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domingo, 22 de febrero de 2015

La tentación es creerse inmune a las tentaciones


El ser humano del siglo XXI se cree inmune a la acción de mal sobre él. Somos como locos que vivimos ignorando que somos herramientas de Dios o del diablo. Las tentaciones de Cristo son un texto maravilloso, ya que nos hace ver tres cosas: el diablo existe, todos somos tentados, cualquier oferta de un sustituto de Dios es un engaño del maligno. En cada una de las tentaciones de Cristo, se resumen nuestras tentaciones:

  • Desconfiar de la Divina Providencia y creernos capaces de solucionar nuestras necesidades por nosotros mismos. Es la tentación del pelagianismo, que olvida la Gracia de Dios.
  • Desconfiar de nuestra voluntad y dejarlo todo en manos de Dios. Es la tentación del quietismo. Saltar al vacío para que Dios mande a sus ángeles. ¿No sería mejor no tentar a Dios?
  • Querer ser más grande que Dios y dominar a todos y a todo. Es la tentación del agnosticismo. Dios está demasiado lejos y puede ser suplantado por el más fuerte o el más listo entre nosotros.

Estas tres tentaciones se resumen en la tentación de Adán y Eva: querer ser como Dios: actuando sin tener en cuenta Su Voluntad, utilizándolo o suplantándolo.

Habiendo, pues, ayunado cuarenta días y cuarenta noches, luego tuvo hambre. Así da el Señor ocasión al enemigo para que se le acerque, a fin de trabar con él combate y mostrarnos cómo hemos también nosotros de dominarle y vencerle.  (Seguir leyendo...)

domingo, 16 de noviembre de 2014

Los talentos que guardamos, nos condenan. S. Juan Crisóstomo


La palabra misericordia está de moda. Estamos en un momento en donde se supone que debemos esperar del Señor misericordia por nuestra vida y nuestros errores sin que haya condiciones o restricciones. En la parábola de los talentos vemos que el Señor valora el esfuerzo y la fidelidad, antes que los logros y los éxitos. En la Parábola de los Obreros de la Hora Undécima se ve que la justicia y la misericordia del Señor son inmensas y equivalentes.

La Parábola de los Talentos nos muestra a Dios como alguien tan lleno de misericordia, que da un premio superior a las ganancias con sus sirvientes le devuelven. La cantidad no es lo más importante, sino la actitud que han tomado con los dones recibidos.

Pero, hoy en día choca la actitud que Dios toma con el siervo que devuelve lo mismo que recibió. Para nosotros devolver lo recibido es un mérito, no un deber. Pensamos que quien es honesto ya es merecedor de elogios, lo que demuestra que la deshonestidad es común y abundante entre nosotros.

Al siervo que recibió y devolvió un talento, no sólo le reprobó y no llegó a darle nada a cambio, sino que encima fue expulsado de forma violenta. Fue llamada siervo perezoso y malo. Lo de perezoso podemos llegar a entenderlo, pero, ¿Malo? Pero si no se ha quedado el talento ¿Qué mal ha hecho?


Ya veis cómo no sólo el que roba y defrauda ni sólo el que obra mal, sino también el que no hace el bien, es castigado con el último suplicio. Escuchemos, pues, esas palabras. Mientras es tiempo, trabajemos por nuestra salvación, tomemos aceite para nuestras lámparas, negociemos con nuestro talento. Porque si somos perezosos y nos pasamos la vida sin hacer nada, nadie nos tendrá allí ya compasión, por mucho que juremos. También el que entró en el banquete de bodas con ropa sucia se condenó a sí mismo; pero de nada le aprovechó. ...(Seguir leyendo) 

domingo, 7 de septiembre de 2014

La unidad es Cristo. San Juan Crisóstomo

En el Evangelio de hoy domingo, el Evangelista San Mateo relata una serie de frases del Cristo, todas ellas relacionadas con la unidad de la comunidad. Empieza con la necesaria corrección fraterna y termina diciendo que cuando la comunidad se reúne en Su Nombre, El está en medio de nosotros.

La comunidad cristiana es un don de Dios, pero no siempre es así para nosotros. Nos es complicado vivir unidos nuestra fe, trabajando por el Reino de Dios sin fisuras. Pero esto no es un problema actual. Incluso en medio de los Apóstoles surgían roces y problemas constantemente. En los primeros tiempos del cristianismo también era así:

Allí donde hay caridad, el Hijo de Dios reina con su Padre y el Espíritu Santo. Él mismo lo ha dicho: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Amar es encontrarse unidos, es el carácter de una amistad tan fuerte como real.


