jueves, 31 de diciembre de 2009

Agua que limpia y salva

Dijimos que en el altar se coloca el cáliz y el pan. ¿Qué se pone en el cáliz? Vino. ¿Y que otra cosa? Agua. Pero me dices: «¿Cómo, pues, Melquisedec ofreció pan y vino? ¿Qué significa la mezcla del agua?» He aquí la razón.

Antes que nada, ¿qué contiene la figura que precedió en tiempo de Moisés? Como el pueblo tenía sed y murmuraba, porque no podía encontrar agua, Dios ordenó a Moisés que tocara la piedra con la vara. Tocó la piedra y la piedra dejó brotar de ella agua en abundancia (Ex 17, 1-6). Como dice el apóstol: Bebían de la piedra que les seguía; ahora bien, la piedra era Cristo (1Col 10,4). No era una piedra inmóvil la que seguía al pueblo. Bebe tú también, para que Cristo te siga. ¡Mira el misterio! «Moisés», es decir, un profeta; la «vara», es decir, la palabra de Dios: el obispo, con la palabra de Dios, toca la piedra y fluye el agua, y bebe el pueblo de Dios. Así, pues, el obispo toca el cáliz, el agua borbotea del cáliz, salta hasta la vida eterna (Jn 4, 14) y bebe el pueblo de Dios, que ha conseguido la gracia. (San Ambrosio de Milán, tratado sobre los Sacramentos)

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Señor, ha pasado un año, con su cortejo de actividades, de trabajos, de idas y venidas.
Te lo ofrecemos tal como lo hemos vivido y como Tú lo has visto. Míralo con amor y archívalo en los pliegues de tu misericordia.

Te damos gracias, Señor, por los beneficios que hemos recibido a lo largo de este año. Gracias por las noches tranquilas y por las horas inquietas.
Gracias por la salud y la enfermedad. Gracias por la sonrisa amable y por la mano amiga...

Queremos confiarte ahora nuestros deseos de gozo y de paz para el año nuevo que va a comenzar. Señor, bendícenos y concédenos caminar por sendas de paz y de justicia.

También queremos pedirte, Señor, por todos los que han muerto y han ido a tu encuentro en este año que termina, por los que se sienten solos y vacíos en medio del ruido y de las luces de esta Nochevieja, por los enfermos y moribundos, y por todos los que sufren en su cuerpo o en su espíritu...

Haz que todos seamos iluminados con tu Verdad y fortalecidos con tu Vida, y que sepamos descubrir, en lo efímero del tiempo, la esperanza gozosa de tu Eternidad.

Te pedimos, Señor, paz y felicidad en el nuevo año. Que seamos felices, Señor, en esta tierra nuestra: Ella nos sustenta y rige.

Que seamos felices, Señor, con el perdón: Nada más poderoso para desterrar los odios y establecer la paz.

Que seamos felices, Señor, con la justicia: Sin ella no hay humanidad.

Que seamos felices, Señor, con la ternura: Es el único sol necesario para alumbrar días y noches.

Que seamos felices, Señor, en este nuevo año de 2010

Lo necesitamos. Es deseo y don tuyo. Amén.

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Que mejor forma de entrar en el nuevo año que contemplando el agua que limpia y da vida eterna. Que Dios os bendiga y os ayude en este nuevo año. Sea Su voluntad...

Feliz y santo 2010

martes, 29 de diciembre de 2009

Admirar las realidades

Por tanto, ¿es necesario repetir que las virtudes están mutuamente implicadas unas con otras, como se ha demostrado ya que la fe se basa en el arrepentimiento y en la esperanza, la circunspección en la fe, y la experiencia y la perseverancia en esas virtudes, unidas al estudio disciplinado, se completan en el amor y éste se perfecciona con el conocimiento?

Además, se ha visto que sólo lo divino es necesario concebirlo como sabio por naturaleza; por eso la sabiduría es poder de Dios, que es el que nos enseña la verdad. Ciertamente, aquí se encuentra la perfección del conocimiento.

El filósofo ama y estima la verdad; por eso ha traído él la reputación de ser auténtico amigo en virtud del amor. El comienzo de esto reside en admirar las realidades, como dice Platón en el “Teeteto” y Matías en las “Tradiciones”, donde exhorta: Admira lo presente, y lo pone como fundamento del conocimiento transcendente.

En el Evangelio según los Hebreos está escrito: Quien admire reinará, y el que reine tendrá descanso. Por tanto, es imposible que una persona sin principios de enseñanza, sea filósofa permaneciendo en la ignorancia, puesto que no posee todavía el concepto de sabiduría, mientras que la filosofía es la aspiración a lo que existe en realidad y a los aprendizajes que tienden a ello.

Y aún cuando se esté ya ejercitado, según algunos, para practicar el bien, también es necesario esforzarse por conocer cómo nos comportamos y actuamos, para así hacerse uno semejante a Dios, me refiero al Dios Salvador, dando culto al Dios del universo mediante el Logos, sumo sacerdote, por el que se pueden ver las realidades bellas y justas conforme a la verdad. La piedad... es un actuar que sigue y acompaña a Dios. (Clemente de Alejandría, Stromata II,9)

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En este fragmento de las Stromata de Clemente de Alejandría nos encontramos con un tema de cierta importancia dentro del cristianismo: “Admirad lo que tenéis enfrente”. Este tema se repite en diversidad de pasajes evangélicos (como en Mt 10:26-33) y aparece también en otros textos como en el evangelio apócrifo de Tomás y el texto que el propio Clemente cita: el evangelio de los hebreos, perdido hasta la fecha.

“Quien admire reinará y el que reine tendrá descanso” es la segunda parte del la sentencia atribuida a Cristo. En suma, lo que se nos propone no es algo secundario, ya que se indica que delante de nosotros tenemos la creación como revelación de Dios mismo y que no debemos despreciar el mundo natural como algo maligno o ilusorio. Todo lo contrario. Por ejemplo en la realidad cotidiana se cimientan las parábolas que sirven a Cristo para explicar por similitud cuestiones trascendentales… como el Reino de Dios o la manera en que Dios nos llama, entre muchas otras.

Precisamente una de las características de las herejías gnosticistas es considerar la realidad como algo maligno o ilusorio. Si aceptáramos como premisa la malignidad o ilusoriedad de la realidad, podríamos llegar a perder el sentido del sacrificio de Cristo y del propio sacrificio personal cotidiano. El sufrimiento se vuelve algo desechable de lo que hay que huir sin intentar comprender qué es y qué sentido tiene.

En resumen… nos damos cuenta de que precisamente esto es lo que ocurre en nuestra sociedad actual, donde las creencias se proponen como algo privado y privativo. La religión es innecesaria o en todo caso, todas ellas resultan equivalentes. Dios se propone como una realidad personal e inaccesible más allá de nosotros mismo. De ahí solo un paso nos separa del agnosticismo y del ateismo.

Por esta razón Clemente incide en la necesidad del conocimiento como complemento ideal a la Fe, ya que este nos da claridad de ideas para no perdernos en las aparentes similitudes espirituales de las diferentes religiones y la ofertas de espiritualidades alternativas. Este conocimiento no nos debe llevar a una postura inquisitorial y excluyente. Conociendo las religiones podemos respetarlas, diferenciarlas y valorarlas en su justa medida. Además, tendremos razones para defender al cristianismo como nuestra Fe frente a las demás.

Termina Clemente indicándonos que la virtud de la piedad “es un actuar que sigue y acompaña a Dios.” Por eso podemos pedir misericordia y esperar que Dios nos ilumine en nuestro caminar.

De nuevo aquí me tienes Jesús mío,
Confuso y humillado ante ti.
Sin saber que decirte ni que hablarte.
Ansioso solamente de llorar.

