miércoles, 7 de noviembre de 2018

Necesitamos Paz interior. ¿Dónde encontrarla?





Los católicos necesitamos paz interior. Sólo quien tiene paz en su corazón, puede compartirla con los demás. No es nada sencillo disponer de este don y además, encontrar a alguna persona dispuesta a que le comunique. Los seres humanos solemos sentirnos motivados por las polémicas, los enfrentamientos y los antagonismos. Hablar de paz interior, suele conllevar el desprecio y ser señalado como "tibio". La tibieza anida en quien no tiene su existencia dirigida hacia Cristo.
Felices los hacedores de paz, porque se llamarán los hijos de Dios. La perfección está en la paz, donde no hay oposición alguna; y, por tanto, son hijos de Dios los pacíficos, porque nada en ellos resiste a Dios; pues, en verdad, los hijos deben tener la semejanza del Padre. Son hacedores de paz en ellos mismos los que, ordenando y sometiendo toda la actividad del alma a la razón, es decir a la mente y a la conciencia, y dominando todos los impulsos sensuales, llegan a ser Reino de Dios, en el cual de tal forma están todas las cosas ordenadas, que aquello que es más principal y excelso en el hombre, mande sobre cualquier otro impulso común a hombres y animales, y lo que sobresale en el hombre, es decir la razón y la mente, se someta a lo mejor, que es la misma verdad, el Unigénito del Hijo de Dios. Pues nadie puede mandar a lo inferior, si él mismo no se somete a lo que es superior a él. Esta es la paz que se da en la tierra a los hombres de buena voluntad, es la vida dada al sabio en el culmen de su perfección. De este mismo Reino tranquilo y ordenado ha sido echado fuera el príncipe de este mundo, que es quien domina a los perversos y desordenados. Establecida y afianzada esta paz interior, sea cual fuere el tipo de persecución que promueva quien ha sido echado fuera, crece la gloria que es según Dios; y no podrá derribar parte alguna de aquel edificio y con la ineficacia o impotencia de las propias máquinas de la guerra, significa la gran solidez con que está estructurada desde el interior. Por esto continúa: Felices aquellos que sufren persecución por ser honestos, porque de ellos es el Reino de los cielos (San Agustín. El Sermón de la Montaña II, 9)

Amar la paz conlleva unirse al orden que Dios ha determinado dentro de lo natural y lo sobrenatural. Actualmente, quien encuentra la paz dentro del templo de su corazón, será piedra de discordia dentro de una sociedad y una Iglesia postmoderna. ¿Quién se atreve a no dejarse llevar por las modas, los segundos salvadores, las tendencias bien vistas? ¿Quién se atreve a señalar la desnudez del rey desde la sinceridad que conlleva entender lo que sucede? Bienaventurados quienes sufren persecución por causa de la justicia, la honestidad, la sinceridad, que nace de sus corazones. Triste de aquellos que se ven aclamados por las multitudes. Multitudes que le utilizan como excusa y complicidad en sus perversiones y profanaciones.

¿Dónde encontrar esa paz interior que tanto deberíamos ansiar? El corazón de Cristo nos tiene su protección y el Espíritu Santo nos ofrece el sabio entendimiento de lo que acontece. ¿Queremos abrir la puerta cuando llama a ella el Señor? ¿Preferimos quedarnos dentro? Ese es el drama que vivimos actualmente.

domingo, 26 de agosto de 2018

Cuando el Mal corrompe la naturaleza


Estamos viviendo un momento eclesial muy complicado. Estamos viendo cómo el mal ha colonizado la Iglesia y cómo nuestra Madre está siendo ultrajada por algunos que se hacen llamar sus hijos. Aunque sintamos dolor, seamos conscientes que es necesario que el mal se haga evidente para alejarlo de nosotros. Les pongo un ejemplo, normalmente hace falta que tengamos síntomas de una enfermedad para seamos conscientes de la necesidad de curarnos y de hacer más sana nuestra propia vida. Leamos lo que San Agustín nos dice sobre la corrupción:

