismo, de su vida y de la sociedad. Es una presunción fruto de la cerrazón egoísta en sí mismo, que procede —por decirlo con una expresión creyente— del pecado de los orígenes(Seguir leyendo...)
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