domingo, 13 de septiembre de 2009

Vivificar con nuestra Fe el mundo en el que vivimos

Porque los cristianos no se distinguen del resto de la humanidad ni en la localidad, ni en el habla, ni en las costumbres. Porque no residen en alguna parte en ciudades suyas propias, ni usan una lengua distinta, ni practican alguna clase de vida extraordinaria. Ni tampoco poseen ninguna invención descubierta por la inteligencia o estudio de hombres ingeniosos, ni son maestros de algún dogma humano como son algunos. Pero si bien residen en ciudades de griegos y bárbaros, según ha dispuesto la suene de cada uno, y siguen las costumbres nativas en cuanto a alimento, vestido y otros arreglos de la vida, pese a todo, la constitución de su propia ciudadanía, que ellos nos muestran, es maravillosa (paradójica), y evidentemente desmiente lo que podría esperarse. Residen en sus propios países, pero sólo como transeúntes; comparten lo que les corresponde en todas las cosas como ciudadanos, y soportan todas las opresiones como los forasteros. Todo país extranjero les es patria, y toda patria les es extraña. Se casan como todos los demás hombres y engendran hijos; pero no se desembarazan de su descendencia (abortos). Celebran las comidas en común, pero cada uno tiene su esposa. Se hallan en la carne, y, con todo, no viven según la carne. Su existencia es en la tierra, pero su ciudadanía es en el cielo. Obedecen las leyes establecidas, y sobrepasan las leyes en sus propias vidas. Aman a todos los hombres, y son perseguidos por todos. No se hace caso de ellos, y, pese a todo, se les condena. Se les da muerte, y aun así están revestidos de vida. Piden limosna, y, con todo, hacen ricos a muchos. Se les deshonra, y, pese a todo, son glorificados en su deshonor. Se habla mal de ellos, y aún así son reivindicados. Son escarnecidos, y ellos bendicen; son insultados, y ellos respetan. Al hacer lo bueno son castigados como malhechores; siendo castigados se regocijan, como si con ello se les reavivara. Los judíos hacen guerra contra ellos como extraños, y los griegos los persiguen, y, pese a todo, los que los aborrecen no pueden dar la razón de su hostilidad.

En una palabra, lo que el alma es en un cuerpo, esto son los cristianos en el mundo. El alma se desparrama por todos los miembros del cuerpo, y los cristianos por las diferentes ciudades del mundo. El alma tiene su morada en el cuerpo, y, con todo, no es del cuerpo. Así que los cristianos tienen su morada en el mundo, y aun así no son del mundo. El alma que es invisible es guardada en el cuerpo que es visible; así los cristianos son reconocidos como parte del mundo, y, pese a ello, su religión permanece invisible. La carne aborrece al alma y está en guerra con ella, aunque no recibe ningún daño, porque le es prohibido permitirse placeres; así el mundo aborrece a los cristianos, aunque no recibe ningún daño de ellos, porque están en contra de sus placeres. El alma ama la carne, que le aborrece y (ama también) a sus miembros; así los cristianos aman a los que les aborrecen. El alma está aprisionada en el cuerpo, y, con todo, es la que mantiene unido al cuerpo; así los cristianos son guardados en el mundo como en una casa de prisión, y, pese a todo, ellos mismos preservan el mundo. El alma, aunque en sí inmortal, reside en un tabernáculo mortal; así los cristianos residen en medio de cosas perecederas, en tanto que esperan lo imperecedero que está en los cielos. El alma, cuando es tratada duramente en la cuestión de carnes y bebidas, es mejorada; y lo mismo los cristianos cuando son castigados aumentan en número cada día. Tan grande es el cargo al que Dios los ha nombrado, del que no les es lícito desertar. Fragmento de la Carta a Diogneto, anónima S II

Cuando nos enfrentamos a un mundo tan aspero y complicado, es normal que nos sintamos perdidos y desorientados. Pero ha sido así desde los primeros días del cristianismo y lo seguirá siendo. Para darnos cuenta de ello, no viene mal releer la carta a Diogneto de vez en cuando.

2 comentarios:

ver con los ojos del corazon dijo...

Cierto, MISERERE...estas palabras de DIOGNETO se podrían aplicar a nuestros dias... a nuestra sociedad. Aunque quizás tristemente creo que una gran parte de cristianos lo son de nombre...de etiqueta... y no se diferencian mucho ni en la forma ni en el contenido de los que no lo son... No quiero ser pesimista...pero a menudo reflexiono en esa falta de autenticidad...de tantos feligreses que acudiendo puntuales a las EUCARISTIAS...y a las reuniones parroquiales...dejan mucho que desear con su falta de conducta cristiana...y entonces mi Corazón se pregunta... "Quien diría que lo son...?". Estoy cansada de oir comentarios improcedentes de muchos de ellos con los demas...conmigo... Claro que la compasión nos lleva a la comprension y al perdón...pero no por ser o decirse ser cristiano...tristemente se demuestra ni se da testimonio con las obras, las palabras. DONDE ESTA ESA EDUCACION DE LA INTERIORIDAD...? CREO QUE ES URGENTE EN NUESTRA PROPIA RELIGION -YA NO DIGO SOCIEDAD- PLANTEARNOS ESO... ESE COMPROMISO VERDADERO CON DIOS...CON CRISTO... Y DAR NUESTRO SINCERO Y AUTENTICO TESTIMONIO EN UNA SOCIEDAD TAN DESCOLORIDA Y MANCHADA DE VIOLENCIA, ODIO, ENGAÑO , IGNORANCIA Y FALTA DE AUTENTICIDAD

MI ABRAZO SINCERO Y CERCANO.

Carmen
concienciaprimordial.blogspot.com

Miserere mei Domine dijo...

Gracias por tu comentario Carmen :)

La autenticidad es una etiqueta que es complicada de sostener. ¿Quién de nosotros es auténtico? ¿Quién de nosotros puede decir que no se acomodará a sus limitaciones y se quedará guardando su talento?

Todos no sentimos cansados alguna vez y deseamos encontrar el remanso de paz que nos permita desconectar de la lucha diaria...

Una abrazo :)

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