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sábado, 27 de febrero de 2016

Sacramentos alternativos

La Iglesia, desde muy pronto en su historia, señaló la existencia de una serie de sacramentos, que han llegado a nosotros como siete. De ellos, el que resalta sobre todos los demás es la Eucaristía, porque mediante este sacramento nos alimentamos de la Gracia de Dios. También son importantes el Bautismo y la confirmación, ya que son la columna vertebral del acceso a la fe. Los sacramentos son signos por medio de los que Dios nos ofrece su Gracia. Gracia que puede ser rechazada aunque el signo se haya realizado de forma totalmente válida. Para la recepción de los sacramentos, hace falta estar en estado de gracia y predispuestos a abrir el corazón al Espíritu Santo.

Es curioso que esta doctrina tan clara y unificadora, hay perdido hoy en día toda su fuerza y consistencia. Pocas personas ven en los sacramentos algo más que ritos antiguos que conservamos por costumbres. De hecho muchas personas dan más importancia a las obras de caridad que a los mismos sacramentos. Las obras de caridad son maravillosas, pero los sacramentos lo son aún más.

En el pasado viaje del Santo Padre a México, se dio la oportunidad de hablar a que una pareja de personas que conviven como matrimonio, aunque no están casados sacramentalmente. Entre todo lo que dijeron, reseñó un párrafo que creo que es central:

"No podemos acceder a la eucaristía, pero podemos comulgar a través del hermano necesitado, del hermano enfermo, del hermano privado de su libertad" y "buscamos la manera de transmitir el amor de Dios"

Como es lógico, esta pareja no puede comulgar por su situación de convivencia. Esto les ha llevado a buscar una alternativa al sacramento y por eso dan un sentido sacramental a la obras de caridad que realizan. El problema es que no es lo mismo. La caridad no es un sacramento y además, sería muy beneficioso que quienes realizaran estas obras tan maravillosas, vivieran en total sintonía con la fe de la Iglesia. Con esto no quiero decir que estas personas no puedan hacer obras filantrópicas, pero no encontramos con algunos problemas. ¿Cuáles? Leamos un pasaje evangélico que habla justamente de eso:

Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. (Mt 6, 1-5)

Cristo nos deja claro que las obras de caridad deberían ser secretas, nunca públicas, porque si las aireamos para justificar nuestra bondad, pierden el sentido de sacrificio que Dios desea. Si nuestras obras de caridad las utilizamos como palanca para reclamarnos buenos y perfectos, estamos más cerca del Fariseo que del Publicano. Este último se escondía en las sombras pidiendo perdón a Dios por ser lo que era. No creo que las obras de caridad deban ser utilizadas para justificar una situación de convivencia inadecuada que da testimonio erróneo dentro de la comunidad cristiana.


No dudo que este matrimonio se desviva por hacer el bien a los demás, pero esas buenas obras no son un sacramento y tampoco deberían ser utilizadas para justificarse a sí mismos. No creo que ninguno podemos tomar la palabra para decir que somos maravillosos y señalar que sufrimos por no poder acceder a los sacramentos. Ninguno tenemos derecho a los sacramentos y tampoco tenemos derecho a usar las buenas obras para justificar el acceso a ellos. Siempre es mejor quedarnos detrás, donde nadie nos vea y orar el Señor para que nos perdone nuestra múltiples infidelidades. Si podemos comulgar, debemos hacerlo sin que esto se comprenda como un privilegio ni un premio por nuestra caridad. Si hacemos algo bueno, es porque Dios nos ofrece su Gracia de forma gratuita y nosotros no la rechazamos.

domingo, 9 de agosto de 2015

¿Dispuesto a recibir la Gracia de Dios? San Ambrosio de Milán


Confieso que con más de treinta años y tras leer a San Ambrosio de Milán empecé a entender qué son los sacramentos y su importancia dentro de mi vida de fe. Es trágico que las catequesis mistagógicas hayan quedado relegadas a algo accesorio o prescindible.


La fe que se nos ofrece hoy en día es una mezcla de cultura, socialización, emotividad y buenismo concentrado. Despreciamos el conocimiento y sobrevaloramos el activismo y la emotividad por separado, lo que nos lleva a dividirnos internamente y a ser incapaces de entender que hay mucho más allá de los aparente, estético o social.

Lo sacramentos se reconocen por la Iglesia como signos que transmiten la Gracia de Dios. Signos que comunican a Dios mismo, aunque a veces parece que son simples actos conmemorativos de tipos social. De hecho algunas personas comulgan para no sentirse rechazadas por la comunidad. Otras veces, como en el bautismo, parece que la Liturgia sea como un formulario que permite al niño integrarse socialmente. Por eso se le da tanta importancia a aspectos accesorios, como las personas que hacen de padrinos o el festejo posterior. Decía Cristo que si un ojo te hace caer, arráncatelo. Si el problema es que los padrinos no representan lo que debieran y la presión social se impone a obispos y sacerdotes, simplemente olvidemos a los padrinos. No son necesarios.

