lunes, 22 de junio de 2026

El arte de no conformarse con una Fe infantil


La Escuela de Alejandría fue un influyente centro intelectual y teológico situado en Egipto (siglos II-IV d.C.). En esta Escuela Catequética que fusionó el pensamiento griego con la fe cristiana y judía. Fue destacable su método alegórico de interpretación bíblica, que buscaba significados profundos tras la literalidad textual. La Escuela catequética de Alejandría nos legó una visión muy importante: el cristiano debía ser un profundo "conocedor del espíritu" para recoger la sabiduría que Dios nos ha dado. El objetivo es pasar de una Fe basada en las fluctuantes emociones a otra basada en el sólido conocimiento profundo.

A partir de esta visión, podemos realizar un diagnóstico de la Iglesia actual. Este diagnóstico no lleva a una propuesta que ya San Pablo realizó: Estamos centrados en vivir la Fe como una "dieta de leche". 

Les di de beber leche, pues no eran capaces de digerir alimento sólido, ni lo son todavía, porque aún son gente carnal. Pues mientras haya entre ustedes celos, peleas y divisiones, serán gente carnal y vivirán según criterios humanos. (1Co 3,2-3)

¿Qué problemas tiene la Fe basada en esta dieta de leche? Esta dieta intenta evitar problemas alérgicos en la posmodernidad en la que vivimos. Muchos cristianos de hoy siguen alimentándose de un entendimiento de la fe similar a la "leche" (conceptos básicos, infantiles y emocionales), cuando ya deberían estar comiendo "alimento sólido". Parece que intentamos reducir la Fe a sentirnos bien o a cumplir normas culturales externas, sin entender el porqué de los Misterios que dan sentido a nuestra vida de Fe.

Clemente de Alejandría es un ejemplo muy importante para entender lo que nos está pasando. Para Clemente, el cristiano perfecto es aquel que une la fe profunda con la razón iluminada. No basta con creer; hay que "ver" con la inteligencia el Misterio de Dios. No se trata de entender a Dios, imposible para nosotros, sino de comprender lo que Cristo nos ha legado para aplicarlo inteligentemente en nuestra vida.

¿Inteligentemente? ¿Pero la fe no es emotiva? Se preguntarán algunos. Lo cierto es que pensar de esta forma nos lleva a desarrollar nuestra vida cristiana a un nivel muy limitado. Clemente de Alejandría, en su obra "El Pedagogo", nos dice que Cristo no te lo da todo en un solo día. Introduce la idea de que Cristo es un maestro (pedagogo) que nos educa en etapas.El aburrimiento en la Iglesia actual proviene de creer que ya lo sabemos todo. Parece que, tras alcanzar las superficiales catequesis sacramentales contemporáneas, ya lo sabemos todo y sólo queda buscar emotividades culturales. La espiritualidad de la Escuela de Alejandría nos dice que siempre hay una capa más profunda a la que estamos llamados.

La fe es una disciplina intelectual y mística, basada en el entendimiento como acto de adoración. Leer a los Padres Apostólicos no es algo "frío" ni desfasado. Adentrarnos en estas lecturas nos permite encender la lámpara para ver mejor al Señor en nuestra vida. Lo que propone la Escuela de Alejandría es contraponer la "opinión" personal (lo que yo siento que es Dios) a la "Verdad". Verdad que no es algo oculto, sino lo que Dios nos ha revelado y que los Padres Apostólicos han custodiado.

¿Qué podemos hacer para empezar y que la fe no quede en teoría? Podemos elegir un solo tema profundo en el que nos interese profundizar. Por ejemplo, la Transfiguración o el sentido del "Logos" o la presencia real de Cristo en los sacramentos.

San Juan no relata una indicación sustancial del Señor:

"Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor; pero los he llamado amigos, porque les he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre." (Jn 15, 15)

Cristo nos ha dado a conocer lo que el Padre le ha indicado. ¿Tenemos claro esto?






jueves, 2 de abril de 2026

Recuperar el Misterio de la Fe en la era de la sobreexposición digital


Vivimos en la era de las luces de neón y de la hipercomunicación digital. Hoy, todo en nuestra vida —desde lo que comemos hasta lo que rezamos— parece estar diseñado para ser expuesto, fotografiado y consumido al instante. Todo tiene que suceder en unos pocos segundos o, a lo sumo, en un par de minutos. Esto se traslada a todos los aspectos de nuestra vida, incluso a nuestra Fe. Hemos caído en la trampa de la transparencia total e insustancial. Se nos ofrece una espiritualidad de escaparate, explicada con eslóganes sencillos y centrada en generar sentimientos de consumo rápido. Esto se debe a que intentamos competir con los flujos sociales, buscando hacer el cristianismo divertido, evidente y accesible. ¿No habremos terminado por hacerlo irrelevante?

Hubo un tiempo en que la Iglesia no funcionaba así. En los primeros siglos, los cristianos custodiaban su Fe como un tesoro de gran valor. Existía un velo de silencio que protegía los Misterios más sagrados para que no se diluyeran en lo insustancial. Esto no era por exclusivismo, sino por reverencia. Los cristianos de los primeros siglos sabían que el encuentro con Dios no es un producto de marketing, sino un lento y profundo camino que debemos recorrer.

Hoy, tristemente, la Iglesia parece diluirse en la horizontalidad del mundo; figuras como Clemente de Alejandría, Orígenes, San Agustín o San Martín de Tours, entre otros muchos, emergen no como piezas de museo, sino como guías de resistencia. 

Nuestra vida interior necesita volver a las raíces más místicas de los Padres de la Iglesia. Paradójicamente, este es un camino revolucionario para el católico del siglo XXI.

Los "Padres Apostólicos" conocieron a los Apóstoles o a sus discípulos directos. Su fe es fresca, vibrante y radical. No es alta teología, sino radicalidad evangélica. Para empezar, quizás el mejor consejo sea leer las Cartas de San Ignacio de AntioquíaSon breves y las escribió mientras iba camino al martirio. Leyéndolas, nos daremos cuenta de que no tienen rastro de fe superficial.

También es interesante leer un texto del cristianismo primitivo, la Didaché. Es el manual de instrucciones más antiguo del cristianismo (del siglo I). Al leerlo, nos daremos cuenta de cómo celebraban la Eucaristía y cómo vivían la moral cuando el cristianismo era una minoría perseguida.

Por último, otro texto maravilloso es la Carta a Diogneto. Conviene leerla con tranquilidad, párrafo por párrafo. No hay prisa. Muestra cómo entendían la Fe los primeros cristianos.

Espero que estas indicaciones les sirvan. El Señor nos dé fuerza, perdone nuestros pecados y luz para seguir sus pasos. Así sea.


domingo, 18 de enero de 2026

Andamos por la vida sin un mapa. Hemos olvidado el simbolismo


Resulta paradójico que vivimos en una cultura occidental cimentada sobre el cristianismo (cultura, leyes, catedrales, museos y literatura), pero la capacidad de decodificar el sentido de los mensajes que perviven en los símbolos se ha perdido casi por completo para el gran público y para los fieles.

Sufrimos una tristísima pérdida de la "alfabetización visual" de la fe. De hecho, vivimos nuestra vida de fe como caminantes sin mapa. Reducimos todo a lo que "sentimos emocionalmente", ignorando con desprecio el sentido cognitivo de la Fe. Se pueden citar mucho factores principales que han provocado que este lenguaje universal se haya vuelto críptico para la mayoría:

La ruptura de la transmisión cultural es algo que pesa sobre nuestros hombros. Durante siglos, el simbolismo cristiano no era algo que se estudiaba en libros académicos, sino que se absorbía por ósmosis cultural. La abuela explicaba al nieto por qué San Pedro tenía unas llaves o por qué Santa Lucía llevaba ojos en un plato. Hoy en día los padres regañan a los abuelos por hablar a sus nietos de la Fe que a ellos les llena de sentido. El fin de la "Tradición Oral" conlleva la secularización de la sociedad, la cadena de transmisión familiar se ha roto. Las nuevas generaciones ya no reciben este conocimiento en casa ni en la escuela de forma generalizada. La Fe se comprende como algo privado que hay que procurar ocultar. ¿Por qué ocultarlo? Porque socialmente se rechaza. Al relegarse la Fe al ámbito estrictamente privado, los símbolos públicos (el arte, la arquitectura) han perdido su función de "lenguaje común".