Me diréis: ¿Es que hay gente tan miserable como para no desear tener a Cristo en medio de ellos? Sí, nosotros mismos, hijos míos; le echamos de entre nosotros cuando luchamos los unos contra los otros. Me diréis: ¿Qué dices? ¿No ves como estamos reunidos en Su Nombre, todos dentro las mismas paredes, en el recinto de la misma iglesia, atentos a la voz de nuestro pastor? No hay la más pequeña disensión en la unidad de nuestros cánticos y plegarias, escuchando juntos a nuestro pastor. ¿Dónde está la discordia? (seguir leyendo...)

domingo, 4 de marzo de 2012

Limosna, ayuno y oración, están unidas a la reconciliación.

“Cristo dio la vida por ti, ¿y tú continúas aborreciendo al que es un servidor como tú? ¿Cómo puedes acercarte a la mesa de la paz? Tu Maestro no dudo en soportar por ti todos los sufrimientos, ¿y tú, rechazas incluso renunciar a tu cólera?... «¡Fulano me ha ofendido gravemente, dices tú, ha sido tantas veces injusto conmigo, e incluso me ha amenazado de muerte!» ¿Qué es esto? Todavía no te ha crucificado tal como sus enemigos crucificaron al Señor.

Si no perdonas las ofensas recibidas de tu prójimo, tampoco tu Padre que está en los cielos te perdonará tus faltas (Mt 6,15). ¿Qué es lo que dice tu conciencia cuando pronuncias estas palabras: «Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre» y lo que sigue? Cristo no ha hecho diferencias: derramó su sangre también para los que derramaron la suya. ¿Podrás tú hacer algo semejante? Cuando no quieres perdonar a tu enemigo, te haces daño a ti mismo, no a él...; lo que estás preparando es un castigo para ti mismo el día del juicio...

Escucha lo que dice el Señor: «Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda»... Porque el Hijo del hombre ha venido al mundo para reconciliar a la humanidad con su Padre. Es así como lo dice san Pablo: «Ahora Dios ha reconciliado consigo todas las cosas» (Col, 1,22); «mediante su cruz, en su persona, dio muerte al odio» (Ef  2,16).” (San Juan Crisóstomo. Homilía sobre la traición de Judas, 2, 6)

La cuaresma es una camino que los peregrinos andamos paso a paso hasta la Pascual. El ayuno, la oración y la limosna nos recuerdan tres aspectos importantes de todo peregrinar: la escasez de  alimentos, la actualización del objetivo que nos conduce y la caridad con quienes nos acompañan en el camino. ¿Podemos estar enemistados con nuestros compañeros de viaje? Como todo camino cristiano, la reconciliación es imprescindible.

Una vez que lleguemos al final del peregrinaje ¿Cómo vamos a poner sobre el altar nuestros rencores y resentimientos? ¿Los aceptará Dios como ofrenda? En el altar deberíamos de depositar las joyas que hubiéramos recogido durante nuestro viaje.

Tal como el mismo Dios me lo inspiró, os he aconsejado siempre que al llegar las fiestas... os acerquéis al altar del Señor vestidos con la luz de la pureza, resplandecientes con las limosnas, adornados con las oraciones, vigilias y ayunos, como con valiosas joyas celestiales y espirituales, en paz no sólo con vuestros amigos, sino también con vuestros enemigos, en una palabra, que os lleguéis al altar con la conciencia libre y tranquila, y podáis recibir el cuerpo y la sangre de Cristo, no para vuestro juicio, sino para vuestro remedio. (San Ambrosio de Milán, Sobre la Cuaresma. Sermón IX)

Vivir siempre es encuentro y desencuentro. No es raro que en nuestra Cuaresma aparezcan disgustos, rencillas o hasta peleas. La Pascua es el momento culmen de año Litúrgico y tal como San Ambrosio nos indica, el Señor espera que lleguemos al altar con la conciencia libre y tranquila, y podáis recibir el cuerpo y la sangre de Cristo, no para vuestro juicio, sino para vuestro remedio.

¿Es la Pascua un remedio para nosotros o es un juicio? Pasará la Pascua y lamentaremos haberla desaprovechado o nos sentiremos gozosos de haber llegado mejor que el año pasado. La pureza es un don de Dios, que hemos de solicitar con la oración y que debemos trabajar con limosna y ayuno.