Los sacramentos son mucho más que formas rituales de integración social. Son medios de comunicación de Dios mismo:

Es admirable que Dios haya hecho llover el maná para nuestros padres y que se hayan saciado cada día con pan del cielo. Es porque se ha dicho: «El hombre ha comido el pan de los ángeles» (Sl 77,25). Sin embargo todos los que comieron de este pan en el desierto murieron. Y por el contrario, este alimento que recibes, este pan vivo bajado del cielo, da el alimento de la vida eterna, y quienquiera que lo coma no morirá jamás. Es el Cuerpo de Cristo... (Seguir leyendo)


jueves, 8 de octubre de 2009

Verdadera comida y verdadera bebida


"Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí mora, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, así también el que me come, él mismo vivirá en mí. Este es el pan que descendió del cielo. No como el maná que comieron vuestros padres, y murieron. Quien come este pan, vivirá eternamente". Esto dijo en la Sinagoga, enseñando en Cafarnaúm. (Juan 6,55-59)


Verdadera comida y verdadera bebida. Las demás comidas y bebidas no alimentan lo que hay de verdadero y eterno en nosotros. La eucaristía no es un simple acto social comunitario, aunque se celebre comunitariamente y nos conforme como comunidad. En la eucaristía hay sacralidad, hay unión de cada persona con Dios. La eucaristía es un sacramento… aunque hoy en día nos hayamos olvidado de lo que significa todo esto.

sábado, 19 de septiembre de 2009

¿Cuando funciona la eucaristía?

Podríamos preguntarnos por la “utilidad” de los sacramentos. Muchas personas lo hacen. Viendo nuestro entorno cotidiano, los sacramentos parecen mostrarse pragmáticamente inútiles… parece normal que nos planteemos si estos deberían dejar paso a otros niveles vivenciales cristianos.

Si pensamos que la evangelización es el grado supremo de ser cristiano y además… no terminamos de relacionar la capacidad evangelizadora con la gracia conferida por los sacramentos, el asunto queda claro. Recibir un sacramento no tiene consecuencias mágicas sobre las personas que lo reciben… evangelizar sí tiene consecuencias evidentes.

Pero esta línea de pensamiento tiene unos cuantos puntos débiles.

Para adentrarnos en el asunto es necesario tener claro que el sacramento actúa como nexo de unión entre Dios y nosotros. Los sacramentos nos comunican la gracia que nos permite ir hacia delante cumpliendo con el plan de Dios. Entre otras cosas, la gracia recibida es la que nos permite evangelizar, conformar comunidad, hacernos presentes en la sociedad y vivir una vida en sintonía con Dios a todos los niveles.

Igual que Cristo utilizaba parábolas para hacer comprender cómo actúa Dios en el mundo, es posible utilizar paradigmas que nos permiten entender mejor el funcionamiento de esta comunicación entre Dios y nosotros.

Desde una perspectiva analógica, el sistema Dios-sacramento-hombre funciona como el principio físico de inducción electromagnética resonante. Dicho en palabras sencillas… funciona como una radio. Dios es la emisora, el medio electromagnético de transmisión actúa como el sacramento. El ser humano se asemeja al receptor de radio. Dios transmite tanto el Mensaje como la inmensidad del paradigma implícito ... que conforma el Misterio.

Para que la transmisión pueda ser oída en el receptor es necesario, evidentemente, que este receptor esté dentro del radio de acción de la emisora y además esté sintonizado convenientemente a la frecuencia de transmisión. Pero eso no es todo. La calidad del sonido que escuchemos será proporcional a la calidad del receptor. Un receptor deficiente, lejos de la emisora y mal sintonizado,… no podrá recibir la emisora ni producir un sonido inteligible.

¿Cuándo funciona la eucaristía u otro sacramento? Cuando nosotros, sus receptores, estemos cerca de Dios, en sintonía con El y tengamos la calidad personal suficiente para servir de fieles difusores-ejecutores de su plan. Entonces el sistema funcionará perfectamente. Si alguno de los elementos antes enumerados falla… iremos perdiendo capacidad de recibir lo que Dios nos comunica y también nuestra capacidad de transmitirlo a los demás.

Estas razones son las que hacen que las personas duden de la eficacia de los sacramentos, los releguen a segundo plano o incluso duden de la existencia de Dios. Los sacramentos no son actos mágicos que cambian la naturaleza de la persona por si mismos.

Además de los sacramentos, no debemos olvidar que Dios se nos manifiesta por otros medios, como son las sagradas escrituras, la oración y la contemplación de toda la creación en su conjunto. Es posible escarbar en la comprensión de Dios por medio de analogías y paradigmas, debido a que Dios se ha manifestado en todo lo que existe. A nosotros nos toca contemplar, estudiar, comprender e intuir las analogías que nos permiten acercarnos a El.

Esto que comento, no es más que exponer la doctrina que tiene al Iglesia sobre los sacramentos de manera peculiar. La iglesia reconoce que la gracia no actúa o actúa incompletamente, si existen impedimentos u obstáculos que “bloquean” la actuación de la gracia santificante o actual. La ausencia de Fe en el propio sacramento o en Dios, son los obstáculos más extendidos.

También nos enseña la Iglesia que los sacramentos que no han sido recibidos de manera adecuada, pueden revivirse cuando se dan las condiciones necesarias para que la gracia pueda actuar. Pero si no se dan las condiciones… el sacramento es ineficaz. Como seres libres, es nuestra voluntad la que nos acerca o aleja de Dios.

Desde mi punto de vista los sacramentos no se sobrevaloran actualmente en la iglesia… todo lo contrario, se minusvaloran, se relegan a actos mecánicos o puramente culturales. Se administran sin procurar esa sintonía, cercanía y calidad personal necesaria para que sus efectos sean los esperados. Falta formación y predisposición.

