jueves, 5 de mayo de 2011

Nada somos, Señor.

Hijo, cuanto puedes salir de ti, tanto puedes pasarte a Mí. Así como no desear nada exteriormente, produce la paz interior; así el negarse interiormente, causa la unión con Dios. Quiero que aprendas la perfecta renuncia de ti mismo en mi voluntad, sin replica ni queja. Sígueme: YO SOY CAMINO, VERDAD Y VIDA. Sin camino no hay por donde andar; sin verdad no podemos conocer; sin vida no hay quien pueda vivir. Yo soy el camino que debes seguir, la verdad que debes creer, la vida que debes esperar. Yo soy camino inviolable, verdad infalible, vida interminable. Yo soy camino muy derecho, verdad suma, vida verdadera, vida bienaventurada, vida increada. Si permanecieres en mi camino, conocerás la verdad, y la verdad te librará y alcanzarás la vida eterna.

Si quieres entrar en la vida, guarda mis mandamientos. Si quieres conocer la verdad, créeme a Mí. Si quieres ser mi discípulo, niégate a ti mismo. Si quieres poseer la vida bienaventurada, desprecia la presente. Si quieres ser ensalzado en el cielo, humíllate en el mundo. Si quieres reinar conmigo, lleva la cruz conmigo. Porque sólo los siervos de la cruz hallan el camino de la bienaventuranza y de la luz verdadera. (Tomás de Kempis. La imitación de Cristo. 56, 1-2)

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La Luz verdadera o increada es el mismo Cristo que ilumina y nos comunica el sentido de todo. No nos valen los honores y las prebendas. Los orgullos las soberbias. Las preeminencias y las excelencias. Tal como nos dice Tomás de Kempis, “humíllate en el mundo”. No somos nada por nosotros mismos. Si algo va adelante es por voluntad de Dios. Es vanidad creer que ha sido nuestra voluntad la que ha producido aquello bueno o maravilloso que hemos visto surgir de nuestra acciones.

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Señor, ayúdanos a vernos como somos
Y a darnos cuenta que nuestro corazón no está limpio.
Si estuviera limpio, podríamos ver Tu voluntad guiando nuestros pasos hacia Ti
Humillémonos en el mundo. Nada somos sin Cristo.
Amén

2 comentarios:

Alonso Gracián dijo...

Qué alegría que traigas al Kempis, obra capital, que ilumina como ninguna otra, tras la Palabra de Dios.
Enhorabuena por tu participación en el encuentro de bloggers.

Me ha gustado mucho, por su importancia, esto que has escrito:

"No nos valen los honores y las prebendas. Los orgullos las soberbias. Las preeminencias y las excelencias."

Los cristianos no buscamos glorias del mundo, despreciamos las condecoraciones y los trofeos de la ciudad terrenal. Nuestro galardón es Cristo y nuestro orgullo humillarnos como el Señor.

Un abrazo muy fuerte.

Miserere mei Domine dijo...

Siempre al servicio de Señor. Como herramientas, El nos mantiene y nos da cabida en sus planes. Pero por nosotros mismos ¿Qué podemos hacer?

De Roma he venido con más bríos y ganas. Dios es grande y sabe darnos las energía precisas en los momentos adecuados.

Me alegra que te guste la entrada.

Un abrazo en Cristo :)

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