sábado, 23 de enero de 2016

...que ellos sean uno, como Tú y Yo somos uno (Jn 17, 11)

¿Cómo podemos tener conciencia del grado o nivel de unidad que existe entre varias personas, grupos o incluso la misma Iglesia Católica? El mejor medio de medir la unidad es observar la comunicación que existe entre personas, grupos, etc. La comunicación se puede medir de una forma sencilla por la cantidad de malentendidos, fricciones y condenas, respecto de la cantidad de comunicación existente. Ojo, unidad no es homogeneidad, sino capacidad de trabajar unidos con los carismas, dones y sensibilidades que Dios nos ha dado como talentos.

Miremos un momento el episodio bíblico de la Torre de babel:

"En ese entonces se hablaba un solo idioma en toda la tierra. Al emigrar al oriente, la gente encontró una llanura en la región de Sinar, y allí se asentaron. Un día se dijeron unos a otros: «Vamos a hacer ladrillos, y a cocerlos al fuego.» Fue así como usaron ladrillos en vez de piedras, y asfalto en vez de mezcla. Luego dijeron: «Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. De ese modo nos haremos famosos y evitaremos ser dispersados por toda la tierra.»" (Gn 11, 1-4)

Sólo cuando se habla un mismo "idioma" es posible abordar proyecto conjunto. En el caso de la Torre de Babel el objetivo era llegar hasta el cielo, reeditando el pecado de Adán y Eva: ser como Dios. Como es lógico ese proyecto sólo podía terminar, de nuevo, en fracaso. Para que la obra llegue a su fin y sea buena, necesita de la participación de Dios mismo: "Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles" (Sl 127, 1). Ya Cristo nos dice que "donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18, 20), sólo cuando la unidad se vive en comunión con Cristo, es posible construir según la voluntad de Dios.

Preguntémonos por la capacidad de dialogar sin que se den continuos malentendidos y presunciones mutuas de malevolencia y nos daremos cuenta de que grado de unidad disfrutamos. En los últimos años la Iglesia esta sufriendo una auténtica Torre de Babel, en la que cada persona, grupo, carisma o sensibilidad, quiere imponerse a las demás, al tiempo que las considera como malignos. No es raro encontrarnos con discursos llenos de condenas, por parte de personas con el deber de generar unidad. Al mismo tiempos, a las mismas personas se les llena la boda con frases que condenan que los demás les juzguen.

Fijémonos ahora en un pasaje de los Hechos de los Apóstoles:

Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad. (Hch 4, 32-35)

Podemos leer que:
  • Los cristianos de la comunidad de Jerusalén "eran de un corazón y un alma". Estaban unidos más allá de las apariencias o las denominaciones. El alma indica que sus acciones estaban en total sintonía y que se sentían una sola cosa, porque el corazón, el ser, era el mismo.
  • "ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía" Ninguno de ellos se apropiaba de partes de la fe, ni de los bienes que compartían.
  • Los Apóstoles eran el referente: " lo ponían a los pies de los apóstoles", no llegaban a pensar en contradecir lo que la fe apostólica señalaba.
  • La diversidad era tenida en cuenta porque "se repartía a cada uno según su necesidad". No se daba lo mismo a cada cual, sino lo que su carisma y sensibilidad necesitaba.

Podemos decir que los cristianos de esa primera comunidad, respetaban la Tradición Apostólica, nadie se proclamaba dueño de algún carisma especial y además, cuando era necesario se adaptaba a lo que cada uno de ellos necesitaba. Esto se llama fraternidad. Una comunidad que comparte lo que tiene en común y aquello que diferencia a cada uno, se utiliza para enriquecer a la totalidad.