Solo tenemos que escudriñar mínimanente en la vida de Santos, como San Pío de Pietrelcina, San Agustín, Santa Catalina Labouré, Santa Catalina de Siena, San Juan Bosco, etc, para darnos cuenta del factor crucial que los sacramentos tuvieron sobre su vida y santidad... y en su capacidad evangelizadora.

También es necesario reseñar que, además de todo lo expuesto, hace falta un lugar donde la semilla recibida en el sacramento se desarrolle en todo su esplendor: una comunidad viva, capacitada para comprender la revelación y comprometida.

Me pregunto cómo puede evangelizar una persona que no esté en mínima sintonía con Dios y la Iglesia. He oído de catequistas comprometidos que ofrecían a sus catecúmenos enseñanzas personales con errores considerables, tanto de concepto como de actitud personal. Nadie se metía con ellos y por lo tanto seguían haciendo su labor de destrucción con todos los parabienes.

Después nos preguntamos la razón de tanto alejamiento de la juventud, que en parte se debe a que no han encontrado quienes les formen y les den el ejemplo correcto.

Precisamente lo importante es la persona,… por lo que es necesario conocimiento para vivir una vida sacramental completa. Los ritos y la formas que acompañan a los sacramentos están allí para ayudar a quienes se acercan a recibirlos a hacerlo en mejor predisposición espiritual. Dicho esto, también es necesario indicar que es evidente que si nos quedamos en la ritualidad sacramental rutinaria estamos profanando la sacralidad donada por Dios.

Pd. Gracias al estupendo blog: Una Iglesia provocativa y a su alma mater, Tote, por darme pié a esta larga reflexión.

sábado, 13 de junio de 2009

Corpus Christi

Por estas fechas se celebra en España y en el mundo la fiesta del Cuerpo del Señor, la fiesta de la Eucaristía.

La palabra eucaristía proviene del griego y significa “acción de gracias”. Al hecho de participar en la eucaristía le llamamos comunión, ya que entendemos que este sacramento no une con Dios por medio de Cristo y además nos une entre si como Iglesia. El eucaristía una conmemoración y un sacrificio. Jesús no pidió que utilizáramos este sacramento para conmemorar su sacrificio y además nos dejó claro el significado y el simbolismo este acto.

He decidido traer un par de breves reseñas que San Agustín sobre el tema. El primero es quizás donde más claramente nos explica como el interpretaba el sacramento eucarístico:

"Tal vez surja en alguno esta idea: ¿cómo puede ser que este pan sea su cuerpo y este vino su sangre? Estas cosas, hermanos míos, llámanse sacramentos, porque una cosa dicen a los ojos y otra a la inteligencia. Lo que ven los ojos tiene apariencias corporales, pero encierra una gracia espiritual. Si queréis entender lo que es el cuerpo de Cristo, escuchad al apóstol. Ved lo que les dice a los fieles: vosotros sois el cuerpo de Cristo y sus miembros (1 Co 12,27). Si, pues, vosotros sois el cuerpo y los miembros de Cristo, lo que está sobre la santa mesa es un símbolo de vosotros mismos, y lo que recibís es vuestro mismo misterio ("mysterium vestrum in mensa dominica positum est, mysterium vestrum accipitis"). Vosotros mismos lo refrendáis así al responder: amén. Se os dice: he aquí el cuerpo de Cristo. Y vosotros contestáis: amén, así es. Sed, pues, miembros de Cristo para responder con verdad: amén... Sed lo que veis y recibid lo que sois ("estote quod videtis et accipite quod estis"). Tal es el modelo que nos ha dado N.S.J.Cristo. Así es como quiso unimos a su persona y consagró sobre su mesa el misterio simbólico de la paz y de la unión que debe reinar entre nosotros ("mysterium pacis et unitatis nostrae in sua mensa consecravit") (San Agustín. Sermón 272: cf. Solano, II, 210-211).

Quizás alguno pueda pensar que San Agustín interpretaba la presencia de Cristo como nosotros interpretamos lo simbólico hoy en día. No es así y esto se puede leer este otro texto:

"Ese pan que veis en el altar, santificado por la palabra de Dios, es el cuerpo de Cristo ("sanctificatus per verbum Dei, corpus est Christi"). Ese cáliz, o más bien, lo que contiene ese cáliz, santificado por la palabra de Dios, es la sangre de Cristo. En esta forma quiso N.S. Jesucristo dejarnos su cuerpo y su sangre, que derramó por nosotros, en remisión de nuestros pecados" (San Agustín. Sermón 227: cf. Solano, II, 204).
Para San Agustín el sentido de lo simbólico era diferente a lo que nosotros interpretamos cotidianamente. El sacramento tiene un significado y este significado nos lo dice Jesús claramente con el sentido imperativo de sus palabras: “Haced esto en conmemoración mía”. El significado es el recuerdo de su sacrificio y el sentido que tuvo para nosotros. Revivir el sacrificio es actualizarlo continuamente y hacerlo nuestro.

El simbolismo lo podemos encontrar claramente en las propias palabras de la consagración. Nótese que consagración significa hacer sagrado, crear unión con Dios por medio de la liturgia en su conjunto. Cristo dijo que le pan era su cuerpo y que el vino era su sangre. Tras de decirlo compartió cada especie con los apóstoles. Se compartió, se dono, se interiorizó a si mismo en los presentes. Podríamos decir que se hizo sacrificio antes de padecerlo realmente. Es importante el hecho temporal y su superposición de todo el sentido de la fiesta pascual judía.

