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lunes, 24 de junio de 2024

Danos el Pan super sustancial de cada día


Orar es cada día más complicado. En la fe que profesamos, Dios se va alejando día a día. Nos quedamos con lo cotidiano y olvidamos lo trascendente. Es una fe que se vuelve práctica y atea, centrándose en el ser humano como motor del sentido de todos y todo. Si perdemos el sentido trascendente de la fe, el Evangelio deja de ser necesario y sólo nos quedan las consignas ideológicas de cada momento. Esto no lo digo yo. Lo pueden leer en el discurso que el Cardenal Sarah impartió hace unos días en los Estados Unidos:

Por ateísmo práctico entiendo una pérdida del sentido del Evangelio y de la centralidad de Jesucristo. La Escritura se convierte en una herramienta para objetivos seculares en vez de ser una llamada a la conversión. No creo que esto esté muy extendido entre vuestros obispos y sacerdotes aquí en Estados Unidos, gracias a Dios, pero cada vez es más común en otras regiones de Occidente. Demasiados no se toman en serio la fe y la tratan como un obstáculo para el diálogo. (Card. Sarah, Discurso en la Universidad Católica de América. Junio 2024)

¿Cómo es posible orar cuando Dios parece que está ausente? Es complicado y muchas veces imposible. La Liturgia se convierte en una ocasión festiva de tipo social. Una oportunidad de auto alabarnos, con Dios como excusa. Pero Cristo mismo nos dejó claro que la oración es más que una "cantinela" a repetir. Benedicto XVI lo dejó también muy claro:

"Siempre es fuerte la tentación de reducir la oración a momentos superficiales y apresurados, dejándose arrastrar por las actividades y por las preocupaciones terrenales. Cuando, dentro de poco, recemos el Padrenuestro, la oración por excelencia, diremos: "Danos hoy nuestro pan de cada día", pensando naturalmente en el pan de cada día para nosotros y para todos los hombres. Sin embargo, esta petición contiene algo más profundo. El término griego epioúsios, que traducimos como "diario", podría aludir también al pan "super-sustancial", al pan "del mundo futuro". Algunos Padres de la Iglesia vieron aquí una referencia a la Eucaristía, el pan de la vida eterna, del nuevo mundo, que ya se nos da hoy en la Santa Misa, para que desde ahora el mundo futuro comience en nosotros. Por tanto, con la Eucaristía el cielo viene a la tierra, el mañana de Dios desciende al presente, y en cierto modo el tiempo es abrazado por la eternidad divina." (Benedicto XVI. Homilía de la Solemnidad del Corpus Christi. 11-6-2009) 

¿Cómo orar cuando dentro de la Iglesia, donde hay tantas rencillas, desconfianzas, rencores y malestar de fondo? Lo trascendente de la oración es que no es algo totalmente individual. Al orar, nos unimos al coro de orantes que alaban a Dios y se ofrecen para que Su Voluntad sea lo que prevalezca. Estamos dentro de una fuerte tormenta y Cristo parece dormir. Pero llegará el momento que despierte y deje claro que nuestra fe se resquebraja sin casi darnos cuenta. Dios nos ayude a seguir confiando en su presencia entre nosotros.

miércoles, 1 de mayo de 2024

La Verdad parece escondida, pero no es así


¿Dónde está la Verdad? Es lo mismo que preguntar ¿Dónde está Cristo en estos momentos en que vivimos? Es evidente que encontrarse con el Señor nunca ha sido sencillo. El Joven Rico lo atestigua. Encontrarlo no es suficiente, sino que Él mismo nos llame por nuestro nombre y además, nosotros aceptemos el llamado. Hace unos días me encontré en las redes con esta frase:


En la tiempo pasados, muchas personas hubieran dado toda su fortuna por tener accesible la obra de San Agustín, como lo tenemos ahora en el portal de los Agustinos. de igual forma, tenemos en la red una gran cantidad de obras de los Padres de la Iglesia. Lo triste es que pocas personas nos dedicamos a leer este tesoro y darnos cuenta de la inmensa gracia de Dios que conlleva disponer de estas obras a un toque de ratón. Tenemos miles de videos de gran calidad de Youtube. Videos que hablan de la Verdad que habita entre nosotros y que no nos deja solos. Tenemos miles de blogs de personas que escriben para compartir la Verdad de forma totalmente gratuita. ¿Qué nos pasa? Nos quedamos con los comics emotivistas que tanto éxito tienen, pero que muestran a Cristo como una marioneta se que ajusta a nuestros gustos y estéticas. Lo preferimos porque no nos señala la Puerta Estrecha ni el Camino de negarnos a nosotros mismos.

Uno de los problemas con los que nos encontramos es que la Verdad está dispersa y rodeada de falsedades bien calculadas. Falsedades que son como ruido. Ruido que impide escuchar la Palabra que nos llena de sentido. A veces me pregunto ¿Qué es lo que el Señor busca con esta situación? Entonces me acuerdo de la Puerta Estrecha y la necesidad de ser dóciles como Palomas, pero astutos como serpientes. Creo que el Señor permite esto para indicarnos que tenemos que ser capaces de separar el trigo de paja. Pero con cuidado, porque hay que esperar al momento en que el grano esté maduro. Si intentamos separar la cizaña antes del momento, podemos cortar también la planta del trigo. Esto es lo que nos pasa actualmente. Creemos cualquier cosa o nos convertimos en descreídos. Dios nos pide madurez espiritual y esfuerzo de discernimiento.

Pero respondiendo Él, les dijo: Al caer la tarde decís: "Hará buen tiempo, porque el cielo está rojizo". Y por la mañana: "Hoy habrá tempestad, porque el cielo está rojizo y amenazador". ¿Sabéis discernir el aspecto del cielo, pero no podéis discernir las señales de los tiempos? Una generación perversa y adúltera busca señal, y no se le dará señal, sino la señal de Jonás. Y dejándolos, se fue. (Mt 16, 2-4)

Él nos da la señal, el signo de Jonás. El signo de los tiempos. ¿Los signos de los tiempos? ¿Qué es eso? ¿Somos capaces de ver más allá de lo superficial, aparente y emotivista? ¿Vemos más allá de las apariencias y formas? Porque el ruido de falsedades aturde e impide ver la Verdad, a no ser que Dios nos regale la inmunidad al ruido de falsedades que nos rodea.

Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es Él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello (Jn 6, 26-27).

Esperemos ser marcados con el sello que es signo de Cristo en nosotros. Porque el signo de Cristo nos marca para toda la vida y nos transforma radicalmente. Nos permite ver más allá del ruido de falsedades y medias mentiras.

