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miércoles, 1 de mayo de 2024

La Verdad parece escondida, pero no es así


¿Dónde está la Verdad? Es lo mismo que preguntar ¿Dónde está Cristo en estos momentos en que vivimos? Es evidente que encontrarse con el Señor nunca ha sido sencillo. El Joven Rico lo atestigua. Encontrarlo no es suficiente, sino que Él mismo nos llame por nuestro nombre y además, nosotros aceptemos el llamado. Hace unos días me encontré en las redes con esta frase:


En la tiempo pasados, muchas personas hubieran dado toda su fortuna por tener accesible la obra de San Agustín, como lo tenemos ahora en el portal de los Agustinos. de igual forma, tenemos en la red una gran cantidad de obras de los Padres de la Iglesia. Lo triste es que pocas personas nos dedicamos a leer este tesoro y darnos cuenta de la inmensa gracia de Dios que conlleva disponer de estas obras a un toque de ratón. Tenemos miles de videos de gran calidad de Youtube. Videos que hablan de la Verdad que habita entre nosotros y que no nos deja solos. Tenemos miles de blogs de personas que escriben para compartir la Verdad de forma totalmente gratuita. ¿Qué nos pasa? Nos quedamos con los comics emotivistas que tanto éxito tienen, pero que muestran a Cristo como una marioneta se que ajusta a nuestros gustos y estéticas. Lo preferimos porque no nos señala la Puerta Estrecha ni el Camino de negarnos a nosotros mismos.

Uno de los problemas con los que nos encontramos es que la Verdad está dispersa y rodeada de falsedades bien calculadas. Falsedades que son como ruido. Ruido que impide escuchar la Palabra que nos llena de sentido. A veces me pregunto ¿Qué es lo que el Señor busca con esta situación? Entonces me acuerdo de la Puerta Estrecha y la necesidad de ser dóciles como Palomas, pero astutos como serpientes. Creo que el Señor permite esto para indicarnos que tenemos que ser capaces de separar el trigo de paja. Pero con cuidado, porque hay que esperar al momento en que el grano esté maduro. Si intentamos separar la cizaña antes del momento, podemos cortar también la planta del trigo. Esto es lo que nos pasa actualmente. Creemos cualquier cosa o nos convertimos en descreídos. Dios nos pide madurez espiritual y esfuerzo de discernimiento.

Pero respondiendo Él, les dijo: Al caer la tarde decís: "Hará buen tiempo, porque el cielo está rojizo". Y por la mañana: "Hoy habrá tempestad, porque el cielo está rojizo y amenazador". ¿Sabéis discernir el aspecto del cielo, pero no podéis discernir las señales de los tiempos? Una generación perversa y adúltera busca señal, y no se le dará señal, sino la señal de Jonás. Y dejándolos, se fue. (Mt 16, 2-4)

Él nos da la señal, el signo de Jonás. El signo de los tiempos. ¿Los signos de los tiempos? ¿Qué es eso? ¿Somos capaces de ver más allá de lo superficial, aparente y emotivista? ¿Vemos más allá de las apariencias y formas? Porque el ruido de falsedades aturde e impide ver la Verdad, a no ser que Dios nos regale la inmunidad al ruido de falsedades que nos rodea.

Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es Él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello (Jn 6, 26-27).

Esperemos ser marcados con el sello que es signo de Cristo en nosotros. Porque el signo de Cristo nos marca para toda la vida y nos transforma radicalmente. Nos permite ver más allá del ruido de falsedades y medias mentiras.

Y vi a otro ángel que subía de donde sale el sol y que tenía el sello del Dios vivo; y gritó a gran voz a los cuatro ángeles a quienes se les había concedido hacer daño a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis daño, ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que hayamos puesto un sello en la frente a los siervos de nuestro Dios. (Ap 7, 2,3)

La Verdad transforma y esto duele a nuestro ego. Cuando Cristo llama a nuestra puerta, espera que le abramos. Espera que le permitamos habitar en nosotros. No perdamos la Esperanza, porque sin ella, estamos realmente perdidos!!! La Verdad no está escondida, son nuestros ojos los que temen abrir los párpados y ver más allá del ruido mediático que nos presentan. Quizás, el silencio sea la mejor medicina que podamos tomar para orar.

martes, 29 de agosto de 2023

Y vosotros ¿Quién decís que soy Yo?

El pasado domingo se leyó un pasaje del Evangelio de San Mateo que tiene bastantes aspectos interesantes sobre las que reflexionar. Entre estos aspectos hay uno sobre el que podemos reflexionar. Nos encontramos con un "peligro" en el que caemos con mucha facilidad: la subjetivación emotiva de la Verdad. Si releemos el Evangelio veremos que Cristo pregunta primero: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? La gente indica lo que cada uno quiere creer, le gustaría que fuese o lo que es socialmente correcto. Después pregunta directamente a los Apóstoles: ¿Quién decís que soy yo?" Pedro no espera, indica lo que el Espíritu le dicta.

Devolvió el Señor la palabra al apóstol por el testimonio que dio de El: dijo Pedro: "Tú eres el Cristo, Hijo de Dios vivo" y el Señor le dijo: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan". ¿Por qué? "porque no te lo reveló la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos". Reveló el Espíritu Santo lo que no pudo revelar ni la carne ni la sangre. (San Jerónimo, tomado de la Catena Aurea Mt 16, 13-19)

El peligro que antes indicaba valorar la pregunta que hace el Señor desde la subjetividad personal y no sobre la Verdad. Pedro indicó claramente:  "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" y Cristo le dijo que "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan: porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos". Creo que esto nos deja muy claro que Pedro respondió aquello que el Espíritu Santo le reveló directamente. No es lo que Pedro piensa, siente, le parece o intuye. Es la Verdad que se manifiesta en él con el objetivo de revelarse al mundo. Mundo que siempre se siente disgustado con la Verdad y que procura esconderla detrás de cualquier tramoya, simulacro divertido y bien visto.

Es muy frecuente que se indique que "no vale" repetir lo que indicó Pedro, como si la subjetivación fuese más importante que la Verdad. Si una persona se atreve a repetir las palabras que el Espíritu reveló a Pedro, es como si no quisiera "jugar" al aplaudido juego de los simulacros. Juego al que nos encanta jugar en esta era posmoderna. 

Preguntémonos ¿Qué es Cristo para nosotros? Puede ser que nuestra respuesta nos acerque a alguna de las aplaudidas caricaturas que representan al Señor en los tiempos que vivimos. Respuesta que resalta la emocionalidad subjetiva de cada uno de nosotros. Bueno, las caricaturas son justo eso caricaturas, no la Verdad que se hace carne y habita entre nosotros. 

Quizás nos acerquemos a lo que el Espíritu Santo indicó a Pedro. Entonces estaremos algo más cerca de la mano tendida que nos ofrece Cristo. La mano tendida que nos ayuda a salir de la sociedad líquida que nos ahoga. Tendríamos que preguntarnos si somos una moneda con el signo del Cesar o de Cristo. De esto podríamos hacer una nueva pregunta ¿Qué son los sacramentos para nosotros? ¿Son una costumbre o un signo sagrado que nos marca?

En nuestra sociedad posmoderna impera la cultura de la cancelación y esto también repercute en la Iglesia. Si tenemos impreso el signo de Cristo, seguro que somos ignorados por todas las corrientes eclesiales de moda. Nos mirarán de reojo y murmurarán. Seremos invitados a desaparecer porque estorbamos. Nos ignorarán como si no existiéramos. Pero no nos sintamos mal. Si repasamos las Bienaventuranzas nos encontraremos que:

Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de Mí. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros.

Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.

Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (Mt 5, 11-16)

No desesperemos, aunque nuestro ánimo tenga momentos más o menos oscuros. Las mareas las controla el Señor. Nosotros, debemos esperar su llegada con la lámpara de la Fe encendida. Para ellos, el aceite es imprescindible: Esperanza. Esta es la clave de la espera en los tiempos que vivimos.

martes, 8 de agosto de 2023

Sentido del Misterio en este siglo XXI que vivimos.

Puerta lateral de la Iglesia de Santiago, Torun, Polonia.

"Yo estoy a la puerta y llamo; si alguien oye Mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo" (Ap 3, 20)

Es verano y el calor nos ayuda a reflexionar con tranquilidad sobre lo que, durante el resto del año, casi no nos fijamos. ¿Por qué el Misterio Cristiano va perdiendo relevancia según pasan los años? Durante el Pontificado de BXVI, que Dios lo tenga en su gloria, el Misterio pareció revivir de forma milagrosa. Al menos se detuvo la caída que padecía desde los tiempos de la Revolución Francesa. 

