Mostrando entradas con la etiqueta misterio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta misterio. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de abril de 2023

¿Qué somos los cristianos del siglo XXI? Parásitos o figurantes



¿Qué somos los cristianos del siglo XXI? He leído una serie de frases interesantes de un Obispo estadounidense. Un obispo que tuvo un fuerte impacto evangelizador en su tiempo. Mons Fulton Sheen:


Un católico que no se esfuerza de difundir su Fe es un parásito en la vida de la Iglesia. Quien no da fruto es como un árbol derribado en el camino, que impide la marcha del ejército de Dios. Quien no es un espíritu conquistador es un renegado (Mons. Fulton J. Sheen. "The Cries of Jesus from the Cross: A Fulton Sheen Anthology", p. 239)

Parásito es un animal que se alimenta de las sustancias que elabora otro ser vivo de distinta especie, viviendo en su interior o sobre su superficie, con lo que suele causarle algún daño o enfermedad. Yo no llamaría “parásito” a todos los católicos que no evangelizan. Muchos católicos no evangelizadores no se nutren de la Iglesia ni se aprovechan de ella. También es cierto que los católicos no evangelizadores sí generan daños o enfermedades eclesiales, empezando por el sobredimensionamiento de las estructuras humanas. Personalmente, me parece que los católicos no evangelizadores son más bien, figurantes o extras, de una gran obra. Estos figurantes forman parte del decorado, pero no resultan esenciales en la trama ni en el montaje de la obra. Tampoco tienen razones para conocer la obra, ya que sólo actúan haciendo lo que les dicen que hagan. Coincido con Mons Fulton en que un católico no evangelizador es como un árbol derribado en el camino, pero no veo que detengan al “ejercito de Dios”. Podemos generar problemas o enlentecer la marcha. Pero no podemos detener a la Voluntad de Dios.
Sigamos con el texto. ¿Quién no es un conquistador es un renegado? Creo que no es algo tan sencillo de enunciar. El evangelizador no es un conquistador, sino algo mucho más humilde. Se trata de lanzar las Semillas del Reino. El sembrador no necesita conquistar nada. Encontramos nuestro sentido en la propia difusión del Evangelio. Según cada tipo de suelo, las semillas darán lugar a frutos mejores, peores o ningún fruto. Pocas semillas germinan realmente. Cristo lo indico cuando dijo que muchos son los llamados, pero pocos los escogidos (Mateo 22:14). Esto lo deja claro Mons Fulton J. Sheen en el siguiente párrafo de la cita:

La antorcha de la fe nos fue dada no para deleitar nuestros ojos, sino para encender las antorchas de nuestros semejantes. Si no nos quemamos y no estamos en llamas por la Causa Divina, una invasión glacial barrerá la tierra, entonces será el fin, porque: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?” (Lc 18,8) (Mons. Fulton J. Sheen. "The Cries of Jesus from the Cross: A Fulton Sheen Anthology", p. 239)