Traigo el alma llena de tristezas,
Y hambriento el corazón de soledad.
De esa soledad dulce, divina,
Que alegra tu presencia celestial.

Donde el alma tan solo con mirarte,
Te dice lo que quiere sin hablar.
Mis miserias Señor aquí me traen,
Mírame con ojos de piedad. Amén

jueves, 24 de diciembre de 2009

Feliz Navidad

Ante el Icono

* Busca un momento en tu jornada para orar.
* Haz despacio la señal de la presencia, mientras dices con calma: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
* Coloca ante ti este icono.
* Abre la Palabra y lee estos dos textos: Lucas 2, 1-20; Jn 1, 1-4. 9-14
* Deja, si puedes, tus preocupaciones. Serénate y prepara tu corazón para la sorpresa.
* Pero ven con tus hermanos y hermanas, ven con su dolor y su gozo.


Ten presente las situaciones de muerte que te llegan cada día del mundo. Acércate desde ahí al Señor.Mira al Icono y deja que te hable

En la parte superior del icono un rayo de luz que viene de lo alto desemboca en la gruta oscura. Es la cueva de Belén, donde yace la humanidad envuelta en tinieblas y sombras de muerte. Los cielos se han abierto. La Palabra se encarna. A mitad del camino de la luz se ha encendido una estrella; es la luz que guía a los magos y el resplandor que contemplan los pastores cerca de la gruta de Belén.

El mundo y la tierra se hacen presentes en esta escena por la montaña y la cueva, los árboles y animales. Todo el universo se alegra con la Encarnación, así lo expresa el color dorado que baña todo el fondo del icono. El Niño Jesús aparece en el centro del icono, en la gruta oscura. Es el Dios hecho carne. Es la Luz del mundo. Tiene el rostro de un adulto para subrayar que es la Sabiduría eterna, el Hijo engendrado desde la eternidad y que ahora se presenta según la palabra del salmo: "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy".

El Niño está envuelto en pañales que dejan ver sólo su rostro, preludio del lienzo en el que será envuelto para ser colocado en el sepulcro. El Niño está rodeado de dos animales misteriosos: el asno y el buey. Lo calientan con su aliento, lo acompañan para que también esta parte de la creación esté presente en el momento de la recreación.

La Virgen María, la Virgen Madre, está en el centro. Es la Madre, imagen de la madre-tierra en la que ha sido depositada la semilla y ha florecido el fruto de su seno: Jesús. Es la Reina, revestida de una púrpura real, que significa la santidad del Espíritu, el amor que la envuelve, su dignidad de Madre de Dios, "Theotókos". Con las tres estrellas en la cabeza y en el pecho que indican su triple virginidad. Es como una planta, como una roca, como una montaña. Está recostada en tierra para indicar que la Madre ha dado a luz. No se apropia de su Hijo, nos lo ofrece a todos; lo deja contemplar y nos lo ofrece; no tiene un afecto posesivo; nos mira a todos porque en ella ahora encontramos una Madre universal porque ha dado a luz al primogénito de muchos hermanos.

José, el esposo de María, aparece sentado en al parte inferior izquierda del icono. Está un poco lejos de la gruta, para indicar que el Niño tiene otro padre, el Padre celestial; él es el guardián del misterio. Está pensativo en una contemplación del misterio que aparece en toda su trágica realidad: ¿cómo puede ser Dios y hombre este Niño? ¿cómo una Virgen ha podido dar a luz una criatura?

El pastor cubierto de pieles que está de pie a su lado es el diablo que quiere insinuarle una duda; es el tentador -que no da la cara y por eso lo vemos sólo de perfíl- que quiere hacerle vacilar ante el misterio.

Los ángeles son los protagonistas celestiales de Navidad. Miran hacia la luz y son adoradores de la divinidad. Se sitúan junto al Niño en actitud de homenaje y llevan a los pastores la buena noticia.

Los pastores acogen la buena nueva mientras están con sus rebaños. Los pobres y sencillos son los primeros en saber que Dios ha nacido.

Los magos aparecen en camino, a grupa de caballos ligeros. Siguen la indicación de la estrella.

En la parte inferior derecha dos mujeres han ayudado a María, después del parto lavan al Niño recién nacido porque es una criatura pequeña y necesitada, es hombre de verdad. El lugar donde lo lavan es una especie de pila bautismal que parece preconizar el significado del bautismo cristiano que es sumergirse en Cristo, revestirse de Cristo.
Deja el Icono habite tu vida y la vida del mundo

Dios se hace Niño pequeño para que tú no tengas ningún temor, ni miedo de acercarte a Él. Ha bajado a la tierra para divinizarte. El se hace humano para hacerte a ti hijo/a de Dios.

Es la Luz que brilla en medio de la oscuridad y las tinieblas, la luz de todo hombre y de toda mujer que viene a este mundo, es la luz de tus ojos, la luz de tu vida.

Nace en Belén (Bet.lehem: la casa del pan) se ofrece a ti como Pan de vida en la Eucaristía. María ha dicho sí a los Planes de Dios; y con ella toda la humanidad; ofrécete, en silencio, con la Virgen-Madre, al Dios Niño. Junto a José acoge, con fe confiada, este misterio de amor entrañable.
Alégrate y canta con los ángeles: "Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a las gentes que ama el Señor".

Ponte en camino de solidaridad y con los pastores ofrece algún presente a alguna persona necesitada.
Déjate sorprender por el Dios Amor que viene para todos los pueblos, para todas las razas, para todas las religiones, para todas las culturas. El es el Salvador, el Enmanuel, el Dios con nosotros.
Canta un himno a Cristo

Todo invita a la contemplación, al canto, a la alegría.

Cristo ha nacido: glorifiquémosle.
Cristo ha venido de lo alto: acojámoslo.
Cristo ha bajado a la tierra: exaltémoslo.
Cantad al Señor toda la tierra, celebradlo con alegría

Ante esta imagen repite la poesía del gran teólogo y creyente ruso, Vladimir Soloviev:

Esta noche se pierde en las brumas del tiempo
cuando la tierra, cansada de alarmas y de odio,
se durmió bajo la bóveda del cielo estrellado
y en silencio nació el Dios-con-nosotros.

Tantas cosas no son hoy posibles en el tiempo.
Los magos ya no escrutan el firmamento.
Los pastores no escuchan, atentos, los murmullos
de ángeles presentes que hablan de Dios.

Pero lo que esta noche revela de eterno
persiste indestructible al paso de los tiempos.
En ti ve de nuevo el Verbo la luz,
el mismo que hace siglos en la gruta nació.

Sí. El Dios con nosotros. No en el azul inmenso
más allá del confín de lejanos planetas.
No en el fuego cruel, ni en la gran tempestad.
O en el vago recuerdo de un tiempo que pasó.

El está aquí, presente en los vanos tumultos,
en el río de inquietudes humanas.
Y tú llevas contigo el gozoso misterio.
El mal es impotente y nosotros eternos.
Porque es Dios, Enmanuel, Dios con nosotros.

La mirada contempla, el corazón se regocija.
La Fe se enriquece. Brota la plegaria.
Dios es el Enmanuel.
Dios está de nuestra parte definitivamente.
Sólo falta que los seres humanos estemos definitivamente de parte de Dios.


¡FELIZ NAVIDAD!

He tomado este texto de la página web:
http://www.cipecar.org/es/contenido/?iddoc=143, un espacio virtual elaborado por una comunidad carmelita formada por religiosos y laicos.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Esperanza!!!


Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en la fuerza poderosa. Revestíos de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en el aire. Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día funesto, y manteneros firmes después de haber vencido todo. Efesios 6, 10:13

La lucha no es contra la carne y la sangre. La lucha no es contra nosotros mismos... sino contra quienes utilizan nuestras debilidades y limitaciones contra nosotros y contra la obra de Dios. Los espíritus diabólicos han desaparecido de nuestra sociedad, ocultándose para hacer su trabajo de manera precisa y sigilosa. Esto es más evidente hoy que nunca.

Por eso, hoy día de la Virgen de la esperanza, Nuestra Señora de la Ó, más que nunca tenemos que encarnar la esperanza que no es más que Dios con nosotros, Emmanuel, Cristo. Esperanza que se revela como espera con sentido.

El refrán “quien espera desespera” manifiesta una realidad de la que todos somos conscientes: nos desesperamos cuando no sabemos la razón de nuestra espera. Pero para todo cristiano la espera tiene un sentido: Dios hecho carne para habitar entre nosotros. Dios hecho Palabra revelada. Dios revelado como Amor. Dios revelado como justicia suprema que va más allá de cualquier justificación humana.

Por eso, si nos preguntamos cómo luchar contra los espíritus que pugnan por separar y desesperar… tenemos la mejor medicina: Cristo... y la mejor Madre dispuesta a cuidarnos: la Virgen María, reflejada en la advocación de la Esperanza.

Rezando la antífona del día de hoy día 18 de diciembre, nos damos cuenta de toda la profundidad y sentido que tiene la espera y la esperanza... que se hace liturgia y que se plasma simbólicamente en la misma Virgen María.

"¡Oh Sabiduria, Oh Adonai. Oh Vara de Jese. Oh Llave de David.
Oh Sol naciente, esplendor de la Luz eterna. Oh Rey de las naciones
y Deseado de las gentes.
Oh Emmanuel!, ven a enseñarnos, ven a iluminarnos,
ven a sacarnos de esta cárcel sombría,
ven a salvarnos, Dios y Señor nuestro! ".
(Antífona del día 18 de diciembre. Fiesta de Nuestra Señora de la Ó)

Tengamos esperanza y hagámonos esperanza para este mundo.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Mística cristiana


El concepto de mística en el cristianismo difiere de otras místicas diversas. La mística cristiana se apoya en la dinámica de la sacralidad: revelación de Dios al ser humano <–> búsqueda de Dios por parte del ser humano. Aunque Dios se revela gratuitamente y con sobreabundancia, tenemos que tener una predisposición activa para hacer nuestra la revelación.

En la etimología de la palabra “mística” encontramos pistas nada desdeñables para comprender el significado de esta palabra. La palabra mística procede del verbo griego “myein” que significa encerrar. “Místikos”, será por lo tanto lo cerrado u oculto a la vista directa. Lo místico está en relación directa con el misterio. Es decir, la mística cristiana trata de penetrar en el misterio cristiano. Pero este misterio no es algo que se posea por parte de unos pocos elegidos y por lo que hay que pagar tributo de hombre para acceder. Lo oculto está delante de nuestros ojos y solo tenemos que tener la voluntad de acceder para encontrarlo en todo lo que existe.

Cabría preguntarnos, por qué Dios se muestra de manera misteriosa, oculta y velada. Lo oculto, lo velado, salvaguarda la libertad que Dios nos ha regalado para aceptar o no su existencia. Sin lo oculto, no tendríamos libertad y voluntad propia para decidir sobre nuestra vida y acciones.

La mística es el camino que busca y encuentra a Dios en todo lo que existe. La mística busca penetrar en el misterio que vela a Dios para darnos libertad. Pero la mística no es un camino único ya que existen múltiples enfoques... emocionales, intuitivos o intelectuales... sin que cada aspecto invalide los demás. Más bien todo lo contrario, cada aspecto complementa los demás dando coherencia, profundidad y sentido a nuestra Fe.

Pero ¿Cómo podemos entender la mística cristiana? El cristianismo oriental ha sabido compendiar el camino místico dividiéndolo en tres fases que se desarrollan simultáneamente, aunque en proporciones diferentes: praxis, contemplatio naturalis y theosis.

La primera etapa es la del trabajo de control del cuerpo, emociones e intelecto. Es el desarrollo y la comprensión de la templaza y la humildad como virtudes. Sin control de las herramientas de búsqueda, no podremos llegar muy lejos. En esta etapa la gracia de Dios se entrelaza con nuestra voluntad en un trabajo diario de ascetismo y virtud.

La segunda es la etapa de contemplación y comprensión de la revelación de Dios, tanto la natural como la sobrenatural. Ambas revelaciones se complementan y se dan consistencia una a otra. Para contemplar y comprender de nuevo tenemos que suplicar la gracia de Dios y complementarla con nuestra voluntad. La voluntad por si misma no sirve de nada si Dios no nos regala la gracia necesaria para avanzar.

Por último tenemos la theosis o “divinización”. Aunque la palabra nos induzca a pensar en hacernos dioses, no se trata de eso. Se trata de convertirnos en herramienta de Dios que actúa dentro de la comunidad de creyentes que es la Iglesia.

En el camino de la mística se suelen dar visiones parciales que nos impiden seguir el camino hasta el final. Si solo aspiramos a la praxis, quedaríamos encerrados en nosotros mismos e incapacitados para transformar el mundo como levadura que se mezcla con la masa para hacerla fermentar.

Si nos quedamos en la contemplación, nos vaciaríamos, sin más, en la soledad de la inmensidad de todo lo revelado. Olvidamos que no somos nosotros mismos nuestro objetivo… el objetivo es hacer llegar al mundo el Reino de Dios.

La theosis tampoco es un estado final, estático o de éxtasis. Si el objetivo fuese personal, la redención de Cristo solo hubiera actuado sobre El mismo. El camino de la cruz hubiera servido solo a Dios y a nadie más… y es evidente que el camino de la cruz nos redimió a todos por medio de Dios mismo.

La originalidad y diferencia del cristianismo es su carácter comunitario, eclesial y social. El Reino de Dios no es un logro personal y nuestra salvación solo acontece cuando nos negamos a nosotros mismos para darnos a los demás de forma consciente y dinámica.

Las místicas no cristianas suelen centrarse en el individuo por medio de praxis solitarias. Nos encontraríamos con el modelo de eremitas desafectados del mundo que viven por y para si mismos. La mística cristiana se centra en Dios, se desarrolla en la comunidad y se vuelca al mundo para transformarlo. La acción es también mística y se desarrolla dentro del mundo por medio de la Iglesia. Los grandes místicos cristianos han unido praxis, contemplatio y theosis enfocando su acción sobre el mundo, por medio de la Iglesia. Miremos a Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz, entre otros y nos daremos cuenta que su mística fue todo menos inacción o vacío. Por eso Cristo predicó al mundo y ordenó a sus apóstoles que difundieran activamente el evangelio.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Veni Creator Spiritus

Sin embargo, parece apropiado preguntarse por qué cuando un hombre viene a renacer para la salvación que viene de Dios hay necesidad de invocar al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, de suerte que no quedaría asegurada su salvación sin la cooperación de toda la Trinidad; y por qué es imposible participar del Padre o del Hijo sin el Espíritu Santo. Para contestar esto será necesario, sin duda, definir las particulares operaciones del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. En mi opinión, las operaciones del Padre y del Hijo se extienden no sólo a los santos, sino también a los pecadores, y no sólo a los hombres racionales, sino también a los animales y a las cosas inanimadas; es decir, a todo lo que tiene existencia. Pero la operación del Espíritu Santo de ninguna manera alcanza a las cosas inanimadas, ni a los animales que no tienen habla; ni siquiera puede discernirse en los que, aunque dotados de razón, se entregan a la maldad y no están orientados hacia las cosas mejores. En suma, la acción del Espíritu Santo está limitada a los que se van orientando hacia las cosas mejores y andan en los caminos de Cristo Jesús, a saber, los que se ocupan de las buenas obras y permanecen en Dios. (Orígenes – De Principis, 1305)

Hace unos días reflexionaba sobre el adviento y me convencía de que en este tiempo deberíamos rogar a Dios para que derrame su gracia sobre nosotros. Esperamos la Navidad y esta espera supone más que una conmemoración histórica, costumbrista o incluso tradicional. La Navidad es la esperanza de que Cristo nazca de nuevo y que lo haga dentro de nosotros y de todos los seres humanos. Pero... ¿Cómo nace en nosotros Cristo?

