Mostrando entradas con la etiqueta San Cirilo de Jerusalén. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta San Cirilo de Jerusalén. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de mayo de 2021

PROCATEQUESIS - San Cirilo de Jerusalén

Comparto la Procatequesis de San Cirilo de Jerusalén. Merece leerse completa, porque nos daremos cuenta de cuánto hemos perdido desde los primeros siglos del cristianismo. La profundidad del "Misterio Cristiano" ha quedado reducida a burbujas socio-culturales enfrentadas entre sí. Espero que les ayude a crecer y adentrarse en la Fe que realmente nos une:

1. Ya exhaláis, iluminandos (nota 1), el olor de la felicidad. Son ya flores de mayor calidad las que buscáis para tejer las coronas celestes. Ya despedís la fragancia del Espíritu Santo. Estáis ya en el vestíbulo del palacio real: Ojalá seáis también introducidos por el mismo Rey! Brotaron ya las flores de los árboles: esperemos que se dé también el fruto maduro.

Anteriormente habéis dado el nombre (nota 2), ahora se os llama a la milicia. Tened en las manos las lámparas para salir a buscar a la esposa: tenéis el deseo de la ciudad celeste, el buen propósito y la lógica esperanza. Pues es veraz el que dijo: «A los que aman a Dios todo les contribuye al bien» (nota 3). Pues Dios es generoso para hacer el bien y, por lo demás, espera la sincera voluntad de cada uno; por eso añade el Apóstol: «A aquellos que han sido llamados según su designio». Cuando existe un propósito sincero, hace que seas llamado; pero si sólo tienes dispuesto el cuerpo, pero estás ausente con la mente, perderás el tiempo.

No ir al bautismo sólo por curiosidad

2. Al bautismo se acercó también en cierta ocasión Simón Mago, pero no se sintió iluminado: y realmente bañó su cuerpo en el agua, pero no dejó que el Espíritu iluminase su corazón; el cuerpo bajó a la piscina; pero el alma no quedó sepultada con Cristo ni resucitó juntamente con él. Pongo este caso como ejemplo para que tú no caigas. Pues todo esto les sucedía a ellos en imagen (nota 4) y ha sido escrito para enseñanza de los que viven hasta el día de hoy. Que nadie de vosotros se vuelva intrigante con las cosas de la gracia para que no le turbe ningún germen de amargura. Que nadie de vosotros entre diciendo: veamos qué hacen los fieles; una vez dentro, veré lo que hacen. ¿Es que crees que verás sin que tú seas visto? ¿O es que piensas que te enterarás de lo que allí se hace, pero que Dios no escrutará tu corazón?

Entrar al banquete con el vestido apropiado

3. Se cuenta en los evangelios que alguien fue a curiosear en unas bodas, pero entró con un vestido inapropiado, se acomodó y comió. El esposo lo había permitido. Pero al ver las vestiduras blancas de todos, lo oportuno hubiera sido vestirse del mismo modo. Y realmente tomaba los mismos alimentos que los demás, pero se diferenciaba en el vestido y en la intención. Entonces el esposo, aunque magnánimo, era hombre de criterio. Y al dar una vuelta contemplando a cada uno de los comensales, ponía su atención no en el hecho de que comían sino en el modo de comportarse. Al ver a un extraño vestido con traje que no era de fiesta, le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado hasta aquí?» (nota 5) ¿Con qué vestido? ¿con qué conciencia? Pase que el portero no te lo haya prohibido por la liberalidad del dueño. Pásese también por alto que ignorabas con qué vestido era preciso entrar al banquete. Pero, una vez dentro, viste los vestidos resplandecientes de los comensales. ¿No debías haber aprendido de tus propias observaciones? ¿No debiste entrar del modo adecuado para poder salir también adecuadamente? Pero entraste de manera intempestiva y fuiste también intempestivamente expulsado. (El dueño) ordena a sus servidores: «Atadlo de pies» (nota 6), pues con ellos entró temerariamente; «atadlo de las manos», con las que no supo ponerse un vestido resplandeciente, y «arrojadlo a las tinieblas exteriores», pues es indigno del banquete nupcial. Ves lo que le sucedió a aquel hombre; mira, pues, con cautela por tus cosas.

Disponerse rectamente

4. De hecho nosotros somos ministros de Cristo y acogemos a cualquiera y, haciendo las veces de portero, franqueamos la entrada. Puede ser que entres con un alma de pecador manchada en fango. Entraste, fuiste admitido, tu nombre quedó inscrito ¿Te das cuenta del aspecto venerable de la Iglesia? ¿Ves el orden y la disciplina? ¿Ves la lectura de las Escrituras canónicas, el constante recuerdo de las personas señaladas en los catálogos eclesiásticos, el orden y la formalidad en la enseñanza. Deben instruirte tanto el respeto al lugar como la contemplación de lo que ves. Mejor si ahora sales oportunamente, para luego entrar en un momento mucho más oportuno. Si ahora entraste con el vestido interior de la avaricia, deberás volver a entrar con otro; despójate y no te cubras con el vestido que llevaste. Desvístete, te ruego, del libertinaje y la inmundicia y cúbrete con la estola resplandeciente del pudor. Yo te lo advierto antes de que entre el esposo de las almas, Jesús, y examine las vestiduras. Tienes tiempo a tu disposición: se te concede la penitencia de los cuarenta días; tienes una grandísima oportunidad de desvestirte y lavarte, y de vestirte de nuevo y entrar. Pero si te mantienes en el mal propósito de tu alma, la culpa no será de quien te está advirtiendo: no esperes recibir la gracia. Te recibirá el agua, pero no te acogerá el espíritu. Quien se haga consciente de su propia herida, recibirá un bálsamo; si alguno está caído, se levantará. Que nadie sea entre vosotros como el mencionado Simón, que no haya simulación alguna, ni interés en averiguaciones inoportunas.

La misma Iglesia purificará tu intención

5. Es posible que te guíe también otro pretexto. Alguna vez sucede que un hombre viene aquí para granjearse el amor de una mujer o algo semejante: y también puede decirse lo mismo a la inversa. Igualmente, tal vez es el siervo el que ha querido agradar a su amo, o un amigo a su amigo. Pero acepto la atracción de este cebo y te acojo, aunque vengas con una intención torcida, con la buena esperanza de que te salves. Acaso no sabías a dónde venías ni cuál era la red que te cogía. Caíste en las redes de la Iglesia: con vida serás cogido; no huyas; es Jesús quien te ha echado el anzuelo, y no para destinarte a la muerte, sino para, entregándote a ella, recobrarte vivo: pues es necesario que tú mueras y resucites, si es cierto lo dicho por el Apóstol: «Muertos al pecado, pero vivos para la justicia» (nota 7). Muere a los pecados y vive para la justicia; hazlo desde hoy.

6. Catecúmeno/Resonar: Considera con qué dignidad te regala Jesús.

Te llamaban catecúmeno porque en ti resonaba el eco de una campana exterior: oías en esperanza, pero no veías (nota 8), oías los Misterios, pero sin comprenderlos; oías las Escrituras, aunque sin entender su profundidad. Ya no es necesario hacer que nada resuene en tus oídos, pues sólo existe el sonido interior a ti: pues el Espíritu que habita en ti (nota 9) hace de tu corazón una morada divina.

Cuando oigas lo que está escrito de los Misterios, entenderás lo que ignorabas. Y no creas que lo que recibirás es de escaso valor. Pues siendo tú un hombre miserable, será Dios quien te pondrá nombre. Escucha a Pablo cuando dice: «Fiel es Dios» (nota 10). Oye el otro pasaje de la Escritura: «Dios fiel y justo» (nota 11). Viendo esto anticipadamente, el salmista dijo de parte de Dios y previendo que los hombres recibirían de Dios un nombre: «Yo dije: dioses sois e hijos todos del Altísimo» (nota 12). Pero guárdate de llevar un nombre insigne con un propósito torcido. Has entrado en la lucha, soporta el esfuerzo de la carrera; no dispones de otra oportunidad semejante (nota 13). Si lo que se te propusiese fuese la fecha de la boda, ¿acaso no te ocuparías en la preparación del banquete dejando otras cosas? ¿Serás capaz de ocuparte de lo corporal, olvidándote de lo espiritual, justo cuando estás preparando tu alma para consagrarla al esposo celestial?