Quien no se humilla ante Dios, nada puede. No está nada claro que Cristo encuentre fe en la tierra, cuando vuelva. ¿Por qué? Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos. Por muchas Semillas que lancemos no serán muchos los que se interesen realmente. Ir al Banquete requiere dejar lo que estamos haciendo para seguir al Señor. Esto es hoy en día muy complicado. La “invasión glacial” que Mons Fullton señala siempre ha existido. Incluso en los tiempos en que la cristiandad era una sólida realidad político-social y cultural. Entonces eran pocos los que pasaban del primer escalón de atrio de la sala de invitados al banquete. Allí se quedaban como los mercaderes del templo. Ocupados con sus negocios e indiferentes a la trascendencia que les espera en el Sancta Sanctorum. Hoy nos pasa lo mismo. Lo que nos diferencia es que ya no hace falta aparentar lo que no somos. Simplemente nos reímos de quienes llaman al Banquete, No nos hace falta aparentar en el Atrio. ¿Atrio? ¿Qué tiene que ver un atrio con esto? Atrio no es una palabra más dentro de este humilde texto que está leyendo. Tiene sentido llamarlo así. Veamos la razón: Atrio (del latín atrium) fue el patio de entrada a la típica casa romana. También existía en algunos templos romanos. Su utilización paso de la arquitectura romana a la paleocristiana y de esta a la medieval. Es el patio con cerramiento porticado, que precede a la entrada de un edificio. ¿Qué función tenía este espacio? Era una zona de espera para las personas interesadas en conocer la fe. Era un espacio especialmente dedicado la primera evangelización. Muchos católicos llegan al atrio siendo muy jóvenes, pero nadie les conduce dentro. Su conocimiento y entendimiento de la fe, no pasa de ser socio-cultural y nadie se preocupa de ello. Se podría llamar “cristianismo horizontal”. Un cristianismo centrado en lo puramente humano y social. ¿Qué pasaba cuando en el pasado una persona era evangelizada y quería entrar en el templo? En ese momento empezaban las catequesis pre-bautismales. No se realizaban en le atrio, sino en el nártex. ¿Nártex? Otra palabra nueve ¿Qué era el nártex? El nártex era una sala techada entre el atrio y la puerta del templo. Era un espacio que guarecía a los que estaban allí y que además, propiciaba el recogimiento y cierta discreción en los temas que se trataban. Una vez la persona había sido bautizada, ya podía entrar en el templo en las celebraciones sacramentales. Pero no era el final. Mientras no recibiera la comunión tenía que volver a salir una vez acababa la Liturgia de la Palabra. Para estar presente en la Eucaristía, era necesario haber recibido por primera vez este sacramento. Para recibirlo, se necesitaban catequesis mistagógicas y pruebas evidentes de compromiso. Hoy en día hay unos pocos cristianos en el Nártex. Esperan catequesis que les muestren los “Misterios” y les ayuden a ser conscientes de su Fe. Esperan que las puertas del templo se abran y el velo se rasgue. Como pueden ver, el acceso a la fe iba desarrollándose en etapas, de forma similar a lo que hacemos ahora, pero con objetivos muy diferentes. Nos pasa como en muchas cosas, nos quedamos en lo aparente y olvidamos lo esencial. Nos gusta poner por delante el “aggiornamento” en las formas y despreciamos lo sustancial del ser profundo. El marketing prioriza la propaganda sobre la propagación de la Fe. Este marketing no es algo inocuo. Nos distrae de lo sustancial. Hace que obviemos las “incómodas” bases de nuestra fe. Por ejemplo, eso de negarnos a nosotros mismos o que todo el que quiera salvar su vida, la perderá. No lo digo yo, está bien escrito en los Evangelios. Volvamos a la pregunta inicial ¿Qué somos los cristianos del siglo XXI? Somos pobres criaturas, imperfectas, llenas de problemas, dudas, enfrentamientos, limitaciones y acosadas por la sociedad. Si algo sale bien, es porque Dios mueve las mareas. En nuestra soberbia, creemos que “lo podemos todo” sacando y echando agua con dedales de costura. Mientras, nos peleamos entre nosotros para ver quien mueve más agua. Así somos. Nos creemos protagonistas, pero no llegamos casi ni a figurantes. Lo importante es que no perdamos la esperanza. No nos insultemos ni nos menospreciemos. Si alguien nos pisa, retirémonos para pedir perdón a Dios, sin insultar ni menospreciar a quien lo ha hecho antes con nosotros. Ya se dará cuenta de su error. Tiempo al tiempo. Repasemos la parábola del Publicano y el Fariseo. Quien salió justificado no fue quien más soberbia mostraba. Dios es quien controla las mareas del mundo. Si permite que caigan las torres de Babel, es porque la esperanza no está en ellas sino en pentecostés. La esperanza no está en que construyamos elevadas torres para llegar a Dios y que las gestionemos entre nosotros. La esperanza está en Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. ¿Pero no hemos vivido un pentecostés hace algunas décadas? Me remito a lo que esperábamos y los síntomas que padecemos actualmente. Llegará el nuevo Pentecostés, no tengamos duda en ello. Pronto veremos la Tierra Prometida desde lo alto del monte Nebo. Ya falta poco, pero todavía es necesario esperar.

domingo, 7 de junio de 2009

Sacramentos laicos

Este viernes pasado leí un artículo de opinión publicado en el diario español “El Mundo”: Laicos sacramentos, que pueden leerlo pulsando sobre le título antes referido .

El autor reclama la institución de sacramentos laicos a la imagen de los cristianos para ser celebrados por quienes no tienen fe. Así mismo, pide que la Iglesia abra sus templos para celebrar estos sacramentos laicos porque “Ellos tienen el marco incomparable y la liturgia: alfombras, cirios, ropones, músicas apropiadas y la epístola de San Pablo”. Adicionalmente indica que estas celebraciones litúrgicas sacramentales laicas son una conquista de los laicos.

Leyendo el artículo me dí cuenta del la tremenda ignorancia que acumula nuestra sociedad, que se dice de raíces cristianas.

Para describir qué es un sacramento utilizaré como referencia el libro “Los sacramentos, símbolos del espíritu” escrito por Josep M Rovira Belloso.

Podemos empezar por su propio nombre. Sacramento proviene de la unión de la palabra sacrum al sufijo –mentum. Este sufijo significa medio, instrumento. Por lo tanto nos daría que un sacramento es un medio o instrumento sagrado. Si sabemos que la sacralidad es el camino que nos comunica con Dios, los sacramentos serían los medios o instrumentos que ejecutan o posibilitan esta unión.