Si la corrupción destruye en las cosas corruptibles todo lo que constituye en ellas la medida, la belleza y el orden, por el mismo hecho destruye o suprime la naturaleza. De esto se deduce que la naturaleza que es esencialmente incorruptible es Dios. Y, por el contrario, toda naturaleza sujeta a la corrupción es un bien imperfecto o relativo, ya que la corrupción no puede dañarle más que suprimiendo o disminuyendo la nota o el carácter de bondad que hay en ella.  (San Agustín. La naturaleza del bien. C VI)

¿Qué sucede en nuestra Madre Iglesia? Hemos perdido el sentido de lo sagrado y con ello, todo orden, belleza, medida y trascendencia queda supeditado a la subjetividad de cada uno de nosotros. Si cada uno de nosotros propone las medidas y el orden, adecuado a sus intereses, todo es posible y nada llega a ser considerado malo. Si desaparece el entendimiento del mal, el bien deja de ser el sentido de quienes somos católicos. De hecho, hemos dejado entender la Liturgia como la actividad principal de la Iglesia, dejándola como una excusa para darnos importancia a nosotros mismos: la asamblea. Los convocados nos reunimos para nosotros mismos, dejando de lado a Quien nos convoca. ¿Es tan extraño que la corrupción haya golpeado tan fuertemente a la asamblea de convocados? Es la consecuencia lógica de haber olvidado a Dios y haber puesto a nosotros mismo como centro de la Iglesia.

¿Qué hacer? Lo primero es dejar que Dios actúe, mostrando toda la podredumbre que hay dentro. No tengamos vergüenza, sino esperanza. Si no localizamos el foco de la infección, no podremos cauterizar la herida y curarla con los medicamentos adecuados. Si queda algo de podredumbre escondida, la infección seguirá latente. Mejor que aparezca todo lo que está corrompiendo a la Iglesia. Lo segundo es lo que nos toca hacer a cada uno de nosotros: buscar la santidad para que a través de nosotros, Dios se haga presente dentro de la Iglesia. Seguramente estemos pensando en la necesidad de un castigo. San Agustín nos habla de ello:

Dios es para nosotros un bien tan grande, que todo redunda en beneficio de quien no se separa de Él. Del mismo modo, en el orden de las cosas creadas, la naturaleza racional es un bien tan excelente, que ningún otro bien puede hacerla dichosa, sino Dios. Los pecadores, que por el pecado salieron del orden, entran de nuevo en él mediante la pena. Como este orden no es conforme a su naturaleza, por eso implica la razón de pena o castigo. Se le denomina justicia, porque es lo que le corresponde a la culpa o falta. (San Agustín. La naturaleza del bien. C VII)

Para cualquiera de nosotros, la pena empieza por rechazar lo que nos hace pecar. Para nosotros y para la Iglesia, es necesario sufrir alejándonos de los medios que nos han hecho pecar. ¿Hemos sido soberbios y prepotentes? Se impone la humildad y la docilidad. Dar espacio a la verdadera pobreza, que no es no tener dinero, sino dejar que sea Dios quien ordene nuestra vida. tenemos que dejar que vernos y entendernos como poderosos y empezar a vernos como herramientas defectuosas que esperan ser limpiadas y reparadas, por las manos de Dios. Esa limpieza y ajuste duele. Duele porque renunciamos a lo que nos gusta ser y a las apariencias que nos hacer tener poder. Duele porque tendremos que pensar en hacernos pequeños e irrelevantes. Ser irrelevante es el primer paso para que Dios sea el protagonista verdadero. 

El castigo viene dentro de la propia conversión y en el hecho de aceptar humildemente la justicia de Dios. Si no aceptamos hacer esto, el castigo no será vivificador, sino todo lo contrario. Quien se separa de la Voluntad de Dios, va desgastando su naturaleza, para terminar siendo un maltratado muñeco en manos del maligno. ¿Qué castigo es peor? ¿El que nos redime o el que nos hunde y destroza? En nuestra voluntad está empezar a negarnos a nosotros mismos y tomar la cruz, o despeñarnos para morir para siempre. ¿Por dónde empezar? Podemos tomar como punto de partida la profecía que nos legó en 1969 un sacerdote llamado Joseph Ratzinger:

La Iglesia se reducirá y tendrá que empezar de nuevo, más o menos desde el principio. Ella ya no podrá habitar muchos de los edificios que construyó en tiempos de prosperidad. A medida que el número de sus adherentes disminuya. . . ella perderá muchos de sus privilegios sociales. . . Como pequeña sociedad, [la Iglesia] exigirá mayor iniciativa de sus miembros....