Y vi a otro ángel que subía de donde sale el sol y que tenía el sello del Dios vivo; y gritó a gran voz a los cuatro ángeles a quienes se les había concedido hacer daño a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis daño, ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que hayamos puesto un sello en la frente a los siervos de nuestro Dios. (Ap 7, 2,3)

La Verdad transforma y esto duele a nuestro ego. Cuando Cristo llama a nuestra puerta, espera que le abramos. Espera que le permitamos habitar en nosotros. No perdamos la Esperanza, porque sin ella, estamos realmente perdidos!!! La Verdad no está escondida, son nuestros ojos los que temen abrir los párpados y ver más allá del ruido mediático que nos presentan. Quizás, el silencio sea la mejor medicina que podamos tomar para orar.

domingo, 31 de marzo de 2024

Resurrección y vida. Feliz Pascua.

 


La resurrección de Cristo nos muestra que la muerte no es el último destino del ser humano. También nos dice que la vida no es el único tiempo que debemos de considerar, ya que después de morir encontraremos la Mano de Dios, tendida. Lo esencial es ser capaz de no rechazar la Mano tendida de Dios. Si no rechazamos esta Mano, podremos vivir en la Gloria, aunque tengamos que pasar un tiempo de purificación en el Purgatorio. Pero, si la rechazamos, entonces viviremos una vida de eterna lejanía de Dios.

Hoy celebramos la Resurrección de Cristo, lo que conlleva convertirnos en signo de discordia con el mundo que nos rodea. Un mundo que valora más la muerte que la vida. La eutanasia se promociona y hasta se han creado rituales laicos de despedida festiva de quien decide suicidarse. Nosotros, los cristianos, no damos más valor a la muerte que a la vida. Tampoco damos más valor a la vida, que a la gloria eterna. Tampoco damos más valor a las apariencias emotivistas que nos ofrecen las ideologías imperante. Somos un incordio para los planes de los grupos de poder. Por eso intentan silenciarnos o ignorarnos.

Parecía, pues, que se había satisfecho la sentencia ya que el hombre -que había sido hecho para vivir si no pecaba- comenzaba a morir. Con todo, a fin de que la gracia de Dios perdurase, murió el hombre, pero Cristo halló la resurrección, es decir, que El quiso reintegrar el beneficio celestial que se había perdido por el fraude de la serpiente. Ambas cosas (muerte y resurrección) fueron, pues, para nuestro favor, porque la muerte es fin de los pecados y la resurrección es reformación de la naturaleza (San Clemente de Alejandría. Los sacramentos. I, IV, 17)

El fraude de la serpiente: "seréis como Dios" y nosotros seguimos creyendo esta mentira encubierta que el enemigo nos susurra al oído cada día. El mundo nos muestra sus dientes dispuestos a morder si aceptamos que Cristo nos conforme como símbolos de Él el mundo. Nos desecha si abrimos a Cristo, que llama a la puerta de nuestro ser. Nos desprecian si mostramos cada uno de los simulacros que utiliza para engañarnos.

En Pascua, el poder del enemigo desaparece. La muerte ya no es una frontera que limita. Tampoco es el final idílico de la sinrazón de la vida. La muerte dará paso a la vida.

¡FELIZ PASCUA!




sábado, 2 de marzo de 2024

Oremos para ver más allá de nosotros mismos.

Leamos un texto del maravilloso libro, El Iconostasio, de Pavel Florensky:

Lo mismo ocurre con los iconos: son representaciones visibles de espectáculos misteriosos y sobrenaturales», según la definición de san Dionisio Areopagita. El icono es siempre más de lo que él mismo es, cuando es una visión celestial; o menos, si el icono no le abre a una conciencia el mundo suprasensible, en cuyo caso solo se le puede llamar una tabla pintada. 

Es profundamente falsa esa corriente contemporánea según la cual el arte de los iconos se debe entender como un arte antiguo, como pintura. Es falsa sobre todo porque en ese caso se le niega a la pintura su fuerza particular: también la pintura en general es o bien más o bien menos que sí misma. Toda pintura tiene la finalidad de llevar al espectador, más allá del límite de los colores y de la tela perceptibles por los sentidos, a una determinada realidad. Y entonces la obra pictórica tiene en común con todos los símbolos en general su característica ontológica básica: ser aquello que simbolizan. Pero si el pintor no ha conseguido alcanzar sus objetivos, tanto en general como en el caso de un espectador en concreto, y la obra no conduce más allá de si misma a ningún lugar, entonces no se puede ni siquiera hablar de ella como de una obra de arte. En este caso decimos que no son más que garabatos, un fracaso, y cosas por el estilo. 

Ahora bien, el icono tiene como fin conducir la conciencia al mundo espiritual, de mostrar "espectáculos misteriosos y sobrenaturales". Si según la apreciación y, más precisamente, la intuición del espectador este objetivo no se consigue y en él no se despierta ni siquiera una vaga sensación de la realidad de otro mundo, del mismo modo que el olor a yodo con el que las algas impregnan el aire nos avisa de la presencia de mar, en ese caso solo podríamos decir de este icono que no forma parte de las obras de la cultura y que su único valor es material, y en el mejor de los casos, arqueológico. (Pavel Florensky. El Iconostasio. El templo, altar y el iconostasio)


Pavel Florensky fue un sacerdote ortodoxo, que vivió la entrada del comunismo en su país: Rusia. Fue matemático, profesor de universidad y predicador de una fe que casi ha desaparecido en la actualidad. Le propongo que piense en lo que Pavel nos indica, que generalizando su mensaje en toda obra que hagamos para mayor gloria de Dios. Sólo pensemos en un icono sagrado, sino en lo que escribimos, decimos o vivimos. Este mismo blog, aunque sea profundamente humilde y pequeño, intenta señalar la presencia de Dios en todo y todos. Una presencia trascendente que intenta ser imagen de Cristo mismo. Quiera el Señor ayudarnos a reflejar su imagen a los demás, porque esa sería la mejor de todas las evangelizaciones que podemos hacer.

Habla de lo sagrado y de la trascendencia de nuestras humildes obras, es similar a pintar un icono que muestre el Misterio de Dios entre nosotros. No porque quien pinta, escribe o actúa, tenga la Revelación completa y profunda de Dios. Es imposible tenerla, sino porque hacemos presente a Dios, como Misterio profundo, en medio del un mundo cada día más desquiciado y destrozado. Confieso que desde hace meses, me cuesta mucho escribir en este y otros blogs. Me cuesta porque veo que lo que muestro no es capaz de impactar en el mundo, como lo hizo en los primeros días. Es como si un iconógrafo ve que su humilde obra no es capaz de mostrar a Dios a los demás. Ya nadie mira su obra y se arrodilla. Lo mismo pasa con el mejor y más maravilloso icono.

