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miércoles, 9 de enero de 2019

Imagen y semejanza. Cumplimos 10 años.


Tal como hoy, nueve de enero del año 2009, nació este blog con una entrada que intentaba explicar en nombre elegido para el blog: Misterio Cristiano. En último párrafo de esta entrada hay una pregunta sin contestar de forma directa. De hecho, el blog intenta responder a esta pregunta desde muchos puntos de vista.
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Uniéndome a la propuesta formulada por Jean Borella, creo interesante utilizar la denominación Misterio Cristiano, aunque soy consciente de que esta denominación también tiene sus problemas. Denominar a algo “misterio” parece implicar que es algo estático a la vez que disuade de abordarlo. Si aceptamos que este Misterio es accesible, tendríamos que clarificar el aparente contrasentido de seguir llamando misterio a algo que se puede conocer en parte. No podemos dejar de afirmar que conocerlo completamente es imposible ¿Qué sentido tiene ir en su búsqueda si no es posible conocerlo completamente?
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En estos diez años me he encontrado con muchas personas que no llegan a entender qué sentido tiene buscar algo que no puede ser completamente "encontrado". Las matemáticas evidencian que existe una clara línea que nos impide ir más allá de los límites que tiene nuestra naturaleza. Desde Fra. Luca Paccioli (s. XV) hasta  Kurt Gödel (s. XX) nos hablan de la imposibilidad del ser humano para aprehender completamente lo infinito, lo trascendente o absoluto. Tomemos las Sagradas Escrituras y localicemos tres pasajes muy interesantes del Génesis:
Dios dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo".Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. (Gn 1, 26-27)
El ser humano ha sido creado a imagen y semejanza. Imagen que no es igualdad y semejanza que no es equivalencia. Quien ha estudiado geometría sabe que dos triángulos pueden ser semejantes y al mismo tiempo totalmente diferentes. Quien ha observado un retrato pintado, sabe que lo que ve en la pintura es únicamente la imagen de una persona, pero que este retrato no es la persona. A través del ser humano, de nosotros mismos, podemos llegar a ver y entender el Misterio Cristiano, pero no podemos ir más allá de lo que Dios ha dejado impreso en nosotros.
Respondió la mujer a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. Mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte.» Replicó la serpiente a la mujer: «De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.» (Gn 3, 2-5)
Aquí la serpiente indica algo que muy interesante. Quien come del árbol que está en medio del Paraíso, se la abrirán los ojos, serán como dioses y sabrán distinguir el bien del mal. Quien se atreve a ir más allá de la línea que Dios ha trazado, encontrará muchas respuestas, pero estas respuestas no le traerán bien alguno. Sólo le llevarán a la confusión y el alejamiento del Sentido de su propia vida. Sentido que es Cristo, el Logos. Quien se atreva a ignorar la Ley de Dios, le pasará lo mismo que a quien ignora la ley de la gravedad: terminará muerto o herido. Si nos ofrecen ir "ir más allá" de la línea, hay un engaño escondido. Esto es lo que Jean Borella señala al hablar de quienes intentan sobrepasar la línea con esfuerzos y voluntad humana.
Y dijo Yahveh Dios: «¡He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros, en cuanto a conocer el bien y el mal! Ahora, pues, cuidado, no alargue su mano y tome también del árbol de la vida y comiendo de él viva para siempre.» Y le echó Yahveh Dios del jardín de Edén, para que labrase el suelo de donde había sido tomado. Y habiendo expulsado al hombre, puso delante del jardín de Edén querubines, y la llama de espada vibrante, para guardar el camino del árbol de la vida.(Gn 3, 22-24)
El árbol de la vida eterna está reservado. No es para todo ser humano, sino para quienes dejan que su naturaleza sea transformada por la Gracia de Dios. No puede ser conquistado por el entendimiento, la emotividad o la voluntad humana. Por eso Dios marca claramente la línea que no debemos traspasar y al mismo tiempo, nos señala a Cristo como Camino, Verdad y Vida. Ya no podemos hablar directamente con Dios. El pecado, que es la resistencia a la Voluntad de Dios, nos impide ir directamente la Fuente de la que brota Agua Viva. Por esto son necesarios signos, sacramentos, símbolos que sirvan de intermediarios entre la Voz de Dios (Cristo) y nosotros.

Volvamos a la pregunta que realicé hace 10 años: Misterio Cristiano ¿Qué sentido tiene ir en su búsqueda si no es posible conocerlo completamente?