Sólo hay un bautismo

7. No es posible recibir el bautismo (nota 14) una segunda o tercera vez, pues si así fuese, se podría decir: lo que salió mal una vez, lo arreglaré en otra ocasión. Pues si una vez salió mal, la cosa no admite arreglo(nota 15), pues «uno es el Señor, una es la fe y único el bautismo» (nota 16). Sólo los herejes son bautizados de nuevo cuando en realidad no se hubiese dado este bautismo.

Buena disposición de ánimo

8. Pero Dios pide de nosotros otra cosa que una buena disposición de ánimo. No digas: ¿Cómo se me perdonarán los pecados? Te respondo: con que quieras y creas. ¿Qué hay que sea más sencillo que esto? Pero si tus labios expresan el deseo, pero no lo expresa tu corazón, sábete que el que puede juzgar es conocedor de los corazones. Abandona desde este día toda maldad; que no profieras palabras gruesas con tu lengua; que no peque más tu ojo ni vague tu pensamiento entre realidades vanas.

Perseverancia en las catequesis

9. Estén prontos tus pies para las catequesis. Recibe con buen ánimo los exorcismos: al ser insuflado o exorcizado, que ello te sirva para la salvación. Piensa que el oro es algo infecto y adulterado, mezclado con diversas materias como el cobre, el hierro y el plomo (nota 17). Lo que deseamos es oro solo, pero sin el fuego no puede ser expurgado de los elementos ajenos mezclados con él: así, el alma no puede ser purificada sin los exorcismos, que son de origen divino y deducidos de las Escrituras. Tu rostro fue cubierto con un velo para que tu mente pudiese estar más atenta y para que tu mirada dispersa no hiciese que también se distrajese tu corazón. Pero aunque los ojos estén velados, nada impide que los oídos reciban la ayuda de la salvación. Pues como los que expurgan el oro soplando al fuego con finos instrumentos funden el oro que está dentro del crisol, y al avivar la llama consiguen mejores resultados (nota 18), así los exorcizados expulsan su temor gracias al Espíritu divino y hacen revivir su alma alojada en su cuerpo como en un crisol. De ese modo huye el diablo hostil, pero se asienta la salvación y permanece la esperanza de una vida eterna. El alma, liberada del pecado, obtiene la salvación. Permanezcamos, pues, en la esperanza, hermanos; esforcémonos y esperemos para que el Dios de todas las cosas, viendo el propósito de nuestra mente, nos limpie de los pecados, nos permita esperar lo mejor de nuestras cosas y nos conceda una saludable penitencia. Dios es el que ha llamado y tú el que has sido llamado.

10. Persevera en las catequesis

Aunque nuestra oratoria posterior será más amplia, que tu ánimo no decaiga nunca. Pues recibirás armas contra los poderes enemigos; recibirás armas contra los herejes, los judíos, los samaritanos y los gentiles. Tienes múltiples enemigos: recibe dardos múltiples, pues contra muchos habrás de luchar; has de aprender cómo vencer al griego, cómo luchar contra el hereje, contra el judío y contra el samaritano (nota 19). Las armas están preparadas, y está plenamente dispuesta la espada del Espíritu (nota 20). Las manos deben luchar valerosamente para combatir la batalla del Señor, para vencer a las potestades que se oponen, para que permanezcas invicto de todas las asechanzas de los herejes.

La exposición será progresiva

11. Pero te doy un consejo. Aprende lo que se diga y guárdalo para siempre. No creas que éstas son las homilías acostumbradas: son de calidad y dignas de fe. Pero si en ellas hay en un día determinado algo que no se dice, lo aprenderemos al día siguiente. Pero la doctrina, ordenadamente expuesta, acerca del bautismo de la regeneración (nota 21), ¿cuándo se transmitirá otra vez si hoy se descuida? Piensa que es tiempo de plantar árboles; si no cavamos y penetramos hasta el fondo, ¿cuándo será posible plantar otra vez de modo correcto lo que ya en una ocasión se ha plantado mal? Piensa que la catequesis es un edificio; si no cavamos y ponemos los cimientos, y si no se traba ordenada y adecuadamente la estructura de la casa, de modo que nada quede suelto o cortado y el edificio se convierta en ruinas, todo el trabajo realizado será inútil. Conviene poner ordenadamente una piedra junto a otra y situar un ángulo frente a otro; al suprimir los salientes, surgirá un edificio proporcionado. Del mismo modo, te traemos hasta aquí como las piedras de la ciencia: habrá que oír lo que se refiere al Dios vivo; lo que se refiere al juicio; es necesario oír acerca de Cristo y acerca de la resurrección. Se dicen también ordenadamente otras muchas cosas que ahora(nota 22) se mencionan de modo disperso, pero que se expondrán en su lugar adecuado. Estas cosas debes entenderlas unitariamente, relacionando en la memoria afirmaciones anteriores y posteriores. En caso contrario, el arquitecto construirá bien, pero el edificio será frágil y a punto de caer.

Guardar el secreto de lo que se escucha

12. Cuando se dé una catequesis, si un catecúmeno te pregunta qué han dicho los doctores, no cuentes nada al exterior (nota 23). Es el Misterio y la esperanza de la vida futura lo que te transmitimos. Guárdale el secreto a Aquél que te da sus dones. Que nadie te diga nunca: ¿qué mal te causa esto si también yo lo habré de aprender? Porque también los enfermos suelen pedir vino; pero si se les da cuando no se debe, se les ocasiona un delirio, con lo que se origina un doble mal: muere el enfermo y se critica al médico. Lo mismo sucede al catecúmeno que oye de quien tiene fe en los Misterios: el delirio lo padece el catecúmeno (pues al no conocer lo que ha oído, lo denigra haciéndolo objeto de burla), pero a la vez el fiel es condenado como traidor. Tú ya estás en la divisoria (nota 24); procura no hablar de modo temerario. No es que lo que se dice sea indigno de ser contado, sino que ciertas cosas no deben ser confiadas a algunos. También tú fuiste catecúmeno, y no te contaba lo que yo aquí decía; cuando conozcas por tu experiencia la sublimidad de lo que se enseña, entonces entenderás claramente que los catecúmenos no deben oír todavía todo eso.

Estar atentos a todos los detalles

13. Todos los que os habéis inscrito habéis sido engendrados como hijos e hijas de una misma madre (nota 25). Cuando entréis poco antes del momento de los exorcismos, hable cada uno de vosotros lo referente a la piedad. Y mirad si falta alguno de vosotros. Cuando se te invita a un banquete, ¿es que no esperarás a quien está invitado juntamente contigo? Y si tienes un hermano, ¿acaso no buscarás lo que es bueno para ese hermano? No indagues después lo que no te atañe, ni te intereses por lo que sucede en la ciudad o en el pueblo, ni por lo que hacen el emperador, el obispo o el presbítero. Mira hacia arriba: es lo que pide tu «kairós»(nota 26). ¡Basta ya; sabed que yo soy Dios! (nota 27). Si ves a algunos fieles ociosos y libres de preocupaciones, es porque se sienten seguros, son conscientes de lo que han recibido y tiene la gracia consigo. Tú estás todavía en la duda de si serás o no admitido; no imites a los despreocupados (nota 28), pues no debes abandonar el temor.

14. Cuando se haga el exorcismo, mientras se acercan los que han de recibirlo, estén juntos los hombres con los hombres y las mujeres con las mujeres. Hago referencia con esto al arca de Noé, en la cual estaban Noé y sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos (nota 29). Y aunque una era el arca, con su puerta cerrada, todo se dispuso con decencia. Igualmente, aunque la iglesia esté cerrada y todos vosotros dentro, esté todo separado para que estén los hombres con los hombres y las mujeres con las mujeres, de modo que lo que quiere ser ayuda para la salvación no se convierta en ocasión de perdición. Pues aunque sea hermoso sentarse unos junto a otros, debe quedar lejos el peligro de turbación. Y entonces, sentados los hombres, tengan algún libro útil en las manos. Que uno lea y el otro escuche. Si no tienen libro, uno ore y el otro hable algo útil. Esté también agrupado el conjunto de las vírgenes, que deben salmodiar o leer, pero en silencio: deben hablar los labios, pero no debe llegar la voz a oídos ajenos. No tolero que la mujer hable en la asamblea (nota 30). y la casada actúe también de modo semejante: que ore y mueva sus labios, pero no se oiga su voz, imitando lo dicho por Samuel de que del alma estéril brote la salvación de Dios benévolos (nota 31), pues a eso es a lo que se refiere Samuel.