Para los primeros Padres de la Iglesia, los sacramentos se denominaban “Mysteriom”, misterios en el sentido de lo que excede nuestra capacidad de compresión. Todavía los denominan de esta forma nuestros hermanos ortodoxos. Decía Orígenes que “Todo lo que nos llega (por parte de Dios), nos llega como misterio” [1]. Misterio que se revela como signo, que nos da noticia del símbolo implícito que une la realidad cotidiana con la divinidad, con Dios.

Orígenes nos dice que “La ley del “Mysterion” es la del descenso de lo invisible a lo visible, de lo eterno a lo contingente, como si el Logos eterno se hiciese sensible a través de la voz que resuena: ‘A través de la misma voz se entregan al alma dos cosas a la vez: la letra y el espíritu’.

En el tratado sobre los Sacramentos de San Ambrosio de Milán podemos ver como constantemente une las escrituras con la liturgia de los sacramentos; como si una fuera reflejo de la otra y viceversa. Para el, las acciones y signos que se muestran en la liturgia sacramental son símbolos de la palabra de Dios encarnada y revelada por medio de las escrituras. Sacramento y escritura forman una unidad indisoluble que sacraliza y consagra a quienes participan conscientemente.

Para San Ireneo de Lyon los sacramentos cristianos provienen del designio divino de salvación. Los sacramentos son la divina dispensación -oikoiomia- en la cual el don invisible de Dios desciende, se hace presente y se manifiesta comunicándose a los seres humanos mediante signos visibles.

Entonces ¿Qué sentido tiene un sacramento laico? Después de lo explicado este invento de la “progresía contemporánea” es absurdo desde todo punto de vista.
¿Qué sentido tiene que la Iglesia permita que en sus templos se desarrollen ceremonias pseudosacramentales laicas, como el autor del artículo pide? No tiene ningún sentido, ya que para quienes puedan asistir a estos actos el simbolismo y sacralidad del templo es un simple decorado que da prestancia a un acto sin sentido.

En resumen: vacuidad. Las apariencias aparecen como fines y por eso es necesario que existan independientemente de que estén justificadas o no. Búsqueda de lo que nos falta sin aceptar el compromiso que viene adjunto. Incultura e ignorancia reclamadas como derechos y defendidas como conquistas.

Que Dios nos ayude a enderezar esta sociedad.

[1] Corpus Berolinense, 6-314.
[2] In Psalmum 76, 19

sábado, 9 de mayo de 2009

¿Qué es adorar?


Un certero comentario a la entrada anterior del blog me ha hecho reflexionar sobre la necesidad de dar una definición clara a la acción de adorar. Gracias Amador. Entre lo hermanos evangélicos y nosotros los católicos y ortodoxos existe una interminable controversia sobre este tema, lo que denota que aunque utilizamos la misma palabra, pensamos en diferentes cosas.

Podríamos hacer una revisión integral de las palabras hebreas y griegas que terminaron por traducirse por adorar en nuestra versión latina de la Biblia. Por si alguien desea tener esta información le recomiendo el texto: "El significado de la palabra adorar": Pulsa


Personalmente creo que es más constructivo revisar diferentes textos de las Sagradas Escrituras y reflexionar sobre ellos.

Partiendo de los textos del antiguo testamento se puede entender que en los tiempos antiguos la adoración presuponía una cierta actitud corporal. Adoraba quien realizaba genuflexiones, se ponía de rodillas, se agachaba hasta colocar la cabeza en el suelo, etc. En este pasaje del Éxodo podemos claramente esta actitud en Moisés:

"Entonces Moisés dijo: Por favor, muéstrame tu gloria... Jehová paso frente a Moisés y proclamo: ¡Jehová, Jehová, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y grande en misericordia y verdad, que conserva su misericordia por mil generaciones, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado; pero que de ninguna manera dará por inocente al culpable; que castiga la maldad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación! Entonces Moisés apresurándose, bajo la cabeza hacia el suelo y adoro" (Ex. 33:18; 34:6-8).

Para Moisés adorar se ajustaba a una actitud corporal que mostraba su actitud interna. Pero ¿Qué actitud interna tenía Moisés?

Mircea Eliade hace una perfecta descripción del sentimiento que tiene el ser humano ante al Divinidad ya que ante nosotros se presenta como la majestad suprema (magestas) [1]. En ese sentimiento de majestad se esconde también el “mysterium tremens” de aquello que es otra cosa, que nos supera nos impresiona y desborda en toda nuestra naturaleza, tal como Rudolf Otto [2] tan certeramente indica. La combinación de majestad y misterio tremendo y fascinante, da lugar al miedo, al temor reverencial que nos hace taparnos el rostro, cerrar los ojos, arrodillarnos o caer a tierra en signo de total sumisión.

