sábado, 27 de febrero de 2016

Sacramentos alternativos

La Iglesia, desde muy pronto en su historia, señaló la existencia de una serie de sacramentos, que han llegado a nosotros como siete. De ellos, el que resalta sobre todos los demás es la Eucaristía, porque mediante este sacramento nos alimentamos de la Gracia de Dios. También son importantes el Bautismo y la confirmación, ya que son la columna vertebral del acceso a la fe. Los sacramentos son signos por medio de los que Dios nos ofrece su Gracia. Gracia que puede ser rechazada aunque el signo se haya realizado de forma totalmente válida. Para la recepción de los sacramentos, hace falta estar en estado de gracia y predispuestos a abrir el corazón al Espíritu Santo.

Es curioso que esta doctrina tan clara y unificadora, hay perdido hoy en día toda su fuerza y consistencia. Pocas personas ven en los sacramentos algo más que ritos antiguos que conservamos por costumbres. De hecho muchas personas dan más importancia a las obras de caridad que a los mismos sacramentos. Las obras de caridad son maravillosas, pero los sacramentos lo son aún más.

En el pasado viaje del Santo Padre a México, se dio la oportunidad de hablar a que una pareja de personas que conviven como matrimonio, aunque no están casados sacramentalmente. Entre todo lo que dijeron, reseñó un párrafo que creo que es central:

"No podemos acceder a la eucaristía, pero podemos comulgar a través del hermano necesitado, del hermano enfermo, del hermano privado de su libertad" y "buscamos la manera de transmitir el amor de Dios"

Como es lógico, esta pareja no puede comulgar por su situación de convivencia. Esto les ha llevado a buscar una alternativa al sacramento y por eso dan un sentido sacramental a la obras de caridad que realizan. El problema es que no es lo mismo. La caridad no es un sacramento y además, sería muy beneficioso que quienes realizaran estas obras tan maravillosas, vivieran en total sintonía con la fe de la Iglesia. Con esto no quiero decir que estas personas no puedan hacer obras filantrópicas, pero no encontramos con algunos problemas. ¿Cuáles? Leamos un pasaje evangélico que habla justamente de eso:

Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. (Mt 6, 1-5)

Cristo nos deja claro que las obras de caridad deberían ser secretas, nunca públicas, porque si las aireamos para justificar nuestra bondad, pierden el sentido de sacrificio que Dios desea. Si nuestras obras de caridad las utilizamos como palanca para reclamarnos buenos y perfectos, estamos más cerca del Fariseo que del Publicano. Este último se escondía en las sombras pidiendo perdón a Dios por ser lo que era. No creo que las obras de caridad deban ser utilizadas para justificar una situación de convivencia inadecuada que da testimonio erróneo dentro de la comunidad cristiana.


No dudo que este matrimonio se desviva por hacer el bien a los demás, pero esas buenas obras no son un sacramento y tampoco deberían ser utilizadas para justificarse a sí mismos. No creo que ninguno podemos tomar la palabra para decir que somos maravillosos y señalar que sufrimos por no poder acceder a los sacramentos. Ninguno tenemos derecho a los sacramentos y tampoco tenemos derecho a usar las buenas obras para justificar el acceso a ellos. Siempre es mejor quedarnos detrás, donde nadie nos vea y orar el Señor para que nos perdone nuestra múltiples infidelidades. Si podemos comulgar, debemos hacerlo sin que esto se comprenda como un privilegio ni un premio por nuestra caridad. Si hacemos algo bueno, es porque Dios nos ofrece su Gracia de forma gratuita y nosotros no la rechazamos.

sábado, 20 de febrero de 2016

Libertad y lo sagrado

¿Somos realmente libres? Para ser libre necesitamos de dos características que no abundan en la mayoría de los seres humanos: conocimiento y voluntad. La ignorancia y la apatía, nos conducen directamente a la esclavitud del pecado. ¿Por qué?

