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sábado, 19 de abril de 2025

Feliz Pascua de Resurrección 2025



Esta noche celebramos la resurrección de Cristo, Dios y hombre verdadero. Debería ser el momento más venerado por nosotros y también, el momento en que abriéramos nuestro ser a la Gracia de Dios. Tal vez nos atrevamos a preguntarnos la razón por la que casi no damos importancia a la resurrección del Señor. ¿Qué es lo que nos pasa? Recordemos cuando Cristo curó a diez leprosos y sólo uno volvió para agradecer el milagro (Lc 17,11–19). El que regresó no era judío sino samaritano. Cuando la fe se hace cultura, aparecen muchas ventajas humanas. Pero, al mismo tiempo, se pierde el sentido trascendente de la Buena Noticia. ¿Cómo vamos a evangelizar si no damos importancia a lo que nos conduce más allá de lo cotidiano? Cristo, con frecuencia deja de ser Signo, para convertirse en herramienta.

Como el mismo Jesús lo atestigua, Él es aquel que «Dios, el Padre, ha marcado con su sello», para que sea un Signo. Pero ¿un Signo para qué? Para que exaltado en lo alto del estandarte de la cruz, como lo fue la serpiente de bronce levantada en medio del campamento (Nm 21), Él mismo haga que la mirada no sólo del pueblo judío, sino del universo entero se vuelva hacia él, y por su muerte en cruz atraiga el corazón de todos los hombres. Y enseñará a todos a poner solo en Él toda su Esperanza. Curando todas sus debilidades, perdonando todos sus pecados, abriendo a todos el Reino de los Cielos cerrado desde hacía mucho tiempo, le enseñará que es Él mismo «el que había de ser enviado..., el que esperaban las naciones» (Gn 49,10). Fue Él mismo quien levantó este Signo para todos los pueblos a fin de «reunir a los dispersos de Israel, y agrupar a los desperdigados de Judá de los cuatro puntos» (Is 11,12). (Pedro el Venerable (1092-1156), abad de Cluny. Sermón sobre la alabanza del Santo Sepulcro)

Cristo es signo, lo que nos llama a ver en Él la presencia de Dios entre nosotros. No es fácil entender y vivir esto actualmente. A Cristo le damos muchos significados y lo utilizamos de muchas formas. Pero rara vez lo vemos como Dios entre nosotros: Emmanuel.

Pidamos a Dios que no nos falte el aceite que permite esperarle sin dudas: la Esperanza. Roguémosle que verdaderamente seamos templos vivimos del Espíritu Santo. Pidamos que el olvido, indiferencia o desprecio, no nos haga perder la Fe que tanto necesitamos. Fe que es certeza profunda que no mueve y conmueve. Pidamos que nosotros, aunque seamos pequeños y faltos de toda fortaleza, podamos ser símbolos de la presencia de Dios en el mundo.

¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!

Feliz Pascua de Resurrección






domingo, 31 de marzo de 2024

Resurrección y vida. Feliz Pascua.

 


La resurrección de Cristo nos muestra que la muerte no es el último destino del ser humano. También nos dice que la vida no es el único tiempo que debemos de considerar, ya que después de morir encontraremos la Mano de Dios, tendida. Lo esencial es ser capaz de no rechazar la Mano tendida de Dios. Si no rechazamos esta Mano, podremos vivir en la Gloria, aunque tengamos que pasar un tiempo de purificación en el Purgatorio. Pero, si la rechazamos, entonces viviremos una vida de eterna lejanía de Dios.

Hoy celebramos la Resurrección de Cristo, lo que conlleva convertirnos en signo de discordia con el mundo que nos rodea. Un mundo que valora más la muerte que la vida. La eutanasia se promociona y hasta se han creado rituales laicos de despedida festiva de quien decide suicidarse. Nosotros, los cristianos, no damos más valor a la muerte que a la vida. Tampoco damos más valor a la vida, que a la gloria eterna. Tampoco damos más valor a las apariencias emotivistas que nos ofrecen las ideologías imperante. Somos un incordio para los planes de los grupos de poder. Por eso intentan silenciarnos o ignorarnos.

Parecía, pues, que se había satisfecho la sentencia ya que el hombre -que había sido hecho para vivir si no pecaba- comenzaba a morir. Con todo, a fin de que la gracia de Dios perdurase, murió el hombre, pero Cristo halló la resurrección, es decir, que El quiso reintegrar el beneficio celestial que se había perdido por el fraude de la serpiente. Ambas cosas (muerte y resurrección) fueron, pues, para nuestro favor, porque la muerte es fin de los pecados y la resurrección es reformación de la naturaleza (San Clemente de Alejandría. Los sacramentos. I, IV, 17)

El fraude de la serpiente: "seréis como Dios" y nosotros seguimos creyendo esta mentira encubierta que el enemigo nos susurra al oído cada día. El mundo nos muestra sus dientes dispuestos a morder si aceptamos que Cristo nos conforme como símbolos de Él el mundo. Nos desecha si abrimos a Cristo, que llama a la puerta de nuestro ser. Nos desprecian si mostramos cada uno de los simulacros que utiliza para engañarnos.

En Pascua, el poder del enemigo desaparece. La muerte ya no es una frontera que limita. Tampoco es el final idílico de la sinrazón de la vida. La muerte dará paso a la vida.

¡FELIZ PASCUA!




domingo, 1 de abril de 2018

Feliz Pascua 2018



Parecía, pues, que se había satisfecho la sentencia ya que el hombre -que había sido hecho para vivir si no pecaba- comenzaba a morir. Con todo, a fin de que la gracia de Dios perdurase, murió el hombre, pero Cristo halló la resurrección, es decir, que El quiso reintegrar el beneficio celestial que se había perdido por el fraude de la serpiente. Ambas cosas (muerte y resurrección) fueron, pues, para nuestro favor, porque la muerte es fin de los pecados y la resurrección es reformación de la naturaleza (San Clemente de Alejandría. Los sacramentos. I, IV, 17)

La resurrección de Cristo nos muestra que la muerte no es el último destino del ser humano. La vida no es el único tiempo que debemos de considerar, ya que después de morir encontraremos la Mano de Dios, tendida. Si no rechazamos esta Mano, podremos vivir en la Gloria. Aunque tengamos que pasar un tiempo de purificación en el Purgatorio. Pero, si la rechazamos, entonces viviremos una vida de eterna lejanía de Dios.

Feliz Pascua 

domingo, 5 de abril de 2015

¡Feliz Pascua 2015!