No existe respuesta completa que pueda ser expresada con lenguas humanas. No existe conocimiento que pueda ser entendido por mente humana. No existe acción o emoción, que puedan realizarse o sentirse, que nos acerquen a una respuesta completa. Cualquier intento de ir "más allá" acaba en desastre, separación, enemistades, mal. ¿Qué podemos decir entonces? Podemos decir que sólo podemos poner nuestro entendimiento, emoción y voluntad ante Dios con humilde docilidad. Entonces y si Dios lo desea, la Gracia nos transformará. Cristo nos dijo con voz humana que sólo Él es sentido de todos y todo. Quien quiera salvar la vida, debe perderla. La perla valiosa debe ser comprada con todo lo que tenemos. El tesoro escondido se consigue comprando el terreno donde está enterrado. No podemos quedarnos en su¡imples invitados al Banquete de Bodas, debemos ir vestidos convenientemente. Sólo quien nace del Agua y del Espíritu, podrá comprender el Camino que nos señala Cristo. Cristo que nos dice que debemos negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz y seguir sus pasos. Resumo todo en una palabra despreciada dentro y fuera de la Iglesia: santidad.

Gracias por leer este humilde blog durante tantos años. Quiera el Señor darme fuerza, inspiración y voluntad, para seguir compartiendo con ustedes mi camino personal.







viernes, 10 de abril de 2009

Pascua, bautismo e iniciación

El bautismo representa, para todo cristiano, la inclusión en la Iglesia y el inicio del camino en busca de Dios. La inmensa mayoría de nosotros hemos sido bautizados de muy pequeños, por lo que hemos convivido con nuestra condición de bautizados como algo aparente y sin importancia real. Antes de nada cabría preguntarnos si tenemos claro ¿Qué nos ha sido dado con el bautismo? ¿Cómo usarlo adecuadamente? y ¿Qué valor tiene?

El sacramento del bautismo nos liga a Dios y nos confiere su gracia… pero una cosa es lo que se enseña de manera teórica y otra los efectos reales de haber sido bautizado. Muchos bautizados reniegan de su bautismo o se comportan toda su vida como si no hubiesen recibido este sacramento.

La Iglesia reconoce no se recibe la gracia implícita en un sacramento si existe un obstáculo que lo impida. Este obstáculo puede ser la falta de voluntad expresa o ausencia de Fe. Muchísimos bautizados no llegan a recibir totalmente la gracia de su bautismo debido a que no terminan de dar el consentimiento expreso y consciente necesario. Sin este consentimiento y consciencia no es posible recibir la gracia de forma plena. Pero también nos dice la Iglesia que es posible revivir un sacramento cuando se adquiere esa buena disposición, consentimiento, consciencia y Fe que habrían sido necesarias cuando se recibió mal (involuntariamente, inconscientemente) el sacramento. [1]

Una vez revivido, el bautismo nos confiere la Gracia desde el momento que somos conscientes de su significado y nos comprometemos con lo que conlleva haber sido bautizado. No olvidemos que los sacramentos son signos y como tales, deben ser comprendidos para poder integrarlos en nosotros y nuestra vida. Entonces cabría preguntarnos ¿Cuándo y cómo podemos revivificar nuestro bautismo?... el momento ideal es la vigilia Pascual, ya que si se responde de manera personal a las promesas y renuncias bautismales se revive el bautismo recibido. [2]

Para ayudarnos a revivificar nuestro bautismo podemos leer lo que San Ambrosio nos dice en su tratado de Misterios:



Hasta ahora os hemos venido hablando cada día acerca de cuál ha de ser vuestra conducta. Os hemos ido leyendo los hechos de los patriarcas o los consejos del libro de lo Proverbios a fin de que, instruidos y formados por esta enseñanzas, os fuerais acostumbrando a recorrer el mismo camino que nuestros antepasados y a obedecer los oráculos divinos, con lo cual, renovados por el bautismo, o comportéis como exige vuestra condición de bautizados

Mas ahora es tiempo ya de hablar de los Sagrados Misterios y de explicaros el significado de los sacramentos cosa que, si hubiésemos hecho antes del bautismo, hubiese sido una violación de la disciplina del arcano más que una instrucción. Además de que, por el hecho de cogeros desprevenidos, la luz de los Divinos Misterios se introdujo en vosotros con más fuerza que si hubiese precedido una explicación.

Abrid, pues, vuestros oídos y percibid el buen olor de vida eterna que exhalan en vosotros los sacramentos. Esto es lo que significábamos cuando, al celebrar el rito de la apertura, decíamos: «Effetá», esto es: «Ábrete», para que, al llegar el momento del bautismo, entendierais lo que se os preguntaba y la obligación de recordar lo que habíais respondido. Este mismo rito empleó Cristo, como leemos en el Evangelio, al curar al sordomudo.

Después de esto, se te abrieron las puertas del santo de los santos, entraste en el lugar destinado a la regeneración. Recuerda lo que se te preguntó, ten presente lo que respondiste. Renunciaste al diablo y a sus obras, al mundo y a sus placeres pecaminosos. Tus palabras están conservadas, no en un túmulo de muertos, sino en el libro de los vivos.