Miremos nuestra comunidad eclesial y nos daremos cuenta que:

  • Los carismas se separan y se cultivan como de su propiedad.
  • La autoridad de los Apóstoles no se tiene en cuenta. Creemos que podemos reinterpretar la fe para adaptarla a los carismas que tenemos.
  • La diversidad se comprender como un problema que genera rencillas y no como una oportunidad de enriquecimiento.
  • Cada persona o grupo, reclama su preponderancia sobre los demás. Abundan los segundos salvadores que suplantan a Cristo.
¿Es posible formar una verdadera fraternidad? Seguro que sí, pero necesitamos la Gracia de Dios para dejar atrás nuestras soberbias y preponderancias. Entender que se puede convivir teniendo a Cristo como eje común y nuestros carismas, como talentos a compartir con los demás




sábado, 16 de enero de 2016

El lenguaje místico cristiano

«Cuando todavía estudiaba la espiritualidad con mi predecesor en el Instituto Oriental de Roma, el P. Ireneo Hausherr, una vez le pregunté ¿Cómo hay que usar la palabra mística? Y él dignamente me contestó: De cualquier manera. Solo que tiene que precisar al principio: ¡Abandonen toda esperanza, los que me estáis leyendo!-» (Card. Tomás Spidlik)

A principios del siglo XX, M. Baldini, en su obra " El lenguaje de los místicos" constató 26 definiciones diferentes de la palabra, lo que indica que no es sencillo hablar de lo mismo cuando utilizamos la palabra mística. Lo importante no es que la palabra mística sea polisémica, sino que seamos capaces de indicar qué es lo que queremos comunicar al utilizarla. De otra forma nos hacemos entender y podamos sacar algo en claro.

En este texto, la mística indica el don que Dios nos da para acceder al Misterio. Misterio que no es nada que pueda ser guardado por los seres humanos, sino la comprensión de la Voluntad de Dios que está detrás de todo lo creado.

Al hablar de mística, quizás la primera pregunta que nos podemos hacer es si existe un lenguaje místico cristiano. La respuesta: sí existe. Lo han utilizado todos los místicos de la Iglesia. Pero, ¿Cómo es este lenguaje? Pseudo-Dionisio Areopagita, uno de los fundamentos de la mística cristiana,  dice lo siguiente:

"Considero que es necesario insistir más en explicar el modo perfectísimo de la unidad y distinción en Dios, para que todo nuestro tratado resulte claro y fácil de entender, evitando lo oscuro e incierto, y, en la medida de lo posible, definiendo lo propio de aquí con distinción, propiedad y orden." (Pseudo-Dionisio Areopagita. Los nombres de Dios).

Pseudo Dionisio nos indica que es necesario utilizar distinción, propiedad y orden. ¿Debe ser oscuro e incierto el lenguaje místico? Decididamente no lo contempla así Pseudo Dionisio. ¿Por qué tendría que se un lenguaje oscuro? Si lo que se desea comunicar es oscuro y profundo, por su propia naturaleza, no debemos aumentar más oscuridad por medio del lenguaje. Sobre todo es necesario utilizar una semántica clara y no cambiar el significado de las palabras. Hoy en día es muy complicado hacer esto, ya que el relativismo y la postmodernidad nos permiten llamar árbol hasta un gato sin que nadie se atreva a negar lo que evidentemente es una locura. Pero el problema del lenguaje viene de lejos.

Desde el romanticismo es frecuente calificar de "escrito místico" lo que se realmente es emotivo o sentimental. Lo mismo sucede con la palabra corazón, que a menudo se le despoja de su sentido de centralidad para reducirlo a una metáfora de la dimensión emotivo-empática de nuestro ser.

Los escritos místicos son obras de arte admirables por lo que comunican, no por su incapacidad de transmitir y su oscuridad. Su belleza radica en el esplendor que emana de ellos y de las proporciones que utilizan. Proporciones que se sostienen en la semántica, el simbolismo y en el pensamiento analógico subyacente.

Los escritos emotivos, suele contener transliteraciones semánticas que evidencian un cierto estado de conmoción o confusión mental. Este estado de confusión mental es frecuentemente confundido en el éxtasis místico. El éxtasis místico y la confusión romántica pueden tener apariencias comunes, pero distan de ser lo mismo. 