Mantener el interés

15. Veré el interés de cada hombre y la piedad de cada mujer. Inflámese la mente de piedad, puesto que cada alma será moldeada. Humíllese y macháquese la dureza de la infidelidad, despréndanse las escorias superfluas del hierro quedando sólo lo que es puro: que se pierda la herrumbre para que aparezca el material noble. Que Dios os muestre en alguna ocasión aquella noche y las tinieblas convertidas en luz de las que se dice: «Ni la misma tiniebla es tenebrosa para ti, y la noche es luminosa como el día» (nota 32). A cada uno de vosotros se le abrirá entonces la puerta del paraíso(nota 33). Entonces gozaréis de las aguas llenas de fragancia y que os traen a Cristo. Que percibáis entonces la llamada de Cristo y la fuerza de las realidades divinas (nota 34). Mirad ya ahora hacia arriba con los ojos abiertos de la mente: contemplad en vuestro ánimo los coros de los ángeles, al Padre señor de todas las cosas en su trono, al Hijo unigénito sentado con él a su derecha y al Espíritu presente junto a ellos, y a los tronos y dominaciones como siervos. E imaginad que cada uno de vosotros ya haya conseguido la salvación. Vuestros oídos lo habrán escuchado: desead oír aquella voz hermosa con que os aclamarán los ángeles al recibir vosotros la salvación: «¡Dichoso el que es perdonada su culpa, y le queda cubierto su pecado! (nota 35). Entraréis entonces como astros de la Iglesia resplandecientes en vuestro cuerpo y en vuestra alma.

Exhortación al proceso en el que se va a entrar

16. Y realmente es algo grande el bautismo de que hablamos: rescate de los cautivos, perdón de los pecados, muerte del pecado, nuevo nacimiento del alma, vestidura luminosa, santo sello imborrable (nota 36), vehículo al cielo, delicias del paraíso, medio para el Reino, don de la adopción como hijos. Por lo demás, ten en cuenta que el dragón observa junto al camino a quienes pasan: procura que no te muerda por tu infidelidad; él ve a los muchos que se salvan y busca a quien devorar (nota 37). Te acercas al Padre de los espiritus (nota 38), pero es necesario pasar por aquel dragón. ¿Cómo le evitarás? Calza tus pies con el celo por el evangelio de la paz (nota 39), para que, aunque te clave el diente, no te hiera: ten la fe en tu interior y una esperanza firme. Cálzate bien para que entres hasta el Señor aunque el acceso esté ocupado por el enemigo (nota 40). Prepara tu corazón para recibir la enseñanza y para la participación en los santos Misterios. Ora frecuentemente para que Dios te regale con los Misterios celestes e inmortales, y no le dejes ni de día ni de noche. Y cuando el sueño se aparte de tus ojos, que tu mente se ocupe en la oración. Si ves que algún torpe pensamiento asalta tu alma, que te ayude la idea del juicio, que te recordará la salvación; ten ocupada tu mente en aprender para que olvide los pensamientos depravados. Si ves a alguien diciéndote: ¿Entrarás allí para bajar al agua? ¿Acaso no tiene baños la nueva ciudad? (nota 41), sábete que el dragón marino maquina estas cosas contra ti (nota 42); no atiendas a las voces de quienes te hablen, sino al Dios que actúa (nota 43). Guarda tu alma para que no puedas ser cogido por artimañas, de modo que, manteniéndote en la esperanza, llegues a ser heredero de la salvación eterna.

17. En verdad anunciamos y enseñamos estas cosas en cuanto hombres: no construyáis este edificio nuestro con heno, pajas y rastrojos, para evitar sufrir daño si llega a arder. Haced la obra con oro, plata y piedras preciosas (nota 45). Yo te lo digo, pero es a ti a quien toca poner manos a la obra, que es Dios quien debe rematarla. Afirmemos nuestra mente, pongamos en tensión nuestra alma, preparemos el corazón: nos va en ello la vida, pues esperamos las realidades eternas (nota 45). Pero poderoso es Dios (que ha escrutado vuestros corazones y ha percibido quién es veraz y quién es falso) como para proteger al sincero y hacer fiel al hipócrita y al simulador. Pues Dios puede hacer fiel al infiel con tal de mostrarle el corazón.

Que sea él quien borre el protocolo que existe contra vosotros (nota 46) y que se olvide de vuestros anteriores delitos, alistándoos en la Iglesia y haciéndoos soldados suyos mientras os ciñe las armas de la justicia: que os llene de las realidades celestiales de la nueva Alianza y os conceda eternamente el sello imborrables (nota 47) del Espíritu Santo: en Cristo Jesús nuestro Señor, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos (nota 48). Amén.