De nuevo Moisés nos sirve de ejemplo de esta actitud:

“Cuando el Señor vio que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza:
— ¡Moisés, Moisés!
— Aquí me tienes —respondió.
— No te acerques más — le dijo Dios —. Quítate las sandalias, porque estás pisando tierra santa. Yo soy el Dios de tu padre. Soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Al oír esto, Moisés se cubrió el rostro, pues tuvo miedo de mirar a Dios.”
(Ex 3, 4-6)


Adorar desde el temor reverente nos lleva a explicitar claramente nuestra actitud de manera corporal. El terror incontenible nos rompe física y mentalmente, lo que explica que caigamos de rodillas y solo podamos pedir clemencia. Pero la adoración no es lo mismo que sumisión, que caer de rodillas o bajar la cabeza hasta el suelo. Si me arrodillo para orar junto a la cama… evidentemente no estoy adorando a la cama. En los tiempos de Jesús ya eran normales comportamientos cínicos que reproducían físicamente el patrón de la adoración por temor reverente, únicamente para mostrarse como seres piadosos y ser considerados, por los que los vieren, como personas dignas de santidad.

Por eso en el nuevo testamento Jesús nos presenta de una nueva manera de entender la adoración a Dios donde las expresiones físicas pasan a segundo plano. Podemos recordar el pasaje de la Samaritana:

Jesús le respondió: "Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad". (Jn 4,21-24)

Ahora la adoración deja de presentarse de manera corporal para adecuarse a un nuevo paradigma, más auténtico y profundo. El temor no es el sentimiento que aparece al contemplar de cerca de Dios. Frente a Jesús las personas no demuestran el temor reverencial que hasta entonces se asimilaba a la adoración. Ahora aparece el amor y la misericordia como motivos principales de admiración hacia Dios. Jesús se acerca a la Samaritana y esta le interpela desde la confianza y la cercanía. Habla de Dios como algo diferente a una potencia inconmensurable. Jesús nos dice que nuestra actitud deberá pasar de ser corporal a ser espiritual de forma inminente, al desaparecer el Templo de Jerusalén.
El sentimiento de temor reverencial, producido por la inmensa e insondable majestad, se transforma en inmenso amor y misericordia, tal como Jesús muestra. El misterio de Dios concebido como poder, en el tiempo de Moisés, se transforma en un nuevo misterio revelado tal como es revelado por Cristo. Ambos misterios son igual de tremendos, majestuosos. Revelan igualmente el inabarcable poder de Dios. Ambos revelan al mismo Dios, pero el primero lo hace por medio de la cultura y la concepción de Dios de su tiempo y el segundo directamente por gracia de la Palabra Divina. De la transformación de la revelación de Dios a nosotros proviene la diferencia del icono que podemos crear para entender la revelación.

Del icono de Dios destructor de los enemigos, sediento de sangre de quien le desobedece se pasa a un icono repleto de bondad y misericordia. Dios es el mismo pero el vehículo de al revelación es diferente.

Hay otro pasaje interesante en el Nuevo Testamento, esta vez tomado del relato de las tentaciones de Jesús:

El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: "Te daré todo esto, si te postras para adorarme". Jesús le respondió: "Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto". (Mt. 4, 8-10)

El diablo quiere regalar el mundo a Jesús con la sola condición de que le adore y se postre ante el. Jesús dice que solo se debe adorar a Dios y solo a El hay que dar culto. Rechaza al diablo y a su mundo.

Jesús no reconoce al diablo como objeto de adoración. No puede adorarlo ya que no es Dios. Dios une, el diablo separa. El mundo como lugar lleno de roturas, divergencias y disputas es el reino del diablo y como tal se lo ofrece a Jesús. Jesús, que vino a recrear el Reino de Dios en al tierra, sabe que lo que se le ofrece no es unidad, sintonía y concordia entre lo Dios y los hombres, y entre los seres humanos. No puede aceptar el ofrecimiento ya que lo que se le ofrece es una inmensa mentira.

Adorar es primeramente reconocer quien es Dios y colocarlo en el centro de lo que somos. No es necesario postrarse para adorar. El solo reconocimiento de qué simboliza Dios y qué es su imagen, representa la mejor y más indiscutible adoración. Es cierto que tras el reconocimiento puede venir la sumisión, correspondiente a postrarse ante Dios. Pero esta sumisión no es algo pasivo, precisamente es todo lo contrario. Es una actitud activa frente al desorden y rotura. Una actitud de cura y unión de lo fragmentado.

Podemos traer otro texto más del Nuevo testamento.