Todo se ha convertido en piezas de museo que se miran y se admiran, sin que impacten profundamente en quienes las ven. Es como un poeta que se da cuenta que la poesía ya no llega a quienes la leen. Nadie comprende el lenguaje que empleamos para mostrar el Lenguaje de Dios con nosotros. Cristo ya no es el Logos, palabra que llena de sentido. Sin duda el enemigo ha trabajado bien en rápido con nuestra sociedad. La ha hecho sorda y ciega a la presencia trascendente de Dios. Nosotros nos hemos dejado cegar y taponar los oidos. Los hemos hecho a cambio de apariencias huecas, simulacros sin sentido y ruido mediático que nos aturde.

Lo más triste de todo esto, es que nos hemos ido alejando unos de otros. Ya casi no nos reconocemos y hasta tememos ser reconocidos. ¿Cómo vamos a amarnos unos a otros como Cristo nos amó? Es imposible porque desconfiamos y recelamos. Nos está sucediendo algo similar a la Torre de Babel, en la que la soberbia de llegar a Dios con nuestras fuerzas humanas, nos destrozó. ¿Qué podemos hacer? Sin dudarlo, trabajar la unidad entre nosotros. ¿Cómo hacer que los iconos sean de nuevo comprendidos? Esto sólo puede hacerlo el Espíritu Santo, como en Pentecostés. Recemos para que vuelva a darnos la gracia de ver más allá de nosotros mismos.


martes, 29 de agosto de 2023

Y vosotros ¿Quién decís que soy Yo?

El pasado domingo se leyó un pasaje del Evangelio de San Mateo que tiene bastantes aspectos interesantes sobre las que reflexionar. Entre estos aspectos hay uno sobre el que podemos reflexionar. Nos encontramos con un "peligro" en el que caemos con mucha facilidad: la subjetivación emotiva de la Verdad. Si releemos el Evangelio veremos que Cristo pregunta primero: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? La gente indica lo que cada uno quiere creer, le gustaría que fuese o lo que es socialmente correcto. Después pregunta directamente a los Apóstoles: ¿Quién decís que soy yo?" Pedro no espera, indica lo que el Espíritu le dicta.

Devolvió el Señor la palabra al apóstol por el testimonio que dio de El: dijo Pedro: "Tú eres el Cristo, Hijo de Dios vivo" y el Señor le dijo: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan". ¿Por qué? "porque no te lo reveló la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos". Reveló el Espíritu Santo lo que no pudo revelar ni la carne ni la sangre. (San Jerónimo, tomado de la Catena Aurea Mt 16, 13-19)

El peligro que antes indicaba valorar la pregunta que hace el Señor desde la subjetividad personal y no sobre la Verdad. Pedro indicó claramente:  "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" y Cristo le dijo que "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan: porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos". Creo que esto nos deja muy claro que Pedro respondió aquello que el Espíritu Santo le reveló directamente. No es lo que Pedro piensa, siente, le parece o intuye. Es la Verdad que se manifiesta en él con el objetivo de revelarse al mundo. Mundo que siempre se siente disgustado con la Verdad y que procura esconderla detrás de cualquier tramoya, simulacro divertido y bien visto.

Es muy frecuente que se indique que "no vale" repetir lo que indicó Pedro, como si la subjetivación fuese más importante que la Verdad. Si una persona se atreve a repetir las palabras que el Espíritu reveló a Pedro, es como si no quisiera "jugar" al aplaudido juego de los simulacros. Juego al que nos encanta jugar en esta era posmoderna. 

Preguntémonos ¿Qué es Cristo para nosotros? Puede ser que nuestra respuesta nos acerque a alguna de las aplaudidas caricaturas que representan al Señor en los tiempos que vivimos. Respuesta que resalta la emocionalidad subjetiva de cada uno de nosotros. Bueno, las caricaturas son justo eso caricaturas, no la Verdad que se hace carne y habita entre nosotros. 

Quizás nos acerquemos a lo que el Espíritu Santo indicó a Pedro. Entonces estaremos algo más cerca de la mano tendida que nos ofrece Cristo. La mano tendida que nos ayuda a salir de la sociedad líquida que nos ahoga. Tendríamos que preguntarnos si somos una moneda con el signo del Cesar o de Cristo. De esto podríamos hacer una nueva pregunta ¿Qué son los sacramentos para nosotros? ¿Son una costumbre o un signo sagrado que nos marca?

En nuestra sociedad posmoderna impera la cultura de la cancelación y esto también repercute en la Iglesia. Si tenemos impreso el signo de Cristo, seguro que somos ignorados por todas las corrientes eclesiales de moda. Nos mirarán de reojo y murmurarán. Seremos invitados a desaparecer porque estorbamos. Nos ignorarán como si no existiéramos. Pero no nos sintamos mal. Si repasamos las Bienaventuranzas nos encontraremos que:

Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, por causa de Mí. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros.

Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.

Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (Mt 5, 11-16)

No desesperemos, aunque nuestro ánimo tenga momentos más o menos oscuros. Las mareas las controla el Señor. Nosotros, debemos esperar su llegada con la lámpara de la Fe encendida. Para ellos, el aceite es imprescindible: Esperanza. Esta es la clave de la espera en los tiempos que vivimos.

sábado, 29 de julio de 2023

La Sagrada Sangre del Señor


 La Sagrada Sangre del Señor

La fe actual es principalmente vivencial y emotivista. Somos reacios ver más allá de las emociones que nos mueven o paralizan. Los símbolos, han dejado de ser algo que alimente la fe que tanto necesitamos. El problema del emotivismo es que es fluido, líquido. No es capaz de soportar cambios y desalientos. NO olvidemos los símbolos y profundicemos en ellos para ganar esperanza y confianza en Dios. Hoy comparto algunas reflexiones sobre un símbolo muy importante y profundo: la Sangre del Señor. 

¿Qué nos dice la Sagrada Sangre del Señor? La Sangre es un profundo símbolo de redención y salvación. La Sangre del Señor fue ofrecida por nuestros pecados. Además, es cada Eucaristía se consagran pan y vino, como Carne y Sangre de Cristo. Nuestra cultura religiosa da gran importancia al Cuerpo del Señor, que se nos ofrece por medio del pan eucarístico. Pero la Sangre parece que la tenemos algo olvidada. 

