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lunes, 22 de junio de 2026

El arte de no conformarse con una Fe infantil


La Escuela de Alejandría fue un influyente centro intelectual y teológico situado en Egipto (siglos II-IV d.C.). En esta Escuela Catequética que fusionó el pensamiento griego con la fe cristiana y judía. Fue destacable su método alegórico de interpretación bíblica, que buscaba significados profundos tras la literalidad textual. La Escuela catequética de Alejandría nos legó una visión muy importante: el cristiano debía ser un profundo "conocedor del espíritu" para recoger la sabiduría que Dios nos ha dado. El objetivo es pasar de una Fe basada en las fluctuantes emociones a otra basada en el sólido conocimiento profundo.

A partir de esta visión, podemos realizar un diagnóstico de la Iglesia actual. Este diagnóstico no lleva a una propuesta que ya San Pablo realizó: Estamos centrados en vivir la Fe como una "dieta de leche". 

Les di de beber leche, pues no eran capaces de digerir alimento sólido, ni lo son todavía, porque aún son gente carnal. Pues mientras haya entre ustedes celos, peleas y divisiones, serán gente carnal y vivirán según criterios humanos. (1Co 3,2-3)

¿Qué problemas tiene la Fe basada en esta dieta de leche? Esta dieta intenta evitar problemas alérgicos en la posmodernidad en la que vivimos. Muchos cristianos de hoy siguen alimentándose de un entendimiento de la fe similar a la "leche" (conceptos básicos, infantiles y emocionales), cuando ya deberían estar comiendo "alimento sólido". Parece que intentamos reducir la Fe a sentirnos bien o a cumplir normas culturales externas, sin entender el porqué de los Misterios que dan sentido a nuestra vida de Fe.

Clemente de Alejandría es un ejemplo muy importante para entender lo que nos está pasando. Para Clemente, el cristiano perfecto es aquel que une la fe profunda con la razón iluminada. No basta con creer; hay que "ver" con la inteligencia el Misterio de Dios. No se trata de entender a Dios, imposible para nosotros, sino de comprender lo que Cristo nos ha legado para aplicarlo inteligentemente en nuestra vida.

¿Inteligentemente? ¿Pero la fe no es emotiva? Se preguntarán algunos. Lo cierto es que pensar de esta forma nos lleva a desarrollar nuestra vida cristiana a un nivel muy limitado. Clemente de Alejandría, en su obra "El Pedagogo", nos dice que Cristo no te lo da todo en un solo día. Introduce la idea de que Cristo es un maestro (pedagogo) que nos educa en etapas.El aburrimiento en la Iglesia actual proviene de creer que ya lo sabemos todo. Parece que, tras alcanzar las superficiales catequesis sacramentales contemporáneas, ya lo sabemos todo y sólo queda buscar emotividades culturales. La espiritualidad de la Escuela de Alejandría nos dice que siempre hay una capa más profunda a la que estamos llamados.

La fe es una disciplina intelectual y mística, basada en el entendimiento como acto de adoración. Leer a los Padres Apostólicos no es algo "frío" ni desfasado. Adentrarnos en estas lecturas nos permite encender la lámpara para ver mejor al Señor en nuestra vida. Lo que propone la Escuela de Alejandría es contraponer la "opinión" personal (lo que yo siento que es Dios) a la "Verdad". Verdad que no es algo oculto, sino lo que Dios nos ha revelado y que los Padres Apostólicos han custodiado.

¿Qué podemos hacer para empezar y que la fe no quede en teoría? Podemos elegir un solo tema profundo en el que nos interese profundizar. Por ejemplo, la Transfiguración o el sentido del "Logos" o la presencia real de Cristo en los sacramentos.

San Juan no relata una indicación sustancial del Señor:

"Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor; pero los he llamado amigos, porque les he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre." (Jn 15, 15)

Cristo nos ha dado a conocer lo que el Padre le ha indicado. ¿Tenemos claro esto?






sábado, 6 de mayo de 2023

Clemente de Alejandría. ¿Qué es el Misterio Cristiano?


¿Qué es el Misterio Cristiano? Sin duda no es algo que haya sido ocultado por el ser humano. Tampoco es un conocimiento que unos pocos conozcan. ¿Por qué tan pocas personas han recibido catequesis sobre ello?

El Señor no reveló a muchos lo que no estaba al alcance de muchos, sino a unos pocos, a los que sabía que estaban preparados para ello, a los que sabía que podían recibir la palabra y configurarse con ella. Los Misterios, como el mismo Dios, se confían a la palabra (viva), no a la letra. Y si alguno objeta que está escrito que «nada hay oculto que no haya de manifestarse, ni escondido que no haya de revelarse» (Mt 10, 20), le diremos que la misma palabra divina anuncia que el secreto será revelado al que lo escucha en secreto, y que lo oculto será hecho manifiesto al que es capaz de recibir la tradición transmitida de una manera oculta, como la verdad. De esta suerte, lo que es oculto para la gran masa, será manifiesto para unos pocos. ¿Por qué no todos conocen la verdad? ¿Por qué no es amada la justicia, si ella está en todo el mundo? Es que los Misterios se comunican de manera misteriosa, para que estén en los labios del que habla y de aquel a quien se habla; o, mejor dicho, no en el sonido de la voz, sino en la inteligencia de la misma. Dios concedió, en efecto, a la Iglesia, «que unos fueran apóstoles, otros profetas, otros evangelistas, otros pastores y maestros, para perfeccionamiento de los santos, para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo» (Ef 4, 14) 21. (Clemente de Alejandría. Stromata. I, 1, 13, 2)

El Misterio Cristiano es la misma Gracia de Dios que nos transforma para ser bienaventurados. Nos transforma según el designio de Dios. Cada cual con su carisma y talentos. Todos, unidos y reunidos en Nombre del Señor, conformamos un maravilloso mosaico. Pero no nos podemos quedar como elementos pasivos e indiferentes. Dios llama a nuestra puerta y espera a que le abramos. ¿Por qué ignoramos que espera a que nosotros le invitemos a entrar?

Tenemos que rogar a Dios que haga posible para que abramos la Puerta cuando Él llama. Sólo Él tiene Palabras de Vida Eterna. Él es el Logos de Dios. No le dejemos esperando fuera.

domingo, 14 de septiembre de 2014

La Cruz no es simulación ni simulacro, es signo de la Verdad

Hoy celebramos la fiesta de la Exaltación de la Cruz. En plena postmodernidad esta fiesta parece una locura incomprensible. Muchas personas se sorprenden que demos tanto valor a un instrumento de tortura y muerte. Incluso ven en nuestro comportamiento un cierto disfrute sado-masoquista, avivado por los prejuicios que dispersan los medios y un entendimiento perverso del placer que parece que puede ser conseguido por medio del dolor. Pero la Cruz no es nada de esto. Es un signo que marca el camino de Cristo y también nuestro camino.

¿Cómo explicar a una persona actual qué es la Cruz y su importancia? No es sencillo, ya que antes de sentir dolor, estamos dispuestos a cualquier cosa. No nos importa tomar drogas o embotar nuestra mente de mil formas. El dolor es el gran enemigo que buscamos hacer desaparecer sin pensar en los medios que se nos ofrecen para ello.

Para escapar del dolor somos capaces de crear realidades alternativas que nos distraigan. Realidades que creamos para no pensar en nosotros mismos y quienes tenemos a nuestro lado. Nos han hecho creer que necesitamos una realidad personal que nos aísle convenientemente de aquello que nos hace sufrir. Para muchos es mejor dejar de sentir antes de que aceptar nuestra naturaleza humana. ¿Por qué vivimos cada vez más alejados los unos de los otros y de todo lo que nos rodea?