En aquel tiempo, uno de los letrados se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? Jesús le contestó: El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos. Le dijo el escriba: Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios. Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: No estás lejos del Reino de Dios. Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas. (Mc. 12,28-34)

En este caso Jesús vuelve a hacer prevalecer lo espiritual sobre las actitudes y ritos. Los ritos y por lo tanto la liturgia, parten de una actitud, un conocimiento y un reconocimiento previo. Sin esa actitud vital, conocimiento y reconocimiento de lo que se representa, todo lo que hacemos estará hueco y sin sentido. En el fondo lo que haríamos sería adorar al diablo por medio de la aceptación de la apariencia desprovista de fondo y profundidad. Adoraríamos al sinsentido que nos separa y nos rompe. Quizás ganaríamos aparentemente el mundo, pero nos perderíamos a nosotros mismos.

Adorar es amar a Dios sobre todas las cosas y además amar al prójimo a uno mismo. Las posturas corporales solo tienen sentido tras el amor entregado a Dios y a nuestro hermanos.

Tal como dijimos en una entrada anterior amar a Dios es conocer y comprender a Dios por medio de la revelación. Adorar es aceptar que Dios existe y luchar por entender su revelación e incluso pedir humildemente llegar ser nosotros mismos revelación de lo Eterno.



[1] Lo sagrado y lo profano, (1998) Eliade, Mircea. Editorial Kairos
[2] Lo santo. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios, (1980) Otto, Rudolf. Editorial Alianza.

lunes, 19 de enero de 2009

¿Misterio?… ¿De qué misterio me hablas?



Hay tres peguntas que el hombre se plantea e intenta responderse a si mismo, en la medida que desea dar coherencia a su vida: ¿Quién eres? ¿De dónde vienes? y ¿Hacia dónde vas? Se puede vivir sin responderlas e incluso desdeñando la utilidad de planteárselas, pero entonces la vida se vuelve algo contingente, inmediato y consumible. Nos encontramos con el modelo de ser humano que se "vende" por los medios de comunicación. Un ser humano sin sentido, en un universo sin hostil o indiferente a su existencia. Un modelo de persona que sólo puede ahogar su vacuidad en el placer, el consumismo y el poder temporal.

Plantearse estas preguntas no significa llegar a una solución única y válida para todos nosotros. Cada cual llega a sus propias respuestas que representan su camino vital. Después se puede ser coherente o incoherente con esta esencia, pero eso es otro tema. Lo cierto es que si nos detenemos con humildad ante estas preguntas nos encontramos con el misterio. Al dar respuestas estamos creando un puente entre nuestra ignorancia y lo que nos rodea. Algunos creemos necesaria una respuesta colectiva que nos une entre nosotros y nos inserta en el orden supremo que rige el universo. Estamos hablando de la religión. Religión, que es sólo un código socio-cultural de actos y creencias.

Ante los misterios del destino del hombre y del universo, el cristianismo propone respuestas que son un primer paso para satisfacer nuestra necesidad de conocer, sentir y actuar. Estas respuestas invocan a Dios, la Trinidad, el plan de Dios y a Cristo como Dios hecho carne y revelador de los misterios.

Dios se revela al hombre y se muestra por medio del cosmos, sus leyes, como una presencia constante. Dios se revela también por medio de su presencia constante. Comprender el plan de Dios es complicado, pero Cristo acerca esta revelación a todos quienes quieran escuchar sus palabras. Sus palabras son palabras de vida eterna. él se nos presenta como el Camino, la Verdad y la Vida. san Juan dice que es Sentido universal: Logos y Amor incondicional: Caritas. Quedarnos en lo puramente intelectual es importante, pero nos detenemos en el primer escalón de acceso al Sancta Sanctorun. Desde este escalón no rasga más que el primer velo del templo. El segundo velo del Sancta Sanctorum queda intacto. El misterio sigue en pié delante nuestra, ya que las respuestas solo nos permiten intuir el plan de Dios de manera general.

¿Qué pasa si queremos dar otro paso hacia delante? ¿Qué podemos esperar encontrar? Debemos ser conscientes que no podemos más que entrever lo que se oculta dentro del Sancta Santorum gracias al carácter traslúcido del velo interno. Si pudiéramos ver claramente, nuestra naturaleza sería divina y además, el pecado no anidaría en nosotros. Pero somos humanos y tenemos que aceptar lo que somos.

En las catequesis es frecuente que se nos diga que ante el Misterio, la mejor opción es tomarlo como tal (olvidarlo) y no perder el tiempo en intentar comprender lo incomprensible. Actualmente se suele decir que lo importante es sentir y que entender no vale para nada. Vale, entonces podríamos preguntarnos ¿Por qué al morir Cristo se rasgó el primer velo? ¿Por qué olvidar lo revelado y vivir como si todo tuviera únicamente un sentido emotivista? Alejarnos del Templo pudo ser la única opción en otros tiempos en donde no se cuestionaba ningún aspecto de la religión y su conocimiento profundo quedaba reservado a unos pocos. Hoy en día todos los bautizados hemos sido llamados a dar un paso adelante de forma consciente y plena. 

