miércoles, 6 de abril de 2011

¿Tengo remedio, Señor?

Yo reconozco mi culpa, dice el salmista. Si yo la reconozco, dígnate tú perdonarla. No tengamos en modo alguno la presunción de que vivimos rectamente y sin pecado. Lo que atestigua a favor de nuestra vida es el reconocimiento de nuestras culpas. Los hombres sin remedio son aquellos que dejan de atender a sus propios pecados para fijarse en los de los demás. No buscan lo que hay que corregir, sino en qué pueden morder. Y, al no poderse excusarse a sí mismos, están siempre dispuestos a acusar a los demás. No es así como nos enseña el salmo a orar y dar a Dios satisfacción, ya que dice: Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. El que así ora no atiende a los pecados ajenos, sino que se examina a sí mismo, y no de manera superficial, como quien palpa, sino profundizando en su interior. No se perdona a sí mismo, y por esto precisamente puede atreverse a pedir perdón. (San Agustín. Sermón 19,2)

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¿Soy un hombre sin remedio? ¿Miro a los demás buscando su pecado? ¿Estoy preparado para morderles, despreciando corregirles con caridad y afecto? ¿Soy de los que acusan a los demás para ocultar mis culpas e impotencias?

¿Quien puede pedir perdón a Dios realmente? Quien no se perdona a si mismo. Dios es el que perdona y nos da la Gracia que nos convierte. Nosotros, a lo sumo, podemos olvidar nuestros errores sin llegar a transformarnos. Reflexionando sobre este texto se encuentran muchas claves del sacramento de la reconciliación y porque es como es y no de otra forma.

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Señor perdona nuestros pecados y sobre todo,
perdona que olvidemos que el perdón que convierte
sólo puede provenir de Ti.
Amén

8 comentarios:

NIP dijo...

Muy buena reflexión para la Cuaresma. Dejar que Dios me perdone y aceptar la salvación conseguida por Jesús.Por eso conviene no excusarse ni justificarse al confesarse sacramentalmente.Un abrazo.

Miserere mei Domine dijo...

Me alegro que le haya gustado la entrada. San Agustín tiene joyas que cuanto más se releen y se meditan, más jugo se les saca.

La segunda parte de este sermón no desmerece lo que he publicado, pero la he dejado para la siguiente tanda.

Un abrazo en Cristo :)

MM dijo...

Que podamos Señor en esta Cuaresma recibir tu perdón y experimentar tu infinita misericordia.

www.iconossannicolas.blogspot.com

Miserere mei Domine dijo...

Dios lo quiera y que así sea, MM. Gracias por pasarse por este rinconcito del ciber-espacio :)

mjbo dijo...

El Miserere es una de las mejores oraciones (salmos) para pedir perdón a Dios.
Misericordia Señor por tu bondad ... es que sin Su misericordia no podemos salir de nuestra ciénaga personal.

Y quien ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, no está en sus cabales: primero nuestra casa y luego, muy después, ayudar al vecino a arreglar la suya.

Saludos Miserere

Miserere mei Domine dijo...

La misericordia de Dios es lo que nos mantiene vivos y la que nos da todos los inmerecidos dones de los que disfrutamos. Orar a Dios pidiendo misericordia es simplemente ponernos a sus pies y solicitar que su voluntad sea lo que prevalezca. Gracias por dejar tus pensamientos mjbo. Un abrazo en Cristo :)

Alonso Gracián dijo...

Durante un tiempo yo pensaba de mí mismo que no tenía remedio. Hasta que descubrí la Gracia de Cristo, que por los sacramentros me hizo nacer de nuevo.

Me confirmó que efectivamente no tengo remedio, que es Cristo quien me cura, me sana, me fortifica y me da cada momento una nueva otra oportunidad. Tengo remedio en el Señor. Nuestro remedio es Cristo, vencedor de todo mal.

Un abrazo en el Señor.

Miserere mei Domine dijo...

Cierto Alonso, no tenemos remedio por nosotros mismos. Somos duros de mollera y testarudos en nuestros erores. Somo vasijas agrietadas incapaces de reterne el agua... por eso necesitamos del la fuente de agua sana nuestra naturaleza rota. Que el Señor comparta con nosotros el Agua que cuando se bebe no se vuelve a tener sed.

Un abrazo en Cristo :)

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