miércoles, 5 de enero de 2011

Dios se manifiesta a nosotros. Epifanía


Nosotros creemos en el Verbo de Dios. No nos fundamos en palabras sin sentido, ni nos dejamos llevar por impulsos emotivos o desordenados, ni nos dejamos seducir por la fascinación de discursos bien preparados, sino que prestamos fe a las palabras del Dios todopoderoso. Todo esto lo ordenó Dios en su Verbo. El Verbo las decía en palabras, para apartar al hombre de la desobediencia. No lo dominaba como hace un amo con sus esclavos, sino que lo invitaba a una decisión libre y responsable. El Padre envió a la tierra esta Palabra suya en los últimos tiempos. No quería que siguiese hablando por medio de los profetas, ni que fuese anunciada de manera oscura, ni conocida sólo a través de vagos reflejos, sino que deseaba que apareciese visiblemente, en persona. De este modo, contemplándola, el mundo podría obtener la salvación. Contemplando al Verbo con sus propios ojos, el mundo non experimentaría ya la inquietud y el temor que sentía cuando se encontraba ante una imagen reflejada por los profetas, ni quedaría sin fuerzas como cuando el Verbo se manifestaba por medio de los ángeles. De este modo, en cambio, podría comprobar que se encontraba delante del mismo Dios, que le habla.

Nosotros sabemos que el Verbo tomó de la Virgen un cuerpo mortal, y que ha transformado al hombre viejo en la novedad de una criatura nueva. Sabemos que se ha hecho de nuestra misma sustancia. En efecto, si no tuviese nuestra misma naturaleza, inútilmente nos habría mandado que lo imitáramos como maestro. Si Él, en cuanto hombre, tuviese una naturaleza distinta de la nuestra, ¿por qué me ordena a mí, nacido en la debilidad, que me asemeje a Él? ¿Cómo podría, en ese caso, ser bueno y justo? Verdaderamente, para que no pensáramos que era distinto de nosotros, ha tolerado la fatiga, ha querido pasar hambre y sed, ha aceptado la necesidad de dormir y descansar, no se ha rebelado frente al sufrimiento, se ha sujetado a la muerte y se nos ha revelado en la resurrección. De todos estos modos, ha ofrecido como primicia tu misma naturaleza humana, para que tú no te desanimes en los sufrimientos, sino que, reconociendo que eres hombre, esperes también tú lo que el Padre ha realizado en Él.

Cuando hayas conocido al Dios verdadero, tendrás con el alma un cuerpo inmortal e incorruptible, y obtendrás el reino de los cielos, por haber reconocido al Rey y Señor del cielo en la vida de este mundo. Vivirás en intimidad con Dios, serás heredero con Cristo, y no serás ya esclavo de los deseos y pasiones, y ni siquiera del sufrimiento y de los males físicos, porque habrás llegado a ser como Dios. Los sufrimientos que debías soportar por el hecho de ser hombre, te los daba Dios porque eras hombre. Pero Dios ha prometido también concederte sus prerrogativas una vez que hayas sido divinizado y hecho inmortal. Cristo, el Dios superior a todas las cosas, el que había decidido cancelar el pecado de los hombres, rehizo nuevo al hombre viejo y desde el principio lo llamó su propia imagen. De este modo ha mostrado el amor que te tenía. Si tú eres dócil a sus santos mandamientos, y te haces bueno como Él, te asemejarás a Él y recibirás de Él la gloria .
 (Hipólito romano Refutación de todas las herejías, capt. X, 33-34)

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Tal como dice San Hipólito romano, los cristianos no nos dejamos llevar por palabras sin sentido, emotividades o discursos huecos. No seguimos imaginaciones personales ni nos postramos ante estatuas sin vida. ¿Por qué nos comportamos así? Porque  Dios se ha encarnado entre nosotros. El Verbo que da sentido a todo cuanto existe, se manifestó en carne mortal.

¿Cómo podemos salir al encuentro de Cristo? Aunque Dios siempre da el primer paso, el segundo paso lo tenemos que dar nosotros. Esto se evidencia tanto en los pastores como los Sabios Magos de oriente. Ambos respondieron a la llamada de Dios y peregrinaron hasta ver a Cristo.

Los pastores, en su sencillez, tuvieron que dar un breve paseo para encontrarse con Dios. Los sabios, tuvieron que viajar desde lejos y hacer acopio de paciencia y tesón. Pero llegaron ante Dios de igual forma. Se postraron ante El en adoración y le ofrecieron sus regalos. Regalos que son profecías: oro, incienso y mirra. Ante Dios solo cabe postrarse y le adorarle.

¿Dónde encontramos a Cristo hoy en día? ¿A dónde nos llama a que vayamos a adorarle? Cristo nos lo dejó claro: «Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt. 18,20) Cristo nos convoca a reunirnos eclesialmente para encontrarnos en El. Quizás debamos emprender el camino ya mismo y dejar atrás todo aquello que nos separa. Al final del camino, Cristo está esperándonos.

¿Qué podemos ofrecer a Cristo como presente? Lo más preciado que tenemos: nosotros mismos. Entonces Dios nos ofrece su gracia más excelsa. ¿Cúal? Lean el texto de San Hipólito romano y sabrán a que me refiero.

--oOo--

Señor, Tu nos llamas y nos convocas a adorarte
y nos dices que hemos de hacerlo unidos.
Ayúdanos a romper todo lo que nos separa y nos aleja.
Ayúdanos a entender tu mensaje y penetrar en el Misterio
Nos te olvides de nuestras imperfecciones y limitaciones
Solo tu gracia es capaz de cambiar nuestra naturaleza humana
para ser divinizados por tu Amor
Amén

3 comentarios:

mjbo dijo...

¡Qué bien tener Sus propias palabras!, ¿verdad?
"Donde dos o tres se reunan en mi nombre alli estoy yo en medio de ellos". Y qué claro está todo y qué fácil acudir a la Iglesia y reunirnos en Misa y ante el sagrario...
Lo tenemos todo y no nos damos cuenta.

Saludos :)

Miserere mei Domine dijo...

A veces somos unos cabezaduras. Con lo claro que nos lo ha dejado Cristo y las vueltas que le damos. Un abrazo :)

ver con los ojos del corazon dijo...

Si, querido Miserere... verdaderamente Cristo está en nuestra Sagrada Eucaristía... en el contexto de esa celebración que nos abre al encuentro íntimo y Sagrado, con Él.

Pero... el Reino vive dentro de nosotros... como bien dijo Jesús Salvador. Y ël , como parte de la Santísima Trinidad vive resucitado en nuestra Conciencia Espiritual cuando nos abrimos a la Fe, la vivimos, Le amamos, damos testimonio de Él en nuestra vida, en nuestros pensamientos, palabras y obras.

Estar disponibles... mantener esa disponoibilidad... dejar que habite manifiestamente en nosotros... dejar de ponerle trabas y darle la espalda... todo ello , junto a los Sacramentos y a Su Palabra, a la Oración y mucho más... hará que ESTÉ y SE MANIFIESTE en nuestro ser... Cuerpo, Mente, Corazón y Alma.

Perdona la extensión... es que me voy explayando.

Gracias siempre por tus buenas entradas, por tu blog, Miserere... un magnífico referente de católico y cristiano.

Cada vez amo más la tradición...

El mes de febrero estaré en un Monasterio Contemplativo de clausura, Las Salesas de la Visitación de Maria... en una prueba de convivencia.

Estarás en mis plegarias... como siempre.

Un fuerte abrazo en CRISTO.

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