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sábado, 24 de diciembre de 2022

¡Feliz y Santa Navidad!

 

Hoy la Verdad ha brotado de la tierra, Cristo ha nacido en la carne. Llenaos de un gozo festivo y, advertidos por el día de hoy, pensad en el Día sempiterno; desead con esperanza firmísima los dones eternos; alardead de ellos una vez que recibisteis el poder ser hijos de Dios. Por vosotros se hizo temporal el hacedor de los tiempos; por vosotros apareció en la carne el autor del mundo; por vosotros fue creado el creador. ¿Por qué vosotros, mortales todavía, halláis vuestro deleite en cosas efímeras y os esforzáis por retener, si ello fuera posible, esta vida pasajera? En la tierra ha brillado una esperanza mucho más esplendorosa, hasta el punto de que a hombres terrenos se les promete una vida celestial. Para que esto fuera creíble, Dios anticipó algo más increíble. Para hacer dioses a los que eran hombres, el que era Dios se hizo hombre; sin dejar de ser lo que era, quiso hacerse lo que había hecho. Él hizo lo que iba a ser, puesto que añadió la humanidad a la divinidad, sin perder la divinidad al tomar la humanidad. 

Nos causa asombro el parto de una virgen, y nos esforzamos por convencer a los incrédulos para que acepten este nuevo modo de nacer, a saber, que en un seno no fecundado nació el embrión de un hijo y unas entrañas libres de abrazo carnal dieron a la luz un hijo humano, sin tolerar que tuviera padre humano; que la integridad virginal permaneció cerrada en el momento de concebir e incorrupta en el momento del parto. Maravilloso es este poder, pero aún hemos de admirar más la misericordia, gracias a la cual quien pudo nacer así, así quiso nacer. Era ya hijo único del Padre quien nació como hijo único de su madre; fue hecho en la madre quien se había hecho una madre; siendo siempre eterno junto al Padre, se hace hodierno naciendo de una madre; fue hecho de una madre después de ella quien, sin haber sido hecho, nació del Padre antes de todas las cosas; el Padre nunca existió sin él, y sin él nunca hubiese existido su madre. (Sermón 192. San Agustín)

martes, 20 de diciembre de 2022

La Navidad. Más allá del racionalismo o el emotivismo

La Navidad debería ser uno de los tiempos más importantes para los cristianos. Más allá de la racionalidad de la verdadera fecha de nacimiento del Señor, lo importante, lo sustancial, lo trascendente, es que Dios nació entre nosotros para enseñarnos y entregar su vida por nosotros. Pero, lo sustancial ha quedado relegado por lo comercial, lo racionalista y lo emotivista. Ya no nos importa que Dios se hiciera ser humano, sino los mundiales de futbol, la controversia política y las series que ponen en las plataformas de streaming. 

Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, pero ansiamos parecernos a tantas figuras que nos venden los medios digitales. Ansiamos ser valorados y por ellos nos encantaría hacer videos de Tik Tok, Instagram o cualquier otra red social. hace unos años, en concreto veinte, el Cardenal Tomas Spidlik hablaba sobre cómo el racionalismo y el irracionalismo, se afanan en ocultar lo que es realmente sustancial para nosotros:

En Occidente la mentalidad técnica ha llevado al racionalismo y, como reacción, ha aparecido lo contrario: la espiritualidad irracional. Al final el Papa (Benedicto XVI) ha tenido que escribir una encíclica sobre el uso sano de la razón. La espiritualidad del corazón debe ser un remedio, una medicina contra ese racionalismo que lleva al irracionalismo. He tenido que luchar mucho sobre la noción de corazón, sobre la plegaria del corazón. Al principio, esta noción encontró algunas dificultades en estos hombres racionales. Pero ahora se acepta,... (Card. Tomás Spidlík. Entrevista)

¿Cómo vivir la Navidad en este siglo XXI? Sin duda, desde el corazón. Es decir, en total unidad de nuestro ser, que se arrodilla ante Dios nacido y le ofrece los tres dones que los Magos de Oriente le llevaron: oro (experiencia), incienso (madurez) y mirra (esperanza). Arrodillados ante ese sencillo pesebre, nos damos cuenta de lo importante que es traer a la actualidad ese sencillo nacimiento de Belén. Hacerlo realidad en nuestro interior. Cristo llama a la puerta de nuestro ser (Ap 3, 20) y espera que le abramos. Al que venza, el Señor le concede un inmenso regalo: sentarse junto a Él en el trono de Cristo. Cristo es el Logos de Dios, su trono es ser de verdad. Volver al paraíso 