Todos los años llega la Pascua y nos encontramos con que nuestra fe se contrapone a nuestra realidad personal. Creemos que Cristo resucitó, pero todavía no lo ha hecho en nosotros. La verdadera alegría de la Pascua proviene  de Cristo, que resucita en nuestro corazón y vive en el Templo del Espíritu Santo, que somos cada uno de nosotros. Pero para que el Señor resucite en nosotros nos hace falta creer y vivir la fe de la resurrección. Esto hoy en día no es sencillo, porque dos mil años nos parece tanto tiempo, que todo lo que nos cuentan los evangelios parecen mitos: 
«Necio, dices que creerías si resucitara tu padre; ha resucitado el Señor, ¿y no crees?¿Por qué quiso morir y resucitar sino para que todos creyéramos a uno solo y no fuéramos engañados por una muchedumbre? ¿Y qué iba a hacer tu padre, en el caso de que resucitara y te hablara, volviendo de nuevo a la muerte? Considera con cuánto poder resucitó Cristo, pues ya no muere y la muerte ya no tiene dominio sobre él. Se mostró a sus discípulos y a los que le habían permanecido fieles; tocaron la solidez de su cuerpo, puesto que a algunos les pareció poco el ver lo que recordaban si no tocaban también lo que estaban viendo. Fue confirmada la fe no sólo en los corazones, sino también en los ojos de los hombres.Quien nos mostró todo esto subió al cielo, envió el Espíritu Santo sobre sus discípulos y se predicó el Evangelio. Si miento diciendo esto, interroga al orbe de la tierra. Muchas promesas se han cumplido; muchas cosas esperadas son ya realidad; el orbe entero florece en la fe de Cristo. (San Agustín. Sermón 361, 8) 

En pleno siglo XXI, aceptar y comprender la resurrección de Cristo es casi imposible. Sólo es posible por la Gracia de Dios, que nos lleva lejos de la “muchedumbre” de la que habla San Agustín. (seguir leyendo)

domingo, 20 de abril de 2014

¡Christos anesti! ¡Alithos anesti!

El Señor ha resucitado. ¡Christos anesti! Claman en griego los cristianos esta noche. Quien oye este grito de alegría, responde lleno de esperanza: ¡Alithos anesti! Verdaderamente ha resucitado.

A los cristianos del siglo XXI nos cuesta entender esa alegría y gozo. Tenemos tan asumida la resurrección de Cristo nada cambia en nuestra vida. Cristo nos salva, pero ¿de qué nos salva? Ya nos sentimos salvados por la modernidad y la misma sociedad ¿Qué aporta la resurrección de Cristo a nuestra vida?

Con su resurrección, nuestro Señor Jesucristo convirtió en glorioso el día que su muerte había hecho luctuoso. Por eso, trayendo solemnemente a la memoria ambos momentos, permanezcamos en vela recordando su muerte y alegrémonos acogiendo su resurrección. Ésta es nuestra fiesta anual y nuestra Pascua; no ya en figura, como lo fue para el pueblo antiguo, mediante el degüello de un cordero, sino realizada, como para el pueblo nuevo, mediante el sacrificio del Salvador, pues Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado, y lo antiguo ha pasado, y he aquí que todo ha sido hecho nuevo. Si lloramos es sólo porque nos oprime el peso de nuestros pecados y si nos alegramos es porque nos ha justificado su gracia, pues fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación. Llorando lo primero y gozándonos de lo segundo, estamos llenos de alegría. No dejamos que pase inadvertido con olvido ingrato, sino que celebramos con agradecido recuerdo lo que por nuestra causa y en beneficio nuestro tuvo lugar: tanto el acontecimiento triste como el anticipo gozoso…

Se entiende, en efecto, que esta noche pertenece al día siguiente que consideramos como día del Señor. Ciertamente debía resucitar en las horas de la noche, porque con su resurrección ha iluminado también nuestras tinieblas y no en vano se le había cantado con tanta anticipación: Tú iluminarás mi lámpara, Señor; Dios mío, tú iluminarás mis tinieblas. (San Agustin, Sermón 221, 1)

¿Lloramos por la carga de nuestros pecados? ¿Nos alegramos porque nuestros pecados son perdonados por la Gracia del Señor?

En la cotidianidad estos signos son irrelevantes para nosotros. La resurrección de Cristo parece que no cambia nada en nuestra vida. No somos capaces se entender el efecto del perdón, ya que no tenemos conciencia de necesitarlo. Pensamos en Dios como un Dios condescendiente, lejano y desentendido. Nuestro cristianismo se vuelve agnóstico. Somos cristianos que, en nuestra soberbia, creemos que el pecado no existe o si existe, la misericordia de Dios perdona sin necesidad de arrepentimiento alguno.

Hemos llegado aquí a un punto verdaderamente central. Me parece, en efecto, que el núcleo de la crisis espiritual  de nuestro tiempo tiene sus  raíces en el eclipse de la gracia  del  perdón.  Mas  fijémonos  antes  en  el  aspecto  positivo  del  presente:  la dimensión  moral comienza  de  nuevo  poco  a  poco  a  estar  en  boga.  Se  reconoce,  e incluso  resulta  evidente,  que  todo  progreso  técnico  es  discutible  y  últimamente destructivo  si  no  lleva  paralelo  un  crecimiento  moral… En efecto, el hombre no puede soportar la pura y simple moral, no puede vivir de ella; se convierte para él en una «ley» que provoca el deseo de contradecirla y genera el pecado. Por eso donde el perdón, el verdadero perdón lleno de eficacia, no es reconocido y no se cree en él, hay que tratar la moral de tal modo que las condiciones de pecar no pueden nunca verificarse propiamente para el individuo.  A  grandes  rasgos  puede  decirse  que  la  actual  discusión  moral  tiende  a librar a los hombres de la culpa, haciendo que no se den nunca las condiciones de su posibilidad. (Card. Joseph Ratzinger. La Iglesia. Una compañía en el camino. 4)

En la Pascua festejamos que nuestra esperanza no está vacía, pero ¿Qué esperanza? ¿Qué esperamos si no tenemos conciencia del pecado y nos creemos salvados por defecto? ¿Para qué resucitó Cristo si este tremendo milagro no cambia nada en nuestras vidas? ¿Cómo podemos sentirnos liberados si no aceptamos que estemos esclavizados?

Librar al ser humano del sentimiento de culpa impide que reciba la Gracia del perdón. Hacernos creer que somos libres, impide que recibamos el don de la salvación. Por eso es tan maravillosa la celebración de la Pascua, ya que rememoramos que Cristo vino a salvarnos y a ofrecernos el perdón de nuestros pecados. No podemos vivir la Pascua como un día más, ya que eso evidenciaría que necesitamos más que nunca convertirnos y creer en el Evangelio.

¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!


¡Feliz Pascua!

domingo, 31 de marzo de 2013

Cristo ha resucitado ¿Por qué lloras?


Traigo un breve fragmento de San Ambrosio de Milán, que se centra en episodio del llanto de la Magdalena a la puerta del sepulcro. Pueden leerlo en Jn 20, 11-18. María Magdalena se queda fuera del Sepulcro, abatida y llorando desconsoladamente. Pedro y Juan entran el sepulcro, creen y salen corriendo para contar la noticia a los demás. María llora y ni dos Ángeles que se muestran dentro del sepulcro, ni el propio Cristo, en un primer momento, pueden consolarla.

¿Lloras porque no Le ves? Cree y Lo verás aquí presente y junto a ti, porque está pronto a acudir a los que le buscan. ¿Por qué lloras? Que es como decirle: No cuadran aquí las lágrimas, sino la fe rápida, decidida, como la que merece Dios. Olvida las cosas mortales y cesará tu llanto; aleja de las cosas perecederas tu consideración y se acabarán tus lágrimas, para no volver jamás. ¿Por qué a ti te causa llanto lo que a otros, alegría? ¿A quién buscas? ¿No ves que está Cristo delante de ti? ¿No ves que Cristo es la virtud de Dios, la sabiduría de Dios, la santidad, la castidad, la integridad; que Cristo nació de virgen y que procede del Padre y está en el Padre y ante el Padre siempre, como nacido de El, y no hecho ni mudable, sino siendo siempre Dios verdadero de Dios verdadero?

