domingo, 23 de octubre de 2011

si alguno quiere venir en pos de mí...

Entonces dijo Jesús a sus discípulos, "si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame. Porque el que su alma quisiere salvar, la perderá. Mas el que perdiere su alma por mí, la hallará". (Mt 16, 24-25)
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Cristo nos indica tres acciones para ir hacia El:

  • Negarnos a nosotros mismos
  • Tomar nuestra cruz
  • Seguirlo


    Por qué tres acciones y estas tres precisamente. Leamos lo que San Gregorio Magno nos dice:

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    Porque el que no se niega a sí mismo no puede aproximarse a aquel que está sobre él. Pero si nos abandonamos a nosotros mismos, ¿adónde iremos fuera de nosotros? ¿O quién es el que se va, si se abandona a sí mismo? Nosotros somos una cosa caídos por el pecado y otra por nuestra naturaleza original. Nosotros nos abandonamos y nos negamos a nosotros mismos, cuando evitamos lo que fuimos por el hombre viejo y nos dirigimos hacia donde nos llama nuestra naturaleza regenerada.

    Podemos tomar la cruz de dos maneras. O dominando nuestro cuerpo con la abstinencia, o cargando nuestro espíritu con la compasión que inspiran las miserias del prójimo. Pero como muchas veces se mezclan algunos vicios con la virtud, debemos tomar en consideración que algunas veces la vanagloria acompaña a la mortificación de la carne y la virtud se hace visible y digna de alabanza, porque aparece la sequedad en el cuerpo y la palidez en el rostro. Y casi siempre se une una falsa piedad a la compasión del alma que nos arrastra con frecuencia a condescender con los vicios. El Señor a fin de evitar todo esto dice: "Y sígueme". (San Gregorio Magno, Homilias sobre el Evangelio, 32, 2-3.)

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    Muchas veces me he preguntado cómo negarme a mi mismo sin negar, al mismo tiempo, aquello que está caído y aquello que es reflejo de Dios. No es fácil negarse a uno mismo sin caer en cierta pasividad volitiva, por eso la frase de Cristo no puede ser desmembrada en dos partes inconexas. No basta con negarse a si mismo, tenemos que tomar la Cruz y seguir al Señor.

    Imaginemos que estamos dentro de un grupo y por alguna razón alguien nos desdeña o desprecia o hiere. Nuestro orgullo salta y nos sentimos dolidos. ¿Qué nos hace sentirnos así? ¿El reflejo de Dios o la herida que portamos dentro? Cristo se ofreció hasta la muerte, por lo que si le seguimos no dudaríamos en sabernos en el camino correcto.

    Dice San Gregorio Magno. “Nosotros nos abandonamos y nos negamos a nosotros mismos, cuando evitamos lo que fuimos por el hombre viejo y nos dirigimos hacia donde nos llama nuestra naturaleza regenerada.” A lo que añade: “Podemos tomar la cruz de dos maneras. O dominando nuestro cuerpo con la abstinencia, o cargando nuestro espíritu con la compasión que inspiran las miserias del prójimo.

    ¿Somos capaces de sentir que el dolor es el camino? Pero no se trata de herirnos a nosotros mismos para dañarnos. Ese dolor carece de verdadero sentido en Cristo. El dolor es el camino, siempre que carguemos nuestro espíritu con compasión para aquel que produce el dolor. Además ¿Realmente valemos algo por nosotros mismos? ¿Por qué tendríamos que sentirnos heridos si sabemos que no podemos nada sin Cristo?

    Pensemos con detenimiento qué es lo que realmente nos duele. No nos duele el desprecio sino la herida que portamos en nuestro interior y que nuestros hermanos, a veces, saben tocar con certera precisión. Cada vez que sintamos el dolor de la naturaleza herida, tengamos compasión de quien sabe tocar para causar el dolor. El sabe donde tocar porque porta la misma herida. No es diferente de nosotros, por lo que merece la misma compasión que tanto anhelamos. El tiene las mismas miserias que nosotros llevamos a cuestas.