San Gregorio de Niza nos habla del pecado original en unos términos que son muy claros e iluminadores. Nos dice que antes de pecar, el ser humano tenía tres privilegios frente a los demás seres irracionales: la inmortalidad, una voluntad única, unida a la Voluntad de de Dios y el conocimiento del rostro de Dios. Adán y Eva escuchan el llamado de Dios y ellos respondían. El diálogo entre creador y criatura daba sentido a cada instante de la vida de nuestros primeros padres. El pecado se sustancia a través de la desconfianza y la envidia que la serpiente cultiva en el corazón de Adán y Eva. Cuando comen del fruto prohibido se cumple el vaticinio de la serpiente, son como dioses, es decir independientes, pero se dan cuenta del gran engaño. Nadie pone a un niño de 3 meses a dirigir una gran empresa. ¿Por qué? 

Porque desconoce todo lo que le rodea y su voluntad sucumbe a sus pasiones. Una vez se rompe el diálogo con Dios, sus decisiones no necesitan del conocimiento de la Verdad y su voluntad deja de verse fortalecida por la Voluntad de Dios. Lo que compraron como una "ascenso" al infinito, fue simplemente una terrible trampa. Estaban solos a merced de las leyes de su naturaleza animal y no tenían conocimiento ni voluntad para obrar el bien. Eran presa fácil de la serpiente, pero Dios tuvo misericordia y les regaló algo maravilloso: la sacralidad. Lo sagrado es el vehículo de comunicación que tenemos para acercarnos a Dios y recibir conocimiento y voluntad a través de la Gracia de Dios. Esta es la razón por la que los signos sagrados nos enlazan, religan, reconectan con Dios. Pero ¿Que sucede cuando nuestra religión olvida lo sagrado y se queda únicamente en lo inmanente?

El creyente medio actual, no es capaz de entender la importancia de lo sagrado. Las razones son diversas, pero habría que empezar por indicar que no se puede entender y dar valor a aquello que no nos han enseñado y de lo cual no tenemos vivencia alguna. Hoy en día la formación y la práctica religiosa, están siendo sustituidas por el activismo socio-cultural y por diversas formas de asociacionismo intraeclesial. Los creyentes siguen creyendo en Dios, pero no son capaces de comunicarse con Él, lo que les hace pensar que Dios está demasiado lejos y delega todo en la misma ignorancia e indiferencia que tenemos en nosotros mismos. Esto permite la aparición de muchos segundos salvadores que ofrecen versiones actualizadas de la religión y la vida espiritual. Formas que parten de transformar la religión para que se adapte a la voluntad creyente y no a propiciar la conversión que hace que el creyente se adapte a la Voluntad de Dios.

Los signos sagrados parecen destinados a guardarse en museos y rellenar tratados que pueblen las bibliotecas. Sólo tenemos que ver cualquier visita del Papa a un país y nos daremos cuenta que los momentos más importantes son los lúdico-emotivo-sociales. Los momentos en que los estadios se llenan y las bandas modernas comparten escenarios con testimonios de marketing emotivo, destinados a emocionar a quien los vea. No se intenta enseñar a comprender ni tampoco se busca ayudarnos a unir nuestra voluntad a la Voluntad de Dios. Incluso los actos litúrgicos tienen como escenarios las plazas, estadios o aeropuertos, olvidando que los espacios sagrados son los más adecuados. La Liturgia a veces deja mucho que desear, llegado a producirse abusos litúrgicos con facilidad.

Es fácil darse cuenta que separados de Dios somos más fácilmente esclavizados por estos segundos salvadores y sus ayudantes. Separados de la Belleza, la Bondad y la Verdad no podremos ir demasiado lejos en nuestro camino cotidiano. Al final alguna persona nos dirá que nos dejemos de tontería y nos dediquemos a ayudar a las demás personas. Si les preguntamos por la forma en que le tenemos que ayudar nos leerán una lista de acciones y actividades, pero en ellas seguro que Dios no aparece ni por asomo. Si nos atrevemos a decir que para comunicar amor a nuestros hermanos, primero tenemos que estar unidos a Dios, nos mirarán como quien ve a un salvaje prehistórico, tras lo que nos calificará como rigoristas o fundamentalistas.