Entonces le dijo el Señor: "María, mírame". Cuando no era creyente la llamaba mujer; pero ahora que comienza a creer la llama por su nombre, María, el mismo nombre de la Madre de Dios, pues María es ya alma que espiritualmente ha dado a luz a Cristo. Mírame, le dice, mírame, porque quien mira a Cristo mejora de vida, corrigiendo sus defectos; pero quien no lo ve, yerra lastimosamente el camino.

Entonces la Magdalena abre los ojos de la fe y volviéndolos a Cristo, lo ve y exclama: Rabí que significa Maestro. Mirándole, se convierte; convertida, lo ve mejor, y viéndolo, adelanta en el camino de la perfección, encuentra al maestro que creía muerto, y habla con el que creía perdido.  (San Ambrosio de Milán, Tratado de las Vírgenes, frag. Cap. I )

El sepulcro está vacío ¿Dónde está el Señor? María Magdalena lloraba porque había perdido a Quien había dado sentido a su vida y a su Fe. Había perdido cruelmente a Quien le era más preciado y querido.

La actitud de la Magdalena no es extraña, ya que es algo que nos sucede a menudo. La Iglesia no es algo estático, sino un ser vivo que cambia y a veces los cambios son difíciles de entender. Cuando desaparece lo que nos daba confianza, la fe se esconde, desaparece la esperanza y la caridad se escapa como arena fina, entre los dedos de nuestras manos. Mientras esto ocurre, otros hermanos se sienten felices y plenos. Tan felices y plenos están, que se olvidan de nosotros dejándonos solos y abatidos. Parece  que nadie se fija en nuestro dolor, pero Cristo siempre está llamando a nuestra puerta.

Hemos de reconocer que estar en el lugar de María Magdalena no es sencillo y que su sufrimiento era tan cierto como sus lágrimas. Ni los dos ángeles ni el propio Cristo parecían conseguir abrir el cerrado corazón de María. Ante su sufrimiento, Cristo se acerca a la desorientada María y le llama por su nombre. San Ambrosio indica que le llama así para despertar en su corazón un hilo de fe y esperanza que no lograba encontrar el camino de salida. Cuando Dios nos llama por nuestro nombre todo nuestro ser se estremece. María abre los ojos y por fin es capaz de ver a su Maestro.

La llamada del Maestro es imprescindible para romper las murallas de dolor que a veces construimos en torno de nosotros. “Mírame, le dice, mírame, porque quien mira a Cristo mejora de vida, corrigiendo sus defectos; pero quien no lo ve, yerra lastimosamente el camino.” La mirada del Maestro nos transforma cuando hemos abierto nuestro corazón.

Dejemos atrás nuestras seguridades cotidianas, nuestros proyectos personales, aquellas cosas que hacen sentir seguros y tememos perder. Abramos el corazón y esperemos la llamada del Señor. El es Camino, Verdad y Vida. Nos dirá por dónde hemos de caminar, aunque camino que nos señale no sea sencillo, ni placentero, ni tranquilo.  Tarde o temprano, nos daremos cuenta que aquello que parecía que habíamos perdido sigue a nuestro lado tan sólido y fuerte como antes. Dios no nos deja solos, siempre está a nuestro lado.

¿Qué hemos de temer? ¡Cristo ha resucitado y vive para siempre!

Feliz Pascua de Resurrección

domingo, 22 de abril de 2012

Cristo nos dice: «¡Soy Yo en persona! Palpadme»


Escuchad, todos los pueblos; escuchad, naciones esparcidas sobre la superficie de la tierra; prestad atención, tribus y razas diversas (cf. Ap 7,9), vosotros todos los que os creéis abandonados e incluso pensáis que todavía sois despreciables; escuchad y alegraos: vuestro Creador no os ha olvidado. No ha querido que por más tiempo su cólera retuviera sus misericordias; ahora, en su gran bondad quiere no sólo salvar al pequeño número que son los judíos, sino a toda esta innumerable multitud que sois vosotros. Escuchad al santo profeta Isaías...: «Aquel día la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos» (11,10)...

Como el mismo Jesús lo atestigua, él es aquel que «Dios, el Padre, ha marcado con su sello», para que sea un signo. Pero ¿un signo para qué? Para que exaltado en lo alto del estandarte de la cruz, como lo fue la serpiente de bronce levantada en medio del campamento (Nm 21), él mismo haga que la mirada no sólo del pueblo judío, sino del universo entero se vuelva hacia él, y por su muerte en cruz atraiga el corazón de todos los hombres. Y enseñará a todos a poner en solo él toda su esperanza. Curando todas sus debilidades, perdonando todos sus pecados, abriendo a todos el Reino de los cielos cerrado desde hacía mucho tiempo, le enseñará que es él mismo «el que había de ser enviado..., el que esperaban las naciones» (Gn 49,10 Vulg). Fue él mismo quien levantó este signo para todos los pueblos a fin de «reunir a los dispersos de Israel, y agrupar a los desperdigados de Judá de los cuatro puntos» (Is 11,12). (Pedro el Venerable (1092-1156), abad de Cluny. Sermón sobre la alabanza del Santo Sepulcro)
 -oOo-

Tomo un fragmento del evangelio de hoy domingo: “Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: "¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo".  Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies.”(Lc 24, 35-27)

¿Por qué tememos al Señor? ¿Que es lo que nos asusta de Él? Quizás nuestras dudas, comodidades y rutinas. ¿Qué mal nos puede causar su presencia? ¿Por qué nos escondemos de Él?

Adan y Eva, tras comer del fruto prohibido se escondían de Dios. Dios les pregunto " ¿Porque os escondéis? Habéis desobedecido mis órdenes y habéis probado el fruto del árbol prohibido"

¿Nos sucede a nosotros lo mismo? ¿Esperamos del Señor que nos condene y nos haga daño? ¿Qué nos hace dudar del Señor? ¿Dudamos el Signo de Dios que es Cristo?

Hay algo en la Luz que nos hace cerrar los ojos y separarnos de ella. Sobre todo cuando vivimos en la oscuridad y se presenta delante de nosotros sin esperarla. La Luz que repele la oscuridad es capaz de mostrar lo que llevamos en nuestro interior y eso duele. Duele por el pecado que portamos en nosotros y que evidencia nuestra naturaleza caida.

¿Dónde escondernos de la Luz? Es imposible. Por eso los Apóstoles se turbaron y tuvieron dudas. ¿No habían sufrido suficiente para tener que seguir padeciendo? Pero Cristo es aquel que hará que la mirada no sólo del pueblo judío, sino del universo entero se vuelva hacia él, y por su muerte en cruz atraiga el corazón de todos los hombres. Y enseñará a todos a poner en solo él toda su esperanza.

Ante nuestra incapacidad y falta de mérito se presentará Curando todas [nuestras] debilidades, perdonando todos [nuestros] pecados, abriendo a todos el Reino de los cielos cerrado desde hacía mucho tiempo, [nos]  enseñará que es él mismo «el que había de ser enviado..., el que esperaban las naciones.

Por eso podemos estar alegres y contentes porque nosotros que nos creemos olvidados y abandonados e incluso nos sabemos despreciables oiremos que  nuestro Creador no os ha olvidado.

No ha querido que por más tiempo su cólera retuviera sus misericordias; ahora, en su gran bondad quiere no sólo salvar al pequeño número que son los judíos, sino a toda esta innumerable multitud que sois vosotros.