En un sentido trascendente, el término "Misterio" se refiere a aquellas realidades que están más allá de la comprensión superficial, cotidiana y puramente evidente. El Misterio está asociado con aspectos profundos y ocultos de la existencia, la espiritualidad, la fe y la realidad. Para darnos cuenta del sentido del Misterio en el contexto actual, es necesario atender a las siguientes consideraciones:

Revelación personal: Los misterios a menudo están relacionados con experiencias de revelación personal y espiritual. Aquí, el individuo puede sentir que ha obtenido una comprensión directa e íntima de una verdad profunda que trasciende el conocimiento convencional.

Profundidad de conocimiento: Los misterios representan un nivel más profundo de conocimiento que no puede ser completamente capturado o explicado por las formas tradicionales de pensamiento o lógica. Estos conocimientos a menudo se transmiten a través de enseñanzas secretas, simbolismo y experiencias personales de revelación.

Simbolismo y alegoría: Los misterios a menudo se expresan a través de símbolos, analogías y alegorías que requieren una interpretación más allá de su significado literal. Un ejemplo son las parábolas. "El Reino de los Cielo es como..." nos permite entender de forma simbólica y alegórica, aquello que se nos hace imposible de entender por evidencias. Los Sacramento también se denominaban antes como Misterios, ya que exceden nuestra capacidad de comprensión y nos religan con Dios. Los símbolos pueden ayudar a hacer vivo aquello que es difícil de comunicar de manera directa.

Unión con Dios: En la Tradición Apostólica encontramos que los Misterios están relacionados con el deseo de unión con lo Divino, lo Trascendente. Acercarnos a los Misterios nos ayuda a tener más conciencia de lo que conecta, religa, con lo que está más allá de la realidad cotidiana.

Transformación personal: La exploración de los misterios a menudo conlleva un proceso de conversión profunda. Se trata de dejar que la Gracia de Dios haga el milagro de la transformación personal y espiritual. Al comprender y experimentar aspectos lo trascendente, las personas pueden experimentar cambios en su percepción, valores y sentido de propósito. Pero esto no ocurre por la "fuerza" personal, sino por la Gracia del Espíritu.

Exploración de la naturaleza de la realidad: Los Misterios también pueden involucrar preguntas profundas sobre la naturaleza de la realidad, la existencia y el propósito de la vida. Estas cuestiones a menudo desafían los paradigmas convencionales y pueden llevar a una comprensión más amplia de la realidad. Una realidad que padecemos sin llegar a comprender lo que hay tras ella.

Dicho todo esto, es necesario indicar que es complicado encontrar grupos o personas, que cultiven esta profunda devoción por los Misterios Cristianos. Lo normal es que seamos ignorados por las dos tendencias extremas: el tradicionalismo y el progresismo. No somos útiles para sus intereses humanos, por lo que no le llegamos a importar. Como pocos, casi nadie. No representamos peligro para el "status quo" del poder estructural eclesial.

En resumen, los Misterios representan conocimientos y experiencias que van más allá de lo superficial, cotidiano y lo evidente. Estos Misterios pueden estar relacionados con aspectos profundos de la existencia, la espiritualidad, la fe y la conciencia, y su búsqueda puede llevar a una mayor comprensión de la naturaleza de la realidad y la conexión con Dios. Nos ayudan a estar en "sintonía" con la melodía de la creación. Somos pocos, pero no dejamos que la llama de la lámpara se apague. 

martes, 14 de septiembre de 2021

Caminando hacia el abismo de lo cotidiano

De vez en cuando viene bien pararse a mirar el camino recorrido, los pasos datos y valorar hacia dónde no dirigimos. El ser humano tiende a olvidar el sentido de totalidad que tiene su paso por esta vida. No somos una "chispa entre dos nadas", como postulaba Sartre. Somos una chispa entre dos focos de luz: nacimiento y muerte. Mirando lo recorrido en este blog desde el año 2009, me parece que es interesante diagnosticar y tomar conciencia de dónde estamos en estos momentos.

Actualmente vivimos un época especialmente oscura. Lo sagrado, lo trascendente, ya no genera inquietud entre nosotros. La tecnología nos ofrece sucedáneos mucho más atractivos. Podemos empezar por sustituir la conciencia de sí mismo, por la distracción constante que nos ofrece la tecnología. Podemos vivir una vida irreal de miles de formas atractivas, aunque absolutamente vacías. La vida ya no es una chispa, sino más bien, un avatar digital dentro de un entorno diseñado para tenernos entretenidos y tranquilos. Cada vez somos más dóciles ante la sociedad.

¿Y la religión y la fe? La Iglesias se vacían. Los ritos quedan reducidos a costumbres sociales que nos gusta repetir para sentirnos mejor. El Papa actual tiene razón cuando dice «No nos resignemos a una fe que vive de ritos y de repeticiones». Ritos vacíos que se repiten como costumbre. Ritos que intentan emular la Liturgia, pero sólo llegan a reproducir su estética. Ritos que no parten de lo más profundo de nuestro ser, sino de repeticiones sin sentido alguno. El Papa tiene razón, pero lo interesante es pensar hacia donde tenemos que ir para dar sentido sagrado a todo lo hacemos en la vida. Nunca quedarnos con la opción negativa que tanto gusta a muchos: que desaparezca aquello que tiene valor incalculable, pero no llegamos a darle vida. La "nada" de Sartre. Nada que se propone que desaparezca y no se busca llenar de entendimiento. Los ritos que no tienen sentido son meras repeticiones culturales. El verdadero rito es Liturgia. Lo es porque nos llena de sentido, nos acerca y re-liga a Dios. Nuestro deber es penetrar en el sentido de los ritos litúrgicos para que podamos encontrar el "Agua Viva" en su interior.

¿Qué sentido tiene lo sagrado y consagrarnos personalmente, cuando todo lo que nos rodea se va convirtiendo en un metaverso virtual?  Un metaverso creado por el ser humano a su medida y según sus intereses. ¿Nos sorprende que ya no haya espacios en la red que hablen de lo trascendente? ¿Nos sorprende que la Tradición se convierta en una serie de estéticas, costumbres y filiaciones grupales? No hace mucho leía a una persona que se presenta como hiper-tradicionalista y preguntaba en las redes si rezar unos misterios u otros en sábado son líneas rojas para quienes se consideran "tradis". Hace poco veía un meme donde se indicaba cuándo persignarse en forma de caricatura y sin mostrar el sentido de trazar la señal de la cruz sobre nosotros. También me sorprende la cantidad de imágenes devocionales que muestran caricaturas de santos, la Virgen, de Cristo o Dios Padre. Esto es lo que nos ofrecemos unos a otros en estos momentos para vivir la fe. Sin duda, sólo llegamos a una fe socio-cultural profundamente postmoderna. La Tradición Apostólica es desconocida y rechazada como si fuese puramente estética y costumbres humanas. Ahora, el tradicionalismo aparente se llena de estéticas del siglo XIX que venera por encima de Dios. Estos son los tiempos que vivimos. Tiempos llenos de contradicciones, partidismos y dolor.

Hace un rato leía el post publicado en este blog el 15 de febrero del 2009: "Qué es lo sagrado" y comparaba mi limitada e incapaz forma de hablar de estos temas, con la realidad que vivo y vivimos. Decía en este post que: " Por lo tanto, lo sagrado no es cotidiano en nuestra vida. Si llevamos lo sagrado a convertirse en cotidiano, pierde su sentido. Por otra parte, a lo sagrado debemos un respeto reverencial, porque nos enlaza, re-liga, con la Divinidad, con Dios.". Hemos hecho que nuestra fe sea algo cotidiano, recurrente, repetitiva, automatizada. Hemos hecho que nuestra fe se convierta en una tramoya estética ritualizada. Hemos transformado la caridad oculta en marketing que nos eleva a convertirnos en famosos influencers que ganan dinero por medio de la fe. Sí. Esa fe de la que Cristo nos dice que debemos de dar gratis lo que hemos recibido gratis (Mt 10,8). En estos momento hay que dar gracias a Dios cuando la misa a la que asistimos no es un show socio-cultural, aunque sea profundamente superficial.

