domingo, 6 de noviembre de 2011

Tened encendidas las lámparas

La oración hecha durante la noche tiene un gran poder, mayor que la que se hace durante el día. Es por eso que todos los santos han tenido la costumbre de orar de noche, combatiendo el amodorramiento del cuerpo y la dulzura del sueño, sobreponiéndose a su naturaleza corporal. El mismo profeta decía: «Estoy agotado de gemir: de noche lloro sobre el lecho, riego mi cama con lágrimas» (Sl 6,7) mientras suspiraba desde lo hondo de su corazón con una plegaria apasionada. Y en otra parte dice: «Me levanto a medianoche a darte gracias por tus justos juicios.» (Sl 118, 62). Por cada una de las peticiones que los santos querían dirigir a Dios con fuerza, se armaban con la oración durante la noche y así recibían lo que pedían.

El mismo Satanás nada teme tanto como la oración que se hace durante las vigilias. Aunque estén acompañadas de distracciones, no dejan de dar fruto, a no ser que se pida lo que no es conveniente. Por eso entabla severos combates contra los que velan para hacerles desdecir, tanto como sea posible, de esta práctica, sobre todo si se mantienen perseverantes. Pero los que se ven fortificados contra estas astucias perniciosas y han saboreado los dones de Dios concedidos durante las vigilias, y han experimentado personalmente la grandeza de la ayuda que Dios les concede, le desprecian enteramente a él y a todas sus estratagemas. (San Isaac de Siria. Sermones ascéticos)


San Isaac nos habla de orar de noche, en vigilias que se adentran en la madrugada y que se extienden hasta las primeras luces de la mañana. ¿Tenemos hoy en día la capacidad de entender este tipo de oración? Seguramente nos parezca un esfuerzo inútil. Ciertamente la oración nocturna es beneficiosa, pero hay noches que no son la ausencia de sol.  

La oración es como una vela encendida en la noche. La noche interna que todos vivimos mientras vivimos en este mundo. La oración es una vela que nos ilumina y nos permite contemplar lo que nos rodea y en lo que nos rodea encontramos a Dios. Si oramos en todo momento, la oscuridad del mal se encuentra una luz que no les es fácil superar.

¿Cuáles son los beneficios que nos indica San Isaac? ¿Serán aquellos que queramos y que incorporemos a modo de súplica? San Isaac nos dice que podemos tener esperanza “a no ser que se pida lo que no [sea] conveniente

Los beneficios que Dios nos ofrece son dones y virtudes. Dones y virtudes que nos transforman por medio de la Gracia de Dios. Una vez transformados, veremos las necesidades y caprichos del mundo, como innecesarios. Lo que sentiremos será el llamado de la santidad que es lo que realmente deberíamos pedir en todo momento: “”Por cada una de las peticiones que los santos querían dirigir a Dios con fuerza, se armaban con la oración durante la noche y así recibían lo que pedían”. Los santos saben qué pedir y Dios sabe como darles aquello que piden.

Roguemos a Dios para que nos ayude a saber pedir de corazón sus dones y virtudes. 

4 comentarios:

Alonso Gracián dijo...

Una hermosa reflexión, amigo Miserere.

Es verdad lo que dices, puede parecernos un esfuerzo inútil, que perdemos el tiempo. Pero hemos de perder la vida por Cristo para ganar la verdadera Vida.

Y desde luego, lo primero que hemos de pedir son las virtudes y los dones, porque ser santos es lo más importante de nuestra vida.

Gracias y un abrazo

José Ramón dijo...

Qué hermosa esta entrada
Un cordial saludo desde…
Abstracción textos y Reflexión.

Miserere mei Domine dijo...

Gracias Alonso y José Ramón. Un abrazo en Cristo :)

NIP dijo...

Buenas tardes Miserere mei Domine. Nada teme más el infierno que nuestras oraciones, sobre obtener lo que se pide reconozco que no debo pedir bien ni como conviene casi siempre.Un abrazo.

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