jueves, 15 de octubre de 2009

Eremitas desafectados

Hace meses leía el estupendo libro La construcción de la Cristiandad europea, de Luis Suárez. El este libro encontré la respuesta a un interrogante que se me había presentado en multitud de ocasiones: ¿Por qué apareció la vocación contemplativa? ¿De donde salieron eremitas como San Antonio Abad allá por el siglo III?

Tanto en la vida de Jesús como en la de sus apóstoles no se hace referencia a la opción de apartarse de forma permanente de la sociedad. Si se repasan los evangelios nos daremos cuenta de que Cristo nos presenta la vida cristiana como factor activo de cambio personal y comunitario. Cristo nos demanda ser levadura o grano de mostaza que mueren para convertir harina en pan o semilla en arbol (Mt 13,31-33). Entonces, ¿Qué sentido tiene apartarse del mundo?

Luis Suárez indica con lucidez que la sociedad de los primeros siglos, así como la actual, no era precisamente una sociedad perfecta donde fuese fácil llevar una vida cristiana. Cuando Constantino (S IV) proclamó el cristianismo como religión oficial del imperio, la sociedad se cristianizó en apariencia y las sólidas comunidades cristianas tuvieron que aceptar a gran cantidad de cristianos de conveniencia en sus filas. Curiosamente la sociedad superficialmente cristiana rechazaba a quienes pretendían llevar una vida verdaderamente evangélica, ya que evidenciaban su hipocresía y falsedad. Este rechazo hizo que algunas personas pensaran en aislarse de forma personal o en pequeños grupos, para poder vivir real y profundamente su cristianismo. Nacieron los eremitas y tras la conformación de comunidades, los primeros monasterios. Pero curiosamente estos eremitas y primitivos monjes no desaparecían del mundo. No se escondían de su sociedad. Todo lo contrario, su opción vital era demostración de un ideal frente a la sociedad de su tiempo.

¿Estamos en estos días en una situación similar? Para mí esto es cada vez más evidente. La sociedad, en su mayoría, se presenta como anticristiana o en todo caso aséptica y superficialmente cristiana. Los espacios de vivencia-convivencia cristiana se reducen o desaparecen. Los ordenamientos jurídicos dificultan sentirse amparado para vivir según el mandato evangélico. Las teóricas comunidades cristianas no van más allá de verse las caras una vez a la semana en la misa. Realmente hemos adquirido un sentido comunitario muy alejado a la comunidad evangélica primitiva y eso hace mella en muchos de nosotros. Tendemos a desesperarnos y preguntarnos por el sentido de seguir adelante entre tanto desbarajuste.

Ante esta realidad, podemos optar por ser levadura o ser como el joven rico. Ser fermento que muere en para cambiar la harina en pan o quedarnos satisfechos de ser ejemplares cristianos dominicales. Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja… que un rico entre en el Reino de Dios. Somos muchos los ricos pagados de nuestro propio cristianismo dentro de la Iglesia.

Soy consciente que en estos momentos que vivimos es muy sencillo sentirse abrumado por la inmensidad de la tarea a realizar y desanimarse por la apatía de la institución eclesial y del conjunto de fieles. En estos momentos de desánimo, la vida de eremita o contemplativa comunitaria se nos ofrece como una opción nada desdeñable.

Se preguntarán si pretendo irme a una profunda cueva. No. En este mundo no hace falta irse a una cueva inaccesible para hacerse eremita práctico. Se puede optar por ser un eremita interior y vivir sordo, ciego y desafectado de todo lo que ocurre fuera de nosotros y no nos gusta. Pero no debemos confundir vocación con desesperanza, ni compromiso con dejadez.

La vocación contemplativa es una llamada de Dios. No es un escondite del mundo. Más bien todo lo contrario. Es un testimonio que interpela al “mundo” demandando su atención y posicionamiento. Es un grito silencioso que nos obliga a mirar el ideal cristiano desde la cotidianidad. Si vemos la vida contemplativa práctica como un refugio donde ocultarnos y vivir felices alejados de todo… no es la llamada de Dios, es la llamada del enemigo. El enemigo nos ofrece comer de la fruta de la felicidad fácil vacía de compromiso. Es la llamada del gran disgregador, que rompe y desune: el diablo.