Aunque la Iglesia actual se centra en evangelizar a niños y jóvenes, Cristo nació por todos sea cual sea la edad que tengamos. La esperanza es un don que cobra más importancia según pasan los años. Cada día es un poco más importante para nosotros. Esta esperanza necesita beber diariamente el "Agua Viva" que nos permite nacer de nuevo. Recordemos lo que el Señor dijo a Nicodemo:  De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el Reino de Dios. (Jn 3,3) y también le dijo: No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu (Jn 3,7-8). Porque Dios no está ni en el terremoto, ni en la tormenta, sino en suave brisa 1Re 19, 3-15

Los Magos de Oriente no eran precisamente niños o jóvenes. Dios les llamó y ellos, dejando todo, acudieron a su llamada llenos de experiencia, madurez y esperanza. Este es el Misterio que hoy parece que hemos olvidado. Sigamos la Estrella de Belén, la Estrella que debe brilla en templo interior donde habita el Señor.

[1] La mística del Corazón. Card. Tomas Spdlik 


lunes, 24 de diciembre de 2018

Feliz y Santa Navidad



Pero veamos si la profecía siguiente que se refiere a la venida de Cristo, se ha cumplido. De hecho, el texto prosigue: «todo lo torcido se enderezará». Cada uno de nosotros estaba torcido –por lo menos si se trata de lo que era en otro tiempo y no de lo que todavía hoy somos- y la venida de Cristo, que se ha realizado en nuestras almas, ha enderezado todo lo que estaba torcido... Oremos para que cada día se cumpla  su venida en nosotros y podamos decir: «Vivo, pero ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí» (Gal 2,20) (Orígenes. Homilías sobre San Lucas, nº 22, 1-3)

Si somos cristianos ¿Qué sentido tiene el nacimiento de Cristo? Seguramente que los festejos paganos nos llevan a olvidar que Cristo vino con un sentido claro: enderezar todo lo torcido. También tendemos a centrar el nacimiento de Cristo en una única noche, siendo una oportunidad cada momento de nuestra vida. Los Padres de la Iglesia hablaban de tres venidas del Señor: la primera, hace más de 2000 años, la última, cuando llegue el momento del juicio final. ¿Cuán nos queda? La que debería de celebrarse en nuestro interior todos los días. Ese es el sentido de la Navidad, recordar que Cristo viene a nuestro corazón cada vez que le abramos la puerta. 

Que esta Nochebuena sea una de esas oportunidades que aprovechemos. Feliz Navidad

martes, 24 de diciembre de 2013

La luz de Belén nunca se ha apagado. Benedicto XVI

En la noche del día 24 celebramos el nacimiento del Niño Emmanuel, Dios con nosotros. Es una noche de alegría en donde el Nacimiento de Cristo se representa a través de dos palabras clave: Luz y Paz.

…luz significa sobre todo conocimiento, verdad, en contraste con la oscuridad de la mentira y de la ignorancia. Así, la luz nos hace vivir, nos indica el camino. Pero además, en cuanto da calor, la luz significa también amor. Donde hay amor, surge una luz en el mundo; donde hay odio, el mundo queda en la oscuridad. Ciertamente, en el establo de Belén aparece la gran luz que el mundo espera. En aquel Niño acostado en el pesebre Dios muestra su gloria: la gloria del amor, que se da a sí mismo como don y se priva de toda grandeza para conducirnos por el camino del amor. La luz de Belén nunca se ha apagado. Ha iluminado hombre y mujeres a lo largo de los siglos, “los ha envuelto en su luz”. Donde ha brotado la fe en aquel Niño, ha florecido también la caridad: la bondad hacia los demás, la atención solícita a los débiles y los que sufren, la gracia del perdón.  (Benedicto XVI, Homilía de Navidad 2005)

No es fácil pensar en una Navidad oscura y en conflicto. La noche de amor, necesita de Luz para que veamos más allá de nuestros egoísmos, gustos e ideologías. De ahí, como indica Benedicto XVI, que la Luz siempre  contraste con la oscuridad de la mentira y de la ignorancia. Luz que es conocimiento para dar sentido a nuestra vida.

