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domingo, 26 de mayo de 2013

Comunicar la Santísima Trinidad


Ensayan unos aplicar a las substancias incorpóreas y espirituales las nociones de las cosas materiales adquiridas mediante la experiencia de los sentidos corpóreos, o bien con la ayuda de la penetración natural del humano ingenio, de la vivacidad del espíritu, o con el auxilio de una disciplina cualquiera, y pretenden sopesar y medir aquéllas por éstas.

Hay quienes razonan de Dios—si esto es razonar—al tenor de la naturaleza del alma humana o afectos, y este error los arrastra, cuando de Dios discurren, a sentar atormentados e ilusorios principios. Existe además una tercera raza de hombres que se esfuerzan, es cierto, por elevarse sobre todas las criaturas mudables con la intención de fijar su pupila en la inconmutable substancia, que es Dios; pero, sobrecargados con el fardo de su mortalidad, aparentan conocer lo que ignoran, y no son capaces de conocer lo que anhelan. Afirmando con audacia presuntuosa sus opiniones, pues se cierran caminos a la inteligencia y prefieren no corregir su doctrina perversa antes que mudar de sentencia” (San Agustín, Tratado de la Trinidad 1,1)

Hablar sobre la Santísima Trinidad es hablar de Dios, tal como Él mismo se ha revelado a nosotros. San Agustín nos habla de tres errores que solemos cometer al intentar acercarse al misterio de todos los misterios:

  1. Quienes quieren entender a Dios a través de las experiencias humanas.
  2. Quienes quieren entender a Dios a través de nuestra naturaleza humana.
  3. Quienes, al verse impotentes para explicar lo inexplicable, dicen saber lo que, evidentemente, es imposible conocer.

Pero ¿Qué sentido tiene hablar de la Trinidad en pleno siglo XXI? Parece que es un tema superado que a nadie interesa y que en todo caso, crea más dudas de las que resuelve. No dudo que en la era de las comunicaciones parezca innecesario reflexionar sobre la forma en que Dios se ha revelado a nosotros. ¿Cómo es que Dios no nos envía un Twitter dejando claro todo este asunto? Seguro que Dios mismo tiene formas más eficientes de comunicarse con nosotros.

Pero ¿Qué podemos decir de la Santísima Trinidad en el año 2013, que no hay sido dicho ya? Poco o nada. La Trinidad es equilibrio, armonía, plenitud, solidez, fortaleza y sobre todo Amor. Ya lo dijo San Juan “Dios es Amor” ¿Cuánto de esto hay en nuestra vida?

Posiblemente en pleno siglo XXI sea cuando menos tenemos de cada uno de estos dones y cuando más difícil es comunicarlos a los demás. En nuestras sociedades se ha instalado el desafecto, la lejanía y el desarraigo. Las heridas que nuestra naturaleza humana lleva consigo, se han ampliado según hemos ido primando la autosuficiencia, la independencia, la soberbia y el egoísmo.

No cabe duda que la Santísima Trinidad nos comunica mucho más de lo que cada uno de nosotros puede comunicar. Nuestro lenguaje es limitado y ambiguo. Cuando intentamos llegar a Dios a través de nuestros medios, estamos creando nuevas Torres de Babel, que son derrumbadas por la confusión del lenguaje. Ese no es camino. Pero no perdamos la esperanza. Nuestra incapacidad de comunicar a Dios quedó superada en Pentecostés. El Espíritu consigue que nuestras palabras se llenen de significado para quienes nos escuchan. Nos somos nosotros quienes comunicamos, es el Espíritu a través nuestra, quien hace el milagro de la verdadera comunicación.

No intentemos que nuestras palabras expliquen lo inexplicable. En todo caso y con inmensa humildad, podemos intentar llevar a los demás aquello que difícilmente entendemos nosotros mismos. Será el Espíritu quien llene estas palabras de sentido. Comuniquemos que la Santísima Trinidad debe habitar en nosotros y roguemos al Espíritu Santo para que lleve nuestras palabras hasta el corazón de quien nos escuche o lea, que las haga entendibles, capaces de hacer sentir y capaces de mover la voluntad.