Viste allí a los diáconos, los presbíteros, el obispo. No pienses sólo en lo visible de estas personas, sino en la gracia de su ministerio. En ellos hablaste a los ángeles, tal como está escrito: Labios sacerdotales han de guardar el saber, y en su boca se busca la doctrina, porque es un ángel Señor de los ejércitos. No hay lugar a engaño ni retractación; es un ángel quien anuncia el reino de Cristo, la vida eterna. Lo que has de estimar en él no es su apariencia visible, sino su ministerio. Considera qué es lo que te ha dado, úsalo adecuadamente y reconoce su valor.


Al entrar, pues, para mirar de cara al enemigo y renunciar a él con tu boca, te volviste luego hacia el oriente, pues quien renuncia al diablo debe volverse a Cristo y mirarlo de frente.

¿Qué viste? Agua, pero ciertamente no solo eso; viste a sacerdotes que ejercían allí su ministerio, al Obispo que interrogaba y consagraba. Ante todo el Apóstol te enseñó que no hay que contemplar lo que se ve, sino solo lo que no se ve, porque lo que se ve es temporal y, en cambio, lo que no se ve es eterno. Porque en otro lugar encuentras que lo invisible de Dios, tras la creación del mundo, se comprende mediante lo que fue hecho, el poder eterno y su divinidad se perciben por sus obras. Por lo cual el mismo Señor dice: Si no me creéis a mi, creed al menos en mis obras. Cree, pues que allí está la presencia de la Divinidad. ¿Crees en su operación y no crees en su presencia? ¿De dónde se seguiría la operación si no precediese la presencia? (
San Ambrosio de Milán. Tratado sobre los misterios 1-8)


El Espíritu Santo gritará en nuestro corazón: Effetá!! Abreté!!

Las puertas del Santo de los Santos (Sancta Sanctorum) se abren y nos encontramos enfrente de nosotros con la sacralidad de la liturgia y el Templo Interior donde nos espera el Señor.Encontramos con nuestro espacio interior recién abierto, nuestro castillo interior. Ahora consideremos lo que San Ambrosio nos propone en este texto: “Considera qué es lo que te ha dado, úsalo adecuadamente y reconoce su valor”.


[1] Los siete sacramentos: Iniciación teológica (1998). Moliné Enric
Ediciones Rialp. Pag 32-33
[2] Catecismo de la Iglesia Católica. (2005). Asociación de coeditores del catecismo. Punto 1254.

sábado, 21 de febrero de 2009

¿Qué es la Religión?

La etimología de la palabra religión ha sido estudiada a fondo por muchos autores y aunque no es posible dar una etimología precisa, es más que probable que provenga del verbo latino re-ligare: “volver a unir, relacionar, amarrar”. Pero ¿Qué necesita ser unido de nuevo?

Evidentemente solo se puede volver a unir algo que haya sido roto previamente. ¿Qué vuelve se vuelve a unir por medio de la religión? ¿Qué es lo que fue roto y debe reintegrarse?

La respuesta es la la relación entre Dios y el ser humano como individuo y como comunidad. Si el ser humano y Dios deben unirse, es necesario disponer de un camino o medio adecuado. Este camino que enlaza a Dios y el ser humano es lo sagrado. En el caso del judaísmo y el cristianismo, contamos con revelaciones que nos permiten establecer claramente la materia y el objeto de lo sagrado.

Desgraciadamente hay muchas personas que confunden “lo sagrado” con la Divinidad, Mircea Eliade fue uno de ellos [1]. Si seguimos sus indicaciones y unimos “lo divino”y “lo sagrado” dentro de un mismo concepto obtenemos un concepto erróneo de lo que significa la Fe y su desarrollo dentro del ámbito religioso. Si la divinidad es parte de lo sagrado, estaremos aceptando que la relación que podemos re-establecer es puramente fenomenología y que se produce dentro del una dimensión humana. Para Mircela Eliade y otras muchas personas, religión es una construcción puramente humana. De ahí que estas personas tiendan a pensar en la religión como algo contingente y hasta un medio de control social. No es raro, por lo tanto, que estas personas reclamen la desaparición de la religión formal y la absoluta relativización personal del camino hacia Dios.

También es posible pensar que lo divino contiene lo sagrado. Si pensamos de esta manera llegaremos a ver imposible el acceso a Dios. si Dios no es accesible, también se puede proponer que cada cual busque la forma de "contentarse" de manera únicamente subjetiva, emotiva y personal. Es evidente que entonces no podemos más que actuar de manera socio-cultural frente a El, con lo que nos quedaremos en el “disfrute” de la fenomenología humana, personal, que solo es relevante desde el punto de vista subjetivo-cultural-emotivo. Por lo tanto, la revelación no será más que una propuesta humana ajustada a nuestra capacidad para entender lo que "podría" ser Dios.