    Todo esto puede ser medianamente fácil de decir y de comprender, pero cuando duele, ninguna razón puede callar el grito de sale de nuestro ser.

    ¿Cómo sobrellevar el dolor de lo que somos y compartimos con los demás? Llevando la Cruz que somos nosotros mismos y llevándola en dirección y sentido a Cristo. No nos quedemos en la estéril negación y esperemos que la pasividad, que es simple vanagloria, nos reconforte. El Señor a fin de evitar todo esto dice: "Y sígueme"

    Este esfuerzo es sobrehumano y únicamente Dios mismo nos puede dar fuerzas para llevarlo a cabo. Se trata de transformar nuestra naturaleza y Dios en el único que puede hacerlo. Dios nos dé fortaleza, templanza y sabiduría para soportar el dolor mientras caminamos hacia El.

    8 comentarios:

    Marian dijo...

    Gran reflexión, aunque la he visto algo complicada. Se nota Miserere
    que tu cruz la tomas cada día.
    Muy importante el negarnos y la
    compasión. Cuando nuestro vida se
    valla transformando en Cristo se
    producirá.
    Estamos en el Camino. Que Dios nos
    ayude.
    ¡Muchas gracias!¡Animo!
    Dios te bendiga!!!

    NIP dijo...

    Buenas tardes Miserere mei Domine. Entonces no debería poder encontrarme a ningún cristiano sin cruz ¿No?. El otro puntillo es el del hombre en estado de Gracia y habitado por el Espíritu santo, si es así, es decir, tiene fe entonces es posible para Dios en el hombre.Un abrazo.

    Miserere mei Domine dijo...

    Gracias Marián, comparto lo que indica de la compasión. Compasión que es "padecer con" quien sufre como nosotros mismo. Un abrazo en el Señor

    Miserere mei Domine dijo...

    Estimado NIP,

    Si todos los humanos tenemos una misma naturaleza caída, todos tenemos una cruz esperándonos. Incluso aquellos que parecen que viven sin problemas, llevan en su interior la cruz, sea visible o no para los demás.

    La Gracia es imprescindible. Sin ella somos más que ineficientes, somos incapaces de dar un paso hacia delante.

    Un abrazo en el Señor :)

    Alonso Gracián dijo...

    Así es, Miserere, sin la Gracia, sin la Vida del Señor, nada podemos, como nos enseña en Juan 15, 5.

    En la homilia magnífica de nuestro Obispo don Rafael encontramos esta enseñanza:

    "Verdaderamente podemos comprender ---conociéndole, escuchándole, y siguiéndole---, que nuestra perfección moral va unida a esta aspiración y a su ejemplo,

    ""algo que, por otra parte, es ciertamente imposible de conseguir por nuestras propias fuerzas, si somos conscientes de nuestro pecado y confusión,

    ""pero que se hace posible si somos sostenidos por El con su gracia salvadora, con esa fuerza divina que gratuitamente concede a quienes confían el El, a quienes entran en su vida, reciben el bautismo y viven injertados en El"

    Un abrazo

    Miserere mei Domine dijo...

    Ciertamente D. Rafael ha venido con una especial finura. Demos gracias a Dios por este don.

    Un abrazo estimado Alonso :)

    Alonso Gracián dijo...

    No es ya por su finura espiritual, que la tiene, sino por mucho más.

    El día de la toma de posesión ocurrió algo muy grande allí en la Catedral.

    Vi un hombre que miraba hacia lo alto, durante la Eucaristía, para ver al Señor, con la mirada encendida. Vi un pastor ardiendo de celo por las almas. El abrazo a don Antonio, la maravillosa música, la emocionante liturgia, las bellas palabras de don Antonio, tan emocionado...

    pero lo mejor fue una homilía impresionanate que nos llama con ímpetu a ser fieles a la fe de los apóstoles y los mártires y a vivir la primacía maravillosa de la Gracia.

    Fue algo muy grande.

    Miserere mei Domine dijo...

    Tienes toda la razón, querido Alonso. Soplan vientos de Esperanza en la Diócesis. Demos gracias a Dios. Un abrazo :)

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