Serán tiempos difíciles para la Iglesia, porque el proceso de cristalización y aclaración, le costará mucha energía valiosa. Esto la hará pobre y se convertirá en la Iglesia de los humildes. . . El proceso será largo y tedioso como fue el camino del falso progresismo en la víspera de la Revolución Francesa - cuando un obispo se podría pensar que era inteligente si se burlaba de los dogmas e incluso insinuaba que la existencia de Dios no era en absoluto cierta. . .  Pero cuando la prueba de esta criba pase, un gran poder fluirá de una Iglesia más espiritualizada y simplificada. Los hombres en un mundo totalmente planificado se encontrarán indeciblemente solos. Si han perdido de vista a Dios por completo, sentirán todo el horror de su pobreza. Entonces descubrirán al pequeño rebaño de creyentes como algo completamente nuevo. Ellos lo descubrirán como una esperanza que es para ellos, una respuesta para los que siempre han estado buscando en secreto.

Y por lo tanto me parece cierto que la Iglesia se enfrenta con tiempos muy difíciles. La verdadera crisis apenas ha comenzado. Vamos a tener convulsiones terribles. Pero estoy igualmente seguro de lo que quedará al final: no la Iglesia del culto político, que ya está muerto, pero la Iglesia de la fe. Ella no será el poder social dominante en la medida en que fue hasta hace poco, pero disfrutará de un nuevo florecimiento y será vista como el hogar del hombre, donde se encuentra la vida y la esperanza más allá de la muerte. (La Fe y el Futuro, Joseph Ratzinger)

Tenemos que hacernos pequeños e irrelevantes por nosotros mismos. Tenemos que esperar todo de Dios y no de nuestras fuerzas, edificios, instituciones, poderes, valores, complicidades, mafias, redes de corrupción, etc. Si dejamos de tener poder, será cuando el verdadero poder, el poder de Dios, habitará entre nosotros. Cuando volvamos a reunirnos en Nombre del Señor, Él habitará entre nosotros. Cuando la jerarquía de la Iglesia vuelva a ser la santidad, empezaremos a sentir que la Gracia fluye por cada uno de nosotros. Quizás este sea el mejor de lo momentos para empezar el largo éxodo para volver al hogar que dejamos hace tantos siglos. Dios lo quiera, ruego por ello.



jueves, 23 de agosto de 2018

Los Misterios nos hablan del camino hacia Dios



San Ambrosio de Milán tiene una breve obra llamada "Los Misterios". Es un resumen de las catequesis mistagógicas que se recogen una obra más extensa, llamada "Los Sacramentos". Hoy en día nos parece innecesario andar con "misterios", ya que nos parece que lo conocemos todo. ¿Qué son los Misterios? Podríamos decir que son la profundidad de la Revelación de Dios. Una profundidad que pasa desapercibida para la mayoría de los católicos. Leamos lo que San Ambrosio nos dice:

1. Cada día hemos tenido una instrucción moral cuando se hizo lectura de los hechos de los Patriarcas o de las máximas de los Proverbios, a fin de que instruidos y educados con ellos os acostumbréis a entrar en las vías de nuestros antepasados, a seguir su camino y a obedecer los oráculos divinos, y, así, renovados por el bautismo, viváis como corresponde a los que han sido purificados.

2. Ahora el tiempo nos invita a hablar acerca de los Misterios y a daros la explicación misma de los sacramentos. Si hubiésemos pensado insinuároslo antes del bautismo, cuando aún no estabais iniciados, se hubiera considerado esto como traición de nuestra parte, más que como tradición. Además, la Luz de los Misterios penetra mejor en aquellos que no se lo esperan, que si se lo hiciera preceder de alguna disertación.

