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domingo, 18 de enero de 2026

Andamos por la vida sin un mapa. Hemos olvidado el simbolismo


Resulta paradójico que vivimos en una cultura occidental cimentada sobre el cristianismo (cultura, leyes, catedrales, museos y literatura), pero la capacidad de decodificar el sentido de los mensajes que perviven en los símbolos se ha perdido casi por completo para el gran público y para los fieles.

Sufrimos una tristísima pérdida de la "alfabetización visual" de la fe. De hecho, vivimos nuestra vida de fe como caminantes sin mapa. Reducimos todo a lo que "sentimos emocionalmente", ignorando con desprecio el sentido cognitivo de la Fe. Se pueden citar mucho factores principales que han provocado que este lenguaje universal se haya vuelto críptico para la mayoría:

La ruptura de la transmisión cultural es algo que pesa sobre nuestros hombros. Durante siglos, el simbolismo cristiano no era algo que se estudiaba en libros académicos, sino que se absorbía por ósmosis cultural. La abuela explicaba al nieto por qué San Pedro tenía unas llaves o por qué Santa Lucía llevaba ojos en un plato. Hoy en día los padres regañan a los abuelos por hablar a sus nietos de la Fe que a ellos les llena de sentido. El fin de la "Tradición Oral" conlleva la secularización de la sociedad, la cadena de transmisión familiar se ha roto. Las nuevas generaciones ya no reciben este conocimiento en casa ni en la escuela de forma generalizada. La Fe se comprende como algo privado que hay que procurar ocultar. ¿Por qué ocultarlo? Porque socialmente se rechaza. Al relegarse la Fe al ámbito estrictamente privado, los símbolos públicos (el arte, la arquitectura) han perdido su función de "lenguaje común".

En la Edad Media, el simbolismo era funcional. La inmensa mayoría de la población no sabía leer ni escribir, por lo que las catedrales, vidrieras y esculturas funcionaban como libros de piedra. Podemos decir que vivimos un cambio de paradigma. Con la alfabetización universal y la imprenta, la necesidad de "leer imágenes" disminuyó drásticamente. Pero con la alfabetización digital, todo se convierte en emociones sociales dirigidas a tenernos entretenidos: pan y circo.

Hoy somos expertos en leer logotipos corporativos y señales de tráfico, pero hemos perdido la habilidad de leer una alegoría compleja. Vemos un cuadro de una mujer pisando una serpiente y vemos solo eso, mientras que un campesino del siglo XV entendía inmediatamente que era la Inmaculada Concepción y la derrota del pecado original. El simbolismo cristiano se nutre de textos que ya nadie lee culturalmente. Muchos símbolos, como el león de Judá o la zarza ardiente, requieren conocer el Antiguo Testamento. Sin esa base narrativa, el símbolo parece arbitrario.

Gran parte del arte cristiano se basa en las narrativas de vidas de santos y escritos sapienciales. Si no conoces la leyenda de que un pelícano se abría el pecho para alimentar a sus crías con su sangre, ver un pelícano en un altar te parecerá simplemente un adorno zoológico extraño, en lugar de un símbolo de la Eucaristía. Paradójicamente, el cine, los videojuegos y el anime usan constantemente simbología cristiana, pero a menudo la vacían de contenido para rellenar de nuevos significados estos símbolos.

Por ejemplo,  series como Neon Genesis Evangelion o películas como El Código Da Vinci, se usan cruces, ángeles o cálices por su impacto visual o misterioso, no por su significado teológico real. Esto genera una generación que reconoce los símbolos, pero les asocia significados de fantasía o conspiración, alejándolos aún más de su sentido original.

El cristianismo nació y se desarrolló en sociedades agrarias y pastoriles. Sus metáforas centrales están relacionadas con la vida agraria: el Buen Pastor, el trigo y la cizaña, la vid y los sarmientos, el Cordero. Todo esto resuena poco en una sociedad urbana, tecnológica e industrial. Para un urbanita digital moderno, la imagen de un pastor separando ovejas de cabras es una referencia lejana, no una realidad cotidiana que explique una verdad espiritual profunda.  

El resultado es que caminamos "ciegos" y sin mapa, por nuestra propia historia. Entrar en el Museo del Prado o visitar la Catedral de Chartres sin conocer este código es como leer un poema en un idioma que no hablas: puedes apreciar la sonoridad (la estética), pero perdemos el mensaje que nos transmiten todos estos símbolos.

