sábado, 2 de enero de 2010

Tolerancia, respeto, justicia y justificación

Quizás se deba a mi formación tecnológica que me sienta extrañado por el uso y sentido que se da actualmente a la palabra tolerancia. Cuando estudiaba, la tolerancia era la proporción de desviación máxima de determinada magnitud física. Una resistencia con tolerancia del 10%, era la que podía variar un máximo de un ±10% su valor nominal. Cuanto menor fuera la tolerancia, el elemento estaba mejor fabricado.

De repente este concepto tecnológico apareció en la escena pública con un sentido contrario al que lo comprendíamos los técnicos. Se trataba de ser muy tolerante y aceptar lo que fuese sin poner pegas. Tolerar era aceptar indolentemente para así permitirnos convivir siendo diferentes. Rápidamente la sociedad se dio cuenta que la doctrina de la máxima tolerancia daba lugar al desentendimiento social. La sociedad tendió a la desafección hacia todo lo que le desagradaba y nos encontramos con problemas importantes: violencia domestica, laboral, escolar, suicidios, rupturas matrimoniales, descenso en picado de la natalidad, etc. El sinsentido de esta actitud llego al punto que se comenzó a oír que la tolerancia era una falacia. Ante la alarma se ideó la “tolerancia 0” de manera que determinadas actitudes y acciones se propusieran como indeseables. Pero fíjense que se utilizó el sentido positivo de “tolerancia 0” y no se utilizó la palabra correcta: intolerancia a determinas actitudes y acciones.

Lo cierto es que conforme el concepto de tolerancia fue implantándose en la sociedad, el concepto de respeto fue desapareciendo. Hoy en día el respeto se ve como algo retrógrado y sospechoso de tendencias conservadoras.

Quizás sea interesante reseñar que la tolerancia era un concepto que se aplicaba a las cosas y en todo caso a las acciones y actitudes.... pero por razón del cambio de modelo de hombre y sociedad, la tolerancia empezó a aplicarse a las personas.

Cuando se tolera algo o a alguien, se está ejerciendo implícitamente una actitud de desdeño o de desafección frente a ello/ella. ¿Por qué? Debido a que la tolerancia incide en la externalidad totalmente desafecta del ser de las cosas y las personas. Tolerar a una persona es reducirla a una externalidad distante. Si exigimos tolerancia, estamos reclamando sobre nosotros desafección y lejanía.

En el fondo, al aceptar el modelo de persona que conlleva la tolerancia, lo que estamos haciendo es aceptando un modelo de ser humano que olvida la propia esencia o sustancia que nos hace humanos. Nos consideramos eventualidades valorables por lo que aparentamos o hacemos. El ser desaparece de nuestro modelo cognitivo, situando la contingencia vital como definitoria de lo que somos. Somos lo que hacemos y aparentamos. Esto no es más que otro síntoma adicional de la deriva des-sustanciadora que define nuestra época. Los medios, la educación y hasta nosotros mismos nos definen y nos definimos, por cómo actuamos y aparentamos.

¿Dónde quedó el respeto? Se respeta a las personas por lo que son. El respeto es lo que nos permite danos valor por encima de las circunstancias vitales. Da igual que seas un mendigo o un exitoso profesional… mereces respeto y ese respeto proviene de ser valorado como persona. El problema de la valoración del ser humano no es nada secundario, ya que, o se toma como premisa injustificable e incómoda… o se sustenta en el valor de ser hijos de Dios. La primera opción da lugar a multitud de inconsistencias y el segundo exige ser coherente y responsable,… por lo que nuestra sociedad procura olvidar la necesidad de definir nuestro valor y dignidad.

Otro aspecto del mismo problema. El respeto se ha vuelto algo incómodo para nuestra sociedad. El respeto se enfrenta al concepto de libertad que se ha impuesto. La libertad se entiende hoy en día, como la licitud de manifestación o acción contraria a lo respetable. Si se actúa de manera respetuosa… inmediatamente se señala esta actuación como no libre. Pero aún hay más detrás de esto. Al entenderse la libertad como acción, se la desliga totalmente del ámbito del ser, ya que se entiende que la sustancia de todo lo existente es relativa, inconstante o inexistente. Se nos dice que podemos ser lo que deseemos ser en cada momento y que esto es un derecho defendible. Incluso se dice que somos libres de considerar el ser implícito en todo lo creado como nos parezca más útil. Por ejemplo, podemos decir que tres rayas y tres manchas es arte, referenciando esta consideración por el acto de compra del objeto como arte. Este simple y cotidiano acto es un ejemplo de cómo la acción se reclama como definidora del ser… lo cual es una barbaridad de proporciones considerables.

Ante la pregunta de ¿Qué somos? Nos encontramos con la respuesta de que somos según queramos actuar o aparentar… y que por ello, podemos ser lo que queramos. Esto nos lleva a que ante cualquier apariencia y acción, reclamemos tolerancia y nos contentemos siendo tolerados. Si no se tolera nuestra acción se nos quita nuestra libertad de ser lo que deseemos ser.

En este contexto, la justicia se vuelve maleable y adaptable. Lo justo se legisla por “mayorías” en los parlamentos y se hace buscando la libertad entendida como acción y apariencia. Lo justo se trueca en lo justificable por medio de la acción. Si se justifica algo, esto pasa a ser algo justo y exigible socialmente. Por eso se legisla contra la ley natural y esto se considera como deseable y procurador de progreso. Es evidente que sea así, ya que la libertad tiene que sustanciarse como acción contra lo respetable. Si no fuera así, no se considera libertad.