3. Abrid, pues, los oídos, y aspirad el buen olor de la vida eterna que os ha sido derramado mediante el don de los sacramentos. Es lo que os hicimos notar cuando dijimos, al celebrar el misterio de la “apertura”: “¡Effeta!, es decir, ábrete" , para que todos los que iban a venir a la gracia supieran lo que se les preguntaría y se acordaran de lo que debían responder.

4. Cristo celebró este Misterio en el Evangelio -como leemos- cuando curó al sordomudo. Pero El tocó la boca porque curaba no sólo a uno que era mudo, sino también a uno que era varón: por una parte, porque quería abrirle la boca para el sonido de la voz que en ella infundía, y, por la otra, porque este tacto que convenía a un varón, no hubiera sido conveniente hacerlo a una mujer  (Los Misterios. I, 1-4)

¿Por qué los Misterios? Porque Dios desea soplar sobre nuestros oídos y tocar nuestra lengua. De esa forma, entenderemos lo que nos Revela y sabremos señalar a otros el mismo camino que estamos andando nosotros. Desgraciadamente, hoy en día entendemos la fe de forma únicamente emotiva y vivencial. Nos han hecho creer que en los primeros tiempos todo era emoción y nada era entendimiento. Por eso la Liturgia actual se ha convertido en algo que casi nadie llega a entender. Por eso la fe ya no es algo sólido y sustancial. Hoy cada cual cree lo que le gusta o siente y lo que es peor, nadie se atreve a buscar los verdaderos fundamentos de lo que creemos, esperamos y realizamos.

¿Para qué los Misterios? Para que la Gracia de Dios nos permita abrir el corazón a Cristo y nos sentemos a escuchar al Logos.

Pd. Gracias a Arantza por su amable y reconfortante comentario. Que Dios le bendiga.

jueves, 16 de agosto de 2018

Mensaje a la iglesia de Esmirna


Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna:

El primero y el último, el que estuvo muerto y ha vuelto a la vida, dice esto: Yo conozco tu tribulación y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que son sinagoga de Satanás. No temas lo que estás por sufrir. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. `El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda. (Ap 2, 8-11)

¿Cómo se puede ser rico cuando se pasa tribulación y pobreza? Se puede ser rico en arrogancia y soberbia sin tener nada que llevarse a la boca. El ser humano tiende a ser rico de sí mismo y rechazar a Cristo. Cristo que le solicita que se niegue a sí mismo antes de nada.

¿Cuál es la sinagoga de satanás? Es la estructura o red, que acoge y protege a quienes no creen en Cristo, pero se aprovechan de la Iglesia. La Iglesia está muy infiltrada de personas que se aprovechan de ella y que sólo buscan sus intereses personales.

¿Qué tribulación tenemos que soportar? Ser considerados detestables dentro de la misma Iglesia y ser rechazados por arrodillarnos únicamente ante Cristo. Tenemos que tener esperanza, porque tendremos que ser probados y aceptar con serenidad que se nos repudie y desprecie.  Sólo serás diez días, es decir, el tiempo justo perfecto que Dios estima que es necesaria la prueba a la que seremos sometidos.

El Ángel nos dice que si seguimos fieles hasta la muerte, tendremos la corona de la gloria. ¿Qué podemos esperar el mundo sino desprecio? Seamos fieles y no perdamos la esperanza.


lunes, 13 de agosto de 2018

“Creí; por esto hablé” (Salmo 115, 1) ¿Por qué atreverse a iniciar un blog?


Hace unos años, la respuesta a esta pregunta era muy obvia. Tener un blog era en sí mismo una evidencia de éxito personal. Tener algo que comunicar, era algo muy importante, ya que había muchas personas ansiosas de leer nuestras opiniones y conocimientos, sobre multitud de temas. Quien publicaba una bitácora, era alguien interesante por definición. El ciberespacio se convirtió en lo que se llamó la Blogosfera. Es decir, un espacio de comunicación basado en blogs de una inmensa diversidad de tipos y estéticas.