Esta Luz nos ha guiado a través de los siglos y los sigue señalando hacia donde han de ir nuestros pasos. En ese sentido, la estrella de Belén y el Ángel que habla a los Pastores, son prefiguraciones de la Luz que tanto necesitamos. Es Luz de conocimiento de Quién, cuándo y dónde. Luz que no es simple emotividad o activismo.

Es curioso que la Luz sólo se manifestase a Pastores y Magos de Oriente, pero si repasamos el relato del la Natividad, leeremos que los Magos comunicaron a Herodes su objetivo, pero sólo urdió un plan para deshacerse de aquel Niño. Quizás esta sea la actitud que nuestra sociedad evidencia durante estos días de Adviento. Se aprovechan de las fechas, pero urden planes para impedirnos ver al Niño Dios. De hecho toda la publicidad se concentra en cambiarnos el objeto de nuestra adoración. Nos presentan a lo ídolos de siempre, dispuestas a los adoptemos y nos adoremos. Detrás, muy detrás, queda el Niño, que sólo es recibido por unos pocos.

Pero algunas personas han cerrado su alma; su amor no encuentra en ellas resquicio alguno por donde entrar. Creen que no necesitan a Dios; no lo quieren. Otros, que quizás moralmente son igual de pobres y pecadores, al menos sufren por ello. Esperan en Dios. Saben que necesitan su bondad, aunque no tengan una idea precisa de ella. En su espíritu abierto a la esperanza, puede entrar la luz de Dios y, con ella, su paz. Dios busca a personas que sean portadoras de su paz y la comuniquen. Pidámosle que no encuentre cerrado nuestro corazón. Esforcémonos por ser capaces de ser portadores activos de su paz, concretamente en nuestro tiempo. (Benedicto XVI, Homilía de Navidad 2005)

Los pastores representan a las personas sencillas, que están dispuestas a escuchar el llamado que les llega a través del Ángel. Son personas vigilantes, que velan por la noche para que sus rebaños no sufran. Se reúnen alrededor de un fuego, que vuelve a ser un símbolo de Luz pero que además lo es de Paz y comunidad.

La parábola de las diez vírgenes, se pueden ver las dos actitudes que podemos tener en la espera. Unas han traído suficiente aceite para esperar al novio, otras se han presentado sin esperanza suficiente, lo que hace que no tarden en desesperar y alejarse. La palabra clave es “Esperanza”, que tenían tanto los Magos como los Pastores. Quienes viven sin Esperanza, ¿Qué pueden esperar de su propia vida? ¿Por qué tendrían que esperar que Dios tocara a su puerta para cenar con él? Si se llegan a dar cuenta de que Cristo les llama, se esconderán gritando atemorizados.

Mirando hacia nosotros mismos, tendríamos que hacer un balance de cuanta Esperanza llevamos con nosotros para estar preparados para la espera del nacimiento del Niño Dios.

Particularmente me gusta felicitar por la Navidad utilizando el plural: Felices Navidades. En plural porque da pié a señalar las dos Navidades que tenemos tan cerca. La Navidad externa a celebrar unidos con nuestros amigos y familia y la Navidad interna de nuestra conversión.


Felices Navidades

martes, 25 de diciembre de 2012

¡Feliz Navidad!

«Salten de júbilo los hombres, salten de júbilo las mujeres; Cristo nació varón y nació de mujer, y ambos sexos son honrados en Él. Retozad de placer, niños santos, que elegisteis principalmente a Cristo para imitarle en el camino de la pureza; brincad de alegría, vírgenes santas; la Virgen ha dado a luz para vosotras para desposaros con Él sin corrupción. Dad muestras de júbilo, justos, porque es el natalicio del Justificador. Haced fiestas vosotros los débiles y enfermos, porque es el nacimiento del Salvador. Alegraos, cautivos; ha nacido vuestro redentor. Alborozaos, siervos, porque ha nacido el Señor. Alegraos, libres, porque es el nacimiento del Libertador. Alégrense los cristianos, porque ha nacido Cristo» (San Agustín, Sermón 184)