Para responderme esta pregunta recordaba los siete dones del Espíritu Santo y lo necesitados que estamos de ellos [1]:

Temor de Dios, que no es miedo. Es asombro, respeto y adoración. Sin temor de Dios estamos a merced de creernos con capacidad de caminar por nosotros mismos. Pero sin la gracia de Dios nada podemos hacer. Roguemos para que junto con Cristo, nazca en nosotros este temor tan olvidado en el soberbio mundo en que vivimos.

Fortaleza, que no es fuerza física. Es la fuerza de Dios que se manifiesta por medio nuestra. Sin fortaleza no somos más que títeres guiados por las imposiciones sociales.

Piedad. Es la capacidad de reconocernos como adoradores activos de Dios. Ser capaces de orar a Dios más allá de nuestras necesidades personales. Es la necesidad entender la vida como hecho sagrado que se hace oración en cada acción o inacción.

Consejo. El consejo no es una simple opinión o idea particular; es la transmisión directa de la gracia de Dios a quienes necesitan ayuda en su camino. Comunicar a Dios es un Don y una inmensa responsabilidad.

Entendimiento. Capacidad de introducirnos en la Verdad y recibir de Ella comprensión de la revelación de Dios. Sin entendimiento andaríamos ciegos por este mundo.

Ciencia. En este caso el Don es más que simple entendimiento; es capacidad de relacionar la Verdad, ser capaces de discernir el Orden de Dios y reconocer las causas segundas. Mediante la ciencia seremos capaces de ver a Dios por medio de todo lo creado.

Sabiduría. Es la cumbre de los Dones del Espíritu. Capacidad de vivir en equilibrio con los Dones antes descritos. Sabemos que la sabiduría es verdadera cuando lleve implícita el amor. El Don de Sabiduría conduce al alma a llenarse y rodearse de Dios. El conocimiento simbólico se convierte en conocimiento real que conlleva la adoración a Dios. Entonces el símbolo se funde con la Verdad y se revela como Dios con nosotros: Emmanuel.

Lo que es evidente, tal como indica Orígenes, "la acción del Espíritu Santo está limitada a los que se van orientando hacia las cosas mejores y andan en los caminos de Cristo Jesús, a saber, los que se ocupan de las buenas obras y permanecen en Dios". Que el Espíritu de Dios haga renacer la gracia de nuestro bautismo, en este adviento que se nos ofrece.




Ven, Espíritu Creador,
visita las almas de tus fíeles
y llena de la divina gracia los corazones,
que Tú mismo creaste.

Tú eres nuestro Consolador,
don de Dios Altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.

Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú, el dedo de la mano de Dios;
Tú, el prometido del Padre;
Tú, que pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.

Enciende con tu luz nuestros sentidos;
infunde tu amor en nuestros corazones;
y, con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra débil carne,

Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto la paz,
sé Tú mismo nuestro guía,
y puestos bajo tu dirección,
evitaremos todo lo nocivo.

Por Ti conozcamos al Padre,
y también al Hijo;
y que en Ti, Espíritu de entrambos,
creamos en todo tiempo.,

Gloria a Dios Padre,
y al Hijo que resucitó,
y al Espíritu Consolador,
por los siglos infinitos.

Amén.

[1] Para profundizar en lo que significan los dones de Espíritu recomiendo este texto: PULSA

sábado, 21 de noviembre de 2009

Cristo, Sol, Luz y Rey.

Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Jesús le respondió: ¿Dices tú esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? Pilato le respondió: ¿Soy yo acaso judío? Tu nación, y los principales sacerdotes, te han entregado a mí. ¿Qué has hecho? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? (Juan 18, 33-38)

Nos comenta San Agustín:

Creyendo, venid al reino que no es de este mundo. ¿Cuál es, pues, su reino sino el de los que creen en El, a quienes dice no sois de este mundo, aunque quiera que estéis en este mundo? Por lo que no dice: Mi reino no está en este mundo, sino "no es de este mundo" (Jn 8,23) Es, pues, de este mundo todo lo que en la humanidad, si bien creado por Dios, fue generado de la raza viciada de Adán. Fue, pues, hecho un reino, no ya de este mundo, de todo aquello que fue regenerado en Cristo. Así, pues, Dios nos sacó del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de su amor. (San Agustín, Tratado sobre el evangelio de San Juan)

Pilatos, como muchas otras personas, duda hasta de la existencia de la verdad. Frente a esta duda podemos citar el siguiente texto de Clemente de Alejandría:

Pongamos, pues, fin, pongamos fin al olvido de la verdad; despojémonos de la ignorancia y de la oscuridad que, cual nube, ofuscan nuestros ojos, y contemplemos al que es realmente Dios, después de haber previamente hecho subir hasta él esta exclamación: «Salve, oh luz». Una luz del cielo ha brillado ante nosotros, que antes vivíamos como encerrados y sepultados en la tiniebla y sombra de muerte; una luz más clara que el sol y más agradable que la misma vida. Esta luz es la vida eterna y los que de ella participan tienen vida abundante. La noche huye ante esta luz y, como escondiéndose medrosa, cede ante el día del Señor. Esta luz ilumina el universo entero y nada ni nadie puede apagarla; el occidente tenebroso cree en esta luz que llega de oriente.

Es esto lo que nos trae y revela la nueva creación: el Sol de justicia se levanta ahora sobre el universo entero, ilumina por igual a todo el género humano, haciendo que el rocío de la verdad descienda sobre todos, imitando con ello a su Padre, que hace salir el sol sobre todos los hombres. (Clemente de Alejandría. Exhortación a los paganos, cap. 11)

Tras el evangelio, el comentario de San Agustín y la apostilla de Clemente de Alejandría… solo podemos gritar:

¡Salve, Cristo. Sol de justicia universal, Luz de vida eterna, Rey del mundo y del universo!

¡Marana-thá!

viernes, 20 de noviembre de 2009

Visitación y aborto

En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor. (Lucas 1, 39-45)

En España y en el mundo llevamos un largo y tenso debate sobre el aborto, sus razones y consecuencias. No creo ser capaz de portar nada adicional a todas las razones que desde cada posición se han expuesto en los medios de comunicación. Únicamente me atrevo a reflexionar sobre este breve pasaje del evangelio de San Lucas.

En vientre de Isabel había un ser humano que saltó de gozo al percibir la Visita de María y de Cristo encarnado en su vientre. Dos nonatos se sienten y se reconocen. Isabel reconoce a María como madre antes de nacer el Señor. María es bendita por el milagro de la vida que lleva en su vientre desde la anunciación.

Si damos un sentido trascendente y sagrado a las escrituras, podemos constatar que nos revelan que el milagro de la vida aparece desde el mismo momento de la concepción. Pero hay mucho más detrás de esta revelación.