En la Edad Media, el simbolismo era funcional. La inmensa mayoría de la población no sabía leer ni escribir, por lo que las catedrales, vidrieras y esculturas funcionaban como libros de piedra. Podemos decir que vivimos un cambio de paradigma. Con la alfabetización universal y la imprenta, la necesidad de "leer imágenes" disminuyó drásticamente. Pero con la alfabetización digital, todo se convierte en emociones sociales dirigidas a tenernos entretenidos: pan y circo.

Hoy somos expertos en leer logotipos corporativos y señales de tráfico, pero hemos perdido la habilidad de leer una alegoría compleja. Vemos un cuadro de una mujer pisando una serpiente y vemos solo eso, mientras que un campesino del siglo XV entendía inmediatamente que era la Inmaculada Concepción y la derrota del pecado original. El simbolismo cristiano se nutre de textos que ya nadie lee culturalmente. Muchos símbolos, como el león de Judá o la zarza ardiente, requieren conocer el Antiguo Testamento. Sin esa base narrativa, el símbolo parece arbitrario.

Gran parte del arte cristiano se basa en las narrativas de vidas de santos y escritos sapienciales. Si no conoces la leyenda de que un pelícano se abría el pecho para alimentar a sus crías con su sangre, ver un pelícano en un altar te parecerá simplemente un adorno zoológico extraño, en lugar de un símbolo de la Eucaristía. Paradójicamente, el cine, los videojuegos y el anime usan constantemente simbología cristiana, pero a menudo la vacían de contenido para rellenar de nuevos significados estos símbolos.

Por ejemplo,  series como Neon Genesis Evangelion o películas como El Código Da Vinci, se usan cruces, ángeles o cálices por su impacto visual o misterioso, no por su significado teológico real. Esto genera una generación que reconoce los símbolos, pero les asocia significados de fantasía o conspiración, alejándolos aún más de su sentido original.

El cristianismo nació y se desarrolló en sociedades agrarias y pastoriles. Sus metáforas centrales están relacionadas con la vida agraria: el Buen Pastor, el trigo y la cizaña, la vid y los sarmientos, el Cordero. Todo esto resuena poco en una sociedad urbana, tecnológica e industrial. Para un urbanita digital moderno, la imagen de un pastor separando ovejas de cabras es una referencia lejana, no una realidad cotidiana que explique una verdad espiritual profunda.  

El resultado es que caminamos "ciegos" y sin mapa, por nuestra propia historia. Entrar en el Museo del Prado o visitar la Catedral de Chartres sin conocer este código es como leer un poema en un idioma que no hablas: puedes apreciar la sonoridad (la estética), pero perdemos el mensaje que nos transmiten todos estos símbolos.

¿Cómo solucionar esta terrible pérdida de patrimonio simbólico? No es nada sencillo hacerlo, porque vivimos en un entorno muy diferente al que se vivió hasta el renacimiento. El periodo barroco y romántico, distorsionó bastante el simbolismo. Pero tras la década de los 60's del siglo pasado el simbolismo se ha ido borrando totalmente de nuestras de referencia de Fe. Miremos los templos actuales para darnos cuenta del austero emocionalismo social que impregna nuestra Fe. Analicemos la Liturgia que vivimos y nos  daremos cuenta de la ausencia de soporte sustancial que vamos dando a la Fe. Luego nos quejamos de que los templos estén vacíos. ¿Qué actividades se realizan en nuestros espacios de Fe? Abundan festejos socio-culturales y actividades socio-emocionales.

¿Dónde encontramos actualmente las obras de arte que deberían ayudarnos a consolidar la Fe? En los museos. De hecho, los templos son actualmente más visitados como museos que como llamas vivas que encienden nuestra Fe. Benedicto XVI habló de la necesidad de convertirnos en "minorías creativas" para sembrar en la sociedad actual la Semilla del Reino. Esperemos que la Iglesia descubra esto y recojamos el mapa que hemos tirado a la basura.


domingo, 28 de diciembre de 2025

La Mística es el Tesoro Escondido



Seguro que recuerdan la breve parábola del Tesoro Escondido (Mateo 13,44) habla sobre un hombre que encuentra un tesoro en un campo, lo vuelve a esconder y, gozoso, vende todo lo que tiene para comprar ese campo y poseer el tesoro. Este maravilloso símil nos permite ver más allá de lo cotidiano y social que nos rodea. Andamos cegados por la luces que el mundo ha colocado para que no nos demos cuenta de lo que realmente es esencial para nosotros.

El Tesoro Escondido nos muestra el valor del Reino de los Cielos y cómo deberíamos sacrificar todo por Él. Nos muestra cómo encontrar la trascendencia divina  que nos acerca a Dios cada día. Por esto, la Mística es un descubrimiento tan valioso que justifica renunciar a cualquier bien material o posesión terrenal por obtener esta relación espiritual.

La mística cristiana nos enseña una pauta muy interesante: no podemos saltar directamente a la Theosis (santidad) sin pasar antes por la Praxis (vida real). Quien busca trascender lo cotidiano, pero carece de humildad en la práctica diaria cae en la ilusión espiritual. Para comprender la mística cristiana, es necesario ir más allá de la definición de diccionario y entrar en la tensión entre lo que desborda nuestro entendimiento y lo revelado. No se trata de fenómenos extraordinarios (como levitaciones o visiones), sino de la maravillosa profundidad del encuentro con Dios.

De todas formas, demos un breve repaso a la etimología de la palabra mística. Mística, significa misterio o secreto, pero no como algo oculto que debamos de guardar para nosotros o para un grupo pequeño de "elegidos". La mística nos permite ver más allá de los físico para hablar de ello y compartirlo con quienes deseen escuchar. "Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas" (Mt 10,27)" ¿Quien nos habla al oido en las tinieblas del entendimiento? Es evidente que Cristo indica que Él es el agente que nos habla. Pero nunca nos va a hablar en un evento social, sino en el silencio del alma. También nos dice que no lo guardemos para nosotros. Lo debemos compartir en público, pero con cierto cuidado. ¿Cuidado? Ahora viene la segunda indicación a tener en cuenta.

Cristo también nos señala el gran peligro que tiene llevar lo que Él nos dice a los demás: "No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen con sus patas, y volviéndose os despedacen" (Mt 7, 6). Compartir lo que Dios nos susurra al oido, es peligroso y al mismo tiempo necesario. El Tesoro Escondido debe ser compartido, pero hay que ser consciente de lo que sucede cuando lo hacemos. El el mejor caso nos tomarán por locos y se reirán de nosotros. Después, nos ingnorarán con desprecio. El siguiente paso es encontrarnos con la violencia que se relata en la cita de San Mateo.

En los primeros siglos del cristianismo, se usaba la palabra "mystikos "para hablar del profundo sentido de la Palabra de Dios. Entiéndase el sentido místico como algo que Dios nos ofrece a cada uno de nosotros. Incialmente se referían a la realidad escondida tras los sacramentos. Más tarde, este término evolucionó para describir una experiencia interior: cerrar los sentidos al ruido del mundo para abrir el espíritu a la presencia de Dios. La mística sugiere un silencio sagrado que aparece cuando cerramos nuestra atención a lo exterior para entrar en el "misterio" profundo que Dios deposita en cada uno de nosotros.

La mística es no parte del ser humano, sino un don que Dios nos ofrece y que nosotros podemos aceptar o rechazar. Por ello no se esconde lo que Dios nos dice, sino que se comparte para que otras personas accedan al Tesoro Escondido y compren el terreno donde está enterrado. Terreno que es el ser profundo, el alma de cada uno de nosotros. El desafío es hacer lo que se puede leer en el Apocalipsis:

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Ap 3-20-22

¿A qué esperamos?

¡Feliz Navidad!




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sábado, 19 de abril de 2025

Feliz Pascua de Resurrección 2025



Esta noche celebramos la resurrección de Cristo, Dios y hombre verdadero. Debería ser el momento más venerado por nosotros y también, el momento en que abriéramos nuestro ser a la Gracia de Dios. Tal vez nos atrevamos a preguntarnos la razón por la que casi no damos importancia a la resurrección del Señor. ¿Qué es lo que nos pasa? Recordemos cuando Cristo curó a diez leprosos y sólo uno volvió para agradecer el milagro (Lc 17,11–19). El que regresó no era judío sino samaritano. Cuando la fe se hace cultura, aparecen muchas ventajas humanas. Pero, al mismo tiempo, se pierde el sentido trascendente de la Buena Noticia. ¿Cómo vamos a evangelizar si no damos importancia a lo que nos conduce más allá de lo cotidiano? Cristo, con frecuencia deja de ser Signo, para convertirse en herramienta.

