miércoles, 3 de agosto de 2011

No hay medida para la belleza del hombre que es humilde

No hay medida para la belleza del hombre que es humilde. No hay pasión, cualquiera que sea, capaz de acercársele al hombre que es humilde, y no hay medida para su belleza. El hombre humilde es un sacrificio de Dios. El corazón de Dios y de sus ángeles, descansan en aquel que es humilde. Más aún, cuando los ángeles lo glorifiquen, hay una razón para él que le ha logrado todas las virtudes, pero para aquel que se ha revestido de la humildad no será necesaria ninguna razón, aparte de que se ha hecho humilde. (San Efrén de Siria. Epístola a un discípulo, fragmento)

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La humildad es una virtud poco apreciada en la sociedad actual, ya que sólo desde la soberbia y la avaricia podemos ser los estupendos consumidores que se desea que seamos.

Pero la humildad nos desidia o desafecto. Tenemos que tener cuidado de valorar la imagen de Dios que portamos en cada uno de nosotros. Valor que no tiene nada que ver con nosotros, sino que es don directo de Dios. Si la humildad desprecia esta imagen, se convierte en una soberbia camuflada.

Realmente no es fácil caminar por el sendero de la humildad. Requiere la justa y divina proporción entre la negación de si mismo y la exaltación del reflejo de Dios en nosotros. Por nosotros mismos no podemos conseguir esta proporción. Debe ser Dios quien nos lo conceda por medio de la Gracia que nos transforma.

Pero ¿Por qué es bello un hombre humilde? Porque refleja a Dios con más fidelidad. 

5 comentarios:

Maria del Rayo dijo...

Acertadísimo.
Nuestro Modelo Único, fue tan humilde, por eso "Dios lo exaltó tan alto que a todo excedio" así San Pablo nos lo dice en su bello himno cristologico ser humildes como Jesús.
Me encanta, me encanta.
DTB!!

Miserere mei Domine dijo...

Lo que me llama más de este texto es cómo indica que a más humildad más belleza. Gracias María :)

Alonso Gracián dijo...

Dices:

""Valor que no tiene nada que ver con nosotros, sino que es don directo de Dios""

Desde luego. Sin duda alguna. Es un don de Dios.

Dices:
""Por nosotros mismos no podemos conseguir esta proporción. Debe ser Dios quien nos lo conceda por medio de la Gracia que nos transforma."

Da gusto leer estas cosas. Tu discurso, Miserere, se va espiritualizando más cada vez;

cada vez, en todo este tiempo que llevo leyéndote, cada vez el ser humano ocupa un papel más discreto en lo que escribes, y la Gracia ocupa el papel preponderante que le corresponde.

La primacía de la Gracia. Es la doctrina católica verdadera de siempre, que hoy es desconocida por la inmensa mayoría de los católicos.

Tu lenguaje se vuelve cada vez más católico, y te felicito por ello. Es un don descubrir la primacía de la Gracia.

He aquí la humildad. Saber de nuestra indigencia absoluta, que no tenemos nada que no recibamos del Señor.

Un abrazo

Miserere mei Domine dijo...

Poco puedo aportar más allá de lo que dice San Efrén. Gracias Alonso :)

Marian dijo...

¡Muy bueno tu post Miserere!Dios se
enamora del alma humilde.
¿ Que tenemos que no hallamos recibido de Dios? A El toda la Gloria
por los siglos.
¡Muchas gracias!
Bendiciones.

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