Pero el sentido simbólico no se agota en una representación cognitiva de un hecho. El acto va más allá de que reconozcamos un signo sagrado que se nos presente, más allá de que comprendamos que este signo nos una con el sacrificio de cristo. El simbolismo rompe las barreras del tiempo y el espacio profanos para actualizar realmente el sacrificio de Cristo en cada eucaristía de manera sagrada. El pan deja de ser pan para ser el cuerpo de Cristo y el vino deja de ser vino para ser la sangre de Cristo. Igual que Cristo se dio a sus apóstoles, se nos dona a nosotros para conformar la Iglesia como cuerpo místico en al tierra.

Tendríamos que saltar a San Ambrosio de Milán para entender como el significado y simbolismo de los sacramentos se ajusta y superpone a las escrituras. Tendríamos que leer todo el breve tratado sobre los Sacramentos para darnos cuenta de la profundidad del simbolismo sacramental. De todas formas intentaremos entresacar algunos párrafos espacialmente interesantes:

Quizá digas: «Yo veo otra cosa: ¿cómo afirmas que recibo el Cuerpo de Cristo?». Esto es lo que nos falta aún por probar. ¡Cuántos, en verdad, son los ejemplos que utilizamos para probar que esto no es lo que la naturaleza ha producido, sino lo que la bendición ha consagrado; y que mayor es la fuerza de la bendición que la de la naturaleza, pues por la bendición se cambia la misma naturaleza!. (San Ambrosio. Tratado sobre los Misterios 50)

Lo afirma el mismo Señor Jesús: Esto es mi cuerpo (Mt 26,26). Antes de la bendición con las palabras celestiales se le llama con otro nombre; después de la consagración significa Cuerpo. El mismo Jesús dice que es su sangre. Antes de la consagración se llama otra cosa; después de la consagración se denomina Sangre. Y tú dices: «Amén», es decir, «Es verdad». Lo que habla la boca, reconózcalo la mente en su interior; lo que la palabra pronuncia, que lo reafirme el corazón. (San Ambrosio. Tratado sobre los Misterios 54)

Con estos sacramentos, pues, alimenta Cristo a su Iglesia; con ellos se corrobora la sustancia del alma y, con razón, viendo el progreso de la gracia que contiene, … Con ello significa que en ti debe permanecer sellado el misterio, que no sea violado por las obras de una vida mala, ni la castidad por el adulterio, ni que se divulgue entre aquellos a quienes no conviene, ni se esparza con gárrula locuacidad entre los pérfidos. Buena debe ser, pues, la custodia de tu fe, a fin de que permanezca incólume la integridad de la vida y del silencio. (San Ambrosio. Tratado sobre los Misterios 55)

Poco más podemos decir sobre el asunto después que al elocuencia de San Ambrosio nos indicara tan sabiamente qué es la Eucaristía.

domingo, 7 de junio de 2009

Sacramentos laicos

Este viernes pasado leí un artículo de opinión publicado en el diario español “El Mundo”: Laicos sacramentos, que pueden leerlo pulsando sobre le título antes referido .

El autor reclama la institución de sacramentos laicos a la imagen de los cristianos para ser celebrados por quienes no tienen fe. Así mismo, pide que la Iglesia abra sus templos para celebrar estos sacramentos laicos porque “Ellos tienen el marco incomparable y la liturgia: alfombras, cirios, ropones, músicas apropiadas y la epístola de San Pablo”. Adicionalmente indica que estas celebraciones litúrgicas sacramentales laicas son una conquista de los laicos.

Leyendo el artículo me dí cuenta del la tremenda ignorancia que acumula nuestra sociedad, que se dice de raíces cristianas.

Para describir qué es un sacramento utilizaré como referencia el libro “Los sacramentos, símbolos del espíritu” escrito por Josep M Rovira Belloso.

Podemos empezar por su propio nombre. Sacramento proviene de la unión de la palabra sacrum al sufijo –mentum. Este sufijo significa medio, instrumento. Por lo tanto nos daría que un sacramento es un medio o instrumento sagrado. Si sabemos que la sacralidad es el camino que nos comunica con Dios, los sacramentos serían los medios o instrumentos que ejecutan o posibilitan esta unión.

Para los primeros Padres de la Iglesia, los sacramentos se denominaban “Mysteriom”, misterios en el sentido de lo que excede nuestra capacidad de compresión. Todavía los denominan de esta forma nuestros hermanos ortodoxos. Decía Orígenes que “Todo lo que nos llega (por parte de Dios), nos llega como misterio” [1]. Misterio que se revela como signo, que nos da noticia del símbolo implícito que une la realidad cotidiana con la divinidad, con Dios.

Orígenes nos dice que “La ley del “Mysterion” es la del descenso de lo invisible a lo visible, de lo eterno a lo contingente, como si el Logos eterno se hiciese sensible a través de la voz que resuena: ‘A través de la misma voz se entregan al alma dos cosas a la vez: la letra y el espíritu’.

En el tratado sobre los Sacramentos de San Ambrosio de Milán podemos ver como constantemente une las escrituras con la liturgia de los sacramentos; como si una fuera reflejo de la otra y viceversa. Para el, las acciones y signos que se muestran en la liturgia sacramental son símbolos de la palabra de Dios encarnada y revelada por medio de las escrituras. Sacramento y escritura forman una unidad indisoluble que sacraliza y consagra a quienes participan conscientemente.