Caminamos hacia el abismo de lo cotidiano. Ya nos estamos despeñando. El abismo en el que perdemos todo lo que nos re-liga, transforma y nos ata a Dios. El abismo que termina de destrozar la naturaleza herida que llevamos con nosotros. Dios nos ayude y nos permita seguir adelante sin perder la Esperanza.

martes, 10 de noviembre de 2020

La seducción se ha convertido en el motor del mundo

 


Hace tiempo que no escribo algo sustancial en este blog. Tengo que confesar que todo lo que nos rodea se ha ido convirtiendo en intrascendente a marchas forzadas. Cuando todo es intrascendente, la transcendencia, que palpita en nuestro ser, tiende a enquistarse para sobrevivir a tantas noticias fake y acontecimientos sin sentido alguno. En resumen, escribir un blog que se centra el Misterio Cristiano como centro de la transcendencia, llega a parecer inadecuado frente al silencio místico que todo lo contiene.

¿Qué me ha hecho empezar a escribir una nueva entrada? Un artículo que no tiene nada de trascendente, pero que dibuja perfectamente la intrascendencia tanto de la sociedad, como de las comunidades cristianas actuales: "La seducción se ha convertido en el motor del mundo". Este artículo habla del libro ‘Gustar y emocionar’, que ha publicado el sociólogo francés ,Gilles Lipovetsky. Gilles es uno de los grandes analistas del presente hipermoderno y como tal describe claramente los aspectos que vacían a nuestra sociedad y a nuestro comportamientos postmodernos. Comparto una de las respuestas a la entrevista que le han realizado al autor:

La individualización ha roto los encuadramientos colectivos. Uno antes pertenecía a un colectivo de trabajo, de barrio, de religión, lo que sostenía a individuos que vivían en condiciones difíciles, tenían una suerte de seguridad interior. Hoy tenemos libertad, podemos cambiar de oficio, mujer, religión, la vida privada es libre, pero los individuos han devenido extremadamente frágiles, lo vemos con los intentos de suicidio, el estrés, las depresiones, las adicciones. Hay una fragilización de la vida individual que hace que lo que vivimos se convierta en problemático. Los padres no están seguros de cómo educar a los niños, se informan, leen libros, se preguntan si son buenos. La alimentación igual, es bueno para la salud, no... La sociedad de seducción ha permitido más libertades, pero esa autonomía individual tiene un precio fuerte, que es la fragilidad psíquica. No hay que condenarla, sino de nuevo enriquecerla.

Antes teníamos y valorábamos el sentido de la pertenencia. Pertenecer significaba solidez y apoyo mutuo. Ya esto no es así. Las pertenencias son flexibles, maleables o incluso, meramente ilusorias. Fijémonos, por ejemplo, cuántas formas existen de ser "católico" y lo complicado que es convivir en fraternidad con otros "católicos". Les pongo otro ejemplo. La historia nos habla de cismas religiosos como rupturas de la homogeneidad de pertenencia y obediencia. Los cismas ocurrían cuando los gobernantes rompían la homogeneidad religiosa, apoderándose de todos los fieles que estaban bajo su mandato. Hoy en día no puede haber cismas como los antiguos, ya que los gobernantes no tienen potestad religiosa sobre sus gobernados. Aunque haya decenas o centenas de grupo católicos contrapuestos y enfrentados unos a otros, no habrá cisma en el sentido antiguo. Cada uno de nosotros podemos vivir una religión totalmente personal sin que haya problemas sociales en ello. Las comunidades católicas se vacían y a veces hasta hay quienes lo agradecen porque esto genera menos tensiones internas y problemas externos. Si una persona se aleja, hay quienes se sienten aliviados antes que preocupados.

Como dice Gilles, vivimos en una sociedad de seducción. Una sociedad en la que las apariencias y los simulacros tienen valor en cuanto son capaces de arrastrar a más personas durante cierto tiempo. Esto ha llegado hasta a la evangelización por medio de líderes evangelizadores en las redes sociales. Líderes que intentan seducir con las apariencias que se estilan en cada momento. Según las apariencias valoradas cambian, unos evangelizadores crecen en seguidores y otros menguan en los mismo. Qué hubiera sido de Cristo si se hubiera preocupado por el número de seguidores y de likes que tuvo en cada momento.

Gilles señala que la seducción continua no nos llevará lejos y plantea emplear al seducción (marketing y venta de apariencias) como forma de devolver algo de sustancialidad a la sociedad:

Tenemos como ideal viajar, comprar marcas, distraernos... No es espantoso, pero no está a la altura de una sociedad humanista que debe darse también otros ideales que no sean gustar por la apariencia y ser seducido por las mercancías. En la escuela se deben ofrecer otros modelos, que no sean de pura seducción. Ahí están la cultura, el pensamiento crítico, el arte, para que los niños busquen en la vida otras cosas que técnicas de seducción. Dar de nuevo el sentido del esfuerzo, el trabajo y la innovación, la formación de la inteligencia. No se puede esperar todo de la seducción. Mostrar que por el trabajo y el esfuerzo las personas pueden realizar cosas que les pueden satisfacer. No todo puede ser divertido todo el rato. Es un mito. Hay que repensar la educación, el sentido de la cultura, de la empresa y la vida económica. Utilizar la seducción para hacer evolucionar nuestra relación con ella. Hoy no funciona de forma satisfactoria. Debemos proponer a las generaciones futuras objetivos dignos ecológicos, sociales, culturales, artísticos, morales.

Es evidente que podemos usar los caramelos para que se nos llenen de caries los dientes o como motivador para hacer algo productivo. ¿El fin justifica los medios? ¿Nos contentamos con un bien menor porque al menos es un pequeño bien y cuesta menos que un gran bien? En la Iglesia nos sucede justamente lo mismo. Justificamos los medios porque buscamos fines buenos. Nos contentamos con que una parroquia no se cierre, antes que conformar una verdadera comunidad cristiana. En una sociedad e iglesia llena de grupúsculos inestables y enfrentados, quien intenta mantenerse sobre la Roca resulta despreciable. Quien intenta generar una comunidad sobre la Roca, es un peligro para el sistema.

¿Qué pasará con todo esto con la crisis pandémica del COVID? Gilles nos dice:

¿La Covid-19 nos cambiará? No. Acelerará lo que ya estaba en marcha. Teletrabajo, compras online, teleeducación, telemedicina.. En cuanto al apetito de distracción, consumo, divertimento, no. Este verano cuando las medidas de confinamiento se suprimieron todo volvió a ser como antes. Se comprará más con el smartphone y habrá más teletrabajo pero no pondrá fin a la sociedad de hiperconsumo.

La Iglesia tiene un gran desafío delante. La virtualización de las relaciones humanas va a incrementar el valor de todo lo que nos haga distraernos de la terrible soledad que ya sufrimos. La religión ya está siendo adecuada a estas circunstancias, incrementando lo que nos separa a unos de otros. Cada cual ve la misa que le gusta y escucha el sermón que le motiva. Compartimos en las redes intentando que llegar a más y más personas. Puedo indicar que desde que se inicio la crisis COVID, los perfiles/grupos Católicos de FB están sometidos a un tipo de SPAM católico que hace años sería sorprendente. Hace 40 años, cada cual vivía la Liturgia de su entorno inmediato. Ahora, asistimos a la representación litúrgica que más nos gusta. Podríamos incluso llegar a vivirla en un entorno 3D casi real, por medio de las herramientas que ya existen. ¿Y la comunidad? Alguno ya se pregunta ¿Para qué una comunidad cuando cada uno de nosotros se sirve el plato religioso que mejor la va?

¿Podemos luchar contra los vientos sociales de la época en que vivimos? Sin duda no es posible ir más allá del un aislamiento que cada cual elija. Pero Dios sacar bien hasta el peor de los males. Nos lo demostró en la redención. ¿Qué nos queda ahora por hacer? Reflexionar y ponernos en manos de Dios. Él sabrá guiarnos hacia donde Él quiere que nos movamos. Ya consumimos religión. En el futuro esto irá a más.


martes, 3 de octubre de 2017

Rompo el silencio con una pregunta...



¿Tiene sentido que un perro se pase el día ladrando, cuando nadie le hace caso y además, molesta a quienes no quieren escuchar sus ladridos? 

No creo que podamos negar que la Iglesia ha cambiado sustancialmente. Lo sagrado, que antes era sustancial, ha sido sustituido por "lo social", buscando un compromiso que permita que cada cual viva y deje vivir. Actualmente vivimos una variedad de nuevas religiones intraeclesiales. Incluso si utilizamos los mismos signos, el entendimiento de ellos cambia radicalmente de un católico a otro. Los sacramentos se han convertido en signos sociales, por lo que dejan de tener las restricciones de acceso que antes existían.

Para la inmensa mayoría de los fieles, los sacramentos son signos de inclusividad social, dentro de una iglesia que aspira a tener las "puertas abiertas" para todos y a todo.  