Como el mismo Jesús lo atestigua, Él es aquel que «Dios, el Padre, ha marcado con su sello», para que sea un Signo. Pero ¿un Signo para qué? Para que exaltado en lo alto del estandarte de la cruz, como lo fue la serpiente de bronce levantada en medio del campamento (Nm 21), Él mismo haga que la mirada no sólo del pueblo judío, sino del universo entero se vuelva hacia él, y por su muerte en cruz atraiga el corazón de todos los hombres. Y enseñará a todos a poner solo en Él toda su Esperanza. Curando todas sus debilidades, perdonando todos sus pecados, abriendo a todos el Reino de los Cielos cerrado desde hacía mucho tiempo, le enseñará que es Él mismo «el que había de ser enviado..., el que esperaban las naciones» (Gn 49,10). Fue Él mismo quien levantó este Signo para todos los pueblos a fin de «reunir a los dispersos de Israel, y agrupar a los desperdigados de Judá de los cuatro puntos» (Is 11,12). (Pedro el Venerable (1092-1156), abad de Cluny. Sermón sobre la alabanza del Santo Sepulcro)

Cristo es signo, lo que nos llama a ver en Él la presencia de Dios entre nosotros. No es fácil entender y vivir esto actualmente. A Cristo le damos muchos significados y lo utilizamos de muchas formas. Pero rara vez lo vemos como Dios entre nosotros: Emmanuel.

Pidamos a Dios que no nos falte el aceite que permite esperarle sin dudas: la Esperanza. Roguémosle que verdaderamente seamos templos vivimos del Espíritu Santo. Pidamos que el olvido, indiferencia o desprecio, no nos haga perder la Fe que tanto necesitamos. Fe que es certeza profunda que no mueve y conmueve. Pidamos que nosotros, aunque seamos pequeños y faltos de toda fortaleza, podamos ser símbolos de la presencia de Dios en el mundo.

¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!

Feliz Pascua de Resurrección






martes, 15 de abril de 2025

Velad y orad, para que no entréis en tentación


Ya estamos en Semana Santa y tenemos delante de nosotros al Señor que se manifiesta de forma especial. ¿Cómo vivimos esta semana? ¿Realmente queremos ver a Cristo? ¿Cómo lo hacemos? ¿Lo hacemos como Zaqueo subidos a un sicomoro?  ¿Lo hacemos como el pueblo judío que prefirió salvar a Barrabás? En el Huerto de los Olivos, Cristo reza sintiendo todo el dolor que va a sufrir en breve. ¿Qué hacen los Apóstoles? Duermen. ¿No es esta nuestra actitud más frecuente?

La Semana Santa es un Camino. Un Camino que se inicia en Pascua y termina en la resurrección. En todo recodo del camino se hace evidente la gloria de Dios hecha realidad. ¿Nos conformamos con vivirla a nivel socio-cultural? Dicho sea que no es que sea malo hacerlo así, pero al hacerlo, nos quedamos en la capa más superficial del conocimiento de la Verdad:

Por eso, aquel día, algunos griegos, empujados por esta magnífica aclamación que honra a Dios con fervor, se acercaron a un apóstol llamado Felipe y le dijeron: "Queremos ver a Jesús". Mira: es toda la muchedumbre quien ocupa el lugar del Heraldo e incita a estos griegos a que se conviertan. En seguida, éstos se dirigen a los discípulos de Cristo: "Queremos ver a Jesús".

Estos paganos imitan a Zaqueo; no se suben a un sicómoro, sino que se apresuran a elevarse en el conocimiento de Dios (Lc 19,3). "Queremos ver a Jesús": no tanto contemplar su rostro, sino llevar su cruz. Porque Jesús, que veía su deseo, anunció sin ambages a los que se encontraban allí: "llega la hora en que el Hijo del hombre será glorificado", llamando gloria a la conversión de los paganos.

Y dio a la Cruz el nombre de "gloria". Porque desde ese día hasta ahora, la cruz es glorificada; es la cruz, en efecto, lo que todavía ahora consagra a los reyes, unge a los sacerdotes, protege a las vírgenes, da firmeza a los ascetas, estrecha los lazos de los esposos, fortalece a las viudas. Es la cruz la que fecunda la Iglesia, ilumina los pueblos, guarda el desierto, abre el paraíso. (Proclo de Constantinopla Sermón para el día de Ramos; PG 65, 772)

Contemplar el rostro de Cristo reflejado en las tallas que desfilan por muchas de nuestras ciudades, es maravilloso. Ver el rostro de la Verdad siempre conlleva acercarse al Misterio de la Voluntad de Dios. Es maravilloso, pero ¿Cuántas personas vieron pasar a Cristo por delante de ellos y no llegaron a intentar tocar su manto? Dios siempre da el primer paso, se presenta ante nosotros de muchas formas, pero espera que nosotros demos el segundo paso.

Llevar la Cruz conlleva negarnos a nosotros mismos y seguir los pasos de Cristo. No es tarea sencilla para un ánimo tan inconstante como el que todos tenemos. Como dice Proclo, pedir ver a Cristo conlleva poner nuestra pequeña e inconstante voluntad al servicio de la Voluntad de Dios. Pedir ver a Cristo es mucho más que mirar desde lo lejos las espléndidas apariencias, llenas de belleza, que nos trae la Semana Santa. Es dar un paso adelante y decir: “Sí quiero. Quiero que sea Tú Voluntad la que obre en mí. Quiero que ella me mueva y me haga tomar mi cruz y seguirte”.

La Cruz no es intrascendente para el ser humano del siglo XXI. No ha pasado de moda ni hemos encontrado nada que la sustituya. Tomar la Cruz destroza la pasiva aceptación de una fe costumbrista y sustentada en actos sociales. Tomar la Cruz produce que seamos repudiados por el mundo, que nos odiará como odió a Cristo. Tomar la Cruz significa dejar atrás el espacio de confort en el que tanto nos gusta vivir. Significa que cada paso es un paso que nos acerca al Señor. Es un paso que nos ayuda a construir la casa sobre Roca en nosotros.

Miremos en la Semana Santa una oportunidad. Un tiempo propicio para subir al sicómoro para que Cristo nos vea. Es el tiempo de hacer nuestra “la Cruz la que fecunda la Iglesia, ilumina los pueblos, guarda el desierto, abre el paraíso”. Nada de esto es sencillo, porque en este siglo XXI imperan las apariencias. Lo que realmente es trascendente y sustancial, lo olvidamos. Nos pasa como el aceite que olvidaron las Doncellas insensatas. Empleamos nuestra fuerzas humanas en construir torres de babel que nos prometen que llegarán al Cielo para que podamos llegar a Dios. Las torres de babel siempre generan disputas y enfrentamientos. La Cruz que Dios nos da, no genera nunca enfrentamientos. Esa es la prueba que permite ver más allá de las apariencias. Demos gracias a Dios.

miércoles, 24 de julio de 2024

El Velo del Templo

Y el velo del templo se rasgó en dos, de arriba a abajo. (Mc 15,38)

¿Qué significado tiene que el Velo del Templo se rasgue nada más morir el Señor en la Cruz? Se trata del Velo del Templo de Jerusalén y no era algo sencillo de atravesar. El historiador judío Flavio Josefo (S. I) escribió que era imposible de romper este velo. Tenía 20 metros de altura y diez centímetros de espesor. Josefo indicaba que para poderlo enrollar eran necesarios alrededor de setenta hombres. Pero una vez muerto el Señor, el Velo se rompe. Es una referencia que normalmente nos parece algo segundario, pero tiene gran importancia. Tres evangelistas lo indican en sus Evangelios y casi todos los Padres de la Iglesia lo tratan. ¿Qué nos pasa en este siglo XXI para andar tan ciegos y distraídos? Parece que el enemigo ha trabajado un nuevo velo con el que ocultar a Dios y su presencia real junto a nosotros.

Podemos indicar que este rasgado marca un momento crucial en la historia humana y señala el destino de la humanidad. Vemos que hay una sincronía entre dos espacios diferentes: el Gólgota y el Templo. La muerte del Señor genera un profundo cambio en ambos espacios. El Gólgota es el nuevo lugar de plenitud sagrada. Plenitud que se traslada al altar de nuestros templos. El Templo de Jerusalén tenía separado el mundo del "Sancta Sactorum", mediante este velo. Una vez roto el Velo, el Sancta Santurun dejaba de ser el centro del Misterio. Misterio que se traslada hasta el altar.  