En verdad hemos de alegrarnos, porque Cristo nace esta noche. ¿Dónde nace? Nace en nuestros corazones. Nació en los que nos precedieron llenándoles de esperanza y nacerá en los corazones de todos aquellos que le esperarán en el futuro. Nuestro corazón es como aquella cueva-establo de Belén, que esperaba ver nacer al Señor. Cristo no nació en una estancia rica, ni limpia, ni noble, sino en un establo, con la sencillez y la suciedad que se puede esperar de un sitio así. De la misma forma, el Señor no espera que nuestro corazón sea rico, limpio ni refulgente. El, al nacer, lo transformará en un lugar nuevo. Un lugar digno del hijo de Dios mismo.

Esto nos hace llenarnos de esperanza y de júbilo. Pero la alegría no debe ser flor de un día, sino que debe acompañarnos todo el año hasta la próxima Navidad. Seguramente habrá personas que frunzan el seño y piensen que festejamos al que nunca llegó y que nunca volverá. No se lo tengamos en cuenta. En nuestra alegría, seamos humildes y sinceros.

«Es la misma humildad la que da en rostro a los paganos. Por eso nos insultan y dicen: ¿Qué Dios es ése que adoráis vosotros, un Dios que ha nacido? ¿Qué Dios adoráis vosotros, un Dios que ha sido crucificado? La humildad de Cristo desagrada a los soberbios; pero si a ti, cristiano, te agrada, imítala; si le imitas, no trabajarás, porque Él dijo: Venid a mí todos los que estáis cargados». (San Agustín. Comentario al Salmo 93)

¿Cómo podemos encontrar al Niño si no los buscamos? ¿Cómo podemos conocer a quien no deseamos? Benedicto XVI, en el Ángelus de este pasado lunes, nos pide que “imitemos también a Isabel que recibe al huésped como Dios mismo: sin desearlo, no conoceremos nunca al Señor, sin esperarlo no lo hallaremos, sin buscarlo no lo encontraremos” (Benedicto XVI, Ángelus 24-12-12) Hay quien no busca a Dios, pero también hay quien huye de El. Son los que nos preguntan con sorna por aquel que nos salvado y que nace en nuestro corazones. Hablan de nosotros diciendo que actuamos con soberbia al no aceptar que puede ser que no haya existido Cristo, pero quien lo ha sentido nacer en su corazón, tiene la certeza de su existencia. Quien no ha sentido nunca el calor del pesebre en su corazón, no podrá aceptar que Cristo haya nacido, nazca y nacerá en cada uno de nosotros.

«Yacía en el pesebre, y atraía a los Magos del Oriente; se ocultaba en un establo, y era dado a conocer en el cielo, para que por medio de él fuera manifestado en el establo, y así este día se llamase Epifanía, que quiere decir manifestación; con lo que recomienda su grandeza y su humildad, para que quien era indicado con claras señales en el cielo abierto, fuese buscado y hallado en la angostura del establo, y el impotente de miembros infantiles, envuelto en pañales infantiles, fuera adorado por los Magos, temido por los malos» (San Agustín. Sermón 220,1)

La Epifanía es la manifestación de lo Alto, que nos llena de sentido y de esperanza. Ojalá fuesen Epifanía todos y cada uno de los días de nuestra vida.  Feliz Navidad

sábado, 24 de diciembre de 2011

Feliz Navidad


Mas todo esto fue hecho para que se cumpliese lo que habló el Señor por el Profeta, que dice:

He aquí la Virgen concebirá y parirá un hijo, 
y llamarán su nombre Emmanuel, 
que quiere decir "Dios con nosotros".
(Mt 1,22-23)