Para San Ireneo de Lyon los sacramentos cristianos provienen del designio divino de salvación. Los sacramentos son la divina dispensación -oikoiomia- en la cual el don invisible de Dios desciende, se hace presente y se manifiesta comunicándose a los seres humanos mediante signos visibles.

Entonces ¿Qué sentido tiene un sacramento laico? Después de lo explicado este invento de la “progresía contemporánea” es absurdo desde todo punto de vista.
¿Qué sentido tiene que la Iglesia permita que en sus templos se desarrollen ceremonias pseudosacramentales laicas, como el autor del artículo pide? No tiene ningún sentido, ya que para quienes puedan asistir a estos actos el simbolismo y sacralidad del templo es un simple decorado que da prestancia a un acto sin sentido.

En resumen: vacuidad. Las apariencias aparecen como fines y por eso es necesario que existan independientemente de que estén justificadas o no. Búsqueda de lo que nos falta sin aceptar el compromiso que viene adjunto. Incultura e ignorancia reclamadas como derechos y defendidas como conquistas.

Que Dios nos ayude a enderezar esta sociedad.

[1] Corpus Berolinense, 6-314.
[2] In Psalmum 76, 19

sábado, 23 de mayo de 2009

Las definiciones que se dan de Dios son inadecuadas. Sacramentos.

Dice Juan el apóstol, refiriéndose al invisible e inexpresable seno de Dios: «A Dios nadie le vio jamás, pero el Dios unigénito, el que está en el seno del Padre, éste lo explicó» (Jn 1, 18ss).

Por eso algunos lo llamaron abismo, pues aunque abarca y contiene en su seno todas las cosas, es ininvestigable e interminable. Que Dios es sumamente difícil de aprehender se muestra en el discurso siguiente: Si la causa primera de cualquier cosa es difícil de descubrir, la causa absoluta y suprema y más originaria, siendo la causa de la generación y de la continuada existencia de todas las demás cosas, será muy difícil de describir. Porque ¿cómo podrá ser expresable lo que no es ni género, ni diferencia, ni especie, ni individuo, ni número, así como tampoco accidente o sujeto de accidentes? No se le puede llamar adecuadamente «el Todo», porque el todo se aplica a lo extenso, y él es más bien el Padre del todo. Ni se puede decir que tenga partes, porque lo Uno es indivisible, y por ello es también infinito, no en el sentido de que sea ininvestigable al pensamiento, sino en el de que no tiene extensión o limites. Como consecuencia, no tiene forma ni nombre. Y aunque a veces le demos nombres, éstos no se aplican en sentido estricto: cuando le llamemos Uno, Bien, Inteligencia, Ser en sí, Padre, Dios, Creador, Señor, no le damos propiamente un nombre, sino que, no pudiendo otra cosa, hemos de usar estas apelaciones honoríficas a fin de que nuestra mente pueda fijarse en algo que no ande errante en cualquier cosa.

Cada una de estas denominaciones no es capaz de designar a Dios, aunque tomadas todas ellas en su conjunto muestran la potencia del Omnipotente. Las descripciones de una cosa se dicen con referencia a las cualidades de la misma, o a las relaciones de ésta con otras: pero nada de esto puede aplicarse a Dios. Dios no puede ser aprehendido por ciencia demostrativa, porque ésta se basa en verdades previas y ya conocidas, pero nada es previo al que es inengendrado. Sólo resta que el Desconocido llegue a conocerse por gracia divina y por la Palabra que de él procede. Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, recuerda que Pablo habló de este modo: «Atenienses, veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad. Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabada esta inscripción: "Al Dios desconocido". Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar» (Hch 17, 22-23). (
Clemente de Alejandría, Stromata, 5, 81,2-82,4)

Dios solo puede ser conocido por medio de la Gracia Divina y de la Palabra que de Él procede. Esta afirmación de Clemente define sin duda que todo intento de acceder a Dios por nosotros mismos está condenado al fracaso. Solo Dios puede revelarse a nosotros.

Dios excluye cualquier demostración o definición que provenga de nosotros. Pero Dios se manifiesta en la creación y esa manifestación nos permite conocerle. La naturaleza forma parte del domino sagrado cuando nos da noticia de Dios. Dios también se manifiesta por medio de la Palabra, de Jesús, por lo que podemos también obtener noticia de Dios gracias a todo lo que Jesús nos legó. Las escrituras se muestran como parte importante de lo sagrado.

¿Dónde más podemos buscar a Dios? Lo podemos buscar en la Gracia que nos dona a cada uno de nosotros. Esta gracia constituye en si misma una impresionante teofanía, una manifestación de Dios. La gracia se recibe de muchas formas pero es mediante los sacramentos como más fácilmente anida en nosotros:

Recuerda, pues, que has recibido el signo espiritual, el Espíritu de sabiduría e inteligencia, el Espíritu de consejo y de fortaleza, el Espíritu de conocimiento y de piedad, el Espíritu de temor santo, y guarda lo que has recibido. Dios Padre te ha marcado con su signo, Cristo Señor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón la prenda del Espíritu (San Ambrosio de Milán, Los Misterios. 7,42)


¿Pero qué es un sacramento y cómo nos comunica con Dios?