¿Cómo solucionar esta terrible pérdida de patrimonio simbólico? No es nada sencillo hacerlo, porque vivimos en un entorno muy diferente al que se vivió hasta el renacimiento. El periodo barroco y romántico, distorsionó bastante el simbolismo. Pero tras la década de los 60's del siglo pasado el simbolismo se ha ido borrando totalmente de nuestras de referencia de Fe. Miremos los templos actuales para darnos cuenta del austero emocionalismo social que impregna nuestra Fe. Analicemos la Liturgia que vivimos y nos  daremos cuenta de la ausencia de soporte sustancial que vamos dando a la Fe. Luego nos quejamos de que los templos estén vacíos. ¿Qué actividades se realizan en nuestros espacios de Fe? Abundan festejos socio-culturales y actividades socio-emocionales.

¿Dónde encontramos actualmente las obras de arte que deberían ayudarnos a consolidar la Fe? En los museos. De hecho, los templos son actualmente más visitados como museos que como llamas vivas que encienden nuestra Fe. Benedicto XVI habló de la necesidad de convertirnos en "minorías creativas" para sembrar en la sociedad actual la Semilla del Reino. Esperemos que la Iglesia descubra esto y recojamos el mapa que hemos tirado a la basura.


martes, 29 de julio de 2014

El Símbolo como herramienta de comunicación


¿Para qué necesitamos los símbolos en un siglo donde la comunicación es tan inmediata y rápida que podría se utilizada para explicar en vivo cualquier cosa? Los símbolos parecen algo del pasado. Parecen algo que no terminamos de comprender. Muchas personas se preguntan ¿Por qué no decir las cosas claras y dejarnos de “tapujos” y “misterios”. ¿Para qué necesitamos los símbolos en pleno siglo XXI? 

El ser humano es un ser simbólico que utiliza una diversidad de herramientas y métodos para comunicarse con otras personas. Entre estos métodos-medios de comunicación están los símbolos. En el cristianismo, los símbolos se utilizan para comunicar Misterios. Es decir, aquello que supera la capacidad de comunicación verbal inmediata y para penetrar en ello, necesitan símiles, acercamientos, pistas, que tendremos que reflexionar durante toda la vida. Los símbolos no son elementos estáticos, muertos o cotidianos. 

El símbolo comunica al hombre su contenido que, precisamente porque es vivo y ligado a la vida, se presenta al principio como un fluido, como algo dinámico, palpitante pero acategorial. Sólo en un segundo tiempo empieza a interpelar a todo hombre y le pide una colaboración, pidiendo ser descifrado, descodificado, pensado, reflexionado, precisado, también racionalmente. El símbolo exige, por lo tanto, una participación activa a quien se deja implicar en el proceso que pone en acto. (M. I. Rupnik. Teología de la Evangelización desde la Belleza, Consecuencias para la Teologíala Acción Pastoral, 3) 

La Nueva Evangelización debería incluir una fuerte alfabetización simbólica, empezando por las personas participamos...    Seguir leyendo

domingo, 27 de julio de 2014

El ocaso del simbolismo cristiano. Clemente de Alejandría

Vivimos tiempos complejos. Tanto en nuestra vida personal como social, hemos perdido el sentido del orden, armonía, proporción y belleza. La sociedad nos dice que todo lo que nos rodea es casual y por ello no es necesario que entendamos las razones que hay detrás de lo que existe. Con vivir la vida es suficiente.

Si no tenemos en cuenta el sentido de la vida que vivimos ¿Cómo plantearse la existencia de otra vida después de esta? Si todo lo que vivimos lo entendemos como casualidad ¿Cómo entender una vida que no se ajuste a la inmediatez y lo placentero?

Cuando leemos el texto del evangelio de hoy domingo nos encontramos con varias parábolas breves que hablan del Reino de Dios. ¿Cómo podríamos entenderlas si despreciamos toda sugerencia de orden dentro de nuestra vida. Encima, estas parábolas terminan con una seria advertencia de Cristo: “…vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto?" ¿Comprendemos esto?

El Cristo de nos advierte de una manera que es inadmisible en la postmodernidad que vivimos. Incluso el cristianismo ha asumido el mismo discurso buenista de la sociedad que nos rodea ¿Cómo un Dios misericordioso puede decirnos que podemos ser arrojados al horno ardiente? ¿Cómo se atreven la Sagradas Escrituras a señalarnos que existe un final y que puede ser desagradable? ¿No nos dicen nuestros pastores que lo que tenemos que buscar es ser buena gente sin más? ¿El demonio, el pecado y el infierno no fueron ya abolidos por aclamación popular?

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