El místico utiliza un lenguaje simbólico definido y aglutinante, mientras que los escritos emotivos suelen tener sentidos disgregantes o sesgadores de la experiencia. El símbolo aglutina sentido para mostrar el Misterio subyacente. El Misterio que no puede ser comunicado con palabras directas, por lo que se define y expone por medio de analogías. El razonamiento místico es analógico, está perfectamente definido y es concreto en su desarrollo. Mientras, el lenguaje emotivo translitera los significados, confunde lo diferente y  razona de manera lateral y/o parcial. 

El lenguaje místico cristiano toma como base la forma en que el mismo Cristo nos explica lo inexplicable: la parábola, pero no se queda ahí. Utiliza símbolos y analogías que parten de los escritos proféticos y apocalípticos del Antiguo y Nuevo testamento. Si leemos el Apocalípsis de San Juan, nos daremos cuenta de que, para comprenderlo, es necesario entender y relacionar cada uno de los símbolos utilizados. Esto mismo se puede llevar, por ejemplo, al Evangelio de San Juan, en donde muchos de los Episodios narrados están impregnados de una atmósfera que nos puede parecer onírica o sobrenatural. Un ejemplo típico es el encuentro entre Jesús y la Samaritana, en el pozo de Jacob. San Juan supo transmitir lo que ocurrió dotando a la descripción de mucha más información que la propiamente descriptiva. Estos son algunos ejemplos del lenguaje místico cristiano, entre muchos otros.

Uno de los problemas actuales del cristianismo es la incapacidad de transmitir una parte esencial del Evangelio por medio de este lenguaje místico y simbólico. Tenemos delante a una generación que está educada en el empirismo y que al mismo tiempo, vive dentro de una sociedad llena de simulacros y engaños sociales. El empirismo desnuda el relato místico de todo lo que no sea propiamente descriptivo. Esto produce un entendimiento parcial e inconexo de lo comunicado. Por otra parte, si se fuerza al lector u oyente, a mirar más allá de lo descriptivo, aparecen los prejuicios y desconfianzas de quien se sabe engañado continuamente y juega a aparentar que no de da cuenta.

En resumidas cuentas, en la actualidad el lenguaje místico nos parece una lengua críptica y aparentemente destinada a personas entendidas, a "iniciados". Al ser humano del siglo XXI le sobran místicas y relatos evocadores en los que perderse. Tiene cientos o miles de ellas promocionándose en todos los medios de comunicación. La mística cristiana le parece uno más de muchos submundos imaginarios que le intentan vender constantemente. ¿Qué puede hacer que apueste por este "submundo" y no por por el de Star Wars o por el de "los Juegos de Hambre", tan de moda ambos? La única respuesta es la misma que Cristo nos legó en los evangelios:

Y acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas en parábolas? Y respondiendo El, les dijo: Porque a vosotros se os ha concedido conocer los Misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha concedido. (Mt 13, 10-11)

¿Qué es lo que nos permite dar el paso y abrir el entendimiento a la mística cristiana?  ¿Cómo entender esa elección de la que nos habla Cristo? Es Espíritu Santo sabe soplar y hacerlo de forma justa y caritativa. El es Quien abre los oídos, los ojos y el corazón a Dios. ¿Qué hace nos cerremos a este entendimiento? El don de actuar con libertad u optar por no hacerlo, que es Gracia de Dios. Como indica el Card. Spidlik en la anécdota que abre este texto, abandonemos toda esperanza en nuestras fuerzas y esfuerzos y confiemos únicamente en el don de Dios. Roguemos para se capaces de recibirlo y perseverar en Él.



sábado, 9 de enero de 2016

Misterio Cristiano cumple 7 años


Tal día como hoy, pero en el año 2009, publicaba mi primer post. Han pasado 7 años y esta cantidad de tiempo merece celebrarse. El número siete indica una cantidad de tiempo que da plenitud y tiene sentido para nosotros.  Cristo nos dijo que perdonáramos hasta setenta veces siete. Además, el blog está cercano a las 100.000 visitas. 