Quiera el Señor que lleguemos a la Pascual vestidos de luz y resplandecientes.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Cinco caminos para la conversión


¿Queréis que os indique los caminos de la conversión? Son numerosos, variados y diferentes, pero todos conducen al cielo. El primer camino de la conversión es aborrecer nuestros pecados. “Empieza tú a confesar tus pecados para ser justo.” (Is 43,26) Esto porque dice el profeta: “Me dije: -confesaré al Señor mis culpas.- Y tú perdonaste mi falta y mi pecado.” (Sal 31,5) Condena tú mismo las faltas que has cometido y esto bastará para que el Maestro te escuche. El que condena sus pecados irá con más cuidado para no recaer en ellos...

Hay un segundo camino que no es inferior al primero y es: no guardar rencor a nuestros enemigos, dominar nuestra cólera para perdonar las ofensas que nos infligen nuestros compañeros de servicio, porque así obtendremos el perdón de las ofensas contra el Maestro. Es la segunda manera de obtener la purificación de nuestras faltas. “Si perdonáis a vuestros deudores, dice el Señor, mi Padre que está en el cielo perdonará también vuestras faltas.” (Mt 6,14)

¿Quieres conocer el tercer camino de la conversión? Es la oración ferviente y atenta desde el fondo del corazón... El cuarto camino es la limosna. Tiene un poder  considerable e indecible... Luego, la modestia y la humildad no son medios menores para destruir el pecado desde la raíz. Tenemos como testimonio de ello el publicano que no podía proclamar sus buenas acciones sino que en su lugar ofreció su humildad y depositó ante el Señor el pesado fardo de sus faltas. (Lc 18,9ss)

Acabamos de indicar cinco caminos hacia la conversión... ¡No te quedes inactivo sino que cada día avanza por estos caminos! Son fáciles, y a pesar de tus miserias puedes ir por ellos.
(San Juan Crisóstomo. Sermón sobre el demonio tentador)

San Juan Crisóstomo nos indica cinco caminos para la conversión y nos dice que son fáciles de transitar, a pesar de nuestras miserias. ¿Fácil? ¡Vaya facilidad! ¿Cómo es entonces lo difícil?

Yo diría que es imposible andar esos caminos si solo contamos con nuestras fuerzas. Me pregunto si algo puede ser fácil de hacer sin contar con la Gracia de Dios. Pero con Dios por medio, nada se pierde o se malogra. Podemos emplear los talentos que Dios nos ha dado para andar estos caminos. Casi diría que Dios nos ha dado sus dones con esta intención y no para que nos apropiemos de ellos para nuestro beneficio terrenal.

Es cierto que podemos esconder nuestros talentos y vivir lo que nos toque vivir de forma desafectada. Pero entonces ¿Qué podremos entregar a Dios cuando estemos frente a El? Devolverle los talentos sin más, es una bofetada al amor que El nos ha dado. ¿Qué frutos han dado nuestros dones? En qué ayudamos a hermanos, Iglesia, sociedad y a la creación en su conjunto.

Si es triste devolver el mismo talento que Dios nos ha dado, más triste es no tener nada que devolver. Decirle a Dios que hemos gastado su don y que no somos capaces ni de devolverlo. Decirle a Dios que nos hemos desatendido a nosotros mismos hasta rompernos.

El mundo nos llama a gastarnos a nosotros mismos olvidando lo que somos y nuestra responsabilidad con nosotros mismos, los demás y lo creado. El mundo nos grita que nos gastemos para olvidar el sufrimiento que llevamos dentro. Nos dice que lo mejor vivir sin más y morir sin más. Sin dignidad como personas, somos marionetas que viven bailando al son del mundo.

Pero la responsabilidad no es solo con nosotros mismos ¿Cuidamos todo lo que Dios nos ha legado? ¿Podemos entregar más de lo que hemos recibido de Su mano? El planeta y la sociedad que dejamos detrás de nosotros, ¿Es un poco mejor gracias a los dones de Dios que hemos empleado? En los tiempos de crisis que vivimos, la parábola de los talentos tiene más profundidad que de costumbre.

Pero ¿Cómo caminar los cinco caminos de la perfección? Dijo Cristo: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.” (Jn 14,6)

Entonces les dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga. Porque el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. (Mt 16, 24-25)

No nada fácil entrar en los cinco caminos si no contamos con la Gracia y los dones que Dios nos ha dado. Pero tenemos esos dones y la Gracia de Dios ¿A que esperamos?

sábado, 14 de mayo de 2011

Sobreabundancia y Liturgia. Abraham como ejemplo.

