jueves, 12 de noviembre de 2009

In hoc signo vinces

Allá por el año 312, el emperador Constantino esperaba para enfrentarse a su adversario Majencio. Un día antes de la batalla, se cuenta que Constantino vio en el cielo un signo mientras oía la frase “con este signo vencerás”.

El signo no es la cruz como muchas personas creen, sino el Labarum o Chi-Rho, que dio lugar a lo que ahora llamamos Crismón. Chi-Rho es un anagrama que representa la palabra Christos, Cristo. Algunas versiones de esta historia indican que el signo fue la cruz… pero todo parece indicar que el Labarum fue el signo que tomo Constantino como divisa.

Después de la batalla de Puente Milvio, el triunfante Constantino acepta al cristianismo como religión lícita y da importantes ventajas a quienes la profesaban por aquellos días. Pasados algunos años, pasó de ser religión lícita a ser la única aceptada en el imperio… lo que fue en parte muy positivo y en parte un problema nada desdeñable: la reunión de los opuestos indicados por el propio Cristo…” Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22, 21). Desde entonces el signo cristiano y el imperio entrelazaron sus destinos en una relación compleja, complicada y llena de singularidades en cada época.

En la actualidad, el tribunal europeo de los derechos humanos ha indicado que en el espacio público educativo no es lícito mostrar ningún signo cristiano. Toda una vuelta a los tiempos previos a la batalla de Puente Milvio.

Pero ¿Qué significa la Labarum o la misma cruz para que sea algo digno de ser proclamado ilícito tras 17 siglos? Básicamente lo que parece importar realmente es su presencia en un lugar educativo. ¿Por qué en ese lugar precisamente?

Todo signo tiene un significado y el entorno educativo es un entorno propicio para ligar signos, significados y realidades en un modelo coherente. Dicho de otra forma. Un alumno dentro de un aula se ve predispuesto a preguntar por el significado del signo… y lo que el maestro revele podría ser perjudicial para el atrevido niño.

¿Qué tiene de perjudicial saber qué significa la cruz? Básicamente los padres estiman que es mejor que su hijo desconozca qué hay detrás del signo. Si el niño pregunta, el maestro puede relatar la existencia de Cristo y esto representa una oportunidad para que se filtre el mensaje cristiano entre la información puramente académica. Eso es lo realmente peligroso para los padres… el mensaje cristiano implícito en el signo.

El mensaje puede atraer y el niño terminar por encontrarse con todo el universo simbólico que hay detrás del signo cristiano. Los padres estiman que el significado de la cruz y todo lo que conlleva, es contrario a sus opciones vitales.

Rechazando la presencia del crucifijo, los padres le ahorrarían al niño referencias a episodios como el sermón de al montaña, las parábolas, los mandamientos del amor o la redención. Sin la evidencia de la cruz presente en el aula, se podría intentar que toda la información que recibiera el niño sobre el cristianismo fuese indirecta o puramente historicista. Sería similar al estudio de la religión egipcia o el taoísmo… un eco lejano que no tendría actualidad social.

La cruz, el crucifijo o el Labarum no son más que signos cuyo significado es Cristo como mensaje dado a los hombres. Podríamos decir que el crucifijo representa la oportunidad de difundir el kerigma y su ausencia no es más que la difusión del anti-kerigma: la ausencia de mensaje, revelación, sacralidad, misterio y de toda trascendencia.

Decididamente la cruz tiene un poder nada despreciable en la actualidad. Lo demuestra que el imperio vuelva a declarar ilícito el signo cristiano.

6 comentarios:

ver con los ojos del corazon dijo...

Mi querido MISERERE...opino lo mismo que tú...

Aunque estemos en "democracia"... creo que sacar el crucifijo también se puede interpretar como medida totalitária... Con los escasos signos espirituales que hay... cada vez vamos perdiendo ese aspecto del signo que nos recuerda lo que representa... Yo, en verdad...-ahora casi me rio yo misma!- pondría más...

Para un cristiano es una alegría ver el crucifijo -aún con todo el dolr y muerte de JEÚS que representa- pero para mi, lo es...digo Alegría por que esa cruz también me lleva al JESUS RESUCITADO... y me RECUERDA SU INFINITO AMOR...Y EL DEL PADRE y a la vez el ESPIRITU en la RESURRECCIÓN ...osea, la TRINIDAD.

No sé...pero cada vez toda esta sociedad se aleja más de DIOS... Y creo que esa liberalidad de la democracia...debería traducirse en admitir la CRUZ...pues tenemos una tradición cristiana... y porqué no aceptar y reconocer ESA VIRTUD?


Gracias por pasarte por mi blog... siempre te recibo con todo mi corazón, Miserere.

Un Abrazo en CRISTO.

Carmen

Laus Deo! dijo...

Ciertamente, que algo cause tanto horror no puede ser sino maldad redomada. Y encarnada en el "imperio". Dios nos pille confesados!

Maricruz dijo...

Considerándolo como lo presentas, en realidad asombra el poder del significado de la Cruz.

Me gustaría saber con qué ojos nos estaría viendo Jesús luchando por preservar el signo de nuestra Redención.

Qué crees que nos diría?

Miserere mei Domine dijo...

Carmen :), Comparto tu forma de pensar. Cualquier signo que indique que la divinidad está por encima de nosotros, es aceptable. Lo que quienes creemos en un orden divino rechazamos es que nos impongan un mundo donde Dios no existe y todo es relativo.

Lo que el tribunal ha rechazado es que en las aulas se acepte que el universo tiene sentido y orden ... lo que es triste, muy triste.

Gracias por compartir tus reflexiones con nosotros.

Miserere mei Domine dijo...

Estimado Laus Deo, me alegra mucho de leerle en mi humilde blog.

El imperio siempre ha intentado suplantar a la Dios. Sus estrategias cambian de una época a otra... pero su objetivo permanece.

Ahora nos toca a nosotros luchar como nuestros antepasados para que esto no ocurra. El mal no es más que ausencia de bien.

Un abrazo y mi admiración. Dios le bendiga :)

Miserere mei Domine dijo...

Hola Totús :)

Pues creo que diría que no hemos cambiado demasiado en 2000 años. "La bestia" sigue entre nosotros.

Se le concedió hacer la guerra a los santos y vencerlos; se le concedió poderío sobre toda raza, pueblo, lengua y nación. Y la adorarán todos los habitantes de la tierra cuyo nombre no está inscrito, desde la creación del mundo, en el libro de la vida del Cordero degollado. El que tenga oídos, oiga. (Ap. 13, 7-9)

Lo dicho... el que tenga oidos que oiga.

Un abrazote :)

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