El post más visitado es: ¿Qué es lo sagrado? con más de 9000 visitas y uno de los primeros puestos en las búsquedas de google. Si buscan ¿Qué es lo sagrado en google? se darán cuenta de la relevancia del post. Le siguen De lo Divino y lo humano. De lo Sagrado y lo profano. con más de 3000 y El tiempo sagrado con más de 2000. 

En el primer post del blog hacía referencia a una de las frases de Cristo que mejor definen qué es el Misterio Cristiano:

“Los discípulos se acercaron y le preguntaron: ¿Por qué le hablas a la gente en parábolas? Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los Misterios del Reino de los Cielos; mas a ellos no les es dado. Al que tiene, se le dará más y tendrá en abundancia. Al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará”. (Mt 13,10-12)

A unos se les da en abundancia, a otros se le quita hasta lo que tienen. A unos se le habla directamente de los Misterios del Reino y a otros no les es posible acceder a ellos porque se enuncian mediante parábolas, símiles o símbolos. Hoy en día nos rasgamos las vestiduras por lo poco igualitario que parece ser Dios. Tengo que señalar que la Iglesia ha dado unos cuantos pasos atrás desde ese año 2009. En aquel momento algunas personas nos dedicamos a ahondar en el Misterio y difundirlo como parte sustancia de la fe cristiana apostólica. Hoy en día muchos de estas personas, desgraciadamente, han tirado la toalla. Unos pocos pertinaces y obstinados seguimos adelante. ¿Por qué seguimos? Lo contesto con una frase del mismo Cristo:

Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse, ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un celemín, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. (Mt 5, 14-15)

Cuando una persona tiene esa Luz viva en el corazón, es difícil que decida esconderla debajo de un cajón de medidas (Celemín). La medida es la ley irracional creada discrecionalmente por el se humano. La Luz no se puede medir, cuantizar o retener por el ser humano. La Luz se pone en un candelero para que alumbre y evidencia lo que está en orden y en desorden dentro de la casa. Quiera el Señor que esta Luz no se extinga en mi corazón y siga escribiendo de vez en cuando sobre estos temas.

Aunque la situación eclesial es preocupante, la esperanza nunca desaparece. ¿Cuándo no ha estado perseguida la fe y la Verdad? No es posible quejarse cuando Cristo nos ha dado la respuesta a nuestras dudas:

¿No saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que Dios les ha dado, y que el Espíritu Santo vive en ustedes? (1Co 6, 19

Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en Verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. (Jn 4, 21-24)

martes, 5 de enero de 2016

Epifanía, Dios manifestado y ser humano.

La Epifanía es primicia del sacramento eucarístico. Los Magos de Oriente llegaron de muy lejos guiados por la Estrella de Belén. Pasaron por la tentación de la visita al Rey Herodes y continuaron su camino hasta encontrar a Dios encarnado en un Niño que había nacido en un resguardo provisional e improvisado. Los Magos no se dejaron engañar por lo que veían, ya que si hubieran visto sólo con los ojos, se hubieran dado la vuelta, decepcionados.

Los Magos admiraron el milagro porque fueron capaces de ver con el corazón y el entendimiento. Dios estaba presente, pero detrás de unos profundisimos símbolos. Nadie puede ver a Dios de forma directa, pero Dios si puede manifestarse por medio de símbolos y comunicarse a través del entendimiento de los mismos. Los Magos se arrodillaron y adoraron al Niño Dios. Le entregaron los presentes con gran reverencia y humildad: oro, signo de realeza, incienso, signo de divinidad y mirra, signo de sufrimiento y pasión. Sin duda el corazón de  los Magos estaba limpio y radiante después de su larga peregrinación y las pruebas a las que se vieron sometidos.