Muchos prelados y personas encuentran maravilloso el sentido social que se puede deducir de la Encíclica Amoris Laetitia. El sacramento del matrimonio se ha convertido en algo tan relativo y adaptable, que podemos seguir accediendo a todos los sacramentos, aunque se viva de forma contraria a lo que Cristo nos pide. Si protestas por ello, te llaman de todo menos bonito. ¿Razón? Porque rompes la "armonía social inclusiva" con razonamientos incómodos, que no merecen ser considerados.

Miren la imagen que he incluido en este post. Es un ejemplo de arquitectura postmoderna. Yuxtaposición de estilos, formas, funcionalidad y pérdida de un sentido global y sustancial. ¿Tiene sentido protestar delante de un edificio como este? La gente pasa por delante indiferente. Quien quiera vivir en la parte clásica, puede hacerlo. Quien quiere vivir en la parte moderna, no tiene problema alguno. Quien quiere pasar de una a otra, tiene libertad para hacerlo. Quien ignora todo, sigue adelante como si nada.

A la inmensa mayoría de los fieles les da igual el significado de lo sagrado. No va con ellos, porque tienen asuntos más importantes a los que dedicarse. 

Somos pocos los que sentimos que nos han robado nuestra religión, trasformado nuestra fe y nos excluyen si protestamos. Somos como perros que ladran y ladran. Molestamos y en el mejor caso, nos ignorarán. La garganta inflamada nos impedirá seguir ladrando tarde o temprano.

Es evidente que dentro de la Iglesia ya existen una amplia variedad de religiones. Aunque nos reunamos en un mismo sitio con un rito medianamente común, la realidad es que celebramos cosas muy diferentes. Aunque la Liturgia aparente ser la misma, hay muchas formas de entender, celebrar internamente y vivir, los mismos signos. Hace unos días leía un artículo que decía que caminamos hacia una iglesia católica no confesional. Ser católico es aceptar el universo humano de entendimientos de la fe y la ausencia de fe. Dicen que Dios no es católico sin que pase nada.

Se nos olvida que además de católicos, somos apostólicos. Apostólicos porque aceptamos que la catolicidad debe estar referida a la Tradición Apostólica y no a la tolerancia postmoderna imperante.

En la Diócesis de Turín se lleva celebrando una “misa ecuménica” desde hace tiempo. Esta misa va cambiando de templo para que comunidades luteranas, evangélicas, valdenses y católicas, puedan compartir la misma celebración. Como es lógico, desaparece la presencia de Cristo en la consagración. ¿Por qué? Para no causar problemas y permitir que la reunión sea amistosa. Esta misa está apoyada por el obispo turinés y por la Santa Sede, por lo que su celebración no es algo marginal o secundario. ¿Qué es lo importante en esta misa ecuménica? La comunidad que se reúne y convive, para dar gracias a un dios lejano e indiferente. Un dios que cede el protagonismo al ser humano, porque le damos igual. Ya no tiene sentido “amar a Dios sobre todas las cosas”, ya que lo importante es amarnos a nosotros mismos por encima de todo. Incluso encima de Dios. En este contexto, parece innecesario que nos preocupemos por posibles cismas formales, ya que en la iglesia parece que todo cabe. Todo cabe mientras que nadie ponga en duda lo que otros hacen, creen o predican. Entonces se excluye a quien evidencia que el rey está desnudo.


¿Qué consecuencias tiene todo esto?


  • La primera consecuencia es el alejamiento de los fieles. Un alejamiento similar al que se sufre en los entornos luteranos o anglicanos. Como aceptamos que le damos igual a Dios ¿Qué sentido tiene reunirnos en comunidades, cuando al hacerlo, siempre terminamos peleando o ignorándonos con hipócritas caras sonrientes? 
  • Otra consecuencia es la pérdida de sentido de toda evangelización. En el mejor de los casos, cada uno de los entornos y sensibilidades eclesiales, entiende el Evangelio de forma diferente. Para algunos el Evangelio es activismo socio-solidario, para otros es activismo socio-organizacional, para otros es socio-cultural, para otros es diversidad de emotivismos estéticos, para otros es diversidad de herméuticas cognitivas. 
  • Se implanta una eclesialidad basada en dos palabras palabras: liquidez y postmodernidad. Lo único que no se acepta es proclamar que la Verdad es absoluta y que debemos adorarla tal cual se revela al mundo. Además, como dice el Cardenal Marx, no hay posible vuelta atrás. 
  • Exclusión para quien no se adhiera a la nueva religión. Los que se opongan a la liquidez eclesial se van quedando fuera. Fuera en una "teórica" iglesia que se predica como "de puertas abiertas" y "llena de misericordia". Véase lo sucedido con el prestigioso académico Josef Seifert, como ejemplo de la forma de actuar. Formas de actuar que han sido avaladas desde lo más alto de la Iglesia. Recordemos el ejemplo de los clavos. Clavos que "se sacan haciendo presión hacia arriba. O se los coloca a descansar, al lado, cuando llega la edad de la jubilación".
  • Las dimensión sagrada desaparece. Es innecesaria frente a lo social. Se pueden celebrar banquetes de Basílicas y pasear a dioses hinduistas por nuestros templos, convertir el templo en zona de recreo o en un dormitorio.
La sociedad reclama que la nueva iglesia y la nueva religión sean así. Una iglesia y una religión líquidas, maleables y adaptables a cada uno de nosotros. Si actualmente podemos definirnos a nosotros mismos como lo que queramos. ¿Qué sentido tiene dar un sentido transcendente y sagrado, a espacios arquitectónicos que pueden ser utilizados para socializarnos con regocijo de todos. Bueno, de todos menos de una minoría a la que se desprecia. Una minoría a la que se echa a patadas por ser rigorista, farisea, cara de pepinillo en vinagre, corrupta y hasta indigna de la salvación.

Cabe preguntarnos ¿Qué podemos hacer? La opción de ladrar vale para desahogarnos momentáneamente, pero ladrar de forma continua no nos llevará lejos. Más bien nos desesperará y nos hará desentendernos de la fe que tanto nos duele en nuestro corazón. Corazón que debería ser Templo del Espíritu Santo. Si dejamos que sea lacerado, con tanto dolor terminará por convertirse en un espacio de sufrimiento. No deberíamos dejar que el mundo nos hiera en el corazón, porque estaríamos perdidos. ¿El silencio? Es casi una obligación. Tenemos que buscar en silencio a Dios en nosotros y ser fieles a Cristo. Pensemos en Job y no perdamos de vista su ejemplo. No renegar de Dios, aceptar sus designios y tener la esperanza siempre viva en nuestro interior. ¿Esperanza en el mundo? ¡No! Esperanza en Cristo y en sus promesas. Si no podemos vivir la fe en una comunidad, al menos vivámosla con alegría y en silencio en nuestro corazón. Como el publicano, puede llegar el momento que nos pongamos al fondo de la iglesia, para no molestar y pedir perdón a Dios por nuestros pecados. En la penumbra, sin que nadie repare en nosotros. Dios nos ve aunque nadie más repare en nosotros. La comunidad que nos rechaza, es lo de menos. Dejemos que sigan dándose culto a sí mismos y alabando la dimensión socio-cultural de su humanidad.


jueves, 4 de mayo de 2017

¿Cómo es la Iglesia? ¿Diversa, plural o coherente?

La Tradición Apostólica señala que la Iglesia es UNA. No dice nada de que sea diversa y menos que sea plural (iglesias). Los diversos y plurales somos cada uno de nosotros. Cada cual con su carisma, dones y limitaciones. Cristo, por medio de la Iglesia (UNA) nos llama NEGARNOS a nosotros mismos y poner lo que nos diferencia (personas) en beneficio general de la Iglesia. Este es el sentido de la fraternidad a la que nos llama el Señor.

Si entendemos la Iglesia como diversa o plural, andamos hacia la atomización, fragmentación que es fuente de conflicto inmediato en lo inmediato y cisma en lo trascendente. La diversidad que genera grupitos y tendencias, que se separan de las demás, nunca es una riqueza. Hay que releer lo que pasó en la Torre de Babel, y compararlo con los efectos que tuvo el Espíritu Santo en los Apóstoles.

En el caso de la Torre de Babel, las obras-estructuras humanas que se crean para llevar a Dios, dan lugar a la división. Tras la efusión del Espíritu Santo, los diversos (Apóstoles) se integran en la obra de Dios dejando sus proyectos, gustos y preferencias a un lado. La Iglesia no es la de Pablo, Apolo o Pedro, sino la de Cristo. La Iglesia no es un conjunto de grupos que se ven a sí mismo como el Fariseo antes de repudiar al Publicano. Más bien deberíamos ser una multitud de Publicanos, arrodillados juntos, mirando al Señor y pidiendo perdón.