Quizás es porque la realidad en su sentido auténtico, ha dejado de existir para la gente. Sólo es real aquello que te muestra la televisión, y cuando tu propia experiencia no coincide con lo que ves, piensas que eso te pasa porque eres un bicho raro, una excepción. Piensas que eres el único que no es feliz, mientras que el resto sí lo es porque lo dice la televisión. Y te deprimes (P. Santiago Martín. La última Aparición de la Virgen)

Vivimos en una sociedad llena de simulacros, en la que disimulamos continuamente, para sentirnos seguros. Un simulacro es un mentira que representamos como si fuera verdad. Los simulacros son la esencia de la sociedad postmoderna que nos rodea. (Seguir leyendo)

domingo, 8 de abril de 2012

¡Cristo ha resucitado! Feliz y Santa Pascua 2012


Alegría para todos.
Que la creación entera se estremezca
con un latido más de vida y esperanza.
Que los creyentes todos resplandezcan
con vestido nuevo, perfumado en el Ungido.
Y vosotros, los pobres, los dolientes,
los pequeños, que pasáis inadvertidos,
abríos a la esperanza y a la dicha,
que va a estallar el sol en vuestras vidas.

Que nadie en esta noche
sufra de pesimismo o de tristeza.
Que se alejen los espíritus malignos,
los que amargan la vida de los hombres,
porque han sido definitivamente derrotados.

Esta es la noche
que ha sido iluminada
por un sol nacido del sepulcro.

Esta es la noche victoriosa,
en la que la muerte, hecha cautiva,
en huida sus guardias y soldados,
se puso al servicio de la vida.

Esta es la noche tan dichosa
en la que Cristo, el amor más grande,
floreció en espiga y amapolas,
y volvió a reunirse con los suyos.

Verdaderamente la cruz fue necesaria
para que el Amor triunfara de la muerte.

Que Judas no se desespere,
que Pilato no se lave más las manos,
que los soldados no tengan pesadillas,
que Pedro ya no llore,
porque el daño se ha trocado en beneficio.

Ahora es el tiempo del juego y de la risa,
de la fe reconquistada y la esperanza cierta;
ahora es el tiempo del amor hasta la muerte.

Magdalena jugará con Jesús al escondite,
los de Emaus jugarán a los disfraces,
Tomás al veo-veo, Juan a adivinanzas,
y para Pedro llegó la hora del examen,
brillantemente superado.

Es la hora del reencuentro,
de la presencia y la amistad gozadas,
del pan partido y compartido,
de promesas y dones generosos.

A partir de esta noche
todo estará más claro y florecido:
la Pasión del mundo continúa,
pero ya ninguna cruz será maldita,
y en todos los surcos de la muerte
se siembra la esperanza.

Un mensaje de alegría para todos
hombres de toda religión y raza:
la vida ha salido victoriosa,
la justicia triunfará, sin duda,
porque Cristo resucitado está en el centro
de la historia:
Él es la Pascua,
el sol que dinamiza nuestro mundo.
(Oración-Himno atribuido a San Ambrosio de Milán)

¿Podemos estar más alegres? Cristo es nuestra Pascual y el Sol que dinamiza nuestro mundo. Verdaderamente la cruz fue necesaria para que el Amor triunfara de la muerte. Ya las cruces no están malditas, ya que en el surco, que es nuestro sufrimiento diario, florece con lirios y rosas de esperanza. Ahora tenemos razón para compartir y compartirnos en una comunidad nueva, llena de vida y con un sentido que nos trasciende a cada uno de nosotros.

Nos damos cuenta de lo importante que es la Cruz, ya que nos señala el eje que es nuestro objetivo y alrededor del cual nuestra vida tiene que girar. El centro es Cristo. Cuando Moisés habló del árbol de la vida, plantado en el Paraíso, expresó simbólicamente la inteligencia gratuita de las cosas divinas...

Ese Paraíso puede ser también el cosmos, donde va creciendo todo lo que trae su origen de la obra de la creación. En este paraíso del mundo floreció también el Logos y dio su fruto, cuando se hizo carne y dio vida a los que gustan de su bondad. Porque no nos comunicó la visión de la inteligencia sin el madero; nuestra vida estuvo suspendida del madero para que creyéramos en Él (Clemente de Alejandría, Strom. V, 72)

El Misterio de la Vigilia Pascual es un misterio unido a la regeneración, el Agua Viva, el Orden (Cosmos) que se abre paso en el caos, el eje que se nos muestra en la Cruz. Cruz que hoy florece y cuyas flores llenan el aire de perfume. Perfume que nos recuerda nuestro bautismo y confirmación, ya que el óleo, con el que fuimos marcados, recoge ese aroma. Aroma que debe penetrar en nosotros para transformarnos y así poder contagiar a otros con nuestra inmensa alegría.

--o--

¿Qué hacemos mirando su tumba vacía?
¡Despertemos¡
¡Cristo vive! ¡Ha resucitado!
¡Verdaderamente ha resucitado!
Alegría, loor y gloria en los Cielos y la Tierra.
Dios ha elevado al Sol de Justicia
por encima de quienes injustamente lo condenaron.
Ahora ilumina al mundo y a todo aquel que lo acoge en su corazón.
Amén 

Felices Pascuas

domingo, 11 de septiembre de 2011

La carrera de ser cristiano

Así, dueño de si mismo y de lo suyo, poseyendo una segura comprensión de la ciencia divina, [el cristiano] se encuentra auténticamente junto a la Verdad. En efecto, el conocimiento y la percepción segura de lo inteligible sin duda puede llamarse ciencia, cuya tarea respecto a las cosas divinas es indagar ciertamente cual sea la causa primera y de Aquél por cuyo medio fueron hechas todas las cosas y sin Él no se hizo nada (Jn 1,3); a su vez también cuales son las cosas como penetrantes, cuales las envolventes, cuales las que se encuentran unidas y cuales las disociadas.  Y cual es el rango que cada una de estas cosas tiene y cual es el poder y la función sagrada que desempeñan. A su vez, respecto a las cosas humanas, [el conocimiento revela] qué es el hombre mismo, qué es lo conforme a su naturaleza y contrario a ella, cómo está relacionado con el actuar y con el sufrir, cuales son sus virtudes y sus vicios, lo relativo al bien y al mal y a lo que está entre ambos; lo que concierne a la fortaleza, prudencia, templanza, y a la justicia, que sobrepasa a todas. Pero [el cristiano] se aprovecha de la prudencia y de la justicia en aras de la adquisición de la sabiduría y de la fortaleza, no sólo para soportar él mismo las adversidades, sino para también dominar en lo concerniente al placer y a la concupiscencia, al dolor y a la ira, y en general para enfrentarse a todo lo que con violencia o engaño seduce a las almas (Clemente de Alejandría, Stromata VII 3, 17.1)

-oOo-

Leer este párrafo de la Stromata de Clemente de Alejandría, me invita a reflexionar sobre el sentido del cristiano. No podemos decir que Clemente proclame un cristianismo apático y desentendido de la comprensión de todo lo que le rodea. Para él, el cristiano debería buscar sabiduría que le permite discernir dentro y fuera suya. Sabiduría que le ayuda a defenderse de todo lo que le puede seducir y le engañar.

