lunes, 8 de agosto de 2011

Quien te hizo sin ti, no te justificará sin ti


Por lo tanto, hermanos míos, conservemos esta justificación en la medida en que la poseamos, aumentémosla en la proporción que requiera su pequeñez para que sea plena cuando lleguemos al lugar donde se dirá: ¿Dónde está, ¡oh muerte!, tu victoria? ¿Dónde está, ¡oh muerte!, tu aguijón? Todo proviene de Dios, sin que esta afirmación signifique que podamos echarnos a dormir o que nos ahorremos cualquier esfuerzo o hasta el mismo querer.

Si tú no quieres, no residirá en ti la justicia de Dios. Pero aunque la voluntad no es sino tuya, la justicia no es más que de Dios. La justicia de Dios puede existir sin tu voluntad, pero no puede existir en ti al margen de tu voluntad. Se te ha manifestado lo que debes hacer. La ley te dice: «No hagas esto o aquello; haz esto y lo otro». Se te ha manifestado, se te ha mandado, se te ha descubierto: si tienes corazón, sabes qué has de hacer; si conoces la fuerza de la resurrección de Cristo, pide el poder hacerlo. Pues fue entregado por nuestros delitos y resucitó para nuestra justificación. ¿Qué significa para nuestra justificación? Para justificarnos, para hacernos justos. Serás obra de Dios, no sólo por ser hombre, sino también por ser justo. Mejor es para ti ser justo que ser hombre. Si el ser hombre es obra de Dios y el ser justo obra tuya, al menos esa obra tuya es más grande que la de Dios. Pero Dios te hizo a ti sin ti. Ningún consentimiento le otorgaste para que te hiciera. ¿Cómo podías dar el consentimiento si no existías? Quien te hizo sin ti, no te justificará sin ti .(San Agustín. Sermón 169,13)

-oOo-

 ¿Qué es justificarse? En el entendimiento cotidiano es dar razón de nuestra acciones e inacciones. Ante los intentos de dar explicaciones de nuestros actos, más de una vez nos han dicho: “no te justifiques, acepta tus fallos”. Esta justificación no es de la que habla San Agustín y por eso nos resulta complicado entender lo que nos dice. Justificarse no es dar razones personales, es algo muy diferente.

Justificarse (iustum facere) es “hacerse justo a uno mismo”. Recrearse con la proporción adecuada, perfecta, divina.  ¿Qué proporción? La proporción con la que fuimos creados y perdimos con el pecado. Es decir, justificarse es santificarse, hacerse santo. ¿Podemos hacernos santos por nosotros mismos? ¿Podemos cambiar nuestra naturaleza? Dado que nuestra naturaleza nos hace ser lo que somos, por nosotros mismos no podemos transformarnos. La piedra sólo queda transformada en una obra de arte, llena de significado y proporción, cuando el cincel del artista termina su obra.

Nosotros somos más que piedra pasiva carente de conciencia de si misma y de lo que le rodea. Nosotros tenemos consciencia y voluntad. Por eso somos capaces de desear transformarnos según el modelo inicial del Artista. Podemos desear y querer ser reconstruidos según las proporciones iniciales dadas por quien nos creó.

Igual que no podemos esperar ser quienes nos transformemos a nosotros mismos, tampoco podemos esperar que el Creador nos cambie sin que nuestra voluntad esté presente y participe en todo el proceso.

Dice San Agustín: “ Se te ha manifestado lo que debes hacer. La ley te dice: «No hagas esto o aquello; haz esto y lo otro». Se te ha manifestado, se te ha mandado, se te ha descubierto: si tienes corazón, sabes qué has de hacer; si conoces la fuerza de la resurrección de Cristo, pide el poder hacerlo.

¿Sabemos que hacer? ¿Conocemos la manifestación de la voluntad de Dios? ¿Tenemos corazón?