Volviendo al entendimiento de la religión como una construcción humana, es posible proclamar que las religiones actúan como grilletes espirituales, debido a todos los convencionalismos presentes en ellas. También se puede proclamar que las religiones buscan un espacio cultural-social particular y concreto donde desarrollarse y que esto las hace ser selectivas, en mayor o menor medida, con quienes se integran en ellas. El sentido de pertenencia a determinada religión actúa como factor de confianza y se condiciona a la aceptación de ciertas normas u obediencias, lo que frena el libre desarrollo de la espiritualidad personal. Estas y otras muchas objeciones se escuchan con frecuencia fuera y dentro de la Iglesia Católica. Dentro de la Iglesia Católica hay un grupo de personas que se alinean claramente con un planteamiento agnóstico del cristianismo.

Todas estas objeciones parten de una hermenéutica (entendimiento) que juzga y valora desde la superficialidad y apariencia el hecho religioso. Se entienden los actos y normas religiosas como convencionalismos limitativos de la espiritualidad personal. Estas razones sólo se pueden sustentar si nos fijamos en la capa externa de la religión. Si nos limitamos a las apariencias públicas o privadas, resueltamente toda religión limita en gran medida nuestra capacidad de crear formas nuevas adaptadas a cada uno de nosotros. Pero nos olvidamos que toda la profundidad que contiene en la dimensión interior a las religiones.

A modo de símil, si observamos una piscina podemos considerar los muros que la conforman como limitadores de la libertad de movimientos de quien decide bañarse. Pero es evidente que sin estos muros, no sería posible conservar el agua que nos permitirá nadar. Quienes proponen una religión personal sin limitaciones ni imposiciones, terminan por proponer un espacio de vivencia emotiva que es real ni transcendente.

Lo sagrado, entendido como camino de unión con Dios, se puede sentir ajeno a nosotros o sentirlo como necesario para la nuestra vida. También podemos pensar en lo sagrado como fin o como medio. Podemos decidir vivir la religión de manera comprometida o de manera superficial o incluso utilitaria-funcional. Pero en todo caso, la religión es un camino que nos une a otras personas y nos permite enfocar nuestra vida de forma comunitaria. Comunidad que necesita de confianza y por lo tanto de ciertas normas de convivencia y de desarrollo espiritual. Camino que es misterio, en cuanto no sabemos demasiado de él. Camino que normalmente se desprecia y se cambia por conveniencias ideológicas, dando lugar a la terrible pérdida de unidad que nos aflige. La unidad necesita de pervivencia de lo fundamental. Si lo fundamental se corrompe y se hace contingente, maleable, adecuado a la sociedad, la unidad queda rota por las desconfianzas que aparecen entre nosotros.

Desde mi punto de vista, el Misterio Cristiano (camino o religión) es la particularización de lo sagrado para todos los que nos consideramos cristianos. En un camino común que debemos vivir unidos en comunidad. Sin la comunidad perdemos el anclaje a lo sagrado, que es donde se manifiesta Dios «Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt. 18,20).

Este Misterio Cristiano es hermenéutica [2] de todo lo revelado. Misterio que propone un camino que nos acerca a lo Dios por medio de la fe, esperanza y caridad.

En la espiritualidad cristiana oriental se ha conservado el sentido trascendente de la búsqueda de lo Divino asimilado a un camino por el que debemos transitar. Este camino está reflejado claramente por las tres fases de la mística cristiana oriental: Praxis, contemplatio naturalis y theosis [3] que forman parte medular del cristianismo desde el sus inicios. La religión es justamente este camino que nos acerca a Dios unidos en comunidad. Jean Hani dedica un capítulo de su libro “Mitos, ritos y símbolos” [3] a profundizar sobre el significado de esta contemplación y al carácter místico e intelectual de su naturaleza. Entiéndase intelectual en el sentido tradicional y de ninguna manera como el uso aséptico de la lógica de proposiciones, basadas únicamente los aspectos medibles y cuantizables de la realidad.

Revisando las tres fases del camino místico hacia Dios, podemos encontrar muchos elementos de reflexión:

Praxis o ascesis. Representa el dominio de lo contingente que tenemos en nosotros mismos. No se trata de destrozar lo que somos, como algunas escuelas gnósticas defienden, se trata de vencerse por medio de la recta práctica de lo que realmente somos. En un escrito sobre el método de la oración hesicasta según el padre Serafín del monte Athos [4], podemos leer como el camino empieza por dominar las incomodidades corporales, para trascender lo que nos ata a nuestro origen animal. Meditar sentado en un monte y dejando el frío o el hambre en segundo plano, es como se inicia camino. “Entonces dijo Jesús a sus discípulos: “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue su cruz y me siga.”” (Mt. 16, 24).

Una vez dominadas las contingencias propias, entraríamos en la contemplátio naturalis. Contemplando la realidad, buscando analogías y esforzándose para ver detrás de ellas las razones que las sustentan, es posible entrever la divinidad oculta tras el velo interno del “sancta sanctórum”. Precisamente en este camino hacia la compresión de la realidad, se va reintegrando, 
en una espléndida unidad, todo lo que en el mundo moderno parece disgregado, caótico o sin sentido. Parece que caminamos de nuevo hacia el Edén. Estamos, por lo tanto, re-ligándonos con lo divino por medio de lo sagrado, que se hace vida real por medio de nuestra religión.