En los primeros siglos los cristianos entendían el acceso al misterio como una gracia conferida por medio de los sacramentos. Las catequesis mistagógicas se impartían para  dar razones y entendimiento según el Espíritu de Dios se hacía presente en nosotros. San Ambrosio de Milán explica claramente sentido y objetivo del Misterio, en sus tratados sobre los Sacramentos y los Misterios. Orígenes y San Clemente de Alejandría dejan claro que es posible acercarse a comprender el Misterio. Las catequesis de los primeros siglos del cristianismo, se adentraban en aspectos que hoy en día yacen olvidados y, por lo tanto, accesibles solo a quienes no se conforman con la cáscara postmoderna de una creencia socio-cultural. Un simulacro que llamamos fe, pero que es tan sólo una excusa.

Decir que los misterios son totalmente inaccesibles equivale a aceptar que solo podemos volcarnos sobre los aspectos externos de la Fe. Pero el agnosticismo cristiano tiene las patas muy cortas. Tarde o temprano nos enfrentaremos a la necesidad de explicar las razones que sostienen “lo externo” y no sabremos dar ninguna. Decir que todo es por sentimiento es aceptar que actuamos por simple emotivismo. Sin razones, todo parece que se derrumba en un sinsentido de antigüedades obsoletas para el ser humano contemporáneo. Podemos optar por seguir sin preguntarnos nada y encogernos de hombros cuando otros nos pregunten. Podemos optar por decidir que todo es un entramado falso que no se sostiene y alejarnos de la Iglesia. ¿Qué hacer? No es fácil intentar acercarnos a la parte interna de nuestra Fe, ya que no se habla de ella y si nos han dicho algo, nos han dejado claro que es un camino tapiado.

Este es uno de los problemas fundamentales que presenta la Iglesia en la actualidad: el olvido de lo interno a la Fe y la focalización extrema en los aspectos externos y tangibles. Frente al misterio se opta por simplificar y hacerlo invisible, por lo que Dios también se vuelve invisible a los ojos inmanentes del hombre moderno. Aunque es cierto que la Fe sin obras es una Fe vacía, no lo es menos que las acciones sin Fe terminan por ser algo puramente rutinario. Nos desvincularmos del sentido trascendente del plan de Dios. ¿Plan de Dios? Casi nos hemos olvidado de qué significa y nuestra corresponsabilidad en él.

Uno de los pocos lugares donde el misterio permanece a duras pena visible es en la Liturgia. La Liturgia nos recuerda el Misterio de Cristo cada vez que celebramos una misa. Dice Odo Casel (3):

El Misterio de Cristo, que en Nuestro Señor se llevó a cabo en toda su realidad histórica y física, se realiza en nosotros simbólicamente, bajo formas representativas y figurativas. Sin embargo, éstas no son simples apariencias, signos puramente externos y vacíos, sino que contienen para nosotros y nos comunican la plena realidad de la vida nueva que nos ofrece Cristo, nuestro mediador.

Esta participación, de características absolutamente especiales, en la vida de Cristo, que por una parte se presenta bajo expresiones simbólicas y, por otra, se realiza realmente, fue llamada por los primeros cristianos con la denominación de participación mística


La mística era y es, la participación viva en el Misterio Cristiano. Es obvio que la Liturgia se constituye espacio y tiempo privilegiado para adentrarnos en el Misterio. Liturgia que es camino y resumen perfecto del Misterio Cristiano. Pero el Misterio va más allá de la liturgia. El Misterio se extiende a toda nuestra vida y a nuestras acciones. La liturgia da acceso al Misterio, pero el Misterio se nos presenta a cada minuto de nuestra existencia en forma de vivencias cotidianas que debemos comprender y encaminar. recordemos que en la misa tradicional se despide a los fieles con una frase muy clarificadora: "Ite missa est", que se traduce como: "esta es la misión". ¿Qué misión? La de llevar la Buena Noticia todos los pueblos. La Buena Noticia que hemos vivido en la Liturgia.

Llegado a este punto en necesario dejar claro que el Misterio Cristiano es una hermenéutica de vida que no debe ser propiedad de un grupo selecto de elegidos o una revelación encerrada. Tampoco puede ser herramienta exclusiva sino una realidad inclusiva. Es un libro abierto para quien desee leerlo, un camino para quien desee transitarlo junto a sus hermanos de Fe. No es aceptable plantear lugares cerrados para vivirlo. No es aceptable pensar en caminos alternativos a la total unión con la Iglesia, a la que pertenecemos desde nuestro bautismo. Tal como indica sabiamente Julio Peradejordi (2), de esta manera es como hay que entender que no existe salvación fuera de al Iglesia.