Y si alguien nos pregunta por qué está dicho: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt 5,8), nuestra posición, a mi juicio, se afirmará mucho más con esto, pues ¿qué otra cosa es ver a Dios con el corazón, sino entenderle y conocerle con la mente, según lo que antes hemos expuesto? En efecto, muchas veces los nombres de los miembros sensibles se refieren al alma, de modo que se dice que ve con los ojos del corazón esto es, que comprende algo intelectual con la facultad de la inteligencia. Así se dice también que oye con los oídos cuando advierte el sentido de la inteligencia más profunda. Así decimos que el alma se sirve de dientes cuando come, y que come el pan de vida que descendió del cielo (Orígenes de Alejandría. Los Principios)

En la Eucaristía sucede algo similar. Dios está presente, pero nosotros sólo vemos un trozo de pan en manos de un ser humano, el sacerdote, que nos ofrece comerlo. Si miramos la escena con superficialidad postmoderna, sólo veríamos a un hombre vestido de forma extraña que entrega una galleta de pan a quienes se acercan. Por desgracia los propios católicos ya no somos capaces de ver en la Eucaristía a Dios que se manifiesta. La misa y el tiempo que dedicamos a ir a ella, nos parece tiempo perdido. Lo que acontece dentro del templo, nos parece incomprensible e innecesario. Por ello no dejamos de recrear la Liturgia intentando convertir un acto sagrado (incomprensible por naturaleza) en un acto social (cercano, divertido y amigable). Transformamos la misa en un encuentro social y la Eucaristía en un signo de pertenencia al grupo que se reúne. De esta visión social de los sacramentos proviene la reclamación del derecho a que todos puedan comulgar para no sentirse excluidos y de sentirse de “segunda clase”. Hemos perdido la capacidad de ver a Dios en los signos sagrados. Hemos perdido la capacidad de entender más allá de lo que vemos.

Nos pasa como a Parsifal, protagonista de las epopeyas medievales del Santo Grial. Cuando se presenta ante él una procesión con una serie de signos sagrados, es incapaz de preguntar el significado de todo ello. La consecuencia es que el mundo sigue siendo un páramo seco y el Rey Pescador, no sana su herida. Nosotros somos como Parsifal, incapaces de pararnos a ver más allá de las apariencias y darnos cuenta que Dios está presente y nos llam. En resumidas cuentas, ignoramos la maravillosa y terrible manifestación de Dios que acontece delante de nosotros.

El símbolo (El que une y da sentido) es lo que nos dice que hay una realidad invisible tras de él. Lo contrario al símbolo es el diablo (el que separa signo, significado y realidad, genera ignorancia e indiferencia). El diablo nos dice que nada tiene sentido y que sólo las apariencias son importantes para nosotros. Los Magos vieron el Logos, la Luz que vino al mundo y se arrodillaron ante Él. Herodes se quedó en su magnifico Palacio, indiferente a lo que acontecía a pocos kilómetros, aunque los Magos le hubieran advertido de ello. Quedó tramando intrigas y crímenes para que su poder no se viera amenazado. ¿Qué elegimos?

domingo, 22 de noviembre de 2015

Eucaristía, verdadera Carne verdadera Sangre. Benedicto XVI

Los sacramentos son caminos, vías, medios de comunicación con los que Dios nos hace llegar su Gracia. Alguno de nosotros se puede preguntar si estos medios son realmente necesarios o Dios puede enviarnos su Gracias de forma directa. Para Dios todo es posible, podría hacer su Voluntad como quisiera, pero ha decidido darnos unos signos visibles para hacerse presente entre nosotros. Ahora ¿Qué pasa hoy en día con los sacramentos? ¿Por qué son campo de batalla? Desgraciadamente los hemos reducido a ceremonias sociales. No creemos que Dios se haga presente por estos medios e incluso hemos dejado de creer en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