Actualmente, a mitad del año 2018, los blogs son algo del pasado. Tener un blog parece que no es más que un entretenimiento o una herramienta de “venta” personal. Si pensamos en blog de una temática tan poco “vendible” con en el que estoy escribiendo ahora, continuar con él resulta incomprensible. Difícilmente hay personas que dejen un comentario, aunque exista un flujo de visualizaciones constante. En todo caso, el lector ya no tiene necesidad de comunicar con el autor y el mismo autor, tampoco suele estar muy predispuesto a contestar los comentarios. Personalmente, intento comentar y agradecer todos los comentarios que me hacen llegar. Cada uno de los comentarios es como una nota que llega a nuestras manos, tras navegar en una botella, desde lugares recónditos y lejanos. Porque los seres humanos cada vez estamos más lejos los unos de los otros. Cada vez desconfiamos más de los demás. Cada vez nos sentimos más autosuficientes y autónomos. Entonces ¿Por qué escribir un blog? Al menos para mí, hay dos razones:

  1. - Para expresar lo que sé, siento y hago, ordenando todo ello en forma de relato coherente.
  2. - Para comunicar con otras personas que tienen las mismas o similares, inquietudes.


Mi fe y el entendimiento de la misma, me lleva a comunicar. Comunicar aquello que me parece relevante e importante para mi vida. Comunicar aquello que no encuentro por ningún rincón de internet, la sociedad y la Iglesia Católica. Comunicar es dar testimonio de lo que cada uno de nosotros lleva en su interior. No es algo secundario o accesorio. Cristo mismo nos llamó a llevar el Evangelio a todo el que quisiera escucharlo.

En una sociedad y una Iglesia, enfermas de postmodernidad, hablar de trascendencia es como beber agua fresca en medio del desierto. En una sociedad y una Iglesia, que dan más importancia a los simulacros que a la Verdad, hablar del Logos es acercar el sentido y esperanza a quienes tanto la necesitan. Es cierto que cada vez somos menos los interesados por lo sustancial y estamos más separados unos de otros. El diablo sabe que separados no podemos ofrecer la misma resistencia a su maquinaciones y por eso trama constantemente para crear burbujas de realidades alternativas que nos separen.

La única solución que se nos ofrece es aislarnos y vivir la fe de forma íntima y personal. Pero la fe es totalizadora y debería impregnar toda nuestra existencia. Esto nos lleva, de nuevo, a la necesidad de comunicar y establecer comunidades que resistan los planes del maligno. Necesitamos más que nunca, la fraternidad que sólo el Espíritu Santo puede ofrecernos: la hermandad del Paráclito. La hermandad del Divino Paráclito, que se asienta en lo sustancial y la verdadera amistad. Amistad que no busca provecho a través de los demás, sino compartir los talentos con los que Dios nos ha obsequiado a cada uno de nosotros. ¿Qué tendríamos que hacer? 

  1. - Luchar para que el maligno no nos separe
  2. - Orar a Espíritu Santo, para que nos ayude a estar más unidos que nunca
  3. - Vivir la sacralidad como una necesidad personal y comunitaria.
  4. - Comunicarnos y aceptarnos con verdadero amor.

Si hacemos todo esto, podremos esperar a que la Gracia de Dios encienda nuestros corazones y haga que nuestros esfuerzos humanos, tenga fruto sobrenatural.  Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles (Salmo 127) Oremos para que Él nos muestre el camino y sea su Gracia la que nos mueva. 


miércoles, 8 de agosto de 2018

Mensaje a la iglesia de Efeso



Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso:

El que tiene las siete estrellas en su mano derecha, el que anda entre los siete candelabros de oro, dice esto: Yo conozco tus obras, tu fatiga y tu perseverancia, y que no puedes soportar a los malos, y has sometido a prueba a los que se dicen ser apóstoles y no lo son, y los has hallado mentirosos. Tienes perseverancia, y has sufrido por mi nombre y no has desmayado. Pero tengo esto contra ti: que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído y arrepiéntete, y haz las obras que hiciste al principio; si no, vendré a ti y quitaré tu candelabro de su lugar, si no te arrepientes. Sin embargo tienes esto: que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco. El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios. (Ap 2, 1-7)