--oOo--

Emmanuel. Dios con nosotros

Habría que investigar quién ha explicado este nombre: si el profeta, el evangelista o algún traductor. El profeta no lo explicó, y el santo evangelista no tenía necesidad de explicarlo puesto que escribía en hebreo (3). Tal vez porque este nombre era de oscuro sentido entre los hebreos merecía explicación. Pero más creíble parece que lo explicara algún traductor para que los latinos lo entendiesen, después de todo, por este nombre se designan las dos naturalezas -divina y humana- en la unidad de persona de Nuestro Señor Jesucristo. Esto es, que el engendrado por Dios Padre antes de todos los siglos de una manera inefable, ése mismo se hizo en la plenitud de los tiempos Emmanuel, Dios con nosotros, de una Madre Virgen. Este nombre "Dios con nosotros" puede significar que se hizo, como nosotros, pasible, mortal, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado, o que unió a su naturaleza divina en unidad de persona nuestra frágil naturaleza que se dignó asumir.(Remigio)

FELIZ NAVIDAD

viernes, 24 de diciembre de 2010

Feliz y Santa Navidad


Mas todo esto fue hecho para que se cumpliese lo que habló
 el Señor por el Profeta, que dice: 
He aquí la Virgen concebirá, y parirá hijo: 
y llamarán su nombre Emmanuel, que quiere decir 
"Dios con nosotros". 
(Mt 1, 22-23)

O que el ángel contempló la profundidad de la misericordia divina, traspasadas las leyes de la naturaleza, y contempló a Aquel que era superior a todos, haber descendido hasta el hombre, que era inferior a todos. Y muestra este prodigio en una sola expresión: "Mas todo esto fue hecho", como si dijera: "No creas que todo esto es del agrado de Dios ahora solamente", hace tiempo que está de antemano ordenado. Y con mucha razón, el ángel aduce la profecía no a la Virgen y sí a José, como a hombre que meditaba en los profetas, y versado en su lectura. Porque es de notar que primero había llamado cónyuge a la Virgen, mientras que ahora la llama Virgen con el profeta, para que oyesen esto mismo del profeta, porque hacía mucho tiempo que estaba pensado. Por eso, en prueba de lo que estaba diciendo, aduce las palabras de Isaías o más bien de Dios: porque no dice: "Para que se cumpliese lo que habló Isaías", sino "lo que habló el Señor por Isaías". (San Juan Crisóstomo. Homilias sobre San Mateo, Nº 5)

--oOo--

Pero el profeta no fue el que dijo nada por si mismo, sino que fue Dios el que hablo por boca de su siervo. Todo ha sido hecho por y para la gloria de Dios. Oremos a Dios para que en nuestros corazones se cumpla la profecía que Dios hizo a través de su profeta y así nazca en nosotros, la Palabra de Dios.

FELIZ NAVIDAD

martes, 5 de enero de 2010

Belleza y Fe


En el libro de las Confesiones, [San Agustín] nos recuerda la importancia que para su conversión tuvo la experiencia estética: «¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé!». Esta añoranza recordaba la insistente búsqueda de aquella hermosura infinita por la que su alma suspiraba día y noche. La influencia platónica aflora al interpretar el ascetismo cristiano como purificación progresiva de la vida y de la mente. Bajo el impulso del amor, nos muestra el ascenso escalonado hasta aquella Belleza suprema y absoluta que se manifiesta al mundo en el misterio de Cristo. El resplandor de este misterio incluye cierta luz, cierta voz, cierta fragancia e incluso cierto alimento o abrazo interior: «Esto es lo que amo cuando amo a mi Dios». Lo que en realidad resplandece en su alma es el amor a la belleza primordial: «La belleza sobre toda belleza». Y aquí precisamente radica la clave de la estética teológica de san Agustín: el apetito sobrenatural, que conduce al hombre a buscar libremente la verdad y a amar espontáneamente la belleza. Este será el camino que nos lleve al Padre por medio del Hijo y bajo la acción del Espíritu. (P. Jesús Casás. Belleza y vida de fe)

---oOo---

Mañana celebramos la Epifanía del Señor. Es decir la Navidad como manifestación de Dios. En los primeros siglos, la fiesta de la Navidad estaba unida a la Epifanía y se celebraba el 6 de enero. Las Iglesias orientales, en su mayoría, siguen celebrando la Navidad y Epifanía juntas.

