viernes, 10 de abril de 2009

Pascua, bautismo e iniciación

El bautismo representa, para todo cristiano, la inclusión en la Iglesia y el inicio del camino en busca de Dios. La inmensa mayoría de nosotros hemos sido bautizados de muy pequeños, por lo que hemos convivido con nuestra condición de bautizados como algo aparente y sin importancia real. Antes de nada cabría preguntarnos si tenemos claro ¿Qué nos ha sido dado con el bautismo? ¿Cómo usarlo adecuadamente? y ¿Qué valor tiene?

El sacramento del bautismo nos liga a Dios y nos confiere su gracia… pero una cosa es lo que se enseña de manera teórica y otra los efectos reales de haber sido bautizado. Muchos bautizados reniegan de su bautismo o se comportan toda su vida como si no hubiesen recibido este sacramento.

La Iglesia reconoce no se recibe la gracia implícita en un sacramento si existe un obstáculo que lo impida. Este obstáculo puede ser la falta de voluntad expresa o ausencia de Fe. Muchísimos bautizados no llegan a recibir totalmente la gracia de su bautismo debido a que no terminan de dar el consentimiento expreso y consciente necesario. Sin este consentimiento y consciencia no es posible recibir la gracia de forma plena. Pero también nos dice la Iglesia que es posible revivir un sacramento cuando se adquiere esa buena disposición, consentimiento, consciencia y Fe que habrían sido necesarias cuando se recibió mal (involuntariamente, inconscientemente) el sacramento. [1]

Una vez revivido, el bautismo nos confiere la Gracia desde el momento que somos conscientes de su significado y nos comprometemos con lo que conlleva haber sido bautizado. No olvidemos que los sacramentos son signos y como tales, deben ser comprendidos para poder integrarlos en nosotros y nuestra vida. Entonces cabría preguntarnos ¿Cuándo y cómo podemos revivificar nuestro bautismo?... el momento ideal es la vigilia Pascual, ya que si se responde de manera personal a las promesas y renuncias bautismales se revive el bautismo recibido. [2]

Para ayudarnos a revivificar nuestro bautismo podemos leer lo que San Ambrosio nos dice en su tratado de Misterios:



Hasta ahora os hemos venido hablando cada día acerca de cuál ha de ser vuestra conducta. Os hemos ido leyendo los hechos de los patriarcas o los consejos del libro de lo Proverbios a fin de que, instruidos y formados por esta enseñanzas, os fuerais acostumbrando a recorrer el mismo camino que nuestros antepasados y a obedecer los oráculos divinos, con lo cual, renovados por el bautismo, o comportéis como exige vuestra condición de bautizados

Mas ahora es tiempo ya de hablar de los Sagrados Misterios y de explicaros el significado de los sacramentos cosa que, si hubiésemos hecho antes del bautismo, hubiese sido una violación de la disciplina del arcano más que una instrucción. Además de que, por el hecho de cogeros desprevenidos, la luz de los Divinos Misterios se introdujo en vosotros con más fuerza que si hubiese precedido una explicación.

Abrid, pues, vuestros oídos y percibid el buen olor de vida eterna que exhalan en vosotros los sacramentos. Esto es lo que significábamos cuando, al celebrar el rito de la apertura, decíamos: «Effetá», esto es: «Ábrete», para que, al llegar el momento del bautismo, entendierais lo que se os preguntaba y la obligación de recordar lo que habíais respondido. Este mismo rito empleó Cristo, como leemos en el Evangelio, al curar al sordomudo.

Después de esto, se te abrieron las puertas del santo de los santos, entraste en el lugar destinado a la regeneración. Recuerda lo que se te preguntó, ten presente lo que respondiste. Renunciaste al diablo y a sus obras, al mundo y a sus placeres pecaminosos. Tus palabras están conservadas, no en un túmulo de muertos, sino en el libro de los vivos.

Viste allí a los diáconos, los presbíteros, el obispo. No pienses sólo en lo visible de estas personas, sino en la gracia de su ministerio. En ellos hablaste a los ángeles, tal como está escrito: Labios sacerdotales han de guardar el saber, y en su boca se busca la doctrina, porque es un ángel Señor de los ejércitos. No hay lugar a engaño ni retractación; es un ángel quien anuncia el reino de Cristo, la vida eterna. Lo que has de estimar en él no es su apariencia visible, sino su ministerio. Considera qué es lo que te ha dado, úsalo adecuadamente y reconoce su valor.


Al entrar, pues, para mirar de cara al enemigo y renunciar a él con tu boca, te volviste luego hacia el oriente, pues quien renuncia al diablo debe volverse a Cristo y mirarlo de frente.

¿Qué viste? Agua, pero ciertamente no solo eso; viste a sacerdotes que ejercían allí su ministerio, al Obispo que interrogaba y consagraba. Ante todo el Apóstol te enseñó que no hay que contemplar lo que se ve, sino solo lo que no se ve, porque lo que se ve es temporal y, en cambio, lo que no se ve es eterno. Porque en otro lugar encuentras que lo invisible de Dios, tras la creación del mundo, se comprende mediante lo que fue hecho, el poder eterno y su divinidad se perciben por sus obras. Por lo cual el mismo Señor dice: Si no me creéis a mi, creed al menos en mis obras. Cree, pues que allí está la presencia de la Divinidad. ¿Crees en su operación y no crees en su presencia? ¿De dónde se seguiría la operación si no precediese la presencia? (
San Ambrosio de Milán. Tratado sobre los misterios 1-8)


El Espíritu Santo gritará en nuestro corazón: Effetá!! Abreté!!

Las puertas del Santo de los Santos (Sancta Sanctorum) se abren y nos encontramos enfrente de nosotros con la sacralidad de la liturgia y el Templo Interior donde nos espera el Señor.Encontramos con nuestro espacio interior recién abierto, nuestro castillo interior. Ahora consideremos lo que San Ambrosio nos propone en este texto: “Considera qué es lo que te ha dado, úsalo adecuadamente y reconoce su valor”.


[1] Los siete sacramentos: Iniciación teológica (1998). Moliné Enric
Ediciones Rialp. Pag 32-33
[2] Catecismo de la Iglesia Católica. (2005). Asociación de coeditores del catecismo. Punto 1254.

2 comentarios:

SB dijo...

Te saludo afectuosamente y deseo puedas vivir una Felíz Pascua.

Con afecto,
SB

Totús dijo...

Has visto qué belleza!?
La Vigilia Pascual es la puerta hacia el misterio.
Te agradezco que estés dejando estas pequeñas huellas de nuestra fe en el ciberespacio.
Un abrazo y felices pascuas de Resurrección.
Totús

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