Volviendo al mundo profano ¿Podemos dar razones para asesinar a un ser indefenso? Claro,… siempre se ha hecho y no dejará de hacerse. El problema se plantea al tener que decidir qué hacer con los hijos no deseados. Vaya locura tenemos dentro nuestra… decir hijo y decir después “no deseado” y quedarnos tan tranquilos. Esquizofrenia social que no por real y constatable deja de se esquizofrenia. ¿Qué razón puede haber en esta sociedad para no desear-querer-amar a un hijo? Si leemos este breve texto de la primera carta de San Juan, podremos encontrar alguna clave:

Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él. La señal de que el amor ha llegado a su plenitud en nosotros, está en que tenemos plena confianza ante el día del Juicio, porque ya en este mundo somos semejantes a él. En el amor no hay lugar para el temor: al contrario, el amor perfecto elimina el temor, porque el temor supone un castigo, y el que teme no ha llegado a la plenitud del amor. Nosotros amamos porque Dios nos amó primero. (1 Juan 4, 16-19)

La respuesta es evidente: Hay miedo, temor. El temor aparece cuando nos falta plenitud del amor. Como Dios es Amor… nos falta sabernos amados incondicionalmente por Dios. ¿Por qué tememos? Porque nos falta Dios.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Humildad y agradecimiento

Este humilde blog ha sido nominado dentro del jovial concurso organizado por Bruno Moreno dentro de su propio blog: La espada de doble filo , en el espacio Web Infocatolica.

Verdaderamente me siento abrumado por esta nominación, que no podía esperar por varias razones.

La primera es el peculiar enfoque que intento dar a los temas, que busca hundirse en la tradición para contemplar el mundo actual desde ese lejano tiempo en que los primeros Padres de la Iglesia compartieron el legado apostólico. Tiempos en que se valoraba el misterio, sacralidad y simbolismo como parte fundamental de la Fe. Otra razón es la importancia secundaria que se da a la actualidad y su aparición esporádica en la temática tratada. Únicamente si la actualidad reporta matices que pueden discernirse dentro de lo sagrado... ésta emerge para ser analizada.

Por lo tanto, agradezco profundamente la oportunidad de promoción y quedo en deuda espiritual con Bruno Moreno y con todo aquel que entre y lea estas líneas.

Para quien entre por primera vez en este espacio, el blog se inscribe dentro de las referencias dadas en los siguientes textos:

Ante todo el Apóstol te enseñó que no hay que contemplar lo que se ve, sino solo lo que no se ve, porque lo que se ve es temporal y, en cambio, lo que no se ve es eterno. Porque en otro lugar encuentras que lo invisible de Dios, tras la creación del mundo, se comprende mediante lo que fue hecho, el poder eterno y su divinidad se perciben por sus obras”. Tratado sobre los misterios. San Ambrosio de Milán.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna. El que quiera servirme que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre” (Jn 12, 24-26)

Que todos vosotros seáis uno, como los somos Mi Padre y Yo: como el Padre en Mí y Yo en El, vosotros también, uno en Nosotros seréis.”(Jn. 14, 20; 17, 21)

Laudetur Iesus Christos

jueves, 12 de noviembre de 2009

In hoc signo vinces

Allá por el año 312, el emperador Constantino esperaba para enfrentarse a su adversario Majencio. Un día antes de la batalla, se cuenta que Constantino vio en el cielo un signo mientras oía la frase “con este signo vencerás”.

El signo no es la cruz como muchas personas creen, sino el Labarum o Chi-Rho, que dio lugar a lo que ahora llamamos Crismón. Chi-Rho es un anagrama que representa la palabra Christos, Cristo. Algunas versiones de esta historia indican que el signo fue la cruz… pero todo parece indicar que el Labarum fue el signo que tomo Constantino como divisa.

Después de la batalla de Puente Milvio, el triunfante Constantino acepta al cristianismo como religión lícita y da importantes ventajas a quienes la profesaban por aquellos días. Pasados algunos años, pasó de ser religión lícita a ser la única aceptada en el imperio… lo que fue en parte muy positivo y en parte un problema nada desdeñable: la reunión de los opuestos indicados por el propio Cristo…” Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22, 21). Desde entonces el signo cristiano y el imperio entrelazaron sus destinos en una relación compleja, complicada y llena de singularidades en cada época.

En la actualidad, el tribunal europeo de los derechos humanos ha indicado que en el espacio público educativo no es lícito mostrar ningún signo cristiano. Toda una vuelta a los tiempos previos a la batalla de Puente Milvio.

Pero ¿Qué significa la Labarum o la misma cruz para que sea algo digno de ser proclamado ilícito tras 17 siglos? Básicamente lo que parece importar realmente es su presencia en un lugar educativo. ¿Por qué en ese lugar precisamente?

Todo signo tiene un significado y el entorno educativo es un entorno propicio para ligar signos, significados y realidades en un modelo coherente. Dicho de otra forma. Un alumno dentro de un aula se ve predispuesto a preguntar por el significado del signo… y lo que el maestro revele podría ser perjudicial para el atrevido niño.

¿Qué tiene de perjudicial saber qué significa la cruz? Básicamente los padres estiman que es mejor que su hijo desconozca qué hay detrás del signo. Si el niño pregunta, el maestro puede relatar la existencia de Cristo y esto representa una oportunidad para que se filtre el mensaje cristiano entre la información puramente académica. Eso es lo realmente peligroso para los padres… el mensaje cristiano implícito en el signo.

El mensaje puede atraer y el niño terminar por encontrarse con todo el universo simbólico que hay detrás del signo cristiano. Los padres estiman que el significado de la cruz y todo lo que conlleva, es contrario a sus opciones vitales.

Rechazando la presencia del crucifijo, los padres le ahorrarían al niño referencias a episodios como el sermón de al montaña, las parábolas, los mandamientos del amor o la redención. Sin la evidencia de la cruz presente en el aula, se podría intentar que toda la información que recibiera el niño sobre el cristianismo fuese indirecta o puramente historicista. Sería similar al estudio de la religión egipcia o el taoísmo… un eco lejano que no tendría actualidad social.

La cruz, el crucifijo o el Labarum no son más que signos cuyo significado es Cristo como mensaje dado a los hombres. Podríamos decir que el crucifijo representa la oportunidad de difundir el kerigma y su ausencia no es más que la difusión del anti-kerigma: la ausencia de mensaje, revelación, sacralidad, misterio y de toda trascendencia.

Decididamente la cruz tiene un poder nada despreciable en la actualidad. Lo demuestra que el imperio vuelva a declarar ilícito el signo cristiano.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Conocimiento y Fe


El cristianismo es una religión llena de matices. Esto se hace evidente la diversidad caminos o carismas que nos ofrece para re-ligarnos con Dios. Podríamos agrupar este conjunto de matices agrupados en tres conjuntos: devocionales, caritativo-sociales e intelectuales. En realidad, el camino verdadero es un compendio de estos tres conjuntos, ajustado a nuestro carisma personal. El principal problema de toda persona religiosa es conseguir un equilibrio entre los tres matices a fin de no perder el norte en la vida.

Aunque la existencia de carismas ayuda eficazmente el objetivo de unir o acercar la divinidad y la humanidad de cada uno de nosotros, esta ventaja se vuelve en nuestra contra en más e una ocasión. Esto se hace patente cuando se propone un camino como la única forma válida de acceso a Dios.

El desarrollo de la teología es una evidencia de la necesidad de acercarnos a Dios también con el intelecto. La imbricación de Fe y conocimiento no es ni mucho menos un camino de invención moderna Al igual que los demás, se desarrolló desde los primeros siglos. El cristianismo puede englobar ciencia y razón sin perder un ápice de profundidad y trascendencia.

La escuela de Alejandría fue una de las pioneras en este camino y en ella florecieron un número importante de Padres de la Iglesia. Uno de estos Padres, Clemente de Alejandría, nacido en Atenas allá por el año 150 dC, fue uno sus mayores exponentes. Clemente fue sucesor de Panteno en la dirección de la escuela catequética alejandrina (Didaskalion). La escuela alejandrina formó a eminentes teólogos, muchos de ellos considerados Padres de la Iglesia. Podríamos citar, aparte de Clemente, a Orígenes, San Dionisio de Alejandría, San Gregorio Taumaturgo o San Metodio de Olimpo, entre muchos otros.