El rasgado es un signo y como tal, nos debería comunicar un significado. Un significado profundamente trascendente para cada uno de nosotros y para toda la humanidad. En el Gólgota sucede lo extraordinario:

El centurión y los que estaban con él custodiando a Jesús, cuando vieron el terremoto y las cosas que sucedían, se asustaron mucho, y dijeron: En verdad éste era Hijo de Dios. (Mt 27, 54)

Una vez rasgado el Velo, el "Sancta Sactorum" es accesible a todo el que se acerque y desee entrar. 

El objetivo de rasgar el velo es abrir el camino hacia el corazón contemplativo de la tradición cristiana. El camino hacia la contemplación de el Misterio Cristiano. Lo que nos cuentan los evangelios se dirige, en primer lugar y sin vergüenza, a una audiencia católica y, como tal, no es ni una apología ni un argumento. ¿QUé es entonces. Es, más bien, un enfoque en la metafísica de sus joyas teológicas de nuestra tradición que se olvidan o pasan por alto con demasiada facilidad. El primer aspecto a tener en cuenta, desde la perspectiva del Velo, es la rica costura de la simbología de las Escrituras que se despliega a la vista interior. El Velo enfatiza el aspecto contemplativo o interior del cristianismo, la fuente de su vida activa y exterior.

El velo es un símbolo de el cambio del cosmos. Se nos dice que estaba tejido "con bordados de lino azul y fino, también de escarlata y púrpura, trabajados con maravillosa habilidad. Esta mezcla de materiales tampoco carecía de un significado místico: tipificaba el universo que está presente, pero que nosotros no teníamos acceso. Retratado en este tapiz estaba un panorama de "todo el cielo". El rasgado significa un cambio fundamental en el orden universal, o un cambio fundamental en la relación del hombre con lo trascendente.

Este cambio marcó, para los hijos de Abraham, la revelación por parte de un Dios Absoluto y Trascendente. Revelación de su Amor Infinito y Presencia Inmanente en el mundo, y de su relación íntima e Inmanente con su creación más suprema, el hombre. Los términos clave aquí son "en" y "con", Dios no está "en" el mundo como una entidad desconectada y desinteresada, un Creador desapegado de Su creación. Tras el rasgado, Dios está "con" el mundo en el sentido de que se hizo hombre, sufriendo no sólo las limitaciones de una naturaleza humana herida por Adán, sino también la desolación de la condición herida que fue condenada a muerte por la ignorancia y el miedo.

El rasgamiento del velo no sólo marca el triunfo de la luz sobre las tinieblas. Muestra el triunfo de la vida en Dios sobre la disolución del alma, la privación última del ser y una muerte absoluta. Implica que este velo sobrenatural deja de separar al ser humano, de la presencia trascendente de Dios. Este acontecimiento no es una contingencia del orden natural, sino una hecho querido por Dios mismo. La salvación ganada en la cruz no está condicionada por las exigencias del tiempo y el espacio, sino que es accesible para todo el que esté al pié de la Cruz.

Nota: pueden buscar lo que se dice el Velo del Templo en: Mt 27,51; Mc 15,38; Lc 23,45. San Pablo menciona el velo tres veces en su carta a los Hebreos, y el 'velo' cinco veces, en referencia al que llevaba Moisés, en 2Co. En ambos casos la exégesis del velo que hace San Pablo es la expresión más directa y profunda del simbolismo cristiano, y en Hebreos "por el camino nuevo y vivo que él nos ha consagrado a través del velo, es decir, de su carne". (Hb 10,20). 


lunes, 24 de junio de 2024

Danos el Pan super sustancial de cada día


Orar es cada día más complicado. En la fe que profesamos, Dios se va alejando día a día. Nos quedamos con lo cotidiano y olvidamos lo trascendente. Es una fe que se vuelve práctica y atea, centrándose en el ser humano como motor del sentido de todos y todo. Si perdemos el sentido trascendente de la fe, el Evangelio deja de ser necesario y sólo nos quedan las consignas ideológicas de cada momento. Esto no lo digo yo. Lo pueden leer en el discurso que el Cardenal Sarah impartió hace unos días en los Estados Unidos:

Por ateísmo práctico entiendo una pérdida del sentido del Evangelio y de la centralidad de Jesucristo. La Escritura se convierte en una herramienta para objetivos seculares en vez de ser una llamada a la conversión. No creo que esto esté muy extendido entre vuestros obispos y sacerdotes aquí en Estados Unidos, gracias a Dios, pero cada vez es más común en otras regiones de Occidente. Demasiados no se toman en serio la fe y la tratan como un obstáculo para el diálogo. (Card. Sarah, Discurso en la Universidad Católica de América. Junio 2024)

¿Cómo es posible orar cuando Dios parece que está ausente? Es complicado y muchas veces imposible. La Liturgia se convierte en una ocasión festiva de tipo social. Una oportunidad de auto alabarnos, con Dios como excusa. Pero Cristo mismo nos dejó claro que la oración es más que una "cantinela" a repetir. Benedicto XVI lo dejó también muy claro:

"Siempre es fuerte la tentación de reducir la oración a momentos superficiales y apresurados, dejándose arrastrar por las actividades y por las preocupaciones terrenales. Cuando, dentro de poco, recemos el Padrenuestro, la oración por excelencia, diremos: "Danos hoy nuestro pan de cada día", pensando naturalmente en el pan de cada día para nosotros y para todos los hombres. Sin embargo, esta petición contiene algo más profundo. El término griego epioúsios, que traducimos como "diario", podría aludir también al pan "super-sustancial", al pan "del mundo futuro". Algunos Padres de la Iglesia vieron aquí una referencia a la Eucaristía, el pan de la vida eterna, del nuevo mundo, que ya se nos da hoy en la Santa Misa, para que desde ahora el mundo futuro comience en nosotros. Por tanto, con la Eucaristía el cielo viene a la tierra, el mañana de Dios desciende al presente, y en cierto modo el tiempo es abrazado por la eternidad divina." (Benedicto XVI. Homilía de la Solemnidad del Corpus Christi. 11-6-2009

¿Cómo orar cuando dentro de la Iglesia, donde hay tantas rencillas, desconfianzas, rencores y malestar de fondo? Lo trascendente de la oración es que no es algo totalmente individual. Al orar, nos unimos al coro de orantes que alaban a Dios y se ofrecen para que Su Voluntad sea lo que prevalezca. Estamos dentro de una fuerte tormenta y Cristo parece dormir. Pero llegará el momento que despierte y deje claro que nuestra fe se resquebraja sin casi darnos cuenta. Dios nos ayude a seguir confiando en su presencia entre nosotros.

miércoles, 1 de mayo de 2024

La Verdad parece escondida, pero no es así


¿Dónde está la Verdad? Es lo mismo que preguntar ¿Dónde está Cristo en estos momentos en que vivimos? Es evidente que encontrarse con el Señor nunca ha sido sencillo. El Joven Rico lo atestigua. Encontrarlo no es suficiente, sino que Él mismo nos llame por nuestro nombre y además, nosotros aceptemos el llamado. Hace unos días me encontré en las redes con esta frase:


En la tiempo pasados, muchas personas hubieran dado toda su fortuna por tener accesible la obra de San Agustín, como lo tenemos ahora en el portal de los Agustinos. de igual forma, tenemos en la red una gran cantidad de obras de los Padres de la Iglesia. Lo triste es que pocas personas nos dedicamos a leer este tesoro y darnos cuenta de la inmensa gracia de Dios que conlleva disponer de estas obras a un toque de ratón. Tenemos miles de videos de gran calidad de Youtube. Videos que hablan de la Verdad que habita entre nosotros y que no nos deja solos. Tenemos miles de blogs de personas que escriben para compartir la Verdad de forma totalmente gratuita. ¿Qué nos pasa? Nos quedamos con los comics emotivistas que tanto éxito tienen, pero que muestran a Cristo como una marioneta se que ajusta a nuestros gustos y estéticas. Lo preferimos porque no nos señala la Puerta Estrecha ni el Camino de negarnos a nosotros mismos.