Ante las protestas de quienes no pensamos de esa manera, se nos señala como intolerantes… entendiendo ser intolerante como algo intolerable. La premisa relativista de “lo único absoluto es que no existen absolutos” se reencarna en la premisa de “lo único intolerable es ser intolerante”.

Que se nos llame intolerantes no es ningún insulto. Todo lo contrario. Ser intolerante significa tener claro qué actuación es lícita cuál no lo es, qué idea es verdadera y cuál no… y dejar claro que no se está conforme con otras definiciones. Ser intolerante no disminuye el respeto, valor y dignidad que tenemos todos por el hecho de ser hijos de Dios… ya que lo que no se toleran son las acciones, actitudes, ideas y apariencias.

¿Qué sucede con los ámbitos ligados a la ley natural y divina? Simplemente no existen para esta sociedad. Sacralidad, simbolismo y revelación divina son conceptos innecesarios… ya que implican consistencia en el ser y libertad de asumir y basar las actitudes vitales en ellas. Así se comprende que se griten consignas por las calles como: “sacad vuestros rosarios de nuestros ovarios” sin darse cuenta del sinsentido de tales exclamaciones.

--oOo--

Señor danos fuerza y templanza,
humildad y conocimiento,
para enfrentar la tarea cotidiana de dar
testimonio de Ti.
Amén

4 comentarios:

ver con los ojos del corazon dijo...

Hola Miserere... he estado unos dias muy atareada en la faena..y hoy vuelvo a vuestros blogs y a mi blog de nuevo...

Eso de la intolerancia... para mi el respeto es algo al que todo ser tiene derecho como individuo e hijo de Dios. El tema de la intolerancia casi lo dirigo a las acciones de los seres, de cuerpo, palabra y obra que pueden perjudicar a los demás.

Creo que deberíamos poner ese liston...el Beneficio y la tolerancia...y el perjuicio y la intolerancia. No por ek hecho de pensar o actuar de modos diferentes hemos de ser intolerantes...pero cuando esas actuaciones limitan o hieren la libertad del otro...entonces no podemos admitir esa ignorancia o permisividad.

De todo, amigo Miserere... me quedo con la Pregaria final...Si... qué bonita y sentida es... le pedimos a ÉL SU ayuda...para ser SUS vehículos... y dar Testimonio de ÉL en este mundo.

Cada dia, eso le pido...que me llene del ESPIRITU SANTO...para hacer SU VOLUNTAD...y poder dar Testimonio de ÉL en el mundo.

Gracias...y un Bendecido Año Nuevo, Hermano.

Un Abrazo en CRISTO.

Miserere mei Domine dijo...

Bueno... ^_^

Al menos a mi me sienta fatal que me toleren. Me siento pieza mecánica o eléctrica que es útil o es desechada. :) Prefiero el respeto que proviene de ser hijo de Dios.

Sobre las ideas, acciones y apariencias ... prefiero contrastar y discernir ... antes que el silencio o las ambigüedades tolerantes.

Como lees, la tolerancia me resulta muy irrespetuosa.

Gracias por compartir tus pensamientos :)

Maricruz dijo...

Te sienta fatal que te toleren? Y qué me dices de mi? Creo que no existe ofensa mayor que descubrir que te toleran. Prefiero que me digan en la cara lo que piensan de mi que me "aguanten".

Por ese motivo yo tampoco "aguanto" a nadie, no al menos últimamente.

Lo que digo es que la tolerancia no establece límites, en cambio el respeto si y los límites no nos placen, por eso el respeto tampoco place.

Lo malo de todo esto es que en cuánto más "tolerantes" se vuelven todos menos respetuosos también y claro, así, si que nos vemos mal.

Esto de la tolerancia y el respeto da para meditar.

Gracias querido amigo.

Miserere mei Domine dijo...

Hola Totús :)

Sabes, a veces de tolerantes que somos... nos cuesta dialogar respetuosamente sobre lo que nos separa o/y enfrenta. Cerrado y complacientes con nosotros mismos... nos quedamos parados.

Esto se explicita claramente en una canción de Joan Manuel Serrat: "Cada loco con su tema"... "contra gustos no hay disputas"... "cada uno es como es, cada quien es cada cual" y todos a vivir el vacío disfrazado de armonía.

Volvemos al concepto aquel que nos trajo de cabeza en nuestros diálogos con los ateos: la parsimonia. Si los sonidos pueden ser disonantes... definamos el silencio como armonía y disfrutemos de ella. :)

Es complicado el tema y da para pensar. La carta a la iglesia de Laodicea lo indica de forma clara: "Conozco tus obras: no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Por eso, porque eres tibio, te vomitaré de mi boca."

También se explicita en la parábola de los talentos. El que guardó su moneda fue rechazado.

Para avanzar hay andar con esfuerzo y no quedarse en la indolencia del vacío y del silencio autocomplaciente ... que la tolerancia nos ofrece como panacea.

Con ello no digo que haya que enfrentarse con violencia o rencor... nada más lejos de la realidad. Hay que dialogar, saber oír con respeto a los demás y saber decir lo que se cree con igual respeto... pero en necesario confrontar respetuosamente.

Gracias por participar :)

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