================ NOTAS ================

1. Se prefiere la traducción «iluminandos», los que han de ser iluminados, por responder al sentido de la ex- presión griega, ser traducción literal de la versión latina y referirse de hecho a quienes con el bautismo en la próxima Pascua habrían de recibir la máxima iluminación de su vida. La expresión es frecuente entre los Padres para designar a quienes recibirían en pocas semanas (por ejemplo, en la siguiente Pascua) el bautismo.
2. Referencia a la inscripción del nombre, requisito previo al comienzo de las catequesis cuaresmales sobre el credo.
3. Cf Rom 8,28.
4. 1 Cor 10,6.
5. Mt 8,28.
6. Mt 22,13.
7. Cl Rom 6,11,14, cf. 1 Pe 2,24.
8. El original griego es más expresivo, pero la traducción necesariamente ha de traicionar el sentido exacto. El griego «catecúmeno» viene del también griego «echos», eco. En realidad, semánticamente, catecúmeno es aquél en quien se hace resonar un eco. Catequesis, sustantivo abstracto, es la acción de que algo resuene en el interior del oyente. La resonancia es aquí la del anuncio del mensaje de la salvación en Jesucristo.
9. Cf. Rom 8,9.11; I Cor 1,9.
10. Cf I Cor 1,10.
11. Dt 32,4.
12. Sal 82,6.
13. Como «oportunidad» se traduce kairós; el tiempo oportuno de la salvación (Cf. 2 Cor 6,2). Con ello, el periodo catequético a que se va a dar comienzo es presentado como una extraordinaria posibilidad de salvación para el catecúmeno.
14. Bautismo, griego aquí loutrón, lavado.
15. Con todo esto la afirmación fundamental es que el bautismo no puede repetirse.
16. Ef 4,5
17. Cf. Ez 22,18.
18. Cf catequesis 16, n. 18; cf infra, núm. 15.
19. Las cuatro clases de enemigos representan maneras diferentes de oponerse religiosamente o ideológicamente a la verdad del Evangelio.
20. Cf Mt 26, 41; Ef 6,17.
21. peri toû loutroû tês palingenesías, liter. «acerca del lavado de la regeneración» o, quizá incluso mejor, acerca del «nuevo nacimiento» o del «nuevo ser dado a luzc». Por primera vez en las catequesis se afirma que el bautismo es un lavatorio en el que el hombre nace de nuevo.
22. En las homilías de costumbre mencionadas más arriba.
23. ARCANO/Disciplina del: Cf cat. 5,12 y cat. 6,29. Cirilo considera que es muy distinta la situación del catecúmeno y del iluminando. Se trata, de acuerdo con lo que se dijo en la introducción, de una etapa diferente, pues en el plazo que va desde el comienzo de la cuaresma hasta el tiempo pascual fueron pronunciadas estas catequesis, que intentan proporcionar una vivencia (y un conocimiento) de los Misterios más íntimos de la fe. La imposición de no contar nada fuera no hace más que poner en práctica la disciplina del arcano. En el fondo se admite que incluso quien está comenzando a ser catequizado de cara a la iniciación cristiana, no es capaz de asimilar vitalmente en este momento lo que será el contenido de las catequesis de esta última cuaresma y del tiempo pascual.
26. Cf. más arriba, nota 13, Cf. además sobre el kairós los vocabularios y manuales de teología bíblica.
27. Sal 26,11 .
28. Cirilo es plenamente consciente de que el que dejará de ser catecúmeno y pasará al grupo de los que tienen fe es mucho lo que se está jugando. Una vez que uno es «fiel» (tiene fe), puede descansar en esa fe. Pero el que no ha recibido el bautismo no debe vivir en la despreocupación. La edición de Migne PG 33,354, nota 9, comenta: «No culpa Cirilo a los fieles porque estén sin preocupaciones. Dice solamente que, una vez recibido el bautismo, están ya libres de la preocupación que acerca de su futuro debe existir en el todavía no bautizado».
29. Cf Gén 7,9.
30. Cf 1 Tim 2,12; 1 Cor 14,34.
31. Referencia al episodio de la súplica de Ana, I Sam I, 10 ss.
32. Sal 139,12.
33. Vid., cat. 19, n. 9.
34. Vid. cat. 3, núms. 3 y 13.
35. Sal 32,1. Cf Sal 65, 3b-4: «Hasta ti toda carne viene con sus obras culpables; nos vence el peso de nuestras rebeldías, que tú las borras».
36. BAU/CARACTER: Por «sello» se traduce la expresión griega sfragis, de donde los teólogos deducirán más tarde la doctrina del «carácter» sacramental, que expresa, aplicado al bautismo y con los matices propios de este sacramento, que quien se hace bautizar es propiedad de aquel que le ha sellado, Jesucristo. Con el «carácter» se expresa también una garantía de la salvación recibida en el bautismo. Cf al respecto, además de los tratados sobre los sacramentos del bautismo, confirmación y orden, también los diccionarios bíblicos: art. Sello, en X. LEON-DUFOUR, Vocabulario de teología bíblica, Barcelona, ed. revisada, 1973, 841-842.
37. Cf. 1 Pe 5,8.
38. Hebr 12,9 contrapone, todo el versículo, la situación anterior al encuentro con Jesucristo, que supuso el co mienzo del catecumenado, y la nueva realidad en que se está a punto de entrar al culminar la iniciación cristiana: «Además, teníamos a nuestros padres según la carne, que nos corregían, y les respetábamos. ¿No nos someteríamos mejor al Padre de los espíritus para vivir?» Cf Núm 27,16; 2 Mac 3,24 habla de Dios como «el Soberano de los Espíritus y de toda Potestad».
39. Cf. Ef 6,15 (y su contexto).
40. Cf. cat. 1, núm. 5.
41. Se refiere a baños públicos construidos entonces recientemente en la ciudad de Jerusalén. En cualquier caso, la pregunta está pensada como una posible burla hacia el candidato al bautismo de parte de quienes pensaran que, no siendo el bautismo nada superior a los baños humanos, la ciudad tenia mejores instalaciones que las piscinas bautismales de las iglesias. La expresión supone el bautismo de inmersión.
42. DRAGON-MARINO/SATANÁS: Sin entrar ahora en mayores detalles, cf, sobre «el dragón marino», las alusiones de Is 27,1, Jb 3,8, Apoc 12,3 (donde el «gran Dragón rojo» es referencia a Satanás). Cf. también Gén 3,15, en el contexto del primer anuncio del Evangelio. Por eso la afirmación aquí de Cirilo lleva adjunto el anuncio de un Dios en definitiva victorioso frente al diablo como enemigo personal del hombre.
43. Cf. cat. 3, n. 3; cat., 17, n. 35.
44. Cf. 1 Cor 3 12-15.
45. Cf. cat. 1, n. 5.
46. Cf Col 2,14; «Canceló la nota de cargo que habia contra nosotros, la de las prescripciones con sus cláusulas desfavorables...».
47. Cf. lo dicho en nota 36.
48. La edición de las catequesis en PG 33 contiene un nota final «al lector», cuyo texto señala: «Estas catequesis a los que han de ser iluminados muéstralas a los que han de recibir el bautismo y a los que ya lo recibieron. Pero no se las entregues en modo alguno a los catecúmenos y a los que no sean cristianos, pues en caso contrario habrás de dar cuenta a Dios. Y si sacas copia de un ejemplar de las mismas, hazlo como en la presencia de Dios» (PG 33, 365-366).


jueves, 1 de septiembre de 2011

Dogma y Caridad

El vicio imita a la virtud y la cizaña pretende pasar por trigo, porque en el aspecto es ciertamente semejante al trigo, pero los entendidos la distinguen por el gusto. También el diablo se transforma en ángel de luz (2 Cor 11, 14), no para volver a donde estuvo (pues su corazón es inflexible como un yunque, sin posibilidad de un nuevo arrepentimiento), sino para envolver en la niebla de la ceguera y en el pestilente estado de la incredulidad a quienes llevan una vida semejante a la de los ángeles. Muchos van como lobos vestidos de oveja, pero con uñas y dientes de otra clase: vestidos de piel suave, disfrazándose con tal aspecto ante los sencillos, arrojan por sus dientes el mortal veneno de la impiedad. Por eso nos es necesaria la gracia para observar con mirada vigilante y aguda, no sea que, comiendo cizaña en lugar de trigo, caigamos en el vicio por ignorancia o que, creyendo que es oveja quien es lobo, nos convirtamos en su presa. Como también podría ser que, tomándolo por un ángel bienhechor, cuando es en realidad el diablo artífice de la ruina, seamos devorados por él. Pues «está rondando como león rugiente, buscando a quien devorar», como dice la Escritura (I Pe 5, 8). Por esto hace la Iglesia sus advertencias; por esto se imparte esta enseñanza; por este motivo se establecen estas lecturas.

Pues la piedad consta de dos cosas, los sagrados dogmas y las buenas obras: ni es agradable a Dios la doctrina sin buenas acciones, ni Dios acepta las obras separadas de las creencias religiosas. ¿Qué utilidad tiene el recto sentir acerca de Dios si se fornica deshonestamente? Y, a la inversa, ¿de qué sirve obrar con pudor —lo que en sí es correcto si luego se blasfema impíamente? Por consiguiente, es de gran valor el conocimiento que se pueda tener de los dogmas. Para ello es necesario tener una mente vigilante, como quiera que hay quienes obtienen su botín por medio de la filosofía y vanas falacias (Col 2, 8). Los gentiles seducen a diversas realidades mediante un hablar suave, pues «miel destilan los labios de la meretriz» (Prov 5, 3). Y quienes provienen de la circuncisión engañan a quienes se les acercan con falsas interpretaciones de la sagrada Escritura (cf. Tit 1, 10-11), comentándola desde su infancia hasta su vejez y envejeciendo en la ignorancia de la realidad (cf. 2 Tim 3, 7). Los herejes, por su parte, engañan a los humildes mediante la blandura de su lenguaje y la suavidad en el decir (cf. Rom 16, 18), entrelazando con el dulce nombre de Cristo los dardos envenenados de los decretos impíos. De todos ellos a la vez dice el Señor: «Mirad que nadie os lleve a engaño» (Mt 24, 4). Por ello se entrega la doctrina de la fe y se hacen exposiciones de la misma. (San Cirilo de Jerusalén, Catequesis IV, 1-2)

-oOo-
En la sociedad del siglo XXI vemos los dogmas como elementos del pasado que nos quitan libertad. La libertad, además, desde el paradigma del sordo ¿Quién mejor que un sordo para elegir la música que quiera? El sordo no tendrá más que el azar para seleccionar qué autor y qué obra poner en cada momento.  El azar se nos ofrece como sinónimo de libertad y el orden se presenta como evidencia de esclavitud. Estamos reeditando continuamente el relato del Génesis y el diálogo de Adán y Eva con la serpiente.

Pero ¿Puede un dogma darnos libertad? Parece un evidente oxímoron (contradicción). Es como si dijéramos que un semáforo nos da libertad. Pregúnteles a los peatones que pueden andar de una acera a otra gracias a los semáforos. El problema no es la existencia de algo que ordena, sino que el orden sea real y no sólo apariencia de orden. Dice San Cirilo que el vicio imita la virtud y de esta manera la suplanta. Es complicado detectar cuando el vicio se nos acerca vestido de caridad o bondad.

En un diálogo sobre los dogmas, mi interlocutor decía que “ojala la caridad fuese la que nos permitiera discernir en aquello que discrepamos”. ¿A que suena bien la frase? Parece que nos dice que Dios, que es Amor (caridad) sea el que discierna sobre nuestras discrepancias. Pero la frase tiene varias trampas ocultas.

