sábado, 20 de marzo de 2010

¿Qué te importa? Tú, sígueme.

Cercanos al día de las vocaciones, comparto un fragmento del evangelio de San Juan y un fragmento de la catequesis de Benedicto XVI hizó sobre el primero de ellos. Lo traigo como homenaje a todos los sacerdotes y consagrados del mundo. Dios los llamó y les dijo:


“¿Qué te importa? Tú, sígueme."




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Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: "Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?" Le dice él: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Le dice Jesús: "Apacienta mis corderos." Vuelve a decirle por segunda vez: "Simón de Juan, ¿me amas?" Le dice él: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Le dice Jesús: "Apacienta mis ovejas." Le dice por tercera vez: "Simón de Juan, ¿me quieres?" Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: "¿Me quieres?" y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero." Le dice Jesús: "Apacienta mis ovejas.


"En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras." Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: "Sígueme."

Pedro se vuelve y ve siguiéndoles detrás, al discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: "Señor, ¿quién es el que te va a entregar?" Viéndole Pedro, dice a Jesús: "Señor, y éste, ¿qué?" Jesús le respondió: "Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme."
(Jn 20,15-22)



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De la siguiente catequesis, creo que lo más espectacular es el jugo que el Papa saca del texto original griego por medio de la riqueza de significados que encierran los verbos que utiliza Cristo. Pero lo más importante es el final…
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El evangelista Juan nos narra el diálogo que en aquella circunstancia tuvo lugar entre Jesús y Pedro. Se puede constatar un juego de verbos muy significativo. En griego, el verbo filéo expresa el amor de amistad, eterno pero no total, mientras que el verbo agapáo significa el amor sin reservas, total e incondicional. La primera vez, Jesús le pregunta a Pedro: «Simón…, ¿me amas más que éstos (agapâs-me)?», ¿con ese amor total e incondicional? (Cf. Juan 21, 15). Antes de la experiencia de la traición, el apóstol ciertamente habría dicho: «Te amo (agapô-se) incondicionalmente».

Ahora que ha experimentado la amarga tristeza de la infidelidad, el drama de su propia debilidad, dice con humildad: «Señor, te quiero (filô-se)», es decir, «te amo con mi pobre amor humano». Cristo insiste: «Simón, ¿me amas con este amor total que yo quiero?». Y Pedro repite la respuesta de su humilde amor humano: «Kyrie, filô-se», «Señor, te quiero como sé querer». A la tercera vez, Jesús sólo le dice a Simón: «Fileîs-me?», «¿me quieres?». Simón comprende que a Jesús le es suficiente su amor pobre, el único del que es capaz, y sin embargo está triste por el hecho de que el Señor se lo haya tenido que decir de ese modo. Por eso le responde: «Señor, tú lo sabes todo, tu sabes que te quiero (filô-se)». ¡Parecería que Jesús se ha adaptado a Pedro, en vez de que Pedro se adaptará a Jesús!

Precisamente esta adaptación divina da esperanza al discípulo, que ha experimentado el sufrimiento de la infidelidad. De aquí nace la confianza, que le hace ser capaz de seguirle hasta el final: «Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: "Sígueme"» (Juan 21, 19). (Intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general de este miércoles, 24 mayo 2006, dedicada al tema «Pedro, el apóstol».)

Este fragmento de la catequesis de Benedicto XVI nos muestra toda la profundidad del Misterio legado por Cristo a sus Apóstoles. En concreto a Pedro, en quien podemos ver a todos quienes han recibido el sacramento del orden.

Por otra parte Benedicto XVI nos muestra la necesidad de conocer para comprender. Hay quienes desprecian el conocimiento como herramienta para acceder a la comprensión del Mensaje y el Misterio Cristiano. Pero el conocimiento es una herramienta imprescindible para abrir y escudriñar más allá de lo aparente. En el actual sucesor del ministerio petrino se hace evidente que el Espíritu de Dios sigue guiando a nuestra Iglesia.

 Este domingo celebramos el día de las vocaciones. Vocaciones según el sacerdocio sacramental: sacerdotales y diaconales… y vocaciones según el sacerdocio común: los laicos comprometidos son más necesarios que nunca.

Roguemos a Dios para que su voz llegue a todos nosotros y nos ayude aceptar la unción interior que nos permite ser Iglesia, universal, unida, santa y apostólica. 
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Señor Dios, Padre Celestial, Tu Hijo Jesucristo nos dijo: "La mies es abundante, pero los obreros pocos.
Pedid al dueño de la mies que envíe obreros a su mies". 

Te pedimos que envíes a tú Iglesia, numerosas y santas vocaciones para el sacerdocio, a la vida religiosa y al apostolado laical. 

Consérvales fieles en su ministerio hasta el fin; y concédeles, por tu Espíritu Santo, un gran amor a Dios y a los hermanos,
 para que en su ministerio y en su vida busquen solamente tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo. 

Amén

2 comentarios:

Maricruz dijo...

Me uno a tu oración, querido amigo.
Estoy planeando asistir en Lima al oficio de hoy. Desde allá me uniré a tu plegaria.
Un abrazo.

Roberto dijo...

Muy sstimado amigo, durante estos días estaré fuera, desarrollando una labor pastoral en beneficio de una comunidad cristiana. Deseo de corazón que estos días santos acompañes a Cristo en los sufrimientos de su Pasión y en su camino al Calvario: para unirte a Él a través de la oración, los sacramentos, la caridad, el apostolado y las obras buenas. Unidos en oración en esta Semana Mayor. Nos vemos pronto...

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