Cristo nos dijo que la Verdad nos haría libres, no nos dijo que la libertad se consiguiese llenado el día de acciones, planificaciones y actividades diversas. Cristo es la Camino, Verdad y Vida. Sólo es posible llegar al Padre a través de Él. ¿A qué esperamos?

sábado, 6 de febrero de 2016

¿En qué consiste la salvación? Humildad, castidad y simplicidad

El ser humano del siglo XXI se considera salvado por sí mismo y por la técnica, que domina y le domina. Todo parece posible por medio de las herramientas sociales, administrativas y tecnológicas que hemos ido creando a nuestra imagen y semejanza. Es evidente que esta pseudo-salvación es falsa. Es sólo un escenario de cartón piedra que simula algo que es imposible. Nosotros, por nuestra parte, participamos en el simulacro actuando como si nos creyéramos toda la inmensa obra de teatro montada. Pero ¿En qué consiste la salvación? Leamos lo que nos dice un sacerdote ortodoxo, martir del régimen soviético, además de científico e ingeniero insigne:

¿En qué consiste la salvación? En entrar como piedra en la torre que se va construyendo, en la unidad real con la Iglesia; esto no sólo se pone de manifiesto en multitud de pasajes particulares de nuestro texto, sino que aparece también como el tema fundamental de todo su contenido. La salvación está en la unidad de substancia con la Iglesia.  Pero la unidad superior, transcendente al mundo, de la creación, unificada por medio de la fuerza de Gracia del Espíritu, es accesible únicamente a quien se ha purificado en la obra ascética y ha conquistado la paz. De este modo viene establecido el carácter ontológico y substancial, el valor objetivo de la humildad, la castidad y la simplicidad como fuerzas supra-físicas y supra-morales, que hacen a toda criatura, en el Espíritu Santo, de la misma substancia de la Iglesia. Estas fuerzas son la revelación del otro mundo en el mundo de aquí, del mundo espiritual en el mundo espacio-temporal superior en el inferior. Ellas son los ángeles guardianes de la creación, que descienden del cielo y ascienden de la creación hasta el cielo, como se mostró al antepasado Jacob. Y, para prolongar la comparación, por esta «escala» hemos de comprender a la Santísima Madre de Dios. (P. Pavel Floresnsky. La Columna y el Fundamento de la Verdad. Carta décima: la Sofía)

¿Unidad sustancial con la Iglesia? Seguramente al hablar de la Iglesia nos quedemos únicamente pensando en su apariencia y en quienes la componemos. Su apariencia no pasa por los mejores momentos de la historia. La Iglesia de hoy en día aparece resquebrajada por innumerables y profundos cismas internos. Está llena de segundos salvadores que reclaman ser la única y exclusiva vos de Dios. Una Iglesia en donde es muy complicado sentirse incluido sin tener que aceptar las "condiciones exclusivas" de cualquiera de los miles de trocitos en que está dividida. Ser un cristiano católico sin más apellidos, es algo impensable y hasta repudiable. Si no eres del Papa X o del fundador Y o del movimiento Z, parece que no eres católico. Una amiga me comentaba, hace unos meses, que es necesario "optar", "tomar partido". Si no lo haces, nadie te aceptará y serás visto como un peligro potencial por todos. Vamos, postmodernidad intravenosa concentrada.

¿Cuál es la sustancia de la Iglesia? El P. Pavel lo deja más que claro en este texto: Unidad trascendente al mundo, unificada por el Espíritu Santo. También nos dice que esta unidad necesita de la negación de sí mismo (ascesis) y de la Paz del Señor. Paz que no es silencio, ni indiferencia, ni ignorancia mutua. Paz que compromiso que trae fuego para quemar el mundo, que no es más que quemar la tramoya del simulacro en que vivimos: “Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera encendido!” (Lc 12, 49)