Pero son muy claras las palabras que Cristo pronunció en esa circunstancia: "Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre no tenéis vida en vosotros" (Jn 6, 53). Realmente, tenemos necesidad de un Dios cercano.  Ante el murmullo de protesta, Jesús habría  podido conformarse con palabras tranquilizadoras. Habría podido decir: "Amigos, no os preocupéis. He hablado de carne, pero sólo se trata de un símbolo. Lo que quiero decir es que se trata sólo  de una profunda comunión de sentimientos". Pero no, Jesús no recurrió a esa dulcificación. Mantuvo firme su afirmación, todo su realismo, a pesar de la defección de muchos de sus discípulos (cf. Jn 6, 66). Más aún, se mostró dispuesto a aceptar incluso la defección de sus mismos Apóstoles, con tal de no cambiar para nada lo concreto de su discurso: "¿También vosotros queréis marcharos?" (Jn 6, 67), preguntó. Gracias a Dios, Pedro dio una respuesta que también nosotros, hoy, con plena conciencia, hacemos nuestra: "Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna" (Jn 6, 68). (Seguir leyendo)

viernes, 30 de octubre de 2015

Cuando la Iglesia enferma

La Iglesia es un ser vivo en el que las personas somos las células que le dan cohesión. La Iglesia, como todo ser vivo, necesita comunión, porque las células necesitan estar unidas para apoyarse, recibir alimento y desarrollarse.

Pero no todo es idílico en la vida de los seres vivos. A veces las células enferman y generan problemas. Estas células enfermas pueden desarrollarse en cualquier parte del cuerpo, por lo que ninguno de nosotros estamos a salvo de poder enferman espiritualmente y perder los vínculos de unidad que nos hacen sentirnos plenamente integrados en el gran organismo eclesial.

En los momentos en que vivimos, el cuerpo eclesial está enfermo por una gran diversidad de motivos, pero el síntoma más evidente de esta enfermedad es que los católicos cada vez nos alejamos más los unos de los otros. Las sinergias que dan vida al organismo se van perdiendo y el cuerpo se va debilitando poco a poco. Detrás de las enfermedades eclesiales siempre está el diablo, el gran separador, el gran mentiroso, el gran conspirador. El diablo juega con los carismas para enfrentarnos e imposibilitar que trabajemos unidos.

El principal vínculo de unidad, la fe, se ha convertido en algo relativo y maleable. El segundo vínculo de unidad: la relación con Dios, la sacralidad, casi ha desaparecido del mapa. Lo podemos ver en la gran cantidad de Liturgias y paraliturgias que conviven. Lo podemos ver en la construcción de templos multi-funcionales capaces de ser utilizados para fiestas, congresos o actos sociales, pero que cada vez albergan menos actos sagrados, como las misas. Lo podemos ver en la desacralización de los sacramentos y su transformación en signos socio-culturales.

Incluso el signo de unidad que Cristo no donó: el Santo Padre, se ha convertido en elemento de discordia y separación. Cada cual crea su clon de Papa ajustado a su ideología y egoístas deseos. Después grita, ¡Todos con el Papa!, reclamando que se unan a su clon Papal. Si no lo hacemos, nos atizan inmisericordes papazos, hasta que consiguen que nos vayamos lejos. Hablan de una misericordia que esconde dentro complicidad indiferente. Cuando se habla de justicia les duele, porque no aceptan que Dios nos regala la ley como primicia de su Gracia. Dios nos señala el camino y después nos envía la Gracia para que lo consigamos andar.

En el caos de propuesta de iglesitas personales, muchos reclaman una Iglesia plural. Si ahondamos en esta propuesta nos encontramos que lo que se solicita realmente es "otra iglesia" diferente. Una iglesia alternativa que se intenta imponer a los demás con buenas palabras y sonrisas vehementes. En todo caso, si les señalamos el engaño, nos dicen que cada cual se quede con la iglesia que más le guste. Eso sí, lo suficientemente lejos para que no nos tengamos que ver unos con otros.