¿Tenemos hoy en día una comprensión del cristiano que se acerque a lo que nos indica Clemente? Me temo que nos quedamos en una capa de conocimientos desligados que se mantienen unidos gracias a la Fe.  Si la Fe es fuerte, el cristiano podrá seguir adelante por mucho que se plantee dudas, pero si la Fe no es tan fuerte, es normal que se derrumbe ante las incertidumbres que le plantea el mundo actual. Por otra parte, hay que ser conciente que no todas las personas están dispuestas a dedicar su vida y aliento a formarse y reflexionar en profundidad. 

Si comparamos el camino del cristiano con una carrera, los hermanos más lentos pueden recriminar a los más rápidos que se complican la vida y se la complican a los demás. También pueden objetar que todas las florituras son innecesarias y que los rápidos se centren en lo fundamental: la Fe. Lo maravilloso es que estas personas tienen razón sin que ello implique que haya que cambiar la actitud en los rápidos. La velocidad o la fortaleza no son imprescindibles, pero forman parte de la naturaleza que ha dado Dios a cada cual.

¿Cómo es posible? A cada obrero Dios da un número de talentos particular y sobre lo que les ha dado, les pedirá cuentas cuando vuelva. Los rápidos tienen su función, los fuertes la suya, los lentos tienen sus responsabilidades, al igual que los despistados. Nadie deja de ser necesario.

Decía San Agustín: Cuantos corren, corren con perseverancia, pues todos recibirán el premio. El que llegó el primero esperará a ser coronado con el último. Este certamen no lo emprende la codicia, sino la caridad. Todos los que corren se aman, y este mismo amor es la carrera (San Agustín. Comentario al Salmo 39,11).

La caridad hace que los que corremos unidos, nos amemos aunque unos vayan delante y otros detrás. Los más fuertes ayudarán a los rezagados, los más rápidos marcarán el camino a los despistados. Los lentos serán quienes procuren descanso a los rápidos y los despistados, relajarán a los fuertes. Una vez lleguemos, todos recibiremos el mismo premio ¿No es maravilloso?

Si alguien piensa que obtener el mismo premio para todos es injusto, le invito a repasar la parábola de los obreros de la hora undécima (Mateo 20:1-16). ¿Por qué el mismo premio? ¿Dios puede ser injusto? El mérito de llegar antes o después es de Dios, no nuestro.  Él fue quien nos creó como somos (talentos) y además nos dio la fuerza (gracia) para llegar. Pero no olvidemos que nuestra colaboración es imprescindible aunque el premio lo ganemos por Gracia de Dios.

miércoles, 20 de julio de 2011

Fides quaerens intellectum

Afirmamos que la fe no es inoperante y sin fruto, sino que ha de progresar por medio de la investigación. No afirmo, pues, que no haya que investigar en absoluto. Está dicho: «Busca y encontrarás» (cf. Mt 7, 7; Lc 12, 9)... Hay que aguzar la vista del alma en la investigación, y hay que purificarse de los obstáculos de la emulación y la envidia, y hay que arrojar totalmente el espíritu de disputa, que es la peor de las corrupciones del hombre.

Es evidente que el investigar acerca de Dios, si no se hace con espíritu de disputa, sino con ánimo de encontrar, es cosa conducente a la salvación. Porque está escrito en David: «Los pobres se saciarán, y quedarán llenos, y alabarán al Señor los que le buscan: su corazón vivirá por los siglos de los siglos» (Sal 21, 27). Los que buscan, alabando al Señor con la búsqueda de la verdad, quedarán llenos con el don de Dios que es el conocimiento, y su alma vivirá. Porque lo que se dice del corazón hay que entenderlo del alma que busca la vida, pues el Padre es conocido por medio del Hijo. Sin embargo no hay que dar oídos indistintamente a todos los que hablan o escriben... «Dios es amor» (1 Jn 4, 16), y se da a conocer a los que aman. Asimismo. «Dios es fiel» (I Cor 1, 9; 10, 13), y se entrega a los fieles por medio de la enseñanza. Es necesario que nos familiaricemos con él por medio del amor divino, de suerte que habiendo semejanza entre el objeto conocido y la facultad que conoce, lleguemos a contemplarle; y así hemos de obedecer al Logos de la verdad con simplicidad y puridad, como niños obedientes. «Si no os hiciereis como esos niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 18, 3): allí aparece el templo de Dios, construido sobre tres fundamentos, que son la fe, la esperanza y la caridad. (Clemente de Alejandría. Stromata. V, 11, 1ss)

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¿Pensamos que la fe es inoperante y pasiva? ¿Quizás esperamos sentados a que Dios nos resuelva los problemas? Ciertamente la fe nos mueve, pero ¿A qué nos mueve? Nos mueve a comprender, sentir y actuar.

Tal como nos indica Clemente, para entender la fe es necesario que nos familiaricemos con el amor de Dios.  La fe no trata de creer algo que no se ve, sino de creer en aquello que se nos revela. Indudablemente tenemos que aceptar lo revelado, contemplarlo y comprenderlo. Acercarnos a nuestra verdadera naturaleza mediante la humildad de sabernos limitados y falibles. Sólo así podremos actuar con la pureza de los niños. Solo actuando como niños podremos ver a Dios en todo lo que nos rodea.

Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios. (Mt 5,8)

Tan simple y tan complicado para el ser humano de nuestros días. El ser humano se siente poseedor de todo el poder y el conocimiento, además se siente capaz de delimitar por si mismo qué es el bien y el mal. En la sociedad actual, más que negar a Dios, nos afanamos en olvidarle o recluirle de manera controlada en espacios y momentos delimitados. Lugares y tiempos cuanto más profanos mejor, a fin de evitar sentirnos fuera de lugar. 

El tiempo y el espacio sagrado ya no se comprenden como algo vivo, por lo que se alojan en museos. El mundo penetra en nosotros para alejarnos de Dios y de su verdadero objetivo. Al olvidar a Dios hacemos imposible su búsqueda. Entendiendo la búsqueda, no como una teodicea, sino como la capacidad abrir a Dios nuestro corazón, ya que El siempre llama primero a la puerta. 

sábado, 19 de febrero de 2011

La Iglesia, Virgen Madre

¡Oh maravilla de misterio! Uno es el Padre de todo, uno el Logos de todo, y uno el Espiritu Santo, el mismo en todas partes; y una sola también es la virgen madre: me complazco en llamarla Iglesia. Únicamente esta madre no tuvo leche, porque solo ella no llegó a ser mujer, sino que es al mismo tiempo virgen y madre, intacta como virgen, pero amante como madre. Ella llama a sus hijos para alimentarlos con una leche santa, el Logos acomodado a los niños. Por esto no tuvo leche, porque la leche era ese niño hermoso y querido, el cuerpo de Cristo. Con el Logos alimentaba ella a estos hijos que el mismo Señor dio a luz con dolores de carne, que el Señor envolvió en los pañales de su sangre preciosa. ¡Oh santos alumbramientos! ¡Oh santos pañales! El Logos lo es todo para el niño, padre, madre, pedagogo y nodriza. «Comed mi carne y bebed mi sangre», dice (cf. Jn 6, 53). Estos son los alimentos apropiados que el Señor nos proporciona generosamente: nos ofrece su carne, y derrama su sangre. Nada falta a los hijos para que puedan crecer (Clemente de Alejandría, El Pedagogo, 1,6,42)

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Leyendo este pasaje de Clemente de Alejandría es fácil darse cuenta de la esencia de la Iglesia. Las madres no se cambian o se reforman a gusto de sus hijos. El alimento del niño no se ajusta a sus gustos, sino a sus necesidades. Solo por medio de la Iglesia podemos Comer la verdadera Carne y beber la verdadera Sangre de Cristo, tal cual El lo instituyó. Sacramentos que nos unen y dan sentido como personas, comunidad e Iglesia universal. 