(1) "Esoterismo Güenodiano y Misterios Cristiano". (2005). Jean Borella . Sophia Perennis
(2) "Esoterismo cristiano y Cristianismo esotérico". (1990). Julio Peradejordi. Obelisco.
http://www.lapuertaonline.es/ar146.html
(3) “El misterio del culto en el cristianismo” (2002). Odo Casel. Centro de Pastoral Litúrgica.

martes, 13 de enero de 2009

El sentido cristiano de la palabra Misterio

La palabra misterio tiene un especial sentido en el cristianismo. Para explicarlo tomo el siguiente texto de K.H. Neufeld (1):
"Bíblicamente, el concepto [misterio] tiene-un carácter absolutamente, peculiar, de tipo escatológico en relación con acontecimientos históricos. Pero estos remiten a un fondo común y unitario, de forma que el uso polifacético de la palabra, dentro de la relación interna de las realidades así designadas (nexos mysteriorum), apunta ante todo al origen y a la consumación de la realidad, a Dios, que es el que últimamente es designado como misterio. Más esto repercute en el sentido de la palabra, ya que aquí no designa simplemente lo desconocido, un enigma, un problema o algo similar. Aquí, en efecto, estas expresiones hablan siempre de algo que no debe ser y que es preciso superar, de una exigencia del hombre a conocer y resolver enigmas, sin la cual no puede alcanzar la plenitud de su vida. Hay que resolver el enigma: Mientras no sea así, le queda una insatisfacción y el sentimiento de una carga, de faltarle algo. El misterio en sentido cristiano es algo completamente distinto. Se aproxima al hombre de tal forma y manera que éste presiente y comprende que aquí no se trata de solucionar nada, sino que el misterio debe permanecer para él misterio, porque sólo así tiene significado y reviste importancia para él; porque sólo así constituye su felicidad. El misterio es bueno como misterio. Cualquier intento de solucionarlo tiene que terminar en desgracia para el hombre y pone en peligro su salvación. Por lo demás, semejante intento es siempre ineficaz en su propósito, porque es un intento sobre un objeto inapropiado. Dios y su misterio no son objeto del hombre.

Según esto, el concepto designa algo que simplemente rebasa al hombre, y por esta razón el hombre sencillamente no puede comprenderlo. Tiene que reconocerlo en su índole, que le trasciende. Justamente considerar algo como misterio significa renunciar por parte del hombre a disponer de ello porque es una expectativa indebida, y experimentarlo precisamente así como bueno y verdadero, y en consecuencia como capaz de hacer feliz. Aunque esta experiencia como tal es única, como el mismo Dios al que se refiere, se dan en la vida del hombre experiencias parecidas en el trato con otros hombres.
"

--oOo--

Las dos contradicciones que reseñaba en la entrada anterior del blog son inherentes al concepto cristiano de Misterio: La necesidad de aproximarse a él sin intentar resolverlo y la imposibilidad de ser comprendido en su totalidad.

Entonces ¿Por qué entrar en este ámbito oscuro, interno y tal como indica Jean Borella(2). ¿Cómo pevenir ser engañados por la similitud que tiene con el esoterismo (comprendido como hermenéutica de la revelación)?

La pregunta no tiene una respuesta general y solo podemos buscar respuestas personales, que en muchos casos son intransferibles. Seguramente se preguntará por mis respuestas personales, por lo que comparto algunas de ellas:
  • Tengo una profunda y sincera necesidad de comprender qué sustenta mi Fe y así cimentarla sobre la Roca, que es Cristo. Recordemos la parábola de la casa construida sobre roca.
  • Intentar romper la falsa contradicción que separa lo sagrado de lo profano. Creo que en la lucha por disolver estos contrarios, en la vida diaria, se esconde el camino hacia el Reino de Dios.
  • Recobrar mucho de lo perdido por el cristianismo en su tránsito por el camino de la modernidad. El cristianismo en general y la tradición latina en particular, olvida frecuentemente que la Fe sin fundamentos languidece o se enquista.
  • Intentar difundir lo que vaya encontrado con usted. Lo que es un placer.
    (1) Misterio/Misterios. Teología fundamental. K.H. Neufeld. http://www.mercaba.org/DicTF/TF_misterio_misterios.htm

    (2) "Esoterismo Guenodiano y Misterio Cristiano". (2005). Jean Borella . Sophia Perennis

viernes, 9 de enero de 2009

Misterio Cristiano

Los discípulos se acercaron y le preguntaron: ¿Por qué le hablas a la gente en parábolas? Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los Misterios del Reino de los Cielos; mas a ellos no les es dado. Al que tiene, se le dará más y tendrá en abundancia. Al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará”. Mateo 13:10-12
Cristianismo y misterio. En el cristianismo (como en la mayoría de las religiones) es posible definir dos tipos de acercamientos a la Revelación. El primer acercamiento es externo, aparente, abierto a la sociedad. El otro acercamiento es interno, trascendente, profundizador en los misterios de la Divinidad y los objetivos del Creador.