Demos gracias a Dios.

domingo, 8 de abril de 2012

¡Cristo ha resucitado! Feliz y Santa Pascua 2012


Alegría para todos.
Que la creación entera se estremezca
con un latido más de vida y esperanza.
Que los creyentes todos resplandezcan
con vestido nuevo, perfumado en el Ungido.
Y vosotros, los pobres, los dolientes,
los pequeños, que pasáis inadvertidos,
abríos a la esperanza y a la dicha,
que va a estallar el sol en vuestras vidas.

Que nadie en esta noche
sufra de pesimismo o de tristeza.
Que se alejen los espíritus malignos,
los que amargan la vida de los hombres,
porque han sido definitivamente derrotados.

Esta es la noche
que ha sido iluminada
por un sol nacido del sepulcro.

Esta es la noche victoriosa,
en la que la muerte, hecha cautiva,
en huida sus guardias y soldados,
se puso al servicio de la vida.

Esta es la noche tan dichosa
en la que Cristo, el amor más grande,
floreció en espiga y amapolas,
y volvió a reunirse con los suyos.

Verdaderamente la cruz fue necesaria
para que el Amor triunfara de la muerte.

Que Judas no se desespere,
que Pilato no se lave más las manos,
que los soldados no tengan pesadillas,
que Pedro ya no llore,
porque el daño se ha trocado en beneficio.

Ahora es el tiempo del juego y de la risa,
de la fe reconquistada y la esperanza cierta;
ahora es el tiempo del amor hasta la muerte.

Magdalena jugará con Jesús al escondite,
los de Emaus jugarán a los disfraces,
Tomás al veo-veo, Juan a adivinanzas,
y para Pedro llegó la hora del examen,
brillantemente superado.

Es la hora del reencuentro,
de la presencia y la amistad gozadas,
del pan partido y compartido,
de promesas y dones generosos.

A partir de esta noche
todo estará más claro y florecido:
la Pasión del mundo continúa,
pero ya ninguna cruz será maldita,
y en todos los surcos de la muerte
se siembra la esperanza.

Un mensaje de alegría para todos
hombres de toda religión y raza:
la vida ha salido victoriosa,
la justicia triunfará, sin duda,
porque Cristo resucitado está en el centro
de la historia:
Él es la Pascua,
el sol que dinamiza nuestro mundo.
(Oración-Himno atribuido a San Ambrosio de Milán)

¿Podemos estar más alegres? Cristo es nuestra Pascual y el Sol que dinamiza nuestro mundo. Verdaderamente la cruz fue necesaria para que el Amor triunfara de la muerte. Ya las cruces no están malditas, ya que en el surco, que es nuestro sufrimiento diario, florece con lirios y rosas de esperanza. Ahora tenemos razón para compartir y compartirnos en una comunidad nueva, llena de vida y con un sentido que nos trasciende a cada uno de nosotros.

Nos damos cuenta de lo importante que es la Cruz, ya que nos señala el eje que es nuestro objetivo y alrededor del cual nuestra vida tiene que girar. El centro es Cristo. Cuando Moisés habló del árbol de la vida, plantado en el Paraíso, expresó simbólicamente la inteligencia gratuita de las cosas divinas...

Ese Paraíso puede ser también el cosmos, donde va creciendo todo lo que trae su origen de la obra de la creación. En este paraíso del mundo floreció también el Logos y dio su fruto, cuando se hizo carne y dio vida a los que gustan de su bondad. Porque no nos comunicó la visión de la inteligencia sin el madero; nuestra vida estuvo suspendida del madero para que creyéramos en Él (Clemente de Alejandría, Strom. V, 72)

El Misterio de la Vigilia Pascual es un misterio unido a la regeneración, el Agua Viva, el Orden (Cosmos) que se abre paso en el caos, el eje que se nos muestra en la Cruz. Cruz que hoy florece y cuyas flores llenan el aire de perfume. Perfume que nos recuerda nuestro bautismo y confirmación, ya que el óleo, con el que fuimos marcados, recoge ese aroma. Aroma que debe penetrar en nosotros para transformarnos y así poder contagiar a otros con nuestra inmensa alegría.

--o--

¿Qué hacemos mirando su tumba vacía?
¡Despertemos¡
¡Cristo vive! ¡Ha resucitado!
¡Verdaderamente ha resucitado!
Alegría, loor y gloria en los Cielos y la Tierra.
Dios ha elevado al Sol de Justicia
por encima de quienes injustamente lo condenaron.
Ahora ilumina al mundo y a todo aquel que lo acoge en su corazón.
Amén 

Felices Pascuas

domingo, 1 de abril de 2012

El Misterio de la Semana de Pasión y Resurrección del Señor

Lo que se ha dicho y lo que ha ocurrido no es nada, amadísimos, si se separa de su simbolismo y de su proyecto. Todo lo que se realice y se diga, participa del simbolismo—la palabra, del simbolismo; el hecho, de la prefiguración—para que, así como el hecho se manifiesta por la prefiguración, así también la palabra se ilumine por el simbolismo.

Una obra no se construye sin un proyecto. ¿O no se ve lo que ha de ser a través de la imagen que la prefigura? Por eso, el proyecto que se va a realizar se modela primero con cera, o con arcilla, o con madera, a fin de que se pueda ver lo que va a ser construido más alto en grandeza, más fuerte en resistencia, y bello de forma y rico en instalación, gracias a una pequeña maqueta, destinada a perecer. Porque cuando se ha realizado aquello para lo que había sido destinada la figura, entonces, lo que hasta aquí portaba la imagen del futuro es destruido, por haberse hecho inútil, al haber cedido su imagen a una realidad verdadera. Pues aquello que en otro tiempo era de valor se devalúa una vez aparecido lo que es verdaderamente precioso.

Efectivamente, cada cosa tiene su propio tiempo: al modelo su propio tiempo, al material su propio tiempo. Haces el modelo de la obra real. Lo deseas porque ves en él la imagen de lo que va a ser. Suministras el material para el modelo. Lo deseas por lo que se va a construir gracias a él. Ejecutas la obra, a ella sola la deseas, a ella sola quieres, viendo en ella solo el modelo y el material y la realidad.
(Melitón de Sardes. Homilia sobre la Pascua I)

Iniciamos la Semana Santa y delante de nosotros irán apareciendo escenas, textos, signos que nos señalan el camino hacia la Pascua. Podemos entender lo que vemos desde la estética, la antropología o la sociología, pero también podemos aprovechar para adentrarnos un poquito en el Misterio que se nos presenta delante.

Melitón de Sardes nos señala algunas claves para entender la pasión y muerte del Señor. Lo hace a través de un lenguaje diferente al que normalmente estamos acostumbrados a oír. Habla de símbolos, modelos, materiales. ¿Qué tiene todo esto que ver con al Semana Santa?

Melitón nos indica que no debemos quedarnos en la superficialidad de lo evidente. El Misterio es aquello que no es comprensible en su totalidad, pero del que podemos tener referencia a través de símiles o paradigmas. Modelos que se construyen por medio de los materiales que las Sagradas Escrituras y la Fe nos muestran.

De esa forma podemos adentrarnos ligeramente en el pozo insondable de estos Misterios que son memorial de nuestra Fe. Pero, en el mejor de los casos ser el Espíritu Santo quien nos permitirá llegar algo más allá de ese asomarnos a contemplar la profundidad de lo que aconteció hace 2000 años.