Hoy comparto con vosotros en breve texto de Clemente, que muestra con claridad la necesidad de ir más allá de la Fe a encontrarnos con el conocimiento*:

Por ello, [el conocimiento*] traslada al hombre hacia el parentesco divino y santo del alma y mediante una luz característica suya, cruza los progresos místicos hasta que se restablezca en el lugar supremo del descanso, después de haber enseñado al limpio de corazón a contemplar a Dios cara a cara científicamente y con el don de la comprensión. De alguna manera ahí reside la perfección del alma dotada de conocimiento, que habiendo superado toda purificación y servicio aparece con el Señor, donde se encuentra colocada inmediatamente después. Ciertamente la Fe es un conocimiento* compendiado, por así decirlo, de las verdades perentorias, y el conocimiento es la demostración firme y segura de lo recibido mediante la Fe, pues está edificado sobre la Fe por la enseñanza del Señor y conduce a la certeza inquebrantable, a una comprensión adecuada acompañada de ciencia. A mí me parece que la primera transformación salvífica es la de los paganos hacia la Fe, como ya he afirmado; en cambio la segunda transformación es la de la Fe al conocimiento*. No obstante, cuando ésta [última] se resuelve en amor, inmediatamente constituye entre el que conoce y el que es conocido, las relaciones de un amigo con otro. (Stromata VII, 57,1-4)

Al igual que los otros caminos, el conocimiento es mística que permite acercarse al misterio cristiano de forma especialmente relevante. Este acercamiento permite acceder a la trascendencia implícita a todo lo creado y a nuestra propia trascendencia, como buscadores de la comprensión de la revelación de Dios.

Fijémonos que Clemente lo indica claramente en la última frase del texto: “No obstante, cuando ésta [última] se resuelve en amor, inmediatamente constituye entre el que conoce y el que es conocido, las relaciones de un amigo con otro”. Cuando uno conoce a Dios, entonces puede amarlo como amigo a Quien debe todo. Leyéndolo nos acordamos del siguiente pasaje evangélico:

«Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?» El le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.» (Mt 22, 36)

Cristo nos da una pista adicional… no nos olvidemos de nuestro prójimo en el camino del amor, ya que dejaría de ser el verdadero camino. De igual forma no debemos olvidemos del amor a Dios… ya que perderíamos el norte rápidamente.


[*] Sobre la palabra conocimiento (gnosis) es necesario hacer un comentario adicional. El sentido del conocimiento que utiliza Clemente transciende el mero saber científico, conocer natural o espontáneo. Sería más ajustado entenderlo como la sabiduría que permite unir lo profano y lo sagrado en un todo coherente y trascendente. Dicho esto, también es importante no confundir el conocimiento, tal como lo entiende Clemente, con la diversidad de doctrinas y herejías gnósticistas

lunes, 2 de noviembre de 2009

Ten misericodia Señor..

Hoy celebramos la festividad de los fieles difuntos, por lo que debemos recordar, honrar y rezar por nuestros familiares, amigos y conocidos que han dejado la vida terrena, para entrar en el Reino que Dios ha establecido para recogernos tras la muerte.

-oOo-

Dios misericordioso, que nos perdonas y
quieres la salvación de todos los hombres,
imploramos tu clemencia para que, por la intercesión
de María Santísima y de todos los santos,
concedas a las almas de nuestros padres, hermanos, parientes,
amigos y conocidos, que han salido de este mundo, la gracia de llegar a la
reunión de la eterna felicidad.

Te ruego también por todos aquellos a los que nadie recuerda
y necesitan de tu misericordia.

Santísima Virgen María, Reina del Purgatorio;
vengo a depositar en tu Corazón Inmaculado una
oración en favor de las almas benditas que sufren en el lugar de expiación.
Dígnate escucharla, clementísima Señora,
si es ésta tu voluntad y la de tu misericordioso Hijo.
Amén.

-oOo-

Algunas personas objetan la visión del sufrimiento que el infierno y el purgatorio conllevan. Pero si meditamos en el sentido simbólico de las imágenes que se nos dan de estos estados de purificación, nos daremos cuenta de lo certeras que son.

El fuego es símbolo de purificación y de transformación. Con el fuego se templa el hierro para convertirlo en acero. Con el fuego se destila la esencia de aceites, líquidos y perfumes. Con el fuego se purifican minerales y metales.

El sufrimiento es consecuente a la transformación, ya que se muere al estado previo y se nace al nuevo estado. Sufrimiento no es inútil y sinsentido cuando se convierte en sacrificio. Es decir, medio de sacralizarse, medio de acercarnos a Dios.

Por ello rogamos a Dios para que ayude a que nuestros seres queridos transformarse para formar parte de la muchedumbre de 144.000 vestidos de blanco.

viernes, 30 de octubre de 2009

Símbolo Apostólico

Con este nombre se conocía en la antigüedad lo que ahora conocemos como el Credo. ¿Por qué lo llamaban así? Le llamaba símbolo porque cuando se expresaba unía en la Fe a quienes lo profesaban. San Ambrosio de Milán, en su breve tratado sobre el Símbolo apostólico no indica que también se entiende así por ser una especie de contrato que cada fiel (y el conjunto de al comunidad), realiza y renueva con Dios cada domingo.

Durante los primeros siglos, el Símbolo solo podía ser conocido por quienes hubieran sido bautizados y además no podía ser escrito. Debía ser aprendido de memoria para así retenerlo escrito en el alma. Los profanos no podía conocerlo para que así no pudieran profanarlo al exponerlo sin realmente tenerlo escrito en alma. Pero los tiempos cambiaron y al aceptarse el cristianismo como religión oficial del imperio… allá por el siglo VI… el carácter sagrado del Símbolo apostólico pasó a ser historia.

Pero que no se (re)conozca el carácter sagrado del Símbolo, no lo despoja de ser instrumento necesario para nuestra unión con Dios. Se tiene constancia indirecta de la confección del canon del Símbolo en los tiempos apostólicos, por lo que es más que probable que los propios apóstoles lo configuraran y lo donaran a las comunidades como parte del patrimonio entregado por Cristo en forma de revelación. Su carácter secreto así lo atestigua.

Es evidente que profesar el Símbolo unidos en comunidad nos hace constituir y renovar el vínculo sagrado existente entre nosotros y Dios. Sería deseable que a la profesión del Símbolo se le diera toda la solemnidad que requiere el acto que realizamos y no se lo recitáramos como perseguidos por el diablo… que de hecho es lo que sucede cuando desdeñamos los aspectos simbólicos de la Liturgia.

En el símbolo repasamos el conjunto de pilares sobre los cuales se apoya nuestra Fe y unidad. Recordemos que dentro del Símbolo, profesamos nuestra Fe en una Iglesia única, universal, santa y apostólica. No son palabras vanas o una mera referencia a pertenecer una tradición determinada. Se trata de reconocer y proyectar nuestra comunidad dentro de la Iglesia universal, aceptando su carácter único y santo. Se trata de reconocer que la Iglesia es más que el conjunto de particularidades, instituciones y reglamentos. Se trata de ver en la Iglesia como un ideal a construir cada día entre nosotros.

El Símbolo apostólico une a cada fiel con la comunidad y a su vez une a la comunidad con al Iglesia universal. Así mismo, une a la Iglesia actual con la Iglesia primitiva dentro de una continuidad que lejos de ser profana es evidencia sagrada.