Pero, ¿Cómo denominar a este acercamiento a interno? Tenemos que ser conscientes que no existe un consenso para denominar y definir esta cara interna de nuestra Fe cristiana. Algunos incluso niegan su existencia o la aceptan solo como una reliquia del pasado, inservible hoy en día.

Otros llaman a esta cara, 'esoterismo cristiano', como René Guénon. Hay que tener cuidado porque hablar de esoterismo conlleva un sentido cerrado y exclusivo que no se corresponde con el sentido abierto “ad gentes” del cristianismo. Cristo predica a las gentes, no en un lugar cerrado, aunque entenderlo requiera algo más que oídos y atención. Los esoterismos parten de un sentido mistérico, exclusivo del conocimiento. El esoterismo se transmite en grupos cerrados o semicerrados, que se dicen depositarios de conocimientos que solo revelan a quienes son dignos de ello. Es lo que Jean Borella (1) denomina esoterismo formal, que implica exclusión de los 'no iniciados'. El cristianismo interior, profundo y místico podría ser confundido con un esoterismo tradicional, pero es muy diferente. Es una hermenéutica abierta de la revelación divina.

También hay otras personas, como el Cardenal Martini (2), que se internan en este ámbito interior llamándole “Sentido oscuro de Dios”. Particularmente, creo que llamarle así predispone a pensar en la existencia de una dificultad inabordable para el acceso al Misterio, lo que solo es parcialmente cierto. Es interesante constatar que el Cardenal Martini considera la necesidad de reimplantar un tipo de disciplina del arcano para preservar y transmitir este “sentido oscuro” a los catecúmenos, lo que nos lleva a pensar que para él existe un esoterismo dentro del cristianismo.

El camino hacia esta zona interna es un camino místico, ya que la mística busca penetrar en el misterio de la Divinidad. Llamarle mística es atrayente, y certero, ya que la palabra mística define el carácter misterioso u oculto y la existencia de camino para el acceso a este Misterio. Pero actualmente esta palabra ha perdido su sentido original. La mística se considera hoy en día como un tipo de actitud desconcertante, misteriosa, irracional, que se expresa mediante experiencias sensoriales y emotivas. Se considera que la mística conlleva comportamientos extraños y hasta antisociales. Es complicado que hoy en día se acepte que la mística es un camino de vida equilibrado y plenificador. Un camino intelectual, emocional y volitivo. Por lo tanto, la palabra mística induce a olvidar que también hay conocimiento y compromiso en esta cara interior de la Fe.


Algunos Padres de la Iglesia, como Orígenes o Clemente de Alejandría, penetran en este ámbito llamándole 'gnosis cristiana'. Para ellos la 'gnosis' (conocimiento) es lo que nos permite acercarnos al Misterio. Podríamos adoptar la decisión de utilizar esta denominación, pero no nos parece adecuado debido a las innumerables sectas gnósticisctas pasadas y presente. Es difícil que se diferencie con facilidad los falsos gnosticismos heréticos de la verdadera gnosis cristiana. Para que vean que no me columpio al decir estas cosa, les invito a leer con detenimiento el texto de la Audiencia que el Papa Benedicto XVI dedicó a Clemente de Alejandría.

Uniéndome a la propuesta formulada por Jean Borella, creo interesante utilizar la denominación Misterio Cristiano, aunque soy consciente de que esta denominación también tiene sus problemas. Denominar a algo “misterio” parece implicar que es algo estático a la vez que disuade de abordarlo. Si aceptamos que este Misterio es accesible, tendríamos que clarificar el aparente contrasentido de seguir llamando misterio a algo que se puede conocer en parte. No podemos dejar de afirmar que conocerlo completamente es imposible ¿Qué sentido tiene ir en su búsqueda si no es posible conocerlo completamente? Esta pregunta merece ser tratada y lo haremos.


(1) "Esoterismo Guenodiano y Misterios Cristiano". (2005). Jean Borella . Sophia Perennis
(2) "Reflexiones sobre el sentido oscuro de Dios". (1997). Card. Carlo María Martini
http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/cultr/documents/rc_pc_cultr_01031994_doc_i-1994-ple_en.html#8
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...