La Sangre del Señor es un tema sobre el que debemos meditar profundamente.  ¿Meditar, pensar, profundizar? ¿No se basa nuestra fe en sentir, hacer y en todo caso, divertirnos? Seguro que muchas personas se quedan en la cuarta parte de la mitad del Mandamiento principal. ¿Mandamiento principal? No crean, Cristo lo dejó muy claro:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Mt 22,34-40)

¿A qué me refiero con la cuarta parte de la mitad? La sociedad actual nos reclama ser dóciles con lo que las estructuras sociales nos indican. Para ello es necesario vender un simulacro de "buenismo solidario" y filantrópico. Esta es la cuarta parte de la mitad a la que me refería. Solemos olvidar lo principal: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente. ¿Con toda mi mente? ¿No se trataba de centrarnos en el emocionalismo y nada más? Leamos lo que nos dice San Agustín sobre el asunto:

Pues ¿Quién no ve que primero es pensar que creer? Nadie, en efecto, cree si antes no piensa que se debe creer. Y aunque a veces el pensamiento precede de una manera tan instantánea y vertiginosa a la voluntad de creer, y ésta le sigue tan rápidamente que parece que ambas cosas son simultáneas, no obstante, es preciso que todo lo que se cree se crea después de haberlo pensado. Y eso, aunque el mismo acto de fe no sea otra cosa que el pensar con el asentimiento de la voluntad. Porque no todo el que piensa cree, como quiera que muchos piensan y, sin embargo, no creen. Pero todo el que cree, piensa; piensa creyendo y cree pensando. (San Agustín. Tratado de la Predestinación de los santos, 2, 5)

Entonces, meditemos un poquito sobre la Sagrada Sangre de Cristo. Empecemos por tener claro la razón de que sea sagrada. ¿Qué es lo sagrado? Aquello que no muestra a Dios como por medio de una imagen y semejanza. Imagen, porque no podemos ver a Dios directamente. Semejanza, porque una realidad material sólo puede contener un reflejo de Dios. La Sagrada Sangre del Señor es un símbolo Sagrado que nos habla y nos colma de entendimiento. Un entendimiento que supera las limitaciones humanas y sociales, que nos rodean.

La sangre es lo que nos da la vida al circular por nuestro cuerpo. A través de ella se difunde el oxígeno y los nutrientes que cada célula de nuestro cuerpo necesita. La Sangre de Cristo es la Sangre que da sentido y fuerza al mundo. Se derramó en la Cruz, para que fuésemos sanados de nuestro pecado y pudiéramos reencontrar el Camino, Verdad y Vida, que Adán perdió en su momento. La Sangre del Señor cayó a la tierra y la misma tierra se revivificó con ella. Recordemos que la tierra tembló y hubo muertos que se levantaron de sus tumbas (Mt 27,52-54). Hasta uno de los centuriones que estaban en el Gólgota, viendo lo que sucedía, creyó.

Quizás hoy en día esto nos suene a película de terror de Hollywood, pero no olvidemos que fue escrito en los Evangelios y que todo lo escrito en ellos es Palabra de Dios. Tengo claro que actualmente los Evangelios se diseccionan para entresacar lo que conviene, desechar lo que va contra el buenismo de moda u olvidar aquello que no se sabe qué hacer con ello. Es el signo de los tiempos y debemos ser capaces de leer en este signo para discernir.

¿Qué simboliza la sagrada Sangre del Señor? Nos muestra que sólo en Cristo está la redención, el perdón y la santificación. Nos muestra que la Eucaristía es fundamental, porque nos acerca a Cristo sin otro mediador que el Espíritu Santo. Nos recuerda que podemos esperar en Dios y descansar en Él. El mundo tiembla cuando la Sangre del Señor cae en él. ¿Y todas las maravillas que nos ofrece el mundo actual? Son sólo apariencias vacías. Simulacros que nos distraen de lo esencial: Cristo como único Camino, Verdad y Vida.





sábado, 24 de diciembre de 2022

¡Feliz y Santa Navidad!

 

Hoy la Verdad ha brotado de la tierra, Cristo ha nacido en la carne. Llenaos de un gozo festivo y, advertidos por el día de hoy, pensad en el Día sempiterno; desead con esperanza firmísima los dones eternos; alardead de ellos una vez que recibisteis el poder ser hijos de Dios. Por vosotros se hizo temporal el hacedor de los tiempos; por vosotros apareció en la carne el autor del mundo; por vosotros fue creado el creador. ¿Por qué vosotros, mortales todavía, halláis vuestro deleite en cosas efímeras y os esforzáis por retener, si ello fuera posible, esta vida pasajera? En la tierra ha brillado una esperanza mucho más esplendorosa, hasta el punto de que a hombres terrenos se les promete una vida celestial. Para que esto fuera creíble, Dios anticipó algo más increíble. Para hacer dioses a los que eran hombres, el que era Dios se hizo hombre; sin dejar de ser lo que era, quiso hacerse lo que había hecho. Él hizo lo que iba a ser, puesto que añadió la humanidad a la divinidad, sin perder la divinidad al tomar la humanidad. 

Nos causa asombro el parto de una virgen, y nos esforzamos por convencer a los incrédulos para que acepten este nuevo modo de nacer, a saber, que en un seno no fecundado nació el embrión de un hijo y unas entrañas libres de abrazo carnal dieron a la luz un hijo humano, sin tolerar que tuviera padre humano; que la integridad virginal permaneció cerrada en el momento de concebir e incorrupta en el momento del parto. Maravilloso es este poder, pero aún hemos de admirar más la misericordia, gracias a la cual quien pudo nacer así, así quiso nacer. Era ya hijo único del Padre quien nació como hijo único de su madre; fue hecho en la madre quien se había hecho una madre; siendo siempre eterno junto al Padre, se hace hodierno naciendo de una madre; fue hecho de una madre después de ella quien, sin haber sido hecho, nació del Padre antes de todas las cosas; el Padre nunca existió sin él, y sin él nunca hubiese existido su madre. (Sermón 192. San Agustín)

viernes, 15 de julio de 2022

Perseverar es gracia de Dios

Llevo varios meses sin escribir en este blog. Hace diez años aparecieron estupendos blogs y páginas web, en los que la voz de los Primeros Padres de la Iglesia estaba muy presente. No es lo mismo andar acompañado, que andar sólo por las redes. Los cristianos sabemos la importancia de vivir en comunidad, compartir proyectos y ayudarnos mutuamente. Quizás necesite orar más pidiendo perseverancia, para no dejarme llevar por el desaliento y desánimo que apagado la llama de tantos blogs. San Agustín nos habla de la perseverancia y lo hace para señalar su importancia en nuestra vida espiritual:

