sábado, 19 de septiembre de 2009

¿Cuando funciona la eucaristía?

Podríamos preguntarnos por la “utilidad” de los sacramentos. Muchas personas lo hacen. Viendo nuestro entorno cotidiano, los sacramentos parecen mostrarse pragmáticamente inútiles… parece normal que nos planteemos si estos deberían dejar paso a otros niveles vivenciales cristianos.

Si pensamos que la evangelización es el grado supremo de ser cristiano y además… no terminamos de relacionar la capacidad evangelizadora con la gracia conferida por los sacramentos, el asunto queda claro. Recibir un sacramento no tiene consecuencias mágicas sobre las personas que lo reciben… evangelizar sí tiene consecuencias evidentes.

Pero esta línea de pensamiento tiene unos cuantos puntos débiles.

Para adentrarnos en el asunto es necesario tener claro que el sacramento actúa como nexo de unión entre Dios y nosotros. Los sacramentos nos comunican la gracia que nos permite ir hacia delante cumpliendo con el plan de Dios. Entre otras cosas, la gracia recibida es la que nos permite evangelizar, conformar comunidad, hacernos presentes en la sociedad y vivir una vida en sintonía con Dios a todos los niveles.

Igual que Cristo utilizaba parábolas para hacer comprender cómo actúa Dios en el mundo, es posible utilizar paradigmas que nos permiten entender mejor el funcionamiento de esta comunicación entre Dios y nosotros.

Desde una perspectiva analógica, el sistema Dios-sacramento-hombre funciona como el principio físico de inducción electromagnética resonante. Dicho en palabras sencillas… funciona como una radio. Dios es la emisora, el medio electromagnético de transmisión actúa como el sacramento. El ser humano se asemeja al receptor de radio. Dios transmite tanto el Mensaje como la inmensidad del paradigma implícito ... que conforma el Misterio.

Para que la transmisión pueda ser oída en el receptor es necesario, evidentemente, que este receptor esté dentro del radio de acción de la emisora y además esté sintonizado convenientemente a la frecuencia de transmisión. Pero eso no es todo. La calidad del sonido que escuchemos será proporcional a la calidad del receptor. Un receptor deficiente, lejos de la emisora y mal sintonizado,… no podrá recibir la emisora ni producir un sonido inteligible.

¿Cuándo funciona la eucaristía u otro sacramento? Cuando nosotros, sus receptores, estemos cerca de Dios, en sintonía con El y tengamos la calidad personal suficiente para servir de fieles difusores-ejecutores de su plan. Entonces el sistema funcionará perfectamente. Si alguno de los elementos antes enumerados falla… iremos perdiendo capacidad de recibir lo que Dios nos comunica y también nuestra capacidad de transmitirlo a los demás.

Estas razones son las que hacen que las personas duden de la eficacia de los sacramentos, los releguen a segundo plano o incluso duden de la existencia de Dios. Los sacramentos no son actos mágicos que cambian la naturaleza de la persona por si mismos.

Además de los sacramentos, no debemos olvidar que Dios se nos manifiesta por otros medios, como son las sagradas escrituras, la oración y la contemplación de toda la creación en su conjunto. Es posible escarbar en la comprensión de Dios por medio de analogías y paradigmas, debido a que Dios se ha manifestado en todo lo que existe. A nosotros nos toca contemplar, estudiar, comprender e intuir las analogías que nos permiten acercarnos a El.

Esto que comento, no es más que exponer la doctrina que tiene al Iglesia sobre los sacramentos de manera peculiar. La iglesia reconoce que la gracia no actúa o actúa incompletamente, si existen impedimentos u obstáculos que “bloquean” la actuación de la gracia santificante o actual. La ausencia de Fe en el propio sacramento o en Dios, son los obstáculos más extendidos.

También nos enseña la Iglesia que los sacramentos que no han sido recibidos de manera adecuada, pueden revivirse cuando se dan las condiciones necesarias para que la gracia pueda actuar. Pero si no se dan las condiciones… el sacramento es ineficaz. Como seres libres, es nuestra voluntad la que nos acerca o aleja de Dios.