El siguiente paso es la theosis, la divinización. No se trata de hacernos Dios, como algunas sectas gnósticas interpretan el asunto. Se trata de unirnos con Dios reencontrando la relación primitiva que perdimos. En el escrito hesicasta [7], nos localizaríamos en la meditación como Jesús. ¿Qué podemos esperar de esta fase? El escrito hesicasta [4]nos da alguna pista

"
Eso sólo el Espíritu Santo te lo puede enseñar. "Quién es el Hijo lo sabe sólo el Padre; quién es el Padre, lo sabe sólo el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Lc 10, 22). Tienes que hacerte hijo para rezar como el Hijo y tener con quién él llama su Padre, las mismas relaciones de intimidad que él y esto es obra del Espíritu Santo. El te recordar todo lo que Jesús ha dicho. El evangelio se hará vivo en ti y te enseñará a rezar como hay que hacerlo".

La revelación cristiana permite un acceso a Dios que excede la capa externa de apariencias, ceremonias y convencionalismos sociales que algunos creen que es la religión. Tras esa capa de apariencia se inicia el camino hacia la re-unión. La hermenéutica de la revelación entendida como camino hacia Dios, no es más ni menos el propio Misterio Cristiano en toda su extensión.

[1] “Tiempo cíclico” en la obra de Mircea Eliade y René Girard. Andrade, G y campo-Redondo, S. Utopía y Praxis Latinoamericana Año 7. Nº 17 (Junio, 2002). Pp. 9-35
[2] Esoterismo Guenodiano y Misterio Cristiano. (2005). Jean Borella . Sophia Perennis
[3] Mitos, ritos y símbolos (1999). Jean Hani. José J. de Olañeta, Editor, Palma de Mallorca.
[4]. Questions de: "Meditation" nº 67. Leloup,Jean-Yves. d. Albin Michel. http://www.terra.es/personal/javierou/con-athos.htm

lunes, 19 de enero de 2009

¿Misterio?… ¿De qué misterio me hablas?



Hay tres peguntas que el hombre se plantea e intenta responderse a si mismo, en la medida que desea dar coherencia a su vida: ¿Quién eres? ¿De dónde vienes? y ¿Hacia dónde vas? Se puede vivir sin responderlas e incluso desdeñando la utilidad de planteárselas, pero entonces la vida se vuelve algo contingente, inmediato y consumible. Nos encontramos con el modelo de ser humano que se "vende" por los medios de comunicación. Un ser humano sin sentido, en un universo sin hostil o indiferente a su existencia. Un modelo de persona que sólo puede ahogar su vacuidad en el placer, el consumismo y el poder temporal.

Plantearse estas preguntas no significa llegar a una solución única y válida para todos nosotros. Cada cual llega a sus propias respuestas que representan su camino vital. Después se puede ser coherente o incoherente con esta esencia, pero eso es otro tema. Lo cierto es que si nos detenemos con humildad ante estas preguntas nos encontramos con el misterio. Al dar respuestas estamos creando un puente entre nuestra ignorancia y lo que nos rodea. Algunos creemos necesaria una respuesta colectiva que nos une entre nosotros y nos inserta en el orden supremo que rige el universo. Estamos hablando de la religión. Religión, que es sólo un código socio-cultural de actos y creencias.

Ante los misterios del destino del hombre y del universo, el cristianismo propone respuestas que son un primer paso para satisfacer nuestra necesidad de conocer, sentir y actuar. Estas respuestas invocan a Dios, la Trinidad, el plan de Dios y a Cristo como Dios hecho carne y revelador de los misterios.

Dios se revela al hombre y se muestra por medio del cosmos, sus leyes, como una presencia constante. Dios se revela también por medio de su presencia constante. Comprender el plan de Dios es complicado, pero Cristo acerca esta revelación a todos quienes quieran escuchar sus palabras. Sus palabras son palabras de vida eterna. él se nos presenta como el Camino, la Verdad y la Vida. san Juan dice que es Sentido universal: Logos y Amor incondicional: Caritas. Quedarnos en lo puramente intelectual es importante, pero nos detenemos en el primer escalón de acceso al Sancta Sanctorun. Desde este escalón no rasga más que el primer velo del templo. El segundo velo del Sancta Sanctorum queda intacto. El misterio sigue en pié delante nuestra, ya que las respuestas solo nos permiten intuir el plan de Dios de manera general.

¿Qué pasa si queremos dar otro paso hacia delante? ¿Qué podemos esperar encontrar? Debemos ser conscientes que no podemos más que entrever lo que se oculta dentro del Sancta Santorum gracias al carácter traslúcido del velo interno. Si pudiéramos ver claramente, nuestra naturaleza sería divina y además, el pecado no anidaría en nosotros. Pero somos humanos y tenemos que aceptar lo que somos.