Roguemos al Señor que nos ilumine para que así construyamos en nuestro interior, lo vamos a revivir desde este domingo de Ramos. Después de estos 7 días de pesar y sufrimiento, llegaremos a la ansiada Pascua.  Quiera en Señor que lleguemos a la Pascua un poco más convertidos y con algo de más santidad en nuestra alma.

domingo, 24 de abril de 2011

Cristo ha resucitado!!! Feliz y Santa Pascua

El Triduo Pascual se cierra con la Vigilia de Pascua. Liturgia maravillosa llena de signos del plan de salvación elaborado por Dios. Retomando las Catequesis de San Cirilo de Jerusalén, podemos detenernos en este fragmento: 

¿Quién es el que resucita y cuáles son sus signos? Lo dice con evidencia continuando el mismo texto profético? «Convertiré entonces la lengua de los pueblos» (Sof 3, 9) como quiera que después de la resurrección tras el envío del Espíritu Santo, se dio el don de lenguas (Hech 2, 4), «para que invoquen todos el nombre de Yahvé y le sirvan bajo un mismo yugo» (Sof 3, 9). ¿Y qué otro símbolo se añade, en el mismo profeta, de que servirán al Señor «bajo un mismo yugo?» «Desde allende los ríos de Etiopía, mis suplicantes, mi Dispersión, me traerán mi ofrenda» (3, 10). Ves que eso está escrito en los Hechos cuando el eunuco etíope llega desde los confines de los ríos de Etiopía (Hech 8, 27). Las Escrituras señalan, por tanto, el momento y las circunstancias de tiempo y lugar, además de los signos que siguieron a la resurrección. Ten, pues, una fe firme en la resurrección y que nadie te aparte de confesar a Cristo resucitado de entre los muertos. 

Recibe también otro testimonio del salmo 88, cuando es Cristo el que proféticamente dicen: «Yahvé Dios de mi salvación, ante ti estoy clamando día y noche» (Sal 88, 2) y, poco después: «Soy como un hombre acabado: relegado entre los muertos» (88, 5). No dice «soy un hombre acabado», sino «como un hombre acabado»: no ha sido crucificado porque le falten fuerzas, sino voluntariamente. Ni tampoco le llegó la muerte por una debilidad involuntaria. «Me has echado en lo profundo de la fosa». Y, ¿cuál fue la señal de esto?: «Has alejado de mí a mis conocidos». De hecho, huyeron sus discípulos (Mt 26, 56). «¿Acaso para los muertos haces maravillas?» (Sal 88, 11). Y, poco después: «Mas yo grito hacia ti, Yahvé, de madrugada va a tu encuentro mi oración». ¿Es que no ves cómo también se aclaran las circunstancias de tiempo tanto de la pasión como de la resurrección? 

Pero dicen insistentemente: Es un muerto recientemente difunto que ha sido resucitado por un vivo, pero mostradnos que es posible que resucite un muerto de tres días y que sea llamado de nuevo a la vida un hombre que esté ya tres días sepultado. Pero, si buscamos una tal prueba, nos la suministra el Señor Jesús en los evangelios al decir: «Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches» (Mt 12, 40; cf.Jon 2, 1). Y cuando indagamos con cuidado la historia de Jonás, es grande la semejanza con lo nuestro. Jesús fue enviado a predicar la conversión: también Jonás (1, 2 es) fue enviado (a lo mismo). Pero éste, al no saber el futuro, huye: aquél, en cambio, accedió a anunciar la penitencia de salvación. Jonás dormía en la nave, y lo hacía profundamente (1, 5) mientras el mar estaba encrespado por la tempestad: también, cuando Jesús se encontraba durmiendo, se encrespó el mar por determinados designios (Mt 8,2 4-25), para que después se reconociese el poder del que estaba durmiendo (8, 27). Aquellos decían: «¿Qué haces aquí dormido? ¡Levántate e invoca a tu Dios! Quizás Dios se preocupe de nosotros y no perezcamos» (Jon 1, 6). Y aquí dicen al Señor: «¡Señor, sálvanos!» (Mt 8, 25). Allí decían: «¡Invoca a tu Dios!». Y aquí; «¡sálvanos!». Aquél dice: «Agarradme y tiradme al mar, y el mar se os calmará» (Jn 1, 12). Este, «increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza» (Mt 8, 26). Aquél fue a parar al vientre de la ballena (Jon 2, 1), pero éste descendió por su propia voluntad al lugar donde la muerte tragaba a los hombres. Descendió voluntariamente para que la muerte vomitase a aquellos que se había tragado, según aquello que está escrito: «De la garra del sheol los libraré, de la muerte los rescataré» (Os 13, 14). 

Llegados a esta parte del discurso, consideremos si es más difícil que un hombre sepultado salga del suelo. ¿O acaso no se deshace y se corrompe un hombre en el vientre de un cetáceo, tragado en las vísceras cálidas de un ser vivo? ¿Quién ignora que es tanto el calor que hay en el vientre que deshace incluso los huesos que se devoran? Y Jonás, tras habitar tres días y otras tantas noches en el vientre de la ballena, ¿no estaría corrompido y deshecho? Siendo idéntica la naturaleza de todos los hombres, y no pudiendo vivir sin respirar el aire, ¿cómo pudo vivir tres días sin él? Responden los judíos y dicen: Juntamente con Jonás, cuando se agitaba en el sheol, descendió el poder de Dios. Dios daba así vida a su siervo otorgándole su poder. ¿Y no podía Dios darse ese poder a sí mismo? Si aquello era creíble, también esto lo es; y si esto no se puede creer, tampoco aquello. A mí ambas cosas me parecen igualmente creíbles. Creo que Jonás fue protegido, pues «para Dios todo es posible» (Mt 19, 26). También creo que Cristo resucitó de entre los muertos. Tengo múltiples testimonios de esta realidad, tanto de las Sagradas Escrituras como del mismo Resucitado, todos válidos hasta el día de hoy: el que descendió a los infiernos solo volvió acompañado de muchos, pues descendió a la muerte y muchos cuerpos de los santos que habían muerto fueron resucitados por él (Mt 27, 52). (San Cirilo de Jerusalén, Catequesis XVI, fragmento) 

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¿Qué hacemos mirando su tumba vacía?
¡Cristo Vive! ¡Ha Resucitado!
Alegría loor y gloria en los cielos y la Tierra.
Dios ha elevado al Sol de Justicia por encima de quienes injustamente lo condenaron...
y ahora ilumina al mundo y a todo aquel que lo acoge en su corazón.
Amén 

¡Feliz Pascua!

miércoles, 20 de abril de 2011

Triduo Pascual. La Cena del Señor


En las vísperas del Triduo Pascual, no viene mal echar un vistazo a las catequesis de San Cirilo de Jerusalén. Sobre la institución de la Eucaristía, nos dice lo siguiente:

Incluso esta sola enseñanza de Pablo sería suficiente para daros una fe cierta en los divinos misterios. De ellos habéis sido considerados dignos y hechos partícipes del cuerpo y de la sangre del Señor. De él se dice que «la noche en que fue entregado» (I Cor 11, 23), nuestro Señor Jesucristo «tomó pan, y después de dar gracias, lo partió» (1 Cor 11, 23-24) «y, dándoselo a sus discípulos, dijo: "tomad, comed, éste es mi cuerpo". Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: "Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre"» (Mt 26, 26-28). Así pues, si es él el que ha exclamado y ha dicho acerca del pan: «Este es mi cuerpo», ¿quién se atreverá después a dudar? Y si él es el que ha afirmado y dicho: «Esta es mi sangre», ¿quién podrá dudar jamás diciendo que no se trata de su sangre?