Desde mi punto de vista los sacramentos no se sobrevaloran actualmente en la iglesia… todo lo contrario, se minusvaloran, se relegan a actos mecánicos o puramente culturales. Se administran sin procurar esa sintonía, cercanía y calidad personal necesaria para que sus efectos sean los esperados. Falta formación y predisposición.

Solo tenemos que escudriñar mínimanente en la vida de Santos, como San Pío de Pietrelcina, San Agustín, Santa Catalina Labouré, Santa Catalina de Siena, San Juan Bosco, etc, para darnos cuenta del factor crucial que los sacramentos tuvieron sobre su vida y santidad... y en su capacidad evangelizadora.

También es necesario reseñar que, además de todo lo expuesto, hace falta un lugar donde la semilla recibida en el sacramento se desarrolle en todo su esplendor: una comunidad viva, capacitada para comprender la revelación y comprometida.

Me pregunto cómo puede evangelizar una persona que no esté en mínima sintonía con Dios y la Iglesia. He oído de catequistas comprometidos que ofrecían a sus catecúmenos enseñanzas personales con errores considerables, tanto de concepto como de actitud personal. Nadie se metía con ellos y por lo tanto seguían haciendo su labor de destrucción con todos los parabienes.

Después nos preguntamos la razón de tanto alejamiento de la juventud, que en parte se debe a que no han encontrado quienes les formen y les den el ejemplo correcto.

Precisamente lo importante es la persona,… por lo que es necesario conocimiento para vivir una vida sacramental completa. Los ritos y la formas que acompañan a los sacramentos están allí para ayudar a quienes se acercan a recibirlos a hacerlo en mejor predisposición espiritual. Dicho esto, también es necesario indicar que es evidente que si nos quedamos en la ritualidad sacramental rutinaria estamos profanando la sacralidad donada por Dios.

Pd. Gracias al estupendo blog: Una Iglesia provocativa y a su alma mater, Tote, por darme pié a esta larga reflexión.

6 comentarios:

Maricruz dijo...

Serías -o lo estarás siendo?- un magnífico catequista, querido Miserere.
Y tienes razón, personalmente, como catequista de adultos, he visto brillar los ojos de los catecúmenos cuando logran abrir su voluntad ante el Misterio.
Utilizando tu analogía, son receptores que parecen llevarse una asombrosa y gozosa sorpresa al captar ondas de radio que no habían escuchado pero que siempre habían estado ahí.

Miserere mei Domine dijo...

Gracias por el comentario :). Cada cual pone su granito de arena para construcción de una Iglesia más consciente de si misma.

Un abrazo :)

ver con los ojos del corazon dijo...

También creo que los Sacramentos realizan su función de acercarnos SU GRACIA a medida que nos abrimos a ÉL desde nuestra CONCIENCIA y CORAZON.

Una de las carencias de la Iglesia creo querido MISERERE es la falta de educación de LA INTERIORIDAD... el trabajo con uno mismo, espiritual y psicológico..y BUSCAR ESA EXPERIENCIA DE DIOS EN NUESTRO INTERIOR... esos 2 aspectos el activo y el pasivo de ser receptáculos...pero limpios -aqui tenemos nuestra actividad y responsabilidad-.
Cierto que la Acción del ESPIRITU conlleva un MISTERO al que no podemos acceder del todo... pero vemos nuestra transformación siempre que nos abrimos a ÉL pero al mismo tiempo colaboramos y participamos en facilitarle su ACCION EN NOSOTROS. Ese punto creo que es donde una gran mayoria se pierden...en no asumir esa transformacion a nivel de responsable interioridad.

Y luego, el hecho de que los Sacramentos la Iglesia no enseña a profundizarlos desde esa INTERIORIDAD. Se explican pero sin una profundidad VIVENCIADA por los mismos curas en general.

