
"Los que sabemos bien que el Salvador no dice nada de una manera puramente humana, sino que enseña a sus discípulos todas las cosas con una sabiduría divina y llena de misterios, no hemos de escuchar sus palabras con un oído carnal, sino que, con un religioso estudio e inteligencia, hemos de intentar encontrar y comprender su sentido escondido. En efecto, lo que el mismo Señor parece haber expuesto con toda simplicidad a sus discípulos no requiere menos atención que lo que les enseñaba en enigmas; y aun ahora nos encontramos con que requieren un estudio más detenido, debido a que hay en sus palabras una plenitud de sentido que sobrepasa nuestra inteligencia... Lo que tiene más importancia para el fin mismo de nuestra salvación, está como protegido por el envoltorio de su sentido profundo, maravilloso y celestial, y no conviene recibirlo en nuestros oídos de cualquier manera, sino que hay que penetrar con la mente hasta el mismo espiritu del Salvador y hasta lo secreto de su mente... " (Clemente de Alejandría, Quis dives salvetur 5, 2-4)
Leyendo la estupenda entrada "
El Simbolismo de la Zarza y el Fuego" del P. Javier Sánchez en su blog,
Corazón eucarístico de Jesús. El Sagrario, no pude menos que acordarme de dos citas. La primera es la de Clemente de Alejandría. En ella nos encontramos con la evidencia del Misterio y de su inmensa profundidad.
No deberíamos dejar pasar la oportunidad de penetrar en Tierra Sagrada, descalzarnos y adorar de rodillas a Dios revelado ante nosotros. La revelación de Dios es como un regalo... está envuelto y solo si nos atrevemos a abrir el paquete, podremos admirar todo lo que contiene. Pero hay que abrir el paquete con humildad y sabiendo que si podemos hacerlo, es por Don de Dios mismo.
También vino a mi mente este breve pasaje del catecismo:
En María, el Espíritu Santo manifiesta al Hijo del Padre hecho Hijo de la Virgen. Ella es la zarza ardiente de la teofanía definitiva: llena del Espíritu Santo, presenta al Verbo en la humildad de su carne dándolo a conocer a los pobres (cf. Lc 2, 15-19) y a las primicias de las naciones (cf. Mt 2, 11). (Catecismo Nº 724)
Cuanta profundidad y cuanto amor de Dios concentrado y donado a nosotros.
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Señora, Madre de Dios y Madre nuestra
ayúdanos a acercarnos a Tu hijo y
a desear que Cristo nazca dentro nuestra.
Ruega por nosotros, Santa Madre
Solo con la gracia de Dios podemos acercarnos
al Misterio que es Dios mismo.
Amén