jueves, 2 de marzo de 2017

¿Cisma? ¿Qué Cisma? Una posible respuesta: "los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo" (y III)

Vivimos tiempos complicados y a la vez, muy interesantes y motivadores. Motivadores para ser verdaderos testigos del Evangelio. Ojo el Evangelio completo, no recortado. Momentos para ser testigos de la Fe Apostólica. Ojo de la Fe que procede de la Tradición Apostólica, no de los flujos de cada momento. La gran pregunta es ¿Cómo ser verdaderos testigos en pleno siglo XXI? Desde luego, ser testigos apologéticos de espada en mano no vale para nada. Hay tantos de tantas visiones, ideologías y tendencias, que serás uno más que da gritos en medio de una multitud a la que molestas y se alejan de ti. 

En este sentido, podemos buscar un modelo eclesial muy conocido y al mismo tiempo, necesitado de ser reinterpretado dentro de esta sociedad líquida: el eremitismo. Vivir en el mundo, como si no fuéramos del mundo. Incluyamos dentro del mundo las estructuras humanas de la Iglesia y los enfrentamientos internos que nos destrozan continuamente. Podemos encontrar un modelo de esta forma de vivir en la milagro de andar sobre las aguas. Si Cristo nos da la mano y confiamos en Él, caminaremos sobre la sociedad líquida que pugna por tragarnos y ahogarnos en ella. No dejamos de correr el peligro de volver a hundirnos, pero sabemos que Cristo nos ayudará a no hacerlo.

El eremitismo es un modo de vida nacido en Oriente en el siglo III. Se conocen los primeros eremitas o ermitaños en Egipto y Siria, pero el modelo fue exportado rápidamente a toda la cristiandad.

El eremita es un cristiano que ve imposible cumplir con una vida cristiana dentro de la sociedad que le rodea. Ser verdaderamente cristiano fue tan complicado en el siglo III como en la actualidad. Nada nos predispone o ayuda a ello. El eremita busca, con toda libertad, una vida contemplativa y penitente que ofrecer a Dios. Podemos ser eremitas en pleno siglo XXI y en medio de nuestra sociedad? No hay que olvidar la necesidad de ser testigos del Evangelio y para ello no es adecuado aislarse como se hacía en la antigüedad. Lo ideal sería conseguir ser una piedra incómoda en el zapato de la postmodernidad, sin que la liquidez social perturbara la paz interior que deseamos alcanzar

Podemos reflexionar sobre varios aspectos:

Aislamiento social: Se puede vivir más aislado dentro de una sociedad moderna, que en medio del Amazonas. Hay personas que viven terriblemente solas en medio de una ciudad de varios millones de congéneres.

Vida contemplativa: Se puede encontrar a Dios en todo lo que hacemos, incluso cuando escribimos en una computadora. Indudablemente hay actividades no recomendables para encontrar a Dios, porque nos predisponen al pecado, pero Dios está en todas partes y es posible contemplar su obra dentro de las ciudades que hemos creado.

Prácticas religiosas: ¿Se puede rezar el rosario en el metro? ¿Se puede dar gracias a Dios por el alimento en un pequeño restaurante? ¿Se puede asistir a la Liturgia con asiduidad en una ciudad? Esta última pregunta es la más complicada, porque puede ser que tengamos que desplazarnos muchos Km para encontrar una celebración digna y poder confesarnos con asiduidad. En todo caso, encontramos los mismos problemas que un ermitaño que viva en medio del desierto.

Como he comentado muchas veces, la carta a Diogneto nos da unas pautas muy claras para acercarnos a una vida cristiana dentro de la sociedad que vivimos. Si no la han leído, léanla con detenimiento porque merece la pena.


Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpoEl alma, en efecto, se halla esparcida por todos los miembros del cuerpo; así también los cristianos se encuentran dispersos por todas las ciudades del mundo. El alma habita en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; los cristianos viven en el mundo, pero no son del mundo.

El alma invisible está encerrada en la cárcel del cuerpo visible; los cristianos viven visiblemente en el mundo, pero su religión es invisible. La carne aborrece y combate al alma, sin haber recibido de ella agravio alguno, sólo porque le impide disfrutar de los placeres; también el mundo aborrece a los cristianos, sin haber recibido agravio de ellos, porque se oponen a sus placeres.

¡Alabado sea el Señor! 





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