Mostrando entradas con la etiqueta humano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta humano. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de marzo de 2009

El Mensaje Sagrado

Ya hemos visto que la revelación de la Divinidad se puede vivir directamente en el espacio y el tiempo sagrado. Hemos visto que esta sacralidad es solo perceptible si se conoce el lenguaje especial en que la expresa, ya que necesita de una hermenéutica especializada para ser comprendida. Esta hermenéutica es un lenguaje y por lo tanto un mensaje que recibimos. Un Mensaje que es Cristo mismo que se manifiesta en el Evangelio, la Buena Noticia. Según vayamos comprendiendo el lenguaje en que está expresada la sacralidad, iremos asimilando toda la plenitud de al revelación contenida en todo y todos los que nos rodean. Sin no disponemos de las claves para comprender lo que se nos revela siempre es posible acceder a nivel intuitivo a la sacralidad que se nos presenta ante nosotros. Si no tenemos ni el conocimiento ni la intuición necesarias, lo que se nos presente como sagrado carecerá de todo significado y perderemos el hilo que nos une con Dios.

No es raro hoy en día oír y ver a personas hablar sobre el carácter pagano de determinados símbolos, rito o escritos considerados sagrados por las Iglesias cristianas tradicionales (occidental y oriental). Por ejemplo, se oye decir que los católicos adoramos a un supuesto "dios sol", basándose en que hacemos al sol símbolo de Cristo. De igual forma, se suele oír que creer que el pan consagrado es el mismo Cristo es una evidente idolatría. Cuando alguien se expresa de esta manera, solo demuestra que desconoce el lenguaje sagrado y la revelación que Dios hace de Su propia naturaleza; además de ignorar la revelación contenida en las sagradas escrituras. Las existencia de simbologías asimilables solo indica que se utiliza un lenguaje simbólico común, que además es el utilizado por Dios para revelarse a los hombres desde el inicio de los tiempos.

Fijémonos en las Sagradas Escrituras ¿por qué les llamamos sagradas? Son sagradas debido a que las consideramos Palabra de Dios y Mensaje Divino. Las consideramos como una revelación debido a que nos comunica aspectos de Dios que no podríamos conocer si no se desvelan. El ejemplo más claro que apoya esto lo encontramos en las parábolas que nos legó Jesús por medio de los Evangelios. Por medio de unas narraciones aparentemente simples, Jesús nos comunica aspectos sobre Dios, el Reino de Dios, la Verdad, etc, que son todo menos simples y evidentes.

Es interesante reseñar que el Mensaje Sagrado se comunica por los mismos medios y lenguajes que se consideran vehículos artísticos: palabra, pintura, escultura, música, etc. Podemos hacer un rápido repaso sobre cómo se comunica la revelación utilizando estos lenguajes artísticos, apoyándonos en citas de diversos autores.

Empezamos por el arte sagrado de la pintura, donde el mejor exponente de su función sagrada es el Icono. Un icono es sagrado en cuanto nos revela a Dios mediante el arte del escritor de iconos. Jean Hani nos habla sobre qué es un icono y cómo debe ser entendido el mensaje contenido en el:

El ícono es el perfecto ejemplo de arte sagrado. En su campo, realiza perfectamente la representación de las realidades celestiales, de los arquetipos eternos; de este modo es un soporte de influencia espiritual y desempeña un papel que las autoridades eclesiásticas competentes no dudan en llamar sacramental. Es fuente de bendición e instrumento de contemplación; de bendición por el tema sobrenatural que representa según una regla canónica y que irradia su fuerza de bendición; de contemplación porque conduce de lo sensible a lo inteligible, de lo terrenal a lo celestial, a las verdades eternas, pues el icono es una visión del Cielo.

Porque el tema fundamental de todo icono, ya sea un retrato o un tema con varios personajes, es el hombre; pero precisemos enseguida: no el hombre terreno, en su estado terreno y su apariencia física, sino el hombre redimido y ya resucitado que vive en el Paraíso en la contemplación de Dios. Si esto es así, es porque todo icono deriva del icono primordial que sirve de modelo a todos los demás: el de Cristo. Como precisaron los Padres de Nicea, este icono es una prolongación de la Encarnación, es la imagen del Dios Hombre, que a su vez es imagen arquetípica del Hombre Dios, o sea el modelo de lo que tiene que ser el hombre creado «a imagen de Dios» cuando «se convierte en lo que él mismo es».” [1]

El canto como unión perfecta de música y oración nos ayuda a focalizar el ánimo, espiritualidad y la atención durante las celebraciones litúrgicas. En el diario de Raissa Maritain, una admirable mujer, poeta y contemplativa (1883-1960) podemos encontrar la siguiente cita:

"Necesidad de los cantos en la iglesia: canto del coro, canto de los fieles, canto de los mundos. La palabra es demasiado seca, demasiado limitada para expresar tal Amor. Es preciso el canto esplendido o el silencio que es otro lirismo, el del amor unificador que une al propio Júbilo divino." [2]

El amor al que se refiere Raissa es un amor revelado mediante el canto litúrgico, ya que no es algo a lo que podamos acceder por nosotros mismos.