El problema actual es que ya estamos tan fragmentados y doloridos con los continuos enfrentamientos, que nadie quiere dejar su iglesita grupal y/o personal. La realidad es que detrás de todo enfrentamiento hay dolor, mucho dolor. Nos cuesta ver el dolor ajeno, porque ponemos por delante el dolor que sentimos en nosotros. Nos resulta fácil definir como malicia, el dolor ajeno, pero nos resulta imposible ver la malicia en nuestros repudios e indiferencias. Somos humanos construyendo Torres de Babel que quieren llegar a Dios. Estamos destinados al fracaso y no lo queremos ver.

Nos repele eso de "negarse a sí mismo y tomar la cruz", para poder seguir a Cristo. Preferimos reafirmarnos en lo que somos, buscar los similares y apartarnos a vivir la fe (socio-cultural) en el grupo de similares que me rodean. ¿Y los demás? ¿Qué pasa con quienes no están "dentro"? En el mejor caso les ignoramos, en el peor caso, les insultamos y repudiamos por no ser como "nosotros": los "elegidos" o los "seleccionados" para ser ejemplo de los demás.


¿Qué postura debería guiarnos entonces? Dejar de construir estructuras para llegar a Dios y por el contrario, rogar a Dios para que nos integre con aquellos diferentes que tanto nos repelen, en UNA Iglesia verdaderamente Unida. Una Iglesia que deje las formas del mundo a un lado y se dedique a caminar hacia Cristo. Si cada uno de nosotros quiere integrarse en una ONG o en un Partido Político o en una asociación solidaria, que lo haga. No hay problema construir obras humanas para el ser humano. Cada cual hará lo que mejor sabe para ayudar a su prójimo, amándolo como a sí mismo. Pero antes hay que amar a Dios sobre todo y todos. Incluso amarlo por encima de nuestra diversidad personal. El problema es construir obras humanas para llegar a Dios. Ahí donde aparecen los enfrentamientos y el dolor. Dolor por imponernos un sesgo de fe o por sentir que les damos igual a quienes teóricamente son nuestros hermanos. 

jueves, 23 de febrero de 2017

¿Cisma? ¿Qué Cisma? Ejemplo real (II)

En una sociedad a la que todo le da igual, mientras la alimenten con pan y circo, las etiquetas son parte del show de los medios. Los medios son los motores del fluido social que nos rodea. Con el cisma, algunos medios de comunicación ganarán mucho dinero, lo que presenta una oportunidad que no dejarán pasar. Lo promocionarán o lo combatirán, según saquen más beneficios. Algunas personas también verán oportunidades en la tormenta mediática y utilizarán la situación para conseguir notoriedad social, relevancia, capacidad de influencia. Los apologetas ideológicos de uno y otro signo intentarán crear o profundizar en los prejuicios que más les convienen. Los fieles, que no estén desconectados ya, se cansarán pronto del circo y se alejarán un poco más de una Iglesia que se percibe como otra tribu urbana entre la infinidad de las que existen.
Sobre la liquidez eclesial podemos leer unas declaraciones de Mons. Coccopalmerio en la presentación de su libro sobre Amoris Laetitia. Habla sobre el acceso a la Eucaristía y a quienes debe estar vedado el sacramento. No tienen desperdicio:

Pero, ¿a quién no puede la Iglesia admitir de ninguna manera («sería una latente contradicción») conceder los sacramentos? Coccopalmerio responde: al fiel que, «sabiendo que está en pecado grave y pudiendo cambiar, no tuviere ninguna sincera intención para llevar a cabo tal propósito». Es lo que afirma «Amoris laetitia»: «Obviamente, si alguien ostenta un pecado objetivo como si fuese parte del ideal cristiano, o quiere imponer algo diferente a lo que enseña la Iglesia, no puede pretender dar catequesis o predicar, y en ese sentido hay algo que lo separa de la comunidad. Necesita volver a escuchar el anuncio del Evangelio y la invitación a la conversión…».

En estas declaraciones podemos ver que:


La apariencia está sobre el ser. Lo que resulta importante es ostentar, evidenciar o intentar imponer a los demás algo que no se ajuste a lo que enseña la Iglesia. Si la Iglesia enseña cosas contradictorias, como de hecho lo hace según el documento al que nos refiramos, lo sustancial es “no intentar imponer” a los demás esa visión particular. Es decir, su cojo el Evangelio en el que se indica claramente que el adulterio es un pecado muy grave e intento que los demás comprendan que hay que atender a lo que dice Cristo, antes que lo que se interprete de documentos poco clarificadores, no debería comulgar. “Algo me separa de la comunidad” que acepta que los sacramentos son signos socio-culturales y desconoce toda sacralidad y trascendencia. Debo volver a escuchar el Evangelio, pero cuál evangelio y la invitación a la conversión, pero ¿A qué me tengo que convertir?

Sin duda algunos empezamos a pensarnos si es conveniente, o no, evidenciar una unidad que no es real y consistente. Si nos atrevemos a hacerlo público, dejaremos de tener el acceso a al Eucaristía, ya que hemos pecado de señalamiento del rey desnudo y dar razones de ello. Seríamos excomulgados aparentes, porque en esencia seguimos fieles a la Iglesia de Cristo. Por desgracia hay quienes insinúan que se nos puede considerar como "corruptos" o "corruptores" y aplicando el nuevo magisterio, dejaríamos de tener opciones de salvación. Estaríamos condenados directamente y sin posible remisión. Quien sabe a dónde nos llevará toda esta locura. Sólo Dios lo sabe y Él tenemos que orar con esperanza.

jueves, 16 de febrero de 2017

¿Cisma? ¿Qué Cisma? Planteamiento (I)

Cada día es más habitual escuchar a personas que hablan de cisma dentro de la Iglesia. Cisma (proveniente del griego schisma, separación, división) es la ruptura de la unidad y unión eclesiásticas. De hecho, desde hace décadas existen una inmensa cantidad de cismas dentro de la Iglesia, pero al no ser reconocidos como tales, quedan a nivel de cisma formal. Es decir, existe una ruptura que nos impide vivir unidos la misma fe y trabajar unidos.

Aunque la situación eclesial es muy preocupante, no creo en que lleguemos a un cisma real, porque a nadie le interesa generar una ruptura real y además, la estructura social/eclesial es muy diferente a la que existía hace siglos. Ya no tenemos una fe y una Iglesia sólida, coherente y consistente. La fe y la Iglesia actual es vivo reflejo de la sociedad en que nos movemos y a la que pertenecemos. Si nos damos cuenta, la Iglesia está compuesta por las mismas personas que vivimos en la sociedad actual. Vivimos en una sociedad líquida, por lo tanto la Iglesia se convierte en un apéndice socio/cultural de la misma sociedad.

¿Se puede romper un líquido? Evidentemente no es posible. En todo caso se puede separar, pero para ello hacen falta recipientes diferentes sin conexión alguna entre ellos. Nuestra sociedad, aparte de líquida, es global. Llega a todas partes e impregna la vida de todos los que estamos unidos por los medios de comunicación. Otra cosa es que un grupo de persona se separe totalmente de la sociedad y viva aislado de ella. Por ello no es sencillo generar un cisma en la sociedad en la que vivimos.

Antes, cuando un pastor se separaba de Roma, todos sus sacerdotes y fieles iban detrás, aunque no se hubieran enterado de nada. Cuando la sociedad y la Iglesia eran sólidas, se podían padecer rupturas y separaciones reales. Eso pasó con la Iglesia de Inglaterra cuando Enrique VIII se separó de Roma. El mismo hecho de que el rey asumiera la cabeza de la Iglesia inglesa, produjo un cisma.
Actualmente la sociedad y la Iglesia son líquidas y eso cambia muchas cosas. Plantear un cisma real puede quedar en una tremenda tormenta mediática y poco más. Si Roma ignora el planteamiento separador o dice que al como “¿quién soy para juzgar?”, encogiéndose de hombros, todo seguirá igual, como si nada hubiera pasado. De hecho es lo que viene pasando con frecuencia. Pensemos en el movimiento de curas austriacos y las consecuencias reales que ha tenido su rebeldía. Nada de nada. Seguramente me equivoque, pero soy muy escéptico con las consecuencias de un Cisma real, por muy consecuente y coherente que sea.