Uno de los problemas con los que nos encontramos es que la Verdad está dispersa y rodeada de falsedades bien calculadas. Falsedades que son como ruido. Ruido que impide escuchar la Palabra que nos llena de sentido. A veces me pregunto ¿Qué es lo que el Señor busca con esta situación? Entonces me acuerdo de la Puerta Estrecha y la necesidad de ser dóciles como Palomas, pero astutos como serpientes. Creo que el Señor permite esto para indicarnos que tenemos que ser capaces de separar el trigo de paja. Pero con cuidado, porque hay que esperar al momento en que el grano esté maduro. Si intentamos separar la cizaña antes del momento, podemos cortar también la planta del trigo. Esto es lo que nos pasa actualmente. Creemos cualquier cosa o nos convertimos en descreídos. Dios nos pide madurez espiritual y esfuerzo de discernimiento.

Pero respondiendo Él, les dijo: Al caer la tarde decís: "Hará buen tiempo, porque el cielo está rojizo". Y por la mañana: "Hoy habrá tempestad, porque el cielo está rojizo y amenazador". ¿Sabéis discernir el aspecto del cielo, pero no podéis discernir las señales de los tiempos? Una generación perversa y adúltera busca señal, y no se le dará señal, sino la señal de Jonás. Y dejándolos, se fue. (Mt 16, 2-4)

Él nos da la señal, el signo de Jonás. El signo de los tiempos. ¿Los signos de los tiempos? ¿Qué es eso? ¿Somos capaces de ver más allá de lo superficial, aparente y emotivista? ¿Vemos más allá de las apariencias y formas? Porque el ruido de falsedades aturde e impide ver la Verdad, a no ser que Dios nos regale la inmunidad al ruido de falsedades que nos rodea.

Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es Él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello (Jn 6, 26-27).

Esperemos ser marcados con el sello que es signo de Cristo en nosotros. Porque el signo de Cristo nos marca para toda la vida y nos transforma radicalmente. Nos permite ver más allá del ruido de falsedades y medias mentiras.

Y vi a otro ángel que subía de donde sale el sol y que tenía el sello del Dios vivo; y gritó a gran voz a los cuatro ángeles a quienes se les había concedido hacer daño a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis daño, ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que hayamos puesto un sello en la frente a los siervos de nuestro Dios. (Ap 7, 2,3)

La Verdad transforma y esto duele a nuestro ego. Cuando Cristo llama a nuestra puerta, espera que le abramos. Espera que le permitamos habitar en nosotros. No perdamos la Esperanza, porque sin ella, estamos realmente perdidos!!! La Verdad no está escondida, son nuestros ojos los que temen abrir los párpados y ver más allá del ruido mediático que nos presentan. Quizás, el silencio sea la mejor medicina que podamos tomar para orar.

sábado, 20 de abril de 2024

Buscando el Símbolo perdido, pero en silencio


Las sociedad se burla de los cristianos y sobre todo, de quienes tenemos un sentido profundamente tradicional de la vida y de la fe. Les parecemos personas de "otra época". Personas que siguen una línea ideológica diferente a la que está instaurada y bien vista por la sociedad. Por eso, cuando señalamos que el "rey está desnudo", nos atacan, se rasgan las túnicas y hasta abren causas judiciales. Cada vez es más complicado llevar la Buena Noticia sin que las susceptibilidades de cristal griten desesperadas.

Uno de los elementos más importantes de la fe, son los signos que Dios nos ha dejado para que comprendamos su Voluntad y sigamos el Camino hacia Él. No lo digo yo, se puede leer en el Evangelio muy claramente:

"Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello" (Jn 6, 26-27).

¿Nos hemos dado cuenta de todos estos signos? Posiblemente nunca hemos llegado a pensar en ello. Nos han enseñado un Evangelio tipo comic. Un Evangelio que reduce la fe a sentimentalismo social. Por eso ignoramos estos signos, aunque sean referenciados en los Evangelios y por la Tradición Apostólica:

La naturaleza de los signos lleva consigo la propiedad de explicar la especie impresa en ellos, sin que pierdan nada de sí en el acto de sellar, porque a la vez que reciben cuanto en ellos se imprime, comunican también todo lo impreso. Este ejemplo no tiene suficiente capacidad para poder explicar la generación divina, porque en los signos hay materia previa, diversidad e impresión, por medio de las que se imprimen ciertas semejanzas de otras cosas superiores. Más el Unigénito de Dios, que se hizo Hijo del hombre por el Misterio de nuestra salvación, queriendo dar a conocer que posee en sí mismo la imagen del Padre, dice que ha sido sellado por Él. Y por esto puede entenderse que le fue dado poder para que nos preparase el alimento adecuado para conseguir la vida eterna, puesto que llevaba en sí toda la plenitud de la forma del Padre. (San Hilario de Poitiers. De Trin., 1, 8)

Nada de esto es nuevo. Ya pasó hace siglos cuando hubo que cuidar que el Mensaje y el Misterio Cristiano, no degeneraran para adaptarse a la sociedad. En los siglos II y II, se instituyó una regla de cuidado de la fe. Aunque se difundía el Evangelio, lo más importante y profundo, era cuidado especialmente. A este comportamiento lo llamamos modernamente: disciplina del arcano. No se trataba de crear una sociedad secreta para "elegidos". Lo que se buca es opacar lo más importante de nuestra fe para que no se corrompa ni sea despreciada. Se buscaba que no se viera en constante lucha y desprestigio social. Hoy en día hay voces diversas que reclaman retomar esta visión, sin que lleve consigo secretismo alguno. Lo cierto, es que ya en el siglo VI, se vió que era innecesaria esta práctica y desapareció. Creo que en la actualidad sería oportuno reflexionar sobre esto. Por ejemplo, pueden leer este texto del Card. Carlo María Martini: "Reflexiones sobre el sentido oscuro de Dios" (1997). 

Señalemos uno de los síntomas más preocupantes de esta persecución social de lo Trascendente. En nuestro tiempo hemos perdido la capacidad de ver más allá de lo aparente y obvio. No entendemos las palabras que Cristo cuando decía: No deis a los perros lo que es santo; no echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen” (Mt 7, 6). Tampoco entendemos que San Pablo dijera que él mismo alimentó a los fieles de Corinto “como... niños en Cristo” dándoles “leche para beber, no carne”, porque no eran capaces de soportarlo (1Cor., 3, 1-2). Queriendo imitar a San Pablo, reducimos la Buena Noticia a viñetas tipo cómic o a "cuentos de niños" y se nos olvida continuar con las catequesis mistagógicas que ayudan a ver la Fe de forma completa y profunda. Lo peligroso es quedarnos en esa simplicidad que ignora todo lo que trascendente. Juan Manuel de Prada cita a Castellani, que indica precisamente la conveniencia de reencontrarnos con el profundo Misterio de la fe por medio de signos y símbolos, siempre utilizados con cuidado y discreción. En otro artículo más actual (ABC 2023), Juan Manuel de Prada retoma este tema.

En la homilía de este pasado domingo de Resurrección, mi párroco, que es estupendo religioso, nos decía que las iglesias estaban llenas de cruces, pero no de resucitados. Me pregunté si este sacerdote y religioso, sabe que el altar es un símbolo de Cristo presente entre nosotros (Catecismo 1383). Este olvido se evidencia también en la forma en que se suele mover y utilizar el altar durante la misa. La reverencia que según se practique, explique y se viva, muestra nuestra capacidad de ver más allá de lo evidente y cotidiano. 

¿Cuál es entonces el símbolo perdido? Yo diría que es Cristo, que lo vamos reduciendo a un personaje a la medida de cada uno de nosotros.

domingo, 31 de marzo de 2024

Resurrección y vida. Feliz Pascua.

 


La resurrección de Cristo nos muestra que la muerte no es el último destino del ser humano. También nos dice que la vida no es el único tiempo que debemos de considerar, ya que después de morir encontraremos la Mano de Dios, tendida. Lo esencial es ser capaz de no rechazar la Mano tendida de Dios. Si no rechazamos esta Mano, podremos vivir en la Gloria, aunque tengamos que pasar un tiempo de purificación en el Purgatorio. Pero, si la rechazamos, entonces viviremos una vida de eterna lejanía de Dios.

Hoy celebramos la Resurrección de Cristo, lo que conlleva convertirnos en signo de discordia con el mundo que nos rodea. Un mundo que valora más la muerte que la vida. La eutanasia se promociona y hasta se han creado rituales laicos de despedida festiva de quien decide suicidarse. Nosotros, los cristianos, no damos más valor a la muerte que a la vida. Tampoco damos más valor a la vida, que a la gloria eterna. Tampoco damos más valor a las apariencias emotivistas que nos ofrecen las ideologías imperante. Somos un incordio para los planes de los grupos de poder. Por eso intentan silenciarnos o ignorarnos.