En al arquitectura o escultura sucede lo mismo. Las estructuras espaciales incorporan niveles de significado y simbolismo que permiten ser leídos por aquellos que están preparados para ello. Quienes no lo están pueden disfrutar de la revelación por medios intuitivos.

“No olvidemos que el arte románico está lleno de símbolos y que, como decía Plotinio, el hombre sabio es aquel que en una cosa lee otra. Por todo ello, sugeriría que el arte románico- y más concretamente su percepción simbólica anagógica- actuara como tal anzuelo para personas hambrientas de un significado más profundo. A partir de allí pueden comenzar a elaborar una actitud de concientización que les capacitará para moverse en un proceso de interiorización, de modo que puedan integrar el significado de un símbolo, revolucionando los presupuestos ortodoxos que separan actualmente el conocimiento del observador de la concepción de la realidad de su experiencia.[3] (Malvis)

El mensaje sagrado difícilmente puede mostrarse de manera pragmática y científicamente analítica, ya que significado excede al capacidad de comunicación de evidencias. Pero es admirable que el mensaje se exprese de manera especialmente fidedigna utilizando cualquiera de los medios artísticos antes citados.

También es interesante la opinión que el cardenal Tomas Spidlík da sobre lo el mensaje sagrado que es transmitido por el arte:

“El arte que se manifiesta en los iconos, en la imagen sagrada y en la liturgia. Cuando se enseña la doctrina sólo con los conceptos racionales, evidentemente el misterio es muy limitado. En cambio, el símbolo mantiene la plena riqueza de significados. No hay que entender el símbolo como atributo decorativo. La palabra símbolo hay que entenderla a la letra, como signo visible e inmediatamente perceptible de la realidad que indica. Por eso Jesús habló siempre con parábolas, con símbolos; y la liturgia oriental está llena de símbolos, es un icono vivo.” [4]


San Juan dice que Cristo es el Logos, es decir lo que expresa y da sentido a todo lo creado. Por eso Cristo es el Evangelio, la Buena Noticia que se manifiesta y comunica a nosotros. Cristo nos dice que todo y todos tenemos sentido en Él y que ha venido al mundo para comunicarlo. El Mensaje Sagrado no es más que Cristo manifestado a los seres humanos, el Logos. No se trata de nada oculto, aunque comprender este Misterio sea imposible para el ser humano. 

[1] Mitos, ritos y símbolos (1999). Jean Hani. José J. de Olañeta, Editor, Palma de Mallorca.
[2] El diario de Raissa.(2009) Maritain, Raissa p60. Jaques Maritain Editor.
[3] La nueva percepción simbólica. Cada símbolo posee niveles de interpretación diferentes. (2005) Malvis. http://www.circuloromanico.com/index.php?menu_id=5&jera_id=65&page_id=59&cont_id=70
[4] Entrevista al Cardenal Tomás Spidlík. (2003). 
http://www.30giorni.it/articoli_id_2220_l2.htm

martes, 3 de febrero de 2009

¿Qué es lo Divino y lo humano?

Divino-humano y sagrado-profano forman dos binomios compuestos por elementos antagónicos que nos encontramos constantemente al escudriñar las profundidades de nuestra religión.

No es raro encontrar que divino y sagrado 
se toman como sinónimos. Lo mismo sucede con humano y profano, que tienden a comprenderse como asimilables . Esta simple asignación de equivalencia, más que simplificarnos la vida, nos trae innumerables dolores de cabeza al intentar componer el puzzle que significa creer en Dios en la sociedad actual. Por lo tanto, es necesario delimitar qué es cada cosa y qué función tiene dentro de nuestro entendimiento.


Encontramos una referencia en la obra de Mircea Eliade. Gracias a ella es posible acercarse al significado de “lo sagrado” como una dimensión de nuestra humanidad y concebir que todo hombre tiene una importante dimensión religiosa. Gabriel Andrade, en su artículo sobre Eliade y Girald [1] hace una síntesis de gran claridad sobre la esencia de la obra de Eliade:

“[Para Eliade]
Lo sagrado es una suerte de absoluto que abarca todo lo religioso y que se opone a su contraparte, lo profano

Tomando como base el “homo religiosus” de Eliade, “lo sagrado” se contrapone constantemente a “lo profano” en todos los aspectos vivenciales y actos que realiza. Además, entiende la dimensión sagrada como algo absoluto y común a todas las religiones, aunque no compartan el mismo concepto de divinidad, práctica y trascendencia. Podemos hacer una primera crítica de esta visión indicando que el entendimiento que Eliade propone es, en muchos casos, poco sistematico [1].