La dimensión simbólica es la puerta de acceso a la sacramentalidad cristiana: "El simbolismo sacramental, al menos en su estado rudimentario, se remonta en definitiva a los orígenes de la Iglesia. Su aparición, muy primitiva, explica en gran medida el uso de la palabra mysterion que sirve para designar los ritos cristianos". Estos "ritos cristianos" tienen por finalidad la celebración del misterio de Cristo y, en concreto, el misterio de la muerte y de la resurrección de Jesús, Señor, dentro de la Fe cristiana. Estos ritos consisten en oraciones, lecturas y acciones litúrgicas simbólicas, las cuales sólo llegan a conocer ya comprender los iniciados. (Josep M Rovira Belloso, Los sacramentos, símbolos del espíritu)

Por medio de esa gracia conocemos personalmente a Dios y nos unimos a El… unir y conformar una unidad trascendente es la principal característica que define al símbolo sagrado, por lo tanto los sacramentos son símbolos sustanciales de Dios. Además, si ampliamos el símbolo hasta nosotros mismos, nos hacemos también símbolos de Dios.

Quizás sea San Ireneo de Lyon el Padre de la Iglesia que más ha profundizado en el sentido de comunicación y unión con Dios que contienen los sacramentos:

Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina.

Dios, que "habita una luz inaccesible" (1 Tm 6,16) quiere comunicar su propia vida divina a los hombres libremente creados por él, para hacer de ellos, en su Hijo único, hijos adoptivos (cf. Ef 1,4-5). Al revelarse a sí mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle más allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas.

El designio divino de la revelación se realiza a la vez "mediante acciones y palabras", íntimamente ligadas entre sí y que se esclarecen mutuamente. Este designio comporta una "pedagogía divina" particular: Dios se comunica gradualmente al hombre, lo prepara por etapas para acoger la Revelación sobrenatural que hace de sí mismo y que culminará en la Persona y la misión del Verbo encarnado, Jesucristo
. (
Sobre San Ireneo de Lyón, tomado de la web: http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=5105 )


Aunque para muchos, los sacramentos son solo signos que dan noticia de la presencia de Dios, es necesario ser conscientes de que contienen algo más la información de esta presencia. Mediante los sacramentos podemos “sintonizamos” con Dios y así predisponernos a actuar en sinergia con todo lo que nos rodea, para beneficio del plan de Dios.

Por esta razón la confesión y la eucaristía han sido la columna de apoyo de gran cantidad de santos y virtuosos en la historia de la Iglesia. Y por la misma razón, estos sacramentos deberían ser columna de apoyo para cada uno de nosotros.

viernes, 10 de abril de 2009

Pascua, bautismo e iniciación

El bautismo representa, para todo cristiano, la inclusión en la Iglesia y el inicio del camino en busca de Dios. La inmensa mayoría de nosotros hemos sido bautizados de muy pequeños, por lo que hemos convivido con nuestra condición de bautizados como algo aparente y sin importancia real. Antes de nada cabría preguntarnos si tenemos claro ¿Qué nos ha sido dado con el bautismo? ¿Cómo usarlo adecuadamente? y ¿Qué valor tiene?

El sacramento del bautismo nos liga a Dios y nos confiere su gracia… pero una cosa es lo que se enseña de manera teórica y otra los efectos reales de haber sido bautizado. Muchos bautizados reniegan de su bautismo o se comportan toda su vida como si no hubiesen recibido este sacramento.

La Iglesia reconoce no se recibe la gracia implícita en un sacramento si existe un obstáculo que lo impida. Este obstáculo puede ser la falta de voluntad expresa o ausencia de Fe. Muchísimos bautizados no llegan a recibir totalmente la gracia de su bautismo debido a que no terminan de dar el consentimiento expreso y consciente necesario. Sin este consentimiento y consciencia no es posible recibir la gracia de forma plena. Pero también nos dice la Iglesia que es posible revivir un sacramento cuando se adquiere esa buena disposición, consentimiento, consciencia y Fe que habrían sido necesarias cuando se recibió mal (involuntariamente, inconscientemente) el sacramento. [1]

Una vez revivido, el bautismo nos confiere la Gracia desde el momento que somos conscientes de su significado y nos comprometemos con lo que conlleva haber sido bautizado. No olvidemos que los sacramentos son signos y como tales, deben ser comprendidos para poder integrarlos en nosotros y nuestra vida. Entonces cabría preguntarnos ¿Cuándo y cómo podemos revivificar nuestro bautismo?... el momento ideal es la vigilia Pascual, ya que si se responde de manera personal a las promesas y renuncias bautismales se revive el bautismo recibido. [2]

Para ayudarnos a revivificar nuestro bautismo podemos leer lo que San Ambrosio nos dice en su tratado de Misterios:



Hasta ahora os hemos venido hablando cada día acerca de cuál ha de ser vuestra conducta. Os hemos ido leyendo los hechos de los patriarcas o los consejos del libro de lo Proverbios a fin de que, instruidos y formados por esta enseñanzas, os fuerais acostumbrando a recorrer el mismo camino que nuestros antepasados y a obedecer los oráculos divinos, con lo cual, renovados por el bautismo, o comportéis como exige vuestra condición de bautizados

Mas ahora es tiempo ya de hablar de los Sagrados Misterios y de explicaros el significado de los sacramentos cosa que, si hubiésemos hecho antes del bautismo, hubiese sido una violación de la disciplina del arcano más que una instrucción. Además de que, por el hecho de cogeros desprevenidos, la luz de los Divinos Misterios se introdujo en vosotros con más fuerza que si hubiese precedido una explicación.