La primera de ella es que la caridad no es capaz de discernir  por si misma (reconocer, diferenciar y separar algo que suele ser de tipo personal). El discernimiento se realiza con la colaboración imprescindible del intelecto y sobre los fundamentos que nos aportan la Revelación y magisterio. La oración debería formar parte sustancial de esta labor de distinción y reconocimiento.

La segunda trampa es hacer sinónimos caridad y tolerancia. Tomando los evangelios como referentes, Cristo actuó movido por la caridad cada vez que señalaba los comportamientos inadecuados que observaba. La caridad nos mueve a aconsejar y señalar posible errores en quienes queremos. Si nos quedamos callados, estamos actuando de forma poco caritativa.

Entonces ¿Hace falta echar una bronca a quien vemos actuar incorrectamente? Precisamente no. La caridad nos mueve a señalar con respeto y humildad lo que estimamos equivocado y además, deberíamos esperar a que nos respondieran. Si nuestro juicio está equivocado, nuestro hermano nos lo hará ver con similar caridad a la que nosotros hemos empleado. Ignorarnos no es caritativo. Dios no nos ignoró ni nos ignora. Pensemos en los consejos de corrección fraterna que San Pablo nos confía (Ga 6,1-10). Pensemos que la corrección puede y debe ser recíproca, cada vez que lo veamos necesario.

Por lo tanto y siguiendo lo que San Cirilo nos indica: demos gran valor al conocimiento que podamos tener sobre los dogmas. No los despreciemos como antigüedades obsoletas. Considerémoslos como piedras de clave de nuestra capacidad de entender lo que nos rodea.  

viernes, 22 de julio de 2011

El Símbolo de la Fe

Al aprender y confesar la fe, debes abrazar y guardar como tal sólo la que ahora te es entregada por la Iglesia con la valla de protección de toda la Escritura. Pero, puesto que no todos pueden leer las Escrituras —a unos se lo impide la impericia y a otros sus ocupaciones—, para que el alma no perezca por la ignorancia, compendiamos en pocos versículos todo el dogma de la fe. Quiero que todos vosotros lo recordéis con esas mismas palabras y que os lo recitéis en vuestro interior con todo interés, pero no escribiéndolo en tablillas, sino grabándolo de memoria en tu corazón. Y cuando penséis en esto meditándolo, tened cuidado de que en ninguna parte nadie de los catecúmenos escuche lo que se os ha entregado.

Os encargo de que esta fe la recibáis como un viático para todo el tiempo de vuestra vida y que, fuera de ella, no recibáis ninguna otra: aunque nosotros mismos sufriésemos un cambio, y hablásemos cosas contrarias a lo que ahora enseñamos o aunque un ángel contrario, transformado en ángel de luz (cf. 2 Cor 11, 14), quisiera inducirte a error. Pues «aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema!» (Gál 1, 8).

La fe que ahora estáis oyendo con palabras sencillas, retenedla en vuestra memoria; considera cuando sea oportuno, a la luz de las Sagradas Escrituras, el contenido de cada una de sus afirmaciones. Esta suma de la fe no ha sido compuesta por los hombres arbitrariamente, sino que, seleccionadas de toda la Escritura las afirmaciones más importantes, componen y dan contenido a una única doctrina de la fe. Y así como la semilla de mostaza desarrolla numerosos ramos de un grano minúsculo, también esta fe envuelve en pocas palabras, como en un seno, todo el conocimiento de la piedad contenido tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Así, pues, hermanos considerad y conservad las tradiciones que ahora recibís y grabadlas en la profundidad de vuestro corazón (cf. 2 Tes 2, 15).. (S. Cirilo de Jerusalén. Catequesis V, 12)

-oOo-

San Cirilo de Jerusalén nos habla del símbolo de la Fe: el Credo. Durante los primeros siglos, el Símbolo solo podía ser conocido por quienes hubieran sido bautizados y además no podía ser escrito. Debía ser aprendido de memoria para así retenerlo escrito en el alma. Los profanos no podía conocerlo para que así no pudieran profanarlo al exponerlo sin realmente tenerlo escrito en alma. Pero los tiempos cambiaron y al aceptarse el cristianismo como religión oficial del imperio (allá por el siglo VI) el carácter sagrado-oculto del Símbolo apostólico se fue perdiendo.

Pero que actualmente no se (re)conozca el carácter sagrado del Símbolo, no lo despoja de ser instrumento necesario para nuestra unión con Dios. Se tiene constancia indirecta de la confección del canon del Símbolo en los tiempos apostólicos, por lo que es más que probable que los propios apóstoles lo configuraran y lo donaran a las comunidades como parte del patrimonio entregado por Cristo en forma de revelación.

Es evidente que profesar el Símbolo unidos en comunidad nos hace constituir y renovar el vínculo sagrado existente entre nosotros y Dios. Sería deseable que a la profesión del Símbolo se le diera toda la solemnidad y consciencia, que requiere el acto que realizamos.

Con el símbolo repasamos el conjunto de pilares sobre los cuales se apoya nuestra Fe y unidad. Recordemos que dentro del Símbolo, profesamos nuestra Fe en una Iglesia única, universal, santa y apostólica. No son palabras vanas o una mera referencia a pertenecer una tradición determinada. Se trata de reconocer y proyectar nuestra comunidad dentro de la Iglesia universal, aceptando su carácter único y santo. Se trata de reconocer que la Iglesia es más que el conjunto de particularidades, instituciones y reglamentos. Se trata de ver en la Iglesia como un ideal a construir cada día entre nosotros.

El Símbolo apostólico une a cada fiel con la comunidad y a su vez, une a la comunidad con la Iglesia universal. Al mismo tiempo se une a la Iglesia actual con la Iglesia primitiva, dentro de una continuidad que lejos de ser aparente es una evidencia sagrada.

Pero lo que quizás sea más importante sería entender que nuestra Fe no es una fe ciega o producto del miedo. La fe es luz que nos permite entender lo que somos y lo que nos rodea. La Fe es alegría que parte de la Gracia proveniente del Amor de Dios. ¿Cómo podría partir del miedo? En todo caso podría causarnos temor consciente y reverente, pero nunca miedo.

Profesar la Fe es unirnos para cantar Marana-Thá (Ven Señor). Venga a nosotros tu Reino. Pero que todo sea según Tu voluntad.

lunes, 18 de julio de 2011

Dos nuevos pasos en la fe... ¿Cuáles?

Por su nombre la fe es única, pero es en realidad de dos clases. Hay una clase de fe que se refiere a los dogmas, que incluye la elevación y la aprobación del alma con respecto a algún asunto. Ello reporta utilidad para el alma, como dice el Señor: «El que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio» (Jn 5,24) y, además: «El que cree en él (en el Hijo), no es juzgado» (Jn 3,18), «sino que ha pasado de la muerte a la vida» (Jn 5,24)14. ¡Oh gran bondad de Dios para con los hombres! Los justos agradaron a Dios con el trabajo de muchos años. Pero lo que ellos consiguieron esforzándose en un servicio a Dios durante largo tiempo, esto te lo concede a ti Jesús en el estrecho margen de una sola hora. Si crees que Jesucristo es Señor (Cf. Rm 10,9; Flp 2,11) y que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo (Rm 10,9; cf. Rm 1,4 ss; cf. I Co 12,3) y serás llevado al paraíso por quien en él introdujo al buen ladrón (Lc 23,43). Y no desconfías de que esto pueda hacerse, pues el que salvó en este santo Gólgota al ladrón tras una fe de una sola hora, ese mismo te salvará a ti también con tal de que creas.