Esto bien establecido, veamos si la perseverancia, de la que se dice: El que perseverare hasta el fin, será salvo, es don gratuito de Dios. Si no lo es, ¿Cómo sería verdad lo que dice el Apóstol: A vosotros se ha dado por Cristo no solamente el que creáis en El, pero también el que por El padezcáis? De estas dos cosas, una pertenece al principio de la fe (al initium fidei), y la otra, al fin; mas ambas son dádiva gratuita de Dios, porque se dice en el texto citado que las dos han sido dadas; ¿y cuándo más verdaderamente comienza a ser uno cristiano que cuando cree en Cristo? ¿Y; qué fin mejor que sufrir la muerte por El? Respecto a creer en Cristo, alguien ha pretendido que sí es don de Dios el incremento o acrecentamiento de la fe, pero no el initium fidei, lo que con la ayuda del Señor hemos ya ampliamente refutado. Y ¿Cómo es posible decir que no se le ha dado la perseverancia hasta él fin al que se le concede sufrir, o mejor, morir por Cristo? (San Agustín. El don de la perseverancia, II)

La perseverancia es un don de Dios y además es gratuito. ¿De qué se alimenta? Se alimenta de la Fe y de las Esperanza. Se alimenta de la Caridad que vive y pervive en la comunidad que anda en este éxodo actual. Es cierto que no espero relevancia de lo que escriba en este pequeño reducto de mística espiritual. Actualmente es imposible esta relevancia. También es cierto que lo que se escribe en los portales católicos más visitados tampoco llega a ser relevante dentro de la Iglesia y la sociedad. También es cierto, que la Iglesia va desapareciendo, reduciéndose y perdiendo relevancia en la sociedad. Esto ya lo pronosticó el entonces Cardenal Ratzinger en una entrevista del año 1969: una Iglesia pequeña, irrelevante desde el punto de vista social, pero no por ello, menos importante para la humanidad.

Cuarenta años después, en el año 2009, Benedicto XVI volvió a ser entrevistado en su visita a la República Checa. Allí habló de nuevo de esta reducción eclesial, pero también dijo que:

Yo diría que normalmente son las minorías creativas las que determinan el futuro y, en este sentido, la Iglesia católica debe comprenderse como minoría creativa que tiene una herencia de valores que no son algo del pasado, sino una realidad muy viva y actual.

Actualmente, en el año 2022, cabría preguntarnos si somos esa minoría creativa o sólo colectivos socio-culturales enfrentados por estéticas e ideologías. ¿Dónde pervive una visión mística de la fe? Una visión mística que nos alimente, una y reúna, en Nombre del Señor. A veces, parece que la creatividad eclesial se reduzca a actividades de marketing de unos pocos segundos salvadores de moda. Moda que también decrece, haciendo que desaparezca al escasa relevancia social de la que disponían hace unos años. ¿Podemos pensar en una creatividad comunitaria que nos llene de sentido mutuamente? Tal vez esa sea el camino que debamos empezar a andar en estos momentos de desánimo y desaliento que vivimos.

¿Qué hay que vencer? Lo primero a vencer es la desconfianza mutua. Lo segundo es el orgullo personal. El tercer obstáculo a vencer es el miedo. Dios nos ayude, porque estos obstáculos no son sencillos de vencer. Imposibles de vencer si pensamos en nuestras pocas fuerzas. Pero para Dios todo es posible. Dejemos que Él nos transforme. Perseveremos y sigamos adelante, con la Gracia de Dios como viento que llene las velas de la esperanza. Dios quiera hacerlo posible. 🙏🙏🙏


martes, 14 de septiembre de 2021

Caminando hacia el abismo de lo cotidiano

De vez en cuando viene bien pararse a mirar el camino recorrido, los pasos datos y valorar hacia dónde no dirigimos. El ser humano tiende a olvidar el sentido de totalidad que tiene su paso por esta vida. No somos una "chispa entre dos nadas", como postulaba Sartre. Somos una chispa entre dos focos de luz: nacimiento y muerte. Mirando lo recorrido en este blog desde el año 2009, me parece que es interesante diagnosticar y tomar conciencia de dónde estamos en estos momentos.

Actualmente vivimos un época especialmente oscura. Lo sagrado, lo trascendente, ya no genera inquietud entre nosotros. La tecnología nos ofrece sucedáneos mucho más atractivos. Podemos empezar por sustituir la conciencia de sí mismo, por la distracción constante que nos ofrece la tecnología. Podemos vivir una vida irreal de miles de formas atractivas, aunque absolutamente vacías. La vida ya no es una chispa, sino más bien, un avatar digital dentro de un entorno diseñado para tenernos entretenidos y tranquilos. Cada vez somos más dóciles ante la sociedad.

¿Y la religión y la fe? La Iglesias se vacían. Los ritos quedan reducidos a costumbres sociales que nos gusta repetir para sentirnos mejor. El Papa actual tiene razón cuando dice «No nos resignemos a una fe que vive de ritos y de repeticiones». Ritos vacíos que se repiten como costumbre. Ritos que intentan emular la Liturgia, pero sólo llegan a reproducir su estética. Ritos que no parten de lo más profundo de nuestro ser, sino de repeticiones sin sentido alguno. El Papa tiene razón, pero lo interesante es pensar hacia donde tenemos que ir para dar sentido sagrado a todo lo hacemos en la vida. Nunca quedarnos con la opción negativa que tanto gusta a muchos: que desaparezca aquello que tiene valor incalculable, pero no llegamos a darle vida. La "nada" de Sartre. Nada que se propone que desaparezca y no se busca llenar de entendimiento. Los ritos que no tienen sentido son meras repeticiones culturales. El verdadero rito es Liturgia. Lo es porque nos llena de sentido, nos acerca y re-liga a Dios. Nuestro deber es penetrar en el sentido de los ritos litúrgicos para que podamos encontrar el "Agua Viva" en su interior.