Abrid, pues, vuestros oídos y percibid el buen olor de vida eterna que exhalan en vosotros los sacramentos. Esto es lo que significábamos cuando, al celebrar el rito de la apertura, decíamos: «Effetá», esto es: «Ábrete», para que, al llegar el momento del bautismo, entendierais lo que se os preguntaba y la obligación de recordar lo que habíais respondido. Este mismo rito empleó Cristo, como leemos en el Evangelio, al curar al sordomudo.

Después de esto, se te abrieron las puertas del santo de los santos, entraste en el lugar destinado a la regeneración. Recuerda lo que se te preguntó, ten presente lo que respondiste. Renunciaste al diablo y a sus obras, al mundo y a sus placeres pecaminosos. Tus palabras están conservadas, no en un túmulo de muertos, sino en el libro de los vivos.

Viste allí a los diáconos, los presbíteros, el obispo. No pienses sólo en lo visible de estas personas, sino en la gracia de su ministerio. En ellos hablaste a los ángeles, tal como está escrito: Labios sacerdotales han de guardar el saber, y en su boca se busca la doctrina, porque es un ángel Señor de los ejércitos. No hay lugar a engaño ni retractación; es un ángel quien anuncia el reino de Cristo, la vida eterna. Lo que has de estimar en él no es su apariencia visible, sino su ministerio. Considera qué es lo que te ha dado, úsalo adecuadamente y reconoce su valor.


Al entrar, pues, para mirar de cara al enemigo y renunciar a él con tu boca, te volviste luego hacia el oriente, pues quien renuncia al diablo debe volverse a Cristo y mirarlo de frente.

¿Qué viste? Agua, pero ciertamente no solo eso; viste a sacerdotes que ejercían allí su ministerio, al Obispo que interrogaba y consagraba. Ante todo el Apóstol te enseñó que no hay que contemplar lo que se ve, sino solo lo que no se ve, porque lo que se ve es temporal y, en cambio, lo que no se ve es eterno. Porque en otro lugar encuentras que lo invisible de Dios, tras la creación del mundo, se comprende mediante lo que fue hecho, el poder eterno y su divinidad se perciben por sus obras. Por lo cual el mismo Señor dice: Si no me creéis a mi, creed al menos en mis obras. Cree, pues que allí está la presencia de la Divinidad. ¿Crees en su operación y no crees en su presencia? ¿De dónde se seguiría la operación si no precediese la presencia? (
San Ambrosio de Milán. Tratado sobre los misterios 1-8)


El Espíritu Santo gritará en nuestro corazón: Effetá!! Abreté!!

Las puertas del Santo de los Santos (Sancta Sanctorum) se abren y nos encontramos enfrente de nosotros con la sacralidad de la liturgia y el Templo Interior donde nos espera el Señor.Encontramos con nuestro espacio interior recién abierto, nuestro castillo interior. Ahora consideremos lo que San Ambrosio nos propone en este texto: “Considera qué es lo que te ha dado, úsalo adecuadamente y reconoce su valor”.


[1] Los siete sacramentos: Iniciación teológica (1998). Moliné Enric
Ediciones Rialp. Pag 32-33
[2] Catecismo de la Iglesia Católica. (2005). Asociación de coeditores del catecismo. Punto 1254.

sábado, 4 de abril de 2009

Simbolismo. Oíd la dinámica del misterio. Melitón de Sardes

Lo que se ha dicho y lo que ha ocurrido no es nada, amadísimos, si se separa de su simbolismo y de su proyecto. Todo lo que se realice y se diga, participa del simbolismo—la palabra, del simbolismo; el hecho, de la prefiguración—para que, así como el hecho se manifiesta por la prefiguración, así también la palabra se ilumine por el simbolismo.

Una obra no se construye sin un proyecto. ¿O no se ve lo que ha de ser a través de la imagen que la prefigura? Por eso, el proyecto que se va a realizar se modela primero con cera, o con arcilla, o con madera, a fin de que se pueda ver lo que va a ser construido más alto en grandeza, más fuerte en resistencia, y bello de forma y rico en instalación, gracias a una pequeña maqueta, destinada a perecer. Porque cuando se ha realizado aquello para lo que había sido destinada la figura, entonces, lo que hasta aquí portaba la imagen del futuro es destruido, por haberse hecho inútil, al haber cedido su imagen a una realidad verdadera. Pues aquello que en otro tiempo era de valor se devalúa una vez aparecido lo que es verdaderamente precioso.

Efectivamente, cada cosa tiene su propio tiempo: al modelo su propio tiempo, al material su propio tiempo. Haces el modelo de la obra real. Lo deseas porque ves en él la imagen de lo que va a ser. Suministras el material para el modelo. Lo deseas por lo que se va a construir gracias a él. Ejecutas la obra, a ella sola la deseas, a ella sola quieres, viendo en ella solo el modelo y el material y la realidad.