En una ocasión, en Cana de Galilea, cambió el agua en vino (Jn 2, 1-10), que es afín a la sangre. ¿Y ahora creeremos que no es digno de fe al cambiar el vino en sangre? Invitado a unas bodas humanas, realizó aquel prodigio admirable. ¿No confesaremos mucho más que a los hijos del tálamo nupcial les dio para su disfrute su propio cuerpo y sangre?

Por ello, tomémoslo, con convicción plena, como el cuerpo y la sangre de Cristo. Pues en la figura de pan se te da el cuerpo, y en la figura de vino se te da la sangre, para que, al tomar el cuerpo y la sangre de Cristo, te hagas partícipe de su mismo cuerpo y de su misma sangre. Así nos convertimos en portadores de Cristo, distribuyendo en nuestros miembros su cuerpo y su sangre. Así, según el bienaventurado Pedro, nos hacemos «partícipes de la naturaleza divina» (2 Pe 1, 4).

En cierta ocasión, discutiendo Jesús con los judíos, decía: «Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (Jn 6, 53). Pero como aquellos no entendiesen en sentido espiritual lo que se estaba diciendo, se retiraron ofendidos (Jn. 6, 60) creyendo que les invitaba a comer carnes.

Existían también, en la antigua Alianza, los panes de la proposición; pero, puesto que se referían a una alianza caduca, tuvieron un final. Pero, en la nueva Alianza, el pan es celestial y la bebida saludable, y santifican el alma y el cuerpo. Pues, como el pan le va bien al cuerpo, así también el Verbo le va bien al alma.

Por lo cual no debes considerar el pan y el vino (de la Eucaristía) como elementos sin mayor significación. Pues, según la afirmación del Señor, son el cuerpo y la sangre de Cristo. Aunque ya te lo sugieren los sentidos, la fe te otorga certidumbre y firmeza. No calibres las cosas por el placer, sino estate seguro por la fe, más allá de toda duda, de que has sido agraciado con el don del cuerpo y de la sangre de Cristo. (San Cirilo de Jerusalén. Catequesis XXII, Fragmento)

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Hace un rato he estado conversando con una pareja de Testigos de Jehová de los que van de puerta en puerta intentando “desenmascarar” la Tradición en que sustenta la Iglesia. Es triste constatar todo lo que pierden al despreciar la Tradición y quedarse en la “sola escritura”, además cambiando muchos pasajes de la Biblia para que se ajusten a sus ideas. Cuando les hablas con caridad y con conocimiento, se despiden con cordialidad. Dios vaya con ellos.

Entre todo lo que dejan atrás, estas personas pierden la Eucaristía y todos los sacramentos. ¿Cómo se puede vivir sin el pan el Cielo? ¿Cómo se puede vivir sin el vínculo sacramental que nos liga y relaciona con Dios? Ruego para que llegue un día que recapaciten, vuelvan a la Iglesia renovados y compartan con nosotros la comunión que nos une y nos da sentido. Recemos por ellos y tratémoslos con afecto.

jueves, 20 de mayo de 2010

Veni Creator Spiritus


De la catequesis XV de San Cirilo de Jerusalén, tomo estos párrafos que hablan del Espíritu Santo:

Diversos sentidos de la palabra «espíritu»

13. Pero puesto que acerca del Espíritu Santo, con un nombre único y común, se han dicho muchas cosas diversas en la Sagrada Escritura y puede temerse que alguien las confunda por ignorancia por no saber a qué espíritu se refiere lo que allí está escrito, es preciso señalar ciertas características seguras del Espíritu al que la Escritura llama Santo. Pues así como Aarón es llamado «cristo» y también David, Saúl y otros son llamados «cristos», y sin embargo es único el verdadero Cristo, así también, una vez que se atribuye la denominación de «espíritu» a diversas realidades, es estupendo ver a quién se llama, por algún motivo peculiar, Espíritu Santo. Pues son muchas las cosas que se llaman «espíritu», pues un ángel es llamado «espíritu», se llama «espíritu» a nuestra alma y al viento que sopla se le llama «espíritu». También una gran virtud es llamada «espíritu» y es denominada «espíritu» una acción impura. Incluso el Demonio, el Adversario, es llamado «espíritu». Cuídate, pues, cuando oigas estas cosas, de que, por la semejanza de la denominación, no confundas una cosa con otra. Pues de nuestra alma dice la Escritura: «Su soplo exhala, a su barro retorna», y del alma dice a su vez: «Que modela el espíritu del hombre en su interior» (Zac 12, 1). Y de los ángeles dice en los Salmos: «Que hace a sus ángeles espíritus y llama de fuego a sus servidores». Y del viento dice: «Tal el viento del Este que destroza los navíos de Tarsis» (Sal 48, 8). Y además: «Como el árbol es agitado por el viento en el bosque». Y: «Fuego y granizo, nieve y bruma, viento tempestuoso, ejecutor de su palabra» (Sal 148, 8). Y de la buena doctrina dice el Señor mismo: «Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida» Un 6, 63), es decir, son espirituales. Pero el Espíritu Santo no es algo que se exhala hablando con la lengua, sino alguien vivo, que nos concede hablar con sabiduría, siendo él mismo el que se expresa y habla.

El Espíritu Santo sugiere, habla y enseña

14. ¿Quieres darte cuenta de cómo crea palabras y habla? Felipe, por revelación de un ángel, bajó por el camino que llevaba hasta Gaza, cuando llegaba el eunuco. Y dijo el Espíritu a Felipe: «Acércate y ponte junto a ese carro» (Hech 8, 29). ¿Ves cómo el Espíritu habla al que le oye? Y Ezequiel dice así: «El espíritu de Yahvé irrumpió en mí y me dijo: "Di: Así dice Yahvé"» (Ez 11, 5). Por otra parte, «dijo el Espíritu Santo» a los apóstoles, que estaban en Antioquía: «Separadme ya a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado» (Hech 13, 2). Ves al Espíritu que está vivo, que segrega y que llama, y que envía con poder. Y Pablo dice: «Solamente sé que en cada ciudad el Espíritu Santo me testifica que me aguardan prisiones y tribulaciones» (20, 23). El es el que santifica a la Iglesia, su auxiliador y su maestro, el Espíritu Santo maestro, del que dijo el Salvador: «Os lo enseñará todo», y no dijo sólo «os lo enseñará», sino también «os recordará todo lo que yo os he dicho» (Jn 14, 26). Pues no son unas las enseñanzas de Cristo y otras las del Espíritu Santo, sino claramente las mismas. De las cosas que habían de suceder dio Pablo testimonio con anterioridad, para que, mediante un conocimiento previo, el ánimo se sintiese más firme. Y estas cosas se os han dicho por aquella sentencia: «Las palabras que os he dicho son espíritu» (Jn 6, 63), de modo que no pienses que éste (el Espíritu) es sólo algo que nosotros decimos, sino doctrina sólida.

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La doctrina es la manera recta y ajustada de entender las verdades de nuestra Fe. Sin esta doctrina, estaríamos a merced de la subjetividad de cada uno de nosotros. Las enseñanzas de Cristo no pueden contradecirse con las del Espíritu Santo. Nunca podremos encontrar revelaciones particulares que pongan en cuestión la Palabra de Cristo y la Doctrina que le da consistencia.