¿Qué sentido tiene lo sagrado y consagrarnos personalmente, cuando todo lo que nos rodea se va convirtiendo en un metaverso virtual?  Un metaverso creado por el ser humano a su medida y según sus intereses. ¿Nos sorprende que ya no haya espacios en la red que hablen de lo trascendente? ¿Nos sorprende que la Tradición se convierta en una serie de estéticas, costumbres y filiaciones grupales? No hace mucho leía a una persona que se presenta como hiper-tradicionalista y preguntaba en las redes si rezar unos misterios u otros en sábado son líneas rojas para quienes se consideran "tradis". Hace poco veía un meme donde se indicaba cuándo persignarse en forma de caricatura y sin mostrar el sentido de trazar la señal de la cruz sobre nosotros. También me sorprende la cantidad de imágenes devocionales que muestran caricaturas de santos, la Virgen, de Cristo o Dios Padre. Esto es lo que nos ofrecemos unos a otros en estos momentos para vivir la fe. Sin duda, sólo llegamos a una fe socio-cultural profundamente postmoderna. La Tradición Apostólica es desconocida y rechazada como si fuese puramente estética y costumbres humanas. Ahora, el tradicionalismo aparente se llena de estéticas del siglo XIX que venera por encima de Dios. Estos son los tiempos que vivimos. Tiempos llenos de contradicciones, partidismos y dolor.

Hace un rato leía el post publicado en este blog el 15 de febrero del 2009: "Qué es lo sagrado" y comparaba mi limitada e incapaz forma de hablar de estos temas, con la realidad que vivo y vivimos. Decía en este post que: " Por lo tanto, lo sagrado no es cotidiano en nuestra vida. Si llevamos lo sagrado a convertirse en cotidiano, pierde su sentido. Por otra parte, a lo sagrado debemos un respeto reverencial, porque nos enlaza, re-liga, con la Divinidad, con Dios.". Hemos hecho que nuestra fe sea algo cotidiano, recurrente, repetitiva, automatizada. Hemos hecho que nuestra fe se convierta en una tramoya estética ritualizada. Hemos transformado la caridad oculta en marketing que nos eleva a convertirnos en famosos influencers que ganan dinero por medio de la fe. Sí. Esa fe de la que Cristo nos dice que debemos de dar gratis lo que hemos recibido gratis (Mt 10,8). En estos momento hay que dar gracias a Dios cuando la misa a la que asistimos no es un show socio-cultural, aunque sea profundamente superficial.

Caminamos hacia el abismo de lo cotidiano. Ya nos estamos despeñando. El abismo en el que perdemos todo lo que nos re-liga, transforma y nos ata a Dios. El abismo que termina de destrozar la naturaleza herida que llevamos con nosotros. Dios nos ayude y nos permita seguir adelante sin perder la Esperanza.

viernes, 14 de junio de 2019

La Salette. Días de oscuridad y de esperanza.



Recordemos que la aparición la Stma. Virgen en La Salette es aceptada por la Iglesia. Se apareció a dos niños el 19 de Septiembre de 1846, les comunicó un secreto. Fue publicado con Imprimatur del Obispo de Lecce. En 1922 fue dado a conocer en su totalidad por el Vaticano.

“Dios va a castigar al mundo de una manera jamás vista… Nadie podrá escapar. … Las Iglesias serán cerradas y profanadas; los sacerdotes y religiosas serán perseguidos… Los libros malos abundarán. (…) Muchos sacerdotes se alejarán de la fe verdadera, y hasta obispos. El demonio tendrá sus iglesias que le darán culto. Reinará el materialismo, el ateismo y toda clase de vicios. … Parecerá que Dios se haya olvidado de la humanidad. Todo parecerá perdido. … Entonces Jesucristo, en un acto de su justicia y su gran misericordia para los buenos, dará orden a sus ángeles que todos los enemigos sean exterminados. Caerá fuego del cielo. El sol se obscurecerá.” (…) Los perseguidores de la Iglesia, las personas dadas al pecado, perecerán y la tierra parecerá un desierto”…)

Posiblemente esta profecía suene muy actual y no cabe duda que se cumple de forma especialmente evidente según pasan los años. Viendo esto, lo fácil es agarrarnos a la profecía para que nuestra esperanza esté centrada en el final de mundo. Pero el final del mundo nadie sabe cuando ocurrierá. No lo digo yo, sino Cristo mismo:

 "Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo mi Padre" (Mateo 24:36)

La clave de las profecías está en entender que la Voluntad de Dios no es que la Iglesia permanezca sumida en el caos. El caos sirve para limpiar la Iglesia y como todo acto de limpieza, el sufrimiento afecta a todo y a todos. La suciedad se disuelve y desaparece cuando se refriega con fuerza. No debemos de desesperar aunque Cristo parezca dormido e indiferente a nosotros. Cristo despertará y hará que la tormenta amaine. ¿Cuándo? Cuando Dios estime que la suciedad ha desaparecido.

viernes, 22 de marzo de 2019

La Iglesia y la estructura. Alma y cuerpo.



La Iglesia es un inmenso y profundo Misterio. Es santa, porque en ella están quienes (por Gracia de Dios) buscan y anhelan la santidad. Pero no todos sus miembros son santos ni aspiran a serlo. Pensemos en la parábola del Banquete de Bodas, en el que una persona intentó asistir sin el traje adecuado. 

Por tanto, quien tiene el Espíritu Santo está dentro de la Iglesia que habla las lenguas de todos. Quienquiera que se halle fuera de ella, carece del Espíritu Santo. El Espíritu Santo se dignó manifestarse en las lenguas de todos los pueblos para que el que se mantiene en la unidad de la Iglesia, que habla en todos los idiomas, comprenda que posee el Espíritu. Un solo cuerpo -dice el apóstol Pablo-; un solo cuerpo y un solo Espíritu. Considerad nuestros miembros. El cuerpo consta de muchos miembros, y un único espíritu aporta vida a todos ellos. Ved que, gracias al alma humana por la que yo mismo soy hombre, mantengo unidos todos los miembros. Mando a los miembros que se muevan, aplico los ojos para que vean, los oídos para que oigan, la lengua para que hable, las manos para que actúen y los pies para que caminen. Las funciones de los miembros son diferentes, pero un único espíritu unifica todo. Muchas son las órdenes, muchas las acciones, pero uno solo quien da órdenes y uno solo al que se le obedece. Lo que es nuestro espíritu, esto es, nuestra alma, respecto a nuestros miembros, eso mismo es el Espíritu Santo respecto a los miembros de Cristo, al cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Por eso, el Apóstol, al mencionar un solo cuerpo, para que no pensásemos en uno muerto, dijo: Un solo cuerpo (San Agustín. Sermón 268, 2)

En estos momentos eclesiales, las estructuras eclesiales necesitan de una profunda limpieza. Demasiadas adherencias del mundo. En su interior hay demasiados intereses mundanos. Hay una asamblea de llamados al Banquete, pero no todos quienes están, están vestidos para formar parte del Misterio.