"Ser católico" ya no representa un entendimiento coherente y una fe sólida. La sociedad ya no comprende esos conceptos y categorías, porque su modelo es “fluir”, adaptarse. Se católico es una marca, una etiqueta que cualquiera se pone encima por estética socio/cultural. Es cierto que te puedes poner duro e indicar que la etiqueta no se ajusta a la realidad. Puedes llenar 20 libros de razones y hablar durante horas de ello ante los medios. En la postmodernidad las razones no tienen valor alguno. Lo que manda y ordena la sociedad es qué nos sentimos. Si te sientes árbol, todos aceptamos que eres un árbol. ¿Quiénes somos para juzgar? Eres árbol y punto. Te regaré mañana. Si pasas de dar razones a señalar incoherencias te rechazarán porque destrozas la panacea postmoderna. La panacea de la unidad del vacío, la armonía del silencio, la tolerancia de la lejanía mutua, la misericordia que es complicidad y la fe como herramienta social. Serás un rigorista, un “cara de pepinillo en vinagre”, una inadaptado socio/espiritual, un fariseo, pero nadie hará nada contra ti. En el fondo comprenden que te pones la etiqueta de “rigorista” y “disfrutas” haciendo evidente lo que sientes que eres. Eres molesto, pero se te tolerará. Perteneces a  tribu urbana peculiar dentro del fluido social donde nos movemos.


¿Eres cismático? Te preguntarán y como decía Jack Lemmon, en Con Faldas y a lo Loco, te responderán encogiéndose de hombros: "nadie es perfecto". Te insultarán por ser tan poco "tolerante, misericordioso y sociable" pero te dejarán vivir como quieras. ¿A quién le importa que unos u otros se pongan etiquetas entre sí o se pongan a sí mismos la que más les guste? Las etiquetas de "cismático" o la de "testigo del evangelio" o incluso la de "santo" han dejado de tener sentido. La postmodernidad hace que las etiquetas sean sólo apariencias emotivistas y socializadoras. Son formas de reconocerse y reconocer a los demás en un momento dado. Ya nadie desea etiquetarse para toda la vida, porque nos parece que perdemos libertad al hacerlo. 

sábado, 27 de febrero de 2016

Sacramentos alternativos

La Iglesia, desde muy pronto en su historia, señaló la existencia de una serie de sacramentos, que han llegado a nosotros como siete. De ellos, el que resalta sobre todos los demás es la Eucaristía, porque mediante este sacramento nos alimentamos de la Gracia de Dios. También son importantes el Bautismo y la confirmación, ya que son la columna vertebral del acceso a la fe. Los sacramentos son signos por medio de los que Dios nos ofrece su Gracia. Gracia que puede ser rechazada aunque el signo se haya realizado de forma totalmente válida. Para la recepción de los sacramentos, hace falta estar en estado de gracia y predispuestos a abrir el corazón al Espíritu Santo.

Es curioso que esta doctrina tan clara y unificadora, hay perdido hoy en día toda su fuerza y consistencia. Pocas personas ven en los sacramentos algo más que ritos antiguos que conservamos por costumbres. De hecho muchas personas dan más importancia a las obras de caridad que a los mismos sacramentos. Las obras de caridad son maravillosas, pero los sacramentos lo son aún más.

En el pasado viaje del Santo Padre a México, se dio la oportunidad de hablar a que una pareja de personas que conviven como matrimonio, aunque no están casados sacramentalmente. Entre todo lo que dijeron, reseñó un párrafo que creo que es central:

"No podemos acceder a la eucaristía, pero podemos comulgar a través del hermano necesitado, del hermano enfermo, del hermano privado de su libertad" y "buscamos la manera de transmitir el amor de Dios"

Como es lógico, esta pareja no puede comulgar por su situación de convivencia. Esto les ha llevado a buscar una alternativa al sacramento y por eso dan un sentido sacramental a la obras de caridad que realizan. El problema es que no es lo mismo. La caridad no es un sacramento y además, sería muy beneficioso que quienes realizaran estas obras tan maravillosas, vivieran en total sintonía con la fe de la Iglesia. Con esto no quiero decir que estas personas no puedan hacer obras filantrópicas, pero no encontramos con algunos problemas. ¿Cuáles? Leamos un pasaje evangélico que habla justamente de eso:

Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. (Mt 6, 1-5)

Cristo nos deja claro que las obras de caridad deberían ser secretas, nunca públicas, porque si las aireamos para justificar nuestra bondad, pierden el sentido de sacrificio que Dios desea. Si nuestras obras de caridad las utilizamos como palanca para reclamarnos buenos y perfectos, estamos más cerca del Fariseo que del Publicano. Este último se escondía en las sombras pidiendo perdón a Dios por ser lo que era. No creo que las obras de caridad deban ser utilizadas para justificar una situación de convivencia inadecuada que da testimonio erróneo dentro de la comunidad cristiana.


No dudo que este matrimonio se desviva por hacer el bien a los demás, pero esas buenas obras no son un sacramento y tampoco deberían ser utilizadas para justificarse a sí mismos. No creo que ninguno podemos tomar la palabra para decir que somos maravillosos y señalar que sufrimos por no poder acceder a los sacramentos. Ninguno tenemos derecho a los sacramentos y tampoco tenemos derecho a usar las buenas obras para justificar el acceso a ellos. Siempre es mejor quedarnos detrás, donde nadie nos vea y orar el Señor para que nos perdone nuestra múltiples infidelidades. Si podemos comulgar, debemos hacerlo sin que esto se comprenda como un privilegio ni un premio por nuestra caridad. Si hacemos algo bueno, es porque Dios nos ofrece su Gracia de forma gratuita y nosotros no la rechazamos.

sábado, 30 de enero de 2016

Secreto, sigilo y prudencia.


Ojalá me sea concedido esto, y tú amigo Teófilo, con un continuo ejercicio de la contemplación mística abandona las sensaciones y las potencias intelectivas, todo lo sensible e inteligible y todo lo que es lo que no es, y, en la medida posible, dejando tu entender esfuérzate por subir a unirte con aquel que está más allá de todo ser y conocer. En efecto, si te enajenas puramente de ti mismo y de todas las cosas con enajenación libre y absoluta, habiendo dejado todo y libre de todo serás elevado hasta el rayo supraesencial de las divinas tinieblas.

Pero procura que no escuche estas cosas ningún profano; me refiero a quienes se contentan con los seres y no se imaginan que hay algo superior supraesencialmente a los seres, sino que creen que con su razón natural pueden conocer al que puso «la oscuridad por tienda suya» (Sal 17,12). Y si la iniciación en los misterios divinos les supera a éstos, ¿qué podríamos decir de los que son aún más ignorantes, aquellos que describen a la Causa suprema de todos los seres valiéndose de los seres más bajos que existen, y afirman que Ella no es superior en nada a los impíos y multiformes ídolos que ellos se inventan? (Pseudo Dionisio Areopagita. Teología Mística)

Para el ser humano del siglo XXI es sorprendente la indicación al secreto-sigilo que se incluye en este texto del Pseudo Dionisio Areopagita. Hoy en día, que todo ha sido develado y todo es conocido ¿Qué sentido tiene un secreto ante quienes se acercan a la fe desde la prepotencia o desde la idolatría? Podríamos decir que no tiene sentido como guardar ningún secreto, ya que "... no hay nada oculto que no haya de ser manifiesto, ni secreto que no haya de ser conocido y salga a la luz" (Lc 8, 17). Lo que sí tiene sentido es guardar prudencia tal como indica este consejo evangélico: "No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las huellen con sus patas, y volviéndose os despedacen." (Mt 7, 6). No se trata de ocultar, sino de saber transmitir al nivel que cada persona pueda entender los Misterios que conforman nuestra fe.

Si una persona sólo cree en sus ídolos e ideologías, de nada vale que le hablemos de nuestra fe, porque será imposible comunicar. Nada podrá sacar de ello y siempre puede enfadarse y atacarnos. Tenemos que ser prudentes sin por ello guardar secreto alguno. La evangelización es una llamado, una reclamo, un ofrecimiento para que quienes sufren y desean consuelo, sepan donde pueden ir, pero las "perlas" nunca pueden ser entregadas a quienes husmean y desconfían. Los Misterios que conforman nuestra fe deben esperar a que la persona haya encontrado la confianza en el Señor. Entonces se puede hablar de ellos y mostrar el esplendor que traen consigo. Hoy en día estamos viviendo la triste evidencia de la continua profanación de lo sagrado. Los Misterios se banalizan y se reinventan desde puntos de vista ideológicos. Los Sacramentos se han convertido en un campo de lucha social, mientras que la oración ha desaparecido de la vida cotidiana del cristiano.