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Veni, creator Spiritus
mentes tuorum visita,
imple superna gratia,
quae tu creasti pectora.

Qui diceris Paraclitus,
altissimi donum Dei,
fons vivus, ignis, caritas
et spiritalis unctio.

Amén


domingo, 4 de abril de 2010

Catequesis Nº XVI: resurrección y ascensión de Jesucristo. (Cirilo de Jerusalén)


Como la catequesis de San Cirilo es larga, tomo los fragmentos más representativos. La totalidad puede ser consultada AQUÍ 

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1. «Alégrate, Jerusalén y regocijaos con ella todos los que la amáis» (Is 66, 10a) pues Jesús ha resucitado. «Llenaos de alegría por ella todos los que por ella hacíais duelo», al conocer los crímenes y delitos de los judíos. Pues el que fue deshonrado por ellos en estos parajes ha sido devuelto de nuevo a la vida. Y así como la conmemoración de la cruz aportó algo de tristeza, así la fausta noticia de la resurrección debe alegrar a los aquí presentes. «Has trocado mi lamento en una danza, me has quitado el sayal y me has ceñido de alegría» (Sal 30, 12); «mi boca está repleta de tu alabanza y de tu gloria todo el día» (71, 8), por causa del que, después de su resurrección, dijo; «Alegraos» (Mt 28, 9). Sé que en los días pasados los que aman a Cristo estaban tristes cuando, al terminar nuestro discurso sobre la muerte y la sepultura, y sin hacer un anuncio de la resurrección, el ánimo estaba expectante para oír lo que deseaba. Pero aquél, después de muerto, resucitó «libre entre los muertos» y como libertador de los muertos. El que ignominiosamente fue coronado en su paciencia con corona de espinas, al resucitar se ciñó con la diadema de la victoria sobre la muerte.

El modo como se procederá

2. Y al modo como hemos expuesto los testimonios relativos a su cruz, ahora mostraremos con claridad la resurrección. Partimos de lo que el apóstol dice: «...que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras» (1 Cor 15, 4). Así pues, puesto que el Apóstol nos remite a los testimonios de las Escrituras, lo mejor será examinar en qué se apoya la esperanza de nuestra salvación y comprobar, en primer lugar, si las Escrituras nos hablan con precisión del tiempo de su resurrección: si ha tenido lugar en verano o en otoño o después del invierno, o en qué lugar resucitó el Salvador, y cuál es el nombre que en los profetas, hombres admirables, se atribuye al lugar de la resurrección. O si las mujeres, que lo buscaban sin encontrarlo, de nuevo se alegraron al encontrarlo de nuevo. De este modo, al leer los evangelios, sus narraciones no se considerarán como fábulas ni como poemas épicos.

Valor profético de Sal 88

8. Recibe también otro testimonio del salmo 88, cuando es Cristo el que proféticamente dicen: «Yahvé Dios de mi salvación, ante ti estoy clamando día y noche» (Sal 88, 2) y, poco después: «Soy como un hombre acabado: relegado entre los muertos» (88, 5). No dice «soy un hombre acabado», sino «como un hombre acabado»: no ha sido crucificado porque le falten fuerzas, sino voluntariarnente. Ni tampoco le llegó la muerte por una debilidad involuntaria. «Me has echado en lo profundo de la fosa» (v. 7). Y, ¿cuál fue la señal de esto?: «Has alejado de mí a mis conocidos». De hecho, huyeron sus discípulos (Mt 26, 56). «¿Acaso para los muertos haces maravillas?» (Sal 88, 11). Y, poco después: «Mas yo grito hacia ti, Yahvé, de madrugada va a tu encuentro mi oración» (v. 14). ¿Es que no ves cómo también se aclaran las circunstancias de tiempo tanto de la pasión como de la resurrección?

Jonás, imagen de la muerte y resurrección de Jesús

17. Pero dicen insistentemente: Es un muerto recientemente difunto que ha sido resucitado por un vivo, pero mostradnos que es posible que resucite un muerto de tres días y que sea llamado de nuevo a la vida un hombre que esté ya tres días sepultado. Pero, si buscamos una tal prueba, nos la suministra el Señor Jesús en los evangelios al decir: «Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches» (Mt 12, 40; cf.Jon 2, 1). Y cuando indagamos con cuidado la historia de Jonás, es grande la semejanza con lo nuestro. Jesús fue enviado a predicar la conversión: también Jonás (1, 2 es) fue enviado (a lo mismo). Pero éste, al no saber el futuro, huye: aquél, en cambio, accedió a anunciar la penitencia de salvación. Jonás dormía en la nave, y lo hacía profundamente (1, 5) mientras el mar estaba encrespado por la tempestad: también, cuando Jesús se encontraba durmiendo, se encrespó el mar por determinados designios (Mt 8,2 4-25), para que después se reconociese el poder del que estaba durmiendo (8, 27). Aquellos decían: «¿Qué haces aquí dormido? ¡Levántate e invoca a tu Dios! Quizás Dios se preocupe de nosotros y no perezcamos» (Jon 1, 6). Y aquí dicen al Señor: «¡Señor, sálvanos!» (Mt 8, 25). Allí decían: «¡Invoca a tu Dios!». Y aquí; «¡sálvanos!». Aquél dice: «Agarradme y tiradme al mar, y el mar se os calmará» (Jn 1, 12). Este, «increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza» (Mt 8, 26). Aquél fue a parar al vientre de la ballena (Jon 2, 1), pero éste descendió por su propia voluntad al lugar donde la muerte tragaba a los hombres. Descendió voluntariamente para que la muerte vomitase a aquellos que se había tragado, según aquello que está escrito: «De la garra del sheol los libraré, de la muerte los rescataré» (Os 13, 14).

18. Llegados a esta parte del discurso, consideremos si es más difícil que un hombre sepultado salga del suelo. ¿O acaso no se deshace y se corrompe un hombre en el vientre de un cetáceo, tragado en las vísceras cálidas de un ser vivo? ¿Quién ignora que es tanto el calor que hay en el vientre que deshace incluso los huesos que se devoran? Y Jonás, tras habitar tres días y otras tantas noches en el vientre de la ballena, ¿no estaría corrompido y deshecho? Siendo idéntica la naturaleza de todos los hombres, y no pudiendo vivir sin respirar el aire, ¿cómo pudo vivir tres días sin él? Responden los judíos y dicen: Juntamente con Jonás, cuando se agitaba en el sheol, descendió el poder de Dios. Dios daba así vida a su siervo otorgándole su poder. ¿Y no podía Dios darse ese poder a sí mismo? Si aquello era creíble, también esto lo es; y si esto no se puede creer, tampoco aquello. A mí ambas cosas me parecen igualmente creíbles. Creo que Jonás fue protegido, pues «para Dios todo es posible» (Mt 19, 26). También creo que Cristo resucitó de entre los muertos. Tengo múltiples testimonios de esta realidad, tanto de las Sagradas Escrituras como del mismo Resucitado, todos válidos hasta el día de hoy: el que descendió a los infiernos solo volvió acompañado de muchos, pues descendió a la muerte y muchos cuerpos de los santos que habían muerto fueron resucitados por él (Mt 27, 52).