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Señor, estamos delante de Ti y te imploramos.
Condúcenos a tu redil y cuida de nosotros
Solo Tu eres la Puerta que nos guarda 
y nos aleja de todo mal.
Te doy gracias Señor Padre Santo, 
Dios Todopoderoso y eterno
porque aunque soy sólo un siervo pecador
y sin mérito alguno,
has querido conducirme a tu redil y
misericordiosamente me alimentas 
con el cuerpo y la sangre 
de tu hijo Nuestro Señor 
Jesucristo.
Amén.

martes, 9 de noviembre de 2010

El Misterio que es Dios Revelado

"Los que sabemos bien que el Salvador no dice nada de una manera puramente humana, sino que enseña a sus discípulos todas las cosas con una sabiduría divina y llena de misterios, no hemos de escuchar sus palabras con un oído carnal, sino que, con un religioso estudio e inteligencia, hemos de intentar encontrar y comprender su sentido escondido. En efecto, lo que el mismo Señor parece haber expuesto con toda simplicidad a sus discípulos no requiere menos atención que lo que les enseñaba en enigmas; y aun ahora nos encontramos con que requieren un estudio más detenido, debido a que hay en sus palabras una plenitud de sentido que sobrepasa nuestra inteligencia... Lo que tiene más importancia para el fin mismo de nuestra salvación, está como protegido por el envoltorio de su sentido profundo, maravilloso y celestial, y no conviene recibirlo en nuestros oídos de cualquier manera, sino que hay que penetrar con la mente hasta el mismo espiritu del Salvador y hasta lo secreto de su mente... " (Clemente de Alejandría, Quis dives salvetur 5, 2-4)

Leyendo la estupenda entrada "El Simbolismo de la Zarza y el Fuego" del P. Javier Sánchez en su blog, Corazón eucarístico de Jesús. El Sagrario, no pude menos que acordarme de dos citas. La primera es la de Clemente de Alejandría. En ella nos encontramos con la evidencia del Misterio y de su inmensa profundidad.

No deberíamos dejar pasar la oportunidad de penetrar en Tierra Sagrada, descalzarnos y adorar de rodillas a Dios revelado ante nosotros. La revelación de Dios es como un regalo... está envuelto y solo si nos atrevemos a abrir el paquete, podremos admirar todo lo que contiene. Pero hay que abrir el paquete con humildad y sabiendo que si podemos hacerlo, es por Don de Dios mismo.

También vino a mi mente este breve pasaje del catecismo:

En María, el Espíritu Santo manifiesta al Hijo del Padre hecho Hijo de la Virgen. Ella es la zarza ardiente de la teofanía definitiva: llena del Espíritu Santo, presenta al Verbo en la humildad de su carne dándolo a conocer a los pobres (cf. Lc 2, 15-19) y a las primicias de las naciones (cf. Mt 2, 11). (Catecismo Nº 724)


Cuanta profundidad y cuanto amor de Dios concentrado y donado a nosotros.

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Señora, Madre de Dios y Madre nuestra
ayúdanos a acercarnos a Tu hijo y 
a desear que Cristo nazca dentro nuestra.
Ruega por nosotros, Santa Madre
Solo con la gracia de Dios podemos acercarnos
al Misterio que es Dios mismo.
Amén

jueves, 29 de julio de 2010

Oh Misterios Santos de Verdad

El siguiente texto pertenece a la Exhortación a los Gentiles (Protréptico) escrita por Clemente de Alejandría allá por los siglos II-III.

Este es el eterno Jesús, el único gran sacerdote de Dios único y Padre suyo. Suplica a favor de los hombres y les ordena: «Escuchad, tribus innumerables», y, aún más, cuantos hombre sois sensatos, bárbaros o griegos. Llamo a toda la raza humana, de la que Yo soy creador por designio del Padre.

Llegaos a mí para que el único Dios y el único Logos os designen un puesto. No solo seréis superiores a los animales irracionales por vuestra razón, sino que a vosotros solamente, de entre todos los mortales, os concedo gozar de la inmortalidad. Pues quiero, quiero haceros también partícipes de esta gracia concediéndoos el beneficio completo, la incorruptibilidad. Os regalo al Logos, el conocimiento de Dios, me regalo a mi mismo por completo.

Esto soy yo, esto quiere Dios, esto es la sinfonía, esto es la armonía del Padre, esto el Hijo, esto Cristo, esto el Logos de Dios, el brazo del Señor, fuerza de todas las cosas, la voluntad del Padre. De ello surgieron hace tiempo las imágenes, pero no todas parecidas; quiero corregiros conforme al modelo para que lleguéis a ser semejantes a mi.

Os ungiré con el ungüento de la Fe por el que expulsáis la corrupción y os mostraré sin velos toda la justicia, por la que subís hasta Dios. «Venid a mi todos los que estáis fatigados y cansados, que Yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestra almas, pues mi yugo es suave y mi carga ligera» (Clemente de Alejandría. Protréptico. XII, 120)

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Clemente nos indica una serie de elementos importantes. Dice a los gentiles que Dios es sinfonía y armonía, al mismo tiempo que Logos (razón y sentido pleno de lo creado) y fuerza que surgen del Padre. Esta armonía se comunica por medio de la gracia y tiene objeto que seamos una mejor imagen del Modelo del que fuimos creados

También nos indica que la Fe permite ver sin velos la justicia que nos conduce a Dios. Justicia entendida como ley natural universal, no como ley positiva a medida o conveniencia del ser humano.

Para hacer más evidente todo esto, trae ante nosotros la breve parábola en la que Cristo se apoya simbólicamente en la imagen del yugo. El yugo era un artilugio de madera que unía a dos o más animales con el objeto de aunar sus fuerzas en las tareas del campo.

Hoy en día hemos asimilado la imagen del yugo a una intolerable pérdida de libertad. Pero esta interpretación moderna es solo una visión parcial y deformada de lo que significa y simboliza el yugo en las palabras de Cristo. El yugo es una herramienta y tiene como objeto aunar fuerzas y sincronizar voluntades. Sin el yugo, los cristianos no podríamos transformar unidos el “mundo” en el Reino.

Nuestra sociedad evidencia el desprecio por el yugo. Incluso como cristianos, padecemos la falta de unidad y voluntad común. Sin unidad de voluntad y objetivos, nos sentimos desorientados, aislados y solos. Recordemos las palabras de Cristo en las que se decía que cuando dos o más se reúnan en Su Nombre, El estará en medio de ellos. La Iglesia solo aparece ante nosotros cuando estamos unidos en Nombre de Cristo.

El yugo que nos ofrece Cristo no es un yugo normal, ya que es ligero y alivia del sinsentido al que nos lleva una vida sin Dios.

El yugo, además, es un maravilloso paradigma de la sinfonía y la armonía, que Clemente indicaba con anterioridad. Con la armonía expulsamos la corrupción a la que nuestra naturaleza imperfecta nos impulsa. Solo si formamos parte de la armonía, evidenciamos nuestra semejanza con Dios. Solo así, evidenciamos que somos imagen de Dios. Pero la armonía que proviene del yugo es similar a la que nace de la unión de los sarmientos a la vid. No se trata de caos y desafecto vestido de armonía, que nos venden las escuelas y tendencias de la nueva era. Se trata de la unidad y proporción que tanto odia el mundo contemporáneo.