Un claro ejemplo de esta lucha la podemos encontrar en el Sínodo de la Familia, donde se han planteado las bases para despojar a los Sacramentos de su sentido y su forma. Se ha puesto en cuestión la validez del Signo Sacramental, dando lugar a que ahora nadie sepa si los Sacramentos recibidos han sido válidos. Hace unos días leía un comentario postmodernos a la exclamación: "Hemos perdido el norte" que me puso los vellos de punta. Decía que: "¿Hemos perdido el norte?, no pasa nada. Así podemos encontrar nuevos caminos". Una gran cantidad de personas que se dicen cristianas y católicas, han perdido el norte y lo peor, están contentos de haberlo hecho. Quiera el Señor que no estrellen sus naves contra las rocas de la costa ni se pierdan para siempre en el mar de lo profano. Quiera el Señor que su temeridad no afecte a la Barca de la Iglesia.

domingo, 9 de agosto de 2015

¿Dispuesto a recibir la Gracia de Dios? San Ambrosio de Milán


Confieso que con más de treinta años y tras leer a San Ambrosio de Milán empecé a entender qué son los sacramentos y su importancia dentro de mi vida de fe. Es trágico que las catequesis mistagógicas hayan quedado relegadas a algo accesorio o prescindible.


La fe que se nos ofrece hoy en día es una mezcla de cultura, socialización, emotividad y buenismo concentrado. Despreciamos el conocimiento y sobrevaloramos el activismo y la emotividad por separado, lo que nos lleva a dividirnos internamente y a ser incapaces de entender que hay mucho más allá de los aparente, estético o social.

Lo sacramentos se reconocen por la Iglesia como signos que transmiten la Gracia de Dios. Signos que comunican a Dios mismo, aunque a veces parece que son simples actos conmemorativos de tipos social. De hecho algunas personas comulgan para no sentirse rechazadas por la comunidad. Otras veces, como en el bautismo, parece que la Liturgia sea como un formulario que permite al niño integrarse socialmente. Por eso se le da tanta importancia a aspectos accesorios, como las personas que hacen de padrinos o el festejo posterior. Decía Cristo que si un ojo te hace caer, arráncatelo. Si el problema es que los padrinos no representan lo que debieran y la presión social se impone a obispos y sacerdotes, simplemente olvidemos a los padrinos. No son necesarios.

Los sacramentos son mucho más que formas rituales de integración social. Son medios de comunicación de Dios mismo:

Es admirable que Dios haya hecho llover el maná para nuestros padres y que se hayan saciado cada día con pan del cielo. Es porque se ha dicho: «El hombre ha comido el pan de los ángeles» (Sl 77,25). Sin embargo todos los que comieron de este pan en el desierto murieron. Y por el contrario, este alimento que recibes, este pan vivo bajado del cielo, da el alimento de la vida eterna, y quienquiera que lo coma no morirá jamás. Es el Cuerpo de Cristo... (Seguir leyendo)


domingo, 19 de abril de 2015

¿Ver para creer o entender para ver? San Ireneo de Lyon


La modernidad nos llevó a aceptar como prioritaria la exigencia de Tomás, el Apóstol: “si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, y si no meto mis dedos en los agujeros sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su constado, no creeré” (Jn 20, 25), es decir: “si no veo no creo”. Esto llevó a muchas personas al ateísmo o al agnosticismo fuerte. Es decir, no aceptaban que la existencia de Dios o no confesaban que no hay pruebas definitorias de su existencia. 



La modernidad trajo a la Iglesia una serie de corrientes pelagianas de fuerte influencia marxista, en las que se daba primacía a crear un reino de Dios de tipo político o social y se interpretaban los Evangelios desde un punto de vista social. Se intentaba que el Reino de Dios fuese de este mundo, aunque Cristo mismo hubiera indicado que no lo era. La Iglesia sufrió y sufre todavía estas corrientes, pero la modernidad ha sido sólo un paso previo para encontrarnos con la postmodernidad.

Hoy en día la Iglesia ya no se enfrenta a una increencia o una creencia centrada en la acción social, ya que vamos comprobando que ambas posturas no tienen demasiado recorrido. Hoy en día nos enfrentamos a millones de utopías personales, que no son más que un ramillete de distopías convenientemente disfrazadas de panaceas. Dicho de otra forma, el ser humano nunca podrá ser lo que no es, aunque nos obliguemos a ser lo que no somos. (seguir leyendo)

domingo, 1 de marzo de 2015

Manifestar la fuerza nos habita. San Ignacio de Antioquia


Hace unos días leía a una persona que reclamaba que se declarara a Cristo como un extremista peligroso. Daba razones, evidentes, basadas en la intolerancia que mostró ante la hipocresía de la sociedad en que vivió. En esta sociedad postmoderna cada vez es más difícil defender que tenemos unos principios sólidos que fundamentan nuestra vida. El relativismo ha invadido hasta a la misma Iglesia, en donde muchos reclaman la paz que proviene del mundo. La paz que proviene del pensamiento débil y la tolerancia desafectada. Hoy en día, se lapidaría al mismo Cristo, que sabía señalar la hipocresía que se esconde detrás de la paz postmoderna:

No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. ” (Mt 10, 34-37)


Entonces ¿Cómo puede ser el cristianismo una religión de paz? Esa pregunta se responde cuando nos damos cuenta de dónde está la verdadera paz y dónde está la paz aparente que nos ofrecen. La verdadera paz está en el enfrentamiento entre arrogancia y humildad, cólera y dulzura, blasfemias y oración. ¿Cómo es posible? Leamos lo que nos dice San Ignacio de Antioquía:(Seguir leyendo)

martes, 2 de febrero de 2010

Ser o no ser...

Permítanme ser hoy un poco más ácido de lo habitual. La capacidad de aguante se colma y uno termina expresar algunas "incorrecciones" que esnecesario poner encima de la mesa. En concreto mi reflexión se centra en la constante acusación de ultra-católico que algunos sectores de la periferia eclesial tienen constantemente en la boca.

En esta época que nos ha tocado vivir, lo único que se acepta oficialmente como absoluto es que no existe nada absoluto, es normal que nos enredemos preguntándonos sobre el ser de las cosas. Pero sé perfectamente que esta discusión viene de lejos. De muchos siglos atrás, pasando por las filosofías griegas, el nominalismo, existencialismo, etc. Llevando el asunto a la botánica, resulta corriente oír/leer que cuando un árbol cumple con todos las condiciones para "ser lo que es," se diga con desprecio que es un ultra, un "despreciable e intolerante" ultra-árbol que discrimina a los demás seres que desean ser árboles.

Por esto, ser católico se reclama hoy en día como algo relativo. Muchas personas que se titulan como tal y exigen que se respete su derecho a serlo sin más. Quien pide que se discierna antes de asignarse "títulos gratuitos de ser", se le llama ultra-católico. El concepto de últra-católico es una categoría donde se engloba a aquellos que tienen la "osadía" de discernir y tener criterios fundamentados.

Pero no queda todo allí. Es cotidiano que se exija que toda la Iglesia ajuste su "ser" para permitirnos "ser católicos" a la medida de cada uno de nosotros. Si la Iglesia sigue adelante sin hacer el menor caso a estos reclamos, se dice que es retrógrada, conservadora, discriminadora e incluso criminal. Hasta se llega a decir que quien no nos deja ser católicos, es la Iglesia. 

Si nos surge la duda de lo que somos, podemos decidir estudiar qué es ser católico y cómo definir los elementos de juicio necesarios para ello. Pero si se nos ocurre decir el resultado de nuestro estudio, se nos titula de inquisidores y preconciliares. Curiosamente se invoca constantemente al Concilio Vaticano II sin saber qué se dijo en el mismo.

Al final, resulta que todos reclamamos ser católicos, para que nadie pueda testimoniarse cpn coherencia como tal. Es como si se pudiera reclamar el título de licenciado en arquitectura para llamarse arquitecto, aunque no se sepa qué es ser arquitecto ni como se ejerce. Si se habla de responsabilidades, el axioma relativista toma de nuevo protagonismo y se nos dice que los deberes son contrarios al cristianismo o en todo caso, opcionales para cada cual según sus deseos, apetencias o conciencia. Todo es relativo, menos el axioma que lo enuncia.

Vivimos una época donde nada es lo que parece y cuanto menos lo sea, mejor para todos. Una época de mentiras a conciencia e interiorizadas que nos permiten hablar de paz y armonía, mientras definimos ambas palabras como conceptos vacíos de significado.