Pero hay otra clase de fe, que es dada por Cristo al conceder ciertos dones. «Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones...» (1 Cor 12,8,9). Esta fe, dada como una gracia por el Espíritu, no es sólo dogmática, sino que crea posibilidades que exceden las fuerzas humanas. Pero quien tenga esta fe, dirá «a este monte: "Desplázate de aquí allá", y se desplazará» (Mt 17,20). Y cuando alguno, al decir esto mismo, «crea que va a suceder lo que dice» «y no vacile en su corazón» (Mc 11,23), recibirá aquella gracia. De esta fe se dice: «Si tuviereis fe como un grano de mostaza» (Mt 17,20). Pues el grano de mostaza es de un volumen muy reducido, pero dotado de una fuerza como fuego y, sembrado en un espacio estrecho, hace crecer grandes ramas y se desarrolla, pudiendo albergar a las aves del cielo (cf. Mt 13,32). Del mismo modo, también la fe obra grandes cosas en el alma en rapidísimos instantes. Pues, una vez que se le ha infundido la luz de la fe, se hace una imagen acerca de Dios y piensa en cómo es en la medida en que puede entenderlo. Abarca los extremos de la tierra y, antes de la consumación de este mundo, ya ve el juicio y la concesión de los bienes prometidos. Ten, pues, esta fe que está en ti y a él se refiere, para que también de él recibas la que está en él y que actúa por encima de las fuerzas humanas. (S. Cirilo de Jerusalén. Catequesis V, 10-11)

-oOo-

Volvemos a la fe y su polisemia intrínseca. San Cirilo nos ofrece otros dos nuevos entendimientos de la Fe. El primero lo publiqué en la entrada previa.

Podemos entender la fe como el compendio de aquello que ha sido revelado por Dios. Es, por lo tanto, una fe dogmática. Una fe-confianza en aquello que no vemos ni tocamos, pero que ha salido de boca de Dios.

“Está escrito, ‘No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’ ” (Mt. 4,3-4). ¿Vivimos nosotros de esa Palabra que procede de Dios? Complicado, complicado. Nos falta fe. Precisamente fe. Fe para dejar atrás  el cómodo y vacío sentido que “el mundo” nos ofrece.

¿Confiamos en la voluntad de Dios? Normalmente no. Nuestros afanes se topan constantemente con el hecho de creernos autosuficientes o con la desesperanza de sabernos incapaces. Por eso no conseguimos más que frustraciones. Queremos construir torres para alcanzar a Dios y no somos capaces de terminarlas.

Necesitamos fe para que la Divina Providencia actúe a través nuestra. El Buen Ladrón evidencia que esta fe es imprescindible y básica para nosotros. «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino» Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.» (Lc 23,42-43)

El Buen Ladrón acepta la Verdad que es Cristo y no necesita más. Incluso si esta aceptación llega un segundo antes de morir.

Hay otro aspecto de la Fe. Dice San Cirilo: “hay otra clase de fe, que es dada por Cristo al conceder ciertos dones” “Esta fe, dada como una gracia por el Espíritu, no es sólo dogmática, sino que crea posibilidades que exceden las fuerzas humanas”. Fe que es dada por la Gracia y que nos confiere posibilidades que exceden las fuerzas humanas. ¿A qué se refiere San Cirilo? ¿Podremos volar como Supermán o ser más poderosos cualquier ser humano?

Me temo que no va por ahí a lo que San Cirilo se refiere. “…una vez que se le ha infundido la luz de la fe, se hace una imagen acerca de Dios y piensa en cómo es en la medida en que puede entenderlo” Vaya, no son superpoderes. San Cirilo se refiere al entendimiento de Dios. ¿Cómo vamos a entender a Dios? Dios excede todo entendimiento.

San Cirilo no se refiere a entender el Ser de Dios, sino a que obtenemos la capacidad de comprender la voluntad de Dios y libremente poner nuestra voluntad en sintonía y sincronía con ella. De esta forma es Dios quien obra prodigios a través de nosotros. Estas son las posibilidades que exceden las fuerzas humanas. Si tuviéramos la fe del tamaño de un grano de mostaza.

Dijeron los apóstoles al Señor; «Auméntanos la fe.» El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: "Arráncate y plántate en el mar", y os habría obedecido.» «¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: "Pasa al momento y ponte a la mesa?"  ¿No le dirá más bien: "Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?" ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer.» (Lc 17, 5-10)

Cristo nos lo deja claro: primero confianza, después unir nuestra voluntad a la voluntad de Dios. ¿Nos sabemos siervos inútiles? ¿Hemos hecho lo de debíamos hacer? Lo maravilloso de Dios no es que tome como siervos a los mejores, sino a defectuosos e incapaces y aún así consiga maravillas.

Que fácil es decirlo y que complicado es hacerlo. Dios nos ayude.

viernes, 15 de julio de 2011

¿Se parece nuestra Fe a la de los no creyentes?

Tampoco hay que pensar que el prestigio de la fe sólo se da entre quienes nos amparamos bajo el nombre de Cristo, sino que todo lo que se hace en el mundo, incluso por parte de quienes están lejos de la Iglesia, queda penetrado por la fe. Por medio de una fe, dos personas extrañas se unen por las leyes nupciales; personas ajenas una a otra entran en la comunión de cuerpos y bienes mediante la fe que se hace presente en el contrato matrimonial. También en una cierta fe se apoya el trabajo agrícola, pues no comienza a trabajar quien no tenga esperanza de recibir frutos. Con fe recorren los hombres el mar cuando, confiando en un pequeño leño, cambian la solidez de la tierra por la agitación de las olas, entregándose a inciertas esperanzas y mostrando una confianza más segura que cualquier ancla. En la confianza, finalmente, se apoyan los negocios de los hombres, y esto no sólo sucede entre nosotros, sino también, como se ha dicho, entre quienes son ajenos a lo nuestro. Pues, aunque no aceptan las Escrituras, tienen doctrinas propias que aceptan con confianza.

A la verdadera fe os llama también la lectura de hoy indicándoos el camino por el que podéis agradar a Dios, pues señala que «sin fe es imposible agradarle» (Hebr 11,6). Pero, ¿cómo se resolverá el hombre a servir a Dios si no cree en él como remunerador? ¿Cómo mantendrá una muchacha su propósito de virginidad o será casto un joven si no creen en la corona inmarcesible de la castidad? La fe es el ojo que ilumina toda la conciencia y favorece la intelección, pues dice el profeta: «Si no creéis, no entenderéis» .La fe, según Daniel, cierra la boca de los leones (cf. Hebr 11,33), pues de él dice la Escritura: «Sacaron a Daniel del foso y no se le encontró herida alguna, porque había confiado en su Dios» (Dn 6,24).

¿Hay acaso algo más terrible que el diablo? Pues contra él no tenemos otra clase de armas que la fe (cf. 1 Pe 5,9): un escudo incorpóreo frente a un enemigo invisible, que lanza múltiples venablos y acribilla con saetas a quienes, en la noche oscura, no están vigilantes. Pero, aunque reine la oscuridad y el enemigo no esté a la vista, tenemos como armadura la fe, como dice el Apóstol: «embrazando siempre el escudo de la fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno» (El 6,16). A menudo lanza el diablo el dardo encendido del deseo voluptuoso, pero la fe lo extingue iluminando nuestro juicio y aligerando nuestra mente. (S. Cirilo de Jerusalén. Catequesis V, 3-4)

-oOo-

La Fe es una palabra polisémica que a veces nos da ciertos quebraderos de cabeza. En este texto Cirilo nos enseña una de estos entendimientos de la Fe. Fe entendida como confianza. Esta confianza no es algo propio de los cristianos, sino que se da de muchas formas en la vida cotidiana. Sin esta confianza, la vida se vuelve un martirio por la intranquilidad y las continuas sospechas.

Incluso las personas ateas desarrollan este tipo de fe-confianza sobre todo aquello que no puede ser comprobable materialmente. Por lo tanto, la dimensión de la fe-confianza, siempre que no se tenga algún trastorno psicológico, es común a todo ser humano.

Demos un paso más. San Cirilo se pregunta “¿cómo se resolverá el hombre a servir a Dios si no cree en él como remunerador?” ¿Cuál es la remuneración que proviene de la confianza depositada en Dios? Simplemente la Gracia. La fe-confianza se convierte en fe-certeza por medio de la Gracia de Dios.

¿Qué nos sucede cuando perdemos la confianza? Sin fe-confianza, las demás virtudes se desaparecen. ¿Dónde queda la Esperanza sin confianza? ¿Cómo podremos tener caridad si no confiamos en Dios y nuestros hermanos?

Sin confianza nos desesperamos y es entonces cuando el diablo nos tiene a su merced. Sin esperanza no cabe encontrar sentido en la vida. Nada tiene razón de ser, nos quedamos solos con nosotros mismos y con el caos que nos rodea. ¿Qué podemos hacer entonces? Defendernos engañando y machacando a los demás.

Dice San Cirilo “La fe es el ojo que ilumina toda la conciencia y favorece la intelección”. Las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad están íntimamente ligadas con los tres dimensiones de la persona humana: intelecto, emotividad y voluntad.