El mundo odia a Cristo y la armonía que conlleva la Fe. Nos intenta hacer creer que “lo natural” es la disonancia y la estridencia que encontramos por todas partes. El mundo siempre nos ofrece vivir siendo solamente lo que somos… sin aspirar a transformarnos por medio de la gracia.

El mundo nos dice una y mil veces, que nuestra naturaleza no admite conversión. Nos dice que somos seres completos y si algo nos pasa es que no nos hemos dado cuenta de ello. Rechaza la necesidad de ser armonía y la necesidad de dejarnos conducir por el yugo de Dios.

Es fácil y cómodo decir que amor es dejarnos ser lo que queramos en igualdad. Es fácil y cómodo, razonar de manera simplicadora: como Dios es amor, nos acepta como somos sin necesidad de transformarnos por medio de su gracia. Que fácil es creernos ya convertidos tal cual somos. Qué fácil es confundir la sinfonía y la armonía con el ruido y el caos que vivimos. El mundo nos dice que no necesitamos de Dios y que de existir “algún dios”, este no nos necesita.

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Padre nuestro que estás en los Cielos
Sea santificado Tu Nombre
Permítenos participar de Tu Reino
Hágase tu voluntad, aquí en la tierra, como en los Cielos
Danos hoy el pan de cada día
Ayúdanos a no caer en las tentaciones
Y líbranos del maligno
Amén

sábado, 13 de marzo de 2010

La Unción Interior


En estos días de cuaresma, camino hacia la Pascua… es interesante recordar este pasaje del Evangelio de San Juan:

Señor, dijo Tomás, no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber el camino? Jesús dijo entonces: Yo soy el camino, la verdad y la vida: nadie puede ir al Padre, si no es por mí. Si supierais quién soy yo, sabríais también quién es mi Padre, al que desde ahora conocéis y habéis visto. (Jn 14,5-7)

Al hilo de este pasaje… Hace unos días escuchando el estupendo programa sobre el Compendio del Catecismo, realizado por el P. José Miguel Marqués (Radio María), me encontré con un concepto que me llamó poderosamente la atención: la unción interior.

¿Qué es la unción interior? Simplemente huella indeleble que deja el Espíritu Santo en todo aquel que busca y obtiene la Fe en Dios. Esta unción se realiza con un Óleo que solo puede ser el mismo Espíritu Santo actuando en nuestro interior.


Buscando información sobre el tema, dí con un párrafo de Clemente de Alejandría, en el que se reproducen unas palabras de Cristo que no han llegado hasta nosotros por medio de los Evangelios:

“A vosotros, desde antiguo imágenes, pero no siempre semejantes, os quiero conformar con el arquetipo, de manera que os hagáis también semejantes a mi. Os ungiré con el óleo de la Fe, por medio del cual arrojaréis la corrupción.” (Protéptico XII, Clemente de Alejandría)

En este párrafo, Cristo claramente aparece como el Logos (palabra, sentido y razón de todo) por el que somos ungidos de forma especial. Cristo, como camino hacia Dios, nos ofrece la unción que nos permite arrojar fuera de nosotros la corrupción… es decir, la muerte.

Cristo, a través de Clemente, parece decirnos que el pecado original rompió la semejanza perfecta de entre la naturaleza divina y la humana. Además deja clara su misión de reestablecer la semejanza que se rompió y que corrompió nuestra naturaleza. Cristo desea hacernos semejantes a El y para ello nos unge con el Óleo de la Fe. La Fe aparece como don que Dios da a todo el que la busca con honestidad ... y que además marca de forma indeleble una vez recibida.

Podríamos pensar en que la plenitud de las unciones del bautismo y de la conformación se encuentra en esta unción interior… que es la que realmente nos permite cambiar nuestra naturaleza dañada.



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S
eñor ayúdanos a entender que eres Camino, Verdad y Vida. Permítenos dar el gran paso de andar en Ti hacia la Verdad, para obtener la verdadera Vida. Aquella Vida que sobrepasa el inmenso don de vida humana.


Amén

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He pensado interesante dejar algunas referencias bibliográficas accesibles desde internet:

3.- Sobre la unción en general, tenemos este breve artículo proveniente de la página Kerigmachile : AQUÍ. Al final aparece tratada la unción interior.

martes, 29 de diciembre de 2009

Admirar las realidades

Por tanto, ¿es necesario repetir que las virtudes están mutuamente implicadas unas con otras, como se ha demostrado ya que la fe se basa en el arrepentimiento y en la esperanza, la circunspección en la fe, y la experiencia y la perseverancia en esas virtudes, unidas al estudio disciplinado, se completan en el amor y éste se perfecciona con el conocimiento?

Además, se ha visto que sólo lo divino es necesario concebirlo como sabio por naturaleza; por eso la sabiduría es poder de Dios, que es el que nos enseña la verdad. Ciertamente, aquí se encuentra la perfección del conocimiento.

El filósofo ama y estima la verdad; por eso ha traído él la reputación de ser auténtico amigo en virtud del amor. El comienzo de esto reside en admirar las realidades, como dice Platón en el “Teeteto” y Matías en las “Tradiciones”, donde exhorta: Admira lo presente, y lo pone como fundamento del conocimiento transcendente.

En el Evangelio según los Hebreos está escrito: Quien admire reinará, y el que reine tendrá descanso. Por tanto, es imposible que una persona sin principios de enseñanza, sea filósofa permaneciendo en la ignorancia, puesto que no posee todavía el concepto de sabiduría, mientras que la filosofía es la aspiración a lo que existe en realidad y a los aprendizajes que tienden a ello.

Y aún cuando se esté ya ejercitado, según algunos, para practicar el bien, también es necesario esforzarse por conocer cómo nos comportamos y actuamos, para así hacerse uno semejante a Dios, me refiero al Dios Salvador, dando culto al Dios del universo mediante el Logos, sumo sacerdote, por el que se pueden ver las realidades bellas y justas conforme a la verdad. La piedad... es un actuar que sigue y acompaña a Dios. (Clemente de Alejandría, Stromata II,9)

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En este fragmento de las Stromata de Clemente de Alejandría nos encontramos con un tema de cierta importancia dentro del cristianismo: “Admirad lo que tenéis enfrente”. Este tema se repite en diversidad de pasajes evangélicos (como en Mt 10:26-33) y aparece también en otros textos como en el evangelio apócrifo de Tomás y el texto que el propio Clemente cita: el evangelio de los hebreos, perdido hasta la fecha.

“Quien admire reinará y el que reine tendrá descanso” es la segunda parte del la sentencia atribuida a Cristo. En suma, lo que se nos propone no es algo secundario, ya que se indica que delante de nosotros tenemos la creación como revelación de Dios mismo y que no debemos despreciar el mundo natural como algo maligno o ilusorio. Todo lo contrario. Por ejemplo en la realidad cotidiana se cimientan las parábolas que sirven a Cristo para explicar por similitud cuestiones trascendentales… como el Reino de Dios o la manera en que Dios nos llama, entre muchas otras.