Parecía, pues, que se había satisfecho la sentencia ya que el hombre -que había sido hecho para vivir si no pecaba- comenzaba a morir. Con todo, a fin de que la gracia de Dios perdurase, murió el hombre, pero Cristo halló la resurrección, es decir, que El quiso reintegrar el beneficio celestial que se había perdido por el fraude de la serpiente. Ambas cosas (muerte y resurrección) fueron, pues, para nuestro favor, porque la muerte es fin de los pecados y la resurrección es reformación de la naturaleza (San Clemente de Alejandría. Los sacramentos. I, IV, 17)

El fraude de la serpiente: "seréis como Dios" y nosotros seguimos creyendo esta mentira encubierta que el enemigo nos susurra al oído cada día. El mundo nos muestra sus dientes dispuestos a morder si aceptamos que Cristo nos conforme como símbolos de Él el mundo. Nos desecha si abrimos a Cristo, que llama a la puerta de nuestro ser. Nos desprecian si mostramos cada uno de los simulacros que utiliza para engañarnos.

En Pascua, el poder del enemigo desaparece. La muerte ya no es una frontera que limita. Tampoco es el final idílico de la sinrazón de la vida. La muerte dará paso a la vida.

¡FELIZ PASCUA!




sábado, 2 de marzo de 2024

Oremos para ver más allá de nosotros mismos.

Leamos un texto del maravilloso libro, El Iconostasio, de Pavel Florensky:

Lo mismo ocurre con los iconos: son representaciones visibles de espectáculos misteriosos y sobrenaturales», según la definición de san Dionisio Areopagita. El icono es siempre más de lo que él mismo es, cuando es una visión celestial; o menos, si el icono no le abre a una conciencia el mundo suprasensible, en cuyo caso solo se le puede llamar una tabla pintada. 

Es profundamente falsa esa corriente contemporánea según la cual el arte de los iconos se debe entender como un arte antiguo, como pintura. Es falsa sobre todo porque en ese caso se le niega a la pintura su fuerza particular: también la pintura en general es o bien más o bien menos que sí misma. Toda pintura tiene la finalidad de llevar al espectador, más allá del límite de los colores y de la tela perceptibles por los sentidos, a una determinada realidad. Y entonces la obra pictórica tiene en común con todos los símbolos en general su característica ontológica básica: ser aquello que simbolizan. Pero si el pintor no ha conseguido alcanzar sus objetivos, tanto en general como en el caso de un espectador en concreto, y la obra no conduce más allá de si misma a ningún lugar, entonces no se puede ni siquiera hablar de ella como de una obra de arte. En este caso decimos que no son más que garabatos, un fracaso, y cosas por el estilo. 

Ahora bien, el icono tiene como fin conducir la conciencia al mundo espiritual, de mostrar "espectáculos misteriosos y sobrenaturales". Si según la apreciación y, más precisamente, la intuición del espectador este objetivo no se consigue y en él no se despierta ni siquiera una vaga sensación de la realidad de otro mundo, del mismo modo que el olor a yodo con el que las algas impregnan el aire nos avisa de la presencia de mar, en ese caso solo podríamos decir de este icono que no forma parte de las obras de la cultura y que su único valor es material, y en el mejor de los casos, arqueológico. (Pavel Florensky. El Iconostasio. El templo, altar y el iconostasio)


Pavel Florensky fue un sacerdote ortodoxo, que vivió la entrada del comunismo en su país: Rusia. Fue matemático, profesor de universidad y predicador de una fe que casi ha desaparecido en la actualidad. Le propongo que piense en lo que Pavel nos indica, que generalizando su mensaje en toda obra que hagamos para mayor gloria de Dios. Sólo pensemos en un icono sagrado, sino en lo que escribimos, decimos o vivimos. Este mismo blog, aunque sea profundamente humilde y pequeño, intenta señalar la presencia de Dios en todo y todos. Una presencia trascendente que intenta ser imagen de Cristo mismo. Quiera el Señor ayudarnos a reflejar su imagen a los demás, porque esa sería la mejor de todas las evangelizaciones que podemos hacer.

Habla de lo sagrado y de la trascendencia de nuestras humildes obras, es similar a pintar un icono que muestre el Misterio de Dios entre nosotros. No porque quien pinta, escribe o actúa, tenga la Revelación completa y profunda de Dios. Es imposible tenerla, sino porque hacemos presente a Dios, como Misterio profundo, en medio del un mundo cada día más desquiciado y destrozado. Confieso que desde hace meses, me cuesta mucho escribir en este y otros blogs. Me cuesta porque veo que lo que muestro no es capaz de impactar en el mundo, como lo hizo en los primeros días. Es como si un iconógrafo ve que su humilde obra no es capaz de mostrar a Dios a los demás. Ya nadie mira su obra y se arrodilla. Lo mismo pasa con el mejor y más maravilloso icono.

Todo se ha convertido en piezas de museo que se miran y se admiran, sin que impacten profundamente en quienes las ven. Es como un poeta que se da cuenta que la poesía ya no llega a quienes la leen. Nadie comprende el lenguaje que empleamos para mostrar el Lenguaje de Dios con nosotros. Cristo ya no es el Logos, palabra que llena de sentido. Sin duda el enemigo ha trabajado bien en rápido con nuestra sociedad. La ha hecho sorda y ciega a la presencia trascendente de Dios. Nosotros nos hemos dejado cegar y taponar los oidos. Los hemos hecho a cambio de apariencias huecas, simulacros sin sentido y ruido mediático que nos aturde.

Lo más triste de todo esto, es que nos hemos ido alejando unos de otros. Ya casi no nos reconocemos y hasta tememos ser reconocidos. ¿Cómo vamos a amarnos unos a otros como Cristo nos amó? Es imposible porque desconfiamos y recelamos. Nos está sucediendo algo similar a la Torre de Babel, en la que la soberbia de llegar a Dios con nuestras fuerzas humanas, nos destrozó. ¿Qué podemos hacer? Sin dudarlo, trabajar la unidad entre nosotros. ¿Cómo hacer que los iconos sean de nuevo comprendidos? Esto sólo puede hacerlo el Espíritu Santo, como en Pentecostés. Recemos para que vuelva a darnos la gracia de ver más allá de nosotros mismos.


viernes, 26 de enero de 2024

15 años de vida, demos gracias al Corazón de Jesús


Sagrado Corazón de Jesús, que ardes de amor y misericordia por nosotros, atiende nuestra súplica en estos tiempos de tribulación.

Toca con tu mano bendita a todos los que sufren en cuerpo o en alma, y llénalos de tu gracia redentora que sana y salva.

Guárdanos de todo mal y danos la fortaleza y la confianza para afrontar la tormenta de la vida cotidiana con serenidad y esperanza.

Haz que la paz reine dentro y fuera de la Iglesia. Haz que seamos verdaderos hermanos, hijos de un mismo Padre. Hermanos sin rencores ni miedos, sino llenos de Paz, Amor y Perdón.

Te lo pedimos por tu Sagrado Corazón, que tanto nos ama y que nos has mostrado para ayudarnos a vivir con Esperanza y para trabajar por nuestra salvación. Sólo Tu eres Fuente de Agua Viva. 

Gracias por hacer que este sencillo espacio en la red siga atrayendo a personas necesitadas de reencontrarse contigo. Gracias por tomarnos como humildísima herramienta en sus Manos. Manos que dan sentido a nuestra existencia y labor evangelizadora.

Todo el poder, el honor y la gloria está en ti Señor 

Amén.

martes, 29 de agosto de 2023

Y vosotros ¿Quién decís que soy Yo?

El pasado domingo se leyó un pasaje del Evangelio de San Mateo que tiene bastantes aspectos interesantes sobre las que reflexionar. Entre estos aspectos hay uno sobre el que podemos reflexionar. Nos encontramos con un "peligro" en el que caemos con mucha facilidad: la subjetivación emotiva de la Verdad. Si releemos el Evangelio veremos que Cristo pregunta primero: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? La gente indica lo que cada uno quiere creer, le gustaría que fuese o lo que es socialmente correcto. Después pregunta directamente a los Apóstoles: ¿Quién decís que soy yo?" Pedro no espera, indica lo que el Espíritu le dicta.