En las catequesis es frecuente que se nos diga que ante el Misterio, la mejor opción es tomarlo como tal (olvidarlo) y no perder el tiempo en intentar comprender lo incomprensible. Actualmente se suele decir que lo importante es sentir y que entender no vale para nada. Vale, entonces podríamos preguntarnos ¿Por qué al morir Cristo se rasgó el primer velo? ¿Por qué olvidar lo revelado y vivir como si todo tuviera únicamente un sentido emotivista? Alejarnos del Templo pudo ser la única opción en otros tiempos en donde no se cuestionaba ningún aspecto de la religión y su conocimiento profundo quedaba reservado a unos pocos. Hoy en día todos los bautizados hemos sido llamados a dar un paso adelante de forma consciente y plena. 

En los primeros siglos los cristianos entendían el acceso al misterio como una gracia conferida por medio de los sacramentos. Las catequesis mistagógicas se impartían para  dar razones y entendimiento según el Espíritu de Dios se hacía presente en nosotros. San Ambrosio de Milán explica claramente sentido y objetivo del Misterio, en sus tratados sobre los Sacramentos y los Misterios. Orígenes y San Clemente de Alejandría dejan claro que es posible acercarse a comprender el Misterio. Las catequesis de los primeros siglos del cristianismo, se adentraban en aspectos que hoy en día yacen olvidados y, por lo tanto, accesibles solo a quienes no se conforman con la cáscara postmoderna de una creencia socio-cultural. Un simulacro que llamamos fe, pero que es tan sólo una excusa.

Decir que los misterios son totalmente inaccesibles equivale a aceptar que solo podemos volcarnos sobre los aspectos externos de la Fe. Pero el agnosticismo cristiano tiene las patas muy cortas. Tarde o temprano nos enfrentaremos a la necesidad de explicar las razones que sostienen “lo externo” y no sabremos dar ninguna. Decir que todo es por sentimiento es aceptar que actuamos por simple emotivismo. Sin razones, todo parece que se derrumba en un sinsentido de antigüedades obsoletas para el ser humano contemporáneo. Podemos optar por seguir sin preguntarnos nada y encogernos de hombros cuando otros nos pregunten. Podemos optar por decidir que todo es un entramado falso que no se sostiene y alejarnos de la Iglesia. ¿Qué hacer? No es fácil intentar acercarnos a la parte interna de nuestra Fe, ya que no se habla de ella y si nos han dicho algo, nos han dejado claro que es un camino tapiado.

Este es uno de los problemas fundamentales que presenta la Iglesia en la actualidad: el olvido de lo interno a la Fe y la focalización extrema en los aspectos externos y tangibles. Frente al misterio se opta por simplificar y hacerlo invisible, por lo que Dios también se vuelve invisible a los ojos inmanentes del hombre moderno. Aunque es cierto que la Fe sin obras es una Fe vacía, no lo es menos que las acciones sin Fe terminan por ser algo puramente rutinario. Nos desvincularmos del sentido trascendente del plan de Dios. ¿Plan de Dios? Casi nos hemos olvidado de qué significa y nuestra corresponsabilidad en él.

Uno de los pocos lugares donde el misterio permanece a duras pena visible es en la Liturgia. La Liturgia nos recuerda el Misterio de Cristo cada vez que celebramos una misa. Dice Odo Casel (3):

El Misterio de Cristo, que en Nuestro Señor se llevó a cabo en toda su realidad histórica y física, se realiza en nosotros simbólicamente, bajo formas representativas y figurativas. Sin embargo, éstas no son simples apariencias, signos puramente externos y vacíos, sino que contienen para nosotros y nos comunican la plena realidad de la vida nueva que nos ofrece Cristo, nuestro mediador.

Esta participación, de características absolutamente especiales, en la vida de Cristo, que por una parte se presenta bajo expresiones simbólicas y, por otra, se realiza realmente, fue llamada por los primeros cristianos con la denominación de participación mística


La mística era y es, la participación viva en el Misterio Cristiano. Es obvio que la Liturgia se constituye espacio y tiempo privilegiado para adentrarnos en el Misterio. Liturgia que es camino y resumen perfecto del Misterio Cristiano. Pero el Misterio va más allá de la liturgia. El Misterio se extiende a toda nuestra vida y a nuestras acciones. La liturgia da acceso al Misterio, pero el Misterio se nos presenta a cada minuto de nuestra existencia en forma de vivencias cotidianas que debemos comprender y encaminar. recordemos que en la misa tradicional se despide a los fieles con una frase muy clarificadora: "Ite missa est", que se traduce como: "esta es la misión". ¿Qué misión? La de llevar la Buena Noticia todos los pueblos. La Buena Noticia que hemos vivido en la Liturgia.

