miércoles, 21 de septiembre de 2022

Sacralidad y profundo sentido.

 

Un estupendo video. Habla de muchas cosas más que de masonería, se habla de todo lo que hemos ido olvidando al perder el vínculo sagrado. Disfrútenlo!



viernes, 15 de julio de 2022

Perseverar es gracia de Dios

Llevo varios meses sin escribir en este blog. Hace diez años aparecieron estupendos blogs y páginas web, en los que la voz de los Primeros Padres de la Iglesia estaba muy presente. No es lo mismo andar acompañado, que andar sólo por las redes. Los cristianos sabemos la importancia de vivir en comunidad, compartir proyectos y ayudarnos mutuamente. Quizás necesite orar más pidiendo perseverancia, para no dejarme llevar por el desaliento y desánimo que apagado la llama de tantos blogs. San Agustín nos habla de la perseverancia y lo hace para señalar su importancia en nuestra vida espiritual:

Esto bien establecido, veamos si la perseverancia, de la que se dice: El que perseverare hasta el fin, será salvo, es don gratuito de Dios. Si no lo es, ¿Cómo sería verdad lo que dice el Apóstol: A vosotros se ha dado por Cristo no solamente el que creáis en El, pero también el que por El padezcáis? De estas dos cosas, una pertenece al principio de la fe (al initium fidei), y la otra, al fin; mas ambas son dádiva gratuita de Dios, porque se dice en el texto citado que las dos han sido dadas; ¿y cuándo más verdaderamente comienza a ser uno cristiano que cuando cree en Cristo? ¿Y; qué fin mejor que sufrir la muerte por El? Respecto a creer en Cristo, alguien ha pretendido que sí es don de Dios el incremento o acrecentamiento de la fe, pero no el initium fidei, lo que con la ayuda del Señor hemos ya ampliamente refutado. Y ¿Cómo es posible decir que no se le ha dado la perseverancia hasta él fin al que se le concede sufrir, o mejor, morir por Cristo? (San Agustín. El don de la perseverancia, II)

La perseverancia es un don de Dios y además es gratuito. ¿De qué se alimenta? Se alimenta de la Fe y de las Esperanza. Se alimenta de la Caridad que vive y pervive en la comunidad que anda en este éxodo actual. Es cierto que no espero relevancia de lo que escriba en este pequeño reducto de mística espiritual. Actualmente es imposible esta relevancia. También es cierto que lo que se escribe en los portales católicos más visitados tampoco llega a ser relevante dentro de la Iglesia y la sociedad. También es cierto, que la Iglesia va desapareciendo, reduciéndose y perdiendo relevancia en la sociedad. Esto ya lo pronosticó el entonces Cardenal Ratzinger en una entrevista del año 1969: una Iglesia pequeña, irrelevante desde el punto de vista social, pero no por ello, menos importante para la humanidad.

Cuarenta años después, en el año 2009, Benedicto XVI volvió a ser entrevistado en su visita a la República Checa. Allí habló de nuevo de esta reducción eclesial, pero también dijo que:

Yo diría que normalmente son las minorías creativas las que determinan el futuro y, en este sentido, la Iglesia católica debe comprenderse como minoría creativa que tiene una herencia de valores que no son algo del pasado, sino una realidad muy viva y actual.

Actualmente, en el año 2022, cabría preguntarnos si somos esa minoría creativa o sólo colectivos socio-culturales enfrentados por estéticas e ideologías. ¿Dónde pervive una visión mística de la fe? Una visión mística que nos alimente, una y reúna, en Nombre del Señor. A veces, parece que la creatividad eclesial se reduzca a actividades de marketing de unos pocos segundos salvadores de moda. Moda que también decrece, haciendo que desaparezca al escasa relevancia social de la que disponían hace unos años. ¿Podemos pensar en una creatividad comunitaria que nos llene de sentido mutuamente? Tal vez esa sea el camino que debamos empezar a andar en estos momentos de desánimo y desaliento que vivimos.