Abrahán, fijándose en la promesa de Dios y dejando de lado cualquier mira humana, sabiendo que Dios es capaz de hacer obras que sobrepasan la naturaleza humana, puso toda su confianza en las palabras que Dios le había dicho, sin dejar lugar a ninguna duda, en su espíritu, y sin dudar sobre el sentido que tenían las palabras de Dios. Porque lo propio de la fe es confiar en el poder de aquel que nos ha hecho una promesa… Dios había prometido a Abrahán que de él nacería una posteridad innumerable. Esta promesa estaba por encima de las posibilidades de la naturaleza y de las visiones puramente humanas; por que la fe que tenía para con Dios “y se le contó en su haber” (Gn 15,6; Gal 3,6).

 Pues, si lo pensamos bien, a nosotros se nos han hecho promesas aún más maravillosas y que nos van a satisfacer mucho más de lo que puede soñar la mente humana. Y, para merecer la justificación que viene de la fe y alcanzar los bienes que nos han sido prometidos, no nos hace falta más que confiar en el poder de aquel que nos ha hecho estas promesas. Porque todos estos bienes que esperamos sobrepasan toda concepción humana y todo lo que se puede pensar, pues ¡cuán magnifico es eso que se nos ha prometido!

... ¿Te das cuenta tú de la sobreabundancia de las promesas?  ¿Te das cuenta de la grandeza de estos dones? (San Juan Crisóstomo. Homilía 36 sobre el Génesis; PG 53, 339)

-oOo-

¿Cuánto tenemos que agradecer a Dios? Más de lo que podemos siquiera llegar a intuir. San Juan Crisóstomo comparte con nosotros la evidencia de como Dios se dona al mundo en sobreabundancia. Pero tanta abundancia puede hacernos perder de vista los dones. Debemos tener cuidado. Podemos llegar a creer que tenemos lo que merecemos o lo que la suerte nos ha deparado. También podemos creernos dueños de los dones que Dios reparte a todos.

Cada segundo de vida es una oportunidad donada por Dios para que hagamos su voluntad y para que le demos gloria. También es la evidencia de que lo que hagamos, lo hacemos con total libertad.

Este pasado viernes 13 de Mayo se ha difundido la  instrucción Universae Ecclesiae. En esta instrucción el Santo Padre facilita a los fieles, que así lo deseen, celebrar la Liturgia por medio de la Forma Extraordinaria. Es decir, hace más sencillo que un grupo de personas puedan solicitar la celebración de la Forma Extraordinaria y que esta celebración se pueda llevar a cabo. En ese sentido, complementa y da solidez al Motu Proprio: "Summorum Pontificum" del año 2007.

Con esta instrucción el Santo Padre intenta:

  • Proporcionar a todos los fieles la Liturgia Romana en el uso más antiguo, considerada un tesoro precioso que hay que preservar. 
  • Garantizar y asegurar realmente, a cuantos lo pidan, el uso de la forma extraordinaria 
  • Promover la reconciliación dentro de la Iglesia.

Evidentemente esta forma Litúrgica necesita de unos niveles de formación más amplios que los necesarios para la celebración Litúrgica en el Forma Ordinaria. El Santo Padre indica que es necesaria la formación de los sacerdotes que vayan a celebrarla y también de los fieles que deseen vivirla.

Todos tenemos que alegrarnos y dar gracias a Dios por ir abriendo el depósito de la Tradición a todos quienes lo desean y sean capaces de acceder a El. Esta alegría debería de ir más allá de nuestra preferencia por una u otra Forma Litúrgica.

Quizás algunas personas puedan ver la Forma Extraordinaria como una amenaza y no debe ser así. Ya el Santo Padre nos indicó que  "las dos formas del uso del Rito romano pueden enriquecerse mutuamente" para el bien de todos. Profundizar en el conocimiento y la vivencia litúrgica no puede ser nunca algo peligroso o amenazante. Todo lo contrario.

Precisamente para permitir que vivamos ambas formas como un don de Dios y sin imponérnoslas unos a otros, la misma instrucción indica que los fieles que soliciten la Forma Extraordinaria “No deben sostener o pertenecer de ninguna manera a grupos que se manifiesten contrarios a la validez o legitimidad de la Santa Misa o de los sacramentos celebrados en la forma ordinaria".