Devolvió el Señor la palabra al apóstol por el testimonio que dio de El: dijo Pedro: "Tú eres el Cristo, Hijo de Dios vivo" y el Señor le dijo: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan". ¿Por qué? "porque no te lo reveló la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos". Reveló el Espíritu Santo lo que no pudo revelar ni la carne ni la sangre. (San Jerónimo, tomado de la Catena Aurea Mt 16, 13-19)

El peligro que antes indicaba valorar la pregunta que hace el Señor desde la subjetividad personal y no sobre la Verdad. Pedro indicó claramente:  "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" y Cristo le dijo que "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan: porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos". Creo que esto nos deja muy claro que Pedro respondió aquello que el Espíritu Santo le reveló directamente. No es lo que Pedro piensa, siente, le parece o intuye. Es la Verdad que se manifiesta en él con el objetivo de revelarse al mundo. Mundo que siempre se siente disgustado con la Verdad y que procura esconderla detrás de cualquier tramoya, simulacro divertido y bien visto.

Es muy frecuente que se indique que "no vale" repetir lo que indicó Pedro, como si la subjetivación fuese más importante que la Verdad. Si una persona se atreve a repetir las palabras que el Espíritu reveló a Pedro, es como si no quisiera "jugar" al aplaudido juego de los simulacros. Juego al que nos encanta jugar en esta era posmoderna. 

Preguntémonos ¿Qué es Cristo para nosotros? Puede ser que nuestra respuesta nos acerque a alguna de las aplaudidas caricaturas que representan al Señor en los tiempos que vivimos. Respuesta que resalta la emocionalidad subjetiva de cada uno de nosotros. Bueno, las caricaturas son justo eso caricaturas, no la Verdad que se hace carne y habita entre nosotros. 

Quizás nos acerquemos a lo que el Espíritu Santo indicó a Pedro. Entonces estaremos algo más cerca de la mano tendida que nos ofrece Cristo. La mano tendida que nos ayuda a salir de la sociedad líquida que nos ahoga. Tendríamos que preguntarnos si somos una moneda con el signo del Cesar o de Cristo. De esto podríamos hacer una nueva pregunta ¿Qué son los sacramentos para nosotros? ¿Son una costumbre o un signo sagrado que nos marca?

En nuestra sociedad posmoderna impera la cultura de la cancelación y esto también repercute en la Iglesia. Si tenemos impreso el signo de Cristo, seguro que somos ignorados por todas las corrientes eclesiales de moda. Nos mirarán de reojo y murmurarán. Seremos invitados a desaparecer porque estorbamos. Nos ignorarán como si no existiéramos. Pero no nos sintamos mal. Si repasamos las Bienaventuranzas nos encontraremos que:

Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de Mí. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros.

Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.

Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (Mt 5, 11-16)

No desesperemos, aunque nuestro ánimo tenga momentos más o menos oscuros. Las mareas las controla el Señor. Nosotros, debemos esperar su llegada con la lámpara de la Fe encendida. Para ellos, el aceite es imprescindible: Esperanza. Esta es la clave de la espera en los tiempos que vivimos.

martes, 8 de agosto de 2023

Sentido del Misterio en este siglo XXI que vivimos.

Puerta lateral de la Iglesia de Santiago, Torun, Polonia.

"Yo estoy a la puerta y llamo; si alguien oye Mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo" (Ap 3, 20)

Es verano y el calor nos ayuda a reflexionar con tranquilidad sobre lo que, durante el resto del año, casi no nos fijamos. ¿Por qué el Misterio Cristiano va perdiendo relevancia según pasan los años? Durante el Pontificado de BXVI, que Dios lo tenga en su gloria, el Misterio pareció revivir de forma milagrosa. Al menos se detuvo la caída que padecía desde los tiempos de la Revolución Francesa. 

En un sentido trascendente, el término "Misterio" se refiere a aquellas realidades que están más allá de la comprensión superficial, cotidiana y puramente evidente. El Misterio está asociado con aspectos profundos y ocultos de la existencia, la espiritualidad, la fe y la realidad. Para darnos cuenta del sentido del Misterio en el contexto actual, es necesario atender a las siguientes consideraciones:

Revelación personal: Los misterios a menudo están relacionados con experiencias de revelación personal y espiritual. Aquí, el individuo puede sentir que ha obtenido una comprensión directa e íntima de una verdad profunda que trasciende el conocimiento convencional.

Profundidad de conocimiento: Los misterios representan un nivel más profundo de conocimiento que no puede ser completamente capturado o explicado por las formas tradicionales de pensamiento o lógica. Estos conocimientos a menudo se transmiten a través de enseñanzas secretas, simbolismo y experiencias personales de revelación.

Simbolismo y alegoría: Los misterios a menudo se expresan a través de símbolos, analogías y alegorías que requieren una interpretación más allá de su significado literal. Un ejemplo son las parábolas. "El Reino de los Cielo es como..." nos permite entender de forma simbólica y alegórica, aquello que se nos hace imposible de entender por evidencias. Los Sacramento también se denominaban antes como Misterios, ya que exceden nuestra capacidad de comprensión y nos religan con Dios. Los símbolos pueden ayudar a hacer vivo aquello que es difícil de comunicar de manera directa.

Unión con Dios: En la Tradición Apostólica encontramos que los Misterios están relacionados con el deseo de unión con lo Divino, lo Trascendente. Acercarnos a los Misterios nos ayuda a tener más conciencia de lo que conecta, religa, con lo que está más allá de la realidad cotidiana.

Transformación personal: La exploración de los misterios a menudo conlleva un proceso de conversión profunda. Se trata de dejar que la Gracia de Dios haga el milagro de la transformación personal y espiritual. Al comprender y experimentar aspectos lo trascendente, las personas pueden experimentar cambios en su percepción, valores y sentido de propósito. Pero esto no ocurre por la "fuerza" personal, sino por la Gracia del Espíritu.

Exploración de la naturaleza de la realidad: Los Misterios también pueden involucrar preguntas profundas sobre la naturaleza de la realidad, la existencia y el propósito de la vida. Estas cuestiones a menudo desafían los paradigmas convencionales y pueden llevar a una comprensión más amplia de la realidad. Una realidad que padecemos sin llegar a comprender lo que hay tras ella.

Dicho todo esto, es necesario indicar que es complicado encontrar grupos o personas, que cultiven esta profunda devoción por los Misterios Cristianos. Lo normal es que seamos ignorados por las dos tendencias extremas: el tradicionalismo y el progresismo. No somos útiles para sus intereses humanos, por lo que no le llegamos a importar. Como pocos, casi nadie. No representamos peligro para el "status quo" del poder estructural eclesial.

En resumen, los Misterios representan conocimientos y experiencias que van más allá de lo superficial, cotidiano y lo evidente. Estos Misterios pueden estar relacionados con aspectos profundos de la existencia, la espiritualidad, la fe y la conciencia, y su búsqueda puede llevar a una mayor comprensión de la naturaleza de la realidad y la conexión con Dios. Nos ayudan a estar en "sintonía" con la melodía de la creación. Somos pocos, pero no dejamos que la llama de la lámpara se apague. 

sábado, 29 de julio de 2023

La Sagrada Sangre del Señor


 La Sagrada Sangre del Señor

La fe actual es principalmente vivencial y emotivista. Somos reacios ver más allá de las emociones que nos mueven o paralizan. Los símbolos, han dejado de ser algo que alimente la fe que tanto necesitamos. El problema del emotivismo es que es fluido, líquido. No es capaz de soportar cambios y desalientos. NO olvidemos los símbolos y profundicemos en ellos para ganar esperanza y confianza en Dios. Hoy comparto algunas reflexiones sobre un símbolo muy importante y profundo: la Sangre del Señor. 

¿Qué nos dice la Sagrada Sangre del Señor? La Sangre es un profundo símbolo de redención y salvación. La Sangre del Señor fue ofrecida por nuestros pecados. Además, es cada Eucaristía se consagran pan y vino, como Carne y Sangre de Cristo. Nuestra cultura religiosa da gran importancia al Cuerpo del Señor, que se nos ofrece por medio del pan eucarístico. Pero la Sangre parece que la tenemos algo olvidada. 