Notas adicionales: por si a alguien le sorprende el uso del secreto en la Iglesia primitiva, le recomiendo leer en la enciclopedia católica sobre la disciplina del secreto: pulsar
También es interesantísimo leer sobre el credo en las obras de San Ambrosio de Milán: Explicación del símbolo y de San Cirilo de Jerusalén: Catequesis V,12: La confesión de la fe en el Símbolo. Pulsar

domingo, 25 de octubre de 2009

¿Qué es la Iglesia?

Según el catecismo: “Con el término «Iglesia» se designa al pueblo que Dios convoca y reúne desde todos los confines de la tierra, para constituir la asamblea de todos aquellos que, por la Fe y el Bautismo, han sido hechos hijos de Dios, miembros de Cristo y templo del Espíritu Santo.”

Ayer sábado, en una comida familiar tuve una breve conversación en la que, tras comentar la película Ágora y el camino de comunión con el anglicanismo, llegamos a plantearnos esta pregunta. Respondí que yo entendía la Iglesia como la asamblea de quienes creen en Cristo y mi interlocutora me dijo con un nada disimulado desdén… que lo que enunciaba era pura teoría… ella la entendía como una estructura jerárquica llena de intereses y prejuicios. Preferimos no continuar con el diálogo, ya que era evidente que no llegaríamos a nada coherente.

Tras volver a casa leí en un blog (al que soy asiduo) cómo alguien se pregunta si hay un lugar para él en la Iglesia. Tras diversos razonamientos basados en vivencias personales, concluía que para él es imposible encontrar este lugar. Al mismo tiempo que se sorprendía de que hubiera personas que entendían la espiritualidad como él y se sintieran plenamente integrados en la Iglesia.

El tema de la Iglesia despierta algo en nosotros que nos hace darnos cuenta lo diferentemente que entendemos la realidad que nos rodea.

Si definimos qué es un perro,… una persona puede decir: un adorable animal, lleno de amor y cariño por nosotros. Pero otra persona podría decir: es un saco de pulgas, insoportable y absolutamente inservible.

¿Qué nos comunican estas dos definiciones? Nos comunican lo que cada cual siente ante un perro, independientemente de que seamos capaces de diferenciar un perro de un gato. Cuando definimos algo solemos pasar por alto que decimos más de nosotros que de lo definido.

Algunas personas se sienten a disgusto dentro de la Iglesia, ya su vivencia no es la que desearían. Otras se sienten felices debido a que la viven con plenitud y comunión. ¿Qué podemos hacer entonces? ¿Qué es la Iglesia?

Para romper esta aparente contradicción es necesario darnos cuenta de que la Iglesia no es algo externo a nosotros. No es algo desafecto a nuestra vida... puesto que si participo de la Fe en Cristo, ya soy Iglesia y la Iglesia me incumbe (lo quiera o no). Mi actitud y dinamismo personal condicionan la vida eclesial-comunitaria de manera decisiva. Además, normalmente recibo de la comunidad lo que yo a su vez comunico a la misma comunidad. Recibo cercanía si doy cercanía. Recibo ruptura si a su vez yo comunico ruptura.

Sé que es imposible convencer a quien entiende a un perro como un ser despreciable, de que es algo más que un saco de pulgas. Tendrá que ser su vivencia personal la que le lleve a ver a ese animal como algo más allá percepción.

Cuando las experiencias personales sobre el mismo hecho son contrarias unas a otras, la comunicación es imposible. De igual forma sé que no es posible convencer a quien ve a la Iglesia como un entramado jerárquico y lleno de normas irracionales, de que es algo lleno de vitalidad y dinamismo que se conforma a partir de cada uno de nosotros.

Si fuéramos conscientes de que nuestra presencia en su seno permite compartir determinados aspectos, que nuestra lejanía y desprecio hacen imposible… seguramente nos daríamos cuenta de qué es realmente la Iglesia. Todos somos necesarios dentro de ella mientras trabajemos en el sentido de la unidad. Esta unidad es la que nos religa con Dios de forma comunitaria. Recordemos que Cristo está entre nosotros cuando dos o más nos reunimos en su nombre. (Mt 18,20)

La Iglesia no podrá ser nunca mi iglesia… solo puede ser nuestra Iglesia. Aceptarla por encima de nuestros gustos y enfoques personales no es fácil. Hay que entenderla como algo sobrenatural que está sobre nosotros mismos y que aunque esté compuesta por personas imperfectas con comportamientos imperfectos… es capaz de obrar conjuntamente de forma perfecta.

Habrá quien se ría ante tamaña ingenuidad enunciada… pero para mi, los perros son seres adorables.

jueves, 22 de octubre de 2009

El Mundo Visible

Os traigo un breve texto de Monseñor Tomás Spidlík. Jesuita, nacido en 1919 en Moravia, es profesor emérito del Instituto Oriental Pontificio; desde 1991 vive y trabaja en el Centro Aletti (Roma). Es conocido y apreciado en el mundo entero como estudioso de teología espiritual patrística y oriental.

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El Mundo Visible

¿Tenemos que hablar al antiguo modo de la "fuga del mundo" o, más bien, al modo moderno del "diálogo con el mundo"? Parece que la Iglesia, en los últimos tiempos, haya cambiado su actitud hacia el mundo y sus valores, sobre todo tras el Concilio Vaticano II. Son muchas las objeciones y las preguntas que a menudo se oyen, pero no son tan nuevas como parecen y tampoco son superficiales, porque tocan un problema serio.

La actitud del Hombre hacia el mundo y hacia Dios es una cuestión fundamental de la religión. Parece que desde el principio se hayan ofrecido dos posibles soluciones. Ninguna de las dos satisface plenamente. O buscamos a Dios "en el" mundo, y entonces nos exponemos al peligro del panteísmo, monismo, materialismo; o bien, al contrario, declaramos que Dios es esencialmente distinto al mundo, y entonces no eludimos la objeción de los materialistas según la cual la religión distrae el interés del hombre por el mundo. Por lo demás también los ascetas cristianos repiten de buena gana que "el amor a Dios y el amor al mundo son inconciliables". En el evangelio de san Juan se repite este pensamiento a menudo y con insistencia: Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo (Jn 15, 19). Sin embargo, en el mismo evangelio leemos el pensamiento contrario: Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna (Jn 3, 16). Cristo es "Salvador del mundo" y envía a sus discípulos "por todo el mundo" (Mc 16, 15) para que sean "la luz del mundo" (Mt 5, 14).

En la Biblia el término mundo es, por tanto, utilizado o en sentido peyorativo o en sentido neutro. Por el contrario, en griego, cosmos es un término totalmente positivo. Significa orden, belleza. Pero hay todavía otra diferencia. Cuando los europeos hablamos del mundo, pensamos sobre todo en el espacio, en su extensión, o bien en su propiedad de mundo viviente en contraste con los minerales. En la lengua aramea, que fue la lengua materna de Jesús, el término alma, mundo, significa, más bien, cierto período de tiempo, más o menos como cuando nosotros decimos: el mundo antiguo, el mundo medieval, etcétera.

De ello se sigue que el término "mundo" pueda tener diversos significados, entre los cuales hay cuatro principales:

1) el mundo visible e invisible, es decir, todo lo que Dios ha creado;
2) la naturaleza visible (excepto el hombre);
3) la sociedad humana (la "vida en el mundo", tener contacto "con el mundo");
4) la sociedad corrupta, el ambiente perverso, las tentaciones ("evitar el mundo"), es decir, el "mundo" en el sentido moral.