Aunque no esté explícitamente indicado, la caridad de quienes vivan y prefieran la Forma Ordinaria, debería facilitar la vivencia de la forma Extraordinaria para quienes así lo deseen. Quizás podríamos realizar el esfuerzo de ir conociendo, amando y acogiendo ambas formas litúrgicas. Aunque no haya prisa, deberíamos poner nuestra voluntad, afecto y entendimiento en ello.

Cuanta sobreabundancia. Gracias Señor.

lunes, 28 de marzo de 2011

«Perdona nuestras ofensas así como perdonamos a nuestros deudores»

Cristo nos pide dos cosas: condenar nuestros pecados y perdonar los de los otros; hacer la primera cosa a causa de la segunda, que así será más fácil, porque el que se acuerda de sus pecados será menos severo hacia su compañero de miseria. Y perdonar no sólo de palabra, sino desde el fondo del corazón, para no volver contra nosotros mismos el hierro con el cual queremos perforar a los otros. ¿Qué mal puede hacerte tu enemigo que sea comparable al que tú mismo te haces con tu acritud?...

Considera, pues, cuantas ventajas sacas si sabes soportar humildemente y con dulzura una injuria. Primeramente mereces –y es lo más importante- el perdón de tus pecados. Además te ejercitas a la paciencia y a la valentía. En tercer lugar, adquieres la dulzura y la caridad, porque el que es incapaz de enfadarse contra los que le han disgustado, será mucho más caritativo aún con los que le aman. En cuarto lugar arrancas de raíz la cólera de tu corazón, lo cual es un bien sin igual. El libera su alma de la cólera, evidentemente arranca de ella la tristeza: no gastará su vida en penas y vanas inquietudes. Así es que, odiando a los otros nos castigamos a nosotros mismos; amándolos nos hacemos el bien a nosotros mismos. Por otra parte, todos te venerarán, incluso tus enemigos, aunque sean los demonios. Mucho mejor, comportándote así ya no tendrás más enemigos. (San Juan Crisóstomo, Homilías sobre san Mateo, nº 61) 

-oOo-

Señor, ten paciencia conmigo. No es fácil aceptar que nuestros hermanos se vuelvan contra nosotros y que nos causen daño. Tras el dolor del daño causado, sólo podemos recogernos y acogernos a Cristo. Esperar que Él nos ayude a aceptar sin reproche el daño ajeno. Sólo El puede curar la herida que escuece cada vez que la tocamos. 

Lo más triste del daño causado es el alejamiento y la desesperanza que encontramos en el resentimiento. ¿Quién sino Dios mismo puede comprender nuestro dolor? Pongamos el dolor como ofrenda de paz y dejemos que Dios nos devuelva la Esperanza.

martes, 23 de noviembre de 2010

El poder de la Cruz

“Señor, acuérdate de mi cuando llegues a tu Reino”.El ladrón no se atrevió a hacer esta súplica sin antes haber manifestado ser pecador y haber descargado así el peso de sus pecados. Ya ves, cristiano, cuál es el poder de la confesión. Confesó sus pecados y se le abrió el paraíso; después de su bandolerismo confesó sus pecados y con la certeza de su perdón, pidió el Reino…

¿Quieres conocer el Reino? ¿Qué ves, pues, aquí que se le parezca? Tienes ante tus ojos los clavos y una cruz, pero esta misma cruz, dice Jesús, es el signo de su Reino. Y yo, viéndole sobre la cruz, le proclamo rey. ¿No es propio de un rey morir por sus súbditos? Él mismo lo ha dicho: “El buen pastor da la vida por sus ovejas” (Jn 10,11). Si es así para un buen rey; también él da la vida por sus súbditos. Yo lo proclamaré rey a causa del don que ha hecho de su vida. “Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”.

¿Comprendes ahora cómo la cruz es el signo del Reino? He ahí otra prueba. Cristo no dejó su cruz sobre la tierra, sino que la levantó y se la llevó al cielo con él. Lo sabemos porque él la tendrá cerca de sí cuando volverá en gloria. Todo eso para que aprendas cuán venerable es esta cruz que él mismo ha llamado su gloria… Cuando vendrá el Hijo del hombre, “el sol se oscurecerá y la luna perderá se esplendor”. Entonces reinará una claridad tan viva que incluso las estrellas más brillantes quedarán eclipsadas. “Las estrellas caerán del cielo. Entonces aparecerá en el cielo el signo del Hijo del hombre” (Mt 24,29s). ¡Ya ves cual es el poder del signo de la cruz (San Juan Crisóstomo. 345-407, obispo de Antioquia, después de Constantinopla, doctor de la Iglesia - Homilía sobre la cruz y el ladrón,1, 3-4; PG 49, 403)

¿Comprendes ahora cómo la cruz es el signo del Reino? Sí. Entiendo que la Cruz no es un signo de violencia sino un símbolo del Reino de Dios que se nos ofrece como perdón. Es signo de Cristo que nos indica que tenemos encarnar la cruz en nuestro interior.