La Sangre del Señor es un tema sobre el que debemos meditar profundamente.  ¿Meditar, pensar, profundizar? ¿No se basa nuestra fe en sentir, hacer y en todo caso, divertirnos? Seguro que muchas personas se quedan en la cuarta parte de la mitad del Mandamiento principal. ¿Mandamiento principal? No crean, Cristo lo dejó muy claro:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Mt 22,34-40)

¿A qué me refiero con la cuarta parte de la mitad? La sociedad actual nos reclama ser dóciles con lo que las estructuras sociales nos indican. Para ello es necesario vender un simulacro de "buenismo solidario" y filantrópico. Esta es la cuarta parte de la mitad a la que me refería. Solemos olvidar lo principal: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. ¿Con toda mi mente? ¿No se trataba de centrarnos en el emocionalismo y nada más? Leamos lo que nos dice San Agustín sobre el asunto:

Pues ¿Quién no ve que primero es pensar que creer? Nadie, en efecto, cree si antes no piensa que se debe creer. Y aunque a veces el pensamiento precede de una manera tan instantánea y vertiginosa a la voluntad de creer, y ésta le sigue tan rápidamente que parece que ambas cosas son simultáneas, no obstante, es preciso que todo lo que se cree se crea después de haberlo pensado. Y eso, aunque el mismo acto de fe no sea otra cosa que el pensar con el asentimiento de la voluntad. Porque no todo el que piensa cree, como quiera que muchos piensan y, sin embargo, no creen. Pero todo el que cree, piensa; piensa creyendo y cree pensando. (San Agustín. Tratado de la Predestinación de los santos, 2, 5)

Entonces, meditemos un poquito sobre la Sagrada Sangre de Cristo. Empecemos por tener claro la razón de que sea sagrada. ¿Qué es lo sagrado? Aquello que no muestra a Dios como por medio de una imagen y semejanza. Imagen, porque no podemos ver a Dios directamente. Semejanza, porque una realidad material sólo puede contener un reflejo de Dios. La Sagrada Sangre del Señor es un símbolo Sagrado que nos habla y nos colma de entendimiento. Un entendimiento que supera las limitaciones humanas y sociales, que nos rodean.

La sangre es lo que nos da la vida al circular por nuestro cuerpo. A través de ella se difunde el oxígeno y los nutrientes que cada célula de nuestro cuerpo necesita. La Sangre de Cristo es la Sangre que da sentido y fuerza al mundo. Se derramó en la Cruz, para que fuésemos sanados de nuestro pecado y pudiéramos reencontrar el Camino, Verdad y Vida, que Adán perdió en su momento. La Sangre del Señor cayó a la tierra y la misma tierra se revivificó con ella. Recordemos que la tierra tembló y hubo muertos que se levantaron de sus tumbas (Mt 27,52-54). Hasta uno de los centuriones que estaban en el Gólgota, viendo lo que sucedía, creyó.

Quizás hoy en día esto nos suene a película de terror de Hollywood, pero no olvidemos que fue escrito en los Evangelios y que todo lo escrito en ellos es Palabra de Dios. Tengo claro que actualmente los Evangelios se diseccionan para entresacar lo que conviene, desechar lo que va contra el buenismo de moda u olvidar aquello que no se sabe qué hacer con ello. Es el signo de los tiempos y debemos ser capaces de leer en este signo para discernir.

¿Qué simboliza la sagrada Sangre del Señor? Nos muestra que sólo en Cristo está la redención, el perdón y la santificación. Nos muestra que la Eucaristía es fundamental, porque nos acerca a Cristo sin otro mediador que el Espíritu Santo. Nos recuerda que podemos esperar en Dios y descansar en Él. El mundo tiembla cuando la Sangre del Señor cae en él. ¿Y todas las maravillas que nos ofrece el mundo actual? Son sólo apariencias vacías. Simulacros que nos distraen de lo esencial: Cristo como único Camino, Verdad y Vida.





domingo, 28 de mayo de 2023

Los templos se convierten en museos. ¿Dónde encontrar un espacio sagrado?

Altar del templo de Nuestra Señora, Torun, Polonia

Seguramente todos hemos visto cómo los templos más antiguos y bellos, se van convirtiendo en museos. Se realizan visitas turísticas guiadas donde lo que se resaltan los aspectos profanos, estéticos e históricos. Se olvida lo más importante, el sentido del espacio sagrado como catalizador o facilitador de nuestra cercanía con Dios. Verdad, Bondad y Belleza se desligan e incluso, se enfrentan. Para el ser humano del siglo XXI son fines inconexos e independientes. Para quien cree en Dios, son caminos que nos elevan y acercan a Dios.

Sin duda, hay personas que se convierten cuando acceden a un bello templo. ¿Por qué? Porque la admiración deja la puerta de su ser abierta. El Espíritu Santo consigue desbloquear el diapasón del espíritu y hacer que vibre a la frecuencia de Dios. Sucede como cuando tenemos una copa que vibra a la frecuencia de un sonido. Pero, los templos son espacios sagrados que los fieles podemos y debemos vivir de forma activa. No creo que haya muchos templos que utilicen la belleza para evangelizar a sus propios fieles. En las catequesis no se muestra el sentido que tienen las proporciones, formas, imágenes colores, música, cantos, ceremonias y hasta los movimientos y posturas que fieles y sacerdotes tomamos o realizamos. Incluso santiguarse frente al altar, tiene un profundísimo significado que nadie nos explica y señala. Si no comprendemos, ignoramos.

Cuando somos conscientes de esto, comprendemos la razón por la que la Liturgia va haciéndose más y más socio-cultural con el tiempo. Cuando no comprendemos las razón y sentido del Tesoro Escondido, lo terminamos usando como pisapapeles. Cuando la Perla valiosa es sólo una bonita bolita, la podemos usar para jugar. Cuando el Aceite de las Vírgenes sensatas se utiliza para freír comida, no tendremos reservas para esperar al Novio. Aquí tienen una bella imagen de un Cristo en la Cruz que tomé hace una semana en la Catedral de Toruń (Polonia). Es una imagen bella, sencilla. Si se fijan, tiene un reclinatorio justo debajo de ella. ¿Por qué?

Cristo crucificado Catedral de Torun (Polonia)

Podemos mirar la belleza de la imagen y pensar en su estilo artístico, formas, colores y antigüedad. Ahora, también podemos tomar una postura diferente a la de un simple turista y acercarnos y arrodillarnos delante de Dios frente a la imagen. Arrodillados podemos mirar la imagen y orar, meditar y sobre todo, abrir nuestro ser al Espíritu Santo. Entonces, quizás, veremos que la bella escultura es imagen y semejanza de la pasión del Señor. En la crucifixión, un sorprendido centurión dijo: ...este era verdaderamente el Hijo de Dios (Mt 27,54). ¿Podríamos decir, sentir y ser conscientes de ello? 

Quizás con la ayuda del Espíritu Santo podamos hacerlo. De rodillas, simbolizamos que humildemente dejamos que Dios nos llene de su Agua Viva y Espíritu. Sólo sin nacemos de nuevo del Agua y del Espíritu podremos entrar en el Reino de Dios (Jn 3,5-7). Pero ¿Qué es el Reino de Dios? Nos dejó claro el Señor que el Reino de Dios no es de este mundo (Jn 18,36). Al Reino de Dios se llega siguiendo el Camino, la Verdad y la Vida, que es Cristo. Cada vez que rezamos el Padre Nuestro pedimos que Reino de Dios venga a nosotros y nos llene de sentido. Frente a una imagen, dentro de un bello templo y con el ser abierto al Señor, veremos la Puerta que es Cristo y cómo invita a entrar: Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos (Jn 10, 9).

Actualmente no es sencillo andar las pisadas del Señor. Nunca lo ha sido. Tenemos miles de placenteras distracciones, aficiones y motivaciones, que nos señalan otras sendas diferentes. Quizás la senda socio-cultural es la que la Iglesia promociona con más fuerza. No es una mala senda, porque ayuda a los demás. Se ayuda por filantropía, por solidaridad, por ser ellos, pero se olvida que nuestros hermanos son imagen y semejanza viva de Dios. Nunca viene mal hacer el bien. Nunca es rechazable atender los aspectos sociales y culturales. Pero hemos sido llamados para elevarnos hacia el Reino de Dios al mismo tiempo que hacemos el bien en la tierra. 

¿Está mal convertir los templos en museos y fomentar las visitas turísticas? Si se hace con respeto, está bien, pero no deja de ser limitado y limitante. Pero quizás debamos recordar que la trascendencia, la sacralidad, nos llena de sentido. ¿Dónde encontrar un espacio sagrado actualmente? Recordemos que cada uno de nosotros somos templos del Espíritu. Quizás este sea el último reducto sagrado al que podremos acceder dentro de poco.




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