jueves, 3 de junio de 2010

El mandamiento principal

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?" Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas". (Mt 22, 34-40)

Perdonen por volver al tema y al mismo texto evangélico que hace un año,… pero creo que no se agota en una, dos o diez mil pasadas.

El principal mandamiento es amar a Dios con toda nuestro corazón, alma y espíritu. Pero solo podemos amar lo que conocemos.

Una vez conocemos a Dios, en la medida que Dios mismo se nos revela de forma pública y particular, entendemos el texto del Génesis:

Y dijo Dios: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra. Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, varón y mujer los creó (Gn 1, 26-27)

Conociendo a Dios podemos encontrarlo en nosotros mismo y darnos valor, en todo lo que seamos imagen de Dios. Viendo la imagen de Dios en nosotros, entendemos a Cristo cuando nos dice que el segundo mandamiento es semejante al primero: Amar al prójimo como a nosotros mismos… ya que al hacerlo, encontramos y amamos a Dios.

Pero… ¿Cómo conocemos a Dios para poderlo amar?

La respuesta más completa que conozco es mediante el entendimiento, la emotividad y la acción. Todas en igualdad y armonía. Es cierto que cada persona tiene una proporción interior que le predispone a caminar cada una o varias de estas dimensiones. Pero aún así debemos rogar a Dios para que nos permita recibir los dones del Espíritu y mediante ellos, poder llegar a entender más allá de nuestras limitaciones.

El Dios no es algo etéreo, inconsistente e informe. Haciendo un símil geométrico, Dios tiene forma y esa forma es absoluta e indiscutible. La forma se nos revela en todo lo que nos rodea... por mucho que nos parezca que “todo cambia” y que nada tiene consistencia.

--oOo--

Señor ayúdanos a entender que eres el Camino que lleva a Dios.
Señor aýudanos a entender que eres la Verdad que está más allá de toda duda.
Señor, ayúdanos a entenderte en todo lo que es Vida entro y fuera nuestra.
Amén.

2 comentarios:

escalante dijo...

En un tiempo en que se nos quiere recordar lo esencial del Evangelio, no deja de ser sorprendente el olvido casi total del amor a Dios, el primero y más principal de todos sus preceptos.

Miserere mei Domine dijo...

Cierto estimado Roberto. Nos olvidamos demasiado a menudo que somos imagen de Dios y que eso es lo que nos hace ser seres humanos... merecedores de amor y apoyo.

Dios le bendiga :)

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