Precisamente una de las características de las herejías gnosticistas es considerar la realidad como algo maligno o ilusorio. Si aceptáramos como premisa la malignidad o ilusoriedad de la realidad, podríamos llegar a perder el sentido del sacrificio de Cristo y del propio sacrificio personal cotidiano. El sufrimiento se vuelve algo desechable de lo que hay que huir sin intentar comprender qué es y qué sentido tiene.

En resumen… nos damos cuenta de que precisamente esto es lo que ocurre en nuestra sociedad actual, donde las creencias se proponen como algo privado y privativo. La religión es innecesaria o en todo caso, todas ellas resultan equivalentes. Dios se propone como una realidad personal e inaccesible más allá de nosotros mismo. De ahí solo un paso nos separa del agnosticismo y del ateismo.

Por esta razón Clemente incide en la necesidad del conocimiento como complemento ideal a la Fe, ya que este nos da claridad de ideas para no perdernos en las aparentes similitudes espirituales de las diferentes religiones y la ofertas de espiritualidades alternativas. Este conocimiento no nos debe llevar a una postura inquisitorial y excluyente. Conociendo las religiones podemos respetarlas, diferenciarlas y valorarlas en su justa medida. Además, tendremos razones para defender al cristianismo como nuestra Fe frente a las demás.

Termina Clemente indicándonos que la virtud de la piedad “es un actuar que sigue y acompaña a Dios.” Por eso podemos pedir misericordia y esperar que Dios nos ilumine en nuestro caminar.

De nuevo aquí me tienes Jesús mío,
Confuso y humillado ante ti.
Sin saber que decirte ni que hablarte.
Ansioso solamente de llorar.

Traigo el alma llena de tristezas,
Y hambriento el corazón de soledad.
De esa soledad dulce, divina,
Que alegra tu presencia celestial.

Donde el alma tan solo con mirarte,
Te dice lo que quiere sin hablar.
Mis miserias Señor aquí me traen,
Mírame con ojos de piedad. Amén

sábado, 21 de noviembre de 2009

Cristo, Sol, Luz y Rey.

Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? (Juan 18, 33-38)

Nos comenta San Agustín:

Creyendo, venid al reino que no es de este mundo. ¿Cuál es, pues, su reino sino el de los que creen en El, a quienes dice no sois de este mundo, aunque quiera que estéis en este mundo? Por lo que no dice: Mi reino no está en este mundo, sino "no es de este mundo" (Jn 8,23) Es, pues, de este mundo todo lo que en la humanidad, si bien creado por Dios, fue generado de la raza viciada de Adán. Fue, pues, hecho un reino, no ya de este mundo, de todo aquello que fue regenerado en Cristo. Así, pues, Dios nos sacó del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de su amor. (San Agustín, Tratado sobre el evangelio de San Juan)

Pilatos, como muchas otras personas, duda hasta de la existencia de la verdad. Frente a esta duda podemos citar el siguiente texto de Clemente de Alejandría:

Pongamos, pues, fin, pongamos fin al olvido de la verdad; despojémonos de la ignorancia y de la oscuridad que, cual nube, ofuscan nuestros ojos, y contemplemos al que es realmente Dios, después de haber previamente hecho subir hasta él esta exclamación: «Salve, oh luz». Una luz del cielo ha brillado ante nosotros, que antes vivíamos como encerrados y sepultados en la tiniebla y sombra de muerte; una luz más clara que el sol y más agradable que la misma vida. Esta luz es la vida eterna y los que de ella participan tienen vida abundante. La noche huye ante esta luz y, como escondiéndose medrosa, cede ante el día del Señor. Esta luz ilumina el universo entero y nada ni nadie puede apagarla; el occidente tenebroso cree en esta luz que llega de oriente.

Es esto lo que nos trae y revela la nueva creación: el Sol de justicia se levanta ahora sobre el universo entero, ilumina por igual a todo el género humano, haciendo que el rocío de la verdad descienda sobre todos, imitando con ello a su Padre, que hace salir el sol sobre todos los hombres. (Clemente de Alejandría. Exhortación a los paganos, cap. 11)

Tras el evangelio, el comentario de San Agustín y la apostilla de Clemente de Alejandría… solo podemos gritar:

¡Salve, Cristo. Sol de justicia universal, Luz de vida eterna, Rey del mundo y del universo!

¡Marana-thá!

viernes, 6 de noviembre de 2009

Conocimiento y Fe


El cristianismo es una religión llena de matices. Esto se hace evidente la diversidad caminos o carismas que nos ofrece para re-ligarnos con Dios. Podríamos agrupar este conjunto de matices agrupados en tres conjuntos: devocionales, caritativo-sociales e intelectuales. En realidad, el camino verdadero es un compendio de estos tres conjuntos, ajustado a nuestro carisma personal. El principal problema de toda persona religiosa es conseguir un equilibrio entre los tres matices a fin de no perder el norte en la vida.

Aunque la existencia de carismas ayuda eficazmente el objetivo de unir o acercar la divinidad y la humanidad de cada uno de nosotros, esta ventaja se vuelve en nuestra contra en más e una ocasión. Esto se hace patente cuando se propone un camino como la única forma válida de acceso a Dios.

El desarrollo de la teología es una evidencia de la necesidad de acercarnos a Dios también con el intelecto. La imbricación de Fe y conocimiento no es ni mucho menos un camino de invención moderna Al igual que los demás, se desarrolló desde los primeros siglos. El cristianismo puede englobar ciencia y razón sin perder un ápice de profundidad y trascendencia.

La escuela de Alejandría fue una de las pioneras en este camino y en ella florecieron un número importante de Padres de la Iglesia. Uno de estos Padres, Clemente de Alejandría, nacido en Atenas allá por el año 150 dC, fue uno sus mayores exponentes. Clemente fue sucesor de Panteno en la dirección de la escuela catequética alejandrina (Didaskalion). La escuela alejandrina formó a eminentes teólogos, muchos de ellos considerados Padres de la Iglesia. Podríamos citar, aparte de Clemente, a Orígenes, San Dionisio de Alejandría, San Gregorio Taumaturgo o San Metodio de Olimpo, entre muchos otros.

Hoy comparto con vosotros en breve texto de Clemente, que muestra con claridad la necesidad de ir más allá de la Fe a encontrarnos con el conocimiento*:

Por ello, [el conocimiento*] traslada al hombre hacia el parentesco divino y santo del alma y mediante una luz característica suya, cruza los progresos místicos hasta que se restablezca en el lugar supremo del descanso, después de haber enseñado al limpio de corazón a contemplar a Dios cara a cara científicamente y con el don de la comprensión. De alguna manera ahí reside la perfección del alma dotada de conocimiento, que habiendo superado toda purificación y servicio aparece con el Señor, donde se encuentra colocada inmediatamente después. Ciertamente la Fe es un conocimiento* compendiado, por así decirlo, de las verdades perentorias, y el conocimiento es la demostración firme y segura de lo recibido mediante la Fe, pues está edificado sobre la Fe por la enseñanza del Señor y conduce a la certeza inquebrantable, a una comprensión adecuada acompañada de ciencia. A mí me parece que la primera transformación salvífica es la de los paganos hacia la Fe, como ya he afirmado; en cambio la segunda transformación es la de la Fe al conocimiento*. No obstante, cuando ésta [última] se resuelve en amor, inmediatamente constituye entre el que conoce y el que es conocido, las relaciones de un amigo con otro. (Stromata VII, 57,1-4)

Al igual que los otros caminos, el conocimiento es mística que permite acercarse al misterio cristiano de forma especialmente relevante. Este acercamiento permite acceder a la trascendencia implícita a todo lo creado y a nuestra propia trascendencia, como buscadores de la comprensión de la revelación de Dios.

