
Podríamos preguntarnos por la “utilidad” de los sacramentos. Muchas personas lo hacen. Viendo nuestro entorno cotidiano, los sacramentos parecen mostrarse pragmáticamente inútiles… parece normal que nos planteemos si estos deberían dejar paso a otros niveles vivenciales cristianos.
Si pensamos que la evangelización es el grado supremo de ser cristiano y además… no terminamos de relacionar la capacidad evangelizadora con la gracia conferida por los sacramentos, el asunto queda claro. Recibir un sacramento no tiene consecuencias mágicas sobre las personas que lo reciben… evangelizar sí tiene consecuencias evidentes.
Pero esta línea de pensamiento tiene unos cuantos puntos débiles.
Para adentrarnos en el asunto es necesario tener claro que el sacramento actúa como nexo de unión entre Dios y nosotros. Los sacramentos nos comunican la gracia que nos permite ir hacia delante cumpliendo con el plan de Dios. Entre otras cosas, la gracia recibida es la que nos permite evangelizar, conformar comunidad, hacernos presentes en la sociedad y vivir una vida en sintonía con Dios a todos los niveles.
Igual que Cristo utilizaba parábolas para hacer comprender cómo actúa Dios en el mundo, es posible utilizar paradigmas que nos permiten entender mejor el funcionamiento de esta comunicación entre Dios y nosotros.
Desde una perspectiva analógica, el sistema Dios-sacramento-hombre funciona como el principio físico de inducción electromagnética resonante. Dicho en palabras sencillas… funciona como una radio. Dios es la emisora, el medio electromagnético de transmisión actúa como el sacramento. El ser humano se asemeja al receptor de radio. Dios transmite tanto el Mensaje como la inmensidad del paradigma implícito ... que conforma el Misterio.
Para que la transmisión pueda ser oída en el receptor es necesario, evidentemente, que este receptor esté dentro del radio de acción de la emisora y además esté sintonizado convenientemente a la frecuencia de transmisión. Pero eso no es todo. La calidad del sonido que escuchemos será proporcional a la calidad del receptor. Un receptor deficiente, lejos de la emisora y mal sintonizado,… no podrá recibir la emisora ni producir un sonido inteligible.
¿Cuándo funciona la eucaristía u otro sacramento? Cuando nosotros, sus receptores, estemos cerca de Dios, en sintonía con El y tengamos la calidad personal suficiente para servir de fieles difusores-ejecutores de su plan. Entonces el sistema funcionará perfectamente. Si alguno de los elementos antes enumerados falla… iremos perdiendo capacidad de recibir lo que Dios nos comunica y también nuestra capacidad de transmitirlo a los demás.
Estas razones son las que hacen que las personas duden de la eficacia de los sacramentos, los releguen a segundo plano o incluso duden de la existencia de Dios. Los sacramentos no son actos mágicos que cambian la naturaleza de la persona por si mismos.
Además de los sacramentos, no debemos olvidar que Dios se nos manifiesta por otros medios, como son las sagradas escrituras, la oración y la contemplación de toda la creación en su conjunto. Es posible escarbar en la comprensión de Dios por medio de analogías y paradigmas, debido a que Dios se ha manifestado en todo lo que existe. A nosotros nos toca contemplar, estudiar, comprender e intuir las analogías que nos permiten acercarnos a El.
Esto que comento, no es más que exponer la doctrina que tiene al Iglesia sobre los sacramentos de manera peculiar. La iglesia reconoce que la gracia no actúa o actúa incompletamente, si existen impedimentos u obstáculos que “bloquean” la actuación de la gracia santificante o actual. La ausencia de Fe en el propio sacramento o en Dios, son los obstáculos más extendidos.
También nos enseña la Iglesia que los sacramentos que no han sido recibidos de manera adecuada, pueden revivirse cuando se dan las condiciones necesarias para que la gracia pueda actuar. Pero si no se dan las condiciones… el sacramento es ineficaz. Como seres libres, es nuestra voluntad la que nos acerca o aleja de Dios.
Desde mi punto de vista los sacramentos no se sobrevaloran actualmente en la iglesia… todo lo contrario, se minusvaloran, se relegan a actos mecánicos o puramente culturales. Se administran sin procurar esa sintonía, cercanía y calidad personal necesaria para que sus efectos sean los esperados. Falta formación y predisposición.
Solo tenemos que escudriñar mínimanente en la vida de Santos, como San Pío de Pietrelcina, San Agustín, Santa Catalina Labouré, Santa Catalina de Siena, San Juan Bosco, etc, para darnos cuenta del factor crucial que los sacramentos tuvieron sobre su vida y santidad... y en su capacidad evangelizadora.
También es necesario reseñar que, además de todo lo expuesto, hace falta un lugar donde la semilla recibida en el sacramento se desarrolle en todo su esplendor: una comunidad viva, capacitada para comprender la revelación y comprometida.
Me pregunto cómo puede evangelizar una persona que no esté en mínima sintonía con Dios y la Iglesia. He oído de catequistas comprometidos que ofrecían a sus catecúmenos enseñanzas personales con errores considerables, tanto de concepto como de actitud personal. Nadie se metía con ellos y por lo tanto seguían haciendo su labor de destrucción con todos los parabienes.
Después nos preguntamos la razón de tanto alejamiento de la juventud, que en parte se debe a que no han encontrado quienes les formen y les den el ejemplo correcto.
Precisamente lo importante es la persona,… por lo que es necesario conocimiento para vivir una vida sacramental completa. Los ritos y la formas que acompañan a los sacramentos están allí para ayudar a quienes se acercan a recibirlos a hacerlo en mejor predisposición espiritual. Dicho esto, también es necesario indicar que es evidente que si nos quedamos en la ritualidad sacramental rutinaria estamos profanando la sacralidad donada por Dios.
Pd. Gracias al estupendo blog: Una Iglesia provocativa y a su alma mater, Tote, por darme pié a esta larga reflexión.