¿Qué nos conduce hacia esta ascesis? Nos dice el P. Paver: “el valor objetivo de la humildad, la castidad y la simplicidad”. Humildad que nos lleva a dar valor a la parte sustancial de la Iglesia como trascendencia y dejar que las estructuras sean lo que realmente son: herramientas humanas carentes de capacidad de salvarnos. Castidad, que conlleva limitarnos a lo que somos y a lo que amamos. Las promiscuidades ecuménicas pueden ser muy bien vistas, pero que no son más que engaños que nos tiende el príncipe del mundo. Simplicidad que a veces confundimos con ignorancia, prefiriendo la comodidad de la segunda al compromiso de la primera. Se es simple cuando somos sustanciales. Cuando dejamos el enjambre de estructuras a un lado y nos dedicamos a amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. A Dios se el adora y ama por medio de la sacralidad y al prójimo, a través de la Caridad. Caridad que es Dios mismo que se manifiesta a través de nosotros.

Humildad, castidad y simplicidad, que tal como dice el P. Pavel, son los ángeles de la Escala de Jacob. Escala que nos lleva al cielo cuando estas estas virtudes nos llenan y nos arrastran al mundo, cuando las echamos de nuestro interior. La salvación esta en la unidad sustancial con la Iglesia. La Iglesia que es Cuerpo de Cristo y manifestación de Dios en el mundo. Ese es el gran reto que tenemos por delante hoy en día: “entrar como piedra en la torre que se va construyendo, en unidad con la Iglesia”. Piedras que son diferentes pero iguales en importancia. Piedras que  están llamadas a colocarse en su lugar dentro del Reino de Dios.

sábado, 30 de enero de 2016

Secreto, sigilo y prudencia.


Ojalá me sea concedido esto, y tú amigo Teófilo, con un continuo ejercicio de la contemplación mística abandona las sensaciones y las potencias intelectivas, todo lo sensible e inteligible y todo lo que es lo que no es, y, en la medida posible, dejando tu entender esfuérzate por subir a unirte con aquel que está más allá de todo ser y conocer. En efecto, si te enajenas puramente de ti mismo y de todas las cosas con enajenación libre y absoluta, habiendo dejado todo y libre de todo serás elevado hasta el rayo supraesencial de las divinas tinieblas.

Pero procura que no escuche estas cosas ningún profano; me refiero a quienes se contentan con los seres y no se imaginan que hay algo superior supraesencialmente a los seres, sino que creen que con su razón natural pueden conocer al que puso «la oscuridad por tienda suya» (Sal 17,12). Y si la iniciación en los misterios divinos les supera a éstos, ¿qué podríamos decir de los que son aún más ignorantes, aquellos que describen a la Causa suprema de todos los seres valiéndose de los seres más bajos que existen, y afirman que Ella no es superior en nada a los impíos y multiformes ídolos que ellos se inventan? (Pseudo Dionisio Areopagita. Teología Mística)

Para el ser humano del siglo XXI es sorprendente la indicación al secreto-sigilo que se incluye en este texto del Pseudo Dionisio Areopagita. Hoy en día, que todo ha sido develado y todo es conocido ¿Qué sentido tiene un secreto ante quienes se acercan a la fe desde la prepotencia o desde la idolatría? Podríamos decir que no tiene sentido como guardar ningún secreto, ya que "... no hay nada oculto que no haya de ser manifiesto, ni secreto que no haya de ser conocido y salga a la luz" (Lc 8, 17). Lo que sí tiene sentido es guardar prudencia tal como indica este consejo evangélico: "No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las huellen con sus patas, y volviéndose os despedacen." (Mt 7, 6). No se trata de ocultar, sino de saber transmitir al nivel que cada persona pueda entender los Misterios que conforman nuestra fe.