Es decir, si tenemos conocemos la revelación de Dios, tenemos consciencia de lo que somos, sabremos lo que tenemos que hacer. Si creemos en la fuerza de la resurrección Cristo, es decir, la fuerza que transforma las naturalezas y que es la voluntad de Dios, nos queda rogar y aceptar la conversión. Qué fácil es decirlo y que complicado es hacerse con el valentía necesaria para abrir la puerta a Dios y aceptar todas las consecuencias que trae consigo.

19 comentarios:

Alonso Gracián dijo...

Dices:

"somos capaces de desear transformarnos según el modelo inicial del Artista. Podemos desear y querer ser reconstruidos según las proporciones iniciales dadas por quien nos creó"

Somos capaces de todo ésto únicamente por la Gracia recibida gratuitamente, que justifica,

que es iniciativa de Dios, inmerecida, por misericordia,

y por los méritos de la Pasión de Cristo.

Esta capacidad que dices no es capacidad natural, sino don gratuito e inmerecido de Dios recibido por el Bautismo y desarrollado por nuestra libertad movida por la misma Gracia..

un abrazo muy fuerte y gracias por hablar de estos temas

Miserere mei Domine dijo...

San Agustín nos habla del mayor regalo que pudo darnos Dios: la voluntad. No seré quien desdeñe este regalo de Dios ni quien deje en segundo plano la Voluntad de Dios.

Dios no nos justificará sin nosotros, como Lutero piensa. Tampoco nos deja en un pasivo segundo plano, como lo quietistas creen. No podemos nada sin El, como los pelagianos defienden. Tampoco estamos a merced de dos potencias antagónicas, Dios y pecado, como los gnosticistas postulan.

El equilibrio necesita de la proporción y la proporción no se fija por nuestros gustos y querencias.

En la justa y divina proporción se refleja la Voluntad de Dios.

Gracias por el comentario Alonso :)

Alonso Gracián dijo...

Somos unos cabezotas. Siempre estamos con el mismo debate :)

Ahora yo te diría: pero la voluntad no puede elegir el bien salvífico ni ponerlo por obra sin el impulso constante de la Gracia.

Y tú me dirás que estás de acuerdo peeeero...

un abrazo y perdón por tanto debate.

Miserere mei Domine dijo...

Coincido al 100% la calificación de cabezotas :-))))

Esta mañana compartía en el blog de D. Javier un párrafo de Clemente de Alejandría:

"Está dicho: «Busca y encontrarás» (cf. Mt 7, 7; Lc 12, 9)... Hay que aguzar la vista del alma en la investigación, y hay que purificarse de los obstáculos de la emulación y la envidia, y hay que arrojar totalmente el espíritu de disputa, que es la peor de las corrupciones del hombre... Es evidente que el investigar acerca de Dios, si no se hace con espíritu de disputa, sino con ánimo de encontrar, es cosa conducente a la salvación." (Clemente de Alejandría)

Que no haya espíritu de disputa o envidia entre nosotros. Sobre todo porque actuamos de buena fe y amando. Además, tal como te comenté cuando el diálogo empezó, podemos pasarnos media eternidad buscando al cuadratura del círculo.

Un abrazo en Cristo :)

Alonso Gracián dijo...

Por supuesto que no es espíritu de disputa. Ese nace del maligno.

Es espíritu de búsqueda de la verdad, diálogo socrático asistido por la gracia y desde la caridad fraterna.

Un abrazo y espero que sigamos debatiendo en el Señor para mayor gloria suya, no nuestra.

Alonso Gracián dijo...

Lo que pasa es que debatir con ingenieros e informáticos es una tarea muy ardua, porque son de una especie de cabezoneria muy peculiar.

:-))

Miserere mei Domine dijo...

Y si encima los ingenieros se meten a teólogos... la mollera se solidifica en coridón :-)))

NIP dijo...