Dios nos de luz y fuerzas para seguir adelante.

8 comentarios:

Maricruz dijo...

Miserere, nada más quiero que sepas que, cada vez que voy a misa a san Antonio de Padua y que veo tanta gente que colabora unida, pienso en ti y en todos los que como tu ya no experimentan en sus comunidades esta cercanía con sus hermanos.
Solo eso, decirte que les tengo en mis oraciones y que ofrezco la santa misa por todos ustedes, para que sean capaces de responder a Dios desde sus particulares historias personales y que reciban de Dios la gracia y el consuelo que necesitan.
Dios te bendiga.

Miserere mei Domine dijo...

Gracias Maricruz :)

Por las Europas andamos algo desafinados en muchos sentidos. Pero Dios es providente y ya llegará la hora en que empecemos a caminar de nuevo.

:)

Leopoldo Quezada Ruz dijo...

Lo que planteas es bien interesante. Es todo un desafio tener esa actitud contemplativa en el mundo. Yo te planteaba en otro post que tengo la convicción que es mejor un cristianismo que sea fermento en la masa, más que fenomeno de masas.

Miserere mei Domine dijo...

Cierto Leopoldo. Creo que Cristo nos llamó a fermentar la sociedad donde vivimos para así transformarla en el Reino de Dios. Los cristianismos mediáticos pueden ser puntualmente llamativos, pero nos señalan un objetivo falso. El objetivo no somos nosotros... es Dios.

Gracias por escribir estas líneas :)

Devoto de Garabandal dijo...

Sabes que escribiste éste articulo y me hiciste acordar sobre carlos de foucault. Lo unico si que te contradigo un poquito, cuando dices:

Aquella sociedad tan dificil como ahorita... creo que ahorita estamos 10 veces peor que sodoma y Gomorra, y se puede notar analizando la proporción de pecados que impera en el mundo actual.

Miserere mei Domine dijo...

Estimado Devoto... no puedo negar que los pecados del mundo son muchos.

En mi humilde opinión, lo que diferencia la sociedad pagana del siglo I y la sociedad laizante actual, es la capacidad de propagar la ignorancia y esclavizar después a los ignorantes creados. Esta actividad anticatequética estremece aún más cuando se reviste de benficio social y la ignorancia, de aceptación popular. Pero estos son nuestro tiempos... apasionantes de vivir.

Gracias por compartir con nosotros tus pensamientos. Saludos :)

ver con los ojos del corazon dijo...

Querido Miserere... estoy contigo en que para integrar una actitud contemplativa no hace falta huir ni desaparecer...pues es en el mundo donde se necesita la experiencia de DIOS y de CRISTO de aquellos entregados a su Voluntad...para dar testimonio de ÉL y ser así colaboradores -aunque cada un con sus límites- de ÉL.

Creo en ese punto central donde aunque no dejamos de ver la falta de verdad en la iglesia, los intereses...la falta de realización de la mayoria de sacerdotes... lo poco alentadores que son los ambientes de fieles y parroquianos... pero los que estamos en la Iglesia...debemos ir más allá de toda apariencia...ey trabajar para el REINO...pues se necesitan "labradores"...y ahora más que nunca quizás.

Es reunir esos dos aspectos, sin desesperanzarnos...pues en ese gesto de echarno atrás y solo ver lo negativo ...se ceba el enemigo. Pensemos que JESUS lo tuvo superdifícil... y la humanidad no a evolucionado espiritualmente como debería haber sido...

Pero estamos aqui...con CRISTO en nuestra Conciencia...sin desfallecer...intentando ser testimonios de su Presencia Viva...y dar testimonio con nuestra cercanía y solidaridad a lo demás..

Me alegra leerte...como siempre.

Mi sincero y sentido Abrazo, Hermano.

Carmen

Miserere mei Domine dijo...

Gracias por tus comentarios Carmen. En bonito reflexionar en grupo y así sentirnos acompañados en el camino :)

Un abrazo ;)

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