Si una persona sólo cree en sus ídolos e ideologías, de nada vale que le hablemos de nuestra fe, porque será imposible comunicar. Nada podrá sacar de ello y siempre puede enfadarse y atacarnos. Tenemos que ser prudentes sin por ello guardar secreto alguno. La evangelización es una llamado, una reclamo, un ofrecimiento para que quienes sufren y desean consuelo, sepan donde pueden ir, pero las "perlas" nunca pueden ser entregadas a quienes husmean y desconfían. Los Misterios que conforman nuestra fe deben esperar a que la persona haya encontrado la confianza en el Señor. Entonces se puede hablar de ellos y mostrar el esplendor que traen consigo. Hoy en día estamos viviendo la triste evidencia de la continua profanación de lo sagrado. Los Misterios se banalizan y se reinventan desde puntos de vista ideológicos. Los Sacramentos se han convertido en un campo de lucha social, mientras que la oración ha desaparecido de la vida cotidiana del cristiano.

Un claro ejemplo de esta lucha la podemos encontrar en el Sínodo de la Familia, donde se han planteado las bases para despojar a los Sacramentos de su sentido y su forma. Se ha puesto en cuestión la validez del Signo Sacramental, dando lugar a que ahora nadie sepa si los Sacramentos recibidos han sido válidos. Hace unos días leía un comentario postmodernos a la exclamación: "Hemos perdido el norte" que me puso los vellos de punta. Decía que: "¿Hemos perdido el norte?, no pasa nada. Así podemos encontrar nuevos caminos". Una gran cantidad de personas que se dicen cristianas y católicas, han perdido el norte y lo peor, están contentos de haberlo hecho. Quiera el Señor que no estrellen sus naves contra las rocas de la costa ni se pierdan para siempre en el mar de lo profano. Quiera el Señor que su temeridad no afecte a la Barca de la Iglesia.

sábado, 23 de enero de 2016

...que ellos sean uno, como Tú y Yo somos uno (Jn 17, 11)

¿Cómo podemos tener conciencia del grado o nivel de unidad que existe entre varias personas, grupos o incluso la misma Iglesia Católica? El mejor medio de medir la unidad es observar la comunicación que existe entre personas, grupos, etc. La comunicación se puede medir de una forma sencilla por la cantidad de malentendidos, fricciones y condenas, respecto de la cantidad de comunicación existente. Ojo, unidad no es homogeneidad, sino capacidad de trabajar unidos con los carismas, dones y sensibilidades que Dios nos ha dado como talentos.

Miremos un momento el episodio bíblico de la Torre de babel:

"En ese entonces se hablaba un solo idioma en toda la tierra. Al emigrar al oriente, la gente encontró una llanura en la región de Sinar, y allí se asentaron. Un día se dijeron unos a otros: «Vamos a hacer ladrillos, y a cocerlos al fuego.» Fue así como usaron ladrillos en vez de piedras, y asfalto en vez de mezcla. Luego dijeron: «Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. De ese modo nos haremos famosos y evitaremos ser dispersados por toda la tierra.»" (Gn 11, 1-4)

Sólo cuando se habla un mismo "idioma" es posible abordar proyecto conjunto. En el caso de la Torre de Babel el objetivo era llegar hasta el cielo, reeditando el pecado de Adán y Eva: ser como Dios. Como es lógico ese proyecto sólo podía terminar, de nuevo, en fracaso. Para que la obra llegue a su fin y sea buena, necesita de la participación de Dios mismo: "Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles" (Sl 127, 1). Ya Cristo nos dice que "donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18, 20), sólo cuando la unidad se vive en comunión con Cristo, es posible construir según la voluntad de Dios.

Preguntémonos por la capacidad de dialogar sin que se den continuos malentendidos y presunciones mutuas de malevolencia y nos daremos cuenta de que grado de unidad disfrutamos. En los últimos años la Iglesia esta sufriendo una auténtica Torre de Babel, en la que cada persona, grupo, carisma o sensibilidad, quiere imponerse a las demás, al tiempo que las considera como malignos. No es raro encontrarnos con discursos llenos de condenas, por parte de personas con el deber de generar unidad. Al mismo tiempos, a las mismas personas se les llena la boda con frases que condenan que los demás les juzguen.