Mundo visible

"Sólo el cristianismo ha librado al mundo material de su maldición", escribe precisamente un teólogo reciente. Muchos sistemas filosóficos y religiosos de la antigüedad eran dualistas: veían el mal en la materia. Y aquellos que no eran dualistas no lograban resolver de modo satisfactorio la relación entre Dios y el mundo. Se encontraban ante un dilema. O Dios se ocupa del mundo, y entonces parece que depende del mundo, pierde su omnipotencia y felicidad, o bien, Dios es, como piensa Aristóteles, totalmente ajeno al curso del mundo, y entonces el mundo pierde su valor y el hombre hace bien en huir de este mundo hacia Dios.

En sus bellas homilías sobre el Hexahemeron (que trata sobre la obra divina de los seis días de la Creación), san Basilio muestra que el abismo entre Dios y el mundo se ha superado con la palabra de la Escritura: "En el principio Dios creó..." (Gn 1, 1). El cielo, la tierra, las plantas, los animales, todo lo que vemos no está contra Dios, fuera de su interés, sino que es obra suya. "Y vio Dios que todo era bueno..." (Gn 1, 4ss.). El mundo visible es representado bajo la forma de un bellísimo jardín preparado para quien debe habitar en él, es decir, el hombre.

El recto uso del mundo

En este contexto no tiene sentido hablar de "fuga del mundo". Los libros espirituales establecen, por el contrario, las reglas para "el uso del mundo", el "recto uso de las criaturas". Así leemos, por ejemplo, en la primera meditación de los Ejercicios de San Ignacio: "Todo sobre la tierra ha sido creado para el hombre, para que lo ayudara a alcanzar el fin para el cual ha sido creado". Y justo después de esto se introduce la primera regla para el "uso del mundo": podemos y debemos usar todas las cosas sólo en cuanto sir-van al bien. El mundo es "bueno"; por tanto, no puede ser utilizado sino para el bien. Cualquier otro uso es perverso.

Los autores occidentales destacan que todo puede servir para una buena obra: los campos, la casa, el dinero, la salud, etcétera. Los autores orientales, más contemplativos, hablan con mayor entusiasmo de la belleza del mundo, de su armonía, de sus colores. Todo ello nos sirve para recordar la grandeza y la belleza del Creador. Entonces la naturaleza visible se convierte en "escuela de almas", en un libro abierto en el que se lee a Dios. Los autores modernos añaden algunas consideraciones nuevas. Hablan de la responsabilidad del hombre de hoy para con el mundo, para con el rostro de la naturaleza, para que ésta siga siendo madre y albergue digno de todos.

"El mundo visible es bello -escribe san Gregorio nacianceno-, está compuesto del cielo y de la tierra [...], cada parte es decorosa, pero merece toda admiración la armonía y la unión de cada una de las partes. Todo está en su justa proporción. Es un cosmos perfecto de orden y belleza".

(Traducción del original italiano realizada por Ángela Pérez García, para la revista Magnificat)

jueves, 15 de octubre de 2009

Eremitas desafectados

Hace meses leía el estupendo libro La construcción de la Cristiandad europea, de Luis Suárez. El este libro encontré la respuesta a un interrogante que se me había presentado en multitud de ocasiones: ¿Por qué apareció la vocación contemplativa? ¿De donde salieron eremitas como San Antonio Abad allá por el siglo III?

Tanto en la vida de Jesús como en la de sus apóstoles no se hace referencia a la opción de apartarse de forma permanente de la sociedad. Si se repasan los evangelios nos daremos cuenta de que Cristo nos presenta la vida cristiana como factor activo de cambio personal y comunitario. Cristo nos demanda ser levadura o grano de mostaza que mueren para convertir harina en pan o semilla en arbol (Mt 13,31-33). Entonces, ¿Qué sentido tiene apartarse del mundo?

Luis Suárez indica con lucidez que la sociedad de los primeros siglos, así como la actual, no era precisamente una sociedad perfecta donde fuese fácil llevar una vida cristiana. Cuando Constantino (S IV) proclamó el cristianismo como religión oficial del imperio, la sociedad se cristianizó en apariencia y las sólidas comunidades cristianas tuvieron que aceptar a gran cantidad de cristianos de conveniencia en sus filas. Curiosamente la sociedad superficialmente cristiana rechazaba a quienes pretendían llevar una vida verdaderamente evangélica, ya que evidenciaban su hipocresía y falsedad. Este rechazo hizo que algunas personas pensaran en aislarse de forma personal o en pequeños grupos, para poder vivir real y profundamente su cristianismo. Nacieron los eremitas y tras la conformación de comunidades, los primeros monasterios. Pero curiosamente estos eremitas y primitivos monjes no desaparecían del mundo. No se escondían de su sociedad. Todo lo contrario, su opción vital era demostración de un ideal frente a la sociedad de su tiempo.

¿Estamos en estos días en una situación similar? Para mí esto es cada vez más evidente. La sociedad, en su mayoría, se presenta como anticristiana o en todo caso aséptica y superficialmente cristiana. Los espacios de vivencia-convivencia cristiana se reducen o desaparecen. Los ordenamientos jurídicos dificultan sentirse amparado para vivir según el mandato evangélico. Las teóricas comunidades cristianas no van más allá de verse las caras una vez a la semana en la misa. Realmente hemos adquirido un sentido comunitario muy alejado a la comunidad evangélica primitiva y eso hace mella en muchos de nosotros. Tendemos a desesperarnos y preguntarnos por el sentido de seguir adelante entre tanto desbarajuste.

Ante esta realidad, podemos optar por ser levadura o ser como el joven rico. Ser fermento que muere en para cambiar la harina en pan o quedarnos satisfechos de ser ejemplares cristianos dominicales. Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja… que un rico entre en el Reino de Dios. Somos muchos los ricos pagados de nuestro propio cristianismo dentro de la Iglesia.

Soy consciente que en estos momentos que vivimos es muy sencillo sentirse abrumado por la inmensidad de la tarea a realizar y desanimarse por la apatía de la institución eclesial y del conjunto de fieles. En estos momentos de desánimo, la vida de eremita o contemplativa comunitaria se nos ofrece como una opción nada desdeñable.

Se preguntarán si pretendo irme a una profunda cueva. No. En este mundo no hace falta irse a una cueva inaccesible para hacerse eremita práctico. Se puede optar por ser un eremita interior y vivir sordo, ciego y desafectado de todo lo que ocurre fuera de nosotros y no nos gusta. Pero no debemos confundir vocación con desesperanza, ni compromiso con dejadez.

La vocación contemplativa es una llamada de Dios. No es un escondite del mundo. Más bien todo lo contrario. Es un testimonio que interpela al “mundo” demandando su atención y posicionamiento. Es un grito silencioso que nos obliga a mirar el ideal cristiano desde la cotidianidad. Si vemos la vida contemplativa práctica como un refugio donde ocultarnos y vivir felices alejados de todo… no es la llamada de Dios, es la llamada del enemigo. El enemigo nos ofrece comer de la fruta de la felicidad fácil vacía de compromiso. Es la llamada del gran disgregador, que rompe y desune: el diablo.

Dios nos de luz y fuerzas para seguir adelante.

jueves, 8 de octubre de 2009

Verdadera comida y verdadera bebida


"Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí mora, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, así también el que me come, él mismo vivirá en mí. Este es el pan que descendió del cielo. No como el maná que comieron vuestros padres, y murieron. Quien come este pan, vivirá eternamente". Esto dijo en la Sinagoga, enseñando en Cafarnaúm. (Juan 6,55-59)


Verdadera comida y verdadera bebida. Las demás comidas y bebidas no alimentan lo que hay de verdadero y eterno en nosotros. La eucaristía no es un simple acto social comunitario, aunque se celebre comunitariamente y nos conforme como comunidad. En la eucaristía hay sacralidad, hay unión de cada persona con Dios. La eucaristía es un sacramento… aunque hoy en día nos hayamos olvidado de lo que significa todo esto.
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