Pero la Iglesia de Cristo siempre es santa, aunque esté dispersa por el mundo y su santidad quede eclipsada por los escándalos de quienes se aprovechan de Ella. La Iglesia está gobernada por la Verdad y está unida al Espíritu Santo. San Agustín lo deja claro. Dios pensó en la Iglesia desde el mismo momento en que creó al ser humano. Pensó y creó al ser humano con el anhelo interior de ser santo. La Iglesia es una fraternidad luminosa, pero su Luz no proviene de quienes la formamos, sino de Cristo, Luz del mundo. En la Iglesia no hay cabida para la oscuridad de las tinieblas y por lo tanto, no hay espacio para quienes buscan desarrollar en Ella su proyecto egoísta. Dios elije a quienes van al Banquete vestidos apropiadamente y los elije porque Él sabe que sólo quien lleva el traje adecuado es capaz de aceptar la Gracia que transforma y sana nuestra naturaleza herida. 


El traje de la santidad es humilde, sencillo y reluce porque está lleno de esperanza. La esperanza brilla porque es como un espejo que refleja la Luz, Cristo. La esperanza lleva consigo los Misterios de Dios y con Ellos alimenta a quienes dócilmente dejan que Cristo brille en su interior. Quienes viven llenos de esperanza se reconocen y se aman. Se aman porque saben ver en todos y en todo, la huella de Dios. Por eso los elegidos son una fraternidad. Una comunidad de hermanos que se reúnen en Nombre de Cristo y Él vive siempre en ellos (Mt 18, 20).


La esperanza nace de la Gracia, que se desborda en los Sacramentos. Sacramentos que son los signos con los que Dios se comunica y alimenta a sus hijos. La Iglesia sabe que sin Sacramentos, tarde o temprano, desesperamos y la Luz de apaga. La Iglesia acoge los Sacramentos como instrumentos llenan de armonía y belleza los espacios sagrados y toda la creación

Si vemos que las Torres de Babel, se derrumban, demos gracias a Dios. Sólo Él sabe cuándo y dónde actuar. Porque sólo Él tiene el Reino, el Poder y la Gloria. 

domingo, 28 de junio de 2015

Dios se acerca primero y nos espera. Pseudo Crisóstomo

El evangelio de hoy domingo 28 de junio es muy bonito. Muestra dos curaciones y las circunstancias en las que se produjeron. La hemorroisa y la hija del jefe de la Sinagoga son personas que necesitan de Cristo y no se quedan es su casa esperando. La primera de ellas toma la iniciativa y toca el manto del Señor. En el segundo caso, es el padre de la niña, el que va a implorar la misericordia de Cristo. Aunque Cristo es siempre el que da el primer paso para estar cerca de nosotros, también es evidente que espera pacientemente a que seamos capaces acercarnos a Él. 

Aquellos, pues, que tocan por la fe a Cristo, reciben de El sus virtudes con la buena voluntad que viene de El. "Al mismo tiempo Jesús, conociendo la virtud que había salido de sí, vuelto a los circundantes decía: ¿Quién ha tocado mi vestido?". Las virtudes del Salvador no salen de Él materialmente, como si lo abandonaran de algún modo, porque, siendo incorpóreas, cuando salen para comunicarse a otros no abandonan a aquél de quien han salido, como las ciencias que se dan por el maestro a los discípulos. Dice pues: "Conociendo la virtud que había salido de sí", para darnos a entender que la mujer recibió la salud, no sin que El lo conociera, sino sabiéndolo. No obstante, preguntaba: "¿Quién ha tocado mi vestido?", para que se manifieste aquella mujer, se divulgue su fe, y no se pierda en el olvido el beneficio de aquel milagro. (Pseudo-Crisóstomo, vict. ant. e cat. in Marcum)

En el pasaje de la hemorroisa, siempre me ha parecido curioso que Cristo aparentara desconocer quien le había tocado. (seguir leyendo ->)

domingo, 29 de septiembre de 2013

Quien tiene esperanza en su corazón, espera...

“Entonces, él ordenó a los discípulos no decir a nadie que él era Cristo” ¿Por qué esa orden? Para que, todo motivo de escándalo fuera descartado, la cruz y su pasión cumplidas, todo obstáculo capaz de detener a la multitud de creer en él aplazado, el conocimiento exacto de que él tenía poder se graba profundamente ya en todas las almas. Su poder no tenía aún el brillo de una manera resplandeciente. El esperaba, porque ellos predicaban, que la evidencia de la verdad y la autoridad les hacia confirmar el testimonio de los Apóstoles.

Otra cosa era el ver ahora multiplicar los prodigios en Palestina, después en el blanco de las persecuciones y los ultrajes, y la cruz  iba seguida de estos prodigios; otra cosa de ver adorada, creída por toda la tierra, al refugio de los tratamientos que otras veces  había sufrido. Mira, por qué les recomienda no decir a nadie. (San Juan Crisóstomo Homilías sobre san Mateo 54, 1-3)

Este pasaje de San Juan Crisóstomo no habla de un aspecto del Señor que a veces pasa desapercibido: la precaución. Esta misma faceta aparece cuando recomienda a los apóstoles, ser “Astutos Como Serpientes y Sencillos Como Palomas” (Mt 10,16)

Si Dios tiene todo el poder ¿Por qué este cuidado con las formas y los tiempos? “Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo” (Ec 3,1) El plan de Dios tiene su tiempo y su cadencia. De nada nos vale afanarnos en ir más rápido que la voluntad del Padre, ya que nuestro afán será infructuoso.

Si nos fijamos en todo lo que nos rodea, encontraremos prisas, horarios, calendarios, puntualidades, objetivos y miles de pasos intermedios. Vivimos en la era del estructuralismo. Damos más importancia a las redes que al lugar y el momento en que debemos de echarlas. Pensemos en el episodio evangélico de la pesca milagrosa. Los pescadores se afanaron toda la noche intentando pescar, pero la voluntad de Dios era diferente al afán de estos pescadores. Cristo señaló el lugar y el momento, para que las redes estuvieran llenas a rebosar.

Nadie duda de la importancia de las redes y de nuestra capacidad de utilizarlas con habilidad. Tampoco nadie duda de nuestra voluntad por hacer lo que creemos que debemos hacer. Pero no es extraño que nuestros afanes y preparativos no terminen de dar frutos. Pensemos en la evangelización y los pobres resultados que se obtienen para los esfuerzos que se acometen. Pensemos en la labor asistencial y social de la Iglesia. Pensemos en las vocaciones y en otras decenas de cuestiones que parecen estancadas.