Fijémonos ahora en un pasaje de los Hechos de los Apóstoles:

Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común. Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad. (Hch 4, 32-35)

Podemos leer que:
  • Los cristianos de la comunidad de Jerusalén "eran de un corazón y un alma". Estaban unidos más allá de las apariencias o las denominaciones. El alma indica que sus acciones estaban en total sintonía y que se sentían una sola cosa, porque el corazón, el ser, era el mismo.
  • "ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía" Ninguno de ellos se apropiaba de partes de la fe, ni de los bienes que compartían.
  • Los Apóstoles eran el referente: " lo ponían a los pies de los apóstoles", no llegaban a pensar en contradecir lo que la fe apostólica señalaba.
  • La diversidad era tenida en cuenta porque "se repartía a cada uno según su necesidad". No se daba lo mismo a cada cual, sino lo que su carisma y sensibilidad necesitaba.

Podemos decir que los cristianos de esa primera comunidad, respetaban la Tradición Apostólica, nadie se proclamaba dueño de algún carisma especial y además, cuando era necesario se adaptaba a lo que cada uno de ellos necesitaba. Esto se llama fraternidad. Una comunidad que comparte lo que tiene en común y aquello que diferencia a cada uno, se utiliza para enriquecer a la totalidad.

Miremos nuestra comunidad eclesial y nos daremos cuenta que:

  • Los carismas se separan y se cultivan como de su propiedad.
  • La autoridad de los Apóstoles no se tiene en cuenta. Creemos que podemos reinterpretar la fe para adaptarla a los carismas que tenemos.
  • La diversidad se comprender como un problema que genera rencillas y no como una oportunidad de enriquecimiento.
  • Cada persona o grupo, reclama su preponderancia sobre los demás. Abundan los segundos salvadores que suplantan a Cristo.
¿Es posible formar una verdadera fraternidad? Seguro que sí, pero necesitamos la Gracia de Dios para dejar atrás nuestras soberbias y preponderancias. Entender que se puede convivir teniendo a Cristo como eje común y nuestros carismas, como talentos a compartir con los demás




sábado, 16 de enero de 2016

El lenguaje místico cristiano

«Cuando todavía estudiaba la espiritualidad con mi predecesor en el Instituto Oriental de Roma, el P. Ireneo Hausherr, una vez le pregunté ¿Cómo hay que usar la palabra mística? Y él dignamente me contestó: De cualquier manera. Solo que tiene que precisar al principio: ¡Abandonen toda esperanza, los que me estáis leyendo!-» (Card. Tomás Spidlik)

A principios del siglo XX, M. Baldini, en su obra " El lenguaje de los místicos" constató 26 definiciones diferentes de la palabra, lo que indica que no es sencillo hablar de lo mismo cuando utilizamos la palabra mística. Lo importante no es que la palabra mística sea polisémica, sino que seamos capaces de indicar qué es lo que queremos comunicar al utilizarla. De otra forma nos hacemos entender y podamos sacar algo en claro.

En este texto, la mística indica el don que Dios nos da para acceder al Misterio. Misterio que no es nada que pueda ser guardado por los seres humanos, sino la comprensión de la Voluntad de Dios que está detrás de todo lo creado.

Al hablar de mística, quizás la primera pregunta que nos podemos hacer es si existe un lenguaje místico cristiano. La respuesta: sí existe. Lo han utilizado todos los místicos de la Iglesia. Pero, ¿Cómo es este lenguaje? Pseudo-Dionisio Areopagita, uno de los fundamentos de la mística cristiana,  dice lo siguiente:

"Considero que es necesario insistir más en explicar el modo perfectísimo de la unidad y distinción en Dios, para que todo nuestro tratado resulte claro y fácil de entender, evitando lo oscuro e incierto, y, en la medida de lo posible, definiendo lo propio de aquí con distinción, propiedad y orden." (Pseudo-Dionisio Areopagita. Los nombres de Dios).