Sin esperanza (sentimiento) ¿Qué razón (intelecto) tenemos para negarnos a nosotros mismos y seguir a Cristo (voluntad)? Simplemente no habrá razón para nada que no nos beneficie egoístamente.

“A menudo lanza el diablo el dardo encendido del deseo voluptuoso, pero la fe lo extingue iluminando nuestro juicio y aligerando nuestra mente” Lo que dice San Cirilo está cargado de sentido. La fe mueve la inteligencia y la inteligencia, mueve la voluntad.

¿Cómo podemos se más libres que utilizando todas las dimensiones de lo que somos? Dios no deja cabos sueltos.

jueves, 21 de abril de 2011

Triduo Pascual. La Cruz - Tierra Santa

Antes de entrar en las reflexiones sobre el Viernes Santo y la Cruz, tengo que recordarles cariñosamente que el Viernes Santo también es el día que se realiza la colecta pro Tierra Santa.

Seamos generosos con nuestros hermanos de Tierra Santa. Ellos son las piedras vivas que vivifican el cristianismo perseguido y repudiado en la misma Tierra del Señor. La inmensa labor de la Custodia Franciscana de Tierra Santa es inmensa. Los franciscanos de Tierra Santa son verdaderos héroes desconocidos por la mayoría de los católicos. Si pueden, visiten su página Web y disfruten de la cercanía de estos hermanos tan queridos.


Se siente conmovido ¿Quiere ayudar? Pónganse en contacto con el Centro de Tierra Santa en Madrid. Fr. Teodoro les guiará hacia las Comisarías de Tierra Santa y Asociaciones de Amigos más cercanas. No dejen pasar este tren. No se arrepentirán.

Volviendo al Viernes Santo, comparto con ustedes este texto de San Cirilo de Jerusalén:

En cualquier acción de Cristo se gloría la Iglesia católica. Pero el colmo de estas glorias es la cruz. Pablo, con conocimiento del asunto, dice: «En cuanto a mí, ¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo! (Gál 6, 14). Sin duda fue admirable que un ciego de nacimiento recuperase la visión en Siloé (Jn 9). Pero, ¿en qué afectaba esto a todos los ciegos del mundo? Grande es, y más allá de toda naturaleza, que Lázaro, muerto de cuatro días, resucitara (Jn 11, 39-44). Pero ésta es una gracia que a él sólo le alcanzó. ¿Qué tenía esto que ver con todos los que en todo el mundo estaban muertos por sus pecados? (Ef 2, 1 ss; Rom 3, 23). Es admirable que cinco panes diesen alimento, como si manase de cinco fuentes, a cinco mil hombres (Mt 14, 21). Pero, ¿qué es esto en comparación con los que en todo el mundo se encontraban sometidos al hambre de la ignorancia? (Am 8, 11). Es admirable que una mujer fuese totalmente liberada tras haber estado atada por Satanás durante dieciocho años (Lc 13, 10-13). Pero míranos a todos, que estamos sujetos por las cadenas de nuestros pecados. En cambio, la corona —o incluso la gloria— de la cruz, iluminó a los que estaban ciegos por la ignorancia, liberó a los que estaban sujetos por el pecado y rescató a todos los hombres.

No te asombre que haya sido redimido el orbe entero. Pues no era un simple hombre, sino el unigénito Hijo de Dios, el que moría por esta causa. Ciertamente, el pecado de un único hombre, Adán, pudo introducir la muerte en el mundo. Pero si por la caída de uno reinó la muerte en el mundo, ¿por qué no habrá de reinar mucho más por la justicia de uno sólo?. Y si en aquel momento, a causa del leño del que (nuestros padres) comieron, fueron expulsados del paraíso (cf. Gén 3, 22-24), ¿acaso los que crean no habrán de entrar ahora, por el leño de Jesús, mucho más fácilmente en el paraíso? Si el primer hombre, hecho de la tierra, trajo a todos la muerte, ¿acaso quien lo hizo de la tierra (Gén 2,7), siendo él mismo la vida (Jn 15, 5 ss), no le dará vida eterna? Si Pinjás, inflamado de celo, matando al autor del delito, aplacó la ira de Dios (Núm 25, 7-11), Jesús, sin matar a nadie, sino entregándose a sí mismo como rescate (I Tim 2, 6), ¿acaso no deshará la cólera contra los hombres (Rom 1, 18)? (San Cirilo de Jerusalén, Catequesis XIII, fragmento)

-oOo-

Comparto mis humildes reflexiones con ustedes. La Cruz es un escándalo y al mismo tiempo una llamada de Dios. La Tradición señala que la Cruz es mucho más que un instrumento de tortura. La Cruz es símbolo, reflejo y analogía de la voluntad de Dios. Se pueden encontrar sus ecos en muchos pasajes de la Biblia, tal como San Cirilo nos indica. La serpiente que forjó Moisés para salvar a quienes eran picados por serpientes. El árbol de la Vida que hizo caer a la humanidad y ahora la eleva. Al pecado de desobediencia de Adán y Eva que se contrapone la virtud de la obediencia extrema de Cristo. El deseo de querer ser como Dios, que se enfrenta al inmenso amor de Dios al hacerse hombre y morir por nosotros.

¿Cómo algo puede ser tan sobrecogedoramente cruel y maravillosamente alegre? La voluntad de Dios actúa más allá de nuestra comprensión y por los medios que estima adecuados en cada momento. Ante este tremendo misterio solo podemos arrodillarnos y adorar a Dios a través de la Cruz.

miércoles, 20 de abril de 2011

Triduo Pascual. La Cena del Señor


En las vísperas del Triduo Pascual, no viene mal echar un vistazo a las catequesis de San Cirilo de Jerusalén. Sobre la institución de la Eucaristía, nos dice lo siguiente:

Incluso esta sola enseñanza de Pablo sería suficiente para daros una fe cierta en los divinos misterios. De ellos habéis sido considerados dignos y hechos partícipes del cuerpo y de la sangre del Señor. De él se dice que «la noche en que fue entregado» (I Cor 11, 23), nuestro Señor Jesucristo «tomó pan, y después de dar gracias, lo partió» (1 Cor 11, 23-24) «y, dándoselo a sus discípulos, dijo: "tomad, comed, éste es mi cuerpo". Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: "Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre"» (Mt 26, 26-28). Así pues, si es él el que ha exclamado y ha dicho acerca del pan: «Este es mi cuerpo», ¿quién se atreverá después a dudar? Y si él es el que ha afirmado y dicho: «Esta es mi sangre», ¿quién podrá dudar jamás diciendo que no se trata de su sangre?

En una ocasión, en Cana de Galilea, cambió el agua en vino (Jn 2, 1-10), que es afín a la sangre. ¿Y ahora creeremos que no es digno de fe al cambiar el vino en sangre? Invitado a unas bodas humanas, realizó aquel prodigio admirable. ¿No confesaremos mucho más que a los hijos del tálamo nupcial les dio para su disfrute su propio cuerpo y sangre?

Por ello, tomémoslo, con convicción plena, como el cuerpo y la sangre de Cristo. Pues en la figura de pan se te da el cuerpo, y en la figura de vino se te da la sangre, para que, al tomar el cuerpo y la sangre de Cristo, te hagas partícipe de su mismo cuerpo y de su misma sangre. Así nos convertimos en portadores de Cristo, distribuyendo en nuestros miembros su cuerpo y su sangre. Así, según el bienaventurado Pedro, nos hacemos «partícipes de la naturaleza divina» (2 Pe 1, 4).

En cierta ocasión, discutiendo Jesús con los judíos, decía: «Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (Jn 6, 53). Pero como aquellos no entendiesen en sentido espiritual lo que se estaba diciendo, se retiraron ofendidos (Jn. 6, 60) creyendo que les invitaba a comer carnes.

Existían también, en la antigua Alianza, los panes de la proposición; pero, puesto que se referían a una alianza caduca, tuvieron un final. Pero, en la nueva Alianza, el pan es celestial y la bebida saludable, y santifican el alma y el cuerpo. Pues, como el pan le va bien al cuerpo, así también el Verbo le va bien al alma.