En esta ambiente tan complejo y disonante, sólo el Espíritu Santo consigue que no nos rompamos en decenas de grupos independientes, cada cual con la iglesia que más le gusta. Hay esperanza por que el Señor habla de la victoria frente al maligno. La Iglesia prevalecerá, pero seguramente mucho más pequeña e irrelevante que en estos momentos, tal como el Card. Ratzinger nos comentó en su juventud. Esto es lo que nos hace seguir adelante día a día, la esperanza que conlleva tener fe en las Palabras de Cristo, que siempre son la Buena Noticia que da fuerzas y ánimo.


miércoles, 23 de septiembre de 2015

¿Quién puede ver a Dios? ¿Dónde encontrar a Dios?

Hoy en día la fe católica se ve amenazada por una gran diversidad de formas relativizantes de entenderla. Podríamos decir que el creyente medio tiene la fe en la existencia de Dios, pero lo entiende como un dios lejano o un ídolo-herramienta personal. Hemos perdido el vínculo de la sacralidad. El Misterio Cristiano es desconocido o ignorando. Lo sagrado ya no nos permite acercarnos a Dios e intentar que Dios viva en nosotros. Arrinconamos lo sagrado en museos y admiramos únicamente la estética de su realización humana. Nos importa su historia y su valor, que la puerta a la trascendencia que lleva consigo. Ya no somos capaces de ver la cerradura que abre nuestra alma para que la Luz de Dios entre en nosotros.

El hombre por sí mismo no puede ver a Dios; pero Dios, si quiere, puede manifestarse a los hombres: a quien quiera, cuando quiera y como quiera. Dios, que todo lo puede, fue visto en otro tiempo por los profetas en el Espíritu, ahora es visto en el Hijo gracias a la adopción filial y será visto en el Reino de los Cielos como Padre. En efecto, el Espíritu prepara al hombre para recibir al Hijo de Dios, el Hijo lo conduce al Padre, y el Padre en la vida eterna le da la inmortalidad, que es la consecuencia de ver a Dios. Pues del mismo modo que quienes ven la luz están en la luz y perciben su esplendor, así también los que ven a Dios están en Dios y perciben su esplendor. Ahora bien, la claridad divina es vivificante. Por tanto, los que  contemplan a Dios tienen parte en la vida divina. (San Ireneo de Lyon. Contra las Herejías, libro IV, 20, 4- 5)

¿Vemos el esplendor a Dios en nosotros, en quienes nos rodean y en todo lo creado por Él? Más bien no. Hemos reducido a Dios a la imagen que está impresa en nuestro hermano, pero aún así, lo que nos importa es sentirnos útiles y se bien vistos cuando obramos filantrópicamente.

Podemos fijarnos en la próxima misa en las actitudes de quienes estamos allí. ¿Cuántas personas se arrodillan en la Consagración? Pocas, por desgracia. ¿Cuántas personas se arrodillan para recibir la Eucaristía? Nadie, porque rara vez nos permiten hacerlo. Para la mayoría de los sacerdotes, lo importante es terminar la misa rápido.

Somos capaces de ver a Dios en los espacios sagrados? ¿Somos capaces de vivir el tiempo sagrado de la Liturgia, para participar de la vida divinidad? San Ireneo nos invita a vivir el sentido sagrado de nuestra existencia cotidiana, pero ya no somos capaces de entender qué nos quiere decir.

No se trata de desvelar un enigma y ver a Dios como algo escondido: “el Espíritu prepara al hombre para recibir al Hijo de Dios, el Hijo lo conduce al Padre, y el Padre en la vida eterna”. El Misterio no es un enigma, algo secreto a descubrir con nuestras fuerzas e inteligencia. El esoterismo no es compatible con el cristianismo aunque a veces nos vendan que sí lo es. El Misterio Cristiano parte de nosotros mismos que dejamos a Dios actuar en nosotros. Es el Espíritu quien nos prepara y acondiciona para ver a Dios. Nosotros le dejamos actuar, adecuarnos y santificarnos.


El Espíritu es quien nos permite entrar en la Luz, que es el Logos, Cristo. Dios nos permita dejar que el Espíritu nos lleve hasta Cristo y entonces ver su Luz y dejarnos transformar por Ella.
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