Tomando el texto del Padre Jesús Casás como palanca, tal vez podamos entender esta manifestación de lo alto como algo más que un hecho histórico y costumbrista. El cuadro de Gentile de Fabriano que incluyo al inicio de la entrada nos ayuda a ver el suceso por medio de la belleza que tuvieron que admirar los Magos de Oriente. Belleza y perfección construidas sobre sencillez y humanidad. Dios encarnado en un niño y presente en una humilde cueva-establo.

Los Magos tuvieron que captar todo el significado y simbolismo de la escena y maravillados arrodillarse desbordados por un goce interno que solo podemos expresar como la “belleza sobre toda belleza”.

Pero este asombro y goce no es algo del pasado. Nosotros tenemos la oportunidad de contemplar la escena y también desbordarnos de goce ante el milagro actual y eterno de la Palabra hecha carne que habita entre nosotros.

---oOo---

Jesús mío. Dios eterno manifestado.
Viniste al mundo para dar tu vida divina a todos nosotros.
Quisiste hacerte sacramento para conservar y fortalecer nuestra vida sobrenatural,
frente a las debilidades y faltas de cada día.

Te pedimos humildemente que nos ayudes a
asombrarnos de tu manifestación eterna y cotidiana.
Llénanos de Tu Espíritu Divino y
condúcenos hacia Tu Sagrado Corazón.
Amén.

Feliz Navidad.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Feliz Navidad

Ante el Icono

* Busca un momento en tu jornada para orar.
* Haz despacio la señal de la presencia, mientras dices con calma: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
* Coloca ante ti este icono.
* Abre la Palabra y lee estos dos textos: Lucas 2, 1-20; Jn 1, 1-4. 9-14
* Deja, si puedes, tus preocupaciones. Serénate y prepara tu corazón para la sorpresa.
* Pero ven con tus hermanos y hermanas, ven con su dolor y su gozo.


Ten presente las situaciones de muerte que te llegan cada día del mundo. Acércate desde ahí al Señor.Mira al Icono y deja que te hable

En la parte superior del icono un rayo de luz que viene de lo alto desemboca en la gruta oscura. Es la cueva de Belén, donde yace la humanidad envuelta en tinieblas y sombras de muerte. Los cielos se han abierto. La Palabra se encarna. A mitad del camino de la luz se ha encendido una estrella; es la luz que guía a los magos y el resplandor que contemplan los pastores cerca de la gruta de Belén.

El mundo y la tierra se hacen presentes en esta escena por la montaña y la cueva, los árboles y animales. Todo el universo se alegra con la Encarnación, así lo expresa el color dorado que baña todo el fondo del icono. El Niño Jesús aparece en el centro del icono, en la gruta oscura. Es el Dios hecho carne. Es la Luz del mundo. Tiene el rostro de un adulto para subrayar que es la Sabiduría eterna, el Hijo engendrado desde la eternidad y que ahora se presenta según la palabra del salmo: "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy".

El Niño está envuelto en pañales que dejan ver sólo su rostro, preludio del lienzo en el que será envuelto para ser colocado en el sepulcro. El Niño está rodeado de dos animales misteriosos: el asno y el buey. Lo calientan con su aliento, lo acompañan para que también esta parte de la creación esté presente en el momento de la recreación.

La Virgen María, la Virgen Madre, está en el centro. Es la Madre, imagen de la madre-tierra en la que ha sido depositada la semilla y ha florecido el fruto de su seno: Jesús. Es la Reina, revestida de una púrpura real, que significa la santidad del Espíritu, el amor que la envuelve, su dignidad de Madre de Dios, "Theotókos". Con las tres estrellas en la cabeza y en el pecho que indican su triple virginidad. Es como una planta, como una roca, como una montaña. Está recostada en tierra para indicar que la Madre ha dado a luz. No se apropia de su Hijo, nos lo ofrece a todos; lo deja contemplar y nos lo ofrece; no tiene un afecto posesivo; nos mira a todos porque en ella ahora encontramos una Madre universal porque ha dado a luz al primogénito de muchos hermanos.

José, el esposo de María, aparece sentado en al parte inferior izquierda del icono. Está un poco lejos de la gruta, para indicar que el Niño tiene otro padre, el Padre celestial; él es el guardián del misterio. Está pensativo en una contemplación del misterio que aparece en toda su trágica realidad: ¿cómo puede ser Dios y hombre este Niño? ¿cómo una Virgen ha podido dar a luz una criatura?