¿Qué hay que vencer? Lo primero a vencer es la desconfianza mutua. Lo segundo es el orgullo personal. El tercer obstáculo a vencer es el miedo. Dios nos ayude, porque estos obstáculos no son sencillos de vencer. Imposibles de vencer si pensamos en nuestras pocas fuerzas. Pero para Dios todo es posible. Dejemos que Él nos transforme. Perseveremos y sigamos adelante, con la Gracia de Dios como viento que llene las velas de la esperanza. Dios quiera hacerlo posible. 🙏🙏🙏


miércoles, 2 de marzo de 2022

Limosna, ayuno y oración, están unidas a la reconciliación. (Oremos por Ucrania)

Hoy iniciamos la Cuaresma. Un tiempo muy especial para todos los católicos, que además, coincide con la terrible invasión rusa a Ucrania. Quizás podamos orar, dar limosna y ayunar, pensando en el sufrimiento de millones de personas inocentes, por causa de la soberbia de los políticos que tenemos que padecer en este siglo XXI. Leamos lo en el 4/3/2012 escribimos, empezando por un estupendo texto de San Juan Crisóstomo:

“Cristo dio la vida por ti, ¿y tú continúas aborreciendo al que es un servidor como tú? ¿Cómo puedes acercarte a la mesa de la paz? Tu Maestro no dudo en soportar por ti todos los sufrimientos, ¿y tú, rechazas incluso renunciar a tu cólera?... «¡Fulano me ha ofendido gravemente, dices tú, ha sido tantas veces injusto conmigo, e incluso me ha amenazado de muerte!» ¿Qué es esto? Todavía no te ha crucificado tal como sus enemigos crucificaron al Señor.


Si no perdonas las ofensas recibidas de tu prójimo, tampoco tu Padre que está en los cielos te perdonará tus faltas (Mt 6,15). ¿Qué es lo que dice tu conciencia cuando pronuncias estas palabras: «Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre» y lo que sigue? Cristo no ha hecho diferencias: derramó su sangre también para los que derramaron la suya. ¿Podrás tú hacer algo semejante? Cuando no quieres perdonar a tu enemigo, te haces daño a ti mismo, no a él...; lo que estás preparando es un castigo para ti mismo el día del juicio...

Escucha lo que dice el Señor: «Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda»... Porque el Hijo del hombre ha venido al mundo para reconciliar a la humanidad con su Padre. Es así como lo dice san Pablo: «Ahora Dios ha reconciliado consigo todas las cosas» (Col, 1,22); «mediante su cruz, en su persona, dio muerte al odio» (Ef  2,16).” (San Juan Crisóstomo. Homilía sobre la traición de Judas, 2, 6)

La cuaresma es una camino que los peregrinos andamos paso a paso hasta la Pascual. El ayuno, la oración y la limosna nos recuerdan tres aspectos importantes de todo peregrinar: la escasez de  alimentos, la actualización del objetivo que nos conduce y la caridad con quienes nos acompañan en el camino. ¿Podemos estar enemistados con nuestros compañeros de viaje? Como todo camino cristiano, la reconciliación es imprescindible.

Una vez que lleguemos al final del peregrinaje ¿Cómo vamos a poner sobre el altar nuestros rencores y resentimientos? ¿Los aceptará Dios como ofrenda? En el altar deberíamos de depositar las joyas que hubiéramos recogido durante nuestro viaje.

Tal como el mismo Dios me lo inspiró, os he aconsejado siempre que al llegar las fiestas... os acerquéis al altar del Señor vestidos con la luz de la pureza, resplandecientes con las limosnas, adornados con las oraciones, vigilias y ayunos, como con valiosas joyas celestiales y espirituales, en paz no sólo con vuestros amigos, sino también con vuestros enemigos, en una palabra, que os lleguéis al altar con la conciencia libre y tranquila, y podáis recibir el cuerpo y la sangre de Cristo, no para vuestro juicio, sino para vuestro remedio. (San Ambrosio de Milán, Sobre la Cuaresma. Sermón IX)

Vivir siempre es encuentro y desencuentro. No es raro que en nuestra Cuaresma aparezcan disgustos, rencillas o hasta peleas. La Pascua es el momento culmen de año Litúrgico y tal como San Ambrosio nos indica, el Señor espera que lleguemos al altar con la conciencia libre y tranquila, y podáis recibir el cuerpo y la sangre de Cristo, no para vuestro juicio, sino para vuestro remedio.

¿Es la Pascua un remedio para nosotros o es un juicio? Pasará la Pascua y lamentaremos haberla desaprovechado o nos sentiremos gozosos de haber llegado mejor que el año pasado. La pureza es un don de Dios, que hemos de solicitar con la oración y que debemos trabajar con limosna y ayuno.

Quiera el Señor que lleguemos a la Pascual vestidos de luz y resplandecientes.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...