Buenos días. Sin ti que proclamas ante el tribunal señalando al juez: Jesús es mi Señor, mi redentor. El amor se ha encarnado y así se ha manifestado a los pequeños, si amamos cumpliremos, si amamos querremos ser cristos y que nos habite el Espíritu Santo y Él nos defenderá en el juicio porque antes fuimos misericordiosos, pacientes, mansos, etc resumido en Cristos-cristianos.Me encantó la entrada.Un abrazo.

Javier Sánchez Martínez dijo...

animado debate de cabezotas, incluyendo a un servidor.

Hemos de convencernos todos de que sin la Gracia, nada de nada, nada podemos hacer.

Veremos el bien, querremos realizarlo y no lo haremos; veremos el mal, querremos evitarlo, pero la concuspicencia sin la gracia hará que caigamos. Es de san Agustín la expresión "mendigos de la gracia", y me parece genial.

Sí disiento en algo, Miserere: tal vez más que la voluntad -puestos a hacer disquisiciones- me parece la inteligencia aún mayor, porque es participación en el Logos y lo que nos califica como seres humanos, personas.

Un abrazo a todos.

Miserere mei Domine dijo...

No veo que disintamos D. Javier :)

Sin voluntad la inteligencia es inútil. La inteligencia, en sintonía con la emotividad, mueven a la alocada voluntad para que abra las puertas a la Gracia.

Sin la Gracia, nada de nada. Pero nada de nada, porque no tenemos capacidad de cambiar nuestra naturaleza por nosotros mismos. Pero, hay que querer abrirse a la Gracia y en eso la inteligencia lleva la varita de avellano para conducir la alocada voluntad.

No entro en el mérito o demérito de nuestra participación en el milagro de la conversión. En todo caso el mérito lo ganó Cristo en la Cruz para nosotros.

Las molleras de corindón gozan chocando y sacando chispas por matices que a veces son sólo irreconciliables entendimientos personales. Pero las chispas son bonitas :-)))) o al menos nos lo parecen :-)))) Menudos somos.

Que Dios le bendiga :)

Miserere mei Domine dijo...

Me ha encantado lo que ha dicho NIP:

si amamos querremos ser cristos y que nos habite el Espíritu Santo y Él nos defenderá en el juicio porque antes fuimos misericordiosos, pacientes, mansos

Dios nos ayude a querer ser otros cristos a la medida que le plan de Dios lo estime. Un abrazo en el Señor :)

NIP dijo...

Gracias Miserere mei Domine, don Javier centra el asunto señalando una potencia del alma que a menudo no se valora como conviene y estudia su alcance por esa participación en el Logos. Llega más lejos que nuestra voluntad y es adhesión de adoración.Un abrazo.

Miserere mei Domine dijo...

Estimado NIP,

Confieso que estoy verde en el tomismo. El discurso de las potencias del alma emplea conceptos que no termino de encajar y por eso se me hace árido todo el edificio que construye a partir de allí.

Por eso me siento mucho más cómodo con el teología agustiniana. Su entendimiento es mucho más cercano al mio.

Entrado un poco más en el asunto., cito un párrafo de un discurso muy esclarecedor de S.S. Benedicto XVI:

"En la conciencia, el hombre en su integridad —inteligencia, emotividad, voluntad— realiza su vocación al bien, de modo que la elección del bien o del mal en las situaciones concretas de la existencia acaba por marcar profundamente a la persona humana en toda expresión de su ser. Todo el hombre, en efecto, queda herido cuando su actuación va contra el dictamen de su conciencia. Sin embargo, incluso cuando el hombre rechaza la verdad y el bien que el Creador le propone, Dios no lo abandona, sino que precisamente mediante la voz de la conciencia, sigue buscándolo y sigue hablándole, a fin de que reconozca el error y se abra a la Misericordia divina, capaz de sanar cualquier herida.
(Benedicto XVI Sala Clementina, Sábado 26 de febrero de 2001)

La integridad del Ser humano se puede "entender" como compuesta por tres pilares, partes o dimensiones. Si uno de ellos falta, el ser humano deja de actuar (voluntad) como lo que es y se rebaja a un estrato inferior presente en él.