En realidad estos conceptos vacíos de paz y la armonía resultan ser cárceles que nos impiden comunicarnos y aprender de los demás. Si cuestionas las ideas de quien tienes delante, resultas ser un fundamentalista o un integrista. Nos ofrecen entonces que lo ideal es pensar que todo tiene valor y que por ello todo es válido. Si comentas que utilizar una manzana como grúa, no es lo más adecuado, pierdes el estatuto de ser armónico y pacífico. ¿A que llegamos? A que la sociedad sea una inmensa sala con olor a incienso donde cada cual actúa por si mismo, cambia de lugar o incluso se suicida con total aceptación por parte de los demás. Aceptación que no es más que desprecio oculto tras la palabra tolerancia. Tolerancia que es tal, sino desafección.

Ser coherente en un mundo como el actual, tiene su trabajo y requiere valentía. Marginarnos a nosotros mismos para evidenciar lo vacío de las panaceas modernas, conlleva que la sociedad nos eche a un lado y nos controle. Se nos tolera, pero donde no enturbiemos la armonía del silencio y la paz del vacío.

Me temo que el gran disgregador, nuestro conocido diablo, está más contento que nunca con su espléndida obra. Todos con caras felices, viviendo separados de los demás y dándonos igual lo que pensamos y hacemos cada cual. De esta forma nos desactivan para actuar en el mundo. El Reino de Dios se aleja de nosotros cuanto más nos acerquemos al paraíso ofrecido por la postmodernidad.

---oOo---

Señor, ayúdanos a vivir correctamente en este mundo.
 Que sepamos amarnos los unos a los otros.
No nos dejes sentir desafecto por nuestros semejantes. Q
ue con vuestra intercesión sea iluminado nuestro entendimiento,
para poder comprender la importancia en ayudar a los demás,
en servirlos y en amarlos.
Que vuestra radiante luz abra nuestros ojos y cierre las puertas del odio.
Amén

jueves, 3 de septiembre de 2009

La copa se rompió...

Cuando la copa se rompe, el vino se pierde. Al cogerla, podemos cortarnos y el vino residual quedará lleno de pequeños y peligrosos cristales. No tenemos copa, ni vino… pero aun así algunos gritarán alegremente ¡Somos libres!

Nos dicen que el mundo se mueve y que no hay nada estable donde agarrarse o apoyarse. La religión pierde su significado, ya que no existe ese "absoluto" que llamamos Dios y por lo tanto no hay modo de unirnos a Él. El culto se vuelve un trámite ininteligible y las razones de congregarse son principalmente sociales.

En el mejor caso, creer en Dios se considera como un recurso psicológico de personas débiles. Lo que se promueve es un dios personal. Un dios que se adapta a las necesidades según convenga a cada uno. Dios se interpreta como relativo y subjetivo, ya que depende de cada persona.

Si Dios no existe, el arte deja de considerarse su reflejo y la estética pasa a campar a sus anchas sin limitaciones. La obra de arte no tiene razón de significar nada… con que sea innovadora y rompa con la moda estética previa, es suficiente. Los significados se trastocan a nuestro antojo, con lo cual, no somos capaces de comunicar el orden y la belleza a los demás. Sin comunicación, nos perdemos los unos a los otros. 

Nos dicen que la ciencia tiene como objetivo enseñarnos que nada es estable. Incluso ella misma se la considera relativa e interpretable según quien la utilice. Las dimensiones y el tiempo también se nos ofrecen como relativos. No existe marco de referencia estable a partir del cual definir, comparar y deducir de forma concluyente nada. Todo se separa, se cuantiza y se analiza rompiéndolo que múltiples partes, que, a su vez, se analizan rompiéndose de nuevo. Todo carece de significado por sí mismo.

Si Dios, arte y universo dejan de tener significado. Nosotros mismos dejamos de tener sentido, objetivo y trascendente. Se dicen que el ser humano se tiene a sí mismo como origen y destino. Por ello, somos dueños de todo, lo tenemos todo en nuestras manos. Somos inmensamente ricos y poderosos, ya que podemos definir y entender todo como queramos. Por fin hemos roto la copa y el vino se ha desparramado en el suelo. Nos dicen que por todo esto, por fin somos libres.

Pero esto no es un mal contemporáneo, es parte de nuestra esencia humana. Conforma lo que se denomina pecado original: querer ser como Dios para dejar de necesitarlo. En todo tiempo se ha dado este sinsentido vital y se seguirá dando en el futuro. Es cierto que hubo épocas donde era más evidente y otras donde lo fue menos. En este momento me acuerdo del joven rico que se acercó a Jesús y le pidió seguirle, pero no fue capaz de dejar atrás su riqueza.

"Y Jesús le dijo cuando le vio triste: "¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios los que tienen dinero! Porque más fácil cosa es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios". Y dijeron los que le oían: "¿Pues quién puede salvarse?" Les dijo: "Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios". Y dijo Pedro: "Bien ves que nosotros hemos dejado todas las cosas y te hemos seguido". Él les dijo: "En verdad os digo, que ninguno hay que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna". (Lc 18, 24-30)

Comenta San Agustín:

"Llama rico al que ambiciona las cosas temporales y se enorgullece de ellas. Los pobres de espíritu, de quien es el Reino de los Cielos, son contrarios a esta riqueza. En sentido espiritual es más fácil que Jesucristo padezca por los amantes del siglo, que éstos puedan convertirse a Jesucristo. Da a entenderse a sí mismo con el nombre de camello, porque espontáneamente sostuvo humillado la carga de nuestra debilidad. La aguja significa las punzadas. Por las punzadas debe entenderse los dolores que sufrió en su pasión, y la angustia de ella (está simbolizada) por el ojo de la aguja." (San Agustín, De quaest. Evang. 2,47.)

Solo quien elige no darse sentido personal a sí mismo, puede ver en él la imagen y semejanza original. Esta imagen y semejanza nos permite encontrar a Dios. Sólo quien encuentra a Dios y no lo olvida ni por un instante, encuentra el sentido de su vida y de todo el universo.

Por eso, desde que el mundo es mundo, la Perla preciosa y el Tesoro escondido (Mt 13, 44-46), están disponibles para que quien los descubra pueda vender todo lo que tiene y pueda comprarlos. Por desgracia, aunque la Perla esté expuesta a la vista de todos, hay que reconocerla como tal y, además, sólo quien esté dispuesto a dejar todo, puede acceder a ella. El velo del templo se rasgó (Mt 27,51), pero, aun así, es necesario saber dónde está el templo, entrar y comprenderlo, para poder disfrutar de la sacralidad contenida en él.

Pero seamos realistas, pocos encuentran la Perla, de estos, menos aún deciden entregar su soberbia para comprarla. Las diez vírgenes (Mt 25,1-13) están dispuestas a encontrarse con el novio, pero necesitan de luz para verlo y que él las reconozca. Cinco se prepararon convenientemente, pero las otras cinco no trajeron aceite suficiente. Las cinco necias llegaron sin aceite y tarde. El novio no les abrió la puerta ya que no las reconoció.

Se suele tachar de elitista y segregadora la frase evangélica “muchos son los llamados, pero pocos los elegidos” (Mt 22, 14), pero nada más lejos de la realidad. Cuando se lee la parábola de los invitados a las bodas (Mt 22,1-14), vemos que no se trata de una decisión caprichosa de Dios. Dios no dice tu si y tu no. Nosotros somos quienes decidimos ir al banquete o no. Nosotros aceptamos o rechazamos la Perla, el Tesoro o la cena nupcial ofrecida por el Novio.

¿Y los elegidos? ¿Qué podemos decir de ellos? Serán semilla de mostaza (Mt. 13,31-32), que al morir dará lugar un gran árbol. Serán levadura (Mt. 13,33-35) que deberá gastarse para hacer fermentar el pan. Justo todo lo contrario de lo que la sociedad pregona como ideales.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Yo les aseguro que, si el grano de trigo sembrado en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna. El que quiera servirme que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre(Jn 12, 24-26)

Por lo tanto, Cristo nos invita a gastarnos solos y sin reconocimiento público. Dios nos dará, tras completar la misión, lo que merecemos. No lo que creemos merecer o lo que esperamos obtener. Los obreros de la hora undécima lo atestiguan (20, 1-16). Sólo obtenemos lo que merecemos. Esto no es injusto. Forma parte del trato de la compra de la Perla, hay que vender todo para comprarla. No queda nada para uno mismo.


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