sábado, 2 de junio de 2012

Bautizad en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo

Mirad cuál es la regla de nuestra fe, la que funda nuestro edificio, la que da firmeza a nuestra forma de comportarnos. Primero: Dios Padre, increado, ilimitado, invisible; Dios uno, creador del universo; este es el primer artículo de nuestra fe. Segundo artículo: el Verbo de Dios, Hijo de Dios, Jesucristo, nuestro Señor; fue revelado a los profetas de acuerdo con el género de sus profecías y según el designio del Padre; todo fue hecho por medio de Él; al final de los tiempos, para recapitular todas las cosas, se dignó hacerse hombre entre los humanos, visible, palpable, y así destruir la muerte y hacer aparecer la vida y obrar la reconciliación entre Dios y el hombre. Y el tercer artículo: el Espíritu Santo; por medio de Él han profetizado los profetas, nuestros padres han conocido las cosas de Dios y los justos han sido guiados por los caminos de la justicia; al final de los tiempos fue derramado de una manera nueva sobre los hombres a fin de ser renovados por Dios en toda la tierra.

Por eso el bautismo de nuestro nuevo nacimiento está colocado bajo el signo de estos tres artículos. Dios Padre nos lo concede en vistas a nuestro nuevo nacimiento en el Hijo por medio del Espíritu Santo. Porque los que llevan en ellos el Espíritu Santo son conducidos al Verbo que es el Hijo, y el Hijo los conduce al Padre, y el Padre nos concede la inmortalidad. Sin el Espíritu es imposible ver al Verbo de Dios, y sin el Hijo nadie puede acercarse al Padre. Porque el conocimiento del Padre, es el Hijo, el conocimiento del Hijo se hace a través del Espíritu Santo, y el Hijo da el Espíritu según el Padre quiere. (San Ireneo de Lyon, Demostración de la predicación apostólica, 6-8)

La Santísima Trinidad es Dios y Dios único. Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios y por eso somos reflejo de la Santísima Trinidad. Si somos imagen de Dios uno y trino, ¿No es lógico y coherente ser bautizados en Nombre de la Santísima Trinidad?

No podía ser de otra forma y San Ireneo nos refiere este Misterio de una manera especialmente clara. Padre, Hijo y Espíritu Santo nos transforman a partir del bautismo. La conversión también tiene un profundo sentido trinitario, ya que transforma nuestra mente, nuestras emociones y nuestra voluntad. Nos transforma de manera que, sin dejar de ser quienes somos, nuestro ser cobra una vida nueva.

¿Cómo podemos llevar esta evidencia nuestra vida cotidiana? ¿Cómo se hace patente la Santísima Trinidad en nuestro día a día?

Podría parecer que estas “entelequias” teológicas fuesen un entretenimiento para eruditos, pero que no sirven para nada en el mundo de hoy. Pero, Dios actúa a través la coherencia y por eso la Santísima Trinidad es algo vivo en nosotros y en lo que nos rodea.

Como decía Cristo, a veces parecemos sepulcros banqueados. Es decir, lugares sin vida que se pintan de blanco para aparentar. ¿Quién nos concede la vida y la vitalidad de vivirla con Esperanza y alegría? El Espíritu es el soplo de vida que nos hace movernos. ¿Podríamos vivir sin el soplo del Espíritu? Me temo que no. Si el soplo desaparece morimos y si vuelve a soplar, todo se recrea y renueva. Como dice un maravillosa oración italiana de Pentecostés.

El Hijo es revelación, Palabra llena de sentido, enseñanza viva, sentido de nuestra vida. ¿Podemos vivir con felicidad sin ser conscientes de la Palabra? Difícilmente seremos felices si nos falta la Esperanza y la Esperanza parte de la Buena Noticia que nos trajo Nuestro Señor. No olvidemos que para aceptar a Cristo como Señor, necesitamos del Espíritu.

¿Y Dios Padre? Dios Padre es creador, aparentemente oculto e invisible. ¿Podemos vivir sin conocer a Dios Padre? ¿Cómo conocerlo?  Lo podemos conocer a través del Hijo. Las maravillosas parábolas de Cristo, nos enseñan como es el Padre. Cómo toda la creación tiene un sentido y es coherente. Todo tiene la marca de Dios, pero no siempre somos capaces de verlo. Necesitaríamos tener nuestro corazón limpio, ya que es la única manera de ver a Dios.

Quiera el Señor ayudarnos a entender, dentro de lo que Dios ha planeado, que somos reflejo de Dios uno y trino.
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