No es extraño que nos sintamos desesperanzados y dolidos con las circunstancias. No es raro que busquemos en qué no estamos equivocando y no encontremos nada que podamos cambiar por voluntad personal. En estos momentos de desesperanza, es necesario pensar que Dios sabe cuándo y cómo lo imposible se convierte en algo natural y evidente.

Sólo espera quien tiene esperanza en su corazón. Quien la ha perdido, desespera y deja lo que tiene entre manos.


“Dios hizo todo hermoso en su momento, y puso en la mente humana el sentido del tiempo, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin”(Ec 3, 10-11)

domingo, 3 de marzo de 2013

Ante la espera, imitar la paciencia de Dios


Si queréis pareceros a Dios, vosotros que habéis sido creados a su imagen y semejanza, imitad vuestro modelo. Sois cristianos y este nombre significa 'amigos de los hombres': Imitad el amor de Cristo. Considerad los tesoros de su bondad. ¿Cómo acogía a los que se acercaron a él? Les concedía fácilmente el perdón de sus pecados, los libraba al instante, inmediatamente, de sus sufrimientos. Imitemos la actitud pastoral del Maestro.

Contemplo en las parábolas el pastor de las cien ovejas (Lc 15,4ss) Una de entre ella se ha descarriado y separado del rebaño. El pastor no se quedó con aquellas que estaban en el buen camino. Se fue a la busca de la descarriada, bajando a los barrancos y precipicios, escalando las cimas rocosas, afrontando intrépido los desiertos hasta que la encontró. Y habiéndola encontrado, sin golpearla ni empujarla violentamente hacia el rebaño, se la echa a los hombros lleno de alegría y la conduce entre sus compañeras, más contenta por ella que por todas las demás.

Esta oveja no significa en rigor una oveja cualquiera, ni este pastor un pastor como los demás. En estos ejemplos se contienen realidades sobrenaturales. Nos dan a entender que jamás desesperemos de los hombres ni los demos por perdidos, que no los despreciemos cuando se hallan en peligro, ni seamos remisos en ayudarles, sino que cuando se desvían de la rectitud y yerran, tratemos de hacerles volver al camino, nos congratulemos de su regreso y los reunamos con la muchedumbre de los que siguen viviendo justa y piadosamente.  (San Asterio de Amasía. Homilía nº 13, sobre la conversión)

Estamos cerca de la mitad de la Cuaresma y no podemos decir que esté siendo un tiempo sencillo. Queramos o no, las noticias eclesiales nos llevan y nos traen, de un lado hacia el otro sin dejarnos ánimo para profundizar en el tiempo litúrgico que nos toca vivir.

Miramos hacia el futuro y palpamos la incertidumbre que nos rodea. Parece que todo se haya quedado parado hasta que haya un nuevo Papa y marque las líneas a seguir. ¿Dónde podremos encontrar paciencia y confianza, cuando las hemos extraviado entre las noticias cotidianas?

El texto de San Asterio nos señala algo más que la paciencia genérica. La paciencia con nuestros hermanos. A veces nuestra relación con ellos se hace complicada, sobre todo con quienes no tenemos una afinidad clara. Es fácil desesperar y sentirnos abatidos con su traro. Pero en el fondo todos somos igual de “imposibles” e “indomables” y terminamos siempre ofendidos por lo mismo que produce que nosotros ofendamos a otras personas: la falta de paciencia y el tacto fraterno que nos debemos unos a otros.

Sin duda Cristo amaba a la oveja perdida y la encontró sin escatimar en esfuerzo. ¿Hacemos nosotros eso mismo con nuestros hermanos? A veces sí, a veces no. Nos cuesta dejar lo que tenemos entre manos y salir en su búsqueda y si lo hacemos, no es que demostremos demasiada alegría cuando los encontramos.

Quizás en estos días llenos de incertidumbres debamos ser un poco más pacientes con nosotros mismos y con nuestros hermanos. Se nota cierta tensión ambiental que terminará por desaparecer en su momento. Paciencia y amor fraternal son condimentos para incluir en el menú de virtudes de nuestra Cuaresma.

Mientras esperamos el cónclave y el “Habemus Papam”, podemos dedicarnos a mil cosas más útiles que hacer apuestas papales o querer cambiar la Iglesia desde nuestros gustos. ¿Qué tal leer algo de patrística? No es mala ocupación para estos días.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Esperanza!!!


Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en la fuerza poderosa. Revestíos de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en el aire. Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día funesto, y manteneros firmes después de haber vencido todo. Efesios 6, 10:13

La lucha no es contra la carne y la sangre. La lucha no es contra nosotros mismos... sino contra quienes utilizan nuestras debilidades y limitaciones contra nosotros y contra la obra de Dios. Los espíritus diabólicos han desaparecido de nuestra sociedad, ocultándose para hacer su trabajo de manera precisa y sigilosa. Esto es más evidente hoy que nunca.

Por eso, hoy día de la Virgen de la esperanza, Nuestra Señora de la Ó, más que nunca tenemos que encarnar la esperanza que no es más que Dios con nosotros, Emmanuel, Cristo. Esperanza que se revela como espera con sentido.

El refrán “quien espera desespera” manifiesta una realidad de la que todos somos conscientes: nos desesperamos cuando no sabemos la razón de nuestra espera. Pero para todo cristiano la espera tiene un sentido: Dios hecho carne para habitar entre nosotros. Dios hecho Palabra revelada. Dios revelado como Amor. Dios revelado como justicia suprema que va más allá de cualquier justificación humana.

Por eso, si nos preguntamos cómo luchar contra los espíritus que pugnan por separar y desesperar… tenemos la mejor medicina: Cristo... y la mejor Madre dispuesta a cuidarnos: la Virgen María, reflejada en la advocación de la Esperanza.

Rezando la antífona del día de hoy día 18 de diciembre, nos damos cuenta de toda la profundidad y sentido que tiene la espera y la esperanza... que se hace liturgia y que se plasma simbólicamente en la misma Virgen María.

"¡Oh Sabiduria, Oh Adonai. Oh Vara de Jese. Oh Llave de David.
Oh Sol naciente, esplendor de la Luz eterna. Oh Rey de las naciones
y Deseado de las gentes.
Oh Emmanuel!, ven a enseñarnos, ven a iluminarnos,
ven a sacarnos de esta cárcel sombría,
ven a salvarnos, Dios y Señor nuestro! ".
(Antífona del día 18 de diciembre. Fiesta de Nuestra Señora de la Ó)

Tengamos esperanza y hagámonos esperanza para este mundo.

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