El pastor cubierto de pieles que está de pie a su lado es el diablo que quiere insinuarle una duda; es el tentador -que no da la cara y por eso lo vemos sólo de perfíl- que quiere hacerle vacilar ante el misterio.

Los ángeles son los protagonistas celestiales de Navidad. Miran hacia la luz y son adoradores de la divinidad. Se sitúan junto al Niño en actitud de homenaje y llevan a los pastores la buena noticia.

Los pastores acogen la buena nueva mientras están con sus rebaños. Los pobres y sencillos son los primeros en saber que Dios ha nacido.

Los magos aparecen en camino, a grupa de caballos ligeros. Siguen la indicación de la estrella.

En la parte inferior derecha dos mujeres han ayudado a María, después del parto lavan al Niño recién nacido porque es una criatura pequeña y necesitada, es hombre de verdad. El lugar donde lo lavan es una especie de pila bautismal que parece preconizar el significado del bautismo cristiano que es sumergirse en Cristo, revestirse de Cristo.
Deja el Icono habite tu vida y la vida del mundo

Dios se hace Niño pequeño para que tú no tengas ningún temor, ni miedo de acercarte a Él. Ha bajado a la tierra para divinizarte. El se hace humano para hacerte a ti hijo/a de Dios.

Es la Luz que brilla en medio de la oscuridad y las tinieblas, la luz de todo hombre y de toda mujer que viene a este mundo, es la luz de tus ojos, la luz de tu vida.

Nace en Belén (Bet.lehem: la casa del pan) se ofrece a ti como Pan de vida en la Eucaristía. María ha dicho sí a los Planes de Dios; y con ella toda la humanidad; ofrécete, en silencio, con la Virgen-Madre, al Dios Niño. Junto a José acoge, con fe confiada, este misterio de amor entrañable.
Alégrate y canta con los ángeles: "Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a las gentes que ama el Señor".

Ponte en camino de solidaridad y con los pastores ofrece algún presente a alguna persona necesitada.
Déjate sorprender por el Dios Amor que viene para todos los pueblos, para todas las razas, para todas las religiones, para todas las culturas. El es el Salvador, el Enmanuel, el Dios con nosotros.
Canta un himno a Cristo

Todo invita a la contemplación, al canto, a la alegría.

Cristo ha nacido: glorifiquémosle.
Cristo ha venido de lo alto: acojámoslo.
Cristo ha bajado a la tierra: exaltémoslo.
Cantad al Señor toda la tierra, celebradlo con alegría

Ante esta imagen repite la poesía del gran teólogo y creyente ruso, Vladimir Soloviev:

Esta noche se pierde en las brumas del tiempo
cuando la tierra, cansada de alarmas y de odio,
se durmió bajo la bóveda del cielo estrellado
y en silencio nació el Dios-con-nosotros.

Tantas cosas no son hoy posibles en el tiempo.
Los magos ya no escrutan el firmamento.
Los pastores no escuchan, atentos, los murmullos
de ángeles presentes que hablan de Dios.

Pero lo que esta noche revela de eterno
persiste indestructible al paso de los tiempos.
En ti ve de nuevo el Verbo la luz,
el mismo que hace siglos en la gruta nació.

Sí. El Dios con nosotros. No en el azul inmenso
más allá del confín de lejanos planetas.
No en el fuego cruel, ni en la gran tempestad.
O en el vago recuerdo de un tiempo que pasó.

El está aquí, presente en los vanos tumultos,
en el río de inquietudes humanas.
Y tú llevas contigo el gozoso misterio.
El mal es impotente y nosotros eternos.
Porque es Dios, Enmanuel, Dios con nosotros.

La mirada contempla, el corazón se regocija.
La Fe se enriquece. Brota la plegaria.
Dios es el Enmanuel.
Dios está de nuestra parte definitivamente.
Sólo falta que los seres humanos estemos definitivamente de parte de Dios.


¡FELIZ NAVIDAD!

He tomado este texto de la página web:
http://www.cipecar.org/es/contenido/?iddoc=143, un espacio virtual elaborado por una comunidad carmelita formada por religiosos y laicos.
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