Demasiado a menudo siento esa falta de realización de esa INTERIORIDAD en la mayoria de ellos...En nuestra época tan alejada de DIOS es urgente que hayan personas QUE LE EMANEN... A TRAVES DE SUS PALABRAS Y PRESENCIA como éco de ÉL en su SER REALIZADO.
Sino, tristemente, todo se reduce a ceremonias, obligaciones religiosas, participaciones superficiales...y falta de verdadera vivencia de todo ello.

Demasiado limitados en esa Humanidad... la cual creo deberian trascender no para alejarse de los demás...SINO PARA ACERCARSE MÁS A TODOS DESDE LA VERDADERA PRESENCIA DE DIOS ...ESPONTÁNEA, LÚCIDA, GENEROSA...SABIA Y AMOROSA.

Siempre Cercana....
UN ABRAZO DESDE SU NATURALEZA PRÍSTINA EN CADA SER.

Carmen
concienciaprimordial.blogspot.com

Miserere mei Domine dijo...

Gracias por tu comentario Carmen. :)

Para mi las ceremonias lejos de ser un obstáculo, son de gran ayuda. Sobre todo si, más que ceremonias, son liturgias que permiten dar sentido sagrado al orden temporal y espacial de la vivencia interior.

El problema de la interioridad es complejo, ya que el cristianismo no ha desarrollado un modelo psicológico y por lo tanto, depende de cada uno rellenar este vacío.

Los santos llegaron a ser santos, en gran parte, por tener un esquema psicológico adecuado a sus objetivos. Esta psicología trascendente se intuye en muchos de los pasajes evangélicos, pero no se ha desarrollado de forma doctrinal clara. Por lo que es complicado realizar una catequesis consistente en este sentido.

Mientras que aspectos como la caridad o la devoción han sido desarrollados de manera profunda, la psicología cristiana es algo casi inexistente. Digo casi, debido a que en el cristianismo oriental si se han desarrollado algunas tentativas al respecto. Nos toca, pues, aprender de nuestros hermanos de oriente :)

Un abrazo en el Señor .

Tote dijo...

Querido Miserere,

felicidades por el comentario, es profundo, razonado, equilibrado y personalmente encuentro difícil discrepar con el mismo, pues profundiza magistralmente en lo que yo sólo esbozo en mi blog.
El único punto de desacuerdo es el valor que se da al sacramento en la Iglesia. Donde tú ves minusvaloración, yo veo sobrevaloración. Y tienes razón, se vive muy superficialmente el sacramento en la Iglesia, no se profundiza en la sacralidad que nos transmite. Pero por otro lado se sobrevalora su papel en el proceso evangelizador, y su faceta objetiva, olvidándose completamente que si no hay sujetos, no hay eficacia. La analogía de la radio es perfecta para explicarlo. Yo digo que a la Iglesia a veces sólo le preocupa que haya una emisión continua y de calidad, sin preocuparse de la calidad de la recepción (lo que hace inútil la emisión aunque funcione) Así que estoy contigo en que la Eucaristía siempre funciona, aunque nuestros receptores la deformen.
Quizás la clave es que tú hablas en términos de sacralidad y yo en términos de evangelización (transmisión de esa sacralidad) por lo que no hay desacuerdo ni discrepancia, sino dos ángulos desde los que estudiar lo que pasa.
un abrazo fraterno

Miserere mei Domine dijo...

Cierto Tote :)

Yo también creo que constatamos los mismos problemas y señalamos soluciones similares, aunque diferimos en la dirección de acercamiento.

En el fondo se trata de que ambas caras de la moneda: lo externo y lo interno, tengan suficiente coherencia para conformar un sólido pilar sobre el que construir:

1.- Edificándonos por dentro en íntima unión con Dios y la Iglesia, 2.- Viviendo el cristianismo en comunidad viva y comprometida... y
3.- Anunciando "ad gentes" que Cristo nos dio todo esto, que nosotros a su vez ofrecemos y del que damos testimonio, personal y colectivo.

Bonito... Dios quiera ayudarnos a ir por ese camino.

Gracias Tote :)

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