¿Quienes son los nicolaitas de la actualidad? Tomemos lo que indica en el comentario del Apocalipsis escrito por Victorino de Petovio en el siglo II. Este comentario es primero del que se tiene noticia y de ahí que sea de utilidad para entender muchos aspectos del Apocalípsis. Victoriano indica de los nicolaitas que  son «hombres falsos y turbadores que ministrando bajo el nombre de Nicolás crearon para ellos una herejía diciendo que las viandas ofrecidas a los ídolos podían ser exorcizadas y luego comidas,​ y que cualquiera que cometiere fornicación podía recibir la paz al octavo día». Los cristianos creemos que las ofrendas realizadas a los ídolos paganos no deben ser utilizadas por nosotros. No porque sean impuras en sí mismas, sino porque puede parecer que aceptamos estas ofrendas como válidas. Los nicolaitas eran funcionalistas a los que no le importaba comer las ofrendas a los ídolos y realizar actos que eran evidentemente inmorales.  ¿En qué se apoyaban para tener este tipo de comportamiento? Lo desconocemos, pero posiblemente utilizaban la casuística mezclada con una visión indiferentista de Dios. ¿Cuantos neo-nicolaitas tenemos hoy en día dentro de la Iglesia? Sin duda muchos. Se pueden encontrar entre las filas de quienes señalan constantemente ¿Quien soy yo para juzgar? y desprecian a quien señala el error. Son como el escriba, que en la parábola del buen samaritano, sigue adelante sin pararse ante el prójimo necesitado de consejo y entendimiento. 

¿Que significa que el Ángel quitará el candelabro de lugar? El candelabro es donde está depositada la luz para que ilumina nuestro camino. Es un signo de la Iglesia, que sostiene los sacramentos como camino hacia Dios. Sin el candelabro, nada podemos hacer. Sin la Gracia de Dios tampoco podemos nada (). Es evidente que quienes creen en un Dios indiferente, no necesitan de luz alguna. Se bastan con sí mismos para seguir adelante como ciegos en medio de ciegos. Si el Ángel quita el candelabro sólo nos quedará el llanto y el crujir de dientes.

¿Qué es el primer amor? Es el amor de cada uno de nosotros a Dios. Quien desplaza este amor hacia ídolos y segundos salvadores, ha perdido el primer amor. Por muchas acciones solidarias que realice, todo lo que hace, termina siempre a nivel humano y terrenal. Nuestros hermanos poseen la impresa la imagen de Dios. Pero ¿Comos capaces de ver que detrás de lo que tanto nos estorba de ellos está es maravillosa imagen? Esta imagen y semejanza está escondida detrás de la costra del pecado, pero está allí. Todo lo creado, nos recuerda a Dios y nos habla de Él. No podemos odiar lo que ha sido creado por Dios, pero tampoco podemos amar a la imagen por encima del original

Mirémonos en la iglesia de Éfeso y encontremos qué nos pide del Señor. Hemos olvidado el primer amor, que no es más que el amor que le debemos a Dios sobre todas las cosas. El ángel nos pide que nos arrepintamos y que pidamos perdón. La Iglesia actual, de la que somos parte, ama muchas cosas y personas que no son Dios. No se trata de odiar todo lo que no sea Dios, sino aprender a verlo en todos y todo. La huella de Dios ha quedado impresa en toda la creación. Todo y todos, tenemos el signo de Dios en nosotros, pero muchos son los llamados y pocos los elegidos. Pocos son los que permiten que el Espíritu Santo los transforme en símbolos vivos de Cristo entre nosotros. No se trata de convertirnos en líderes, organizadores o conductores de shows culturales basados en la fe. Todo simulacro de fe, está destinado a deshacerse en la manos de quien lo adquiere engañado.

viernes, 22 de junio de 2018

¿Qué es el Símbolo? ¿Cuál es su función?