Fijémonos que Clemente lo indica claramente en la última frase del texto: “No obstante, cuando ésta [última] se resuelve en amor, inmediatamente constituye entre el que conoce y el que es conocido, las relaciones de un amigo con otro”. Cuando uno conoce a Dios, entonces puede amarlo como amigo a Quien debe todo. Leyéndolo nos acordamos del siguiente pasaje evangélico:

«Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?» El le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.» (Mt 22, 36)

Cristo nos da una pista adicional… no nos olvidemos de nuestro prójimo en el camino del amor, ya que dejaría de ser el verdadero camino. De igual forma no debemos olvidemos del amor a Dios… ya que perderíamos el norte rápidamente.


[*] Sobre la palabra conocimiento (gnosis) es necesario hacer un comentario adicional. El sentido del conocimiento que utiliza Clemente transciende el mero saber científico, conocer natural o espontáneo. Sería más ajustado entenderlo como la sabiduría que permite unir lo profano y lo sagrado en un todo coherente y trascendente. Dicho esto, también es importante no confundir el conocimiento, tal como lo entiende Clemente, con la diversidad de doctrinas y herejías gnósticistas

sábado, 23 de mayo de 2009

Las definiciones que se dan de Dios son inadecuadas. Sacramentos.

Dice Juan el apóstol, refiriéndose al invisible e inexpresable seno de Dios: «A Dios nadie le vio jamás, pero el Dios unigénito, el que está en el seno del Padre, éste lo explicó» (Jn 1, 18ss).

Por eso algunos lo llamaron abismo, pues aunque abarca y contiene en su seno todas las cosas, es ininvestigable e interminable. Que Dios es sumamente difícil de aprehender se muestra en el discurso siguiente: Si la causa primera de cualquier cosa es difícil de descubrir, la causa absoluta y suprema y más originaria, siendo la causa de la generación y de la continuada existencia de todas las demás cosas, será muy difícil de describir. Porque ¿cómo podrá ser expresable lo que no es ni género, ni diferencia, ni especie, ni individuo, ni número, así como tampoco accidente o sujeto de accidentes? No se le puede llamar adecuadamente «el Todo», porque el todo se aplica a lo extenso, y él es más bien el Padre del todo. Ni se puede decir que tenga partes, porque lo Uno es indivisible, y por ello es también infinito, no en el sentido de que sea ininvestigable al pensamiento, sino en el de que no tiene extensión o limites. Como consecuencia, no tiene forma ni nombre. Y aunque a veces le demos nombres, éstos no se aplican en sentido estricto: cuando le llamemos Uno, Bien, Inteligencia, Ser en sí, Padre, Dios, Creador, Señor, no le damos propiamente un nombre, sino que, no pudiendo otra cosa, hemos de usar estas apelaciones honoríficas a fin de que nuestra mente pueda fijarse en algo que no ande errante en cualquier cosa.

Cada una de estas denominaciones no es capaz de designar a Dios, aunque tomadas todas ellas en su conjunto muestran la potencia del Omnipotente. Las descripciones de una cosa se dicen con referencia a las cualidades de la misma, o a las relaciones de ésta con otras: pero nada de esto puede aplicarse a Dios. Dios no puede ser aprehendido por ciencia demostrativa, porque ésta se basa en verdades previas y ya conocidas, pero nada es previo al que es inengendrado. Sólo resta que el Desconocido llegue a conocerse por gracia divina y por la Palabra que de él procede. Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, recuerda que Pablo habló de este modo: «Atenienses, veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad. Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabada esta inscripción: "Al Dios desconocido". Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar» (Hch 17, 22-23). (
Clemente de Alejandría, Stromata, 5, 81,2-82,4)

Dios solo puede ser conocido por medio de la Gracia Divina y de la Palabra que de Él procede. Esta afirmación de Clemente define sin duda que todo intento de acceder a Dios por nosotros mismos está condenado al fracaso. Solo Dios puede revelarse a nosotros.

Dios excluye cualquier demostración o definición que provenga de nosotros. Pero Dios se manifiesta en la creación y esa manifestación nos permite conocerle. La naturaleza forma parte del domino sagrado cuando nos da noticia de Dios. Dios también se manifiesta por medio de la Palabra, de Jesús, por lo que podemos también obtener noticia de Dios gracias a todo lo que Jesús nos legó. Las escrituras se muestran como parte importante de lo sagrado.

¿Dónde más podemos buscar a Dios? Lo podemos buscar en la Gracia que nos dona a cada uno de nosotros. Esta gracia constituye en si misma una impresionante teofanía, una manifestación de Dios. La gracia se recibe de muchas formas pero es mediante los sacramentos como más fácilmente anida en nosotros:

Recuerda, pues, que has recibido el signo espiritual, el Espíritu de sabiduría e inteligencia, el Espíritu de consejo y de fortaleza, el Espíritu de conocimiento y de piedad, el Espíritu de temor santo, y guarda lo que has recibido. Dios Padre te ha marcado con su signo, Cristo Señor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón la prenda del Espíritu (San Ambrosio de Milán, Los Misterios. 7,42)


¿Pero qué es un sacramento y cómo nos comunica con Dios?


La dimensión simbólica es la puerta de acceso a la sacramentalidad cristiana: "El simbolismo sacramental, al menos en su estado rudimentario, se remonta en definitiva a los orígenes de la Iglesia. Su aparición, muy primitiva, explica en gran medida el uso de la palabra mysterion que sirve para designar los ritos cristianos". Estos "ritos cristianos" tienen por finalidad la celebración del misterio de Cristo y, en concreto, el misterio de la muerte y de la resurrección de Jesús, Señor, dentro de la Fe cristiana. Estos ritos consisten en oraciones, lecturas y acciones litúrgicas simbólicas, las cuales sólo llegan a conocer ya comprender los iniciados. (Josep M Rovira Belloso, Los sacramentos, símbolos del espíritu)

Por medio de esa gracia conocemos personalmente a Dios y nos unimos a El… unir y conformar una unidad trascendente es la principal característica que define al símbolo sagrado, por lo tanto los sacramentos son símbolos sustanciales de Dios. Además, si ampliamos el símbolo hasta nosotros mismos, nos hacemos también símbolos de Dios.

Quizás sea San Ireneo de Lyon el Padre de la Iglesia que más ha profundizado en el sentido de comunicación y unión con Dios que contienen los sacramentos:

Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina.

Dios, que "habita una luz inaccesible" (1 Tm 6,16) quiere comunicar su propia vida divina a los hombres libremente creados por él, para hacer de ellos, en su Hijo único, hijos adoptivos (cf. Ef 1,4-5). Al revelarse a sí mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle más allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas.

El designio divino de la revelación se realiza a la vez "mediante acciones y palabras", íntimamente ligadas entre sí y que se esclarecen mutuamente. Este designio comporta una "pedagogía divina" particular: Dios se comunica gradualmente al hombre, lo prepara por etapas para acoger la Revelación sobrenatural que hace de sí mismo y que culminará en la Persona y la misión del Verbo encarnado, Jesucristo
. (
Sobre San Ireneo de Lyón, tomado de la web: http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=5105 )


Aunque para muchos, los sacramentos son solo signos que dan noticia de la presencia de Dios, es necesario ser conscientes de que contienen algo más la información de esta presencia. Mediante los sacramentos podemos “sintonizamos” con Dios y así predisponernos a actuar en sinergia con todo lo que nos rodea, para beneficio del plan de Dios.