También podemos criticar la reducción simplicista que lleva a considerar que la Divinidad, Dios, forma parte de lo sagrado. Es decir, trata a Dios como un objeto más dentro del universo religioso del ser humano; una idea más que se integra en “lo sagrado”. Aceptar la visión de la divinidad que Eliade nos propone significa aceptar que el “Sancta Sanctórum” está vacío y que lo único que poseemos es una apariencia que forma parte de la dimensión socio-cultural del ser humano. Pensando así aceptaríamos el agnosticismo leve imperante dentro del cristianismo contemporáneo. Para dilucidar el asunto es conveniente elaborar un estructura que sistematice esta serie de dimensiones y nos permita guiarnos entre el caos imperante.


Es necesario reflexionar sobre cómo separamos en nuestro entendimiento estas dos dimensiones: los sagrado y lo profano. 
Lo "profano” se presenta como la antítesis de lo "sagrado”, dando por sentado que no pueden convivir. Si aceptamos esto y aceptamos también que lo sagrado resulta imposible de vivir, es fácil preguntarse sobre la utilidad de lo sagrado. Hay tendencias cristianas que propugnan que lo sagrado es algo obsoleto que es necesario ver toda la realidad en igualdad. Dentro de esta línea de entendimiento podemos citar el agnosticismo cristiano que es típico de las corriente progresistas dentro de la Iglesia Católica y otras confesiones. Para ellos Dios existe, pero está an lejos y le importamos tan poco, que es como si no existiera. 


Hay otro entendimiento que parte de premisas contrarias. Dios existe y está implicado de forma constante y cercana en nuestra vida cotidiana. Aceptando esta premisa la realidad que nos rodea se comprende una manifestación de Dios. Hay que tener cuidado, porque llevando esto al extremo nos encontramos con el pensamiento gnosticista, que propone que lo humano es imaginario, indiferente y despreciable.


No podemos olvidar que somos nosotros quienes valoramos lo que vemos, entendemos y optamos por dar un significado u otro a lo que se nos presenta delante de nosotros. Cada ser humano está llamado a tener un entendimiento de la realidad que nos rodea, un entendimiento es una hermenéutica que nos guiará a lo largo de nuestra vida. Ser consciente de esto y ser responsable, es imprescindible. 


Desde el punto de vista judío y cristiano, “lo divino” es aquella dimensión que se asocia con Dios. Dios es perfección, totalidad, amplitud, belleza, amor, etc. ¿Qué tipo de relación podemos tener los humanos con la divinidad? ¿Hubo alguna relación directa? Mirando el problema desde el punto de vista de la hermenéutica bíblica, la divinidad es inaccesible al hombre desde el momento en que el hombre “es expulsado del paraíso“. Podemos aceptar que antes de la expulsión existía una relación directa Dios-ser humano y que esa relación fue rota por el ansia del hombre por ser como Dios. Entonces ¿Qué posibilidades tenemos de acceso a lo divino desde ese momento? Si aceptásemos que no es posible la existencia de ninguna relación entre Dios y el hombre, entraríamos en la esfera del agnosticismo cristiano actual. Si consideramos que el ser humano fue creado por Dios con un objetivo, es evidente que debe existir una nueva relación que nos permita seguir formando parte del plan Divino. 


Podemos definir “lo humano”, como todo lo relacionado con la naturaleza falible, relativa y condicionada que llevamos en nuestro interior mujeres y hombres. Lo humano se podría considerar circunstancialmente antitético con lo divino, pero a su vez no es posible desligarlo de la creación divina y de los objetivos que Dios tiene para nosotros. Hay algo que liga, amarra, atrae a lo humano hacia lo divino. Un ansia que solo en los tiempos modernos se desprecia y se acalla mediante la ignorancia y el abuso de las sensaciones y placeres.

Entre divinidad y humanidad aparece un puente: lo sagrado. Lo sagrado está integrado por la revelación que Dios ha dado al hombre a través de los siglos. Es la nueva relación entre Dios y el hombre. Relación que cobra todo su sentido y esplendor tras la encarnación de Cristo.


[1] “Tiempo cíclico” en la obra de Mircea Eliade y René Girard. Andrade, G y campo-Redondo, S. Utopía y Praxis Latinoamericana Año 7. Nº 17 (Junio, 2002). Pp. 9-35
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...