Pseudo Dionisio nos indica que es necesario utilizar distinción, propiedad y orden. ¿Debe ser oscuro e incierto el lenguaje místico? Decididamente no lo contempla así Pseudo Dionisio. ¿Por qué tendría que se un lenguaje oscuro? Si lo que se desea comunicar es oscuro y profundo, por su propia naturaleza, no debemos aumentar más oscuridad por medio del lenguaje. Sobre todo es necesario utilizar una semántica clara y no cambiar el significado de las palabras. Hoy en día es muy complicado hacer esto, ya que el relativismo y la postmodernidad nos permiten llamar árbol hasta un gato sin que nadie se atreva a negar lo que evidentemente es una locura. Pero el problema del lenguaje viene de lejos.

Desde el romanticismo es frecuente calificar de "escrito místico" lo que se realmente es emotivo o sentimental. Lo mismo sucede con la palabra corazón, que a menudo se le despoja de su sentido de centralidad para reducirlo a una metáfora de la dimensión emotivo-empática de nuestro ser.

Los escritos místicos son obras de arte admirables por lo que comunican, no por su incapacidad de transmitir y su oscuridad. Su belleza radica en el esplendor que emana de ellos y de las proporciones que utilizan. Proporciones que se sostienen en la semántica, el simbolismo y en el pensamiento analógico subyacente.

Los escritos emotivos, suele contener transliteraciones semánticas que evidencian un cierto estado de conmoción o confusión mental. Este estado de confusión mental es frecuentemente confundido en el éxtasis místico. El éxtasis místico y la confusión romántica pueden tener apariencias comunes, pero distan de ser lo mismo. 

El místico utiliza un lenguaje simbólico definido y aglutinante, mientras que los escritos emotivos suelen tener sentidos disgregantes o sesgadores de la experiencia. El símbolo aglutina sentido para mostrar el Misterio subyacente. El Misterio que no puede ser comunicado con palabras directas, por lo que se define y expone por medio de analogías. El razonamiento místico es analógico, está perfectamente definido y es concreto en su desarrollo. Mientras, el lenguaje emotivo translitera los significados, confunde lo diferente y  razona de manera lateral y/o parcial. 

El lenguaje místico cristiano toma como base la forma en que el mismo Cristo nos explica lo inexplicable: la parábola, pero no se queda ahí. Utiliza símbolos y analogías que parten de los escritos proféticos y apocalípticos del Antiguo y Nuevo testamento. Si leemos el Apocalípsis de San Juan, nos daremos cuenta de que, para comprenderlo, es necesario entender y relacionar cada uno de los símbolos utilizados. Esto mismo se puede llevar, por ejemplo, al Evangelio de San Juan, en donde muchos de los Episodios narrados están impregnados de una atmósfera que nos puede parecer onírica o sobrenatural. Un ejemplo típico es el encuentro entre Jesús y la Samaritana, en el pozo de Jacob. San Juan supo transmitir lo que ocurrió dotando a la descripción de mucha más información que la propiamente descriptiva. Estos son algunos ejemplos del lenguaje místico cristiano, entre muchos otros.

Uno de los problemas actuales del cristianismo es la incapacidad de transmitir una parte esencial del Evangelio por medio de este lenguaje místico y simbólico. Tenemos delante a una generación que está educada en el empirismo y que al mismo tiempo, vive dentro de una sociedad llena de simulacros y engaños sociales. El empirismo desnuda el relato místico de todo lo que no sea propiamente descriptivo. Esto produce un entendimiento parcial e inconexo de lo comunicado. Por otra parte, si se fuerza al lector u oyente, a mirar más allá de lo descriptivo, aparecen los prejuicios y desconfianzas de quien se sabe engañado continuamente y juega a aparentar que no de da cuenta.