Por eso indicaba que lo expuesto por D. Javier está en total consonancia con mi forma de entender el problema. Es decir, no discrepamos.

Gracias NIP, un abrazo en el Señor :)

Alonso Gracián dijo...

Amigo mío, para que estés menos verde en Santo Tomás, te copio una frase sobre tu potencia preferida, que estoy seguro te gustará mucho:

"La voluntad se mueve por sí misma, pero es movida por Dios a moverse por sí misma"

(Suma Teológica I., q. 105)

un abrazo y santo domingo

Alonso Gracián dijo...

Por cierto, a mi mollera de corindón le ha gustado mucho esto que escribiste:

"En todo caso el mérito lo ganó Cristo en la Cruz para nosotros."

Creo que aquí es el meollo de todo el Plan de Dios sobre nuestra salvación.

La fe que tenemos, y la gracia que nos hace nace por ella de nuevo,

no es nuestra. Nos la ha ganado el Señor en la Cruz.

Un abrazo supercabezota

Miserere mei Domine dijo...

El Aquinate me confunde con frecuencia, ya que habla en términos filosóficos que no se corresponden a los términos naturales.

"La voluntad se mueve por sí misma, pero es movida por Dios a moverse por sí misma" (Suma Teológica I., q. 105)

¿Movimiento o capacidad de movimiento? Porque movimiento implica muchos elementos secundarios a discenir. ¿Quien los discierne? Nosotros o la Gracia de Dios. ¿Hay proporción en cada uno de ellos? Ufff....

En la espiritualidad budista hay algo que se llama Koan: una frase aparentemente sencilla cuyo sentido es indeterminable o cambia según tomemos unas condiciones iniciales u otras. Esto es lo que parecen muchos pensamientos tomistas.

En todo caso, creo que Santo Tomas habla de capacidad de movimiento, que no es más que el don de libertad que nos ha dado Dios.

Gracias Alonso :)

Alonso Gracián dijo...

Tranquilo, con la frase de Santo Tomás no pretendía que alcanzaras el satori :))

Sólo quería resaltar la INCAPACIDAD de actuar que tiene la voluntad para realizar actos salvíficos sobrenaturales ,

si la Gracia Divina no la empuja, da fuerza, conserva en la acción y conduce hasta el final

de forma que realice la acción saludable libremente.

El Aquinate lo que quiere explicar es la depedencia total que tiene la voluntad humana de la Gracia divina a la hora de poder hacer acciones salvíficas. Tal y como enseña el Magisterio Eclesiástico.

Por ejemplo, el 534 del Catecismo de san Pío X:

""¿Podemos con nuestras solas fuerzas hacer algo que nos ayude para la vida eterna? Sin el socorro de la Gracia de Dios no podemos con solas nuestras fuerzas hacer ninguna cosa que nos ayude a alcanzar la vida eterna.""

Es decir, lo que dice Doctor Universal: la voluntad actúa libremente PORQUE Dios la empuja, alienta y mantiene a actuar libremente. Porque es movida por Dios, si no, se estaría quieta.

La salvación es por Gracia. Porque Dios nos elige. Porque el Padre atrae nuestra voluntad y nosotros no resistimos esa atracción (Aunque bien podemos resistirla: misterium iniquitatis.).

Porque recibimos libremente la Gracia divina que nos elige. Y el que no se salva, es por su culpa.

Es un Misterio.

Un saludo sin satori, bien lleno de corindón u otra materia pesada.

Miserere mei Domine dijo...

Pax et bonum, estimado Alonso.

En un rato cojo el tren para los madriles y asistir al encuentro de blogueros con el Papa. Dios nos ilumine para ser testigos de su Nombre y para mayor gloria Suya.

Un abrazo en el Señor :)

Alonso Gracián dijo...

Qué bien, qué oportunidad más buena tienes. Aprovecha bien en Cristo y reza mucho por nuestra diócesis, que tanto necesita apostóles como tú.

Un abrazo y buen viaje

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