Actualmente confundimos símbolo con signo o alegoría. Tenemos serios problemas para llegar a adorar a Dios en Espíritu y Verdad (Jn 4, 23). Si no nacemos de nuevo del Agua y del Espíritu (Jn 3, 5) no podremos entrar en el Reino de Dios. ¿Por qué? Porque seremos como aquellos que fueron invitados al banquete y rechazaron la invitación porque no era relevante.

Para el cristiano del siglo XXI es imprescindible tener muy claro qué es y qué no es símbolo. Para dar un paso hacia la comprensión, leamos lo que Marie-Madeleine Davy nos indica:

¿Qué es el símbolo y, también, cuál es su uso? Y ¿cómo diferenciarlo de la alegoría? Las Etimologías de Isidoro de Sevilla a las que los autores y escultores de la Edad Media recurrían gustosamente, precisan ambos términos. Así la alegoría es extraña al lenguaje habitual, y se llama  alieniloquium, pues otro es el sonido y otro el sentido que conviene  captar. Como una piedra preciosa, la alegoría posee diferente significado de la forma que reviste .En efecto, según Isidoro de Sevilla, el sonido o la forma no se corresponden con la realidad. En cuanto al símbolo, Isidoro, interpretando la etimología griega del término, lo toma como un signo (signum) que da acceso a un conocimiento. En griego la palabra δúμβολον (symbolum) significa también la tesera (tableta), cuya mitad se entregaba a los huéspedes con el fin de poder reconocerlos siempre. Las ciudades la empleaban con sus visitantes y los primeros cristianos también se sirvieron de ella como símbolo de unión. Esta interpretación no se aleja mucho de Yámblico que define el símbolo mostrando que presenta un signo, y que este signo establece una relación. También especifica que este término designa normalmente una secreta convención de los Pitagóricos. Para Juan Escoto Erígena, el símbolo es un signo sensible que ofrece semejanzas con las realidades inmateriales. Dichas semejanzas puedes ser puras o confusas. Las puras son exactas, y las confusas están plagadas de diferencias. (Maria-Madeleine Davy. Iniciación a la Simbología Románica)

Quizás nos ayude a entender a qué nos enfrentamos si pensamos en la etimología de la palabra: "diablo". Diablo proviene del griego dia-bolos, por lo tanto significa lo que separa. El símbolo une, da sentido, mientras que el diablo hace justamente lo contrario. Puede haber símbolo verdaderos o falsos. Son verdaderos cuando hacen su función perfectamente. Pero ¿Cuál es su función? Volvamos al texto de Marie-Madeleine Davy:

La función del símbolo consiste en religar lo alto con lo bajo, creando entre lo divino y lo humano una forma de comunicación que deje conjuntados uno a otro. No se trata de celebrar «el matrimonio del cielo y del infierno» según la expresión de William Blake, sino las nupcias de lo divino y de lo humano. Mircea Eliade ha mostrado que el símbolo no sólo « prolonga una hierofanía o actúa como sustituto», sino que su importancia proviene de «que pueda continuar el proceso de hierofanización, y sobre todo, porque, si llega el caso, él mismo es una hierofanía, es decir, que revela una realidad sagrada o cosmológica que ninguna otra "manifestación" está en condiciones de revelar».

De esta manera el símbolo, en su realidad profunda, da testimonio de la presencia de lo divino, traza un círculo en torno a lo sagrado y por este hecho es comparable a una revelación. El hombre siente así una experiencia más o menos inefable de lo divino que adopta formas diversas, dependiendo del punto de la trayectoria sobre la que los símbolos se sitúan y del nivel espiritual del hombre que deviene sujeto de dicha experiencia. (Maria-Madeleine Davy. Iniciación a la Simbología Románica)

El símbolo es mucho más que un signo, aunque ambos comuniquen un significado. El Símbolo representa y sustituye a lo representado. El signo tan sólo comunica algo entre un emisor y un receptor. El símbolo, como indica Marie-Madeleine Davy, re-liga una realidad superior con una inferior. Por ejemplo, si en química utilizamos el símbolo Na, estamos representando al elemento sodio en todas sus dimensiones y en toda su profundidad. En el caso de la religión, los símbolos enlazan en entendimiento limitado del ser humano, con una realidad sobrenatural que excede a la representación de la misma. Podemos decir el símbolo muestra el Misterio y nos permite llegar a entender parte de lo que hay dentro de la profundidad del mismo. 