Llegado a este punto en necesario dejar claro que el Misterio Cristiano es una hermenéutica de vida que no debe ser propiedad de un grupo selecto de elegidos o una revelación encerrada. Tampoco puede ser herramienta exclusiva sino una realidad inclusiva. Es un libro abierto para quien desee leerlo, un camino para quien desee transitarlo junto a sus hermanos de Fe. No es aceptable plantear lugares cerrados para vivirlo. No es aceptable pensar en caminos alternativos a la total unión con la Iglesia, a la que pertenecemos desde nuestro bautismo. Tal como indica sabiamente Julio Peradejordi (2), de esta manera es como hay que entender que no existe salvación fuera de al Iglesia.


(1) "Esoterismo Güenodiano y Misterios Cristiano". (2005). Jean Borella . Sophia Perennis
(2) "Esoterismo cristiano y Cristianismo esotérico". (1990). Julio Peradejordi. Obelisco.
http://www.lapuertaonline.es/ar146.html
(3) “El misterio del culto en el cristianismo” (2002). Odo Casel. Centro de Pastoral Litúrgica.

martes, 13 de enero de 2009

El sentido cristiano de la palabra Misterio

La palabra misterio tiene un especial sentido en el cristianismo. Para explicarlo tomo el siguiente texto de K.H. Neufeld (1):
"Bíblicamente, el concepto [misterio] tiene-un carácter absolutamente, peculiar, de tipo escatológico en relación con acontecimientos históricos. Pero estos remiten a un fondo común y unitario, de forma que el uso polifacético de la palabra, dentro de la relación interna de las realidades así designadas (nexos mysteriorum), apunta ante todo al origen y a la consumación de la realidad, a Dios, que es el que últimamente es designado como misterio. Más esto repercute en el sentido de la palabra, ya que aquí no designa simplemente lo desconocido, un enigma, un problema o algo similar. Aquí, en efecto, estas expresiones hablan siempre de algo que no debe ser y que es preciso superar, de una exigencia del hombre a conocer y resolver enigmas, sin la cual no puede alcanzar la plenitud de su vida. Hay que resolver el enigma: Mientras no sea así, le queda una insatisfacción y el sentimiento de una carga, de faltarle algo. El misterio en sentido cristiano es algo completamente distinto. Se aproxima al hombre de tal forma y manera que éste presiente y comprende que aquí no se trata de solucionar nada, sino que el misterio debe permanecer para él misterio, porque sólo así tiene significado y reviste importancia para él; porque sólo así constituye su felicidad. El misterio es bueno como misterio. Cualquier intento de solucionarlo tiene que terminar en desgracia para el hombre y pone en peligro su salvación. Por lo demás, semejante intento es siempre ineficaz en su propósito, porque es un intento sobre un objeto inapropiado. Dios y su misterio no son objeto del hombre.

Según esto, el concepto designa algo que simplemente rebasa al hombre, y por esta razón el hombre sencillamente no puede comprenderlo. Tiene que reconocerlo en su índole, que le trasciende. Justamente considerar algo como misterio significa renunciar por parte del hombre a disponer de ello porque es una expectativa indebida, y experimentarlo precisamente así como bueno y verdadero, y en consecuencia como capaz de hacer feliz. Aunque esta experiencia como tal es única, como el mismo Dios al que se refiere, se dan en la vida del hombre experiencias parecidas en el trato con otros hombres.
"

--oOo--

Las dos contradicciones que reseñaba en la entrada anterior del blog son inherentes al concepto cristiano de Misterio: La necesidad de aproximarse a él sin intentar resolverlo y la imposibilidad de ser comprendido en su totalidad.

Entonces ¿Por qué entrar en este ámbito oscuro, interno y tal como indica Jean Borella(2). ¿Cómo pevenir ser engañados por la similitud que tiene con el esoterismo (comprendido como hermenéutica de la revelación)?

La pregunta no tiene una respuesta general y solo podemos buscar respuestas personales, que en muchos casos son intransferibles. Seguramente se preguntará por mis respuestas personales, por lo que comparto algunas de ellas:
  • Tengo una profunda y sincera necesidad de comprender qué sustenta mi Fe y así cimentarla sobre la Roca, que es Cristo. Recordemos la parábola de la casa construida sobre roca.
  • Intentar romper la falsa contradicción que separa lo sagrado de lo profano. Creo que en la lucha por disolver estos contrarios, en la vida diaria, se esconde el camino hacia el Reino de Dios.
  • Recobrar mucho de lo perdido por el cristianismo en su tránsito por el camino de la modernidad. El cristianismo en general y la tradición latina en particular, olvida frecuentemente que la Fe sin fundamentos languidece o se enquista.
  • Intentar difundir lo que vaya encontrado con usted. Lo que es un placer.
    (1) Misterio/Misterios. Teología fundamental. K.H. Neufeld. http://www.mercaba.org/DicTF/TF_misterio_misterios.htm