Por esta razón la confesión y la eucaristía han sido la columna de apoyo de gran cantidad de santos y virtuosos en la historia de la Iglesia. Y por la misma razón, estos sacramentos deberían ser columna de apoyo para cada uno de nosotros.

viernes, 1 de mayo de 2009

La Verdad de Dios. Rechaza la idolatría.


Jeremías, ese profeta tan sabio, o mejor, el Espíritu Santo por Jeremías, nos muestra a Dios. Dice:


"Yo soy un Dios cercano, no un Dios lejano. Si un hombre hiciera algo en un escondrijo, ¿no lo veré Yo? ¿No lleno los cielos y la tierra? Dice el Señor."


Por otra parte, de nuevo nos dice por Isaías: "¿Quién medirá el cielo con la palma y toda la tierra con el cuenco de su mano?". Mira la grandeza de Dios y conmuévete. Adoremos a este de quien afirma el profeta: "Ante tu faz se derretirán las montañas como la cera se derrite ante la faz del fuego".


Éste es Dios, dice, "el que tiene como trono el cielo y la tierra como escabel". "Si abriera el cielo se apoderaría de ti el temor".

¿Quieres también oír lo que dice este profeta sobre los ídolos? Se colocarán ante el sol y sus cadáveres servirán de alimento a las aves del cielo y las fieras de la tierra. Se corromperán bajo el sol y la luna los que les amaron y sirvieron. Y su ciudad será arrasada.


Dice que los elementos y el cosmos perecerán con ellos también: "La tierra –afirma– envejecerá y el cielo pasará", "pero la palabra del Señor permanece para siempre".


¿Y cuando, en otra ocasión, Dios quiso manifestarse a sí mismo por medio de Moisés? "Ved, ved que soy Yo, y no hay otro Dios fuera de mí". "Yo daré la muerte y la vida. Heriré y sanaré. No hay nadie que se libre de mis manos".



Pero ¿quieres oír otro oráculo? Tienes todo el coro de profetas, los compañeros de Moisés. ¿Qué dice el Espíritu Santo por Oseas? No dudaré en decirlo: "Ved que Yo he dado fuerza a la tormenta y he creado el viento". Sus manos establecieron el ejército del cielo.


Y también por Isaías (te recordaré esta palabra): "Yo soy, Yo soy, afirma, el Señor, que proclama la justicia y anuncia la verdad. Reuniros y venid. Deliberad a la vez los que estáis salvados de todas las naciones. No me han conocido los que erigen un trozo de madera como su ídolo y suplican a dioses que no les salvan". A continuación prosigue: "Yo soy Dios y no hay otro justo fuera de mí, y no hay otro salvador fuera de mí. Volveos a mí y seréis salvos los del confín de la tierra. Yo soy Dios y no hay otro. Lo juro por mi nombre".



Rechaza a los idólatras diciéndoles: "¿Con quién compararéis al Señor? ¿A qué imagen haréis que se asemeje?" "¿No fabricó el artesano una imagen y el orfebre fundió el oro y la doró?". Lo mismo ocurre en esto.


¿No sois vosotros aún idólatras? ¡Venga, tened miedo de sus amenazas! No se quejan las esculturas y las obras hechas por hombres, sino más bien los que confiaban en ellas, pues la materia es insensible. Incluso afirma: "El Señor hará temblar las ciudades habitadas y tomará en su mano toda la tierra habitada como si fuera un nido".

¿Por qué te anuncio los misterios de la sabiduría y las sentencias de un niño hebreo, totalmente instruido? "El Señor me estableció al comienzo de sus caminos con vistas a su creación"; y "el Señor otorga la sabiduría y de su boca brota ciencia e inteligencia".


"Perezoso, ¿hasta cuándo estarás acostado? ¿Cuándo despertarás de tu sueño? Si fueras diligente, te llegaría tu cosecha como una fuente". Es el Logos del Padre, la buena luz, el Señor que nos trae la luz, la fe y la salvación para todos. "El Señor que hizo la tierra con su poder, restableció la parte habitada con su sabiduría", como dice Jeremías. Pues nosotros habíamos caído en los ídolos, pero la Sabiduría, que es su Logos, nos encamina hacia la verdad.


Ésta es la primera resurrección de la caída. Por eso el admirable Moisés, alejándonos de toda idolatría, grita con hermosas palabras: "Escucha, Israel, el Señor es tu Dios, el Señor es uno solo". "Adorarás al Señor tu Dios y a Él solo servirás".


Ahora, pues, hombres, comprended según aquel bienaventurado salmista David: "Aprended la lección, no sea que el Señor se irrite y perezcáis fuera del camino justo, pues su cólera se inflama de repente. ¡Venturosos los que a Él se acogen!". (Clemente de Alejandría. Protréptico título VIII)



¿Quiénes son los idólatras a los que se refiere Clemente? Podemos fijarnos lo que Dios dijo por medio de Moisés: “Escucha, Israel, el Señor es tu Dios, el Señor es uno solo"



Dios es Uno solo, no es multiplicidad. En Dios, en la Divinidad, todo se integra, se une y tiene significado. Fuera de la Divinidad aparece la multiplicidad, la dispersión y la ausencia de razones comunes. Dios se manifiesta a nosotros por medio de lo sagrado, que al ser reflejo de la Divinidad, esta sacralidad integra, une y da significado a todo. Por eso la sacralidad es ante todo simbólica, entendiendo simbólica como la propiedad de representar de forma unitaria e integrada tanto lo representado como todo lo que depende de ello.



¿Cuándo actuaremos de forma idólatra? Cuando demos carácter de verdad a aquello que separa, rompe y disgrega. Los ídolos tienen un significado que se puede calificar como diabólico, ya que nos separa de un entendimiento y unión con todo lo que nos rodea.



Las representaciones sagradas hacen referencia a al Divinidad utilizando el sentido simbólico que las convierte en iconos. Los iconos reflejan y conducen a Dios. Por lo tanto adorar, un icono es idolatría. ¿Por qué? Si en un icono se pierde “Lo Representado” se pierde el carácter y sentido de mediador simbólico con la Divinidad.



¿Cómo saber si nuestra actitud frente a lo sagrado es idólatra? Si utilizamos lo sagrado para separar, atacar o romper, estamos cometiendo idolatría, ya que estamos poniendo la representación sobre lo representado. La representación de lo Divino se puede respetar, venerar y hasta admirar… pero nunca adorar.



Por ejemplo, cuando se utilizan las sagradas escrituras para atacarnos unos a otros, estamos poniendo la revelación sobre el revelado. Esto se hace más patente si somos conscientes de que estamos incumpliendo el mandato expreso de Cristo: Amaos los unos a lo otros como yo os he amado. Amad a vuestros enemigos. Este hecho se relata perfectamente en primera epístola de San Juan:


“Quien dice: "Yo le conozco" y no guarda sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él. Pero quien guarda su Palabra, ciertamente en él el amor de Dios ha llegado a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que permanece en él, debe vivir como vivió él. Queridos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo, que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la Palabra que habéis escuchado. Y sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo - lo cual es verdadero en él y en vosotros - pues las tinieblas pasan y la luz verdadera brilla ya. Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano, está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.” (1 Jn 2, 4-11)


Dios une, nunca separa. Si nuestro 'dios' es un 'dios separador', lo que realmente adoramos en un ídolo creado a nuestra medida.
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