Por lo cual no debes considerar el pan y el vino (de la Eucaristía) como elementos sin mayor significación. Pues, según la afirmación del Señor, son el cuerpo y la sangre de Cristo. Aunque ya te lo sugieren los sentidos, la fe te otorga certidumbre y firmeza. No calibres las cosas por el placer, sino estate seguro por la fe, más allá de toda duda, de que has sido agraciado con el don del cuerpo y de la sangre de Cristo. (San Cirilo de Jerusalén. Catequesis XXII, Fragmento)

-oOo-

Hace un rato he estado conversando con una pareja de Testigos de Jehová de los que van de puerta en puerta intentando “desenmascarar” la Tradición en que sustenta la Iglesia. Es triste constatar todo lo que pierden al despreciar la Tradición y quedarse en la “sola escritura”, además cambiando muchos pasajes de la Biblia para que se ajusten a sus ideas. Cuando les hablas con caridad y con conocimiento, se despiden con cordialidad. Dios vaya con ellos.

Entre todo lo que dejan atrás, estas personas pierden la Eucaristía y todos los sacramentos. ¿Cómo se puede vivir sin el pan el Cielo? ¿Cómo se puede vivir sin el vínculo sacramental que nos liga y relaciona con Dios? Ruego para que llegue un día que recapaciten, vuelvan a la Iglesia renovados y compartan con nosotros la comunión que nos une y nos da sentido. Recemos por ellos y tratémoslos con afecto.

sábado, 18 de septiembre de 2010

La fe genera comunión y confianza y es expresión de ellas

Tampoco hay que pensar que el prestigio de la fe sólo se da entre quienes nos amparamos bajo el nombre de Cristo, sino que todo lo que se hace en el mundo, incluso por parte de quienes están lejos de la Iglesia, queda penetrado por la fe. Por medio de una fe, dos personas extrañas se unen por las leyes nupciales; personas ajenas una a otra entran en la comunión de cuerpos y bienes mediante la fe que se hace presente en el contrato matrimonial. También en una cierta fe se apoya el trabajo agrícola, pues no comienza a trabajar quien no tenga esperanza de recibir frutos. Con fe recorren los hombres el mar cuando, confiando en un pequeño leño, cambian la solidez de la tierra por la agitación de las olas, entregándose a inciertas esperanzas y mostrando una confianza más segura que cualquier ancla. En la confianza, finalmente, se apoyan los negocios de los hombres, y esto no sólo sucede entre nosotros, sino también, como se ha dicho, entre quienes son ajenos a lo nuestro. Pues, aunque no aceptan las Escrituras, tienen doctrinas propias que aceptan con confianza. (
S. Cirilo de Jerusalén. Catequesis V
)

-oOo-

La Fe se cimienta en tres columnas. Fe como confianza, pero también como conocimiento y ¿Por qué no? Como compromiso activo en el mundo. Fe como emoción, inteligencia y voluntad.

La Fe que se sustenta en una o dos de estas columnas, está en equilibrio inestable. Cualquiera que la ponga de duda, puede hacer que se caiga. Solo con las tres columnas, la mesa es estable.

Pero... ¿Qué sucede si una de estas columnas es más alta o baja de las demás? Si no apoyamos en la mesa, esta cabecea y se tambalea. Si utilizamos la mesa como apoyo... podríamos caernos si se moviera justo en momento más delicado. Por eso es necesario que las tres columnas tengan igual desarrollo. Tenemos que orar a Dios para que nos conceda la virtud de la Fe y además nos ayude a desarrollarla proporción y belleza.

Los efectos de la Fe no aparecen únicamente en quien la siente, profesa y pone en práctica... sino que se hace extensiva a todo el ámbito de vida de quien la posee. El testimonio, se convierte en abono que predispone al mundo a convertirse en Reino.

-oOo-

Señor, Tu que nos dijiste "Pedid, y se os dará;
buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá."
Danos el Agua Viva. Aquella que nos
permitirá no tener más sed
Amen

jueves, 20 de mayo de 2010

Veni Creator Spiritus


De la catequesis XV de San Cirilo de Jerusalén, tomo estos párrafos que hablan del Espíritu Santo:

Diversos sentidos de la palabra «espíritu»

13. Pero puesto que acerca del Espíritu Santo, con un nombre único y común, se han dicho muchas cosas diversas en la Sagrada Escritura y puede temerse que alguien las confunda por ignorancia por no saber a qué espíritu se refiere lo que allí está escrito, es preciso señalar ciertas características seguras del Espíritu al que la Escritura llama Santo. Pues así como Aarón es llamado «cristo» y también David, Saúl y otros son llamados «cristos», y sin embargo es único el verdadero Cristo, así también, una vez que se atribuye la denominación de «espíritu» a diversas realidades, es estupendo ver a quién se llama, por algún motivo peculiar, Espíritu Santo. Pues son muchas las cosas que se llaman «espíritu», pues un ángel es llamado «espíritu», se llama «espíritu» a nuestra alma y al viento que sopla se le llama «espíritu». También una gran virtud es llamada «espíritu» y es denominada «espíritu» una acción impura. Incluso el Demonio, el Adversario, es llamado «espíritu». Cuídate, pues, cuando oigas estas cosas, de que, por la semejanza de la denominación, no confundas una cosa con otra. Pues de nuestra alma dice la Escritura: «Su soplo exhala, a su barro retorna», y del alma dice a su vez: «Que modela el espíritu del hombre en su interior» (Zac 12, 1). Y de los ángeles dice en los Salmos: «Que hace a sus ángeles espíritus y llama de fuego a sus servidores». Y del viento dice: «Tal el viento del Este que destroza los navíos de Tarsis» (Sal 48, 8). Y además: «Como el árbol es agitado por el viento en el bosque». Y: «Fuego y granizo, nieve y bruma, viento tempestuoso, ejecutor de su palabra» (Sal 148, 8). Y de la buena doctrina dice el Señor mismo: «Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida» Un 6, 63), es decir, son espirituales. Pero el Espíritu Santo no es algo que se exhala hablando con la lengua, sino alguien vivo, que nos concede hablar con sabiduría, siendo él mismo el que se expresa y habla.

El Espíritu Santo sugiere, habla y enseña

14. ¿Quieres darte cuenta de cómo crea palabras y habla? Felipe, por revelación de un ángel, bajó por el camino que llevaba hasta Gaza, cuando llegaba el eunuco. Y dijo el Espíritu a Felipe: «Acércate y ponte junto a ese carro» (Hech 8, 29). ¿Ves cómo el Espíritu habla al que le oye? Y Ezequiel dice así: «El espíritu de Yahvé irrumpió en mí y me dijo: "Di: Así dice Yahvé"» (Ez 11, 5). Por otra parte, «dijo el Espíritu Santo» a los apóstoles, que estaban en Antioquía: «Separadme ya a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado» (Hech 13, 2). Ves al Espíritu que está vivo, que segrega y que llama, y que envía con poder. Y Pablo dice: «Solamente sé que en cada ciudad el Espíritu Santo me testifica que me aguardan prisiones y tribulaciones» (20, 23). El es el que santifica a la Iglesia, su auxiliador y su maestro, el Espíritu Santo maestro, del que dijo el Salvador: «Os lo enseñará todo», y no dijo sólo «os lo enseñará», sino también «os recordará todo lo que yo os he dicho» (Jn 14, 26). Pues no son unas las enseñanzas de Cristo y otras las del Espíritu Santo, sino claramente las mismas. De las cosas que habían de suceder dio Pablo testimonio con anterioridad, para que, mediante un conocimiento previo, el ánimo se sintiese más firme. Y estas cosas se os han dicho por aquella sentencia: «Las palabras que os he dicho son espíritu» (Jn 6, 63), de modo que no pienses que éste (el Espíritu) es sólo algo que nosotros decimos, sino doctrina sólida.

--oOo--

La doctrina es la manera recta y ajustada de entender las verdades de nuestra Fe. Sin esta doctrina, estaríamos a merced de la subjetividad de cada uno de nosotros. Las enseñanzas de Cristo no pueden contradecirse con las del Espíritu Santo. Nunca podremos encontrar revelaciones particulares que pongan en cuestión la Palabra de Cristo y la Doctrina que le da consistencia.

--oOo--


Veni, creator Spiritus
mentes tuorum visita,
imple superna gratia,
quae tu creasti pectora.

Qui diceris Paraclitus,
altissimi donum Dei,
fons vivus, ignis, caritas
et spiritalis unctio.

Amén


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...