Al final se trata de que nosotros seamos símbolos de Cristo en el mundo. Se trata de hacer posible que la misericordia de Dios llegue a todos. No hay otra manera de instaurar el Reino de Dios en el mundo. El poder del perdón, de la infinita misericordia de Dios,... es el inmenso poder de la cruz. 

Así entendemos porque quieren hacer desaparecer la cruz de los lugares públicos.

-oOo-

Señor, he pecado contra cielo y contra Ti,
ya no merezco ser llamado hijo Tuyo
Trátame como uno de tus jornaleros
y al menos permíteme vivir viendote
escuchandote y sintiendo tu presencia.
Se que pido más de lo que merezco
y que solo tu gracia y misericordia
infinita lo pueden hacer posible
Amén

domingo, 23 de agosto de 2009

Las parábolas del tesoro y de la perla

El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró. (Mt. 13,44-46)

-oOo-

La semejanza que puede haber entre la parábola del grano de mostaza y la levadura se encuentra entre la del tesoro y la perla: las dos significan que es necesario elegir el mensaje evangélico a otra cosa... En efecto, el Evangelio se desarrolla como el grano de mostaza, impone su fuerza como la levadura; como la perla, es de un precio elevado; en fin, como un tesoro, otorga los más preciosos beneficios.

A este propósito, conviene saber no solo que es necesario desprenderse de todo para acogerle Evangelio, más aún es necesario hacerlo con alegría... Observa cuan inadvertido pasa la predicación del Evangelio en el mundo, del mismo modo, el mundo no ve los numerosos bienes que tiene en recompensa... Dos condiciones son pues necesarias: la renuncia de los bienes del mundo y un firme valor. Se trata, en efecto, “de un comerciante en busca de perlas finas” que “habiendo encontrado una de gran valor va y vende todo lo que tiene” para comprarla.

La verdad es una, no se divide. Lo mismo que el poseedor de la perla conoce su riqueza, en el momento que la tiene en sus manos, por la pequeñez de la perla, los ayudantes no tienen duda, cuando lo saben, lo mismo estos que son instruidos por el Evangelio conocen su felicidad, los infieles, ignoran este tesoro, sin tener idea alguna de nuestra riqueza. (San Juan Crisóstomo, Homilía sobre San Mateo 47,2)

Una pequeña perla solo tiene valor para quién sabe qué es. A quien no le interesa esta diminuta esfera brillante, posiblemente la despreciará por inútil para cualquier tarea cotidiana. Se valora lo que se conoce. Nadie da valor a lo que desconoce o ignora su utilidad. Valorar el Reino de Dios no es fácil para nosotros. Solo tenemos una ligera referencia de lo que puede significar.

"¡Nadie se engañe! Si alguno entre vosotros se cree sabio según este mundo, hágase necio, para llegar a ser sabio; pues la sabiduría de este mundo es necedad a los ojos de Dios. En efecto, dice la Escritura: El que prende a los sabios en su propia astucia. Y también: El Señor conoce cuán vanos son los pensamientos de los sabios."
(1 Corintios 3: 18-20)

En ella Pablo hace referencia a lo dicho por Jesús en muchas ocasiones: la comprensión de las cosas de Dios se la ha dado a lo sencillos y humildes, no a los sabios y orgullosos de su sabiduría.

El conocimiento de la verdad revelada por Cristo no es evidente, no es aplicable para obtener beneficios económicos, no logra éxito social, no sirve para sentirse orgulloso de ser un gran científico. Esa verdad es como la perla que solo puede ser valorada por quien sabe hacerlo y como el tesoro que hace que el hombre venda todo lo que tiene para conseguirlo… y que además lo vende todo con alegría y felicidad. Es una promesa, es una esperanza que hace que te desprendas de vanaglorias y prebendas materiales. Entonces, con humildad y con las manos vacías pero con el corazón lleno, es cuando puedes ir a buscar eso que tanto valor tiene y que no es obvio y aparente para todos los demás.
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