En resumidas cuentas, en la actualidad el lenguaje místico nos parece una lengua críptica y aparentemente destinada a personas entendidas, a "iniciados". Al ser humano del siglo XXI le sobran místicas y relatos evocadores en los que perderse. Tiene cientos o miles de ellas promocionándose en todos los medios de comunicación. La mística cristiana le parece uno más de muchos submundos imaginarios que le intentan vender constantemente. ¿Qué puede hacer que apueste por este "submundo" y no por por el de Star Wars o por el de "los Juegos de Hambre", tan de moda ambos? La única respuesta es la misma que Cristo nos legó en los evangelios:

Y acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas en parábolas? Y respondiendo El, les dijo: Porque a vosotros se os ha concedido conocer los Misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha concedido. (Mt 13, 10-11)

¿Qué es lo que nos permite dar el paso y abrir el entendimiento a la mística cristiana?  ¿Cómo entender esa elección de la que nos habla Cristo? Es Espíritu Santo sabe soplar y hacerlo de forma justa y caritativa. El es Quien abre los oídos, los ojos y el corazón a Dios. ¿Qué hace nos cerremos a este entendimiento? El don de actuar con libertad u optar por no hacerlo, que es Gracia de Dios. Como indica el Card. Spidlik en la anécdota que abre este texto, abandonemos toda esperanza en nuestras fuerzas y esfuerzos y confiemos únicamente en el don de Dios. Roguemos para se capaces de recibirlo y perseverar en Él.



sábado, 9 de enero de 2016

Misterio Cristiano cumple 7 años


Tal día como hoy, pero en el año 2009, publicaba mi primer post. Han pasado 7 años y esta cantidad de tiempo merece celebrarse. El número siete indica una cantidad de tiempo que da plenitud y tiene sentido para nosotros.  Cristo nos dijo que perdonáramos hasta setenta veces siete. Además, el blog está cercano a las 100.000 visitas. 

El post más visitado es: ¿Qué es lo sagrado? con más de 9000 visitas y uno de los primeros puestos en las búsquedas de google. Si buscan ¿Qué es lo sagrado en google? se darán cuenta de la relevancia del post. Le siguen De lo Divino y lo humano. De lo Sagrado y lo profano. con más de 3000 y El tiempo sagrado con más de 2000. 

En el primer post del blog hacía referencia a una de las frases de Cristo que mejor definen qué es el Misterio Cristiano:

“Los discípulos se acercaron y le preguntaron: ¿Por qué le hablas a la gente en parábolas? Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los Misterios del Reino de los Cielos; mas a ellos no les es dado. Al que tiene, se le dará más y tendrá en abundancia. Al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará”. (Mt 13,10-12)

A unos se les da en abundancia, a otros se le quita hasta lo que tienen. A unos se le habla directamente de los Misterios del Reino y a otros no les es posible acceder a ellos porque se enuncian mediante parábolas, símiles o símbolos. Hoy en día nos rasgamos las vestiduras por lo poco igualitario que parece ser Dios. Tengo que señalar que la Iglesia ha dado unos cuantos pasos atrás desde ese año 2009. En aquel momento algunas personas nos dedicamos a ahondar en el Misterio y difundirlo como parte sustancia de la fe cristiana apostólica. Hoy en día muchos de estas personas, desgraciadamente, han tirado la toalla. Unos pocos pertinaces y obstinados seguimos adelante. ¿Por qué seguimos? Lo contesto con una frase del mismo Cristo:

Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse, ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un celemín, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. (Mt 5, 14-15)

Cuando una persona tiene esa Luz viva en el corazón, es difícil que decida esconderla debajo de un cajón de medidas (Celemín). La medida es la ley irracional creada discrecionalmente por el se humano. La Luz no se puede medir, cuantizar o retener por el ser humano. La Luz se pone en un candelero para que alumbre y evidencia lo que está en orden y en desorden dentro de la casa. Quiera el Señor que esta Luz no se extinga en mi corazón y siga escribiendo de vez en cuando sobre estos temas.

Aunque la situación eclesial es preocupante, la esperanza nunca desaparece. ¿Cuándo no ha estado perseguida la fe y la Verdad? No es posible quejarse cuando Cristo nos ha dado la respuesta a nuestras dudas:

¿No saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que Dios les ha dado, y que el Espíritu Santo vive en ustedes? (1Co 6, 19

Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en Verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. (Jn 4, 21-24)

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