    (2) "Esoterismo Guenodiano y Misterio Cristiano". (2005). Jean Borella . Sophia Perennis

viernes, 9 de enero de 2009

Misterio Cristiano

Los discípulos se acercaron y le preguntaron: ¿Por qué le hablas a la gente en parábolas? Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los Misterios del Reino de los Cielos; mas a ellos no les es dado. Al que tiene, se le dará más y tendrá en abundancia. Al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará”. Mateo 13:10-12
Cristianismo y misterio. En el cristianismo (como en la mayoría de las religiones) es posible definir dos tipos de acercamientos a la Revelación. El primer acercamiento es externo, aparente, abierto a la sociedad. El otro acercamiento es interno, trascendente, profundizador en los misterios de la Divinidad y los objetivos del Creador.

Pero, ¿Cómo denominar a este acercamiento a interno? Tenemos que ser conscientes que no existe un consenso para denominar y definir esta cara interna de nuestra Fe cristiana. Algunos incluso niegan su existencia o la aceptan solo como una reliquia del pasado, inservible hoy en día.

Otros llaman a esta cara, 'esoterismo cristiano', como René Guénon. Hay que tener cuidado porque hablar de esoterismo conlleva un sentido cerrado y exclusivo que no se corresponde con el sentido abierto “ad gentes” del cristianismo. Cristo predica a las gentes, no en un lugar cerrado, aunque entenderlo requiera algo más que oídos y atención. Los esoterismos parten de un sentido mistérico, exclusivo del conocimiento. El esoterismo se transmite en grupos cerrados o semicerrados, que se dicen depositarios de conocimientos que solo revelan a quienes son dignos de ello. Es lo que Jean Borella (1) denomina esoterismo formal, que implica exclusión de los 'no iniciados'. El cristianismo interior, profundo y místico podría ser confundido con un esoterismo tradicional, pero es muy diferente. Es una hermenéutica abierta de la revelación divina.

También hay otras personas, como el Cardenal Martini (2), que se internan en este ámbito interior llamándole “Sentido oscuro de Dios”. Particularmente, creo que llamarle así predispone a pensar en la existencia de una dificultad inabordable para el acceso al Misterio, lo que solo es parcialmente cierto. Es interesante constatar que el Cardenal Martini considera la necesidad de reimplantar un tipo de disciplina del arcano para preservar y transmitir este “sentido oscuro” a los catecúmenos, lo que nos lleva a pensar que para él existe un esoterismo dentro del cristianismo.

El camino hacia esta zona interna es un camino místico, ya que la mística busca penetrar en el misterio de la Divinidad. Llamarle mística es atrayente, y certero, ya que la palabra mística define el carácter misterioso u oculto y la existencia de camino para el acceso a este Misterio. Pero actualmente esta palabra ha perdido su sentido original. La mística se considera hoy en día como un tipo de actitud desconcertante, misteriosa, irracional, que se expresa mediante experiencias sensoriales y emotivas. Se considera que la mística conlleva comportamientos extraños y hasta antisociales. Es complicado que hoy en día se acepte que la mística es un camino de vida equilibrado y plenificador. Un camino intelectual, emocional y volitivo. Por lo tanto, la palabra mística induce a olvidar que también hay conocimiento y compromiso en esta cara interior de la Fe.


Algunos Padres de la Iglesia, como Orígenes o Clemente de Alejandría, penetran en este ámbito llamándole 'gnosis cristiana'. Para ellos la 'gnosis' (conocimiento) es lo que nos permite acercarnos al Misterio. Podríamos adoptar la decisión de utilizar esta denominación, pero no nos parece adecuado debido a las innumerables sectas gnósticisctas pasadas y presente. Es difícil que se diferencie con facilidad los falsos gnosticismos heréticos de la verdadera gnosis cristiana. Para que vean que no me columpio al decir estas cosa, les invito a leer con detenimiento el texto de la Audiencia que el Papa Benedicto XVI dedicó a Clemente de Alejandría.

Uniéndome a la propuesta formulada por Jean Borella, creo interesante utilizar la denominación Misterio Cristiano, aunque soy consciente de que esta denominación también tiene sus problemas. Denominar a algo “misterio” parece implicar que es algo estático a la vez que disuade de abordarlo. Si aceptamos que este Misterio es accesible, tendríamos que clarificar el aparente contrasentido de seguir llamando misterio a algo que se puede conocer en parte. No podemos dejar de afirmar que conocerlo completamente es imposible ¿Qué sentido tiene ir en su búsqueda si no es posible conocerlo completamente? Esta pregunta merece ser tratada y lo haremos.


(1) "Esoterismo Guenodiano y Misterios Cristiano". (2005). Jean Borella . Sophia Perennis
(2) "Reflexiones sobre el sentido oscuro de Dios". (1997). Card. Carlo María Martini
http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/cultr/documents/rc_pc_cultr_01031994_doc_i-1994-ple_en.html#8
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