viernes, 26 de agosto de 2011

Que tome su cruz y me siga


A lo largo de tu vida Cristo no te pide que lleves con Él toda su pesada cruz, sino tan solo una pequeña parte aceptando tus sufrimientos. No tienes nada que temer. Por el contrario, tente por muy dichoso de haber sido juzgado digno de tener parte en los sufrimientos del Hombre-Dios. Por parte del Señor, no se trata de un abandono ni de un castigo; por el contrario, es un testimonio de su amor, de un gran amor para contigo. Debes dar gracias al Señor y resignarte a beber el cáliz de Getsemani.

A veces el Señor te hace sentir el peso de la cruz; este peso te parece insoportable y, sin embargo, lo llevas porque el Señor, rico en amor y misericordia, te tiende la mano y te da la fuerza necesaria. El Señor, ante la falta de compasión de los hombres, tiene necesidad de personas que sufran con el. Por esta razón te lleva por los caminos dolorosos de los que me hablas en tu carta. Así pues, que el Señor sea siempre bendito, porque su amor trae suavidad en medio de la amargura; el cambia los sufrimientos pasajeros de esta vida en meritos para la eternidad. (Padre Pío de Pietrelcina FSP, 119)

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Hoy en día nos cuesta sufrir. Padecer se nos hace imposible dentro de una sociedad en la que todo parece al alcance de la mano. No es extraño que oigamos que ante el sufrimiento, es mejor olvidar lo que nos ocurre. Ante la muerte, mejor es la eutanasia. Ante la dificultad, mejor que sea otro el que tome las riendas de nuestra propia vida. Así nos ha cogido la crisis económica. Desarmados y adictos al bienestar.

¿Dónde encontrar consuelo si nadie te puede dar lo que quieres? Casi suena a la cantinela de todo niño pequeño. Y es que somos una sociedad inmadura que piensa que la madurez es adolescencia y que la vejez es decrepitud.

Lo que el Padre Pio nos propone es sacrificarnos para superar el sufrimiento. Nos dice que el sufrimiento es un testimonio del amor de Dios. ¿Cómo es posible? Si Dios es bueno ¿Cómo quiere que suframos? Alguno pensará en que es un dios sádico o los sádicos son los que lo proponen como dios.

Pero para subir cualquier escalera hace falta sufrir. Para alcanzar la cima de un monte también. Para dar un paso más allá, día a día, hace falta sufrir. Lo que no se sufre no es realmente nuestro.

No es raro que nos preguntemos ¿Por qué sufrir para merecer? ¿Dónde quedan nuestros derechos? La respuesta está en el conocimiento del significado de la libertad. Antes que los derechos está la libertad que nos ofrece Dios. -¿Quieres? Pues avanza. Yo te ayudaré y te levantaré en tus innumerables caídas. Pero sigue adelante.- Dios no es una herramienta que nos sirva. Nosotros somos herramientas creadas para servirle si es nuestra voluntad. Si así lo queremos y dejamos que El ponga las fuerzas necesarias realizar Su obra. Esa fuerza que Dios hace sobre nosotros nos permite vencer el sufrimiento a través de nuestro sacrificio consciente.

2 comentarios:

Alonso Gracián dijo...

""«Llevad vuestra cruz alegremente: encontraréis en ella una fuerza victoriosa a la que ningún enemigo vuestro podrá resistir [Lc 21,15],

""y gozaréis de una dulzura inmensa, con la que nada puede compararse. Sí, hermanos míos, sabed que el verdadero paraíso terrestre está en “sufrir algo por Jesucristo” [Hch 5,41]…

""Imaginad todas las mayores alegrías que puedan darse en esta tierra: pues bien, todas están contenidas y sobrepasadas por la alegría de una persona crucificada, que sabe sufrir bien»

"«Alegraos, pues, y saltad de gozo cuando Dios os regale con alguna buena cruz, porque, sin daros cuenta, recibís lo más grande que hay en el cielo y en el mismo Dios.

""¡Regalo grandioso de Dios es la cruz!» San Juan Crisóstomo decía: «Si así me fuera dado, yo dejaría el cielo con mucho gusto para padecer por el Dios del cielo» (37).

San Luis María Grignon de Monfort, "Carta a los amigos de la cruz".

Un abrazo en el Señor

Miserere mei Domine dijo...

Un abrazo en el Señor de vuelta Alonso. Gracias por dejar tu comentario :)

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