Como indicaba antes, hay símbolos falsos, que mienten con ello, destrozan toda comunicación fiable. Estos símbolos son el arma del diablo, del maligno, para embaucarnos o hacernos pelear entre nosotros. Son fuente de divergencia y lucha, además hacernos perder la fe, esperanza y la caridad. Pero los símbolos hay que comprenderlos para acercarnos al Misterio que llevan consigo. No debemos quedarnos en la estética o en su sentido social, porque estaremos encallando la nave de nuestro entendimiento en bancos de arena superficiales. La superficialidad, la racionalismo limitativo y las estéticas, destrozan la comunicación entre nuestro ser y el símbolo que tenemos delante.

Por otra parte, el Espíritu Santo viene en nuestra ayuda cuando necesitamos comprender y profundizar en el entendimiento del símbolo. La Gracia de Dios hace posible que nuestra limitada inteligencia y cerrado raciocinio, supere sus limitaciones y profundice en aspectos imposibles de entender y vivir por nosotros mismos. De nada vale saber el significado de un símbolo, porque nos estaríamos quedando en la superficie del mismo. Adentrarse en el símbolo es lo que hacen los místicos. El conocimiento se expande en todas las dimensiones cuando el Espíritu Santo habla directamente a nuestro ser, nuestro corazón. Entonces aprehenderemos aquello que va más allá de lo visible, entendible y razonable, pero, posiblemente no seamos capaces de comunicar a los demás esa revelación que hemos recibido. Tan sólo podremos vivir la revelación, encontrando el símbolo en nosotros mismo y dándole vida en la plenitud que Dios ha estimado conveniente. Esta es la razón por la que el lenguaje místico es imposible de comprender en su totalidad. El lenguaje místico intenta comunicar con palabras el Misterio que no puede ser explicado con nuestras limitadas capacidades.

Leamos otro fragmento esclarecedor del mismo libro que ante he citado:

¿Cómo manifestar la naturaleza o la presencia de Dios, si no es por símbolos? En este aspecto, un texto de Máximo de Tiro evoca perfectamente lo que queremos expresar: «Dios Padre de todas las cosas y su Creador, es anterior al sol y más antiguo que el cielo; más fuerte que el tiempo y la eternidad, y más fuerte que la naturaleza entera que transcurre... Su nombre es indecible, y los ojos no podrían verlo. Entonces, al no poder captar su esencia, buscamos ayuda en las palabras, en los nombres, en las formas animales, en las figuras... en los árboles y en las flores, en las cimas y en las fuentes. Con el deseo de comprenderlo, en nuestra debilidad, préstamos a su naturaleza las bellezas que nos son accesibles... Es una pasión similar a la del amante, para el cual están dulce ver un retrato del ser amado, o incluso su lira, su jabalina... (Maria-Madeleine Davy. Iniciación a la Simbología Románica)

Seguramente nos planteemos qué hacer con los símbolos. ¿Qué tendríamos que hacer? Si lo usamos como objetos de poder, estaríamos dando peligroso pasos hacia la magia. Magia que sabemos que es falsa en sí misma. Sí los admiramos desde la estética o la culturalidad, estaríamos quedando sólo en la superficie del Misterio que representan. Los símbolos hay que contemplarlos más allá de sí mismos, mientras rogamos al Espíritu que nos revele aquello que nos cambiará, nos convertirá, nos transformará por medio de la Gracia de Dios. Como cristianos, nuestro fin es llegar a ser símbolos vivos de Cristo. Símbolos que reflejen al Señor a los demás. Símbolos que les desafíen a no permanecer que actitud quietista o pelagiana, racionalista o emotivista. Símbolos que contagien una pasión similar a la del amante, para el cual están dulce ver un retrato del ser amado, o incluso su lira, su jabalina... Esto sí es evangelizar y parece que se nos ha olvidado complemente.
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