San Melitón de Sardes

Para entender este texto de San Melitón de Sardes es interesante clarificar los conceptos que utiliza. Se entiende como símbolo a un signo patente de una realidad suprasensible que no solo la manifiesta sino que la representa. Se entiende por signo una realidad de cualquier tipo que, una vez conocida, nos lleva al conocimiento de otra realidad que nos es desconocida. [1]

Denominamos modelo (proyecto) a un esquema teórico o arquetipo de una realidad compleja, que se elabora para facilitar su comprensión y el estudio de su comportamiento. [2]

San Melitón nos descubre una de las primeras claves del Misterio, tal como un cristiano lo entiende. En el misterio reside el simbolismo que expresa el modelo o proyecto sobre el que se sustenta. Si entendemos a Dios como el modelo final de todo lo creado, según desentrañemos la naturaleza, Dios se revela en su parte cognoscible por nosotros. El misterio cristiano es tal magnitud que solo podemos ir desentrañando parcialmente aspectos de la divinidad por medio de la contemplación y la revelación que nos sido dada.

Estos modelos universales no son puramente abstractos y metafísicos, ya que son los mismos que la ciencia descubre y describe mediante la formulación de teorías, relaciones y leyes. La ciencia, lejos de contradecir al existencia de Dios, nos da noticia de Dios como primer modelo de todo lo existente, como motor primero de todo movimiento y como condición de estabilidad en todo proceso de intercambio de energía.

Quien utiliza la ciencia como prueba de la inexistencia de Dios, únicamente demuestra que el modelo de divinidad, limitada, medible, manipulable y manipuladora,… criatura fin de cuentas… es falsa.

En este tiempo de cuaresma es interesante entender la simbología que nos llega a raudales de las escrituras, ya que si no lo hacemos, creeremos estar viviendo algo irracional. Ateos, agnósticos y creyentes literales se sorprenden de la manera en que los cristianos tradicionales entendemos el tiempo Pascua, ya que son incapaces de entender que detrás de los símbolos empleados existe una profunda realidad trascendente.

Siguiendo con los escritos de San Melitón, explicación del misterio de Pascual precisamente sigue la descripción de la clave de misterios a la que nos referimos con anterioridad:

Sentido de la pascua cristiana.
Pero él, el Señor, vestido de hombre,
habiendo sufrido por el que sufría,
atado por el que estaba detenido,
juzgado por el culpable,
sepultado por el que estaba enterrado,
resucitó de entre los muertos y clamó en voz alta:
¿Quién se levantará en juicio contra mí?
Que venga a enfrentarse conmigo.
Yo he liberado al condenado.
Yo he vivificado al que estaba muerto.
Yo he resucitado al que estaba sepultado.
¿Quién puede contradecirme?
Yo, dice, Cristo, he destruido a la muerte,
he triunfado del enemigo,
he pisoteado el Hades,
he maniatado al fuerte,
he arrebatado al hombre a las alturas de los cielos.

Yo, dice él, Cristo.
Venid, pues, todas las familias de hombres manchadas por los pecados.
Recibid el perdón de los pecados.
Porque yo soy vuestro perdón,
yo la Pascua de la salvación,
yo el cordero degollado por vosotros,
yo vuestra redención,
yo vuestra vida,
yo vuestra resurrección,
yo vuestra luz,
yo vuestra salvación,
yo vuestro rey.
Yo os llevaré a las alturas de los cielos.
Yo os mostraré al Padre que existe desde los siglos.
Yo os resucitaré por medio de mi diestra.»

Tal es el alfa y la omega:
Él es el comienzo y el fin
—comienzo inenarrable y fin incomprensible—
él es Cristo,
él es el Rey,
él es Jesus,
él es el Estratega,
él es el Señor,
él es el que resucitó de entre los muertos.
él es el que está sentado a la diestra del Padre.
Él lleva al Padre, y es llevado por el Padre:
A él la gloria y el poder por los siglos. Amén

San Melitón de Sardes

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Cristo se muestra como modelo de víctima ofrecida en holocausto por los pecados del mundo. Si pensamos que el modelo de hombre-Dios se ofrece en holocausto por el perdón de los pecados, entenderemos la redención en todo su esplendor. Al elevarse el modelo de hombre-Dios en la cruz,se hace evidente a todos los hombres y pueden tomarlo como camino hacia Dios. Este acto es análogo al que Moisés realizó cuando elevó la serpiente de bronce, creadora de muerte, para que el pueblo elegido fuese inmune a las mordeduras.

Cristo se muestra como modelo de liberador de las ataduras del pecado y como revivificador de la alianza del ser humano con Dios. Esta revivificación renueva la sacralizad, tal como hasta ese momento había sido entendida. Una vez muerto, el primer velo del Sancta Sanctorum se rasga, permitiendo a los hombres acceder a la liturgia que hasta ese momento era exclusiva para los sacerdotes. El velo como símbolo del misterio accesible por iniciación, se rompe para abrirnos al tiempo sagrado al que solo los sacerdotes podían acceder. Al acceder al interior del templo también accedemos al espacio sagrado reservado para los sacerdotes. Pero una vez abierta la vía, para acceder necesitamos que nos unjan convenientemente: El bautismo nos hace sacerdotes, reyes y profetas para que disfrutemos de los privilegios que hasta ese momento estaba reservados para unos pocos. La Pascua es el momento del bautismo, el momento en que revivificamos nuestra unción. Los sacramentos se presentan como caminos de sagrados, como caminos de re-unión con Dios.



[1] Definiciones tomadas del libro: "Signos y símbolos sagrados. Guía de estudio para la licenciatura de ciencias de la religión". Autor Fernando Soto-Hay García


[2] Adaptación de la definición de modelo del diccionarios de la Real Academia Española de la Lengua
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