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¿Qué hacemos mirando su tumba vacía? 
¡Cristo Vive! ¡Ha Resucitado
Alegría loor y gloria en los cielos y la Tierra. 
Dios ha elevado al Sol de Justicia por encima de quienes injustamente lo condenaron... 
y ahora ilumina al mundo y a todo aquel que lo acoge en su corazón. 
Amén

¡Feliz Pascua!



sábado, 4 de abril de 2009

Simbolismo. Oíd la dinámica del misterio. Melitón de Sardes

Lo que se ha dicho y lo que ha ocurrido no es nada, amadísimos, si se separa de su simbolismo y de su proyecto. Todo lo que se realice y se diga, participa del simbolismo—la palabra, del simbolismo; el hecho, de la prefiguración—para que, así como el hecho se manifiesta por la prefiguración, así también la palabra se ilumine por el simbolismo.

Una obra no se construye sin un proyecto. ¿O no se ve lo que ha de ser a través de la imagen que la prefigura? Por eso, el proyecto que se va a realizar se modela primero con cera, o con arcilla, o con madera, a fin de que se pueda ver lo que va a ser construido más alto en grandeza, más fuerte en resistencia, y bello de forma y rico en instalación, gracias a una pequeña maqueta, destinada a perecer. Porque cuando se ha realizado aquello para lo que había sido destinada la figura, entonces, lo que hasta aquí portaba la imagen del futuro es destruido, por haberse hecho inútil, al haber cedido su imagen a una realidad verdadera. Pues aquello que en otro tiempo era de valor se devalúa una vez aparecido lo que es verdaderamente precioso.

Efectivamente, cada cosa tiene su propio tiempo: al modelo su propio tiempo, al material su propio tiempo. Haces el modelo de la obra real. Lo deseas porque ves en él la imagen de lo que va a ser. Suministras el material para el modelo. Lo deseas por lo que se va a construir gracias a él. Ejecutas la obra, a ella sola la deseas, a ella sola quieres, viendo en ella solo el modelo y el material y la realidad.

San Melitón de Sardes

Para entender este texto de San Melitón de Sardes es interesante clarificar los conceptos que utiliza. Se entiende como símbolo a un signo patente de una realidad suprasensible que no solo la manifiesta sino que la representa. Se entiende por signo una realidad de cualquier tipo que, una vez conocida, nos lleva al conocimiento de otra realidad que nos es desconocida. [1]

Denominamos modelo (proyecto) a un esquema teórico o arquetipo de una realidad compleja, que se elabora para facilitar su comprensión y el estudio de su comportamiento. [2]

San Melitón nos descubre una de las primeras claves del Misterio, tal como un cristiano lo entiende. En el misterio reside el simbolismo que expresa el modelo o proyecto sobre el que se sustenta. Si entendemos a Dios como el modelo final de todo lo creado, según desentrañemos la naturaleza, Dios se revela en su parte cognoscible por nosotros. El misterio cristiano es tal magnitud que solo podemos ir desentrañando parcialmente aspectos de la divinidad por medio de la contemplación y la revelación que nos sido dada.

Estos modelos universales no son puramente abstractos y metafísicos, ya que son los mismos que la ciencia descubre y describe mediante la formulación de teorías, relaciones y leyes. La ciencia, lejos de contradecir al existencia de Dios, nos da noticia de Dios como primer modelo de todo lo existente, como motor primero de todo movimiento y como condición de estabilidad en todo proceso de intercambio de energía.

Quien utiliza la ciencia como prueba de la inexistencia de Dios, únicamente demuestra que el modelo de divinidad, limitada, medible, manipulable y manipuladora,… criatura fin de cuentas… es falsa.

En este tiempo de cuaresma es interesante entender la simbología que nos llega a raudales de las escrituras, ya que si no lo hacemos, creeremos estar viviendo algo irracional. Ateos, agnósticos y creyentes literales se sorprenden de la manera en que los cristianos tradicionales entendemos el tiempo Pascua, ya que son incapaces de entender que detrás de los símbolos empleados existe una profunda realidad trascendente.

Siguiendo con los escritos de San Melitón, explicación del misterio de Pascual precisamente sigue la descripción de la clave de misterios a la que nos referimos con anterioridad:

Sentido de la pascua cristiana.
Pero él, el Señor, vestido de hombre,
habiendo sufrido por el que sufría,
atado por el que estaba detenido,
juzgado por el culpable,
sepultado por el que estaba enterrado,
resucitó de entre los muertos y clamó en voz alta:
¿Quién se levantará en juicio contra mí?
Que venga a enfrentarse conmigo.
Yo he liberado al condenado.
Yo he vivificado al que estaba muerto.
Yo he resucitado al que estaba sepultado.
¿Quién puede contradecirme?
Yo, dice, Cristo, he destruido a la muerte,
he triunfado del enemigo,
he pisoteado el Hades,
he maniatado al fuerte,
he arrebatado al hombre a las alturas de los cielos.

Yo, dice él, Cristo.
Venid, pues, todas las familias de hombres manchadas por los pecados.
Recibid el perdón de los pecados.
Porque yo soy vuestro perdón,
yo la Pascua de la salvación,
yo el cordero degollado por vosotros,
yo vuestra redención,
yo vuestra vida,
yo vuestra resurrección,
yo vuestra luz,
yo vuestra salvación,
yo vuestro rey.
Yo os llevaré a las alturas de los cielos.
Yo os mostraré al Padre que existe desde los siglos.
Yo os resucitaré por medio de mi diestra.»

Tal es el alfa y la omega:
Él es el comienzo y el fin
—comienzo inenarrable y fin incomprensible—
él es Cristo,
él es el Rey,
él es Jesus,
él es el Estratega,
él es el Señor,
él es el que resucitó de entre los muertos.
él es el que está sentado a la diestra del Padre.
Él lleva al Padre, y es llevado por el Padre:
A él la gloria y el poder por los siglos. Amén

San Melitón de Sardes

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Cristo se muestra como modelo de víctima ofrecida en holocausto por los pecados del mundo. Si pensamos que el modelo de hombre-Dios se ofrece en holocausto por el perdón de los pecados, entenderemos la redención en todo su esplendor. Al elevarse el modelo de hombre-Dios en la cruz,se hace evidente a todos los hombres y pueden tomarlo como camino hacia Dios. Este acto es análogo al que Moisés realizó cuando elevó la serpiente de bronce, creadora de muerte, para que el pueblo elegido fuese inmune a las mordeduras.

Cristo se muestra como modelo de liberador de las ataduras del pecado y como revivificador de la alianza del ser humano con Dios. Esta revivificación renueva la sacralizad, tal como hasta ese momento había sido entendida. Una vez muerto, el primer velo del Sancta Sanctorum se rasga, permitiendo a los hombres acceder a la liturgia que hasta ese momento era exclusiva para los sacerdotes. El velo como símbolo del misterio accesible por iniciación, se rompe para abrirnos al tiempo sagrado al que solo los sacerdotes podían acceder. Al acceder al interior del templo también accedemos al espacio sagrado reservado para los sacerdotes. Pero una vez abierta la vía, para acceder necesitamos que nos unjan convenientemente: El bautismo nos hace sacerdotes, reyes y profetas para que disfrutemos de los privilegios que hasta ese momento estaba reservados para unos pocos. La Pascua es el momento del bautismo, el momento en que revivificamos nuestra unción. Los sacramentos se presentan como caminos de sagrados, como caminos de re-unión con Dios.



[1] Definiciones tomadas del libro: "Signos y símbolos sagrados. Guía de estudio para la licenciatura de ciencias de la religión". Autor Fernando Soto-Hay García


[2] Adaptación de la definición de modelo del diccionarios de la Real Academia Española de la Lengua
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